Disclaimer: Desgraciadamente, ni Sherlock ni ninguno de sus personajes me pertenece. Yo sólo escribo esto por diversión y sin fines de lucro.

Beta: Eliza Tenshi

Este fanfic participa en el Rally "The game is on!" del foro I am sherlocked para el equipo Scotland Yard.

¡Larga vida y prosperidad al imperio Scotland Yard!

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Capítulo 4: Lunes

Estaban cómodamente dormidos después de haber tenido sexo toda la noche, Jim dormido sobre Seb y éste con un brazo alrededor de la cintura del menor. Las sábanas estaban enredadas a su alrededor y el clima era agradable, podrían haber seguido durmiendo por horas…de no ser por el despertador. El molesto sonido despertó irreparablemente a Sebastian, extendió una mano y lo apagó de un manotazo. Cuando volvió la cabeza para ver a Jim notó que él también se había despertado a la vez que se quitaba de encima de él y se estiraba.

—¿En serio era necesario? —Se quejó Sebastian sin intenciones de levantarse de la cama. Jim se paró.

—Sí si queremos desayunar antes de irnos. Pide servicio a la habitación en lo que me doy un baño. —Sebastian se sentó en la cama, se frotó el cuello con una mano y con el otro tomó el teléfono de la mesa de noche.

—¿Qué quieres pedir?

—Un desayuno inglés.

Jim cerró la puerta del baño y poco después escuchó el sonido del agua correr, Sebastian marcó el número de servicio a la habitación que marcaba el directorio y ordenó los dos desayunos. No tardaron en llegar, y cuando Jim salió del baño aún con el pelo algo húmedo, la persona del servicio acababa de dejar la habitación. Desayunaron, se vistieron con pantalones de mezclilla, Jim una playera blanca y él una camisa sencilla negra de manga larga, Jim se cepillaba los dientes y él se ponía los zapatos cuando el teléfono sonó. Sebastian contestó.

Buenos días señor, le llamo del lobby, su transporte de Scorp & Corps ha llegado y los está esperando.

—De acuerdo, ya vamos.

Sebastian colgó el teléfono, Jim tomó su celular y su cartera al igual que Sebastian, quien recordó también tomar la llave, y salieron de la habitación.

Ciertamente un gran autobús turístico azul con blanco los estaba esperando en la entrada del hotel; constaba de dos pisos, como todos los turísticos, el segundo no tenía techo para poder ver las cosas. Jessica estaba parada frente al autobús sonriendo enormemente, con su cabello atado en una coleta alta y una gorra, llevaba una tabla en las manos con un par de hojas.

—¡Hola! James y Sebastian, ¿verdad? Seré su organizadora y guía por esta semana, espero que les guste el recorrido —Volvió a sonreír y puso una pequeña palomita junto a sus nombres en una casilla que decía lunes. —Por favor suban y siéntense donde gusten, son los únicos de aquí así que pasaremos a nuestro siguiente destino a recoger a los demás.

Tan sólo habían unas veinte personas en el autobús, la mayoría extranjeras y unas cuantas asiáticas. Se sentaron casi a la mitad del autobús, del lado derecho. La parte trasera estaba ocupada por varios hombres jóvenes americanos que gritaban y reían, seguramente universitarios. Y la parte delantera estaba llena de parejas y familias con adolescentes. No habían niños por suerte. En la parte de en medio tan sólo había un trío de amigas cuarentonas y una pareja de ancianos como de sesenta años.

Jessica subió y se sentó detrás del conductor, le dijo el siguiente destino y avanzaron. Jim se sentó del lado de la ventana, Sebastian del pasillo. Jim sacó un empaque de chicles sabor hierbabuena de su bolsillo y se metió uno a la boca.

—Vamos, dime qué trajiste. —habló Jim mascando el chicle.

—La SIG-Sauer P228 (1), dos CZ-75B y una jericho 941 FS.

—¿No crees que cuatro pistolas es demasiado?

