Disclaimer: Ranma ½ pertenece a Rumiko Takahashi-sama.


Verano de 1983.

Capítulo 4: Necesito una amiga.

, creo que ya lo tengo —musitó Ryoga mientras volteaba cuidadosamente un okonomiyaki sobre la parrilla.

—¡Sí, eso es! —aprobó Ukyo mientras le alcanzaba un plato.

Ryoga llevaba unos días trabajando en el Ucchan's con ella y estaba aprendiendo bastante rápido como hacer los okonomiyakis.

La muchacha tomó un par de palillos y se preparó para probar el plato. Cortó un trocito bien chiquito y se lo llevó a la boca.

—¡Hmm! Soy una maestra excelente, ¡te quedó muy rico, Ryoga!

—¿En serio?

En lugar de responder, Ukyo cortó un poco más de okonomiyaki con sus palillos y lo puso contra los labios de Ryoga. Como reflejo, él abrió la boca, para luego ponerse colorado al darse cuenta que una chica le acababa de dar de comer en la boca.

—¿Picante, eh? —preguntó ella al ver su sonrojo— Sí, también creo que debiste haber hecho la mezcla de carne con menos picante, pero me gusta.

Amaya entró a escena con uno de sus usualmente estrafalarios atuendos. Esta vez era una blusa de botones amarilla en animal print, pantalones de vestir negros y unos tacones Mary Jane amarillos. Y así como Ryoga siempre llevaba su bandana amarilla atada a la frente, no había día que no se viera a su madre sin su pañuelo púrpura alrededor de su cuello ó atado en su dorado cabello, esa vez tampoco fue la excepción. Traía en la mano un pequeño bolso amarillo de sobre en una mano, el cual venía revisando.

—Hola, chicos —saludó, cerrando su bolso.

—¡Oye, Mamá, prueba esto! —pidió Ryoga ofreciéndole el plato y los palitos.

—Acabo de… —al ver la mirada expectante de su hijo, no se encontró capaz de decir que no—. Oh, bueno, sólo un bocado.

—¿Te gusta?

—Um, algo picante para mi gusto pero sabe bien, ¿lo preparaste tú, cariñito?

—Síp —asintió orgulloso y con un puño sobre la cadera.

—¿Crees que pueda robártelo esta tarde, U-Chan, cariño? —preguntó amablemente Amaya, mirando a la cocinera.

—Por mí no hay problema… —aprobó ella, no podía negarle nada a esa mujer tan amable—. No olvides tu paraguas, Ryoga, dijeron que iba a llover.


¿Mon trésor? —preguntó Amaya sentada en el auto con su hijo al lado—. ¿Recuerdas ese truco que me mostraste con los ladrillos el otro día? ¿Cómo se llamaba?

Ryoga hizo memoria, apenas un par de días atrás había estado entrenando en el patio de atrás con los ojos de Blaquinegra fijos en él. Amaya y Leroy también salieron a ver que hacía, y, por asustar al novio de su mamá, se puso a practicar el truco de la explosión con algunos ladrillos. Le había costado bastante controlar la risa cuando al inglés se le puso la cara más pálida que una hoja de papel.

—¿El Bakusai Tenketsu?

—Ese mismo. ¿Qué tanta potencia tiene?

—Uh… no lo sé. ¿Mucha?

—¿Podría tirar abajo un edificio?

—¿…Supongo? —contestó dudoso, sin entender porque su madre le preguntaba eso.

—Escucha, mon chérie, algún día tú te harás cargo de la compañía familiar, ¿recuerdas que ya te lo había dicho? —él asintió—. Pues ahora, mami necesita que les des una lección a unos desgraciados que quieren pasarse de listos, ¿vale, cielito?

—¿A los golpes?

—¡Ryoga Jacques Hibiki, tú no eres ningún salvaje!

—¡Mamá! —se quejó con las mejillas prendidas fuego—. ¡No digas mi segundo nombre en voz alta!

—¿Por qué no?

—Porque lo odio…—dijo Ryoga, con tono de que era obvio.

—Pero, cariñito, es un nombre precioso.

—Ni mis amigos saben que ese es mi segundo nombre. Nunca lo uso.

Amaya arqueó una ceja.

—¿Y se puede saber por qué?

—Porque no.

Amaya estacionó el auto frente a su más reciente proyecto, un edificio abandonado a su suerte desde hacía veinte años con un índice de deterioro bastante importante. Abrió la puerta de su flamante Mercedes Benz negro 380SL convertible.

Tras la muerte de su padre, Keichiro Hibiki, automáticamente Amaya heredó la compañía familiar. Esto se decidió unos días antes de que su padre partiera, pues él estaba seguro de que su fin se acercaba y quería dejar un buen porvenir para su esposa e hijas. Sí, hijas. La madre de Amaya, Jacqueline –debido a ella el segundo nombre de Ryoga era Jacques-, había decidido que, tras ver que no tardaría mucho tiempo en seguir a su esposo, se decidieran ente las dos quién se quedaría con la compañía. Amaya era la mayor de las dos y la más preparada, por lo que se ofreció para el puesto.

Su hermana pequeña, Paulette, estuvo más que feliz de dárselo, pues ella prefirió quedarse allá en La Toscana, Italia, dónde vivía con su esposo Giancarlo –un magnate- y su hijita Isabella.

Claro que al principio hubo algunos problemas cuando asumió el mando por ser mujer y porque era una gaikokujin (1). Aún así, se hicieron conocidos porque supo manejar bien las riendas, siempre quiso ese puesto, venía practicando desde que había salido de la secundaria –se dio un año de descanso cuando tuvo a Ryoga-. Empezó desde lo más bajo en la empresa, quería saber cómo era cada trabajo como funcionaba, y así, llegó a Vicepresidenta.

Aunque había veces en las que ser la jefa era difícil.

Ryoga bajó del auto y comenzó a caminar junto a su madre, observando todo a su alrededor. El sitio de construcción era espacioso, pudo ver las máquinas, los trabajadores y las mesas dónde estaba la planificación.

Amaya notó su mirada curiosa alrededor.

«Bien, puedo empezar a enseñarle desde ahora» pensó satisfecha. «Yo tenía su edad cuando empecé a trabajar en la compañía de Papá».

—Tesoro, dime, ¿qué ves aquí?

—¿Qué veo?

—No sé, dime, ¿notas algo fuera de lugar?

—Umm… —miró alrededor—. ¿No hay ruido?

—Muy bien, ¿por qué será?

—¿No están las máquinas trabajando?

—Exacto, ¿alguna idea de por qué será?

—¿Algo anda mal?

Amaya sonrió, parecía que su hijo había sacado de ella su intuición.

Una mujer menudita de unos veinte años con largo cabello castaño y ojos de color marrón se les acercó. Iba bien vestida y traía una tablilla con sujetapapeles entre los brazos.

—¡Amaya-san! —le llamó con cierto tono de preocupación—. ¡Qué bueno que llegaste!

—Tesoro, ella es Gretchen Schimdt, mi secretaria. Gretchen, él es mi hijo, Ryoga Hibiki.

