Capítulo 4. Nadie llora a los malvados
Nota de la autora: este capítulo y el siguiente son mayoritariamente flashbacks. Por lo general, prefiero contar las historias de manera lineal, aunque en este fic probé a seguir un poco la dinámica de la serie de flashbacks intercalados con el tiempo presente. Espero no esté resultando lioso.
-¡TIP! ¡TIP NO! ¡NOOOOO!-
Dorothy no pudo hacer mucho más que observar, impotente y asustada, como aquellos horribles seres se llevaban a su amigo con ellos.
Fue demasiado. Dorothy ya no pudo soportarlo más. Cayó derrumbada al suelo y comenzó a llorar con fuerza, incapaz de parar. Sus amigos destrozados o espantados, Tip secuestrado, Finley acurrucado en el suelo con la cabeza entre las manos y gimiendo de miedo y dolor, ella seguía perdida en una tierra extraña, los adultos que se suponía debían guiarla y ayudarla la habían dejado sola a su suerte, una bruja malvada quería su cabeza por un accidente, una bruja a la cual no conocía de nada pero según un adulto muy poderoso debía matar, todavía no sabía cómo volver a casa ni si podría hacerlo algún día. Dorothy sentía que no era más que una niñita estúpida e inútil. No sabía qué hacer. Empezaba a perder la esperanza. Solo quería volver a casa.
Dorothy no sabría decir cuánto rato estuvo llorando, pero el cielo estaba oscuro cuando pudo volvió a tener la cara seca. Rebuscó en su cestita un pañuelo o algo que pudiese usar para limpiarse, cuando vio a Judy la muñeca.
-Estás herida- dijo ella simplemente
Era cierto, Dorothy no se había dado cuenta hasta ese momento pero tenía un arañazo en la oreja y algunas magulladuras en las manos. Debieron causárselas los monos y las astillas del árbol.
-¿Estás bien?-
-No, Judy. No lo estoy- no tenía ningún sentido fingir lo contrario- Estoy asustada. Estoy terriblemente asustada. Nunca en mi vida he estado más asustada. Estoy en un sitio que no conozco, estoy sola, estoy perdida, estoy confusa, no sé qué hacer. Solo sé que estaba tan tranquila en la granja con mis tíos cuando se desató una tormenta y un tornado se llevó mi casa. Cuando por fin aterricé, me dicen que he matado a una bruja y que soy una heroína. Yo no quería matar a ninguna bruja, yo ni siquiera sabía dónde estaba. Y mientras un montón de desconocidos y una mujer muy amable bailaban y cantaban a mi alrededor, aparece una mujer con la piel verde entre un remolino de llamas y dice que he matado a su hermana, robado sus zapatos, y que se va a vengar de mí. Fue todo un accidente, yo no pedí venir aquí y mucho menos maté a nadie a propósito y le robé los zapatos. No pedí que sus zapatos apareciesen en mis pies y no me los pudiese quitar. Y entonces Locasta me dice que si deseo volver a casa debo ir a un sitio llamado la Ciudad Esmeralda y pedir ayuda a un mago. Pero en lugar de acompañarme como debería hacer un adulto responsable y además alguien que clama ser benevolente, me dejó por mi cuenta, que recorriese yo sola un país desconocido en el cual, además, hay magia y miles de peligros que ignoro y a los que no sé cómo enfrentarme. Cuando por fin logro llegar a mi destino, después de correr miles de peligros, ese mago tan poderoso y maravilloso me dice que para volver a casa, antes debo matar a la bruja verde, que tiene a todos atemorizados y esclavizados. Si realmente ese mago es tan poderoso, ¿por qué no acaba él con la bruja? Yo solo tengo 15 años y casi ninguna experiencia de la vida, y mucho menos de la magia. ¿Qué clase de persona sabia y poderosa deja envía sola a una niña a hacer un trabajo de un adulto preparado o de un soldado? ¿Por qué no puede enviarme a casa directamente? ¿Por qué me pone una condición así? Si Locasta es tan buena y tan sabia, ¿por qué me ha dejado sola? Y ahora han secuestrado a mi amigo y destrozado a los demás. Y es todo por mi culpa, porque maté a alguien por accidente. Y en todo este tiempo, la única que me ha preguntado cómo me siento es una muñeca de porcelana. Apenas he tenido tiempo de procesar todo lo que estoy viviendo y cada vez me exigen una cosa diferente. Y… no puedo más. No puedo enfrentarme a esto yo sola. No sé cómo. Solo sé que estoy asustada y quiero volver a casa. Quiero volver a casa-
Su voz se rompió. Le costaba respirar y temía empezar a llorar otra vez. Judy se incorporó como pudo y apoyó su manita en el regazo de Dorothy. La niña tomó a la muñeca rota y al monito alado entre sus manos y los abrazó. Finley no había dicho nada pero, a pesar de sus heridas, hizo un esfuerzo por estrechar a la niña entre sus bracitos y ofrecerle algún tipo de consuelo.
