Espero que disfruten este capitulo, poco a poco la historia se pondra mucho mejor, asi que porfavor dejen sus comentarios y disfruten la lectura. aclaro qeu los personajes no me pertenecen pero la historia es mia.
CAPITULO IV
FRANCIA.
Desperté muy temprano, me vestí de prisa y le dije a Kaede que diera instrucciones para que bajaran todo llegando al puerto, después fuimos a desayunar al gran salón, faltaban unas pocas horas para llegar a nuestro destino y quería ver desde lejos el puerto de Nantes, era el lugar donde atracaría el barco y ahí era donde me conducirían a mi nuevo hogar… Kaede se mostraba un poco nerviosa, y agitada. Como a las once de la mañana salimos a cubierta, y de lejos vi la desembocadura del rio Loira, había demasiado movimiento, esté era el puerto más importante de Francia, barcos cargados con tejidos, especias y esclavos, llegaban y se retiraban, la gente que aquí vivía era de las más ricas, gracias a todo el comercio que poseía, era interesante ver toda la actividad de Nantes.
Kaede estaba parada junto a mi pero su respiración era un poco agitada y estaba nerviosa, una y otra vez retorcía entre sus manos un pañuelo blanco de seda, al principio no entendía el porqué actuaba de manera tan extraña, solo hasta que me percate del tono de su piel me di cuenta, ¡ella era una esclava cuando Seshomaru la rescato!, la sola idea de imaginar a esa mujer que era como mi madre, usando grilletes y siendo flagelada me estremeció, y me imagino que su mente estaba recreando su infancia, alguna vez me dijo que su madre murió y que a ella la habían vendido, pero en realidad nunca me había contado esa parte de la historia, ahora todo se empezaba a esclarecer en mi mente, así que la abrace y le di un beso en la frente.
-no te preocupes, no dejaré que te hagan daño, estás conmigo y eres libre-
Ella me observo por unos mementos y sus ojos se llenaron de lagrimas, y asintió la cabeza, sabía que era libre y que yo no la dejaría sola nunca, la brisa golpeaba nuestro rostro y secaba las lagrimas de Kaede al viento, yo solo podía sonreír de estar con ella y en esa tierra extraña.
Llegamos al puerto, y me asusté de la cantidad de gente que había, algunos haciendo transacciones, otros cargando los barcos que estaban por salir, algunos traían esclavos negros amarrados con cadenas, en el cuello y los pies, era un escenario un poco aterrador, Kaede me tomo del brazo y yo la abrace para darle la seguridad de que no le pasaría nada, en ese momento fue que comprendí que el humano es la más aterradora de las criaturas que habitan la tierra, y pensé por un momento en que el hombre también debería tener un depredador, ese pensamiento me estremeció, y por un instante a mi mente volvió la imagen del chico muerto, tal vez si existía un depredador mayor para el hombre después de todo.
Unos momentos después bajamos a tierra, y me sentí aliviada de poder tener tierra firme bajo mis pies, me produjo una sensación tan agradable que recordé aquella vez que sentí por primera vez una alfombra bajo mis pies, cerré los ojos y guarde ese instante en mi memoria, Kaede estaba a mi lado sosteniéndose de mi brazo como si fuese a esfumarme, le di una suave palmadita en su mano y ella me sonrió, fue cuando entre la multitud vi que se acercaba a nosotras un hombre ya grande, tendría como unos 60 años, su rostro estaba surcado por los pliegues que solo el padre tiempo puede hacerle a los humanos, y enmarcados en un par de cejas gruesas y grises unos ojos , que reflejaban la dulzura de los abuelos y los protegían unos anteojos dorados, llego sin titubear frente a nosotras
- ¿Señorita Aome Taisho, supongo?
Y alargo la mano para tomar la mía.
- sí, soy yo, y usted es…
-Mioga Sato, a sus pies, su padre me envió para que la lleve a su nuevo hogar, el coche nos espera.
Señalo en una cierta dirección
-La propiedad que adquirió su padre está en la localidad de Chantenay, sobre la ribera del Loira, por allá del lado derecho, tiene una hermosa vista, la va a disfrutar mucho.
Me tomo del brazo que tenía libre y caminamos hacía el coche que nos llevaría, dio unas instrucciones de que el equipaje fuera llevado a la casa, de repente entre la multitud escuche que gritaban mi nombre, y una mano que se agitaba la aire, ¡era Hoyo!, por un instante mi corazón se detuvo por la emoción, no podía mover los músculos de mis piernas, corrió hasta donde yo estaba.
-¡Por un momento pensé que ya no te encontraría!
Y tomo mi mano, pude sentir su pulso, y creo que él también sintió el mío,
- pues ya ves que aún no me marcho, mi querido Hoyo-
-¿dónde te quedaras?
-mi padre tiene una propiedad muy cerca de aquí en la localidad de Chantenay, del lado derecho de la ribera del Loira, ¿y tu donde te hospedaras?
- bueno, no me quedaré en Nantes, viajaré a Paris hoy, pero te prometo que vendré lo más pronto posible a visitarte.
- eso espero, te extrañaré mucho, promete que te cuidarás y que me escribirás.
Hoyo apretó mi mano contra su pecho y eso hizo que quedáramos realmente muy cerca uno del otro, nuestras miradas se encontraron
- te escribiré, cada día, todos los días que esté lejos, te lo prometo.
Y me beso la frente
- y yo estaré aquí esperando tus cartas, hasta que regreses en persona.
Apreté su mano entre las mías, y después miro a Kaede
- Me voy tranquilo porque sé que estará usted para cuidarla
- No se preocupe, yo la cuidare bien
- eso me tranquiliza mas, entonces me voy, pero nos veremos pronto.