Luego de las formalidades, Gretchen explicó la situación.

—Como te dije por teléfono, la compañía demoledora que contratamos está exigiendo más dinero del que acordamos más gastos, aún cuando ya pagamos por el material. Hice que Leonard investigara, parece que lo han hecho antes y planean hacerlo con nosotros.

—¡Eso está por verse! —bramó ella, comenzando a caminar con enérgicos pasos hacia donde se encontraban los demoledores, seguida de cerca por Ryoga y Gretchen—. Tesoro, voy a necesitar que prestes atención —dijo sin aminorar en los más mínimo su marcha.

—De acuerdo, Mamá.

Ryoga observó como su madre le hacía frente a un hombre alto y corpulento, con apariencia de tener años de experiencia en su campo de trabajo. Era casi cómico ver a su madre, pequeñita como era, encararlo. Haciendo una comparación, su madre debía de ser, aproximadamente, un par de centímetros más baja que Ukyo.

«Ukyo…» recordó de pronto. «Ha pasado casi una semana y todavía no le he dicho, debo hablar con ella pronto, antes de que se le ocurra otro de sus planes extraños».

—Ryoga, cariño, ven aquí —le indicó su madre.

Se acercó a ella, que le tomó por los hombros y lo empujó ligeramente frente al hombre.

—Él es mi hijo, Ryoga Hibiki —lo presentó, por lo que Ryoga hizo una reverencia. El hombre la devolvió.

—Soichiro Takada, muchacho —se presentó, quitándose un montadientes de la boca—. ¿Qué es esto, Amaya?

A Ryoga no le gusto la manera poco formal en la que se dirigía a su madre.

—Mira, querido. No puedo permitir que te estés pavoneando por aquí pidiendo más dinero del que te he pagado y exigiendo aumentos que no se merecen ni tú, ni tus empelados. Ryoga sólo tiene diecisiete años, y sabe mucho más de lo que tú jamás sabrás. Puede incluso hacer mejor trabajo que tú.

Soichiro Takada se echó a reír.

—¿En serio? Tiene buena complexión, eso lo admito, pero, ¿saber más que yo? Eso lo dudo mucho.

—Tesoro, aquel es el edificio que hay que demoler, ¿qué opinas?

—Por lo que me habías dicho, pensé que era más grande —volteó a la secretaria de su madre—. Señorita Gretchen, ¿me deja ver el plano, por favor?

—Está por aquí.

Ryoga fue a la mesa dónde tenían pegado los planos del edificio. Soichiro lo miraba divertido, con los brazos cruzados, pensaba: «¿Qué sabe éste niño del oficio?». El muchacho de colmillos recorrió con los dedos los planos del edificio, buscando un buen punto para tirarlo abajo. Había cuatro columnas que lo sostenían, más estaban sobre una gruesa placa de cemento que servía de base y de soporte para el resto del edificio. Perfecto.

—De un solo golpe bastará —concluyó.

—¿Con qué máquinas? —le provocó Takada— ¿O qué? ¿Lo tirarás abajo con tus propias manos? Ya que eres tan "especial", como insiste tu madre, tendrás que arreglártelas sin ellas.

—No las necesito —le dijo seco.

Soichiro se volvió a reír.

—Es igual a ti.

—Hagamos una cosa —sugirió la mujer rubia, ignorando su comentario—. Si mi Ryoga es capaz de probarte que puede hacer esto, limpiarás el desastre GRATIS —le apostó tendiéndole la mano.

—¡Inclusive te devolveremos el importe de lo que ya gastamos! —se mofó—-. De lo contrario, no me pagarás ni el doble, ni el triple. Me pagarás el cuádruple.

El sótano siempre estuvo bajo tierra y esa habían sido sus paredes, pero los de la compañía los habían quitado, dejando un piso sin pared alguna. Ryoga se concentró y golpeó con un dedo el punto de presión, saliendo rápido del lugar.

—¿Eso es todo, chico maravilla? ¡Sólo le has dado un pequeño toquecito con tu dedo! Antes de alardear, deberías-…

—¡Jefe! —le llamó otro de sus empleados, señalando el centro de la plataforma desnuda.

Se estaba llenando de grietas.

Todos miraron en shock como las grietas alcanzaban toda la plataforma hasta que ésta explotó hacia arriba, llevándose consigo el resto del edificio. A Soichiro se le cayó la mandíbula y el montadientes. Amaya le miró con satisfacción.

—¿No es increíble mi pequeño trésor?

Soichiro no quería trabajar gratis, pero no tenía otra opción, era un hombre de palabra y debía cumplirlo.

Ryoga por su parte subió donde estaba el resto, con su mamá esperándolo.

—Ay, cariño, mírate, estás hecho un desastre —rió, pues Ryoga estaba cubierto de polvo de los pies a la cabeza. Comenzó a sacudirle la remera.

—¿Lo hice bien?

—De maravilla, cielito. ¿Quieres una soda?

—¿Qué podía esperarse de una familia gaijin (2)? —escucharon musitar a Soichiro.

Todo el personal de Amaya se quedó de piedra, más que nada por el ya conocido temperamento de su jefa. Ésta última miró por sobre su hombro.

—¿Qué dijiste? —preguntó bajito.

Gretchen, Leonard, Ryoga y todo el staff estaba rezando que Takada no le contestara porque sabían que iba a arder Troya si lo hacía.

—¿Estás sorda mujer? Dije: ¿Qué podía esperarse de una familia gaijin?

—Veo que no escuché mal —dijo en ese extraño tono indiferente y frío, tan poco propio de ella.

Acto seguido, se acercó a Takada con pasos lentos y deliberados, hasta que estuvieron frente a frente. Soichiro la miró nervioso, esa mirada persistente le molestaba. Entonces, la mujer de colmillos le pegó un sonoro cachetazo, seguido un coro de "ohs" y "ahs". Le agarró el borde de la camisa y lo hizo bajar a su nivel.

—Escúchame y escúchame bien, a mí nadie me llama de ese modo, ni mucho menos a mi hijo. Esto es lo que vas a hacer, Soichiro Takada, no sólo te vas a disculpar conmigo y con Ryoga, te vas a disculpar con todo mi personal porque, de uno u otro modo, todos somos gakokujin. Ese es el término correcto, no es mucha ciencia aprenderlo, ¿o es que tu pequeño cerebro no es capaz de asimilarlo? Luego de que te disculpes, te irás de vuelta a tu empresa, tus hombres se quedarán a limpiar el derrumbe. Y te recuerdo que no te voy a pagar ni un solo yen.

Lo soltó, dejándolo patidifuso, ¿qué rayos acababa de hacerle esa mujer?

—Ella te ha pedido que te disculpes —le recordó Ryoga, rompiendo una roca con las manos a modo de amenaza.

Enseguida, Soichiro Takada se echó al suelo y su frente tocó la tierra tres veces.

—Lo siento mucho, Hibiki-sama, le ruego perdón a usted, a su hijo y a sus empleados.

