A,En el capítulo anterior…
-Son celos-escuché la voz de Yukari.
Celos. ¡Demonios! Yo no siento celos, es sólo que no quiero que hable con él y que mucho menos lo mire. ¿Lo ven? No son celos.
Maldición.
Solo esperaba… Solo esperaba que él no se haya fijado en su aroma dulzón.
Si no, todo estaría perdido…
"Mi pasión"
¿Café o Helado?
-Ya sabes que Tsubasa es algo especial…-miré a Taro mientras tomaba la taza de chocolate caliente. Después de aquel incidente, y secarnos, vinimos al café que Taro me había invitado, aunque yo lo cambié de inmediato por una taza de chocolate caliente. Hace algunos minutos él trataba de justificar el comportamiento celoso de Tsubasa sin éxito.-¿Sanae? ¿Sanae?-Sinceramente no entendía el por qué de su reacción. ¿Acaso estaría celoso? ¿De qué? ¿De qué yo no saliera con él? ¿De Taro? ¡Imposible! No hay ningún motivo por el cual él esté celoso de Taro, ni por ningún otro. Ni siquiera me ha dicho que es lo que siente o piensa respecto de mí, y es algo fastidioso. Me tiene en una nube y de repente me suelta al abismo, y para colmo ¿Le dan celos? ¡Por favor, qué fastidio!
-Dejemos…-le miré, él me observaba atento- dejemos de hablar de Tsubasa-terminé por decirle, mostró un leve deje de sorpresa y me sonrió. En un instante el camarero vino a la mesa y nos dejó dos porciones de tarta de fresas. Miré a Taro quién sonreía, seguramente por mi expresión de felicidad.
-Amo las fresas-le confesé algo abochornada.
-Lo sé-me dijo- Por eso las pedí, además a mí también me gustan las fresas-me confirmó. Miré el postre que se lucía ante mí, tomé con el tenedor aquella fresa que se lucía coqueta encima de crema pastelera y me lo comí de un bocado. Levanté la mirada, y Taro me observaba sonriente.
-¿Qué?
-Tienes crema.
-¿Dónde?-me pasé la servilleta por la boca. El negó sonriendo.
-Ahí-sentí su mano en mi piel sacando la crema, un gesto delicado. Y se la comió. Aquello se sintió… agradable.
Reí débilmente.
Él me siguió.
Y ya ambos carcajeábamos sin parar.
Taro era una de ésas personas con las que podías reírte en cualquier lugar y sin importar nada, ni nadie. Y reír era lo que más me faltaba en estos momentos.
-¡Oh, vamos! ¡No me mires así!-le reproché. Yukari me observaba enojada, con los brazos cruzados y golpeando rítmicamente y de forma leve el piso con su pie. Alzó una ceja.
-Pudimos haber evitado todo esto-rodé los ojos.
-No Yukari, no podríamos haberlo evitado-le contra ataqué. La escena que había ocurrido hace un rato no había pasado desapercibida para nadie del Equipo, y mucho menos para nosotras. Y esto era algo que ya nos confirmaba el cien por ciento de nuestras dudas.- A Tsubasa le gusta Sanae-le dije.
-Kumi-me llamó- Eso se sabe desde hace un montón de tiempo.
-¿Pero de qué sirve que se sepa, sino va a hacer nada?
-Kumi, éste tema no nos compete. Dejemos que esto pase a su debido ritmo…
-¡No!-le interrumpí. Yukari se sentó en su cama y me miró algo cansada. ¿Es qué acaso no lo entendía?- Ésta es la oportunidad perfecta, para que Tsubasa vea lo que se está perdiendo.
-¡Estaríamos ocupando a Taro! ¡Jugando con sus sentimientos!-Bien, en eso tenía algo de razón.
-Taro, sabe perfectamente que a Sanae le gusta desde hace mil años Tsubasa. Es culpa de él que le guste Sanae sabiendo a qué atenerse-me pasee por su habitación. ¿Cómo no lo veía? ¿Cómo no entendía la situación?
-Nadie elige de quién enamorarse. Y Taro no es la excepción.
-Solo a alguien como a él le pasa.
-A ti también te pasó-Golpe bajo- Se notaba a leguas que a Tsubasa le gusta Sanae, aunque él no lo asimile por completo. Y aún así, te enamoraste de él-¡Vaya! Eso había sido como si mil cuchillas se clavaran en mi espalda.