—No necesariamente. Además, traje una para ti —Sebastian sonrió de medio lado y Jim rodó los ojos.

—Qué halagador.

Pocos minutos después llegaron a su destino, el autobús se detuvo frente a otro hotel, considerablemente más pequeño pero de aspecto cómodo y familiar. Jessica se levantó, volvió a bajar y caminó hacia el lobby para informar de su llegada, pero antes de que entrara dos personas salieron del hotel. Jessica volvió a presentarse, anotar su llegada y los dirigió al autobús. Jim sonrió al ver a las dos nuevas personas a través de la ventana. Sebastian levantó una ceja.

—¿Pasa algo?

—Lo verás en un momento tigre.

El conductor abrió la puerta y entraron dos hombres, uno alto, de cabello rizado y negro y otro considerablemente más bajo y rubio. Sebastian casi abre la boca por la impresión, miró a Jim sonriente por el rabillo del ojo e instintivamente su mano se colocó dentro de, bolsillo superior de su chaqueta y sus dedos se envolvieron alrededor de la pistola. John y Sherlock entraron al autobús con normalidad y aparente tranquilidad, o al menos hasta que los vieron. Ambos se tensaron notablemente y no le pasó desapercibido el movimiento de John hacia su bolsillo trasero, posiblemente también iba armado. Sherlock miró a Jim con una expresión neutra y él sólo le guiñó un ojo. Los demás pasajeros los empezaban a ver extraño al notar la tensión, pero en eso Jessica entró tan sonriente como siempre y ajena a la situación que se estaba llevando acabo.

—¡Muy bien! Una parada más y podemos empezar con el tour, por favor tomen asiento donde gusten. —Jessica se sentó detrás del chofer y volvió a darle una dirección. El autobús arrancó pero Sherlock y John seguían parados, tanto John como Sebastian seguían preparados para usar sus respectivas armas.

—Más vale que se sienten, queridos, ya estamos en movimiento —Jim sonrió amablemente, explotando una bomba de chicle. Sherlock le dedicó una mirada glacial y colocó una mano en el brazo de John para calmarlo. Lentamente John separó su mano de la pistola al mismo tiempo que Sebastian y ambos fueron a sentarse en la parte trasera, detrás de cinco chicas adolescentes que se tomaban fotos. Los recién llegados seguían mirándolos intensamente, como si esperaran que se levantaran de su lugar y mataran a todos.

— ¿Tú sabías esto? —murmuró Sebastian, inclinándose un poco para que sólo Jim lo escuchara. Él asintió.

—Anne encontró un pago a este lugar desde una de las cuentas de Mycroft, aunque no pensé que vendrían ellos. No puedo decir que esté decepcionado.

—¿Por eso quisiste venir al tour?

—En parte, pero ahora espero tener la oportunidad de molestar a Sherly y a Johnny-boy —Jim sonrió de manera depredadora, Sebastian volteó a ver al dúo de atrás por el rabillo del ojo e igualmente sonrió.

—Creo que podría ayudarte con eso. ¿Empezamos?

—Por supuesto.

Jim volvió a hacer una bomba con el chicle y sacó sus audífonos, los conectó a su celular y se puso uno, el otro se lo dio a Sebastian, quien pasó su brazo sobre los hombros de Jim y trazó pequeños círculos con su lugar, Jim se recargó contra él.

Por otro lado, John y Sherlock seguían sorprendidos por la aparición de los dos criminales más buscados de toda Inglaterra.

—No puedo creer que esté aquí. —dijo John en voz baja, aún en guardia e inquieto.

—Él sabía que íbamos a venir aquí.

—Mycroft dijo que no había modo de que supieran nada, usó una de sus cuentas alternas.

—Pero Moriarty las conoce.

Ambos guardaron silencio por unos minutos, viendo como ambos criminales se acurrucaban con comodidad.

—¿Están…? —John los miró anonadado.

—Sí…—Sherlock tampoco estaba muy seguro de lo que estaba viendo.

