Saludos mundo mágico,. Pido disculpas por la demora pero espere una semana más a ver si algun me dejaba un mensaje pero nada. No negare que me hizo un nudito en el corazón, soy sensible (a veces).

Cuando releí la historia escuche: A quien quiera escuchar de Maldita Nerea (cuando salgan 2 E) Me hizo sentir muchas emociones, la recomiendo. También escuche Dos Palabras de Pablo López y Paula Fernandes (cuando salgan 4 E) les invito a que se sumerjan conmigo de la misma forma que lo hago para sentirme más conectada a ustedes.

NO SEAN EGOÍSTAS Y DÉJENME SABER SUS OPINIONES (no estoy gritando) Los escritores invertimos mucho tiempo en escribir, leer, releer y lo hacemos para compartir con ustedes esta imaginación desmedida que pide a gritos salir de nuestro interior, saber que sienten cuando me leen es lo mejor que me pasa. De verdad, estoy segura que si supieran como me pongo, tendría ya mil comentarios de ustedes.

Al final los agradecimientos y una humilde petición.

A LEER (ahora si grite)


Narcisa Black

Hoy no sé qué día es tampoco, algo sé: Vuelvo a ser yo, hacía 3 años que no veía mis dedos, me he visto en una charola de plata reflejada y mis ojos se humedecieron, como extrañaba mi rostro. Verme fue un bálsamo para mis sentidos, para mi orgullo de mujer que estaba cansado de ver a una usurpadora. Nunca he sido presuntuosa pero vivir por más de 20 años contigo y luego cambiar todo tu aspecto es algo impactante.

Después de encerrarme en mis cuatro paredes personales, he pensado con más calma y lógica. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera sido Malfoy quién me encontraba? Yo sé la respuesta, estaría muerta. Al final debo agradecerle muy en el fondo lo que ha hecho por mí. No quiero morir, nunca he querido hacerlo así que después de la presentación en primera fila que he tenido con la maldad en el infierno puedo vanagloriarme que estoy aquí, viva y resistiendo lo que venga. Excepto ver cara a cara a quien-no-debe-ser-nombrado, a ese asqueroso ser no lo quiero ver jamás, solo tal vez, su cadáver.

Tener en mis manos una pluma de nuevo es algo increíble, pensé que no volvería a escribir jamás, que no podría dejar fluir mis pensamientos y mis sentidos. Otra cosa que agradecerle a esa serpiente venenosa que siempre me ha lastimado sin compasión, como él mismo ha dicho, a las serpientes no les gusta deber nada, pues bien, a los leones tampoco. Así que seré sumisa… por ahora.

He tenido días mejores, definitivamente he tenido días mejores pero este entre todos los malditos días que he vivido en esta mansión ha sido o puede considerarse el mejor, aceptable...

Ninguna de las preguntas que me he planteado han sido contestadas, creo que mi cerebro aún no recupera todas sus neuronas, siguen estando de reposo por tantos días en desuso. Tal vez en una semana pueda estar integro. Ahora lo importante es disculparme con Mildred, pedirle que me dé una oportunidad y explicarle el porqué de mi silencio, de mi engaño. Debe entenderlo. Es la única persona con la que puedo hablar con honestidad, decirle algo a Malfoy sería suicida. Sé lo oscuro que es, se lo malvado que también puede ser. Que me haya salvado no significa absolutamente nada, su esencia es cruel. Siempre lo ha sido y que me haya engañado en el pasado, no significa que lo hará esta vez.

Tocan mi puerta… HG.

EE

- Adelante – respondió la castaña con extrañes. La puerta se abrió y dejo entrar a una hermosa mujer de mediana edad con melena rubia y perfectamente peinada en un moño aristocrático, con vueltas y trenzas que lucían demasiado laboriosas hasta para ver. Unos ojos azules tan claros que se confundían con el agua del mar en un día soleado, una mirada amable y cuando detallabas por algunos minutos triste, escondía una tristeza perpetua. Su piel era tersa y brillante, nívea como la leche recién extraída de las ubres de la vaca. – Dígame – se había levantado como un resorte de su cama.

- Hola, Hermione – la voz de aquella mujer reflejaba la tristeza que escondían sus ojos.

- Hola señora Malfoy – balbuceaba, estaba nerviosa.

- ¿Cómo estás? – pregunto con educación, cerró la puerta tras ella y se quedo parada frente a la castaña.

- Bien, señora Malfoy – mintió, ella no estaba bien y no sabía si algún día volvería a estarlo.

- También soy una serpiente, cariño, no tienes porque mentirme. – Aquella astucia, sonrisa y mirada radiográfica era igual a la de su hijo, o al revés, su hijo igual a ella.

- Estoy del asco pero sigo viva – respondió con sinceridad y con una tímida sonrisa. No podía fiarse de alguien Malfoy. Aunque pareciese amable.

- Lo lamento – dijo con una sonrisa que Hermione admiro como sincera.

- Exactamente ¿Por qué se disculpa?

- Porque no pudimos evitar el daño que se te ha hecho.- una respuesta escueta pero que rompió a Hermione en mil pedazos, parecía que las lágrimas que creía inexistente se revolucionaron hoy porque ahí estaba ella de nuevo dejando drenar el mar salado que navegaba en su interior y se excretaba a través de sus ojos como una manguera a presión.

El sollozo que salió de sus labios hizo que la hermosa rubia se acercara a ella y la acunara en sus brazos.

- ¿Pudimos? – pregunto entre hipidos la castaña.

- Yo también he sabido que eras tú desde que llegaste a esta casa, mi hijo me lo ha contado. Yo fui la que le dije que hacer. – Esa mujer había aceptado que la torturasen, que la violaran. De un sopetón se separo de ella y la miro estupefacta.

- ¿Usted, qué? – pregunto incrédula.

- Era eso señorita Granger o dejar que mi marido la matara de una manera nada humanitaria. – Narcisa la miro con arrogancia – no me arrepiento del consejo que le di a mi hijo, lo volvería a hacer, no se atreva a juzgarnos.

- Por supuesto que me atrevo – repuso ella encolerizada – su marido me ha violado cuatro malditas veces, me ha torturado hasta que ya no he podido articular palabra y golpeado hasta que no podía reconocer el rostro que tenía… no me diga lo que puedo o no puedo hacer, señora.

