¡Buenas tardes!

Con toda la satisfacción del mundo, os anuncio que ¿Vacaciones de verano para mí...! ¡Por fin! Pensaba que nunca llegaría este día, el día en que diría... c'est fini! Que largo se me ha hecho este curso, y en setiembre aun me tengo que presentar a un examen... uff... pero mejor pensar que mañana por fin iré a la piscina.

Me parece que ya es tiempo que conteste a los reviews:

ZarethMalfoy: ya ves que no era broma, la uni es dura y hasta que no he acabado no ha sido posible actualizar. Enfin... espero que te guste la poción y el capítulo, y no te emociones... que ya habrá tiempo xd

silviota: no me han ido mal los exams, de momento he aprovado 4 y me faltan por saber 3 notas... así que ahí vamos xd Aquí tienes el capi ;)

satoshi-taicho: me ad a mi que te llevarás una sorpresa al ver la poción xd a leer.

alumna: gracias por todos tu halagos, guapísima, para eso estamos, para colgar una conti que seguro que le gustará a mi alumna preferidaaa. A Hermione le pasan ciertas cosas que se desvelaran en los príxmos capis, y si, un desmayo puede derivar a peor y quedarte una semana en la infermeria. Enfin... leee xd

Os tengo que anunciar que nose cuando podré colgar el capi 5, además que he de escribir más capítulos... pero es que no voy a tener casi nada de tiempo, porque voya estar ocupada con el curso de monitora todos los dias hasta las 8 y media de la noche... así que ir mirando hasta que cuelgue la conti un dia de estos xd Espero que os guste esta parte, ya que aquí pasan muchas, muchas cosas...

Y recordad que este fic es ÚNICO de su autora y está PROHIBIDO plagiarlo, copiarlo o cualquier otra cosa.

Para entender el fic:

* ... * son flashbacks

- .... - son conversaciones

Las cursivas son contraseñas

Los personajes no son mios, son de JKRowling, una gran escritora.


Capítulo 4. Lágrimas

- Amortentia, esa es la poción que llevareis a cabo durante los dos meses antes de Navidad. Es una poción que suele pedirse en los EXTASIS, así que os tendréis que poner las pilas. Ahora os dejo los ingredientes de la primera fase y empezáis. Poneros por parejas, por favor. – acabó por decir el profesor Slughorn.

Esto es una pesadilla, seguro… yo con el maldito hurón durante todo el curso, y encima empezando por esta poción, justo esta poción. Me armé de valor, leí toda la pizarra al completo y me levanté para dirigirme hacia el armario, pero vi que Malfoy volvía con los ingredientes que se necesitaban. Él llevando la delantera, que rabia me daba… Se sentó con su porte característico y se giró hacia mí, clavando sus ojos en los míos.

- Granger, vamos a ponernos manos a la obra, que si no nos quedaremos los últimos.

- Ya lo iba a hacer, hurón.

- No he oído nada.

- ¡Que ya lo hago, Malfoy! – grité histérica. Él esperaba una reacción así, ya que empezó a reír, y no era para menos. Toda la clase me estaba mirando y el profesor se encontraba delante de nuestra mesa.

- No me puedo creer que pierda los estribos con un alumno como el señor Malfoy, señorita Granger. Espero que no se repita.

- Si, señor.

Me hervía la sangre, la furia invadía todo mi ser. Apreté los puños fuertemente debajo de la mesa y me intenté serenar, aunque era difícil teniendo a mi lado un compañero que aun sonreía por mi error. Con una fuerza de voluntad tremenda me encaré a él.

- Malfoy, déjame colaborar algo.

- Si claro, Granger, y llevarte todo el protagonismo tú, ¿no?

- Malfoy, no me hagas perder la paciencia.

- No me la hagas perder tú, sabelotodo insufrible.

- Bien, veo que tendré que recurrir a otros métodos – y cogí la raíz de olivo y la introduje a la poción.

- ¿Qué haces? – me dijo, mirando como me ponía con la poción a enviar hechizos contra el caldero – quita de ahí, Granger.

- ¿O qué, qué me vas a hacer? – le desafié.