Me dio otro beso en la frente y en mi mano, y se alejó corriendo, el señor Mioga abrió la puerta del coche y subimos, se puso en marcha, tome la mano de Kaede y sonreí, comenzaba una vida nueva, hoy al cerrar los ojos aun puedo ver el río y escuchar el ajetreo del puerto, aún hoy puedo volver a caminar por aquellas calles y recordar lo feliz que fui en aquella época, ya son casi 170 años desde la primera vez que pise Nantes, y mis pasos me guían hasta aquella vieja casa en ruinas, es como querer borrar las cosas malas que pasaron, como si ese acto fuera suficiente para llegar y encontrar a Kaede en el jardín y a Hoyo en la puerta con su ramo de rosas en la mano esperándome, pero al regresar a la realidad me doy cuenta de que no es más que un sueño, una utopía, porque eso solo es en mi mente, a veces es difícil, y duele, pero regreso a mi historia… cuando por fin llegamos a la casa, no lo podía creer, se parecía tanto a mi casa en América, y la más grande de las diferencias era que aquí no estaba Seshomaru.
Bajamos del coche y el Sr. Mioga abrió la puerta, entramos y ya estando en el recibidor, me entrego dos juegos de llaves, nos mostró la propiedad, la vista desde la sala era hermosa, podía ver los barcos pasar, después nos presentó con la servidumbre, mujeres y hombres de color igual que Kaede, ellos la veían extraño, no entendían porque yo la tenia de la mano y porque le hablaba con tanto respeto y por su nombre, era algo que debía de hablar con ellos, y decirles que ya no eran esclavos sino hombres libres y que solo pedía su ayuda para Kaede, pero eso tenía que esperar hasta que solo estuviéramos nosotros solos, y cuando el Sr. Mioga terminó de darme las últimas instrucciones, se despidió no sin antes decirme que mi padre había dejado una sorpresa para mí en la biblioteca, le agradecí todas sus atenciones.
- Muchas gracias sr. Mioga por todas las atenciones, que ha tenido para nosotras
- es un placer, y no dude en llamarme si necesitan algo, de todos modos tengo instrucciones de que cada semana le traiga una cantidad de dinero para su manutención, así que nos veremos seguido, señorita.
- muchas gracias, por todo
Le estreche la mano y él la beso, y camino hasta el coche y se marcho, yo espere hasta que se perdió de vista, cerré la puerta y ahí estaba Kaede parada, con una gran sonrisa, y atrás de ella estaban toda la servidumbre, esperando a que yo les dijera que hacer, tome aire y lance un largo suspiro.
- bueno, ahora necesito decirles que no son esclavos y que tu estarás a cargo de ellos, mi francés es muy malo, así que espero que tú puedas hacerles entender esto.
- no te preocupes mi niña, yo se los diré, son buenas personas, están asustadas es todo, creen que estas mal de la vista y que por eso no ves que soy de color como ellos.
Solté una estruendosa carcajada, era gracioso eso, pero también era muy sabio, si fuéramos faltos de vista, la diferencia de color no sería un problema, así que Kaede fue la traductora y les explique que ellos eran libres, y que no debían de inclinarse ante mí, pues yo solo era su amiga y no su capataz, que eran ayudantes no esclavos, cuando terminamos de explicarles, estaban muy contentos, pero también tenían miedo de que la gente, los tratara como criminales si decían que eran libres y corrían peligro, así que les dije que Kaede y yo los acompañaríamos a donde quisieran ir y que no habría ningún peligro, y fue como Kaede y yo nos ganamos la fidelidad de ellos, sin el uso del látigo, así pues Kaede les pidió que la ayudaran a desempacar a dos chicas y a los demás le dijo que continuaran con las labores de siempre y que la cena sería a las 8 de la noche y que fueran puntuales, era demasiado para esas personas, estaban acostumbradas a comer en el piso y afuera de la casa, como si fueran animales, vi en su rostro llanto de emoción porque por primera vez desde hacía mucho tiempo se les trataba como seres humanos y no como bestias, así que deje que ella se encargara de todo y fui a la biblioteca, encendí las velas y se iluminó la habitación, las paredes eran altas, y del lado izquierdo había una escalera de caracol para subir al segundo nivel, al fondo del lado derecho estaba una chimenea grande, y empotrados en las paredes estaban las repisas donde descansaban miles de libros, en el piso al centro estaba una alfombra de color carmín, que llegaba hasta el otro extremo y a los pies de una gran ventana, cubierta con gruesas cortinas del mismo color, el escritorio estaba a unos dos metros de distancia de la ventana, camine hasta ahí, y vi un sobre blanco con mi nombre y una cajita metálica, parecía hecha de plata, corrí la silla para poder sentarme y encendí otras velas que estaban encima del escritorio, tome la carta entre mis manos, la mire unos momentos, era su letra, ¡Seshomaru había escrito esas líneas!, cerré los ojos, lo extrañaba tanto, volví a abrir mis ojos y vi los rasgos, firmes, elegantes, eran tan suyos que por un momento la emoción se acumulo en mi garganta y mis ojos se llenaron de lagrimas, era la primera vez desde que me había adoptado que se alejaba tanto tiempo de mi, normalmente los viajes que hacía no eran mayores a tres días y siempre volvía, pero esta vez ya habían pasado casi 5 semanas sin verlo; así que controlé el sentimiento, abrí el sobre y desdoble la hoja, el olor que desprendió era de él, ese olor madera y rosas que era tan peculiar en él, deje el sobre junto al tintero y comencé a leer.
Mi querida Aome:
Cuando leas estas líneas ya estarás en Chantenay, veras que te va a gustar mucho ese lugar, personalmente me agradan las noches, son tranquilas y apacibles, espero que lo disfrutes mucho; por otra parte se que no puede despedirme de ti como es debido y te pido perdón por mi descortesía mi querida hija, espero que no estés molesta conmigo, te prometo hacer todo lo posible por estar a tu lado lo más pronto, en cuanto el negocio que me detiene aquí se solucione.
Quiero que sepas que te extraño muchísimo, creo que jamás imagine que te extrañaría tanto y me di cuenta de que no puedo vivir sin ti, eres la razón por la cual continuo luchando día con día… los hijos cambian la vida de los padres y desde que llegaste a mi vida, soy diferente y cambie por ti, y desearía poder estar a tu lado en estos momentos y abrasarte, pero te prometo que haré hasta lo imposible para estar a tu lado… es una promesa.