- Hermione – la tuteo Narcisa – he considerado desde hace mucho tiempo que no eres una joven estúpida, te agradezco no hagas rehacer mis juicios. Por supuesto que hicimos algo mal, hemos hecho todo mal pero en esa maldad la hemos salvado, sabiendo que traería consecuencias por supuesto que las traería, pero usted solo está viendo su historia. Hablando desde su dolor y su experiencia, le puedo asegurar que la de nosotros no ha sido nada agradable y aunque mi hijo no ha sido violado sexualmente, vaya que si ha sido abusado.

- Su hijo es una escoria – la sonrisa que apareció en los labios de la señora Malfoy descoloco a la castaña.

- Mi hijo puede ser muchas cosas, algunas malas, no soy ciega pero ¿escoria? ¡Jamás! – el ímpetu con el que declaro aquello hizo tragar grueso a la ojimiel.

- Disculpe que lo ponga en duda señora Malfoy pero yo estudie con su hijo y él dejo que su padre hiciera lo que quisiera conmigo a pesar de eso.

- Mi hijo hizo lo necesario para no morir, para que no me mataran y para que no murieras. Antes de decir cualquier estupidez, por favor, ve más allá de lo evidente – fruncía el ceño mientras le respondía a la castaña.

- ¿Qué vea más allá? – pregunto irónica, si esa señora había bajado hasta las cocinas sería por algo pero a ella no le interesaba.

- No sabes nada – bufo. Tomo el pomo de la puerta y la abrió. – Hasta luego.

- ¡Por favor! – exclamo con pavor la castaña. – Dígame. – Su curiosidad siempre vencía a su orgullo.

- Lo siento Hermione, no tengo porque hacerlo.

- Ha venido hasta aquí para decirme algo, me pide que no juzgue a su hijo pero usted lo está haciendo – Narcisa la miro con intriga y cerró la puerta de nuevo. – Conmigo.

- De acuerdo, la invito a que tome mi mano y observe la realidad de mi hijo. – Narcisa la miro con recelo antes de agregar – Si me hijo se entera que yo le he dicho esto, seré yo quien la mate, ¿entendido? – ante aquella amenaza le regalaba una dulce y benevolente sonrisa. Hermione solo pudo asentir y tomo su mano.

Lo que sintió fue un jalón estrangulado en su estomago que se asemejaba al momento antes de la aparición. Esa mujer era como un pensadero vivo, le estaba haciendo ver momentos que ella jamás había visto.

Estaba en la mansión en la cual estaba en ese momento pero mucho tiempo antes, lo deducía porque las cortinas se mantenían abiertas dejándose arrollar por los rayos ultravioletas de la estrella madre, el sol, no como ahora que estaban cerradas.

La señora Malfoy se ubicaba en un sillón que no había visto, tampoco reconocía el salón en el cual se encontraba pero podía verla allí, sentada mientras leía con nerviosismo un libro que seguro ni siquiera estaba entendiendo. Ella estaba en el ambiente, omnisciente y omnipresente.

- ¡Draco! – grito con frenesí al ver entrar a su hijo al lugar. Tendría unos 17 años, tenía el uniforme del colegio, identificado como miembro de la casa de las serpientes, titulares del color verde y plata.

- Madre – susurro él con desgana. – Estoy bien – su madre lo abrazaba, las lágrimas se derramaban sin control de sus ojos y lo llenaba de besos por su frente, sus mejillas y su nariz.

- Gracias a Merlín – estaba frenética, aterrada por estar al margen de todo. - ¿Qué ha pasado?

- Snape mato al viejo.

- Me alegro – afirmo la mujer para asombro del rubio. – Él sabe lo que hace Draco, tú eres solo un niño.

- Ya no lo soy madre – negó él y Hermione pudo percatarse que lágrimas se arremolinaban en los ojos plateados del rubio – ya no soy un niño.

- Siempre serás mi niño, mi príncipe – aquella escena la hizo regocijarse. El rubio estaba llorando mientras aferraba a su madre con fuerza, podía escucharlo sollozar.

- No podía matarlo, ya no podía.

- ¿Antes si? – pregunto cauta su madre.

- Si – aquella afirmación crispo a la castaña.

- ¿Qué cambio? – pregunto paciente, acaricio las mejillas ruborizadas de su hijo y limpio las lágrimas que habían salido sin permiso y en estampida de sus ojos.

- Yo – sentenció el rubio y su madre sonrió. Hermione pudo apreciar que era la misma sonrisa, tenían exactamente la misma sonrisa.

- ¿Cómo?

- Es algo complicado de explicar madre.

- Inténtalo.

- Me hice amigo de una impura.- Aquella revelación hizo que Hermione tragara grueso o eso sentía que había pasado.

- ¿Una impura? – pregunto asombrada.

- Me hice amigo, o algo parecido de Granger.

- ¡Oh, vaya! – no solo era sorpresa, era ¿alivio? Hermione no supo descifrar el rostro de la matriarca de los Malfoy.

- ¿No dirás nada más? – pregunto en un sollozo quedo el rubio.

- Hijo – comenzó ella con ternura – la pureza es muy relativa hoy en día, me gustaría decirte que esa chica está equivocada pero hemos sido nosotros, la pureza de la magia quien te ha obligado a convertirte casi en un asesino. No sé que habrá hecho aquella joven pero si algún día llego a verla, le agradeceré que haya ayudado a mi hijo a no convertirse en un monstruo.

- Ella no lo sabe.

- ¿Entonces? – pregunto contrariada.

- Simplemente tuvimos algunas conversaciones buenas, profundas e interesantes donde tuve que admitir internamente que la pureza que tanto defendía era un espejismo. Yo la odiaba madre, tú lo sabes pero eso fue cuando era un niño. Tal vez no todos los sangre-sucia son así pero tal vez ella es una excepción ¿no? – había demasiada esperanza en sus palabras.

- Si Draco, tal vez ella es una excepción.

oOo


Estaba en el bosque prohibido ahora, Voldemort estaba sudando y tenía su varita apuntada a un cuerpo inerte en el suelo de tierra que cubría aquella inmensa arboleda.

- ¿Está vivo? – pregunto a una mujer rubia con aspecto desganado, ojos hinchados y labios partidos.