—Vete —dijo ella—. Fuera de mi vista.

Soichiro desapareció de ahí más rápido que lo que dura un latido.

Amaya volteó a sus empleados, su cara pasó del enojo, al alivio y, finalmente, al cansancio. Odiaba tener que ponerse así, pero sus empleados eran como su familia. Además de que había insultado a su hijo. Se acercó de vuelta al grupo. Un hombre de cabello rubio y ojos azules le alcanzó una botella de agua mineral.

—Gracias, Leonard, querido —agradeció, antes de dar unos cuantos sorbos—. Rayos, ¡cómo me cansa enojarme!

—Lo hiciste bien, Amaya —le dijo Gretchen, olvidando por un momento las formalidades que usaba en el trabajo para con Amaya, pues, fuera de horario, ambas eran amigas cercanas.

—Mamá, ¿no crees que es injusto que esa gente tenga que trabajar gratis por lo que dijo ese señor? —preguntó Ryoga mirando con preocupación a dónde estaban los trabajadores limpiando los escombros que él había producido.

Los trabajadores parecían apenados por lo que acababa de suceder y también molestos pues estaban trabajando sin paga.

—Así me parece, Tesoro —sus ojos miel centellaron—. ¿Gretchen? ¿Leonard? ¿Qué hora es?

—Ah, déjame ver mi reloj —pidió el rubio.

—No me refería a eso…

—¡Hora de aventu-…! Digo, digo, ¡hora de hacer negocios! —completó Gretchen.

—¡Así es, Gretchen, querida! —apoyó Amaya— Veamos si podemos conseguirle a nuestra compañía un equipo de limpieza de escombros…


Ukyo tomó otra galleta del plato junto a ella, sentada en una de las bancas del mostrador mirando una telenovela mientras bebía té verde fresco. Había decido cerrar cuando unos truenos, seguidos por la cálida lluvia de verano, se hicieron presentes en el cielo de Nerima. Era media tarde y Ryoga aún no había vuelto. Estaba aburrida… lo suficiente como para mirar esa novela.

Un ruido que se entremezclaba con el de la lluvia llamó su atención.

«Suena como un gato…» pensó.

Tomó un paraguas junto a la puerta y salió. Allí, se encontró con un gatito, aunque no cualquiera, era un pequeño felino rosa con pequeños cascabeles amarillos entre su pelaje.

Era Shampoo en su forma maldita.

Venía arrastrando la ropa con los dientes y pudo ver que una de sus patas estaba lastimada.

—Shampoo… —musitó, llamando la atención de la chica-gato—. Espera, estás lastimada, no te muevas. Voy a levantarte, no me vayas a morder —le previno, antes de, con una mano levantarla y acomodarla en su brazo para poder seguir sosteniendo sobre ambas el paraguas. Luego, tomó las ropas empapadas de Shampoo y volvió a entrar.

Rato más tarde, ambas se hallaban sentadas en la mesita de la sala de estar en el apartamento de Ukyo. La cocinera estaba sirviendo un poco de té caliente para la joven china. Shampoo la miraba sin decir nada, pues no había esperado recibir ayuda de, justamente, una de sus rivales. La joven castaña se había mostrado de lo más hospitalaria, le había dejado tomar un baño para volver a su forma natural, le había prestado ropa e incluso le había curado la herida en su brazo izquierdo.

—Toma, cariño. Tomar algo caliente te hará bien —dijo, alcanzándole la taza.

Shampoo aceptó la taza sin decir nada.

Ukyo, viendo que empezar una conversación con la chica gato sería inútil, suspiró y se levantó a buscar algunas galletas en la alacena. Shampoo la seguía con la mirada.

—Gracias.

La chica de los ojos azules se dio vuelta como rayo, su mirada fija en la chica de cabello azul, sin moverse.

—Bu-bueno —carraspeó para aclararse la garganta—. Bueno, de nada, supongo que habrías hecho lo mismo por mí y todo eso… ¿qué estás-…? No, Shampoo, no hace falta que te inclines…

—Sí hacer falta —explicó ella, levantando la frente del suelo para volver a su posición arrodillada junto a la mesa—. Tú demostrar que ser mejor que Shampoo, ser situación al revés y ni querer pensar en qué haber Shampoo hecho —dijo todo rápido, mirando sus manos sobre su regazo, mientras los gruesos mechones de su flequillo azul tapaban sus ojos.

Ukyo, enternecida, se sentó frente a ella y tomó sus manos.

—¿Qué sucedió, Linda?

—Yo muy, muy distraída pensando. No darme cuenta cuando comenzar a llover y perro tonto de calle pensar que yo gato de verdad y atacarme.

—Suena como que necesitas una amiga, o alguien con quién hablar, como mínimo.

—¿Quién?

—Bueno, yo, por ejemplo —Shampoo arqueó una ceja—. Todos necesitamos amigos y un hombro en el que llorar de vez en cuando.

—¿Tú? —preguntó escéptica—. Seguro tú tener muchos amigos, además nosotras ser rivales.

—No te creas. Cuando no estoy en el colegio, estoy trabajando en el restaurante. No tengo mucho tiempo de salir. Y, de casualidad, ¿no le dice tu abuela a Mousse que no coqueteé contigo en el trabajo?

Shampoo asintió, no muy segura de a qué venía la pregunta.

—Siempre decirle que no ser correcto hacer eso en hora de trabajo cuando restaurante abierto —se encogió de hombros—. Él hacerlo de todos modos.

—Bueno, si quieres, fuera del "horario de perseguir a Ranma" —dibujó comillas en el aire—, podemos ser amigas.

—¿De verdad?

—De veritas, nos gustan las mismas cosas, ¿no? La cocina, las artes marciales… el mismo muchacho…

Ukyo evaluó la reacción de Shampoo, ella había arrugado el entrecejo, pero no como si estuviera enojada, parecía estar pensando.

—Tú tener razón en casi todo —dijo finalmente—. Excepto una cosa…

—¿Cuál?

—A nosotras no gustarnos el mismo muchacho —Ukyo arqueó una ceja al ver a la joven china bajar la mirada. Finalmente la escuchó musitar muy suavemente—. A ti no gustarte Mousse…


El restaurante estaba cerrado.

Fue lo primero que Ryoga notó cuando se bajó del auto de su mamá.

A los diez segundos ya se había refugiado adentro.

Amaya arqueó una ceja ante esto mientras abría el portón para entrar el auto, se preguntó qué rayos pasaba con su hijo. Una repentina y tibia lluvia fue su respuesta.

—¡Maldición! —musitó, subiéndose rápido a su automóvil.

Ryoga se sentó en el sillón de la sala, con la cabeza gacha y las manos entrelazadas. Había llegado a huir de su enemigo mortal, después de Ranma, el agua fría. Aunque en Nerima algunas lluvias fueran cálidas, no podía fiarse.

Así como tampoco podía fiarse de que siempre iba a evitar que su madre viera su forma maldita.

Era tiempo de decírselo.

—Ryoga, ¿estás bien?

