Los personajes de Harry Potter son obra de su autora J. K. Rowlling.
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Capítulo 4
Decisiones
Al amanecer, Harry ya se encontraba en el salón cerca de las mazmorras en donde les impartirían la clase de pociones, él mismo se admiraba de haber llegado tan temprano a la materia, tal vez ya estaba empezando a asomarse su sentido de responsabilidad hacia Hogwarts. Harry se sacudió la cabeza tratando de quitarse esa imagen de la mente y tomando su pluma trato de escribir algunos párrafos tratando de inventar alguna letra nueva para una canción, ya que si volvía pronto a su Londres muggle, al menos llevaría consigo algo que les mostrara a sus amigos que sí había estado trabajando en el grupo. Sintió que alguien se sentaba a su lado, levantó la vista y se encontró con el rostro adormilado de su pelirrojo amigo.
-Ron, se nota que acabas de despertarte.
-Ni me digas Harry –le dijo entre bostezos- tengo tanto sueño que no creo poder mantener los ojos abiertos en la clase.
-No hubieras venido –le dijo Harry mientras veía como su amigo peleaba consigo mismo por mantener la cabeza en alto- siempre fuiste muy malo en pociones, así que no creo que el faltar a una clase vaya a afectar en algo tus notas...
-Cállate Harry, eso no me dio gracia –le dijo mientras dejaba caer la cabeza entre sus brazos y se recargaba en la banca. Harry sonrió divertido viendo como Ron ya estaba completamente dormido, siguió escribiendo en su libreta. Ya deseaba volver a su Londres muggle, quizás pronto lo haría. Decidió quedarse unas dos semanas o tal vez sólo una en Hogwarts, en realidad sentía que estaba perdiendo el tiempo ahí. Las clases se le hacían demasiado aburridas y sentía que sólo estaba quitándole el tiempo a sus compañeros y maestros. Recargó la cabeza entre sus brazos al igual que Ron y siguiendo los mismos pasos que su compañero, también cerro los ojos tratando de dormir un rato. Un fuerte golpe sobre sus cabezas los hizo despertar a la par, levantaron la vista encontrándose con la regañona de Hermione Granger viéndolos completamente incrédula.
-No lo puedo creer –les dijo molesta- así piensan graduarse?... son una vergüenza, en serio.
-Bueno, yo no pienso graduarme... así que creo que puedo seguir durmiendo mientras llega la maestra, no? –le dijo Harry volviendo a acomodar su cabeza entre los brazos.
-Creo que yo también voy a esperar a que llegué la maestra –opino Ron mientras hacía lo mismo que su compañero.
-Qué no tienen pena de que los vaya a sorprender dormidos? –les preguntó- sobre todo tu Harry! ... todos aquí te ven como un ejemplo a seguir y mira lo que haces.
-Merlín, Hermione¿quiénes me ven como su ejemplo? –le preguntó ya algo cansado- ¿los mocosos de primer grado?, ya déjame dormir por favor.
-Ron, levanta la cabeza en este instante! –le ordenó al pelirrojo al ver que por parte de su otro compañero no iba a obtener respuesta.
-Hermione... –la miro el pelirrojo tratando de mantener los ojos abiertos- ... eres casi igual a mi madre.
-Pues da gracias que no esta ella aquí, Ronald Weasley, y ya despiértense... los dos!.
-Ya hiciste que se me fuera el sueño con tus gritos –le reclamó Harry fastidiado- así nadie puede descansar.
-Me da mucho gusto –le dijo sonriéndole molesta- aunque por lo que se ve a Ron le da lo mismo.
-Es que ya estoy acostumbrado gracias a mi madre –les respondió aún con la cabeza entre sus brazos.