La mujer se acerco al cuerpo del joven que yacía allí. Un joven con lentes redondos, ojos esmeralda escondidos por sus parpados y una cicatriz en forma de rayo en su frente. Narcisa le observo con atención y observo como su nariz ululaba ligeramente, toco su cuello y abrió los ojos con sorpresa al sentir la sangre aún fluir por su cuerpo.

- Estás vivo – dijo en apenas un susurro audible - ¿Draco está vivo? – pregunto esperanzada. Harry asintió levemente, imperceptible para cualquiera. – Gracias – eran sinceras sus palabras. Se levanto con parsimonia y miro a su antiguo Lord – Está muerto, mi Lord – sentencio con seguridad la rubia.

Aquella mentira casi le cuesta la vida a Narcisa, y eso Hermione no lo hubiera sabido de no ser por ver aquello que le mostro después la mujer rubia. Ella nunca supo que aquella sangre limpia de alcurnia había abogado por Harry.

De pronto sintió un nuevo tirón, y pudo divisar diversas imágenes que pasaban con rapidez por su mente o por sus ojos, no lo sabía a ciencia cierta, jamás había experimentado algo así.

1 – Ella siendo torturada por el mismo Lord, consecuencia de haber dicho que Harry estaba vivo. Había sido perdonada porque Lucius se había encargado de desarmar al azabache cuando el Lord dio el golpe final. Aquel acto del rubio le había salvado la vida porque Voldemort estaba más que dispuesto de darle ejecución a esa mujer traicionera, Lucius intercedió por ella para vanagloriarse, siempre recordándole lo que casi genera en su familia, la desgracia y la deshonra, lo curioso es que a la rubia le parecía peor estar viva.

- Has sido una estúpida Narcisa – decía su marido con repulsión mientras la abofeteaba frente a todos los mortifagos que estaban en su sala – seguro es la menopausia, mi señor – la reverencia que le hacía a la serpiente humanoide era asquientamente aduladora. Las risas por parte de todos los presentes le daban ganas de vomitar a Narcisa. En ese momento fue perdonada, dada por loca pero no por traidora.

2- La imagen se difumino como bruma en un bosque, ahora observaba a Narcisa siendo violada por su marido una y otra vez, llorándole, implorándole que parara. Suplicándole clemencia y recibiendo como respuesta golpes, bofetadas, estrangulaciones. Marcas que no podría borrar jamás en su vida, el antiguo matrimonio que una vez los unió, el matrimonio repleto de amor ahora parecía una alucinación.

- Vas a tener que aprender a callar la boca a tus superiores – espetaba el rubio penetrándola con violencia. Ese no era el hombre al que ella había amado. Desde su regreso de Askaban algo en él había muerto, dándole paso a ese monstruo con el cual convivía. – Casi nos lanzas al abismo – furia había en las palabras del rubio.

- Lucius – suplico ella.

- Cállate – grito, con su mano derecha le tapo la boca y siguió embistiéndola con una fuerza brutal. – Perra – aquella palabra denigrante la rompió en pedazos. Pero ella no permitió que ninguna lágrima fuera derramada más después de aquella frase que le fue dicha. El rubio se encargo de barrer las cenizas del antiguo amor que una vez sintió por ese hombre que ahora la estaba violando sin compasión, sin un gramo de ternura.

Hermione quería llorar, sentía sus ojos arder al ver aquella escena, el problema no era solo verlo, también sentía lo que se había vivido en ese momento y la desolación de la rubia la abrumaba y descompensaba. Quería decir algo pero ella solo era una observadora, nada más y la imagen cambio de nuevo antes siquiera de estar lista para ver otra escena.

3- El Lord declarando que Draco Malfoy sería general de sus tropas, encargado de centros de adiestramiento para los jóvenes mortifagos. Se encargaría de redadas en pueblos muggles y pueblos llenos de impuros. Quiso suplicar por la absolución de su hijo pero la mirada que le lanzo su marido fue suficiente para guardar silencio. Hacer algo le supondría la muerte y ella no moriría hasta ver a su marido muerto y a su hijo a salvo.

- No te preocupes madre – repetía Draco por quinta vez, consolaba a su madre en su recamara.

- ¿Tan malos hemos sido? – pregunto derrotada su madre, hacía más de 5 meses, su casa era la base de reuniones del Lord. La muerte del elegido había ocasionado el caos para el mundo. La victoria de los mortifagos produjo una Era llena de oscuridad, caos, descontrol y desolación que solo era comparada con la que se vivía en el infierno.

- Si madre – afirmo pesadamente el rubio, regalándole una sonrisa de optimismo – no te preocupes por mí, no voy a morir.

- Pero vas a matar.

- Solo si es necesario – juro el rubio menor. Narcisa lo abrazo con fuerza.

- No te conviertas en tu padre – era un suplica desesperada.

- Jamás – aquella mirada Hermione la reconoció, fue la misma mirada que había visto la noche en la que Harry lo ataco con el sectusempra. La mirada en la que le pedía que se fuera, la mirada que le regalo cuando le pedía lo siento, era una palabra sincera, cargada de honestidad.

Otro cambio de imagen, la sensación de vació en lo que debía ser su estomago, el sentimiento de angustia y ansías por ver algo que no le competía, que la estaban desestabilizando.

4- Draco tocando su puerta con inquietud y más fuerza de la necesaria.

- ¿Qué pasa cariño? – preguntaba Narcisa en el umbral de la puerta, vestida con su bata de dormir y un gesto preocupación tatuado en su rostro. Eran pasadas las 2 de la madrugada.

- La han matado – proclamo el rubio en shock. Narcisa no tuvo que preguntar nada, sabía lo que estaba diciendo su hijo – la han matado – repitió – se ha dejado matar la muy hija de puta – un golpe a la pared hizo que su madre diera un respingo y reaccionara. Draco estaba lleno de tierra, su cabello estaba desordenado cayéndole en el rostro, sus nudillos estaban llenos de raspones sucios con mezcla de sangre y tierra y sus ojos, podía jurar que nunca había visto esa oscuridad en sus ojos.

- ¿Seguro? – pregunto. Habían entrado a la recamara y Draco se sentó en el borde de la cama.

- He visto el cuerpo.

- ¿Estás seguro? – pregunto de nuevo con duda.

- ¡¿Cómo no voy a estar seguro?! – grito furibundo. Hermione sintió su corazón palpitar con fuerza pero Narcisa ni se inmuto, ella conocía demasiado bien a su hijo para dejarse amedrentar. - ¡La vi! – grito de nuevo.