Y pues se que en tu cumpleaños no pude darte un obsequió digno de ti, te mando este presente que aunque pequeño, es especial en sí mismo, ese anillo ha pertenecido a mi familia por siglos hoy es justo que tu lo conserves, mi dulce y amada Aome, úsalo todos los días hasta que llegue, así podrás sentir que estoy cerca y que te estoy cuidando, quizás pienses que es una cursilería pero no te lo quites ni para dormir, así sentirás que estoy cerca y que velare tus sueños, prométeme que lo usaras diario, se que lo harás.
Solo ten paciencia y recuerda que te amo y que siempre estaré contigo, aun en la distancia, y en las noches cuando te sientas sola ve el cielo y al ver a la luna brillar en lo alto de la bóveda celeste, ten la seguridad que yo estoy pensando en ti.
Me despido mi amada hija, recibe un beso de tu padre y espero con ansias noticias tuyas.
Con amor,
Seshomaru Taisho.
Volví a doblar la carta con mucho cuidado y la puse dentro del sobre, le di un beso y la coloque en el escritorio, ¡lo extrañaba muchísimo!, esta vez no pude controlarlo y mis ojos se llenaron de lagrimas, deje escapar algunas, era tan difícil después de 12 años de tenerlo diario, ahora no tenerlo dolía, me quedé un momento solo observando la danza de la llama de las velas, tratando de contener el dolor que sentía de no tenerlo ahí, porque ¡tenía tanto que contarle!, de cómo fue el viaje, de lo nerviosa que se puso Kaede al entrar a el puerto, y lo más importante.. de Hoyo, él debía saber que estaba enamorada de ese buen hombre, eran tantas cosas que tenía que decirle, que me di cuenta que ahora si estaba demasiado lejos como para escucharme, no podía regresar ahora, así que seque las lagrimas de mi rostro y mis ojos se toparon con el regalo de Seshomaru, era una pequeña cajita alargada de metal, en la tapa tenía un extraño símbolo gravado con oro, se me hizo familiar pero no sabía donde había visto esa inscripción, era como una mezcla de letras, como escritura antigua, tal vez sería latín, pero algo dentro de mi me decía que no era latín, sino otro idioma, pero no le di mucha importancia en ese momento, abrí la tapita y en el interior encontré un anillo, una llave y una cadena con los eslabones de oro y plata, una cadena un tanto gruesa para mi gusto, el anillo era liso, y tenía siete pequeños cristales rojos alrededor, tal parecía que estaban incrustados pero al verlos bien solo estaban pegados, y al observarlo más detenidamente fue lo más increíble, los pequeños cristales tenían liquido, era un fenómeno bastante peculiar, gire el anillo entre mis dedos para comprobar que no era una ilusión, pero no lo era, me acerque a la ventana y lo mire con más detalle con luz del sol, de pronto ya no era liquida, se había solidificado y parecían rubíes, era bastante extraño, me lo probé en todos los dedos de mi mano, pero era demasiado grande para que lo usara, así que tome la cadena y lo puse en ella, al meterlo me percate que adentro tenía una inscripción "Taisho rex" , era el apellido de Seshomaru, no le di tanta importancia, me lo colgué al cuello, después recordé la llave, era antigua un poco sucia y manchada por el paso del tiempo, parecía hecha de metal, busque dentro de la caja para ver si tenía alguna indicación de cuál era la puerta que abría pero no encontré nada, jugué con ella un momento pensando que era lo que aquella llave guardaba, mire las paredes de la biblioteca, y sonreí, era un mundo de libros que disfrutaría leer, aunque necesitaría un maestro de francés, así que decidí que al día siguiente mandaría a buscar al Sr. Mioga para pedirle que me recomendara un buen maestro para que Kaede y yo tomáramos lecciones del idioma, me levante por inercia y coloque la llave dentro de la caja de nuevo, y la deje encima del escritorio, tenía tanta curiosidad por ver los títulos de los libros, pero no alcance mi propósito, tocaron a la puerta y me detuve en seco.
-¿quién es?
- soy Alika
-pasa
Se abrió la puerta y entro una chica, de piel obscura como la de Kaede, tenía unos ojos grandes, negros, su vestido era un poco escotado y de color blanco, con un delantal azul, su cabello lo tenía recogido en una graciosa gorrita, entro con mucho miedo, sus pasos eran ligeros y cuidadosos, tal parecía que no quería ensuciar el piso, al llegar casi al borde de la alfombra, se detuvo, bajo la mirada y hablo muy despacio casi con miedo.
- disculpe que la moleste "amita", dice el ama Kaede que ya está la comida lista, que si puede ir al comedor.
- gracias, dile que ya voy.
-si "amita"
Y cuando estaba dando la vuelta para salir.
- Alika, no soy tu "amita", solo soy Aome, así que si te es difícil decirme por mi nombre entonces solo dime señorita, pero ya no digas "amita", eres libre, y mientras estés en mi casa, lo serás.