-Eres una vergüenza Ron... –le dijo y cansada de lidiar con la flojera de su novio, fue a sentarse a su lugar. Harry volteo a ver a Ron y al parecer, al pelirrojo le daba igual si lo encontraba dormido la maestra o no, sonrió. Ya el salón estaba casi lleno, Harry se talló los ojos y volteo hacia la puerta, venían entrando Draco Malfoy junto a sus dos amigos, Goyle y Zabini. Harry observó a Malfoy mientras recordaba lo que le había confesado el rubio esa noche durante su castigo¿casarse por orden de sus padres? Al ojiverde le parecía que todo eso era una estupidez, Draco se dirigió a su banco, sentándose a un lado de algún compañero de Slytherin, levantó la vista dirigiendo su mirada plateada hacia los ojos esmeralda que lo veían pensativo, el rubio le sonrió algo extraño, con un matiz de dulzura y melancolía... Harry trató de descifrar esa sonrisa, parecía que le decía algo sólo que no sabía que era, tal vez Draco estaba agradecido con él por haberlo oído esa noche, la verdad Harry no sabía, sólo bajo la vista hacia su libreta extrañado ante aquel gesto del rubio. Draco observaba al pelinegro, aún mantenía la sonrisa en sus labios y parecía no notarlo; suspiró y dirigió su mirada hacia el frente del salón mientras podía sentir como su corazón latía con más fuerza y una ligera sensación de calor invadía sus mejillas tiñéndolas en un tono melocotón. Potter seguía escribiendo lo que la maestra les había empezado a dictar al llegar al salón, ya Ron había levantado el rostro casi con sobresalto y tomando su pluma también, empezó a copiar de los apuntes de Harry, quien ignoraba lo que le sucedía al rubio.
La clase había terminado y Harry en compañía de Ron y Hermione, caminaba hacia el Gran Comedor para tomar sus alimentos, venían por los pasillos platicando cuando pasaron por su lado Draco Malfoy en compañía de sus dos amigos, el rubio paso por entre Harry y Ron, empujando al ojiverde. Harry miró extrañado aquel comportamiento del rubio sin entender que diablos era lo que le pasaba, Draco reía al lado de sus amigos como si hubiera sido muy cómico el haber empujado a Potter, luego el rubio volteo la vista atrás, hacia Harry mirándolo algo burlón.
-Quizás deberías usar mejor tu uniforme, Potter –se sonrió- y dejar ese espantoso atuendo de "asqueroso muggle pobre", o ¿es que deseas hacer juego con el otro harapiento de tu amigo Weasley?
-Qué? –preguntó Harry viendo totalmente extrañado la actitud del rubio¿qué había pasado con el Draco con el que había estado conversando anoche?.
-Eso que oíste, Potter –le dijo encarándolo, mientras sus dos amigos se ponían tras él como guardándole la espalda- deberías haberte quedado en tu "insignificante mundo muggle"¿o es que regresaste con sed de que te alaben todos aquí?
-De que diablos estás hablando, Malfoy? –le preguntó Harry bastante molesto, él simplemente no iba a soportar de nuevo las babosadas anteriores del rubio; si había regresado era solo por un tiempo y sólo lo había hecho para complacer a Dumbledore, pero no iba a soportar el odioso comportamiento que antes mantenía ese rubio mimado con él. Harry ya no era más un niño, y si iba a estar un tiempo en Hogwarts, entonces seguramente no iba a seguir soportando las babosadas del chiflado de Malfoy, además¿qué diablos ocurría con él?... ¿qué no habían estado conversando muy bien la otra noche?... ¿qué rayos le había sucedido?
-Déjalo Harry –le dijo Hermione viendo con unos ojos de odio al rubio hijo de los Malfoy- no tienes porqué estar escuchando sus tonterías.
-Sí tienes razón, no tengo porqué seguir soportando estupideces infantiles –dijo Harry mostrando en sus ojos esmeralda una mirada lo bastante molesta que hicieron estremecer al rubio, quien fue borrando la sonrisa de sus labios lentamente, sintiendo como su pecho se comprimía ante la reacción del ojiverde, mientras sus dos amigos seguían riéndose de Harry viendo como se alejaba de ellos. No vieron como fue que Draco bajo la vista realmente preocupado ante el enojo de Harry hacia él.
Hermione, Ron y Harry llegaron al Gran Comedor y se sentaron en la mesa de Gryffindor, aunque al ojiverde no le parecía el estar sentado en una mesa como si fuera parte de una de las casas de Hogwarts, tuvo que hacerlo ya que no tenía ganas de comer solo. Justo frente a sus ojos aparecieron las viandas con comida, había pollo, ensaladas, purés, pasteles; de todo. Ron sonrió satisfecho ante lo que apareció frente a sus ojos. Harry volteo hacia sus amigos, los encontró sonriéndose entre ellos muy enamorados, no pudo evitar el sonreír también al contemplar al pelirrojo distraído y a la sabelotodo de Granger verse tan enamorados.
-¿Y desde cuándo andan saliendo ustedes? –les preguntó.