El muchacho de colmillos saltó al escuchar la voz del novio de su madre tan cerca de sí. Leroy venía con una taza de café en la mano y le miraba con preocupación. Tenía que admitir que el inglés no era tan insoportable como podía parecer y, de hecho, realmente le preocupaba el bienestar de Amaya. Esa era la única razón por la que Ryoga había permitido su estadía, de otra manera ya lo hubiera sacado a patadas de ahí, sin importar qué tanto le regañara su mamá después.

—Sí…

—¿Te duele algo? —preguntó sentándose a su lado, y revisando su rostro.

Leroy era médico de urgencias y, por lo general, tenía turnos de noche, razón por la que Ryoga no le veía hasta que llegaba a cenar luego de ayudar a Ucchan a cerrar. Aún así, le había probado que estaba realmente tratando de llevarse bien con él más allá de si la Matriarca Hibiki estuviera presente o no. Unos días atrás, se había hecho un moratón bastante feo en el brazo después de estar toda la mañana entrenando con Ranma y Mousse, y cuando se lo vio, sin preguntar cómo, dónde o por qué, Leroy trajo su maletín –también hacía visitas médicas para algunos de sus pacientes- y le curó el brazo, para luego darle una crema para que se pasara todos los días antes de dormir.

—¿Cómo está tu moretón?

—Ya casi ni se ve —aprobó mostrándole la zona del hombro donde la única prueba que quedaba de una herida era un leve tono amarillezco que se confundía muy bien con la piel tostada de Ryoga.

Fue cuando entró Amaya, resoplando con el cabello húmedo.

—Mamá, tengo que decirte algo —dijo el muchacho de improvisto, levantándose rápidamente del sillón.

La mujer rubia parpadeó, sorprendida.

—No voy a ser abuela, ¿verdad?

—¿Q-qué? ¡Mamá, por supuesto que no! ¿De dónde rayos sacaste eso?

—La verdad, Amaya —combinó Leroy, arqueando una ceja y mirándola por sobre su hombro.

Soltó unas risitas.

—Lo siento, mon trésor, es que yo le dije eso mismo a tus abuelos cuando les conté que ibas a nacer tú.

Ambos la miraron patidifusos mientras ella continuaba riendo. Fue cuando Ryoga se levantó y fue hasta la ventana balcón que daba al patio. Balnquinegra le miró desde el suelo y él apoyó la mano sobre el cristal.

—¿Recuerdas lo que te conté sobre Jusenkyo?

—Ah, sí, ¿cuándo te fuiste a China con Ranma?

Ryoga rodó los ojos. Cuando él dijo "Fui a China para perseguir a Ranma y hacer que pague por huir de nuestro duelo, dónde terminamos en un lugar maldito…", ella escuchó lo que quiso y entendió "Me fui de viaje a China con mi mejor amigo Ranma y su papá por diversión y fuimos a un mágico lugar encantado". Mejor así.

—Sí, ese.

—¿El de las pozas encantadas?

Asintió.

—Lo que no te conté fue que yo me caí en una de las pozas y ahora estoy maldito. La maldición se activa con agua fría.

«Nota mental: pedirle a Kiyomi que me dé el número telefónico de su esposo, el psicólogo»,pensó Leroy.

Acto seguido, Ryoga abrió el ventanal y salió, dejando que las heladas gotas del agua lo mojaran. Sintió el cambio, pues aunque se viera instantáneo, él podía sentir todos cada uno de los ajustes. Cómo se le estiraba el rostro dando lugar a una trompita, cómo se le pegaban los dedos para dar lugar a la salida de las pezuñas, el encogimiento de su cuerpo, la manera en que se reacomodaban sus costillas, eso último dolía a veces. Aunque no tanto como el sentir cuando le salía la cola de resorte desde la base de la espalda o cuando sus orejas subían a la parte de arriba de su cabeza y estiraban, deformándose hasta optar por la forma de un par de orejitas de cerdo.

No, todos estos cambios pasaron desapercibidos por Leroy y Amaya. Todo lo que ellos vieron era a Ryoga salir debajo de la lluvia y desaparecer, dejando su ropa atrás. El inglés escupió su café.

—¡Santa madre de…!

—¡Ryoga! —gritó Amaya preocupada, corriendo a dónde había visto desaparecer a su hijo, revolviendo entre las ropas húmedas.

Y allí estaba.

Un pequeño y rechoncho cerdito negro con un bandana negra y amarilla alrededor del pescuezo.

Esa cosa… esa cosa era… ¡La cosita más linda y tierna que había visto desde que su mon trésor era bebé!

El lindo animalito trataba de alejarse de ella mientras temblaba y sus muy expresivos ojos miel la miraban con temor. Una sola mirada a esos grandes ojos y lo supo. Ese tierno y asustadizo cerdo era su Ryoga, no sabía cómo, ni entendía del todo el por qué, pero seguía siendo su bebé.

—Shhh… —le acalló al levantarlo y atraerlo a su busto. Acarició su lomo—. No pasa nada, Mamá está aquí, cariño.

El cerdito dejó de temblar, optando por acurrucarse contra su cálido pecho.

Amaya no lo sabía, pero no eran muchas las ocasiones en las que su hijo podía sentirse seguro en esa forma. Ni siquiera cuando estaba en el Dojo Tendo, pues allí debía preocuparse no sólo porque Ranma tendía a golpearlo cuando lo encontraba demasiado cerca de Akane. También había que preocuparse de que no le fueran a echar agua caliente encima por accidente.

—¿De dónde salió ese cerdo? ¿Y dónde está Ryoga?

—¡Ay, Leroy, no seas idiota! ¡¿No ves que es mi trésor?! Pon su ropa a secar, ¿quieres?

Amaya llevó en brazos a su hijo y lo llevó hasta la cocina, dónde lo apoyó sobre la mesa de desayunar, para luego indicarle que se quedara quietecito. Diez minutos después, tenía junto a él un largo vaso de té helado con un popote de color verde claro de plástico y un plato de pequeñas galletas que, pese a su hocico, podía tomar con facilidad.

Leroy volvió a entrar con su taza de café y la apoyó junto al vaso de té helado de Ryoga.

—¿Quieres dejar de mirarlo como si fuera un bicho raro? —le regañó Amaya, sentándose a la mesa.

—Lo siento —se disculpó sentándose frente a ella—. Es un poco difícil de asimilar todo esto. Me pregunto… ¿duele transformarte, Ryoga?

El inglés acercó la mano al hocico de Ryoga y éste lo mordió.

—¡Auch!

—¡Ryoga! —regañó Amaya.

—Fingiré que ese fue tu instinto de supervivencia y no que realmente quisiste morderme —decidió Leroy—. Muy bien, ¿cómo hacemos para que vuelvas a la normalidad?

Ryoga señaló la taza de café de Leroy.

—¿Café? —preguntó Leroy, el cerdito negó—. ¿Café caliente?

—¿Agua caliente? —sugirió Amaya y el cerdito asintió— Bueno, en ese caso, te prepararé el baño para después de merendar.