- Ve a verla otra vez.

- ¿Estás loca? – pregunto rodando los ojos exasperado por la actitud de su madre.

- Puedo ser muchas cosas Draco Malfoy pero loca no es una de ellas – el tono de voz de Narcisa se endureció considerablemente – Te agradezco que me respetes, soy tu madre, ¿entiendes? – el rubio bufo pero asintió de mala gana, parecía un niño chiquito – tengo entendido que la señorita Granger es la bruja más brillante de esta generación, tal vez no es su cuerpo, tal vez ha engañado a todos. Cerciórate que sea su cuerpo. – Zanjo su madre con rectitud. Lo que muchas personas no sabían es que esa mujer pálida y hermosa había sido premio anual en su época, era brillante, casi tanto como lo era la joven leona en esta. Dar algo por sentado simplemente porque era lo que parecía no es lo que ella hacía.

- Regreso pronto – afirmo el rubio con duda en sus ojos.

No habían pasado más de dos horas cuando el rubio ingresaba a la habitación de su madre sin llamar a la puerta, tenía el rostro más pálido que nunca y la mirada descolocada. Su madre lo esperaba en el borde de la cama, no se había vuelto a dormir, lo estaba esperando ansiosa.

- ¿Qué paso? – pregunto la rubia.

- No es ella – sentencio.

- Te lo dije – petulante era esa mujer cuando quería.

- ¿Cómo lo has sabido?

- No lo sabía, lo intuí. Hay que estar seguro de cada paso que damos, la guerra Draco es un juego de ajedrez y siempre debemos estar pensando en los 10 pasos que dará el oponente, ¿entiendes? – Draco la miro con admiración, asintió con lentitud - ya nos daremos cuenta quien es.

- ¿Quién es?

- Draco, cariño a veces no pareces mi hijo – Narcisa le hablaba como si fuera un niño pequeño con problemas mentales. – la señorita debe encontrar una identidad para poder camuflajearse.

- Cierto – reitero el rubio.

- No puede permitir que nadie sepa quién es.

- Cierto – repitió de nuevo el rubio.

Hermione puso los ojos en blanco, ¿esa mujer sabía todo sin saberlo? Estaba absorta en su nivel de astucia.

5- Draco contándole a su madre angustiado que había encontrado a Hermione en una redada que hicieron en Londres, que tuvo que salvarla de una maldición asesina por manos de su padre y que tuvo que permitir que él la violara. Que había intentado evitarlo pero hacerlo, sería ponerla en bandeja de plata para el Señor Tenebroso.

- ¿Estás seguro que es ella?

- Madre, es ella.

- ¿Cómo sabes? – su madre caminaba en círculos alrededor de la habitación, nerviosa.

- Reconozco esa mirada en cualquier lugar así tengan otro color.

- Si tú padre se entera, la va a matar.

- Lo sé – dijo en un grito ahogado el rubio. – Le he dicho a Snape pero no puedo hacer nada – un golpe a la pared calmo su furia, el segundo la elimino - ¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer? – Draco estaba desesperado, su madre podía verlo, estaba desesperado por salvarla, por ella.

- Tienes que deshacerte de tú padre – aquella respuesta sorprendió a Draco más de lo que su madre esperaba, la miro confundido – si no eres el nuevo señor de esta casa, tú padre descubrirá que ella es quien ya sabemos y la va a matar.

- ¿Cómo puedo hacer eso? – Hermione no dejaba de pensar en la frialdad con la que hablaban, eran directos sin maquillaje en sus palabras.

- No lo sé. – allí estaba el dilema de todo. Querían salvarla, sabían el porqué debían hacerlo pero no el cómo.

- ¡Joder! – un tercer golpe a la pared y pudo sentir el liquido espeso y caliente salir de entre sus nudillos.

Al pasar dos semanas, Draco recibió la noticia que pensó jamás llegaría. El Lord había nombrado a Draco Malfoy nuevo jefe de la mansión, la incompetencia de Lucius no podía ser perdonada.

- ¿Tú padre ha dicho eso? – estaban en el jardín, Draco se acababa de enterar de lo sucedido.

- No entiendo, madre – el rubio le había explicado que un tal Andrew War lo había atacado sin tocarlo, que había matado a los demás mortifagos y a él le había dejado un mensaje para el Lord – He hablado con padre después y sigue en un estado algo catatónico.

- ¿Crees que mienta?

- Nunca he oído hablar sobre un tal Andrew War – dijo con burla.

- Tú padre no miente – susurro la rubia más para si misma que para Draco.

- Lo sé pero ha pasado lo que veníamos esperando – afirmo el rubio y su madre asintió. – Que mienta o no, ya no interesa.

- Draco, sigue siendo tu padre – pero de nada sirvió que se exaltara porque Draco elevo los hombres, quitándole importancia.

- Mi padre murió en Askaban. – Narcisa quiso refutar sus palabras pero ella también sentía lo mismo, ese sentimiento de no reconocer al hombre que un día considero perfecto.

- Hay que salvarla. – cambio de tema la rubia.

- Se lo he dicho a Mildred ya.

- Se sentirá agradecida – la carcajada fría que escucho de parte de su hijo la hizo parpadear confusa. - ¿Qué pasa?

- Madre – dijo entre risas – no conoces a ese metomentodo. Me odiara. – afirmo sin pizca de duda.

- ¡La has salvado!

- Después de haberla secuestrado, dejado que la violaran, torturaran, golpearan y te puedo dar el discurso de mierda que me dará pero ella no agradecerá y tampoco espero que lo haga.

- Vocabulario Draco – regaño su madre cuando escucho la palabrota que había dicho su hijo – Pues habrá que decírselo, no puede ir pensando cosas que no son.

- Eso no importa – con un gesto de la mano le quito importancia – lo que importa es que está viva.

- ¿Por qué haces todo esto? – pregunto curiosa su madre, Draco ladeo una sonrisa como respuesta - ¿Te gusta?

- Madre, no seas ridícula – dijo severo, tal vez más de lo que debería – es una deuda. – pero su madre vio el remolino que paso por sus ojos al contestar, también recordó el remolino que vio en ellos cuando pensó que había muerto, esa chica no lo había salvado nada más por ser inteligente, lo había salvado por algo más, pero ella no era quién para hacerlo darse cuenta, él debía caminar ese trayecto solo, ella solo lo observaría, encantada de verlo transitar por un camino en el cual no se había transformado en un monstruo, su hijo seguía siendo humano.