Y tenía toda la jodida razón.
-¿Es que no lo entiendes? Tsubasa se dará cuenta solo, es peor si Taro está involucrado en esto. Son años de amistad los que se verían en riesgo, y Taro saldrá muy lastimado. Porque todos sabemos que Tsubasa y Sanae, terminarán juntos. Tarde o temprano.
-No-le volví a llevar la contraria. La miré y me senté en su cama, al lado de ella-Tú no lo entiendes. Sanae se merece que Tsubasa se dé cuenta de que le gusta y que tiene que hacer algo… ¡Y luego! Una persona como Taro, que es bueno y muy simpático, está detrás de ella. Si Tsubasa no se da cuenta o si la pierde, ahí estará Taro para hacerla feliz.
Me tomó las manos.
-No podemos forjar los sentimientos-me miró.-Kumi, sé que aún te gusta Tsubasa, puedo notarlo. Y sé que quieres hacer esto para que la relación de Sanae y él empiece luego…
-Yo no…
-Lo único que quieres es verlo feliz ¿Cierto?-asentí algo triste-Pero no podemos intervenir, tenemos que dejar que las cosas pasen, ten por seguro que podemos ayudar a Sanae con algunas cosas pequeñas, pero al final, la cosa es entre ellos. Lamentablemente, Taro ya está involucrado y no creo que salga todo tan bien de esto…-me dijo como si hablara con una niña pequeña-Ven-me abrazó.- Anda, libérate, aquí no está Sanae, solo estoy yo.
Y lloré.
Lloré como si la vida se me fuera en ello, hipando a cada momento, mientras trataba de decirle algo. Lo único que quería era ver a Tsubasa feliz, y para ello debía estar con Sanae, a quién descubrí que era una persona maravillosa.
Y lloré.
Porque en el fondo deseaba ser yo ésa persona.
-¡Tsubasa! ¡Es hora de levantarse!-se revolvió en la cama, no quería ni salir de ella. No después de lo que había ocurrido ayer. No después de haber pasado la noche en vela, pensando en qué carajos había hecho.- Tsubasa-se sentó en la cama apenas su madre entró a su habitación- Vamos hijo que tienes que ir al Instituto-y sin decir más ni menos salió, diciendo que se iba a preparar el desayuno. Se levantó lentamente, y sin ánimos algunos cambiándose del pijama al uniforme del Instituto.
¿Por qué?
¿Por qué carajos Sanae tenía que hacerlo sentir así? ¿Por qué, siendo Taro su mejor amigo, sentía unas ganas incontrolables de tomarlo del cabello y estamparlo sin parar contra una pared? ¿Por qué demonios no podía estar tranquilo?
¡Vale, ya! ¡Qué le pasaba un montón de cosas con Sanae! Pero aquello era diferente, era nuevo a todo lo que había sentido con ella antes, era inexplicable, era… ¡Nuevo!
No eran ésas ansiedades intranquilas, ni ésas cosquillas en su estomago, ni mucho menos el sentir las manos sudadas constantemente o el hecho de que las palabras se tropezaran en su boca cuando trataba decirle algo bueno o que haya llamado su atención, sobre ella.
No, en lo absoluto.
Se sentía furioso, mucho peor comparado cuando perdía un partido. Se sentía ofuscado, el ver como Taro y Sanae se sonreían alegremente, le enervaba de una forma incontrolable. Se sentía impotente, intranquilo, furioso, débil, exaltado y por sobretodo, con mucho miedo.
No quería ni pensar que entre Sanae y su mejor amigo, empezara a haber una relación. No lo quería ni imaginar, porque al fin y al cabo, entre Sanae y él pasaba algo ¿No?
¿Cierto que pasaba algo?
Vale ya, estaban las miradas que se dirigían sigilosamente, las sonrisas cómplices, los sonrojos, ésas tomadas de mano de improviso, o ésos dos abrazos que sin motivo aparente se dieron una vez pero que eran muy agradables.
Si pasaba eso, quería decir que pasaba algo ¿No?
¡Tenía que ser así!
Se revolvió el cabello de forma desesperada.