- No me tientes, Granger, no me tientes y estate por la poción – y era verdad, se acababa el tiempo y salía demasiado humo del caldero. Intenté solucionarlo pero aun salía más, así que Malfoy me apartó y con un conjuro no verbal dejó de salir humo. El profesor, que se encontraba detrás de él, aplaudió.

- Menos mal que estaba el señor Malfoy para salvar la situación. Parece que tenemos la mejor poción aquí – y señaló nuestro caldero – dejarlo como está todo y limpiad todo.

Limpié toda la mesa y me fui corriendo hacia la puerta, la abrí y salí por piernas de allí. Corrí sin detenerme, sin pensar que clase tenía, solo pensaba en llegar a un destino, uno donde pudiera descargar toda la ira que sentía en mi cuerpo y que sabía que si no lo hacia, alguien iba a pagar mi mal humor. Al fondo del pasillo por donde había salido notaba que alguien corría hacia mi dirección, lo que hizo que acelerara mi paso, casi ahogándome por el esfuerzo que hacia. Por fin llegué a mi destino, el baño de Prefectos y también Premios Anuales.

Entré y me senté en el suelo, donde rompí a llorar. Maldita sea, no lo soportaba, no podía con él, ¿Qué era lo que me pasaba? Llevaba 7 años soportando a ese idiota, y ahora me derrumbaba. ¿Yo me llamaba la chica lista? No lo era, ni mucho menos.

Así seguí, derramando lágrimas hasta que mis ojos, escocidos, pararon y me deparé que eran las once y que estaba a punto de llegar tarde a mi siguiente clase, Aritmancia, que también la compartía con ese vejestorio. Me encaminé hacia el aula, sin haberme mirado antes al espejo, ya que cuando llegué ala puerta toda la multitud que se encontraba allí me miraban con los ojos saltones. ¿Tan mal iría? Desvié la mirada de la multitud en cuanto vi que la puerta de la clase se abría. Me volví a sentar en primera fila y estuve atenta en todo momento a las explicaciones de mi profesora preferida, la profesora Vector.

Así fue pasando el día, entre clases y más clases. Encima no me dio tiempo de ir al Gran Comedor a comer algo al mediodía porque ya tenía una redacción por hacer. Claro, esto sacó críticas por parte de mis amigos, pero yo, acostumbrada, hice caso omiso.

La última clase de la tarde se me hizo eterna, aunque no era muy complicada. Transformaciones era compleja, pero interesante en lo esencial, sobretodo este año, con el que por fin podrían practicar la animagia, un terreno en el que yo andaba un poco perdida pero entusiasmada. Pero la eternidad aun se acrecentó más en cuanto nos pusimos a practicar los hechizos elementales de sexto. A mi me salían todos a la primera y estaba más de observadora que de alumna. No desvié la mirada en ningún momento a los compañeros de la sala, pues sabía de antemano que también había gente de la casa de las serpientes.

Al salir del aula, fui hacia el Gran Comedor. No podía soportar el hambre que tenía, así que apresuré el paso y llegué la primera. Estaba llenísimo y me tuve que hacer un sitio para sentarme entre Ginny y Seamus. Empecé a comer pausadamente mientras escuchaba la conversación sobre quidditch. Aburrida, miré hacia delante y vi a los Slytherin murmurando algo. Ginny se percató de mi mirada, ya que desconectó de la conversación.

- Ey, Hermione, ¡Hermione! – me llamó.

- ¿Qué quieres? – le chillé, provocando que toda la gente se volviera a girar hacia mi posición, incluido cierto rubio.

- Yo nada… - balbuceo Ginny como pudo. Los estudiantes volvieron a entablar conversaciones entre ellos, pasando de nosotras dos. – A ver, Hermione, ¿Qué hacías observando a Malfoy?

- ¿Qué? – me quedé a cuadros.

- No me lo niegues, si hasta él te está mirando ahora.

- ¡Qué! – no me podía creer lo que decía Ginny, ese hurón mirándome. Disimuladamente, miré hacia delante y lo vi, con su mirada clavada en mis ojos. Sonrió y giró la cabeza, hablando con Blaise Zabinni.