Shampoo y Ukyo se encontraban nuevamente calladas. La jovencita de cabello azul no había soportado más la presión y le había revelado todo a Ukyo. Desde lo que venía pasando, hasta la propuesta de Mousse de convertirse en su nuevo prometido.

—Yo no entender por qué el actuar así. Yo creer que Mousse querer casarse con Shampoo.

—Tal vez no quiere que le uses como una forma de escapar del compromiso con Ranma. A lo mejor… él lo que quiere es que lo quieras…

—¡Pero yo quererlo! —alegó Shampoo con cierta exasperación—. ¡Yo quererlo más de lo que ser correcto! Yo quererlo desde que nosotros ser pequeños…

A Ukyo se le cayó la galleta de la boca y estaba más que segura de que su mandíbula había tocado el suelo o, por lo menos, la superficie de la mesa. Shampoo miraba la mesa, una lágrima de enojo y frustración consiguió escapar de sus ojos escarlata, para rodar por su sonrosada mejilla. Eso era algo que nunca le había confesado a nadie, que quería a Mousse, que le quería con locura. Una locura perfectamente enmascarada con golpes, insultos y malos tratos.

«¿Por qué no me dejas en paz?» había preguntado una vez. «¿No ves que no me interesas?»

«Yo sé que me mientes» había contestado él muy seguro. «Sé muy bien que sólo actúas así porque la vieja momia que tienes por bisabuela te obliga, Xian-pú. Sé que me quieres y pienso pelear hasta el final por ti. Te aseguro… no, te prometo. Sí, te prometo que un día serás mi esposa…».

—Si le quieres… —sopesó Ukyo, sacando a la chica de sus recuerdos—, ¿por qué le tratas tan mal?

—Porque… porque…—no halló ninguna excusa—, maldición, Mousse tener razón.

—¿En qué?

—Bisabuela… ella no pensar que Mousse ser adecuado para mí, por eso yo actuar así. Yo pensar que si Mousse creer que Shampoo no interesada él dejarme en paz y buscar otra muchacha. Aunque eso molestarme…

—Dime algo, Shampoo… ¿quién vive tu vida? ¿Tú o tu bisabuela?

—¿Qué?

Ukyo se levantó y se sentó a su lado, poniendo un brazo alrededor de sus hombros. Shampoo se enderezó, mirando con ojos como platos a la cocinera de okonomiyakis.

—¿Te digo qué me parece? —preguntó, la jovencita de cabello azul asintió—. Creo que ya es tiempo de que Mousse sepa cómo te sientes. Y quita ese horrible ceño fruncido en este instante, deja que te diga por qué —ella se cruzó de brazos, lista para escuchar, mas no dejó su mueca—. Seguro crees que te digo esto para "sacarte de la competencia", pero no es así. Yo sé cómo te sientes, Shampoo, tienes una deuda de honor y por eso quieres casarte con Ranma. Pues adivina qué, estamos en la misma situación —los ojos de Shampoo se abrieron incluso más que antes—. Así es, yo también tengo una deuda de honor. Nosotras nunca hablamos así, por eso no lo sabes, pero, cuando Ran-Chan y yo éramos pequeños, nuestros padres arreglaron que nos casaríamos.

—Eso ser igual a…

—La manera en que Ranma y Akane se comprometieron, sí. La diferencia es que Genma no planeaba respetar el acuerdo con mi padre, pero sí el que tenía con los Tendo. Supongo que eso hace más válido el compromiso que tiene Ranma con Akane que el que tiene conmigo. El padre de Ranma se fue con la dote que tenía mi papá para comprometerme, es una suerte que no hayamos quedado en la ruina. Sin embargo, poco después y con ayuda de mis abuelos y unos amigos, mi papá pudo abrir un pequeño restaurante que ahora es uno de los más concurridos de Osaka. Le costó pagar a todos los que lo ayudaron, pero nadie le juzgó por lo que pasó, mi familia siempre residió allá y nos conocían bien, sabían que no fue culpa nuestra… pero… siempre hay alguien que no entiende… —la muchacha mordió su tembloroso labio, intentando aclarar un sollozo.

Shampoo frunció el ceño nuevamente, colocando sus brazos alrededor de la cintura de Ukyo.

—Las otras niñas en mi escuela se enteraron… pensaron que había algo mal conmigo y por eso me abandonó mi prometido. ¡Tenía seis años! A esa edad debía estar preocupándome por jugar y estudiar, ¡no sobre con quién me voy a casar! Aún así… después de todo lo que pasó… quería recuperar el honor familiar, se lo debía a mi papá… que es tan bueno… Iba a hacer que Genma cometiera seppukku de ser necesario.

—¿Qué ser…?

—Ofreces tu vida para recuperar tu honor —explicó—. En otras palabras, te suicidas.

A Shampoo eso más que honorario le pareció un acto cobarde, pero no hizo comentario.

—¿Y qué pasó?

—Llegué aquí, me enlisté en el colegio, reté a Ranma un duelo… —suspiró—. Después me dijo que era bonita… no, muy bonita, dijo él. ¡Enfrente de Akane y todo! Me enamoré de él…porque yo sé que no tiene la culpa de lo que hizo su papá. Si vuelvo a casa sin ser su única prometida al menos me queda el consuelo de que no me fui sin luchar. Yo… ya sé que Ranma nunca me va a amar, que Akane es quién tiene su corazón. Una parte de mí se niega a aceptarlo, pero, en fin… Lo que intento decir, Shampoo, es que tú tienes una oportunidad de escapar de esta locura y ser feliz. Tómala —Ukyo entrelazó sus manos con las de Shampoo—. Hazlo, sé feliz por nosotras dos.

La joven muchacha no dijo nada mientras Ukyo se levantaba para levantar la vajilla y ponerla en el fregadero. Ahora tenía muchas más cosas en qué pensar. Miró a la cocinera mientras ella lavaba los trastes, realmente no había esperado encontrar en ella una amiga, aunque era pronto para considerarla como tal, apenas ese día había comenzado a ver los verdaderos colores de Ukyo. Sin embargo, la castaña tenía razón, siempre es bueno tener alguien en quien confiar y a quién acudir cuando te sientes solo.

—Ukyo…—¿Sí, cariño?

—¿Tú querer salir mañana? Nosotras poder ir de compras.

—Claro —sonrió la cocinera—. Suena divertido.


Al día siguiente, Ryoga notó a Ukyo algo… algo. No podía describirlo, era como si su usual brillo se hubiera apagado, realmente le molestaba eso. Comenzaba a extrañar su sonrisa.

—Y… ¿qué tal tu día ayer? —preguntó ella mientras limpiaban la parrilla tras el turno del almuerzo. Se llevó la muñeca a la frente y apartó algo de sudor.

Era una calurosa tarde de domingo y el ventilador ya no daba abasto. Ucchan abrió un poco el escote de su uniforme, se estaba sofocando. Eso no pasó desapercibido para Ryoga, que tuvo que apartar la mirada antes de que le diera un derrame nasal. Era un adolescente, después de todo, y no podía pasar por alto que su amiga era una chica bonita.