¡Mujeres! ¡Él no tenía idea de por qué existían si era solo para hacerle la cabeza un manojo de nervios! A él, no sé, se le daba bien jugar fútbol, algunas materias, aconsejar a sus amigos, animar a su equipo, tenía fuerza de voluntad, valentía, carácter, algo de personalidad, pero vale, que cuando le ponían a Sanae al frente, no sabía cuánto era dos más dos y le daba un terrible dolor de cabeza por todo lo que ella provocaba en él.
"Sanae" pensó desconcertado, y una sensación de cosquillas invadió su vientre.
¿Por qué le pasaba eso cuando pensaba en ella?
¿Acaso eran las famosas llamadas mariposas?
Y se sonrojó.
Estaba captando perfectamente que le pasaba con ella…
-¡TSUBASA!-el grito enfurecido de su madre lo trajo a la realidad, tomó su maletín y llevó su balón de fútbol de forma inmediata a la cocina, donde su madre estaba preparada para darle un gran sermón por su irresponsabilidad ante el Instituto. No era su culpa, era culpa de Sanae por colarse en sus pensamientos.
Todo se estaba volviendo un gran problema.
En situaciones desesperadas, medidas desesperadas.
Apenas entró pudo sentir lo denso del ambiente, su espalda recargada por aquellas vibras desconcertantes. Sin prestarles atención se fue a su pupitre, dejo el maletín al lado del colgante de su mesa, y se sentó. Apenas dirigió su vista al pizarrón pudo ver a Yukari, Ichizaki, Morizaki, Mamoru, Teppei y Hajime observándola como si fuera un animal raro y que estudiaban interesados sus movimientos desconocidos para ellos, y como si en algún momento fuera a hacer algo impresionante.
Alzó una ceja dudosa.
Y entró Tsubasa a la sala, pues si antes estaba tenso el ambiente, ahora lo estaba mucho más, impresionantemente más.
No sabía si sentirme ofuscada o feliz por su reacción de ayer, solo sabía que mi cuerpo nuevamente me traicionaba. Otra vez mi corazón latía tan apresurado que sentía que en cualquier minuto me iba a dar un paro cardiaco, mis manos sudadas, mi pie empezaba otra vez con ésos golpeteos rítmicos y sentía que el aire me faltaba.
Odiaba sentirme así.
¡Y aparte sentía que me iba a hacer pipí ahí mismo! ¡Qué plancha!
-Tsu…-quedé con las palabras ahogadas en mi boca.
Pero de un segundo a otro, es como si el tiempo se hubiera parado junto con el latir de mi corazón. Todo se detuvo, no hubo nada, ni nadie, solo mi Sanae interior gritando de rabia e incomprendida. Pude ver como Tsubasa saludaba a los demás, y pasada por mi lado, sin mirarme, sin golpearme la cabeza como lo hacía a veces, siguiendo de largo, sin decir nada.
Ignorándome.
Fue un gesto tan mínimo, tan corto, tan sencillo.
Tan doloroso.
Nunca, nunca Tsubasa me había ignorado de ésa forma, me sentí… me sentí… Me siento… Horrible.
El corazón apretujado, tan fuerte, tan fuerte, sentía que en cualquier minuto explotaría, sentía ése estúpido nudo en la garganta que te quiere decir que no importa cuánto llores, ni cuanto grites, ni patalees, seguiría ahí para amargarme la existencia. Los latidos de mi corazón eran lentos, fuertes, podía escucharlos, latir con tristeza, sentía el retumbar en mis oídos, la necesidad de tomar bocanadas, y bocanadas de aire.
Y llorar.
Y justamente cuando alcé la mirada, vi a los chicos observar con reproche a Tsubasa, a Yukari con el rostro angustiado, y dirigiéndome una mirada de compasión.
Y justamente cuando sentía que me iba a derrumbar, a estallar por no saber en qué parada estábamos, justamente, cuando me iba a voltear para decirle a Tsubasa que era un imbécil, un completo idiota, y que yo no iba a esperarlo. Justamente, escuché su voz, sentí su aroma, su presencia, su calidez y su amabilidad en el aire.
-Buenos días Sanae-me miró sonriendo alegre.
-Buenos días Taro-y no sabía por qué demonios me había sonrojado.
-Es un imbécil…-dijo enojado.
