Entiendo que prometí traerlo antes, pero entre una cosa y otra, demoré. Por cierto ¿han notado que mis actualizaciones son mensuales? Yo lo acabo de notar hace poco…
En fin les dejo seguir con la lectura.
P.D. hasta abajo explicaré la razón por la cual hay nuevo resumen y nombre.


°oO°~ Capítulo 4.- Fantasía de una mujer enamorada ~°Oo°

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Mordió ligeramente su labio, no por la incomodidad y la sensación de extrañeza que le causaba la niña mientras tomaba su comida, no; de cierto modo comenzaba a sentirse con familiaridad con la pequeña Garuda. Quién la hacía sentir un sentimiento extraño en estómago, junto al latir acelerado de su corazón era uno de los padres de esa niña, quien justo estaba a su lado mientras ella tomaba con calma el alimento.
La verdadera razón por la que estaba cumpliendo ese trabajo como nodriza, era el sentimiento hacia ese hombre; la ternura y consideración que tomo hacia ella durante su embarazo; haciéndola desarrollar un sentimiento de apego hacia la niña mientras aún la cargaba en su vientre, como si en un punto de su embarazo ella hubiese creído que esa bebé fuera de ambos. Pero la llana apariencia de la pequeña al nacer dejaba totalmente fuera cualquier parentesco con ella, con su vibrante cabello marrón cobrizo violeta oscuro, y esos ojos de un azul brillante y oscuro, era totalmente la imagen de los padres de Gaara, el otro progenitor de esa criatura.
Ella era testigo del profundo amor con el que ambos se miraban y miraban a la niña, y la hizo envidiarlos, porque por un momento le hubiera gustado que el hombre sentado a su lado fuese su pareja y la bebé que sostenía en sus brazos, fuera su hija.

—Ino, ¿cómo sabes cuando ella está satisfecha o ha sido suficiente? —le llamó el moreno atrayendo la atención de la mujer rubia, rompiendo ese pensamiento tan profundo en el que ella se había sumido.

La ojizarco levantó la mirada de la recién nacida hacia el hombre. Las primeras dos veces que había estado presente en el momento que ella, amamantaba a la niña le había parecido que su mirada podría ser por morbo. Se había dado una esperanza tan fugaz, al creer haber despertado un sentimiento de duda en su corazón; que él estaba allí descubriendo el amor hacia ella; que la miraba como una mujer. Pero no había sido así, cuando había analizado su mirada la segunda vez, había concluido en que no era morbo sino curiosidad, una sana curiosidad nata de aprender absolutamente todo lo relacionado a su pequeña hija. Se había sentido decepcionada, abrumada por no tener una belleza cautivadora con la capacidad de sujetar a ese hombre para poder hacerlo dudar de su sexualidad.

—Ella lo sabe, suelta el pezón cuando se siente satisfecha —respondió a su duda con calma, tomando una toalla húmeda para recoger los restos de leche que se escurrían por los pequeños labios de Garuda. Sabía que cuando hablaba con Sai siempre debía ser directa, dar al grano sin rodeos; ya que por alguna extraña razón el hombre era algo despistado con las explicaciones que requerían comparaciones con alguna otra cosa o hacer señas.

—La he visto pasarla de un pecho a otro ¿cuál es la razón? —Volvió a interrogar, sin premeditar sus palabras, simplemente con el interés de obtener la razón del porqué.

—Es porque mis pechos se vacían, y tengo que cambiarla al que esté más lleno y pueda seguir comiendo —trató de explicar.

—Usted parece estar muy a gusto con la niña, incluso Garuda, parece estarlo con usted —le regaló una sencilla sonrisa, y ella bajó la mirada hacia la pequeña que estaba desprendiéndose, por lo visto satisfecha—. ¿Cree que sea como dicen los libros? Por el latido de su corazón.

Ino acomodó su sostén y la blusa; antes de limpiar los labios de la niña—. He leído también sobre eso. A mi entendimiento, ella ha permanecido dentro de mí nueve meses, guiada al principio por el latido de mi corazón y meses más tarde la voz y los ruidos del exterior, pero lo más cercano a ella siempre será ese latido —llevó un mano libre a su pecho dando énfasis a sus palabras.

