Disclaimer: Ni lo que pienso, ni lo que sé; es mío. Mucho menos Katekyo Hitman Reborn! Es mío sólo aquello que siento.

Advertencias: -DIVISO, un 8059 SEÑOR! -Así es, Smith. Así es...


En Mitad de la Nada

Capítulo 4:Todo lo que tuvimos

Everything We Had - The Academy Is...

Había descubierto la belleza femenina mudando la adolescencia, sufriendo los primeros atisbos de la temprana adultez.

El Jefe y Yamamoto habían estado jodiendo -en todo el sentido de la palabra- sobre las mujeres y el porno -el primero de una manera muy respetuosa y el segundo de forma infantil- desde hacía rato y Gokudera aceptaba con cierta vergüenza que él aún no alcanzaba a entender el sentido lúdico de tales actividades.

La anatomía femenina le causaba cierto sonrojo y quizás un poco de pudor ajeno. Y a lo mejor, un tanto, se sentía cohibido por las suaves formas que tenían los pechos y los muslos y probablemente también las caderas.

Esa ocasión, en el verano de sus diecisiete años (dieciocho, en menos de un mes) en una visita a la playa, se percató que ciertamente había cambiado un tanto. Bajo una sombrilla, resguardado de Bianchi y sus efectos y un par de niños hiperactivos, no pudo evitar notar que bueno… las dos estúpidas mujeres

- Se están poniendo buenas ¿verdad? - recitó Yamamoto, tomando lugar a su lado.

Gokudera lo calló, de un codazo - Como si me importara.

Sin embargo, había de admitir que había caído tan bajo como el zoquete.

Esa noche la cena en la playa fue proveída por el décimo, cortesía de su madre y el absurdo de su padre. Haru estaba contentísima con poder alimentar a Tsuna, así que se abrió lugar entre éste y su mano derecha, esperando represalias del segundo.

Gokudera recuerda haberse sentido bastante azorado por el contacto de piel contra piel que tuvo con la muchacha. Evoca la sensación de su carne estremeciéndose, de los vellos en el brazo erizándosele del puro placer y que junto con la suavidad femínea, había alcanzado a percibir el aroma que exudaba de su cabello. Lo único que hizo, inseguro, fue apartarse de su camino carraspeando con molestia.

Haru extrañada de la falta de reacción de su explosivo compañero, concluyó que quizá Gokudera había madurado un poco.

En lo que restó de su viaje, Haru buscó la cercanía de Gokudera, ya fuera en el transporte o durante la caminata. Estaba intrigada por el repentino cambio y quería enterarse si esto había sido sólo un accidente o si él realmente era otra persona.

Lo que observó la dejó anonadada y obsesionada (como era típico en ella).

El mitad italiano, entre nervioso e inseguro, evadió con cierto disimulo la compañía de la muchacha, cuidándose de no sobre-reaccionar. Así transcurrió el viaje, al menos por parte de los dos adolescentes, de muy tranquila manera.

Al llegar, todos se despidieron y partieron por rumbos disímiles y fue en ese justo momento, cuando las luces mercuriales eran su único vigía, el colérico joven ya no pudo ocultar más sus instintos y encaró a Haru:

- ¿¡Ahora qué quieres, estúpida mujer?!

No había sido agresivo, ni fulminante.

Haru permaneció en silencio, sin saber qué decirle. - ¿Eso es todo? - inquirió estupefacta.

El muchacho suspiró, agraviado.

- Lo siento mucho si esperabas más.

- No - contestó ella, negando con la cabeza. - Creo que… has cambiado Gokudera-san. Y eso me sorprende.

Uno se la pasa no comprendiendo cosas y entendiéndolas cuando tiene mejor razonamiento. Y ésta fue una de ellas: Su corazón latió desenfrenado al verla marcharse.

Gokudera supo entonces que ya no eran los mismos.

Las cosas fueron buenas después de eso.

Se encontraban y se saludaban con distancia y sin miramientos, pero indudablemente con urbanidad. Haru había aprendido a tolerar "¡La MANO DERECHA de USTED, JUUDAIME!", como le gustaba llamarse, y él a "¡TU FUTURA ESPOSA, TSUNA-SAN!". Habían aprendido a vivir el uno con el otro y esto a Tsuna le complacía. Lo cual complacía a Haru y Gokudera.

Un día como de esos tantos el usual saludo de ambos pareció alargarse, hablando sobre Italia, economía y las diferencias históricas entre la Cosa Nostra y la Camorra.

Y ese día ambos concluyeron que ni el uno, ni el otro, era del todo desagradable.