—B-bien…

«¡Contrólate, Hibiki! ¿No ves que se va a dar cuenta que andas de mirón?»

Para su suerte, Ukyo tenía otras cosas por las que preocuparse en ese momento como para estarse fijando si Ryoga estaba mirándole el pecho.

«Me pregunto si todavía usa esas vendas o si usa un brassi-…» se cortó allí antes de imaginarse algo demasiado candente. «¡Maldita sea! ¿Qué hago pensando en eso? Debe ser el calor. Estúpido calor».

—Ah, ¿y qué hiciste?

—Bueno, verás, mi mamá tiene una empresa constructora… es la empresa familiar.

—Ah, entonces el truco de la explosión te ha de venir de maravilla —supuso ella.

—Justo eso fui a hacer —le dijo con una sonrisa—. Mamá necesitaba ayuda y recordó que le había mostrado el truco de la explosión, así que me llevó y me encargué de tirar abajo un edificio —explicó, como quién cuenta una visita al médico.

—Suena a que te divertiste —aprobó ella—. Ah, casi lo olvido… sé que por las tardes siempre te vas por ahí con Mousse y Ranma a hacer sólo-dios-sabe-qué, aún así, ¿crees que podrías pedirle a alguno de los dos que te traiga más temprano? Necesito que prepares el restaurante para la hora de la cena, ¿vale? Hoy saldré con Shampoo de compras y no sé a qué hora vuelvo.

—Claro, no hay problema Uky.

Ella sonrió ante el apodo que Ryoga tenía para ella. Se le había ocurrido tras que ella le empezara a decir "Ryo-kun". Tenía que admitir que era un apodo tierno, nunca la habían llamado de una manera que no fuera "Ukyo" o "Ucchan".

—Gracias, Ryo-kun —lo premió con un pequeño besito en la mejilla que le hizo poner rojo hasta las orejas, logrando que ella riera enternecida—. Eres uno en un millón, Hibiki.

—Gra-gracias, Uky. Oye, espera —dijo, olvidándose por un segundo de lo demás—, ¿con Shampoo dijiste? ¿Desde cuándo soportas a Shampoo?

Ella rodó los ojos.

—De vez en cuando, a las chicas que nos gustan las mismas cosas nos gusta llevarnos bien también, Ryoga.

—Ah, claro, claro…

Ryoga archivó ese hecho en su cerebro, en la misma carpeta en que guardaba las cosas que nunca entendería sobre las chicas.

Acto seguido, entraron Ranma y Akane al local. Ambos estaban sorprendidos por la entrada de sus amigos, aunque no fuera raro que Ranma se pasara a ver a Ukyo para que le diera de comer. Y, vaya sorpresa, la muchacha del cabello azul traía en brazos al que Ranma y Ryoga habían bautizado como "falso P-Chan".

—¡Hola, chicos! —saludó Ucchan—. Acabamos de limpiar la parrilla, pero si tienen hambre les preparo algo.

A Ranma se le iluminó el rostro.

—No —cortó Akane, logrando que la expresión de Ranma decayera—. Ya comimos, venimos por otra cosa.

Le dio un pequeño codazo a Ranma y le hizo un gesto como para que comenzara a hablar. Él se rascó la nuca.

—Yo… Bueno, nosotros… pasamos por el Neko-Hanten, Mousse y Shampoo llegarán en cualquier momento. Les explicaré en cuanto lleguen ellos.

El corazón de Ukyo latió a mil por hora cuando un fugaz pensamiento cruzó por su mente. Había una sola cosa de la que Ranma querría hablar con sus tres prometidas –y Mousse- presentes. «¿Acaso ya va a decidirse? ¿Ya nos dirá que Akane es la elegida?». Minutos más tarde, la pareja china entró al lugar, cerrando la puerta tras de sí.

—Subamos arriba —instó Ukyo.

—¿Quieres que me quede limpiando? —le preguntó Ryoga.

«Parece que también se dio cuenta… pobrecito, ha de dolerle como a mí…» pensó Ukyo.

—No —pronunció Ranma antes de que la cocinera pudiese contestar—, quiero que escuches también.

El grupo subió las escaleras hasta el departamento de Ukyo, donde se acomodaron alrededor de la pequeña mesa del comedor. La castaña se apresuró a sacar unos cuantos vasos largos que tenía –que, en realidad, eran del restaurante pero se había quedado sin espacio en los gabinetes de abajo-, para luego también sacar una jarra de té verde fresco del refrigerador. Sirvió los vasos y también un plato de galletas, de esas de supermercado.

—Muy bien, dinos que pasa Ran-Chan.

Ranma bajó su taza y los miró a todos, antes de tomar un suspiró y comenzar a hablar.


¿Te quedaste mal por lo que dijo Ranma? —le preguntó Ryoga a Ukyo, cuando volvió de su salida.

Él ya se había encargado de preparar el restaurante, tal y como ella se lo había pedido. Ukyo traía mejor cara que antes, pero quería asegurarse. El muchacho no pudo evitar sonrojarse cuando ella le regaló una tierna sonrisa.

—No te preocupes, Ryo-kun, ya estoy algo mejor después de salir con Shampoo —olisqueó el aire—. Oye, ¿estás cocinando algo? Huele bien.

Pasaron a la trastienda, donde estaba el fregadero, una pequeña mesa con dos sillas y un pequeño horno. Sobre el mismo, había una gran olla, cocinándose a fuego lento. Se acercó y la destapó.

—¿Sopa miso?

—Amm, sí, ¿quieres probar un poco? —dijo el muchacho ofreciéndole un poco en un tazón.

Ukyo aceptó el recipiente y la cuchara que su socio le alcanzaba. La sopa lucía bien y olía bien también. Levantó una pequeña cucharada y la sopló, para, finalmente, llevársela a la boca.

—Hum.

—¿Hum, qué? —le urgió Ryoga.

—Está sabrosa —aprobó ella, dibujando una linda sonrisa en el rostro de Ryoga, tomó otra cucharada—. ¿No te parece que es demasiada sopa para nosotros dos? Además, pensé que ibas a ir a cenar a tu casa hoy.

Algunos días, Ryoga se quedaba con Ukyo a cenar porque no le gustaba tener que dejarla y que cenara sola. Ese era el tipo de gestos que a Ukyo le derretían el corazón de ternura. Miró al muchacho frente a ella, que jugueteaba con los dedos, visiblemente nervioso y arqueó una ceja.

—Hum, verás, mi mamá invitó a comer a todos sus empleados por un problema que hubo ayer en la construcción.

—Oh, ¿por eso no vas a tu casa? ¿Tanta gente es?

—De hecho, los invitó a comer a un restaurante.

—¿Y entonces por qué…? Oh… Oh.

—Pensé que sería más fácil si servimos okonomiyakis con la sopa miso.

—¿Cuántos comensales son?

—¿Uh?

—Clientes, Ryoga, ¿cuántos?