-Oh Harry –sonrió Hermione apenada- en realidad tenemos muy poco que empezamos a salir como novios.
-Ya era tiempo, en realidad empezaba a hacérseme raro que no dijeran nada... al menos parece que Ron dejo atrás su timidez para pedirte que fueras su novia.
-Bueno... verás Harry... en realidad... –dijo Hermione más apenada aún y sintiendo como su rostro se sonrojaba.
-¿Qué? –los miró Harry sonriendo dudoso al ver a la chica trabándose con las palabras en la boca y a Ron con la cara tan roja como su cabello- ... vaya, ahora veo... que cobarde eres Ron... –se rió Harry mientras su pelirrojo amigo convertía el rojo de su rostro en un color granate.
-No soy cobarde... –dijo sin quitar la vista de su plato de puré- es solo que... bueno... tu sabes... el romanticismo no es mi fuerte...
-Sí, ahora lo veo... –sonrió muy divertido el ojiverde- entonces tu fuiste la que se atrevió a hablar Hermione, ya que al parecer, a Ron todavía le falta madurar en algunas cosas.
-Es que en realidad todo fue algo extraño... estábamos los dos hablando, luego Ron dijo algo... y después lo besé...
-Me parece muy bien Hermione –sonrió Potter, luego dirigió la mirada hacia su pelirrojo amigo- aunque aún no puedo dejar de pensar que Hermione sea mas valiente que tu Ron... ¿no te da pena?
-Cállate Harry –le dijo apenado y ofendido, el ojiverde solo se rió de muy buena gana. Levantó la vista y vio frente de él, en la mesa de las serpientes al rubio de Malfoy mirándolo con un gesto que parecía tristeza?... arrepentimiento?... era una mirada que mostraba algo, algo que al parecer estaba haciendo sentir mal al rubio. A Harry no le importó, estaba verdaderamente furioso ante el cambio de comportamiento del de ojos plata. Realmente le había molestado bastante, después de que estuvieron hablando muy bien y que Malfoy al parecer había aceptado ser su amigo, ahora resultaba que se retractaba de todo... Harry estaba muy molesto con el chico, pero no iba a dejar las cosas así simplemente, claro que no, él tenía que arreglar que diablos le estaba pasando a ese chiflado por la cabeza. Ya que no eran unos niños, ya habían crecido y no iba a dejar las cosas así sin antes saber que había sucedido. Así que tomo su charola con comida y se dirigió hacia la mesa de las serpientes ante la mirada atónita de sus amigos y la mirada nerviosa de Malfoy quien lo veía acercarse hacia él.
-Quiero que hablemos, Malfoy –le dijo mientras se sentaba frente al rubio y los demás estudiantes en el Gran Comedor lo veían extrañados, sobre todo los que se encontraban en la mesa de Slytherin. Draco sintió como la sangre se le iba a los pies y un ligero temblor parecía haberse posesionado de sus piernas, volteo hacia sus compañeros en la mesa, pudo darse cuenta como algunos lo veían con duda mientras otros lo veían con enojo en sus ojos. Draco sintió por un momento no saber que hacer, no quería que Potter se enojara con él y por otra parte tampoco quería que sus amigos fueran a contarle a sus padres que el chico dorado de Dumbledore, ahora le hablaba. Seguro que Lucius y Narcissa lo sacaban de Hogwarts inmediatamente y lo casaban en ese instante, pues sabían que Draco poseía una belleza inigualable, era única; algo etérea y casi angelical, claro que esto no tenía nada que ver con las intenciones del rubio. Así que Lucius y Narcissa no iban a permitir el que el odioso de Potter anduviera rondando a su hijo, ya les había quitado casi todo, y simplemente no iban a dejar que también les arrebatara a su hermoso heredero y a su única forma de mantener la fortuna Malfoy. Draco sintió que la garganta se le cerraba, no sabía que decir o que hacer, la presencia de Potter era muy fuerte y lo abrumaba. ¿Porqué diablos era que Potter tenía que haber cambiado tanto ahora?... y sobre todo, porqué razón era que él se sentía así ante ese pelinegro impulsivo?