—¿Quizás sólo hayan venido de viaje? Es imposible que sepan por qué estamos aquí.

—Parece posible —Sherlock los seguía mirando — ¿Qué les decimos?

—¿Un caso?

—¿Por qué estaríamos aquí si hubiera un caso?

—Podría ser… que estemos aquí porque Mycroft nos regaló el viaje, de todos modos sabe que lo pagamos con su tarjeta. Podemos decir que tu madre iba de visita a Londres y estamos fingiendo estar en un caso sólo para no verla.

—Suena bien. —contestó Sherlock con una pequeña sonrisa, dándole un pequeño beso.

—¿Crees que planeen hacer algo?

John sonaba preocupado, Sherlock lo miró con cariño y tomó su mano, acariciándola levemente con el pulgar.

—No lo creo, no estarían aquí si ese fuera el caso. Sólo hay que actuar normales por toda la semana, no podemos hacer nada frente a los civiles. —John asintió y dejó descansar su cabeza en el hombro de su novio.

Pronto llegaron a su siguiente parada, dos mujeres más o menos de su edad ya estaban esperando en la entrada del hotel, Jessica se disculpó por la tardanza y ambas subieron. Se sentaron del otro lado del pasillo, junto a Jim y Sebastian.

—¡Hola a todos! —saludó Jessica parada frente a todo una vez el autobús hubo arrancado hacia su primer destino. —Mi nombre es Jessica y como ya saben va a ser un placer para mí ser su guía en esta semana. Vamos a tener varias actividades, y tenemos un promedio de cuatro a seis destinos por día. Todo el tiempo estaremos juntos así que, ¡hay que conocernos! ¿Quién empieza?

—Bueno, hola, mi nombre es Steve —habló uno de los hombres de atrás —Ellos son mis amigos; Jeff, Carl, Robert y Stuart, todos estudiamos en Stanford.

—Soy Kenna —se presentó una de las tres chicas que se tomaban fotos —Ellas son mis mejores amigas, Annabelle y Kristen, todas venimos con nuestros padres pero ellos tienen cosas que hacer y nos dejaron venir solas.

Varias familias de enfrente se presentaron, igual que la pareja de ancianos, y al parecer las dos mujeres que habían subido al último -Alice y Sasha-eran pareja y estaban de luna de miel.

—Mi nombre es John Watson, él es mi novio Sherlock y venimos por ocio. —todos miraron a ver al par que faltaba de presentarse, todos con curiosidad excepto Sherlock y John, quienes los miraban con expectación y precaución.

—Soy James, pueden decirme Jim, y él es mi prometido Sebastian, venimos a celebrar nuestro compromiso. —Jim sonrió encantador, la sonrisa que siempre le conseguía lo que quería y, en este caso, era encantar a todas las personas presentes. Sherlock bufó quedamente. Jessica sonrió.

—¡Perfecto! Ahora que ya se conocen, espero que se lleven bien, vamos a pasar mucho tiempo juntos. Nuestra primera parada de hoy será en Little India, un lugar dentro de Singapur donde podrán conocer lo mejor de la India, es un ambiente muy colorido y lleno de muchos productos de India que sé que les encantaran. Podrán pasear un poco y a las dos nos encontraremos en el Komala´s para comer, les voy a entregas un croquis y un papelito con mi número por si se pierden. —Jessica fue entre las filas entregando el papel —¡Eso es todo! Sé que les gustará, acabando de comer pasaremos a nuestra siguiente parada.

Efectivamente pararon frente a un lugar completamente diferente a todo lo demás que habían visto en Singapur, parecía como si hubieran arrancado un poco de India y lo hubieran dejado ahí. En la entrada había un arco decorado con dos grandes elefantes y otras esculturas indias de sus dioses. Por dentro se podía ver gran actividad y personas comprando cosas. Jessica bajó del autobús al final y los animó a que entraran.

—¿Quieres comprar algo? —Jim y Sebastian ya se habían alejado lo suficiente de Sherlock y John, no dudaban que si se daba la oportunidad los seguirían hasta al baño.