-Yo también quiero volver a casa. Pero ya no tengo casa ni familia a la que regresar- dijo Judy
-Yo tampoco tengo casa ni familia- dijo el monito
Permanecieron así un buen rato, intentando consolarse entre los tres. Entonces acudió a la memoria la nana del tío Henry.
Somewhere over the rainbow, blue birds fly
Birds fly over the rainbow
Why then, oh why can't I?
If happy little bluebirds fly beyond the rainbow
Why, oh why can't I?
Una vez, aquella cancioncilla infundió valor y esperanza en su corazón. No sabía qué hacer, pero tenía claro que no iba a dejar a Tip a su suerte. La Bruja la quería a ella. Nadie pagaría las consecuencias de sus actos más que ella. Se recompuso lo mejor que pudo, tomó su cestita, llamó a Toto y se dirigió con decisión al castillo de la Bruja.
Pasarían todavía unas horas hasta que el León Cobarde regresó y ayudó a su amigos a recomponerse. En cuanto vieron que Dorothy también había desaparecido, no dudaron ni un segundo en correr en su busca.
Una vez llegó al castillo, Dorothy se entregó a los guardias sin oponer resistencia ninguna, quienes la llevaron inmediatamente en presencia de Zelena.
-Vaya, vaya. Mira a quién tenemos aquí. Dorothy. Y su estúpido perrito- dijo la Bruja con burla y desprecio
Toto gruñó, Zelena gruñó aún más fuerte y Toto se ocultó tras los pies de Dorothy.
-Dime, preciosa mía. ¿Vienes a matarme?- preguntó Zelena en tono amenazante
Dorothy depositó su cestita en el suelo y mandó a Toto quedarse quieto cuidándola.
-No, señora Bruja. He venido a pedirle disculpas por matar a su hermana. Yo no quería hacerlo, se lo aseguro. Mi casa fue arrastrada por un tornado y tuvo la mala suerte de aterrizar justo en el lugar en que se encontraba vuestra hermana. Me siento profundamente consternada por ello. Por eso me presento ante usted, a suplicar su perdón y la libertad de mi amigo Tip. Soy yo quién os ha agraviado. Él es inocente, no hay razón para mantenerlo prisionero. Tómeme a mí en su lugar y perdone a mis amigos- habló Dorothy con el corazón
La joven de Kansas no era ingenua, en el tiempo que llevaba en Oz había podido averiguar que la Bruja era malvada y disfrutaba con el sufrimiento ajeno, no se conformaría con ella, pero debía intentar salvar a su amigo.
-Desde luego eres valiente, Dorothy. Y tienes buen corazón. ¡Qué asco!- exclamó la Bruja con profundo desagrado
Chasqueó los dedos y dos de sus sirvientes llevaron a Tip a la sala, soltándolo sin ningún cuidado sobre el suelo frío de piedra. Tip estaba magullado, con las manos esposadas ante él, se encontraba cansado y dolorido pero en cuanto alzó la vista y vio a Dorothy, su cuerpo recuperó las energías.
-Dorothy, no le entregues lo que quiere. Yo estoy bien, no pasa nada. Pero no permitas que gane- dijo el muchacho
-¡Silencio!- exigió la Bruja- Bien, preciosa. Si quieres recuperar a tu amigo. Entrégame los zapatos de plata-
-¿Por qué los queréis con tanto ahínco?- preguntó Dorothy
-Puro valor sentimental-
-No. No es solo eso. Locasta y el Mago me advirtieron que los zapatos no debían caer en vuestro poder, por lo tanto su valor reside en algo más que en que antes perteneciesen a vuestra hermana-
-Pues no es tan tonta al fin y al cabo-
Zelena lanzó una bola de fuego desde sus manos hacia Tip, quien, aunque todavía contaba con la protección de la Bruja Buena, se asustó y cayó al suelo, los castigos de Mombi presentes en su memoria.