-Malfoy... te estoy hablando –volvió a repetir Harry al ver que el rubio parecía no prestarle atención. Draco levantó sus ojos plata, que ahora brillaban como nunca, viendo aquel rostro serio y arrebatador de Potter frente a él. Esos ojos esmeraldas, tan hermosos... lo veían, a él, a Draco Malfoy. Esos labios delgados y bien delineados, esas facciones ahora más maduras y esa ligera barbilla... ¿porqué Merlín se había propuesto a hacer sufrir al rubio enamorándolo de Potter y que al parecer, éste no le respondiera? Draco sintió que el corazón le gritaba que luchara y que le dijera a ese chico frente a él de todo lo que sentía, más su mente fría y calculadora le impedía el hacerlo y seguir con aquella farsa para salir avante delante de sus amigos. La cabeza de Draco trabajaba a mil revoluciones mientras trataba de pensar que decir. Veía la mirada impaciente y ya molesta de Harry sobre él y esto lo ponía aún más nervioso.
-Malfoy... –volvió a repetir Harry, no sabía que diablos le pasaba al rubio¿es que acaso estaba tramando algo o simplemente era estúpido?... el ojiverde ya estaba desesperándose ante el silencio y movimientos del rubio. Decidió que si no le contestaba simplemente se iba a ir nuevamente con Ron y Hermione.
-¿De que quieres hablar, Potter? –preguntó finalmente el rubio mostrando un enfado (falso) en su voz y comportamiento, los demás Slytherins sonrieron ante la actuación de Malfoy.
-¿Qué de qué quiero hablar? –le preguntó extrañado- pues de esto Malfoy... ¿qué es lo que sucede contigo?
-Potter... yo no tengo que darte explicaciones de nada y tu y yo no tenemos nada de que hablar... –le dijo muy a su pesar, sintiendo como su pecho se contraía ante lo que había dicho. Goyle y Zabini sonrieron triunfales ante aquel desplante del rubio hacia Harry. El pelinegro se le quedó viendo a Draco muy serio, el rubio sólo levanto la vista sintiéndose acongojado. Observó a los ojos de Harry, ese esmeralda ahora lo veía con desilusión, casi tan igual como la que mostró cuando andaba molesto con Ron y Hermione. Draco apretó los labios tratando de acallar un sollozo al ver que Harry tomaba su charola y se levantaba para alejarse de la mesa.
-Bien Malfoy –le dijo Harry viéndolo fríamente, el rubio sintió que moría al ver como lo veía ese hombre que tanto le gustaba- entonces ya no hablaremos nunca más.
Y diciendo esto Harry partió nuevamente a sentarse en la mesa junto a sus amigos mientras Draco bajaba la vista de nuevo a su plato. Podía escuchar como algunos de sus compañeros (los que aún mantenían esa apatía hacia Harry) le animaban y celebraban aquello que había sucedido, pero Draco en realidad no prestaba atención a lo que le sucedía alrededor, aún estaba profundamente abrumado por aquellas palabras que le dijera Potter antes de irse. ¿Porqué razón no podía ser igual que los demás chicos en su escuela¿porqué él tenía que cuidarse siempre de los demás? Draco seguía meneando su plato de puré sin poder evitar el seguir pensando en lo que le sucedía. Si al menos sus padres no siguieran con esa repulsión hacia Harry, entonces él de verdad que sería el mejor amigo que pudiera tener ese rebelde de ojos esmeraldas, y quizás tal vez, hasta poder llegar a tener algo más que una amistad... pero claro, el rubio suspiro sabiendo que sólo eran pensamientos, sólo era lo que él deseaba realmente, ya que la realidad era otra. Draco observó como Harry en compañía de sus amigos se paraban de la mesa y salían del Gran Comedor rumbo a su descanso; el rubio no podía apartar la vista del pelinegro y su bien formado y atlético cuerpo. Esa actitud tan independiente e indiferente lo hacían como un imán a la vista de los demás, pero sobre todo hacia el rubio, quien al ver que el ojiverde salió sin siquiera voltear la mirada para verlo por última vez, dejó su plato de comida y se alejó también de ahí, pensativo y serio hacia su próxima clase.
Ron y Hermione caminaban al lado de su pelinegro amigo mientras lo veían con algo de duda en su mirada. ¿Qué era lo que Harry se traía con Malfoy?, porqué había ido a buscarle a su mesa? Potter levantó la vista descubriendo esas miradas. -¿Pasa algo? –les preguntó mirándolos extrañado mientras se sentaban bajo la sombra de un árbol frente al lago.
-¿Qué fuiste a hacer con Malfoy, Harry? –le preguntó Hermione algo contrariada.
