Lo irónico de hacerse este daño personal era, fuera de duda, cómo veía Draco a los demás comer.
Desde la dieta más infima de una chica recién llegada a Hogwarts que rompía su "dieta para quedar bien en el uniforme" a los dos días hasta como Loony Lovewood apilaba comida sobre comida en el almuerzo fingiendo una sonrisa que no llegaba a sus ojos.
Comer era gracioso.
Tan contradictorio.
Una lucha constante.
Draco sabía esto.
Mejor dicho, ahora sabía esto.
"Es sólo una papa", para algunos un snack, para Draco 121 calorías.
"Una más no hace nada", para algunos una forma de sentirse bien con su propio comer, para Draco correr alrededor del lago.
"¿Salimos?", para algunos ¿comemos algo? Para Draco sonreír y tomar una botella de agua en toda la noche.
Draco sabía. Sabía lo que significaba para otros y lo que significaba para él.
Y, sin embargo, no podía ser más hipócrita. Dejando escrito en tinta en la puerta del baño del segundo piso "COMÉ LUNA", "¿Vieron a Parkinson? Ya hace una semana que no come postre", dejando snacks para los de primeros años en lugares inesperados…
Y sin embargo él no escuchaba.
Y sin embargo él no leía lo que escribían de Draco Malfoy en los baños.
Y sin embargo seguía desapareciendo.