-¡NO! Por favor, no le hagáis daño. Castigadme a mí pero él es inocente-
-Puagg, de verdad que me repugna lo noble que eres. Lo siento, pero es un prisionero demasiado valioso como para liberarlo así porque sí-
-Soy un simple muchacho. ¿Qué valor puedo tener para vos, Bruja?- preguntó Tip
-¿Qué valor…? Oh. No sabes quién eres, ¿verdad? Es mi día de suerte, me ha tocado lidiar con todos los tontos del pueblo-
-¿Qué quieres decir? ¿Cómo que no sé quién soy?-
Dorothy aprovechó el momento de distracción para agarrar la escoba de la Bruja, prender fuego a las cerdas y posicionarse entre Tip y Zelena.
-¡Atrás o no dudaré en usarla!- advirtió muy seriamente
-Por favor, niña. Te estás poniendo en ridículo-
Justo en ese momento, el León, el Hombre de Hojalata y el Espantapájaros entraron como una marabunta en la sala de encantamientos.
-¿Quién ha dejado pasar al circo? ¡Guardias! ¡Guardias! Montón de incompetentes. Se me agotó la paciencia-
Con un movimiento de mano, apagó el fuego y le arrancó los restos de la escoba a Dorothy de las manos. Con un movimiento de la otra mano, envió a los tres amigos contra la pared, donde quedaron inmovilizados.
-Por cierto, con tanta cháchara, se ha acabado la protección del beso de la Bruja Buena- dijo Zelena con una sonrisa siniestra- Ahora recuperaré lo que me pertenece-
Dorothy cubrió a Tip con su cuerpo. Zelena creó una bola de fuego y la lanzó sobre los adolescentes. Para sorpresa de todos, la bola no hirió a nadie, sino que chocó contra una burbuja protectora que había aparecido de la nada cubriendo a los adolescentes.
-¿Cómo es posible? ¿Glinda?- preguntó Zelena extrañada
-No. He sido yo- dijo Dorothy
-¿Cómo?-
Dorothy no sabía explicarlo, pero ella había creado la burbuja. Zelena atacó de nuevo, pero la burbuja los protegió de todos los ataques. Dorothy ni siquiera pensaba en lo que hacía, se dejó guiar por su instinto, y su instinto le decía que podía hacer eso. Los golpes que lanzaba Zelena eran cada vez más erráticos y desesperados. De pronto, por el rabillo del ojo, adivinó una figura moviéndose hacia ella. Se trataba de Finley. El monito había permanecido oculto en la cesta de Dorothy desde el principio, no podía volar, pero logró reunir fuerzas suficientes para saltar sobre la Bruja y tirarla al suelo.
-¡TRAIDOR!- gritó Zelena hecha una furia
La Bruja cargó contra el pequeño mono, lo que no sabía era que ese era el plan de Finley desde el principio, distraerla para proporcionar a Dorothy una oportunidad. La muchacha de Kansas no le decepcionó. Sintiendo la magia fluir por la punta de sus dedos, Dorothy permitió que su instinto tomase el control y actuase, extendió la burbuja y cubrió a la Bruja con ella, atrapándola como a un pez en una pecera.
-Al final, el bien y el amor siempre ganan- dijo Dorothy
Y con un último impulso, lanzó la burbuja por la ventana, que aterrizó en el agua, dejando a Zelena chapoteando y gritando de rabia. Fue entonces cuando aparecieron Glinda, la Bruja Buena del Sur, y Locasta, que se encargaron de encerrar a Zelena para que nunca más cometiese más fechorías.
-Dorothy, eso ha sido fabuloso. ¿Cómo lo has hecho?- un Tip ya liberado de sus cadenas la estrechó entre sus brazos
-No lo sé- confesó la muchacha- Simplemente sabía que podía hacerlo-
-Eres la mejor-
Y Tip la besó en la mejilla. El corazón de Dorothy latía con tanta fuerza que le sorprendía no resonase por la habitación.
Se organizó un gran desfile para recibir a los héroes. Los ciudadanos de Oz danzaban en las calles y cantaban. Llovía confeti.
Se encontraban todos reunidos en la sala del Mago, Dorothy relataba su historia.