- Vocabulario, he dicho – un pellizco en la oreja se llevo el rubio y la abrazo con ternura, regalándole algunos besos en su mejilla – no te endeudes tanto, no vaya a ser que quedes en bancarrota – y Draco carcajeo. Hermione sonrió, aquella escena, tan intima, mostrando una faceta del rubio que jamás hubiera pensado tenía, era tan fraternal, tan humano.

oOo


- Le agradezco señorita Granger que todo lo que le he mostrado quede entre nosotras, le he mostrado solo lo que me ha parecido adecuado, el dolor de mi hijo y sus penas no tengo porque mostrárselas y tampoco las mías pero he mostrado la mínima parte para que se haga una idea de lo equivocada que estaba, puedo asegurarle de nuevo que mi hijo puede ser muchas cosas pero jamás escoria. De su padre puedes decir lo que quieras pero de él no. – Hermione ya no tocaba a la señora Malfoy, se sentía mareada y con un dolor de cabeza espantoso. No sabía que había sido toda esa secuencia de imágenes pero la habían dejado descarrilada.

- No sab… - pero no pudo terminar porque se tapo la boca al escuchar un grito desgarrador que provenía del piso de arriba - ¿Qué ha sido eso? – pregunto temerosa.

- Draco ya te lo ha dicho – explico la mujer que de repente se había puesto tensa. Sus facciones estaban rígidas.

- ¿Es … - dejo la pregunta en el aire.

- Si – afirmo escueta la mujer.

- ¿Le hará daño? – no debería preocuparle la salubridad del rubio pero ahora tenía tantas preguntas que hacerle, él de verdad había intentado salvarla pero tenía una duda, una que taladraba su cabeza… ¿Quién era Andrew War?

- No, pero deben estarle haciendo daño a alguien, siempre le hacen daño a alguien – la mirada de tristeza se hizo protagonista en los ojos de la rubia, demostrando el peso que llevaba cargando por mucho tiempo. - ¿Señorita Granger? – Hermione la miro con atención – Draco no sabe que su padre me ha violado, le agradezco que por favor…

- No se preocupe – la corto la castaña – no contare nada señora Malfoy.

- Señora Black – sentencio ella. – Yo soy Narcisa Black, no Malfoy – y Hermione asintió con vehemencia. Aquella declaración era peligrosa si la escuchaba alguien inadecuado.

- ¿Por qué me mostro todo esto? – pregunto luego de aspirar un momento.

- Porque la ignorancia siempre trae dolor y creo que ya sufrió suficiente, ¿no le parece? – Hermione asintió, aquella rubia que tenía frente a ella era hermosa, a pesar de su mirada triste, a pesar de su ferocidad al hablar, era simplemente hermosa, una rubia despampanante que no dudaba por un segundo cuantos admiradores debió haber tenido en el pasado. Sentía compasión por ella, por el dolor que seguía sufriendo, ella era tan prisionera como ella misma en esa mansión, aunque no habían barrotes ni puertas hechizadas que la detuvieran, tenía un hijo que amaba y su existencia era suficiente para aguantar lo que fuera, cualquier desgracia.

Ella soportaba cualquier dolor, humillación e insulto con la satisfacción de saber que su hijo, su primogénito estaba vivo y seguiría así.

oOo


- ¿Por qué hiciste eso, Narcisa? – estaba en el hermoso jardín que ella se encargaba de cuidar cada día, ella misma había plantado todas esas flores, necesitaba ver la belleza de la vida y esas flores se lo recordaban, le hacían ver las esperanzas que casi perdía. Después de dejar a la castaña sola en su habitación salió por la puerta trasera al jardín, el Lord seguía en la mansión cuando subió de las cocinas y verlo le causaba repulsión. Cuando escucho la voz seca y ronca voz de su gran amigo tras ella, volteo a verlo con una radiante sonrisa, le conto lo sucedido, lo que se había atrevido a hacer.

- Tenía que hacerlo, Severus. – dijo con parsimonia. – No me des uno de tus sermones inaguantables. – El pelinegro se carcajeo fríamente, esa mujer siempre le había tratado así, no le temía ni tampoco le seguía el juego de hombre tenebroso. Ella le conocía y por eso le trataba así, sin preámbulos.

- Solo digo que tu hijo se molestara.

- Ella no dirá nada – sentenció escueta.

- Si mi memoria no me falla, la señorita sabelotodo es una lengua suelta.

- Es un riesgo que asumiré en su momento.

- Están arriesgando demasiado por esa jovencita. – Snape siempre, siempre tendría en el entrecejo a la castaña, le recordaba demasiado a Lily.

- Ella también se ha arriesgado – Narcisa rodo los ojos – si no demostramos lo humanos que somos terminamos convirtiéndonos en monstruos, Severus. – Aquellas palabras tan certeras lo hicieron resoplar.

- ¿Draco le hará la marca? – pregunto para cambiar de tema.

- Si – afirmo – lo haría hoy pero sabes que requiere mucha magia, y no sabía que pasaría en esa reunión – explico la rubia - ¿Qué ha pasado? – la sonrisa que le profeso a Severus fue la de una adolescente cotilla.

- Draco tendrá que liderar mañana una redada. – Comenzó explicando el antiguo profesor de pociones y dcao, guardo silencio un momento esperando que la mueca de desconcierto de Narcisa menguara – quieren comenzar a realizar experimentos con ciertos muggles, el Lord piensa que algo no está bien.

- ¿Qué experimentos? – se aventuro a preguntar la mujer rubia, había cortado el tallo de un girasol y lo miraba con melancolía.

- No lo ha dicho, tampoco ha develado quien se está encargando de ello. Es un nuevo centro, ya tiene a unos cientos de muggles en esos depósitos.

- ¡Qué horror! – exclamo la mujer con desconcierto. - ¿Qué ha dicho Draco?

- No puso quejas, no puede hacerlo.

- ¿Tú irás? – podía sentir el miedo de la rubia fluir en el ambiente. Respondió con un asentimiento. – Odio a ese ser.

- No digas tonterías, Narcisa.

- No lo es. Mi hijo se está convirtiendo en un monstruo porque ese vil reptil quiere que lo sea. – Asco había en las palabras de Narcisa.