-Ése imbécil es tu mejor amigo…-contestó Morizaki.
-Eso no quita que sea un imbécil…-respondió enojado Ichizaki.- ¡Está ignorando a nuestra hermanita!-dijo susurrando bajo para que solo los que estuvieran a su alrededor escucharan.
-Que te escuche Sanae diciéndole así aún, y te dirá que eres el mono más ridículamente lindo que ha conocido-respondió Teppei algo sonriente. A pesar de que Sanae no lo supieran, seguían mirándola como a la hermana pequeña del equipo, a la pequeña enana que había que cuidar, y que había que velar por ella, y esperar milagrosamente que Tsubasa se diera cuenta de la chica que se estaba perdiendo por andar pensando en fútbol.
-¡Oh, vamos! Yo pensé que se daría cuenta con lo que pasó ayer-Hajime miró a Mamoru y ambos asintieron desganados.
-Al parecer el único que se ha dado cuenta de algo y está jugando en serio…
-Es Taro…-respondió Mamoru suspirando.- De esto no saldrá nada bueno…
-¡Ahh! ¡Tsubasa! ¿Cómo no entiende que le gusta Sanae?
-Es la primera chica que le gusta, tenlo por seguro.
-Claro que es la primera chica que le gusta-dijo por primera vez Yukari, los chicos la miraron-Es solo cosa de ver que la evita porque Sanae le provoca muchas cosas y eso le da pavor…
-Ajá ¿Y tú cómo sabes tanto? ¿Acaso te gusta alguien como para entender las acciones de Tsubasa?-preguntó interesado Ichizaki acercándose a ella.
-Aléjate mono peludo-le dijo mientras se alejaba y miraba a otro lado sonrojada.
-Me parece que Tsubasa no es el único que no se ha percatado de sus sentimientos-susurró bajo Morisaki a sus amigos, mientras veían como Ichizaki se acercaba más a Yukari para poder sacarle información.
Pues si antes el aire estaba tenso, ya no había palabra para describir como estaba en ésos momentos. El campo de fútbol estaba lleno de un aire serio, que de seguro que si tiraban el balón por los aires, éste lo cortaría. Tsubasa hacía unos cuantos movimientos con el balón, cerca de sus amigos, mientras que Taro hablaba animadamente con Sane algo alejados, pero se veían encismados en su mundo, lo que ponía de peor humor al chico del numero 10. Yukari y Kumi observaban a ambos lugares, y luego terminaban suspirando.
-Tenías razón, de esto no saldrá nada bueno-dijo Kumi mirando a Taro que hablaba seriamente con Sanae, y luego terminaran en carcajadas.
-Te lo dije-Yukari miró el reloj, y ya marcaba las cuatro de la tarde, hizo sonar el silbato, dando inicio al entrenamiento de fútbol. Taro hizo un gesto de qué forma inmediata iba para allá, miró a Tsubasa que había detenido en balón y podía sentir como su aura era pesada-Eh… Bueno chicos, que no tengamos campeonato de fútbol éste año, no quiere decir que tengamos que bajar nuestro rendimiento. La próxima semana va a haber un partido amistoso con el Instituto Toho-decía la chica tratando de llamar la atención de Tsubasa y los demás. Cosa imposible ya que no dejaban de observar a Sanae y Taro que se acercaban a ellos sonriendo tranquilamente. Sintió de pronto una mirada pesada sobre ella y observó de donde venía. Tsubasa le observaba fijamente para evitar mirar a Sanae con Taro.
-Lo siento chicos-dijo Sanae, y se puso al lado de Yukari-Bueno, como Yukari les decía, hemos acordado un partido amistoso con el Instituto de Toho para el próximo Viernes a las cuatro de la tarde, y será allá, en el mismo Instituto, a pesar de ser un partido amistoso, no tenemos que bajar la guardia ¿Bien?-decía ella tranquilamente. Yukari y Kumi la observaban algo perplejas ¿Cómo demonios podía hablar con tanta naturalidad con lo tenso que estaba el ambiente?-¿Yukari?-Yukari le observó ahora concentrada-Emhs… los ejercicios…
-¡Ah, sí! Chicos, deis quince vueltas a la cancha para empezar con el precalentamiento. El entrenador, como saben, estará ausente éste mes, debido a que está algo delicado de salud, por si no recuerdan-dijo la chica-Nostras estaremos allá-señaló unas bancas-Cuando terminen hagan unos cuantos estiramientos y unos pases-terminó Yukari sonriendo.