—Puede ser, vamos a ver al Arcade.

El Little India Arcade era un gran centro comercial donde podías ver en un mismo lugar todo lo que el barrio ofrecía, desde cremas extrañas hasta verduras y comida. Acabaron comprando unas plantas y cuando salieron, en los puestos de la acera, compraron especias que Sebastian no entendía para qué quería Jim, nunca cocinaba) dulces muy variados, ropa típica y frutas exóticas. Antes de que se dieran cuenta dieron las dos y se encaminaron al restaurante indicado por Jessica. Fueron los terceros en llegar, siendo seguidos por los universitarios y las esposas de luna de miel, John y Sherlock llegaron al último con una simple bolsa de café y unas semillas de flores.

—Tenemos asignadas diez mesas, así que si no son cuatro personas o más júntense con alguien que les agrade —sonrió Jessica. Alice y Sasha se juntaron con la pareja de ancianos, las adolescentes se juntaron con las tres cuarentonas y los demás eran familias o grupos grandes.

Silenciosamente Jim y Sebastian se sentaron en una mesa, siendo seguidos de cerca por la única pareja faltante; Sherlock y John.

Se sumergieron en un tenso silencio por varios minutos hasta que Jessica se acercó sonriente.

—¡Hola de nuevo! ¿Compraron muchas cosas? Veo que ustedes sí —sonrió viendo las bolsas de Jim y Sebastian, después se dirigió a los otros dos —Y no está mal lo que compraron, todavía faltan muchos lugares y no creo que quieran salir con siete maletas más.

Jessica rio suavemente al igual que John, los otros tres se quedaron callados.

—Am… sí, el restaurant es vegetariano, pidan lo que quieran, hoy nosotros invitamos. ¡Disfruten!

Jim y Sebastian se miraron como si tuvieran una conversación con los ojos y finalmente Sebastian sonrió y acarició la pierna de Jim por debajo de la mesa, acción que no pasó desapercibida para los otros dos. Poco después el mesero llegó a tomar sus pedidos.

—Así que… ¿Cuánto llevan juntos? — habló en cuanto el mesero se fue sonriendo pícaro. John lo miró confundido.

—Casi un año —contestó Sherlock.

—Vaya, es bastante tiempo. Bastian y yo llevamos casi cuatro, pero un año es bastante bueno —replicó Jim, como si en verdad lo pensara. Sherlock lo fulminó con la mirada.

—Sí, bueno, John y yo nos conocemos hace cuatro años, pero lo hicimos formal hace uno.

—Eso es adorable, ¿o no, Seb? —él asintió —Nosotros nos conocemos hace siete.

A John le dio un tic en el ojo, comprendiendo a dónde iba la conversación.

—¿Y conocen a su familia? Ya saben, por eso de que la familia es muy importante en las relaciones y esas cosas… —John estaba casi seguro de que había ganado esa, él conocía a toda la familia de Sherlock y él a la suya. Dudaba que con un trabajo como el que tenían aquellos dos tuvieran tiempo de presentarse a la familia.

—¡Claro que sí! Mi mamá adora a Seb. —Jim sonrió y Sebastian asintió de acuerdo.

—La señora es adorable.

Sherlock frunció el ceño.

—Bueno, mi madre también adora a John.

—Creí que habían venido aquí para escapar de su visita a Londres, ¿o me equivoco? —Jim los miró astutamente, tomando un trago de la naranjada que le habían traído unos cuantos segundos atrás.

—No, es cierto. —todos volvieron a callar. Jim y Sebastian lucían confiados y a gusto, pero John y Sherlock se sentían atrapados y expuestos, no querían revelar su verdadero motivo para ir a ese lugar.

—Pero qué coincidencia, ¿verdad? Que todos nos encontremos aquí, en el mismo país, en el mismo tour. Debe ser el destino. —Jim levantó levemente las comisuras de sus labios enigmático, tan leve que no podría llamarse sonrisa, y se encogió de hombros.