- Draco es más fuerte de lo que piensas.

- Sé lo fuerte que es mi hijo y también lo bien que se siente cuando puede hacer magia oscura – sentencio ella con seguridad, Snape quiso debatirla pero no podía. Ella decía la verdad, lo había visto centenar de veces, el brillo que aparecía en los mercurios ojos del rubio cuando conjuraba algún hechizo prohibido, alguna imperdonable. Lo hacía sin compasión, clemencia ni lastima y eso era digno de admirar para cualquier hechicero.

- No ha usado nunca la última de las imperdonables.

- Aunque es un alivio, sé que hay muchos más hechizos y también sé que aunque ese sea el peor de todos para el ministerio, ambos sabemos que no es el peor para hacerle a un humano. – De nuevo el antiguo profesor tuvo que asentir, la astucia de esa mujer era más grande que el de una serpiente, ella era un dinosaurio. La mejor velociraptor del mundo.

- Cuidaré de él – afirmo.

- También se cuanto te gusta a ti la magia oscura, Severus. – el pelinegro solo pudo sonreír, una sonrisa ladeada que bien podía pasar por una mueca de asco.

- No te preocupes, Cisy – la rubia rodo los ojos y bufo sonoramente. Que fácil decirle aquello, ¿Cómo no iba a preocuparse?

- Los únicos seres que amo mañana irán a una redada, no estoy para nada preocupada. – La ironía era un arma primordial para las serpientes y a ella le sentaba perfectamente. Snape carcajeo y se acerco a un sembradío de narcisos que había al lado de los girasoles. Arranco uno blanco con el centro amarillo, era hermoso. Lo acerco a su nariz y aspiro el aroma, olía a la rubia que cuidaba ese jardín como si fuera su hijo pequeño, su gran obra.

- Huele a ti – confeso el pelinegro y Narcisa carraspeo.

- No digas tonterías y no dañes mi jardín – pronuncio con las mejillas coloradas de un cómico color rosa.

- Lo siento – Severus se inclino y le entrego la flor. Se miraron un momento y el profesor carraspeo, impostó la voz con su garganta – debo irme, nos vemos mañana, Narcisa – la bruja asintió y le regalo una sonrisa sincera y radiante.

- Cuídate mucho, Severus. – y se quedo de nuevo sola en su hermoso jardín, su huerto de flor. Le había costado tanto sembrar aquel lugar, tantas bofetadas se había ganado por ello. Tanto desprecio. Su hijo la había defendido, fue la primera vez que reto a su padre con la varita, Lucius pensó que era un arranque adolescente del rubio pero cuando reparo con más cuidado en la mirada de su hijo se dio cuenta que un movimiento en falso contra Narcisa y podría lamentarlo el resto de su vida.

Su hijo le había defendido con tanta ímpetu que sintió pena por si su marido se atrevía a lastimarla de nuevo frente a él. Cerró los ojos con fuerza y suspiro acongojada, no quería recordar aquello.

- No vas a tener un maldito jardín – sentenciaba el rubio mayor.

- Lucius, es para distraerme – explicaba ella, con temor a desatar la furia de su esposo.

- No me interesa que te distraigas, no harás un maldito jardín en mi casa – espeto.

- Ya he sembrado algunas rosas – explico con dulzura la rubia, una dulzura que uso para intentar minimizar la furia con la que estaba siendo tratada. Pero estaba muy equivocada, la respuesta de su marido ante tal desobediencia fue la de estamparle una bofetada que por poco no le desencaja la mandíbula. Sintió el líquido vital salir de su labio, lo había roto. Toda la cabeza le palpito con descontrol después de semejante golpe.

- ¡Madre! – grito Draco que estaba entrando al salón cuando vio aquella atrocidad. Se situó a su lado y la tomo en brazos, Narcisa derramo las lágrimas que estaba conteniendo en sus ojos pero escuchar a su hijo fue demasiado para ella, no quería que la viera así, nunca le había contado que su padre la trataba de ese modo, nunca le había dejado ver las marcas del dolor y ahora lo veía personalmente. - ¡¿Qué coño te pasa?! – pregunto colérico a su padre.

- Nada, lárgate de aquí – espeto con desdén Lucius.

- Lárgate tú – sentencio Draco, cuando se irguió completamente su padre dio un paso atrás, el rubio menor tenía su varita apuntada hacía él y lo miraba con una expresión tan peligrosa. Su padre sabía reconocer cuando alguien era peligroso y definitivamente su hijo lo era en esos momentos. Ese brillo en sus ojos, esa línea que eran ahora sus labios, su mandíbula apretada. Definitivamente no dudaría en lanzarle una maldición.

- Te he dicho que no, Narcisa – su orgullo Malfoy no le permitía ser amedrentado por un chaval insolente, así que ignoro la amenazadora varita que lo apuntaba y miro a Narcisa que estaba sobándose con frenesí el rostro.

- A que ha dicho que no – exigió saber el rubio a su madre.

- Quiero plantar un jardín – susurro ella. Estaba angustiada, ver a Draco en ese estado la tenía en una constante alarma pero las secuelas de aquella bofetada no la dejaban tranquila, podía sentir toda su barbilla palpitar incesantemente.

- Lo harás – la varita del rubio no dejaba de apuntar a su padre y su mirada no había dejado de verle – y si se te ocurre hacer de nuevo esto, te juro que te voy a matar yo mismo.

- Nunca has matado a nadie – espeto con una carcajada tétrica.

- ¿Quieres retarme? – y esa mirada, esa maldita mirada plateada, brillante que se dilataba cada vez más, le advirtió que esa amenaza era auténtica. Lo mataría si se le ocurría hacer algo así de nuevo a Narcisa, por lo menos frente a él.

- No, que haga lo que quiera – y con un chasquido salió de aquel salón, ambos escucharon la puerta principal cerrarse con fuerza y fue en ese momento que Narcisa cayó de rodillas al suelo, llorando sin control.

- Lo siento – balbuceo entre gimoteos la mujer – lo siento – repitió con rabia y dolor.