—Así es. Quizá sea esa la razón por la que ella está tan cómoda entre sus brazos —mantuvo la mirada fija, en ella mientras le acomodaba las ropas con cuidado, aunque la pequeña por su lado cerraba los ojos. La mujer rubia le tendió la niña al moreno que no sabía a qué venía ese intercambio.

—Debes hacerla eructar —explicó, mientras se acercaba a él para ayudarlo a acomodar la niña sobre su hombro. Tomó la mano del moreno entre las suyas, guiándolo a dar palmadas suaves, sobre la espalda de la pelirroja—. No tengas miedo de lastimarla, no será así —explicó con calma, soltando sus manos para dejarlo hacer por sí mismo.

Sai miraba a la mujer continuando con el golpeteo antes de escuchar el sonido algo fuerte de los labios de la pequeña al dejar salir todo ese aire en un eructo—. ¿Debo detenerme ahora? —Levantó la mirada de la delicada cabellera rojiza de su hija hacia la mujer.

Ino negó con la cabeza—. A veces es bueno seguir dando palmaditas para sacar todos esos gases, aunque ese último sí que sonó muy alto —extendió sus dedos hacia la niña, tocando la pequeña maraña granate que eran sus cabellos. Levantó la mirada topándose con el par de oscuras orbes, Entreabrió los labios un momento, saboreando del intercambio de miradas.

—Buenas tardes —saludó Gaara, caminando hacia la sala con el maletín entre sus manos. Aunque su saludo había sido dirigido no por cortesía sino más bien para hacerle saber de su presencia a la rubia.

—Buenas tardes, Gaara — saludó la mujer apartando su mano de la niña y agachando la mirada como sumisa.

Pero no era sumisión, era vergüenza. Vergüenza por saberse como una mujer que quería meterse en medio de un matrimonio, por desear a uno de los novios; vergüenza de tener un sentimiento, tan ferviente y latente; pero sobretodo sentía vergüenza de saber que a pesar de sus intenciones no podría ni en mil años lograr que él la mirara con otros ojos que no fueran sólo de agradecimiento. Por lo tanto no le quedaba más que agachar la cabeza, esperando que sus gestos de obvio interés hacia el moreno, fueran de un nulo entendimiento para el bermejo.

—Gaara, adivina, hoy pude ayudar a Ino con Garuda a darle de comer —le comentó con una sonrisa, de verdad entusiasmado y feliz por el acontecimiento. Miró a su pareja enarcar una ceja y decidió agregar—: bueno, no tal cual, le ayudé a que pudiera eructar —mantuvo su sonrisa, por su gran logro.

Gaara le encantaba escuchar lo que Sai tuviera que decirle con referencia a su hija. Y es que su esposo parecía un niño pequeño que hace un dibujo y se siente tremendamente orgulloso del resultado, y claro él por consiguiente también se sentía lleno de felicidad cuando le comentaba con esa expresión llena de alegría—. ¿Qué tal? ¿Pudiste hacerlo bien? —Le picó, con una sonrisa, que inevitablemente se instalaba en sus labios.

Ino se removió incómoda en su lugar, sabía que ella estaba de más. Se puso de pie, su deber había concluido, por lo menos ese día en particular—. Si me permiten, debo volver a mi tienda. Fue una tarde agradable, gracias —anuncio como despedida, usualmente siempre justificando el hecho se tener que volver a su floristería, y es que era la mejor excusa y sobre todo la más creíble cuando se trataba de zafar de una situación incómoda en la cual era ignorada o sabiéndose no bienvenida, en éste caso por el bermejo.

—¿Tiene que irse ya? —Preguntó el moreno mirando hacia donde ella se encontraba de pie, notando un asentimiento en silencio de su parte como respuesta a su interrogante—. Me gustaría que algún día pudiera quedarse a comer con nosotros —agregó aunque la mujer negaba levantando una mano hacia la invitación hecha.