- ¿Lo ves? Esto es muy extraño, el príncipe de Slytherin mirándote.

- ¿El príncipe de Slytherin? – saltó el hipócrita de Ronald Weasley. - ¿De quién hablas, Ginny?

- De nadie, hermanito, de nadie.

- ¿De quién? – ahora se metió mi mejor amigo, como siempre.

- De nadie, repito – pobre Ginny, que martirio.

- Si no paráis de mirar a la mesa de las serpientes. ¿Espera, no estaréis hablando del hurón? Ginny, respóndeme ya – yo como si estuviera invisible para mi exnovio – ¿O espera, no será la zorra ésta la que se interesará por ese imbécil? – lo dijo, mirándome a mí.

Ginny se quedó a cuadros, Harry parecía inmóvil y todas las mesas del comedor habían callado.

- Eso si que no te lo consiento, Weasley. Hasta aquí hemos llegado – y me levanté y me fui del comedor, arrancando miradas de todos los presentes. Cuando me encontré en el vestíbulo, volví a correr hacia mi torre, sin detenerme cuando sentí que me volvían a seguir. Como siguiera así, iba a batir el récord de maratón, aunque dudaba que supieran que era eso.

Dije la contraseña, entré a la sala y me derrumbé contra el sofá. No podía más, primero Malfoy con la maldita clase de pociones, después con Weasley en el comedor… ¿Es que nadie me va a dejar en paz? Esto último lo dije en voz alta, sin tener en cuenta que el retrato se había abierto y que entraba un altivo rubio platino por la puerta. Me volvía a acurrucar contra el sofá, sin tener en cuenta que el chico venía derechito hacia mí. Escondí la cabeza entre mis piernas, evitando así el contacto visual con él que me hacia tanto daño.

De pronto sentí que el sofá se hundía un poco más, supongo que se habría sentado el ojigris. Mi corazón se empezó a alterar, mandando sangre a bombas por todo mi cuerpo. No entendía nada, no entendía porque me ponía así, ya que parecía que iba a explotar… Pero mis lágrimas no se detenían y mi cuerpo estaba temblando, nuevamente. Entonces una mano apresó mi cara, desenterrándola del pozo de mis piernas y girándola hacia su dueño. Otra vez esos ojos me miraban. Ya no se cuantas veces había ocurrido eso durante todo el día. La mirada penetrante me atravesaba, el metal se derretía ante mí. Draco Malfoy me volvía a mirar, pero no decía nada, solo me observaba y yo no era capaz de decirle que me soltara, que él era un motivo de mi sufrimiento.

Pero tal y como empezó, todo acabó. Su mano cayó, su mirada desapareció. Se levantó y se dirigió hacia su cuarto, sin desearme buenas noches. Y me volví a quedar sola, sin nadie, como creía que estaría durante todo el curso. Lo que no entendía era el comportamiento de Malfoy. Tanto me jorobaba una clase como me miraba fijamente sin miramientos delante de todos los estudiantes como después me intentaba demostrar algo, pero ¿qué? Ese era el quid de la cuestión.

De ese modo, acabé con mis ojos cerrados hasta que en la sala volvió a entrar luz. Nada más abrir mis párpados me di cuenta que estaba tapada con una manta, aunque no se quién me la había puesto. Me desperecé abriendo mis brazos y bostezando, pero al instante cerré la boca, por si Malfoy me había oído.

Me levanté del sofá y me encaminé a la habitación, donde me di una ducha, me vestí e incluso, al mirarme al espejo, me vi guapa, cosa rara en mí. Me cepillé el pelo, me puse un poco de gloss en los labios y salí de allí con la mochila en mano. Llegué antes de lo previsto al comedor y me situé con Seamus y Dean para comer algo. Al cabo de unos minutos hicieron aparición Harry y Ginny, cogidos de la mano. La verdad, se les veían genial, por fin juntos mis dos mejores amigos. Me alegraba mucho por ellos, ya que ambos habían sufrido y se merecían vivir un poco de felicidad. Ambos se sentaron enfrente de mí y me miraron fijamente.