—Unos… ¿treinta? Quizás… más, hay gente que no confirmo si venía…

Se atrevió a mirar a la cocinera y ella sonreía contenta, hasta le brillaban los ojos. Sin pensarlo, la muchacha dejó el tazón sobre la mesa y se lanzó efusiva a Ryoga, abrazándole por el cuello y enredando las piernas alrededor de su cintura.

—¿Ukyo? ¿Q-q-qué haces?

—¡Eres increíble! —se apartó un poco para mirarle—. Desde que empezaste a trabajar aquí, tengo muchas más ganancias y hasta me queda tiempo para mí porque ahorró mucho más si me ayudas con los quehaceres. Realmente eres uno en un millón, Ryoga Hibiki…

Desenredó las piernas de la cintura del muchacho, apoyando las puntas de los pies en el piso y dejándole un besito en la mejilla antes de separarse por completo de él y girar sobre sus talones, lista para abrir el restaurante. Más paró en seco cuando vio un ramo de flores apostillado contra la pared en la que estaba la puerta de la trastienda.

—¡Oh! ¡Qué bello! —suspiró, tomándolo— Ryoga, gracias, es precioso…

—¡N-no! —exclamó más rojo que un farolito navideño y sacudiendo las palmas a modo defensivo—. ¡Yo no te las traje! ¡Estaban en la puerta cuando vine para acá! ¡Tenía una tarjetita que decía que era para ti!

Se encontró decepcionada de que el regalo no fuera de Ryoga, sorprendiéndose por ello. Entre las flores, halló un pequeño cartoncito que decía "Para Ukyo". Y no pudo sino preguntarse quién las había enviado, pues se dirigía a ella con bastante familiaridad. Volviendo a suspirar, mandó a Ryoga a preparar la parte delantera del restaurante mientras ella llenaba un florero con agua para sus flores.


Después del desayuno, Ranma agradeció la comida y se dirigió a la puerta.

—¿Adóndevas? —preguntó Genma.

—Voy a Quera.

—¿Quera?

—¿Qué rayos te importa? —pronunció, antes de sonreír satisfecho por la broma y voltear a su prometida—. ¿Nos vamos, Akane?

Todos los presentes trataron de disimular su sorpresa. Soun se ocultó tras su periódico, Genma se concentró en su arroz y Kasumi ofreció otra ronda de té. Nabiki, por su parte, fingía concentrarse en el reporte financiero matutino, pero sospechaba que algo tramaban Ranma y Akane.

Los jóvenes prometidos salieron entonces, sólo para que Kasumi se levantara y les siguiera.

—Disculpen, he olvidado decirle algo a Akane.

La mediana de los Tendo entrecerró los ojos. Oh, sí, definitivamente algo pasaba. Y Kasumi parecía saber qué era. Excusándose de la mesa, subió a su habitación y miró por la ventana, sabía perfectamente que no recibiría respuestas de su hermana mayor, por lo que debía buscarlas en otro lado. Decidida, se cambió rápido de ropa y bajó las escaleras.

Los siguió de lejos, para que ellos no notaran su presencia. En el camino, vio que se encontraron con Mousse y Shampoo, más tarde, con Ukyo y Ryoga. Ya juntos los seis, tomaron un camino con una dirección clara y un destino que la muchacha desconocía. Nabiki estaba más que curiosa ahora, pues los había visto pasar por enfrente de un hotel y ahora estaban parados en la puerta de un registro civil, haciéndola pensar lo peor.

No era como si Ranma pudiera casarse con sus tres prometidas a la vez, ¿cierto?

¿Y Mousse, qué? ¿Y Ryoga?

¿Acaso Ranma pensaba casarse con sus tres prometidas y sus dos amigos?

No era ningún misterio para Nabiki la razón por la que el muchacho perdido siempre pasaba por su casa, sentía algo por Akane. No sabía que tan fuerte era ese algo… ¿tanto era el amor que le tenían Mousse y Ryoga a Shampoo y Akane como para casarse también con su rival? ¿Vendrían todos a vivir al Dojo?

«Imagina el costo…» pensó horrorizada. Su fachada de reina de hielo cayéndose por primera vez en mucho tiempo al imaginar la cantidad de gastos que eso supondría. Mousse y Ryoga también eran artistas marciales, ¿a poco comían la misma cantidad de comida que Ranma? Palideció. ¿Y dónde dormirán todos? ¿En el cuarto de Ranma o en el de Akane? «Despierta, Nabiki, no seas tonta» se auto-regañó. «Obviamente, también tendríamos el ingreso del Neko-Hanten y del Ucchan's. Dinero no faltaría… si es que Cologne no cierra el Neko-Hanten una vez que se haya casado Shampoo».

Nabiki era una chica lógica, gracias a eso tenía tan buenos negocios a su corta edad. Por ende, tomó un respiro y decidió analizar críticamente la situación. Ranma no se podía casar con sus tres prometidas, ni con Ryoga, ni con Mousse. Eso era ilegal. Dudaba mucho que les permitieran hacer semejante cosa. Aunque, días atrás, había leído que dos parejas amigas de toda la vida habían realizado una boda conjunta, el hecho era tan insólito que hasta salió en el diario, lugar de dónde ella lo leyó.

¡Una boda triple! No… espera, eso no tendría sentido, porque entonces sólo una de las chicas se casaría con Ranma. Entonces irían por la idea de casarse los seis entre ellos, ¿cómo funcionaría eso, en primer lugar? Ni siquiera podían casarse, eran todos menores de edad y, por ende, el permiso de los padres era imperativo. Su padre no le había firmado a Akane más que la última boleta de calificaciones que mandaron de la escuela, su Tío Genma probablemente no supiera que debía firmar un permiso para que Ranma pudiera casarse, Cologne no reconocía más que las leyes de su tribu y ni se molestaba en conocer las de Japón, el padre de Ukyo estaba en Osaka y, tomando en cuenta que había hecho a su hija desafiar a Ranma a un duelo, lo más probable era que no tuviera su bendición aún. Por lo que sabía, la madre de Ryoga vivía en Nerima, mas no la conocía así que no podía asegurar nada.

Un momento…

¡MOUSSE!

Se había olvidado de Mousse, ¿cómo pudo? Su madre estaba en China, sí, ¿pero acaso él no tenía la misma edad que ella? Si era así, entonces Mousse ya tenía cumplidos los dieciocho años. Entonces…

Vio como Ryoga rebuscaba algo en su mochila, Mousse hacía lo mismo con sus mangas. Luego, le entregaron unos papeles a Ukyo y Shampoo, respectivamente, para luego entrar todos juntos al registro civil. Nabiki se acercó lo más que pudo al edificio y esperó.

Transcurridos diez minutos, volvieron a salir. Venían riéndose, probablemente de algún chiste, se ocultó tras la pared de concreto para que no la vieran. Pararon justo a su lado sin darse cuenta, podía verles las espaldas, pero ellos no podían verla. A menos de que voltearan.

—Tardamos menos de lo creí —aprobó Mousse, guardando unos papeles.