- ¡Maldita sea! – grito el rubio, con fuerza tomo una silla de la habitación y la lanzo hacia el otro lado de la habitación haciendo que se partiera en pedazos. Su madre tembló despavorida. Al darse cuenta se arrodillo junto a ella y la abrazo con fuerza – si te vuelve a poner la mano encima, ¡dímelo! – exigió en una exclamación. Narcisa no respondió solo sollozo con ahínco. - ¿No es la primera vez, verdad? – pregunto con suavidad, su madre hipaba de pánico entre sus brazos, descompuesta. La mujer negó - ¿Te ha hecho algo más? – y su madre negó de nuevo, no podía decirle nada, contarle el martirio completo haría que él se adentrara en ese círculo vicioso de abusos y ella no quería eso, lo protegía. Debía hacerlo. Ella podía aguantar.

- Lo siento. – No sabía que más decir, tenía un nudo en la garganta. Se aferro a su hijo y lo abrazo con fuerza, escondiendo su rostro adolorido, empapado de lágrimas y sangre en el hueco del cuello de su hermoso príncipe.

- No tienes que disculparte, madre.

- No tenías porque ver eso – se excuso ella.

- Sé que si no lo hubiera visto jamás me lo ibas a decir, así que…

- No entiendes – sollozo ella y Draco la abrazo con más fuerza.

- Si entiendo, tú no lo haces – explico él con seriedad, demasiada. Su madre se alejo para verlo a los ojos – no voy a permitir que lo único bueno en mi vida se vea jodido por ese maldito engendro. – Espeto – y no digas nada sobre que es mi padre, me sabe a mierda. Me importas tú, ¿entiendes? Puedo entender porque no querías que supiera nada pero no me pidas perdón por algo que ha hecho él, la culpa ha sido de él, no tuya. Si se atreve a tocarte de nuevo, juro que lo voy a matar – la tensión que hizo con su mandíbula hizo suspirar a Narcisa. ¿Qué podía decirle? Nada.

- Te amo, hijo – afirmo su madre. Por primera vez después de mucho tiempo se sentía protegida. Se sentía vulnerable pero estable. Draco no respondió aquella cursilería y su madre no exigió respuesta. Él simplemente la abrazo con cuidado.

- Espero quede bien tu jardín – dijo Draco. Le miro con cuidado el rostro, la apunto con la varita y poom, como nueva. No había labio partido, sangre derramada, ni moretón en la mejilla. Ojala su rostro fuera lo único roto. Narcisa asintió con dulzura y exhalo el aire comprimido que sentía en su interior.

Y así había sido, su jardín comenzó ese mismo día a gran escala. Sembró tantas flores como pudo imaginar. Y Lucius no volvió a tocarla más. Hasta la fecha llevaba 1 año sin ponerle mano encima, el mismo tiempo que llevaba golpeando, torturando, ultrajando y matando a mujeres que conseguía en las redadas, sirvientas que no duraban más de una semana con vida. Habían pasado por su varita más de media centena de mujeres, algunas jóvenes, otras un tanto más adultas pero todas aterradas, desprotegidas, inocentes.

Definitivamente ese hombre merecía la muerte y Narcisa allí en el jardín que le había costado mucho cultivar lo sabía.

- Ni siquiera recuerdo cuando deje de amarte – susurro para ella misma, estaba terminando de podar las rosas blancas.

Aquel recuerdo aún hoy le dolía, la hacía sentir con un nudo en la garganta, un frío en su bajo vientre. Ella realmente había amado a ese hombre pero el amor no abusa, no daña, lastima y te hace sentir menos. Ahora lo entendía, podía vislumbrar con claridad la verdad. Ese hombre no amaba solo hería y se camuflajeaba con un lo siento, te amo y un no lo volveré a hacer.

Podía recordar la primera vez que la abofeteo, pensó que era una alucinación, una jugada de su mente por los tiempos de guerra, pero no. Fue en su habitación, luego de haber celebrado que le hubieran puesto la marca y ella se lamentara, fue en ese momento que sintió el calor de su mano estamparse contra su mejilla, una mejilla que siempre había recibido sus caricias y besos, no su maltrato. Le perdono esa noche. Las tres siguientes, hasta que dijo ¡basta! Y lo hizo porque las bofetadas se transformaron en golpes, en jalones de pelo y en insultos denigrantes.

Lo hizo porque no reconocía al hombre que tenía delante.

Fue una tarde de abril cuando recibía una cachetada que le partía el labio y vio como Lucius se limpiaba la sangre con asco que entendió que ya no lo amaba, un hombre que la amaba jamás le haría daño, denigraría, un hombre que la amaba jamás miraría su sangre con asco cuando debía suplicarle perdón y cortarse la mano por haberse atrevido a tocarle de una manera tan inhumana.

Esa tarde se dio cuenta pero también interiorizo que lo había dejado de hacer hacía mucho tiempo.

No sabía el momento pero lo sabía.

oOo

eeee

- ¿Me has llamado? – pregunto la castaña entrando a la habitación del rubio con sigilo. Mildred la había buscado en su habitación y le había dicho de no muy buena manera que el amo la estaba esperando.

- No me tutees – espeto.

- ¿Me ha llamado, amo? – corrigió con ironía la castaña. La habitación estaba en penumbras, solo el crepitar del fuego de la chimenea le permitía ver la silueta del rubio egocéntrico que había tenido las agallas para salvarla.

- Tengo que hacerte la marca, si no algún inoportuno podría reconocerte.

- ¿Cómo? – pregunto curiosa, se adentro más a la habitación. Era inmensa, no vislumbraba nada con claridad pero podía apreciar el amplio tamaño que tenía y el aíre frío que fluía en el.

- La gente que también tiene la marca te verá tal y como eres, la gente que obviamente no la posea te verá como otra persona. No debes decirle tu nombre a nadie. – explico de malagana el rubio. Estaba sentado en un sillón situado cerca de la ventana, estaba viendo el exterior. La castaña también lo hizo, desde su lejanía podía ver el cielo estrellado, estaba hermoso, hacía mucho no veía un cielo tan lleno de vida, las estrellas tiritaban con compromiso y pudo imaginarse en ese jardín inmenso viendo el cielo, dejándose arropar por el.

- ¿Me la hará ahora? – pregunto insegura, no sabía mucho sobre esa tal marca pero tampoco quería que alguien le descubriese.

- No puedo – negó con desgana.

- ¿Por qué? – pregunto confusa.

- Mañana tengo una misión, hacer la marca requiere mucha magia. Necesito algo de ti – Hermione suspiro asustada, estar con su apariencia en esa mansión le aterraba, también sintió un vacio al escuchar que él saldría a una misión, pero elimino ese último sentimiento de su mente.