- Vamos chicos, soltadlo ya – les dije, ya que hacían unas caras…

- Pues mira, Hermione, creemos que el comportamiento de Ron y el tuyo no es nada correcto. De hecho, desde que lo dejasteis, parecemos dos lechuzas a vuestro entorno.

- Si, y claro, ya estamos un poquito hartos, sobretodo de ti, que no pones nada de tu parte para que esto se solucione – me espetó mi mejor amiga

- No me lo puedo creer. ¿Me estáis diciendo que lo arregle con un tipo que me tacha de zorra? – esto era demasiado para mi. Presioné mis manos debajo de la mesa, convirtiéndose en puños por la rabia. Harry se quedó blanco, supongo que no se esperaría una reacción de mi, la estudiosa y buena de Hermione Granger – Pensaba que erais mis mejores amigos, pero veo que me equivocaba. – dicho esto cogí mi mochila y me levanté, pero al hacerlo, una carta me cayó en la mesa. La cogí y me la guardé, ya la leería mas tarde. Ahora tenía que desaparecer de ahí, de esos que había creído que eran amigos míos.

Durante toda la mañana estuve atenta a las clases, que fueron mucho mejor que las del primer día. Y por la tarde más de lo mismo, siempre acompañada por algunos de mis compañeros de la casa o de otras, exceptuando la de las serpientes. De ese modo, acabé haciendo una montaña de deberes en mi habitación, para desconectar de la realidad. Los acabé en una hora, batiendo mi propio record. Acabé estirada en la cama y cayendo nuevamente, de tan cansada que me encontraba.

Así fue pasando la semana y el primer mes, sin ningún cambio relativo, aunque me había quedado sin mis dos mejores amigos, que ahora se pasaban todo el rato pegados al estúpido de Weasley. Yo estudiaba sin parar, y eso se notaba de cara a las primeras notas de los trabajos. Otra cosa que no había cambiado era mi relación con Malfoy, es más, nos ignorábamos. Pasábamos tan poco tiempo juntos que no nos decíamos nada. En clases solo nos sentábamos juntos en pociones, ya que en las otras me escabullía.

En el desayuno me dispuse a escribir una carta a mis padres para informarles sobre mí, ya que se habían preocupado de hacerlo a primeros de curso. Empecé a escribir pero otra carta me cayó del cielo. De repente, toda la mesa de Gryffindor se quedó mirando hacia mi posición y no sabía el porqué. Hacían cara de aterrados, algunos pena… cogí la carta y la abrí con cuidado. La leí entera pero no podía creer lo que ponía allí. Lentamente me levanté de mi sitio y salí corriendo del comedor, justo cuando Malfoy entraba por allí, que me echó una mirada de susto. Empecé a correr, sin dirección alguna, hasta que encontré una puerta de salida hacia el exterior. Volví a sentir que unos pasos me seguían, cada vez más cerca de mí, así que aceleré mis pasos hasta llegar cerca del lago. Maldita mi suerte que tropecé y me caí al suelo, dando tiempo a mi perseguidor a que me cogiera. Me levanté e intenté seguir con mi huida pero una mano me giró hacia atrás. Una mano gélida, un contacto que jamás pude olvidar, que me arrastro hacia él. No pude más y mis ojos se empezaron a humedecer, sin importarme que el alumno que me había agarrado fuera mi peor enemigo, aquél con el que convivía cada día, el que había hecho de mi vida un infierno durante siete años. Me intentaba soltar pero mis esfuerzos fueron en vano. Así me acabé arrodillando contra el frío suelo, llorando a lágrima viva sin que nadie me pudiera parar. Mía fue la sorpresa en ver, entre mi mar salado, como mi compañero se arrodillaba junto a mí, me cogía con sus brazos y me abrazaba cuidadosamente. No pude hacer más que apoyarme en su pecho y esperar a descargar todo lo que llevaba dentro.


¿Que pasará cuando Hermione pare de llorar? ¿Como reaccionará Draco al ver lo que está haciendo?

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No es bueno recrearse en los sueños y olvidarse de vivir