Los ojos de Alika se iluminaron y una débil sonrisa asomo a sus labios, tal vez era la primera vez en su vida que se le trataba con respeto, solo movió la cabeza en sentido de afirmación y salió casi corriendo de la habitación, y me di cuenta de que aún cuando el ser humano sea libre siempre será esclavo de su propio miedo a ser alguien más digno, sonreí y de repente vino a mi mente la imagen de mi verdadero padre, y la entendí pues yo en algún tiempo fui esclava de mi padre, por el miedo que me causaba y porque él era más fuerte que yo, eso era lo que les pasaba a esta gente, los esclavistas llegaban con armas que ellos jamás habían visto y los sometían por la fuerza y por el miedo a ser eso esclavos, estaba sumida en estos pensamientos, cuando mis ojos toparon con un libro grande y forrado con una curiosa pasta negra y en relieve letras doradas, estaba un poco salido de los demás libros al fondo del lado izquierdo, camine hasta él lo tome con mucho cuidado y me acerque a la ventana para verlo con más detalle, en la pasta tenía el nombre de Nicolás, y abajo "I.T.", me imagine que era quien lo había escrito, abrí al azahar las páginas, había dibujos, fragmentos, y escritos al margen, notas, la letra no era de Seshomaru, era de alguien más, eran muy toscos y algunos burdos, no me concentre demasiado en ello, solo lo ojee,… en realidad ese libro con el tiempo me ayudaría a entender la naturaleza de mis hermanos de sangre y lo más importante a huir de él; aún lo conservo a veces pienso que es solo para hacerme a la idea de que puedo encontrar su debilidad y lastimarlo, pero ya no sirve de mucho, el tiempo se agota y aún hay mucho que decir… no me di cuenta cuando Kaede entro en la habitación, estaba tan absorta mirando los dibujos de ese libro que cuando me llamo me asusto y deje caer el libro
-Aome
- ¡Dios, Mirna me diste un gran susto!
- me di cuenta, lo siento, pero es que no contestas y te llame varias veces.
Me agache a recoger el libro, aún sentía que mi corazón estaba agitado, no era normal que me hubiera asustado de tal modo, fue como si hubiera entrado sin permiso a un lugar sagrado, lo recogí rápido y lo lleve a su lugar, ya habría tiempo para verlo con más calma.
-Kaede, muero de hambre, vamos a comer y disculpa si te hice esperar mucho, ya sabes que cuando de libros se trata no puedo resistir la curiosidad.
- lo sé mi niña, lo sé, pero anda, vamos que la comida se enfría y aún hay mucho que hacer.
Salimos de la biblioteca, cuando entramos al comedor Alika, layla y Annakiya, ya habían servido y estaban paradas al fondo del comedor cerca de la puerta que da a la cocina, en realidad en ese momento me di cuenta de que sería muy difícil hacerles entender que eran libres, así que solo lance un suspiro y les sonreí, Kaede se sentó conmigo como era la costumbre, y ellas desaparecieron de la habitación, cuando salieron Kaede me miro un momento y suspiro.
- Aome, será muy difícil el que ellas entiendan que tú no eres el ama y que además de todo las has liberado, para ellas no hay mas vida que esta.
- lo sé Aome, y en realidad creo que el explicarlo no servirá de nada, así que bueno se les tratará como personas libres aunque para ellas no sea así.
- No te preocupes mi niña, algún día lo entenderán.
- eso espero Kaede, eso espero
La comida transcurrió tranquila, discutimos la manera en que se llevarían las cosas de la casa y le comente a Kaede que necesitaría un maestro para que aprendiéramos francés, además de que quería continuar con mis clases de piano, ella también estaba de acuerdo con ello, cuando terminamos de comer, salí a la parte trasera de la casa, era realmente hermoso, al fondo estaba el establo donde estaban los caballos y del lado derecho se encontraban las habitaciones de los criados, y del lado izquierdo había una pequeña parcela, y atrás de la parcela había una construcción de piedra igual que la de América, era una especie de cripta familiar, sin darme cuenta mis pasos fueron llevándome en esa dirección, al llegar a la orilla de la cerca de la parcela camine alrededor y casi al final me tropecé con uno de los chicos que cuidaban de los caballos, tendría apenas unos catorce años de edad, pero era de piel un poco más clara que los demás y sus facciones eran más finas, sus ojos eran más claros, cuando tropezamos, sus facciones se transformaron en terror por unos instantes y en un segundo ya estaba con la frente pegada al piso y hablando en un idioma que no entendía, me sorprendí de su actitud, y sin darme cuenta ya había otros dos hombres parados atrás de él y una mujer de edad madura que llegaba corriendo, al verlos a todos juntos me asuste bastante, y más al ver a este chico, pensé que lo había lastimado y por un segundo en mi cabeza cruzo la idea de que ellos me lastimarían pero en lugar de eso, la mujer llego corriendo y se arrodilló frente a mí.
- ¡perdón, "amita", el torpe, y no sabía lo que hacía, no lo mates, por favor, te lo suplico!
Y su rostro ya estaba lleno de lagrimas que brotaban de sus ojos de forma continua, y sus ojos eran suplicantes, y entendí que ellos pensaban que este chico me había lastimado, así que le sonreí para tranquilizar a aquella mujer, la tome del brazo y la ayude a levantarse, en este instante llego corriendo Kaede.
- ¿Qué paso Aome?, ¿estás bien, que paso?
- Nada mi buena Kaede, es solo que tropecé con este chico pero armaron un gran alboroto, ella dice que no lo mate, pero ¿por qué habría de hacerlo?
Kaede observo a la mujer, que nos veía como esperando la decisión final del verdugo y aún el chico seguía en el piso, y a cada lado suyo se encontraban parados dos hombres de piel obscura, traían solamente un pantalón de manta blanco y unos sombreros de paja, el tórax estaba completamente desnudo, admiré la anatomía de ellos, y me imagine la fuerza que guardaban sus brazos, di unos pasos hacía el chico que seguía temblando en el piso, uno de ellos dio un paso adelante, y su rostro se tenso, pero se detuvo cuando el otro lo tomo del hombro y lo obligo a retroceder, le sonreí, Kaede también se acerco conmigo, al tener al chico enfrente me agache y lo tome de los brazos para ayudarlo a levantarse, el agacho la cara y cerró los ojos, como esperando recibir una bofetada, pero en lugar de eso lo abrace, sentí su cuerpo temblar y empezó a llorar, todos se quedaron pasmados, la sorpresa fue mayor cuando le hable al chico.
- ¿estás bien, no te lastimaste?
Y lo sostuve a unos centímetros de mí, para revisar que no tuviera nada.
- no te preocupes, fue un accidente, solo tropezamos uno con el otro, tranquilo, no paso nada.