Antes de que empezaran a correr y las chicas que ya estaban alejándose, Taro tiró levemente del brazo de Sanae y le comentó algo en el oído, a lo que ella asintió sonrojada, y se fue sonriendo.
-Estamos acá para el entrenamiento, no para hacer vida social-le comentó por primera vez Tsubasa mirando serio a Taro, quién le sostuvo la mirada. Y así estuvieron unos buenos minutos, con sus compañeros mirándolos a cada instante.-Que no se te olvide.
-No se me olvida-contestó Taro, y empezó a prepararse para correr, pasó por el lado de Tsubasa y se giró a mirarlo que no le quitaba la vista de encima-Me gusta mucho el aroma a fresas… ¿A ti no?-y empezó a correr alrededor de la cancha.
Tsubasa cerró sus manos en forma de puño, completamente enojado, y pateó con furia el balón y empezó a correr, tratando de liberarse de toda presión que había en su cuerpo. Ichizaki le seguía mirándolo atentamente, y preparado por si en algún momento se atrevía a moler a golpes a Taro.
¿Qué a él también le gustaba el aroma a fresas?
-Demonios-musitó algo enfadado Tsubasa.
-¿Qué te traes con Taro?-preguntó directamente Yukari observando con reproche a Sanae.
-Pues nada, somos amigos-dijo con simpleza-Taro me ayuda bastante para dejar de pensar en Tsubasa, y eso es algo bueno-comentó la castaña mirando a sus amigas.
-No, no es bueno. Sanae estás olvidando el plan-le recordó Kumi.
-¡Oh, cierto!-recordó Sanae el plan de poder ser más femenina y poder hacer que Tsubasa se fije más en ella-Pues lo dejé.
-¿Quéee? ¡Oh, no Sanae! ¡No puedes dejarlo!-dijo Kumi observándola con reproche y se despeinó el cabello algo desesperada-¡No puedes! ¡Es algo que ya estábamos llevando a cabo!
-Y que iba perfectamente… hasta que…
-Hasta que llegó Taro…-completó Kumi mirando a Yukari quién suspiraba resignada.
-Chicas, no quiero vivir de una mentira-dijo Sanae- Si en algún momento dado le gusto a alguien, quiero que sea por quién soy naturalmente, no por lo que trato de ser. Si no le llego a gustar a Tsubasa…
-Sanae…
-Porque de él ya me espero cualquier cosa, o quizás nada, va a llegar alguien más adelante, que me va a querer y valorar por lo que soy. No por lo que trato de ser, lo mío no son las faldas, el maquillaje, sonreír delicadamente-dijo observándolas de forma seria. Kumi torció la boca en un gesto-Yo soy simple… Y me gusta ser así, fin de la cuestión.-contestó cruzando sus brazos.
-Bueno, ya dale.-se resignó Kumi- Pero tienes que alejarte de Taro…-le advirtió.
-Cuanto antes, mejor-razonó Yukari.
-Yo no sé lo que piensan chicas, pero no dejaré a Taro, me ayuda bastante a distraerme de ése dolor de cabeza llamado Tsubasa, y en serio chicas, necesito un respiro. Mi vida está girando demasiado en torno a él, y eso no es bueno, ni para él y mucho menos para mí.-Y sin decir más ni menos, se acercó donde los chicos estaban ejercitando para obsérvalos, cuando Ichizaki vio que Sanae se acercaba empezó a hacer los ejercicios, llevándose un buen reto.
-Esto va a ser más difícil de lo pensábamos-dijo Yukari observando a su amiga.
-Bastante-razonó Kumi, y con Yukari se acercaron al entrenamiento.
-¿Café o helado?
-¿Azúcar o crema?
-Oh, vamos. Que lo que tú elijas yo lo acataré-dijo sonriendo.
-Café-dijo sonriéndole, y se aventuró a tomar su brazo, provocando un sonrojo en el chico.
