No podría estar segura del momento exacto en que mi consciencia volvió a su sitio. Pero fue el viento pegando contra mi cara y revoloteando mis cabellos quien me hizo volver a ser consciente de la realidad.
El suave andar de un par de pies hacía que mis ideas golpearan contra mi cabeza a cada paso. No era un movimiento brusco, sino tan sólo que mis sentidos parecían estar agudizados por el momento.
Intenté abrir los ojos, pero mis párpados se negaban a moverse.
Una nueva brisa me hizo estremecer, regresando a mi cuerpo un leve vestigio del frío que había sentido... ¿Hace un rato? ¿Todo eso había sido real? Nuevamente me parecía estar siendo la estrella de uno de los más espectaculares sueños. Pero había un personaje que parecía querer hacerme competencia por el papel principal, y ni siquiera era un ser vivo.
Recordaba la sangre, mucha sangre. Y era mía. La recordaba esparcida por mis manos y mi ropa; también por el suelo a mí alrededor. Nuevamente debía hacerme la pregunta: ¿en verdad todo eso no había sido más que un simple sueño?
¿Y qué era lo que estaba ocurriendo ahora?
El viento sopló nuevamente, y esta vez el acto inconsciente fue más fuerte que la reacción racional. Sin pensarlo me acurruqué sobre la rara superficie en la que me encontraba, y un par de brazos debajo de mi cambiaron su posición para aferrarme más cómodamente.
Un poco idiota por mi parte, pero fue recién en ese momento en que me percaté de que alguien me estaba llevando.
Ahora con mas ansias que antes intenté abrir los ojos, pero estos aun se resistían. Es que estaba tan cansada.
Por alguna razón, ahora todo regresaba a mi mente. Definitivamente el haber despertado en aquella tumba no había formado parte de ningún sueño. Y tampoco cabían dudas de que esa sangre que se encontraba en el centro de mi mente era mía. Lo más probable era que si habría los ojos me encontrara con mis manos manchadas y con la ropa sucia.
¿Pero con qué más?
Intenté sentir algún aroma, pero no había rastros de nada, o al menos nada que yo pudiera identificar.
Mi cuerpo parecía más pertenecer a otra persona que a mí misma.
Sin saber qué mas hacer, me volví a acurrucar contra el fuerte cuerpo que me llevaba y dejé que pasara lo que tuviera que pasar.
No estoy muy segura de cuánto dormí, pero en mi opinión mi cansancio bien podría haber hecho que durmiera dos días enteros.
Ni bien abrí los ojos recorrí con ojos escrutadores la habitación en la que me encontraba. Tuve una sensación de reconocimiento al instante, aun cuando estaba segura de que nunca antes me había encontrado en aquel lugar.
En cuanto estuve segura de que no había nadie a mí alrededor, me puse a pensar. Esta vez no hacía falta que me estrujara la cabeza para recordar lo que había ocurrido. Rápidamente alcé ambas manos para observar el lugar en el que rato atrás se encontraban las heridas que tanto me habían debilitado. Sin embargo, mi piel se encontraba tan sana como había estado el día anterior o incluso mejor.
Era imposible no volver a dudar nuevamente luego de eso. ¿Acaso había sido un sueño? O tal vez una parte de toda la historia lo había sido, ya que yo seguía estando en una habitación desconocida y no tenía la mas mínima idea de cómo había llegado hasta ese lugar.
Solté un suspiro, pensando que lo mejor sería finalmente levantarme y regresar a mi casa de la forma que sea. Pero antes de hacer otro movimiento escuché algo. Eran ruidos intermitentes que parecían provenir de algún lugar fuera de la habitación. Parecían estar cada vez más cerca, pero al mismo tiempo me daba la impresión de que se encontraban mas lejos de lo que yo suponía.
Tan sólo unos segundos más demoré en percatarme de que eran pasos. Pasos que se acercaban más y más a donde yo me encontraba.
Alcé asustada la vista hacia la puerta en cuanto sentí que los pasos se detenían al otro lado de la vieja tabla de madera.
Me mantuve inmóvil mientras el pomo daba vueltas, y aun más cuando la puerta comenzó a abrirse.
Sin embargo todos esos sentimientos fueron sustituidos por la sorpresa en cuanto vi a la persona que entraba en la habitación. Aquellos perfectos dientes me mostraron una ligera sonrisa mientras la puerta se cerraba sin ayuda de nadie.
-Hola, pajarito –comentó el vampiro de ojos negros.
-Damon –susurré soltando un suspiro mientras una sonrisa iluminaba mi rostro. Al fin, luego de unas cuantas horas, me sentía segura.