Gaara frunció levemente el entrecejo, jamás negaría el completo aprecio que sentía hacia Ino, pero notaba las miradas malintencionadas para con su pareja, necesitaba ser estúpido, o crédulo, como en el caso de su marido, como para no notar el brillo de anhelo que ella tenía en su mirada siempre para Sai.
Por su trabajo nunca pudo ver de cerca como poco a poco se daba la evolución del embarazo, y Sai como siempre estaba en casa, por sus pinturas y para hacerse cargo de algunas tareas pendientes de ella, era quien contaba con mayor libertad para estar junto a ella; tanto como un apoyo moral como por el gusto propio y la absoluta devoción por su hija. Lo entendió en su momento, jamás le prohibió estar con ella, pero ahora no veía el motivo de su presencia junto a su hija y su esposo. Esperaba que con el parto y el último pago por el servicio fuera más que suficiente para que saliera de sus vidas, y es que no era sólo eso, sino que desde ya debía cortar el lazo con la niña, que al final de cuentas no le correspondía nada de ella.
Aunque siempre reiteraba que por mucho desagrado que sintiera por ese interés que tenía Ino hacia su esposo, de ahí en adelante, seguía con una completa admiración por su ayuda, o servicio, mejor dicho.

—Te agradezco mucho la invitación, Sai. Quizá en algún otro momento los pueda acompañar; pero hoy no es ese día —miró de manera discreta y disimulada al pelirrojo que aflojaba su corbata, mientras mantenía los ojos cerrados. No tenía deseos de seguir importunando y turbando en su vida, pero solo volver la vista hacia el moreno, ese hombre le quitaba todo sentido común y le hacía nacer el impertérrito y ferviente deseo de arrebatarlo de su lugar.

—Entonces esperaremos a que ese día llegue, ¿verdad, Gaara? —Sonrió a la rubia antes de pasar la vista a su esposo.

—Así es —respondió sin mucho interés, dejando la corbata deshecha sobre el sillón.

—Gracias —respondió en voz baja—. Me retiro ya —anunció apretando la agarradera de su bolso dando un par de pasos. Ansiaba tanto y se ponía a fantasear que en un momento o algún día, Sai se levantaría de su asiento y sujetaría su mano pidiéndole que no se marchara de allí, que no se marchara de su vida.
Pero eso era solo una fantasía en su mente que de ante mano estaba claro no ocurría, no mientras estuviera allí Gaara, el gran amor de ese hombre que tanto quería. Se retiró de manera lenta, sabiendo bien el camino fuera de esa casa, sin mirar a sus espaldas.

Sai sonrió, acomodando con cuidado a su pequeña entre sus brazos, ella parecía haberse quedado dormida, la miró con ternura, escudriñando las facciones al estar de ese modo. Gaara se mofaba en algunas ocasiones diciendo que él era la madre, y de cierto modo y biológicamente hablando aquello era un hecho. Una de las células de Sai se había convertido en un óvulo, y ambos lo sabían. Para ser francos nunca hubo problema para hacer esa elección, casi dejándola a la suerte, porque seguía importándoles muy poco el rol que fuesen a desempeñar. Pero al final fue Sai quien se animó a levantarse y decir que él quería dar esa parte de sí para que fungiera de ese modo. Y Garuda era el resultado de esa decisión.
Si era sincero le sorprendía en algunas ocasiones el parecido tan singular hacia sus suegros, no podría predecir qué sería de su personalidad a futuro, pero le abrumaba un poco la idea que tuviera un carácter fuerte como Rasa, y es que parecía que en esa familia todos eran así, sin embargo tenía la vaga esperanza de que Garuda sacara más que solo los ojos de su abuela Karura. No era que le desagradara el temperamento de la familia Sabaku no, pero prefería ver a una niña alegre y juguetona; y se figuraba a una pequeña muy seria y tranquila si tomaba parte ese carácter de su abuelo.

—Le vas a robar el alma —le dijo Gaara, ya relajado y menos tenso al ya haberse retirado esa mujer de su hogar.

—¿Robar el alma? —Levantó la mirada de su pequeña en dirección a su esposo.

—Es lo que mi madre le decía a Temari cuando miraba a Shikadai dormir, durante mucho tiempo —se encogió de hombros.

—Oh, dios, no quiero hacer eso —su mirada se tornó de preocupación.

—Tranquilo, es solo un dicho popular, no creo que sea verdad. Solo es para que no la veas tanto —sonrió, recargado en el sillón frente a él.