- Haré lo que quiera – sarcasmo. Era evidente que lo que él le pidiera lo haría de buena o mala manera.

- Me alegra tu disposición, Granger – comento burlón. Hermione captó su sonrisa, ¿hacía cuanto tiempo que no la veía? 5 años tal vez, no lo recordaba con certeza pero algo se tambaleo en su interior al verlo con esa actitud tan propia de él.

- No tengo opción – contraataco.

- Me alegra tu inteligencia también – Hermione rodo los ojos – Quiero que te quedes en mi habitación esta noche y mañana hasta que llegue. – Sentenció con severidad.

- ¿Por qué? - ¿miedo? Tenía miedo, demasiado para su salud mental y física. ¿Para qué quería eso?

- ¿No quieres?

- ¿Tengo alternativa?

- No – respondió con más seriedad, la actitud despreocupada y burlona desapareció de su rostro – no puedes salir por nada del mundo, ni asomarte por la ventana.

- ¿Puede explicarme? – pregunto más tranquila y con suavidad. Lo que más le costaba era no tutearlo cuando realmente lo que quería era decirle algunos apelativos, como: hurón, paliducho, serpiente traicionera.

- Mañana vendrán unos colegas para torturar a un espía – esa confesión le hizo temblar las piernas, tuvo que apretar sus muslos con sus uñas para lograr restablecer su respiración. – Si se les ocurre ir a tu habitación verán que estás ahí, si te reconocen te van a matar y si te matan a ti, me matan a mí. - Lo había dicho con tanta naturalidad, como si estuviera hablando sobre el clima o los gnomos de montaña.

- Entiendo – susurro temblorosa.

- Aquí nadie puede entrar, solo mi madre.

- Entiendo – repitió aterrada.

- No te va a pasar nada, Granger – zanjo el rubio y se paro del sillón acercándose a ella.

- Eso espero – confesó con un sollozo ahogado, no quería volver a llorar.

- Ya se lo he dicho, mañana la comida aparecerá aquí. Si alguien toca, sea quien sea, la voz que sea, no vayas a contestar. ¿Entiendes? – Hermione asintió – Mi madre entrará si debe hacerlo sin tocar. Mildred no vendrá, nadie lo hará. ¿Entiendes todo lo que te digo, Granger? – Hermione asentía con agobio. – Dímelo.

- Quedarme aquí hasta que vuelvas, no abrir, hablar, asomarme, pensar, existir, salir – respondió ella con ironía para que él notara que a pesar de su estado de angustia había entendido todo. Draco sonrió - ¿Cuándo volverás? – no tenía porque preguntarle eso, lo sabía pero necesitaba hacerlo.

- No lo sé – dijo con duda. Hermione bufo. – Cuando acabe el trabajo.

- ¿A quién torturaran? – pregunto curiosa.

- No sé y no es de tu incumbencia. – Zanjo el rubio groseramente.

- ¿Dónde dormiré?

- En mi cama, evidentemente. – Espeto él – al menos que quieras usar el suelo, te vendría bien.

- Prefiero hacerlo – arremetió la castaña.

- Así será – Draco se dio la vuelta y camino hasta una pequeña puerta en un lateral de la habitación, Hermione supuso sería el baño.

- ¿Malfoy? – pregunto ella con desconfianza pero decidida a hacerlo, el rubio volteo el rostro lo suficiente para que ella notara que le prestaba atención. El fuego de la chimenea resplandecía en su rostro, haciéndolo lucir excesivamente guapo, masculino y desarrollado. Ya no tenía rasgos infantiles, no era ni la sombra del chico que estudio con ella. Su mandíbula gruesa y formada era la de todo un hombre, cuadrada y puntiaguda, otorgándole ese rasgo aristocrático innato que siempre había tenido y ahora se agudizaba. Su cabello desordenado sin rastros de gel lo hacían lucir como un dios griego o nórdico, diseñado para hacer babear a las féminas del mundo y causar la envidia de los hombres que ni en sueños podrían ser como él, ahora lucía una pequeña barba de vellos ordenados no muy largos que se añadían al semblante de dios griego/nórdico rockero. Hermione negó con la cabeza y centro sus pensamientos, no debía pensar esa sarta de estupideces - ¿Puedo hacerte una pregunta? – no sabía si debía hacerlo pero la duda la carcomía.

- Qué – exigió él.

- ¿Quién es Andrew War? – y Draco la encaro con un brillo en su mirada que jamás había visto antes.

oOo


Primero, quiero decirles que estoy escribiendo una historia. Me gustaría que la leyeran. No tiene nada que ver con Harry Potter, es algo personal en lo que he venido trabajando algún tiempo. Si les gustaría darle un vistazo, hagánmelo saber y en el próximo capítulo añado el link.

Segundo, como regalo y para motivarlos un poquito. Si son melosos conmigo y recibo comentarios y alertas y... subo cap. el LUNES, para empezar la semana chevere, chevere. Así no odiamos tantos los lunes, ¿no?

Tercero, AGRADECIMIENTOS...

Besscy, Me has halagado un montón con tu comentario. Es bueno leer que sientes distintas emociones al leer esta historia. Gracias, de verdad.

ChicaMisteriosa, Te juro que sigo leyendo el nombre y me ENCANTA. No, no me digas tu nombre, perderiamos el misterio nato. No tuvieron sentimiento de ese matiz en el colegio. Ya verás que pasa, recordemos que ahora son adultos y por ende con una madurez más desarrollada.

Valeria16, espero abrir tu viernes con broche de diamante (es que no me gusta el oro) jajajaja. Pues nada de eso, fueron "amigos", nada de escondidas, nada de un amor eterno y secreto, nada de eso. POR AHORA jijiji.

Rubenchoellocoxd, ¡Vaya username! Estaría buenísimo para jugar el Ahorcado. El TheoLuna llegará pronto pero ahora nos centraremos de lleno en el Dramione, aunque dentro de poco vislumbraremos algo. Gracias por dejar tu comentario, espero verte en este capítulo.

Maya, El poder que ha mostrado hasta ahora no es nada en comparación al que realmente tiene. Creo que nadie se imagina por donde me voy a meter.

GRACIAS A TODOS.

FELIZ FIN DE SEMANA


PD. Que pesada soy con estas notas de autora.