Entraron a uno de ésos típicos lugares, donde la gente tomaba café, té o un buen vaso de leche, seguido de postres o algo para picar. Decorado de forma elegante y a la vez hogareña, y muy sencilla, apenas se sentaron en la mesa, le tomaron el pedido. El castaño observó a la chica que estaba enfrente de él, y por sobre la mesa acarició la mano de la chica, quién se sonrojó notablemente. El sonido de la campanita que chillaba cuando la puerta del local era abierta, anunciando clientes, los distrajo.
-Sanae…-susurró la chica bajo.
Sanae entraba riendo junto con Taro Misaki a aquel lugar y buscaban donde sentarse con la mirada. Y en un segundo sus miradas se juntaron, y la mirada de ambas brillaron de felicidad.
-¡Yayoi!-le llamó Sanae feliz, acercándose a ella, a la vez que Yayoi ya estaba de pie, y se fundieron en un abrazo alegre, detrás de ella Taro se acercaba sonriente a saludar.
-Misugi-le brindó su mano Taro a Jun Misugi, quién le respondió el saludo.
-Misaki-respondió.
-¿En qué andáis?-preguntó Yayoi a la vez que se sentaba seguida de Jun.
-Pues, veníamos a tomar algo-dijo Taro sonriendo.-Y hemos decidió entrar acá.
-Sientense con nosotros-los invitó Jun.
-¿No hay problema?
-Ninguno-dijo sonriendo Yayoi. Jun se cambió de lugar quedando al lado de Yayoi, mientras que enfrete de ellos se sentaron Sanae frente a Yayoi y Taro frente a Jun. De forma inmediata, una mesera se acercó a tomarles nota del pedido.
-Mmh… ¿Qué dices? ¿Café o Helado?-dijo Taro mirando a Sanae quién se estaba rebatiendo en su interior.
-Mmh… ¡Café!-dijo sonriendo, y ambos encargaron café con unos pastelillos de fresas.
Yayoi no dijo nada por algunos instantes, se quedó observando a la pareja que estaba en frente de ella, estaba claro que ahí había algo… ¿Química tal vez? ¿Pero de qué tipo? No pudo evitar sorprenderse ante al pedido de los jóvenes. Miraba a Sanae sonreírle alegremente a Taro, mientras que éste trataba de no hacer desviar su atención hacia él, complacido de que la chica le sonriera.
-¿Yayoi?-miró a Jun que le observaba sonriendo-¿Ocurre algo?
-Oh, no, nada-sonrió. Y a los minutos, llegaron a la mesa unos pastelillos de fresa para la pareja del frente, y para Jun y ella, llegaron unos de vainilla. De forma seguida, cuatro tazas humeantes de café estaban frente a ellos. Miró a Sanae tomar café al mismo tiempo que Taro, quién le sonreía con la mirada.
Suspiró.
-Y dime Sanae…-dijo la chica llamando su atención- ¿Cómo están las chicas?-preguntó sonriendo sin dejar de observar a Sanae tomar café, como lo estaba haciendo Taro.
Al fin y al cabo, las grandes amistades surgían de un helado. Y los grandes amores, de una taza de café.
-Bien, están muy bien…El viernes…-Yayoi observó a su amiga y sonrió.
Esperaba al menos que Sanae haya escogido lo correcto.
Pues entre una taza de café y una copa de helado hay mucha diferencia.
¡ALELUYA! ¡ALELUYA! ¡HE ACTUALIZADO! Y no han pasado diez meses xD Bien, chicas son las 2.33 am y tengo clases a las 8.00 am -.- Así que no tengo tiempo para contestar los reviews, así que lo haré de forma privada c:
Gracias a TEMPERANCE B, Arika Yuy Uchiha, Katica and Katika, SoccerGirl y SalyLuna por sus adorados Reviews.
Oh, vaya. Esto se pone interesante. ¿Podrá Tsubasa avisparse y darse cuenta, y asimilar lo que le pasa con Sanae? ¿Taro hará algún movimiento de forma adelantada? ¿Sanae mirará a Taro más que un amigo? Pues no lo sé, ahora estoy dudando de que ésta historia sea un Tsubasa&Sanae.
CHAN, CHAN! Eso lo sabrán en los próximos capítulos, por cierto, trataré de actualizar todos los viernes la historia, no prometo nada, pero lo INTENTARÉ.
¿Qué les pareció lo del café y el helado?
¡BUENAS NOCHES GENTE!
Besos, Danii :)