—Oh, me había preocupado —volvió la vista a su hija acomodando el mameluco.

—¿Hiciste la comida? —Cerró los ojos, mientras esperaba la respuesta a su interrogante.

—Sí, Ino me ayudó a terminar de prepararla —con la niña cómoda entre sus brazos, volvió la vista a su pareja.

Gaara volvió a arrugar el ceño—. ¿Tu la llamaste o vino por sí sola? —Sabía que tenía que atender ese problema de la constante intrusión de la mujer, en sus vidas. Pero no quería sonar tan drástico con su decisión o hacer que Sai se sintiera presionado a dejar de lado esa "amistad", que estaba seguro él buscaba.

—Creo que un poco de ambas. Salí a buscar algunas cosas que pensé necesarias para Garuda y bueno, pasé por su floristería, hablamos un poco y la invité a venir —resolvió con simpleza—. ¿Quiéres comer ahora? Para dejar a Garuda dormir en su habitación y acompañarte a comer —Enarcó una ceja, mirando hacia él.

—Sí me haces el favor —se levantó de su lugar acomodando las mangas de la camisa—. O ¿sabes qué? Yo la llevaré, quiero pasar un poco de tiempo con ella, además aprovecharé para cambiarme —se acercó a él extendiendo sus manos para recibir a la niña.

Sai sonrió acercándose a él, para dejarla con cuidado y delicadeza entre sus brazos. Aunque el intercambio estaba hecho fue incapaz de soltarlo. Llevó sus manos hasta las mejillas de su pareja y se inclinó para rozar sus labios, cuidando de no aplastar a su hija en ese mismo intento de un beso.

Sus manos volvieron a bajar, colocando una sobre la cabecita granate—. Aún no puedo creer que seamos una familia —susurró cerrando los ojos, con su frente tocando la contraria.

—El sentimiento es mutuo —Gaara abrió los ojos mirando hacia su hija que seguía impávida.

—Pondré la mesa, y preparé su biberón sólo por si acaso —anunció, apartándose de su lado para caminar en dirección a la cocina.

Se quedó allí con su hija entre sus brazos, miró hacia ella, le agradaba la sensación cálida que se instalaba en él, provocada por tenerla sólo de ese modo. Comprendió su camino en dirección a la planta alta, acunado y meciendo a penas un poco para evitar que se despertara.
Al llegar a su destino abrió una de las puertas pintada de un tono rosa pastel. No le agradaba del todo la tonalidad, pero Sai estaba convencido en que ese color era el más adecuado y no quiso llevarle la contraria. El interior de la recamara era de un pulcro color blanco, con algunas flores que figuraban un campo extenso en el papel tapiz que rodeaba por completo en la línea recta la parte más baja de la pared.
Se inclinó depositando dentro de la cuna con cuidado a la niña, cubriéndola con una delgada pero mullida sábana. Dentro de la cuna no había más que la acolchada línea de seguridad, que figuraba en caso de que rodara aunque por su edad actual —de solo un par de semanas de nacida—, dudaba de su uso pero no lo descartaba dentro de uno o dos meses. Recargó sus manos en el barandal de la cuna, viendo los movimientos de los labios de su hija, entre sueños.

—Garuda, quiero que seas la única mujer con la que "mamá" tenga contacto. No soy misógino, pero realmente quisiera que dejara de ver a Ino. Ella no debe seguir frecuentándolos.
Sé que gracias a ella estás aquí y yo estoy muy agradecido por eso, pero sabes, yo amo a Sai, no voy a dejarlo ir con la primera que intente arrebatarlo de mi lado —miró hacia su pequeña, dejando ir un suspiro—. Ni a ti ni a él. Sé que suena posesivo, pero es que ustedes son míos, son mí familia. No voy a permitir que una mujer se ponga en medio de nosotros —aferró sus dedos a la baranda de madera color chocolate de la cuna—. Cuento contigo para que también cuides de él, para que seas la primera es decir que es tuyo, y que eres y serás la única mujer en su corazón, ¿de acuerdo? —Estiró sus dedos acariciando con la yema de ellos una de las mejillas de alabastro que ella poseía, notando la curva que se instalaba entre sus pequeños labios rosados.