El chico levanto la vista y me observo un tanto desconfiado y después miro a su alrededor, con ojos de sorpresa, la mujer que me había suplicado se acercó y lo abrazo, después me miro unos momentos y se dejo caer a mis pies, me tomo las manos y las beso.
-¡ gracias "amita"!, es muy buena.
- levántate mujer, no tienes que hacer eso, ¿Cuál es tu nombre?
La ayude a levantarse, nadie se movió de su lugar, en sus rostros había sorpresa, de no saber qué hacer, los dos hombres solo se miraban unos a otros y veían a Mirna.
- mi nombre es Eshe y él es mi hijo Tarek.
- encantada de conocerlos, yo soy Aome y ella es Kaede, creo que ya nos conocen.
- Si el señor Mioga nos dijo que usted era la hija del dueño de la casa y nos advirtió que la debíamos de cuidar bien.
- pues gracias, pero no te preocupes, tu hijo y yo solo nos tropezamos no paso nada.
- es que , nosotros no podemos tocar a los amos, y él la toco, debe de ser castigado por su torpeza, dígame ¿cuál será su castigo?.
Vi que los dos hombres lo tomaron uno de cada brazo, para que no escapara, y comprendí que él debía de ser castigado, por una falta que a mi parecer era absurda y además había sido culpa mía porque no lo vi, Kaede se acerco y quedito me confirmo lo que yo ya sabía.
- Kaede el chico debe de ser castigado, si no lo haces ellos lo harán a su modo y será mucho peor para él.
- lo sé Kaede pero fue mi culpa
Kaede me tomo del brazo y me hizo que la viera a los ojos, ella hablaba en serió
-debes de castigarlo tú, no ellos.
- está bien, lo haré, pero no se me discutirá el castigo que yo le ponga.
- no se discutirá, lo prometo
- está bien, de acuerdo.
Mire hacía ellos.
-Tarek, tu castigo será el de ayudarme en la biblioteca todas las tardes tres horas a organizarla por orden alfabético ¿estás de acuerdo con tu castigo?
Todos se quedaron sorprendidos, Eshe abrió muy grande sus ojos, y sonrió, los otros dos hombres me miraron fijamente y fruncieron el entrecejo, y abrieron la boca, no lo podían creer, Kaede sonrió y me apretó el hombro en señal de aprobación, los dos hombres soltaron a Tarek, quien se dejo caer a mis pies.
-¡gracias "amita", gracias!
Uno de los hombres se me acerco y de igual manera se arrodillo y me tomo la mano y la beso.
- ¡gracias "amita" por perdonar a mi hermano!
- ¿Cómo te llamas?
- kaled
- bueno kaled, levántate, te agradezco, ahora quiero que me escuchen todos ustedes, de hoy en adelante nadie será castigado con golpes, los castigos los pondremos Kaede o yo, nadie más, ¿entendido?.
Todos dijeron que si, aquel día me gane la confianza de todos en la casa, y también me gane su cariño, ese día ya no pude ver de cerca la construcción del fondo del patio, regrese a la casa con Kaede, subí a mi recamara y al entrar ahí estaba Layla acomodando las últimas prendas en el armario.
- ya terminé amita.
- gracias Layla, puedes retirarte.
Cerró las puertas del armario y se dirigió a la puerta de la recamara, y salió dejándome sola, camine hasta mi ventana y la abrí, había un pequeño balcón que daba al patio trasero, y más allá estaba el Loira, y a la tarde comenzaba a darle paso a la noche, me sentía cansada, por inercia me llevé las manos al cuello, sentí la cadena y volví a recordar la ausencia de Seshomaru, tal vez en el barco no la sentía tanto porque estaba Hoyo, pero ahora, ahí sola en esa casa, me sentía perdida y sola, cerré los ojos y a mi mente regreso el recuerdo de la fiesta de cumpleaños que me hizo y el baile, recordé cada detalle y me estremecí, abrí los ojos de nuevo y me sentí culpable de tener ese sentir hacía Seshomaru, me sentí como una criminal, no era correcto que lo amara de ese modo, di la vuelta y camine hasta la puerta sentía que las lagrimas amenazaban con salir si me quedaba sola, así que baje las escaleras y entre a la sala, la chimenea ya estaba encendida y sentada en un gran sillón junto al fuego estaba Kaede, el ambiente olía a pino, aspire el aroma, y camine hasta donde estaba ella y me senté a su lado, al verme supo que había algo que me hacía infeliz y ese algo era Seshomaru, abrió los brazos y la abrace, después me acomode y deje caer mi cabeza en sus piernas, acarició mi cabeza, y no pude más, las lagrimas contenidas por largo tiempo escaparon, no dijo nada, respetó ese momento para que sacara ese dolor, poco apoco me calme y pude hablar.
-Kaede ¿te puedo hacer una confesión?
-claro mi niña, tu sabes que para eso estoy aquí, ¿qué cosa es lo que te aflige de tal manera?
-tengo un sentimiento que no debo de guardar en mi corazón, y siento vergüenza de solo decírtelo.
-se trata de el señor Seshomaru ¿verdad?
-sí, es de él, es que a veces mi corazón siente que lo ama no como mi padre, sino como hombre, y eso no puede ser Kaede, ¡no debe de ser!.
-lo sé mi niña, lo supe todo el tiempo, pero eso era de esperarse
Me incorpore y la mire a los ojos, ¿Cómo era posible que me dijera eso?, ella adivino mi indignación y me sonrió.
-Mi niña, no es nada malo el hecho de que lo ames de esa manera a final de cuentas él no es tu padre, y sé que durante estos años te ha criado como una hija, pero a casi todo el mundo le pasa, confunden el sentimiento.
- ¿crees que yo lo esté confundiendo?
- ¡claro que lo haces!, es simple, el hecho de estar todos los días con él y que de un momento a otro te mande a viajar lejos pues, lo extrañas y te das cuenta de que él es uno de los hombres más importantes en tu vida, pero ahora tienes a Hoyo y puedes darte cuenta de que no es lo mismo.