—¿Y dónde se están hospedando? —preguntó Sebastian llevándose una porción de fideo a la boca.

—En el Derby Park. —contestó John algo dudoso. —¿Y ustedes?

—En el Millenia Singapore. —Contestó Jim, John palideció un poco y Sherlock los miró con odio. —Es bastante agradable, las habitaciones son geniales y la vista y la comida no pueden ser mejores. El suyo también es bueno, ¿no? Tiene cuatro estrellas, aunque creo que tiene un ambiente más familiar.

—He oído hablar de él, es el séptimo mejor, ¿no? Vaya, me sorprende que no se estén quedando en el primero. —La expresión de Jim cambió levemente, perdiendo parte de la fingida amabilidad que había estado manteniendo, pero se recompuso rápidamente.

—Sí, bueno, mi secretaria me recomendó que no nos quedáramos dentro del top cinco para pasar desapercibidos. A mí me sorprende que Mycroft no se pudiera costear un hotel cinco estrellas.

—Nosotros preferimos algo más…familiar, como lo llamaste. Sin tantos lujos.

—Diferencia de opiniones, supongo —El ambiente era hostil, y permeció así hasta el final de la comida. Poco después acabaron de comer, todos volvieron al autobús y se sentaron en los mismos lugares.

—Siguiente parada, ¡Chinatown! —varias de las familias de enfrente sonrieron y comenzaron a parlotear emocionadas mientras Jessica, contenta con el resultado, volvía a platicar con el chofer de lo bien que iba todo.

—Sherlock hay que detenerlos. —murmuró John lo más bajo que pudo —Si siguen aquí van a acabar descubriendo lo que hacemos aquí.

Sherlock no contestó, se limitó a asentir con la cabeza y a colocar las manos en su barbilla como cada vez que entraba a su palacio mental. Tenía que encontrar una manera de deshacerse de ellos, y pronto, pero tampoco podía ser algo tan notorio…

—Vienen por lo mismo, ¿no? —Jim de nuevo estaba recostado en Sebastian, asintió.

—Sí tigre, probablemente en este momento estén pensando en cómo sacarnos de aquí. Creen que en verdad estamos aquí sólo por que quisimos, o quizás por un cliente, pero no saben que nosotros sabemos de Johann y no quieren que lo averigüemos.

—¿Qué quieres que hagamos? —Sebastian pasó sus dedos por la parte trasera de la cabeza de Jim, metiéndolos entre su cabello. Jim cerró los ojos con gusto.

—Pelear fuego con fuego, por supuesto. Pensarán que no es nada más que la rivalidad usual.

—¿Tienes algo preparado?

—¿Tienes tu teléfono? Llama a nuestro mayor contacto aquí, que mande a un ladrón cualquiera y les robe las cosas, con eso será suficiente por hoy. —guardaron silencio por unos momentos en lo que Sebastian mandaba los respectivos mensajes de texto.

—¿Hasta cuándo planeas seguir con esto? —se refería a toda la actuación de la pareja feliz.

—Hasta que estemos alejados de esos dos.

En cuanto llegaron a Chinatown y se bajaron del autobús, Jessica los reunió a todos en un pequeño círculo alrededor de ella.

—Primero vamos a ir a un museo para una visita guiada y después tendrán una o dos horas para comprar lo que quieran, ¿ok? Síganme.

Jessica los guio a todos al museo, siempre alzando en una mano un letrero verde fosforescente que decía Scorp & Corps, por si alguien se separaba. El museo estuvo bien, hablaba sólo sobre la cultura china. Desde la ventana del tercer piso, Sebastian pudo ver al ladrón esperando afuera del museo a que salieran. Y, efectivamente, en cuanto salieron el ladrón pasó corriendo junto a Sherlock y le arrebató todo lo que traían en una pequeña bolsa de compras. John le gritó, pero el ladrón salió corriendo.