Terminado su petición hacia la durmiente. Salió con cuidado de no hacer ruido, no sin antes detenerse en el marco, mirando el interior. Dentro de la recamara, habían muy pocas cosas decorativas o vistosas, sólo lo necesario. Sai había estado leyendo durante todo ese tiempo, todo tipo de libros sobre bebés, desde el entorno favorable, cuidados, el desarrollo, incluso libros de pediatría clínica. Él y apenas le había podido seguir el ritmo con la documentación, solo que por su parte pedía consejos a su hermana y a su madre. Ambas teniendo la experiencia como madres las suponía como mejor fuente de aprendizaje. Cerró la puerta, lo mejor que podía hacer en ese momento era cambiarse para alcanzar a Sai en la cocina y comer.

Sí había contado de manera correcta Garuda, tenía exactamente noventa días de nacida. En ningún momento de esos setenta y cinco días había de dejado de frecuentar a Ino. Había entendido la incomodidad de Gaara con respecto a la mujer aquella tarde que la llevó a la pelirroja a recostar. Supuso que el taheño había pasado por alto el radio encendido que le alertaría cualquier ruido en la habitación, y él había escuchado todo ese monólogo cuando estaba sirviendo la cena. Sin embargo no dijo nada al respecto, ya que de por si creía que no debía haber escuchado nada de aquello, aunque si podía decir que le había enternecido esa confesión franca hacia su hija. Si él seguía viendo a Ino era porque la mujer le resultaba agradable, además él quería que su hija consumiera de manera correcta todos y cada uno de los nutrientes esenciales para tener una dieta completamente adecuada a su edad, sin ir por fórmulas sintéticas que prometían cumplir con cada una de las necesidades más básicas de una recién nacida.

Se sentía y se escudaba en la razón de ser un padre que buscaba lo mejor para su hija y eso Gaara lo comprendía. Aunque seguía ignorando completamente el hecho de que Ino miraba a su persona con interés fuera de lo amistoso, y eso era lo que enfadaba al taheño. Aunque no se lo comentaba al moreno, para no quitarle la fantasiosa idea de tener una buena amistad.
Pero esos casi tres meses habían hecho que el granate perdiera poco a poco la paciencia hacia la rubia, aunque no quería parecer desesperado ni forzar tanto hecho de hacerla a un lado de una buena vez.

Gaara agradecía enormemente que el semestre corto estuviera por finalizar y de ese modo pudiera ahora vigilar más de cerca el comportamiento de la mujer. Mientras tanto, solo podía ver la fila enorme de exámenes que estaban por caer sobre él, con la suma de dos nuevos grupos a su lista de clases impartidas. Así mismo vendrían los desvelos pero todo sería recompensado con las vacaciones del personal docente.

Suspiró, tomando una de las carpetas manila que con el nombre y número de grupo, sacando los exámenes. Una de las ventajas yacía en la reducción del grupo al ser de los más veteranos de la facultad. Pasó uno a uno por los asientos, dejando el examen bocabajo, ignorando la intranquilidad de sus estudiantes mientras el caminaba con parsimonia hasta entregar el último. Había seguido su camino para regresar a su escritorio, dando las indicaciones mientras tanto. Cuando se hubo sentado todos allí sabían que lo que venía a continuación era dar la vuelta al examen y comenzar a responder la evaluación dada.
Gaara se cruzó de brazos recargando completamente su espalda contra el respaldo de su silla mientras se dedicaba a escudriñar a cada uno de sus alumnos, pero no podía sacarse de la cabeza la idea de que su marido siguiera en casa junto a Ino.