Un día (¿catorce de febrero?) Haru se presentó ante él con chocolates, pidiéndole salir. A Gokudera se le subieron los colores a la cara y estuvo a punto de negárselo violentamente, pero viéndola tan determinada y fuerte, como el décimo; le tuvo que decir que sí.

La primera cita fue extraña. A pesar de saber cómo comportarse con Haru, no podía eliminar de su carácter el mal genio y terminó -casi- golpeando a un mesero. Miaru tuvo que reírse de la expresión aterrorizada del gerente cuando salían del falso y terrible -según el muchacho- restaurante de comida italiana.

Terminaron en la comida china.

A ninguno le importó y más relajados, se rieron a sus anchas del incidente.

A la hora de despedirse, después de encaminar a la joven a su casa, Gokudera quiso aplicar lo que había visto en una de esas absurdas películas italianas de romance que lo hacían vomitar cuando Bianchi las ponía y las veía con Romeo.

Pero cuando quiso acercarse para besarla, el Sr. Haru abrió la puerta de la casa como bólido y lo ahuyentó.

A pesar de que no recuerde bien el lugar, ni la fecha, ni la hora de su primer beso con Haru; sí puede acordarse de que fue excitante. El segundo, adictivo.

Los demás arrebatados. Ahí su descubrimiento de los encantos femeninos. Los senos, las piernas, las caderas. Ahora todo tomaba sentido en su cabeza.

Sin embargo, ninguno de sus besos con Haru los tiene tan tatuados en la memoria como el primer y único beso con Yamamoto.

Había sido tiempo antes, mucho tiempo antes de lo suyo con Haru. Hacía tanto, que lo había intentado ocultar. Pero ahí lo tenía, presente; a pesar de entrar en la categoría de deshecho, junto con el piano. Y esto, esta imagen, es lo que siempre le molestaba cuando paseaba de la mano de Haru y veía ocasionalmente a Yamamoto.

¿Quince años son suficientes para hablarle a alguien de amor? ¿Cuándo es que los niños empiezan a dejar de lado la inexperiencia propia de la infancia y empiezan a pensar en las relaciones sentimentales (quizás aún de una manera idealizada) y en todos los placeres que estos conllevan?

¿Su descubrimiento de Haru había sido, a lo mejor, el salto de su ignorancia pueril tardía a las vicisitudes de la adolescencia, de una semi-adultez?

¿Pero cuándo era que Takeshi se había dado cuenta de él? ¿Cuándo?

- ¿Me dejarías besarte?

Lo había susurrado muy bajo, quizás no tanto con la intención de que nadie escuchara, sino evitando importunar a cualquier persona durmiente en el autobús. Era tarde, el viaje del curso se había prolongado demasiado y habían tenido que esperar a que el encargado arreglara un acuerdo con otro transporte. El cabezota había terminado compartiendo asiento con él y Reborn se las había arreglado para que Tsunayoshi terminara en calzoncillos junto con Sasagawa Kyouko.

- ¿Estás mal de la cabeza?

Ambos estaban cerca, muy cerca. Los asientos eran lo suficiente angostos para eso. Hayato intentaba verle el rostro, pero con la poca luz no atinó más que escuchar una risita reprimida.

- Sólo estaba pensando…

- ¿En que estás… malo del seso?

- No… - risas - en que me gustaría estar así, contigo, siempre.

Gokudera no daba crédito a lo que escuchaba.

- ¿Qué? No me jodas, idiota.

- No, de verdad – pidió el adolescente, cada vez más cerca. – Sólo uno.

A pesar de negarlo repetidas veces, cuando el aliento del beisbolista le rozó el labio, Gokudera no retrocedió ni un milímetro.

- No – repitió, enojado.

El mundo ya no estaba. Sólo estaban los labios de Yamamoto. Y su cuerpo tan cerca, pero tan próximo, que era incómodo. La cruz en su pecho se le clavaba con un dolor incandescente. No recuerda ni lengua, ni saliva, sólo respiración y palpitaciones. Latidos que se aceleraban.

Gokudera obvió la inexperiencia de ambos, por la forma tan repentina en que se distanciaron. Yamamoto murmurando un "Gracias" entre respiraciones entrecortadas (probablemente de excitación) y a sí mismo derrumbándolo del asiento, con el ceño fruncido.


Everything we had... is no longer there. Todo lo que tuvimos... ya no está ahí.

TBC


Gracias a Chetzahime y a mi beta Zelfa, LOL. Es el penúltimo capítulo. Falta uno y esto se acaba |D. YAY! Si algo no te gusta o te desagrada sobremanera. Kill me virtually with your words, baby! Ohnoes.