-Nada... –dijo el chico mientras suspiraba cansado- ... solo deseaba hablar, pero al parecer me equivoque con él.
-¿Porqué lo dices? –le preguntó Ron.
-Pues, en el tiempo en que no estuve aquí, llegue a pensar que Malfoy no era como siempre lo imaginé cuando era un niño. Así que al regresar, y que tuve la oportunidad de hablar con él, mientras estábamos en el castigo y en otras situaciones que se presentaron; pude ver que en realidad no era tan mala persona, que era como pensé que sería... y que tal vez podríamos hacernos amigos, ustedes saben, ya no pelear, estar bien ...
-Sí –intervino Hermione- sé a lo que te refieres Harry, deseabas que las cosas cambiaran y que aquello que vivimos desapareciera así como Voldemort desapareció de nuestras vidas...
-Algo así... pero ya veo que algunas cosas nunca van a cambiar –les dijo pensativo- Malfoy siempre va a seguir siendo el mismo, en realidad creí que él también quería mi amistad. Qué estupidez no?
-Vamos Harry –le sonrió Ron- no es estupidez el tratar de arreglar las cosas con las personas que viven aquí, pero todos sabemos que los Malfoy siempre van a ser los mismos. Así que no te sientas mal por eso...
-No es que me sienta mal¿sabes? –lo miró sonriendo- en realidad no me importa tanto sí Malfoy es mi amigo o no... sólo que siento muy extraño todo. En la noche durante el castigo estuvimos hablando muy bien, y ahora de pronto amaneció igual que años antes, no se a que se debió su cambio tan radical.
-Bueno... es un Malfoy¿qué mas te podías esperar Harry?
-Sí, creo que tienes razón Ron –le sonrió de buena gana- bueno, que Malfoy se vaya a la mierda junto con todo su mundito color de rosa.
-Harry!! –lo miró Hermione indignada ante las palabras del ojiverde- no digas así!
-Bueno, esta bien... –le guiñó un ojo a lo que la castaña se sonrió cohibida y se sonrojaba, Ron la miró y se puso ceñudo con ella.
-Oye Hermione!! –le empujo juguetonamente- ¿porqué te sonrojas con Harry?
-Por Merlín Ron! –lo miró apenada y poniéndose más roja- no seas tonto!!
-Ya cálmense –se rió Harry al ver a sus amigos, sabía que jugaban entre ellos. Vio como Ron abrazó y besó a Hermione tiernamente en los labios. Harry sonrió y se recostó en el césped mientras descansaba y pensaba que sólo estaría unos días más en Hogwarts y luego partiría hacia su casa en Londres.
La noche comenzó a cubrir el cielo y las estrellas brillaban una a una; parecían pequeños diamantes brillando en el terciopelo negro de la intemperie. Harry se dirigía hacia el despacho de McGonagall, venía sumergido en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando pasaron por un lado de él Malfoy acompañado de Goyle. Draco vio pasar a Harry y sintió una descarga de electricidad dentro de él, deseaba tanto detener al ojiverde y decirle que lo que había ocurrido en el Gran Comedor había sido solo una farsa para engañar a sus amigos, pero estaba seguro que Potter seguramente no le creería. Malfoy siguió su camino mientras Harry decía la clave para hacer aparecer las escaleras que lo conducirían hacia la oficina de McGonagall. Draco entró a su dormitorio en las mazmorras, se sentía como si hubiera sido apaleado moralmente y sin ánimos de nada se dejó caer en su cama boca abajo. Tenía la mirada fija en la ventana pero su mente estaba pérdida entre sus pensamientos, estaba seguro que sentía algo con respecto a Potter. Esa noche que empacaba para regresar a Hogwarts y después de recibir la "agradable" noticia de lo que se proponían hacer sus padres con él, sintió un alivio el salir de aquella mansión y olvidarse por un momento de todo lo que suponía el asunto de su compromiso y casamiento. Draco temía en verdad que era lo que sus padres le tendrían aguardando a su regreso de su graduación en Hogwarts. Él no deseaba casarse, mucho menos con alguien a quien no iba a conocer o que no amaba y que sus padres lo obligaran a ello. El rubio sentía que a nadie le importaba lo que el pensara o sintiera; si sus padres ignoraban completamente sus súplicas de no querer desposarse y pasaban por alto sus deseos, con cuánta mas razón las demás personas a su alrededor. Era algo extraño el decirlo, pero Draco se sentía solo. Y ahora que Potter había regresado nuevamente a