-No sé cómo pudo pasar. Pero de repente supe que podía hacer magia. Podía derrotar a la Bruja- explicaba la niña
-Creo que yo puedo ofrecer una explicación. ¿Me permites que te mire más de cerca, Dorothy?- fue Glinda quien había hablado
Glinda era la Bruja Buena del Sur. Tenía un rostro benevolente y sabio a pesar de su juventud, hermoso, cálido y astuto. El cabello rubio en un recogido elegante, vestía de blanco, igual que Locasta, pues ese era el color de las brujas buenas. De su cuello colgaba el mismo colgante con una piedra traslúcida rectangular enmarcada en plata, el mismo que llevaban las brujas.
Glinda puso las manos a ambos lados de la cabeza de Dorothy y le pidió que se relajase y dejase la mente en blanco. La bruja cerró los ojos, apoyó su frente contra la de la niña y se concentró. Al cabo de un rato, los volvió a abrir y dejó escapar un sonido de exclamación.
-Así que la profecía era cierta- dijo
-¿De qué profecía habláis, Glinda?- preguntó Dorothy confusa
-Acompáñame, te lo explicaré todo. Dime, Dorothy, ¿recuerdas algo de tus padres?- preguntó Glinda
-Murieron cuando yo era muy pequeña. Mis tíos me dijeron que mi madre enfermó después de darme a luz, era una mujer muy guapa y vital pero comenzó a apagarse hasta que un día se fue como una vela al viento. No sabían mucho de ella, pero dicen que mi padre la amaba tanto que, cuando ella murió, su corazón se rompió y murió de tristeza-
Y Glinda llevó a Dorothy a una sala decorada de arriba abajo con tapices. Dorothy había visto muchos telares, pero aquello la dejó sin aliento. Eran de una belleza y una maestría divinas. Glinda le dirigió a uno en concreto que ocupaba toda la pared.
-Mi querida y valiente muchacha, el tapiz que tienes frente a ti narra la historia del hada Idina. Hay ocasiones en que las hadas visitan el mundo de los mortales, pues ellas tienen la habilidad de viajar entre mundos, una de ellas, de nombre Idina, en su visita, se enamoró profundamente de un hombre mortal. Fue tal su amor, que decidió renunciar a su magia y su inmortalidad y quedarse con él en su mundo. Se casó con el mortal y tuvieron una hija. Por desgracia, la tierra sin magia afectó demasiado al hada, pues era demasiado distinto, su cuerpo no estaba preparado y tras dar a luz perdió sus últimas fuerzas y sucumbió a la mortalidad. Dorothy, tú eres la hija del hada Idina. Por eso los zapatos de plata acudieron a tus pies, son objetos creados por las hadas y en cuanto pusiste un pie en esta tierra reaccionaron a la magia que corre por tus venas. En cuanto la has necesitado para proteger a tus seres queridos, tu poder ha despertado. Además, te pareces mucho a tu madre-
-Eso… eso no es posible- dijo Dorothy, que no daba crédito a lo que oía
-Aquí sí lo es. Eres hija de hada. La magia corre por tus venas-
-¿Conocisteis a mi madre, Glinda?-
-No personalmente. Pero aquí podéis ver su retrato tejido-
Acercándose más, Dorothy pudo adivinar los rostros de los amantes. El hada Idina tenía los cabellos largos y negros como los de Dorothy, y en sus pies llevaba unos zapatos de plata. El hombre mortal llevaba la misma ropa que los granjeros de Kansas que la muchacha conocía tan bien. La camisa era igual a la que su tío Henry tenía colgada del armario y nunca se ponía, pues le había dicho que perteneció a su hermano pequeño. La imagen tejida se parecían mucho a la foto que tenía ella colocada sobre su mesita de noche y besaba casa noche antes de acostarse. Los tapices mostraban otra historia más.
-Es una profecía. La hija de Idina caerá un día del cielo y liberará a Oz del yugo de una bruja mala y un mentiroso-
-Entonces, es cierto. El hada Idina es mi madre-
-Así es, mi niña. Sé que has tenido demasiadas emociones en poco tiempo pero te ayudaré en lo que pueda a sobrellevarlas. Puedo ayudarte a aprender a usar tu magia-
-Glinda, me siento muy halagada. Pero creo que ya es hora de que vuelva a casa. Mis tíos deben estar muy preocupados por mí-
-Lo comprendo, pequeña. Aun así, permíteme entregarte esto-
Glinda sacó de su bolsillo un colgante con un cristal de color malva y forma de lágrima. Era el colgante que llevaban todas las hadas.