- tienes razón, pero aún así no le digas nada a él, ¿sí?
-no te preocupes mi niña, de mi boca jamás lo sabrá.
-gracias Kaede, dime, ¿Qué sería de mi sin ti?
-pues eso no lo sabremos nunca mi niña.
Nos reímos, me abrazó de nuevo y me volví a recostar en sus piernas, ella me daba toda la seguridad que yo necesitaba en los momentos de tormenta, nos quedamos en silenció observando la danza de las llamas en la chimenea, mi mente aún era un torrente de imágenes, estaba Seshomaru, la construcción el fondo, Tarek, y en un instante mi pensamiento completo se llenó con la imagen de Hoyo, cerré los ojos y vi esos ojos cafés y sonreí… aún hoy en día cuando cierro los ojos lo veo y aún después de tantos años sueño con él y en los momentos tan felices que tuvimos juntos, y lo extraño demasiado, tal vez es una de las razones por la cual hoy tengo el valor de enfrentar a Seshomaru y terminar con algo que jamás debió iniciar, pero eso lo sabrán más adelante… Pasaron dos horas, me incorpore y vi que Kaede estaba dormida, su cabeza estaba echada para atrás, al sentir que me levante se despertó un poco asustada.
-¡perdón mi niña, me quede dormida un momento!
-no te preocupes, anda ve a dormir, ya estas cansada y mañana nos espera un día lleno de actividades.
-¿pero no vas a cenar?, te preparo algo rápido
-no Kaede, ya vete a dormir, además no tengo mucha hambre, horita voy a servirme un té, y me voy a la cama.
-bueno, mejor te lo preparó yo, así estaré segura de que te lo vas a tomar
- está bien, necia, pero después te vas a dormir
- sí, no te preocupes
Salió de la habitación, y yo me quedé sentada, me acerque a la chimenea para avivar las llamas y poner un leño más, y en una loca idea mire a la puerta esperando encontrar ahí parado a Seshomaru, pero como es de esperarse eso no sucedió, de pronto sentí como si alguien estuviera observándome y me di vuelta, la ventana estaba cerrada, pero las cortinas estaban un poco abiertas, camine hasta la ventana y mire hacia afuera, no había nada, pero a pesar de todo sentía que alguien me vigilaba, me dio un escalofrió solo de pensarlo y a mi mente acudió la imagen de Kagura en el barco, cerré de un golpe las gruesas cortinas de terciopelo, como tratando de desechar la idea, había algo en esa mujer que me daba miedo, tal vez la blancura casi fantasmal de su piel o la mirada glaciar y dura que tenía, regrese al sillón y extendí la palma de las manos hacía el fuego, ese sol pensamiento me había enfriado la piel, en ese momento entro Kaede con una taza de té y un plato con pan y mantequilla.
- no puedes tomar té sin un buen trozo de pan con mantequilla.
- Kaede, te dije que solo un poco de té
-nada, te lo comes y no te desveles mucho.
Me beso en la frente como siempre
- buenas noches mi niña, descansa.
- buenas noches Kaede, igualmente.
Y salió de la habitación, me quedé sola, observe el fuego mientras me tomaba mi té, deje de pensar y solo me perdí en el fuego, pasó como media hora, y apague el fuego de la chimenea, tome una de las velas y camine hasta las escaleras y subí a mi recamara, entre y Kaede ya había dejado un candelabro encendido para mi, puse mi vela sobre mi tocador, sobre la cama ya estaba un camisón blanco de algodón, comencé a desvestirme, pero de pronto esa misma sensación de que alguien me observaba hizo que me recorriera un escalofrió por toda la espalda, por inercia voltee directamente a la ventana abierta, camine hasta ella y la cerré, por una extraña razón me asomé y vi una silueta al otro lado del rio, pero en un parpadeo desapareció, me forcé a pensar que era un producto de mi imaginación, cerré las cortinas y apague las tres velas del candelabro y tome la vela que había traído de la sala, la coloque en el mueble junto a mi cama, me metí en las cobijas y me obligue a no pensar, cerré los ojos e intente dormir, mañana sería otro día en un nuevo lugar y aquí comenzarían los días más felices y amargos de mi vida mortal.
Esa noche tuve un sueño muy extraño, esté sueño lo quiero contar ya que con esté sueño realmente comenzó a descorrerse el velo que ocultaba el misterio de mi amado Seshomaru… el sueño comenzó exactamente el día de mi fiesta de cumpleaños, yo bailaba con Seshomaru y de pronto detrás del cristal de los ventanales aparecieron rostros de gente que nos veía con odio y con incredulidad, era como si pudieran olfatear mi miedo y el de Seshomaru, y como moscas atraídas a la miel, se lanzaron contra los cristales haciéndolos añicos, veía como estos monstruos entraban y los cristales volaban por los aires, oculte mi rostro en el pecho de Seshomaru para que no me lastimarán los cristales, el me abrazó y dio un giro para poner su cuerpo entre la ventana y yo, dio unos pasos hacia adentro de la habitación, escuche gritos, risas macabras, mire hacía un lado y vi a esos seres tan blancos como si fueran estatuas de mármol, vestían túnicas negras, algunas estaban raídas, hechas jirones, y me di cuenta de que de su boca brotaba sangre y sus rostros estaban distorsionados por unas risas burlonas, me miraban fijamente como si fuera yo la presa que debían capturar, gire de nuevo la cabeza y vi los cristales que aun estaba cayendo al piso se convertían en manchas rojas, y las paredes estaban escurriendo sangre, y mire a Seshomaru que intentaba desesperadamente alejar de mi a esos seres, su rostro era de furia y odio, llevaba una espada en la mano derecha y la descargaba sobre esas criaturas, y en un instante sentí que me habían atrapado y al voltear vi el rostro de Kagura, ella me