—¡Oh no! Llamaré a la policía. —Jessica comenzaba a sacar su teléfono cuando Sherlock y John ya se habían lanzado a perseguirlo, uno por la adrenalina de hacerlo y el otro por seguirlo.

—Bueno, nosotros nos vamos a ver todo —Jim se despidió.

—Sí… creo que será mejor que todos se vayan, no pierdan su tiempo —Jessica los animó y todos se fueron a pasear.

—Con suerte se separarán y no volverán en todo el día. —Iban a comprar comida china cuando el ladrón pasó corriendo junto a ellos. Tan sólo se hicieron unos centímetros a un lado para dejarlo pasar y escucharon los gritos de John pidiendo que lo detuvieran, pero al pasar no calculó bien y le dio un codazo a Sebastian, quien al no estar preparado y con la fuerza del doctor producida por la velocidad cayó de espaldas a un puesto de pescado, apenas y logrando agarrarse del brazo de John para intentar no caerse.

Ambos quedaron llenos de pescado.

Se estaban empezando a parar cuando llegó Sherlock. Se había adelantado a tratar de perseguir al ladrón, pero volvió cuando vio que John cayó sobre el pescado y lo ayudó a levantarse. El dueño del puesto les seguía gritando en chino. Sherlock y Jim se disculparon en un chino perfecto y entre ambos le pagaron lo correspondiente al dueño.

—John, ¿estás bien? —le preguntó Sherlock una vez se hubieron alejado de Sherlock. Moran y Moriarty estaban a pocos metros de ellos. —Lo siento, no pude atraparlo, se ha ido.

—No importa, sólo se llevó las cosas que compramos. —John le sonrió tranquilizador y besó sus labios. Ambos miraron de reojo a los otros dos, que estaban en medio de su conversación, y se fueron.

—¿Crees que hayan sido ellos?

—Es un hecho. Pero no creo que sepan por qué estamos aquí, simplemente quieren que nos vayamos.

—¿Deberíamos irnos?

—No, Moriarty nos tendió una trampa, nosotros le prepararemos una mejor.

.

—Seb, apestas. —Jim lo miró con molestia, cruzando los brazos y arrugando levemente la nariz.

—Lo sé, ya quiero volver al hotel. —Jim revisó el reloj de su muñeca.

—No creo que hagamos nada más, ya casi son las seis.

Efectivamente, Jessica los llamó a todos al celular -que había pedido desde el momento del registro- y les pidió a todos reunirse en el autobús, que seguía en el mismo lugar donde los había dejado. Los fueron dejando en orden descendente; primero a los últimos que se habían subido y al último a los primeros. Alice y Sasha fueron las primeras en irse, después Sherlock y John, quien no dejaron de fulminarlos con la mirada en todo momento y, por fin, Jim y Sebastian llegaron a su hotel.

Los del lobby se le quedaron mirando a Sebastian por su ropa manchada y el olor a pescado crudo que desprendía, pero todos tuvieron la educación de no decir nada. Subieron a la habitación lo más rápido que pudieron.

—Date un baño, rápido. —Le dijo Jim una vez Sebastian hubo dejado las bolsas de compra en la entrada y sentándose en uno de los sillones con su celular en mano.

—A la orden.

Sebastian tardó cerca de media hora en salir del baño, y cuando lo hico tenía el cabello escurriendo un poco, una toalla colgada a los hombros y sólo unos calzoncillos. Jim ya estaba vestido con un traje para bajar a cenar.

—¿Qué haremos mañana?

—¿Respecto a ellos dos? Primero tenemos que ver qué hacen ellos. —Sebastian tomó una botella de agua del minibar.

—¿Entonces vamos a caer en lo que sea que hagan?

—Yo nunca dije eso, sólo hay que ver qué hacen. Cámbiate y vamos a cenar al chino.

No volvieron a decir nada hasta que poco después estuvieron en el elevador.

—Tienes algo bueno planeado, ¿verdad? —Jim le sonrió travieso.

—¿Cuándo no?