Por otra parte Gaara no podía haber estado más en lo correcto, mientras Sai seguía prestando la acostumbrada atención a su hija mientras comía tranquila, él consideraba aquella como la última de las visitas de la ojizarco como nodriza de Garuda. Aún no se lo mencionaba, notaba aquello como un hecho innecesario pero que le haría mención sólo al final.
Pensó desde el inicio que a Gaara no le iba a gustar la idea, y lo había confirmado, de que tuviera que involucrar de más a la rubia. Comprendía así mismo que ella debía dejar se frecuentar a su hija, por el simple hecho de no tener que estrechar el lazo que la unía a su pequeña, y no descartaba la sola idea de que ella tuviera un atisbo de amor y se aferrara a Garuda haciéndose a una idea errónea de lo que verdaderamente le correspondía. Él se limitaba a pedirle que le proporcionara a la pequeña pelirroja leche de su pecho, pero después del primer mes Garuda tomaba sólo biberones con la leche que Ino entregaba, seguía siendo de ella tal y como Sai le había explicado en una de sus anteriores peticiones. Ella accedía sin dudar a cualquier petición del moreno, por absurda que fuera. Como en ese momento, ella alimentaba de su pecho a la niña. Ino podía sentir la sensación de vacío en ambos, ya casi no había nada de ellos para proporcionarle a la niña. Y es que sin que ella succionara durante esas semanas su cuerpo lo había asociado a la nula necesidad de seguir produciendo leche, y ahí estaban las consecuencias.

—Sabes, Ino —capturó la atención de la rubia—. Este será el último día que tenga que pedirte que alimentes a Garuda. A partir de ahora su comida serán papillas y la leche en polvo —explicó con calma, mirando a su hija.

—Ya veo —agachó la cabeza—. Entonces este es el final... —murmuró.

—Me gustaría que no lo tomes a mal, pero debes entender la razón por la que te lo he pedido de este modo —miró hacia el retrato en la mesa de centro, el brindis de su boda.

—No, está bien. Yo lo entiendo, y sé que debe ser así —aferró entre sus manos a la niña—. Estoy feliz de que me hayas dejado alimentarla esta última vez —dejó salir una sonrisa melancólica.

Sai tenía ambas manos juntas, con la mirada puesta en la puerta de la entrada, Gaara tenía que aplicar un par de pruebas ese día y por la hora no dudaba que estaba próximo a llegar—. Quería darte este último honor con ella —explicó con calma.

—Gracias —musitó, hasta sentir a la niña desprenderse—. Ya está satisfecha —anunció tragando saliva, tenía una sensación de hueco y frío en su pecho a la altura de su corazón.

—Al contrario, gracias por regalarnos, a Gaara y a mí, la felicidad de ser una familia completa —sonrió, como apoyo a sus palabras a que sonaran más francas.

—Me alegra haber podido dar algo así a una pareja tan hermosa y especial —Estiró sus manos con la niña entre ellos para entregarla.

Extendió sus brazos sabía lo que debía hacer a continuación, como ya se había hecho rutina y prácticamente una costumbre—. De verdad, gracias —murmuró al tener a la mujer cerca colocando suavemente a la niña entre sus brazos.

No supo que había pasado, pensó que solo iba a recibir a su hija e iba a dar unas palmadas sobre su espalda, para hacerla eructar, porque eso era lo normal. Pero tenía a Ino presionando sus labios sobre los suyos, y él no tenía ni el mínimo de idea de qué hacer, porque para empezar no entendía a qué iba a llegar ese contacto o que fin traería. No podía hacer mucho con la niña entre sus brazos, pero pudo zafarse de ello al escuchar a Gaara dejar con molestia las carpetas manila sobre la mesa de centro.


Ahora sí, a quienes les interese los motivos del nuevo nombre, nuevo resumen e incluso las modificaciones de los nombres de los capítulos anteriores he aquí la razón:
Últimamente había estado pensado sobre la idea que está tomando el fanfic, es decir esto se me fue prácticamente de las manos. He de decir que todo se está dando por sí solo, la idea central era hacer una serie de One-Shot sin conexión entre sí, solo con la pareja que se presenta manejando la idea de las fantasías (había hecho encuestas sobre las fantasías más populares entre los varones, inclusive, con tal de alcanzar ese propósito). No entiendo ni me explico cómo es que terminé con un fanfic que hay que decir: tiene mucho que dar y que me agrada.
Esas son mis razones.

Un agradecimiento a Shinen Uchiha por darle el visto bueno a este capítulo.

Bueno ya me he explayado demasiado y dudo que alguien lea hasta acá. Próxima actualización dentro de un mes (?)… eso va medio en broma medio en serio, porque ya voy a regresar a clases. ¿Qué hice durante vacaciones sino actualicé? Tengo un rol muy bonito XD eso te absorbe el alma.