sostenía y me arrastraba hacía la escalera, grite con todas mis fuerzas el nombre de Seshomaru, el volteo y al ver que me llevaban escaleras arriba, me indico que me fuera, corrí lo más rápido que pude, Kagura me sostenía, de repente uno de esos monstruos nos salía al paso, para mi sorpresa tenía los mismo ojos de Seshomaru y claro se parecía a él, entonces ella se puso delante de mí, y arremetió en contra ese ser, pero la capturaron, eran demasiados, volvía gritar, esta vez sentí que alguien me tomaba de la cintura y en un rápido movimiento me elevaba cuando volvía verlo era Seshomaru y me di cuenta de que estábamos volando veía como la casa empezaba a caer en pedazos consumida por el fuego y los gritos de las criaturas eran apagadas por el silbar del viento, me aferré a su cuello, fue una sensación tan extraña, sentir el aire en mi rostro y la ligereza del cuerpo, no quise mirar hacia abajo, pero vi las estrellas y la luna que alumbraban el firmamento y me sentí feliz, en ese instante los ojos de ambos se encontraron y no pude evitarlo, su boca abraso la mía en un cálido beso, cerré los ojos y cuando separo su boca de la mía los volví a abrir pero todo había desaparecido, ya no estaba él, en mis brazos había un tronco quemado, grite y lo arroje lejos de mí, con desesperación busque a mi alrededor, pero a donde veía solo había obscuridad, frió, el miedo me invadió en un instante, sentía como mi cuerpo temblaba y la sensación de que alguien te persigue fue más angustiante, comencé a correr sin rumbo solo tenía que alejarme, tropecé y caí al suelo, y al mirar hacia atrás vi unas botas negras, mire hacia arriba para poder ver quién era y solo vi obscuridad, de pronto al incorporarme me di cuenta de que mis manos estaban manchadas de sangre y escuche una risa macabra que llenaba todo el lugar, camine unos pasos hacia atrás y choque con algo, al darme la vuelta era Seshomaru, pero ahora se veía como esas criaturas, pálido, como la cera, sus ojos eran rojos y de su boca brotaba sangre, ahora me veía como un lobo a su presa, me tomo de los brazos, intente liberarme pero entre mas luchaba mas apretaban sus manos mi carne y me lastimaba, comencé a gritar tan fuerte como me fue posible, y me desperté bañada en sudor y llorando, Kaede entro corriendo a mi habitación, cuando comprobé que estaba en mi cama, en mi casa, la abrace con fuerza, aun lloraba y mi respiración era agitada, ella trato de calmarme.
- shhh! Shh!, solo fue un sueño, un mal sueño, tranquila ya paso.
-¡Kaede, fue tan real, tan horriblemente real!
Me acariciaba mi cabeza y yo intentaba contener los temblores y alejar de mi cabeza las imágenes tan horribles que había visto, le conté mi sueño, no me soltó la mano en ningún momento y me escucho con mucho cuidado, cuando termine de contarle todo, ya me había calmado, ella me dijo que era una pesadilla y que solo tratará de respirar, me acomodo en la cama como cuando era una niña y se recostó a mi lado, tarareo una canción de cuna como cuando era niña, acarició mi cabeza y me sentí segura, ahora ya la pesadilla estaba lejos y no podía hacerme daño, lo repetí una y otra vez en voz baja para convencerme a mi misma de que ya había pasado, pero algo dentro de mi alma me decía que eso no había sido un sueño, pero aleje de mi mente esa idea y poco apoco fui cerrando los ojos, escuchaba a lo lejos la voz de Kaede tarareando una melodía, pero mis parpados estaban muy pesados, así caí de nuevo en la inconsciencia del sueño y esta vez agradecí no soñar.
Desperté ya cuando el sol calentaba, eran ya las once de la mañana y Kaede se había ido de mi lado, mire la poca luz que entraba a la habitación por entre las cortinas de la ventana, me estire y me quede un momento viendo el techo de la habitación, y por unos instantes la imagen de Seshomaru acudió a mi mente pero no como yo lo conocía sino como lo había soñado y un escalofrió recorrió mi cuerpo, en verdad era aterrador pensar en él así de ese modo, sacudí mi cabeza tratando de apretar la imagen, aparte las cobijas y me incorpore, me calce las pequeñas pantuflas y camine a la ventana, descorrí las cortinas para que la luz protectora del sol entrara en mi habitación y así los restos de la pesadilla se disolvieran con la claridad del día, estaba a punto de abrir el armario cuando escuche que tocaban a mi puerta, y el rostro de Layla apareció por la puerta, con la mirada fija en el piso y haciendo una graciosa inclinación de su cabeza la invite a pasar.
- Pasa Layla, buenos días.
- gracias amita, vengo a ayudarle a vestirse para bajar a desayunar
- gracias Layla
Se acerco a mí y abrió el armario saco un lindo vestido de lino color rosa, me vestí con calma, y me cepille el cabello y lo recogí con un listón rosa, no pretendía salir ese día de la casa, tenía muchas cosas que hacer en la biblioteca, así que al terminar mi arreglo, salí de mi habitación y baje al comedor, ahí estaba ya listo mi desayuno, Kaede se sentó a mi lado como siempre me miro por un momento.
- ¿te sientes mejor? Te veo un poco pálida.
- sí, gracias, creo que las pesadillas quitan fuerza, quizás es porque me agite mucho, más de lo debido.
- quizás sea eso, me alegra que estés más tranquila
-sí, aunque aún siento miedo de recordar ese sueño… fue tan real Kaede, que hasta llegue a oler la sangre, el aliento fétido de esas criaturas, pude sentir el frió tacto de Kagura en mi piel… no lo sé, tal vez tengas razón y solo es mi imaginación.
-no te preocupes mi niña, mientras esté yo aquí no te pasará nada, yo te cuido.