-Este colgante perteneció a tu madre. Lo dejó aquí cuando conoció a tu padre. Ahora te pertenece a ti-
-Muchas gracias, Glinda-
-Y ahora, si te parece bien, creo que es hora de reunirnos con Tip. Hay algo importante que tiene que saber-
En la cabeza de la muchacha resonaron las palabras que Zelena le había dirigido a Tip.
Tiempo presente
El cielo se oscureció de repente. Ambas mujeres supieron al instante lo que eso significaba. Monos voladores. Sin perder un instante, se pudieron en posición, Dorothy ofensiva y Ozma defensiva. Las bestias se lanzaron de manera salvaje contra ellas. Dorothy rebanó al primero que osó acercarse, Ozma las cubrió con una burbuja. Atacaron uno tras otro, Dorothy los repelía con su espada y Ozma hacía lo posible por proteger a ambas, estaba demasiado concentrada como para preocuparse por la carnicería que causaba su amiga. Uno de los monos logró colarse por un hueco de la barrera y las arañó. Ozma lo lanzó lejos con su burbuja. Finalmente, los pocos monos supervivientes se replegaron y volaron en retirada. Ozma fue consciente entonces de la macabra escena a su alrededor. Sintió una arcada. Dorothy limpió y envainó su espada.
-Lo siento mucho. Sé que no te gusta la violencia, a mí tampoco, pero no había más remedio-
-Siempre hay otro camino- dijo Ozma apartando la mirada
-Nos atacaron. Tuvimos que defendernos-
-Pudimos quedarnos bajo la burbuja hasta que se fueran o encerrarlos a ellos en una y devolvérselos a Zelena o…-
Dorothy no se sentía con ganas de discutir, pues sabía no llegarían a un acuerdo. Tomó la mano de su amiga y las alejó de allí, internándose en lo más profundo del bosque por si las bestias decidían regresar. El paseo pareció calmar los nervios de Ozma.
-¡Estás herida!- exclamó de pronto
-Tú también-
Hasta ese momento habían estado demasiado concentradas como para darse cuenta, pero ambas tenían un profundo arañazo en el brazo y la pierna respectivamente. Dorothy las vendó, descansaron un poco a los pies de un árbol y decidieron continuar caminando hasta que el cansancio pudiese con ellas o se sintiesen más seguras. La reina podía percibir que su amiga estaba tensa, pero sus razones iban más allá del reciente ataque. Aún no había hablado con ella. Se moría de ganas de abrazarla, pero sabía que no debía presionarla, sino dejarla actuar a su ritmo. Ella estaría allí para sostenerla si caía, siempre.
Dorothy tropezó por culpa de una raíz que no había visto en la oscuridad y cayó de rodillas. En cuanto Ozma se agachó a su lado para ayudarla a levantarse, vio que lloraba.
-No puedo. Ya no puedo. Las vendas me han recordado al hospital de campaña y… Tío Henry, tía Em, Lucas, Toto…-
Y Dorothy se lo contó todo. Ya no pudo seguir guardándolo más. Ya no quería seguir guardándolo más. Ozma la abrazó, la consoló y más importante aún, la escuchó hasta el final. Cuando Dorothy por fin dejó de llorar, Ozma apoyó la cabeza de su amiga en su regazo y le acarició el pelo, tan suave, mientras le cantaba la nana que le había enseñado hasta que se quedó dormida.
Muy lejos de allí, un mono volador llegó al castillo con su valiosa carga entre sus garras. Aterrizó pesadamente sobre el alféizar de la ventana, pues Dorothy había conseguido herirlo.
-¿Lo has conseguido? Oh, excelente. Buen trabajo, tesoro mío- dijo Zelena
El mono alzó sus afiladas garras manchadas con la sangre de Ozma y Dororhy. Zelena las guardó en un frasquito que sacó de su corpiño. Como agradecimiento, curó al animal y le puso un suculento plato de comida. Glinda observaba todo lo mejor que podía teniendo en cuenta la movilidad que le permitían las cadenas.
-¿Qué es eso?- preguntó con una mezcla de curiosidad y preocupación
-El ingrediente que faltaba. Lo que equilibrará la balanza- dijo simplemente Zelena
Sinceramente, nunca entendí del todo lo del agua y me pareció que no me encajaba con el universo que estoy creando.
En el próximo capítulo: todos los misterios concernientes a Tip serán finalmente revelados.