Hogwarts y que le había dicho todas esas cosas y que al parecer en verdad le importaba él como persona, Malfoy sintió encariñarse con el ojiverde. Le agradaba bastante la idea de tener una relación, aunque fuera de amistad, con el hijo de los Potter, más ahora que estaba tan cambiado. Malfoy recordó esa mirada esmeralda y sintió como de sus ojos brotaba una amarga lágrima, sabía que por más que deseara el tener algo que ver con Harry, sus padres y sus amigos se lo impedirían a toda costa. Y ahora que había sucedido aquel incidente en el Gran Comedor, sabía que seguramente Harry ya no iba a querer saber nada más de él. –"¿porqué no puedo hacer lo que yo quiera?"- se preguntaba el rubio mientras se sentía muy triste y solitario. De pronto una ligera sonrisa se asomo en sus labios; ¿y porqué no iba a hacer lo qué el deseaba?, después de todo, él era dueño de sí mismo, además, ya no iba a detenerse por sus padres, él lucharía por lo que él quería y si deseaba arreglar las cosas con el ojiverde y tener de nuevo su amistad, entonces lo iba a hacer, así se enojarán sus amigos y sus padres, simplemente no iba a dejar que él mismo se ignorara también. Ahora Draco iba a luchar por lo que el quería definitivamente y aunque sintiera que comenzaba a sentir más que cariño por el renegado de Potter, y sí éste no le respondía igual, al menos podría contar con tenerlo a su lado como un amigo. Así que sonrió y trató de dormir para mañana poder hablar con el chico de ojos esmeraldas y solucionar lo que había ocurrido.
Mientras en la oficina de la Directora McGonagall, Harry se encontraba sentado frente a su vieja profesora, quien lo veía atento y tratando de entender el porqué de su pronta resolución. –Pero Harry... ¿estás seguro que no quieres seguir en Hogwarts?
-Así es Profesora... digo, Directora McGonagall –le dijo muy firme y convencido en sus palabras y en su decisión- aunque trate de seguir en Hogwarts, no logró convencerme de seguir en esto...
-Pero Harry... –le insistió- aquí tendrías tantas oportunidades de progresar tanto de forma económica y laboral, tantas personas que te conocen y desean que trabajes para ellos Harry, el mismo Ministerio te haría un lugar entre...
-Lo siento directora –la interrumpió Harry sonriendo irónicamente- no deseo nada con el ministerio realmente... si desea convencerme, créame que no lo esta consiguiendo...
-Harry... aquí tienes a tus amigos, tienes una buena vida... ahora que has acabado con Voldemort todo el mundo mágico te respeta y te has convertido en alguien muy importante para todos... ¿porqué vas a dejar todo esto?
-Así lo siento... –le dijo aún convencido en su resolución- nunca me ha gustado llamar la atención ni ser el superhéroe de ningún lugar. Sólo quiero tener de vuelta mi vida, y aunque sea muy simple a los ojos de los demás, yo la valoro bastante. El mundo muggle podrá ser algo monótono y aburrido, pero ahí es donde he crecido desde que nací y ahora es ahí donde estoy empezando una vida, la cual por primera vez siento que me pertenece y no pienso dejarla ir tan fácil. Así que mañana pienso regresar de nuevo a mi casa, Directora McGonagall.
-Bien Harry- suspiró no muy complacida la profesora- si esos son tus deseos, entonces así se hará. Te prometimos que tu mismo decidirías si seguir aquí o no y si ya tomaste tu decisión, entonces no te insistiremos Harry.
-Gracias directora –le sonrió el ojiverde. Dumbledore desde su cuadro miraba a Harry algo melancólico, en verdad le hubiera gustado mucho el que Harry hubiera deseado seguir su estadía en Hogwarts y concluir con sus estudios y convertirse en alguien importante, pero pudo darse cuenta que para el pelinegro, ya había otras prioridades las cuales estaban muy distantes de Hogwarts y el mundo mágico.
Después de despedirse del cuadro del viejo profesor Dumbledore y de la directora McGonagall, Harry salió de aquella oficina dejando muy pensativos y a la vez contrariados a ambos profesores. Potter se dirigió hacia su cuarto, el cual estaba en el salón de los menesteres y se dejó ir directo a su cama a descansar y mañana poder partir de nuevo hacia su nueva vida en el Londres Muggle.
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Gracias por sus comentarios.