-gracias, eres mi ángel guardián
Me tomo de la mano y yo le sonreí, termine de desayunar y me dirigí a la biblioteca aún tenía mucho que hacer, así que le pedí a Layla que le llamara a Tarek, y que me alcanzará allá, debía de cumplir con su "castigo", camine por el pasillo y abrí las puertas de la habitación en cuestión, fui directo a las ventanas, descorrí las cortinas y las abrí de par en par, la luz del sol entro eliminándolo todo pude ver con más claridad la cantidad de libros existentes en aquella habitación, mis ojos recorrieron cada centímetro de la estantería, pero algo faltaba, me acerque y me di cuenta de que ese faltante era el libro que el día anterior había ojeado, al principio no le di importancia porque era probable que lo hubiese puesto en un lugar equivocado, había poca luz y no vi bien donde lo puse así que esperé a que Tarek llegase para poder encontrarlo, camine a lo largo de los estantes empotrados en la pared, mis manos los tocaron con mucha suavidad, dentro de esas páginas había más que palabras, eran las vivencias y los pensamientos de cada uno de los autores, había libros de todos los colores y tamaños mire hacia arriba, y llegue a la escalera de caracol, subí al segundo nivel y me di cuenta de que esos libros eran más antiguos que los que había abajo, y había una parte de ellos que estaban en vitrinas cerradas con llave, y solo esas extrañas iniciales "I.T.", y con números romanos los tomos, había muchos, diría miles, estaba tan entretenida que no escuche cuando Tarek entro a la habitación, y me sobresalte cuando escuche su voz.
-Amita, Tarek viene a cumplir su castigo.
Camine hasta el barandal del segundo piso que estaba separado por un escaso metro de las vitrinas y pude ver al muchacho parado en medio de la habitación con un pantalón de manta y una camisola del mismo material. Parecía que era su mejor ropa, me imagine que era la que usaba para ir a la iglesia los domingos, sonreí para mi, debía de darles mejores vestimentas a todos, pero eso lo comentaría después con Kaede, Tarek al escuchar mis pasos volteo hacía arriba pero en el preciso instante en que me vio agacho la cabeza y casi se deja caer al suelo.
- bajo enseguida Tarek-
- si amita.
Era tan extraño para mi ver a otro ser humano hacer reverencias a otro, que no pude más que suspirar, era algo que no cambiaría nunca, esa era la ley del más fuerte, mejor dicho del hombre, así que baje las escaleras y camine hasta donde él estaba, debíamos ponernos a trabajar para limpiar la biblioteca, pero en realidad lo que yo quería era encontrar ese libro que había encontrado anoche.
-Tarek, hoy lo que haremos será bajar todos los libros de los estantes para limpiarlos y luego los acomodaremos por orden, para que sea fácil volver a consultarlos, ¿entendido?
Tarek solo me veía fijamente a los labios, parecía que le costaba trabajo entender que era lo que yo le decía, y pues como era de esperarse, pues él no hablaba mi idioma bien, así que le sonreí, lo tome del brazo y lo lleve hasta uno de los estantes que estaban pegados a la ventana y le mostré que era lo que quería que hiciera, tome un libro y lo puse en el piso y así fui sacando libro por libro y acomodándolo a manera de pilares en el piso, él al verme sonrió y con gran delicadeza empezó a hacer lo mismo, era fantástico poder tener un compañero que no me entendiera, porque no podría interrumpir el mar de ideas y de pensamientos que anidaban en mi cabeza, así lo deje encargándose de bajar los libros y acomodarlos, pasamos casi dos semanas acomodando y clasificando la biblioteca, al menos la parte de abajo, y en este tiempo Tarek aprendió un poco de español así que podíamos comunicarnos más, era listo y aprendía rápido, así que decidí enseñarle a leer, ese sería mi pasatiempo enseñarle a ese chico el maravilloso mundo de las letras, así de esta manera no tendría mucho tiempo para entristecerme por la ausencia de Seshomaru y por la de mi amado Hoyo.
Cuando por fin terminamos caí en la cuenta de que el libro que buscaba no había aparecido por ningún lado, era extraño no haberlo visto, así que decidí que sería bueno que diera un vistazo a la parte de las vitrinas del segundo nivel de la biblioteca, quizás lo encontraría en ese lugar, pero por una extraña razón ese día no lo hice, tenía que dejarlo para la mañana siguiente, fue tal vez que el día era realmente hermoso y un poco soleado, daban ganas de salir a disfrutar de los rayos del sol, me quedé con esa idea en la mente, saldría a buscar a Kaede para que me acompañará a dar un paseo, por la ciudad, había ya pasado mucho tiempo encerrada en esa biblioteca acomodando libros y haciendo un plan para enseñarle a Tarek a hablar y leer en mi idioma; fije la vista en el río y salí de la habitación para buscar a Kaede ese día quería salir y no quería seguir pensando en ese libro –aunque no tardaría mucho tiempo en encontrarlo-, ese día solo quería disfrutar de la ciudad de Nantes.
El sol ya casi está por salir, y aun debo de contar muchas cosas, pero eso será mañana por la noche, aun no me he alimentado, aunque para ser franca ya casi no lo necesito, creo que con la edad los de mi especie dejamos de requerir ese elixir rojo que los humanos nos proporcionan para sobrevivir. Ahora puedo ver desde la ventana de esté frió departamento a los miles de humanos caminar tan aprisa, la actividad comienza, son las 5 de la mañana, y a lo lejos en el horizonte los colores escarlatas y dorados comienzan a verse, creo que ese gran espectáculo del amanecer es reservado para los humanos, pues nosotros los seres nocturnos lo tenemos prohibido; en ocasiones me he arriesgado a verlo, por solo unos cuantos instantes, y puedo sentirme humana y dar gracias por eso, pero solo dura un suspiro y se esfuma, como los sueños al despertar forman parte solo del pasado, entonces tengo que correr y refugiarme para no morir abrazada por sus cálidos rayos, es por eso que debo de parar por unas horas mi relato para ustedes, aun tengo mucho que escribir pero tengo tiempo para dejar esta historia antes de que enfrente mi destino, él se acerca lo puedo sentir, pero hoy no será ese día, hoy no lo veré, así que puedo descansar.
CONTINUARA...
Gracias por los reviews que me han dejado chicas, ojala les guste este capitulo, prometo subir pronto los demás.