—Ser cierto. Bisabuela seguro poner contenta —combinó Shampoo.

—Bueno, nos da un poco más de tiempo, aún así hay que movernos —opinó Ukyo—. Vamos, o Ran-chan perderá el tren.

«¿Tren? ¿Qué tren?»

Y así, la mediana de las Tendo se encontró nuevamente siguiendo nuevamente a su hermana y sus… ¿amigos? Todos iban riendo y charlando como si realmente lo fueran.

Tras llegar a la estación, Ranma compró un boleto y se sentaron a esperar que llegara el tren. Nabiki se sentó en otra banca, lejos de ellos, pero lo suficientemente cerca como para poder observar que sucedía. Esperó y esperó, hasta que finalmente el tren de Ranma llegó y lo despidieron. Era el momento.

Con la cabeza gacha, se acercó hasta dónde estaba el grupo.

—Akane —pronunció, quitándose dramáticamente los lentes de sol que llevaba, causando que su corto cabello castaño se bambolease suavemente debido al movimiento.

—¡NABIKI! —gritaron todos sorprendidos.

—¿De dónde saliste? —preguntó Mousse—. Eso de los lentes se vio bastante épico, por cierto.

—Gracias. Ahora, explíquenme qué sucede.

Se miraron entre todos.

—No aquí —dijo solemnemente Akane, para luego guiar al grupo a un parque cerca de la estación, estando todos sentados, comenzó a explicar—: verás, Nabiki, ayer cuando Ranma y yo salimos de casa, fuimos al restaurante de Ukyo…

Muy bien, dinos que pasa Ran-Chan.

Ranma bajó su taza y los miró a todos, antes de tomar un suspiró y comenzar a hablar.

Necesito su ayuda con algo…

Ukyo sintió un alivio que no se supo explicar, tal vez no estaba todo perdido aún.

¿Con qué? —preguntó curioso Mousse, antes de dar otro sorbo a su vaso de té.

Como todos saben, nunca veo a mi mamá por el contrato de seppukku y todo eso… pero, de verdad quiero verla y que me conozca como soy. Sin embargo, mi papá no estará de acuerdo, le tiene miedo a Mamá, supongo. A lo que quiero llegar es, ¿me ayudarían a ir a ver a mi madre sin que se entere mi papá?

Ranma vio como sus amigos –porque esos cinco eran sus amigos sin importar quién estuviera prometido o enamorado de quién-, se miraban entre sí para luego sonreír. El primero en hablar fue Ryoga.

Yo te voy a ayudar en lo que pueda —dijo—. Si no fuera porque me acompañaste a mi casa la última vez, ve tú a saber cuánto hubiera pasado sin ver a mi mamá.

Yo también —aprobó Akane—. La otra vez el Tío Genma se metió en nuestros planes, ¡pero ahora vas a ver que sí vas a ver a tu mamá! —proclamó solemnemente la joven Tendo.

Sé lo que es no ver a tu madre por mucho tiempo —apostilló Mousse—. No he visto a la mía desde que llegué a Japón, nos comunicamos por carta, pero no es lo mismo.

Akane y Mousse tienen razón —aprobó Ukyo—. Debes disfrutar de tu madre mientras puedas…

¿Por qué dices eso? —indagó Ranma.

Ucchan le regaló una sonrisa triste.

Mi mamá murió cuando yo era pequeña —explicó—. Tenía casi seis años, no me acuerdo mucho de ella…

Mamá morir en batalla —combinó Shampoo—. Yo extrañarla… Shampoo ayudarte también Ranma.

—Ya veo —dijo la castaña—. Podría haberlos ayudado.

—Aún puedes —alegó—. No sé a qué hora vuelve Ranma, tendrás que ayudarnos a mí y a Kasumi.

—Sólo dime que necesitan…


Palabras: 8164

El capítulo estaba quedando algo largo, así que me pareció apropiado terminarlo ahí :). Veamos, veamos, parece que Ukyo tiene un admirador secreto y ella y Ryoga se están volviendo cada vez más cercanos. Nabiki se formó ideas equivocadas por andar metiendo la nariz dónde no la llaman, así que ya saben, Darlings, nada de andar de metiches xD. Shampoo está a nada de darle el "sí" a Mousse, pero, ella misma lo ha dicho, nada es tan fácil. Y, si recordamos el capítulo anterior, Mousse, por alguna razón, no está muy de acuerdo con la idea. Hubo quejas porque no muestro mucho a Ranma y Akane, no es a propósito, es sólo que los otros cuatro me demandan más tiempo en pantalla para contar sus partecitas de historia.

Lamento la demora en actualizar, pero ya no tengo internet en mi computadora y no sabía cómo actualizar desde mi celular xD.

Respuesta a reviews:

Devi2791: Gracias :). Tengo que admitir que mis partes favoritas de la serie son aquellas en dónde se ve cómo interactúan Ryoga, Mousse y Ranma, como en el capítulo "La decisión de Ryoga" o el capítulo en el que encuentran un sobre con polvo del "Manantial del hombre ahogado" y tienen que trabajar juntos para encontrar el sobre correcto o en "El demonio de Jusenkyo" cuando pelean juntos contra Pantimedias Taro.

ElvisF231:Asíes, querido, como dije, Shampoo está a nada de darle el sí a Mousse, pero el chico pato no parece querer aceptar, ¿quién te entiende, Mousse? Y sí, el detalle de la comida puede no estar en el manga, pero si en el anime. Aparece en el capítulo "De Ryoga, con amor", cuando le preguntan si ha visto un pequeño cerdo y que si se lo ha comido, Ryoga responde: "¿Cómo comerme a un amigo?" Indicando que Ryoga no es capaz de comer carne de cerdo y, si lo piensas bien, también puede aplicar a Mousse, ya que en China, especialmente en Pekín, se come mucho pato, es decir que, si bien Mousse está habituado a ver ese tipo de comidas, no por eso quiera ser la cena de alguien. Como dato curioso, estos son también dos animales que se comen mucho en la cocina francesa, como vimos en el capítulo de la técnica del Foie Du Grás (Hígado de pato usualmente cortado en fetas).

Para aclarar, la mamá de Ryoga no come como Piccole Sheldon, come normal (?)

Si te pones a pensar, nunca se ha dicho explícitamente que Ukyo sepa que Ryoga es P-Chan.

Y si tu "sensación" de que esto es yaoi viene del comentario que hace Ryoga sobre que con Ranma "no se pierde tanto", fue a propósito xD.

Elisa Lucía V 2016: Gracias, linda :). Besitos :*

Haruri Saotome: Como ya dije, tanto Mousse y Shampoo, como Ryoga y Ukyo, me exigen más tiempo en pantalla que Ranma y Akane, quiero ir desarrollando las cosas de a poco, aunque esta historia será corta xD. La dinámica de Ranma y Akane es la más ampliada y explorada en el manga y el anime, así como también en los fanfictions, aunque ahora se viene un gran problema para Ranma, el no será el foco de la atención y Akane tampoco.

Dee-Dee Zednem

26/03/17

03:53 p.m.