Y aquí estamos con el cuarto capi, otra vez un capi muuuuuy largo, pero, en mi opinión personal, yo prefiero los caps así. Un autor actualiza cada... ¿una, dos semanas? Y eso con suerte, así que yo prefiero un capi que sea largo y con mucha sustancia, a que uno cortito(como los solía hacer) y sin mucho argumento. Así que ahora os dejo con el capítulo, que además, muchas de vosotras ya me habéis dicho que preferís los capítulos así (menos dos monigotas que se quejaron de la largaria del cap, aunque las perdono porque sé que no están acostumbradas a leer mucho XD). Y ya sabéis, si os ha gustado, o queréis decirme algo acerca de la historia, sugerencias y demás, me dejáis un review, que siempre son bienvenidos.
Una mención especial a todas aquellas que me habéis dejado un comentario: enelya18 (tranquila, que en este cap se sabrá algo más sobre Akito), MargoChanning (Que bien que te emocione hasta ese punto, porque mientras yo me lo estaba imaginando casi se me saltaban las lágrimas XD), MaryJu-chan (pues realmente espero no dejar a medias este fic. Por ahora tengo escrito hasta el capi seis, y en realidad no quería empezar a publicarlo tan pronto, pero mis amigas me animaron a colgarlo antes. Espero que haya sido una buena decisión XD), Ludovico Asakura (en este capi trataré un poco por encima lo que sucedió entre ellos en el pasado, pero creo que más adelante lo prondré un poco más extendido, explicando todo con más detalle, pero no es seguro), monalesa25 (wow! cuantas preguntas! XD pero tranquila, que todo se irá resolviendo poco a poco), ska-punk (me alegro que te guste la trama. En un principio esta historia iba a ser mucho más sencilla, sin Kai de por medio, pero creo que su aparición da verdadero juego en la historia), Shirafune (la personalidad de Kai la hice pensando en un niño perfecto, todo lo contrario a mi hermano pequeño TT, pero también le quería sacar defectos, porque los niños perfectos dan asco ¬¬, y así fue el resultado), alba (me pregunto si alguna vez te quedarás con un nombre fijo. Tú eres claire, y que no se hable más! XD. Lo de los dos monigotes sabes porque quien iba, no? XD), rocio (por qué te has cambiado tu también de nombre? TT wueno, malegro que por fin te empiecen a gustar los nombres, una acaba acostumbrándose a todo XD), Tonks Lunatica (me alegro de que te gustase! Y les tengo preparadas muchas cosas a la parejita no-feliz XD), torika-chan18 (ahora Rukia está postrada en una cama, pero no creas que por eso dejará de dar caña XD, cuando despierte, claro está), hitoki-chan (Me salió una niñera! Veo que Kai está teniendo mucha popularidad en el fic, y eso que no ha hecho nada más que empezar!)
Vuelven a ser 12 los comentarios, pero en el próximo capítulo tenemos que llegar a 15! Venga, ánimo y comentar! (XD)
CAPÍTULO 4
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Tokio - Bufete de abogados Kuchiki & Ukitake
Kuchiki Byakuya estaba sentado en la silla de su despacho, revisando los archivos del último caso en el que estaba trabajando. Ya era bien entrada la noche, pero no le gustaba dejar los trabajos a medias, por lo que muchas veces se quedaba hasta que ya todos los demás se habían ido y el personal de la limpieza había empezado a hacer su trabajo. Ese era uno de esos días, a pesar de la llamada que había recibido horas antes: su hermana Rukia estaba hospitalizada a causa de un accidente de coche. Ella ya estaba fuera de peligro, aunque tendría que estar en el hospital unas cuantas semanas ingresada. Había pedido que se le enviase un informe del estado de su hermana cada doce horas y después había querido saber el nombre del médico a cargo suyo. Mientras que el que había realizado la llamada pronunciaba el nombre del que estaba a cargo de Rukia, Byakuya no pudo hacer otra cosa más que alzar una ceja en señal de sorpresa no bienvenida y preguntarse quién había sido el descerebrado que le había dado el título de médico a semejante ejemplo de arrogancia y estupidez.
Kurosaki Ichigo. Un nombre que deseaba no volver a oír lo que restaba de su próspera vida. Un nombre que había odiado desde el mismo momento en que conoció a su dueño. Y ahora, ése crío irrespetuoso y malhablado era el responsable de su hermana. Sin querer, apretó más de la cuenta la estilográfica con la que escribía y marcó el papel de forma que quedaba inservible. No, no había sido sin querer, en realidad el odio puro y duro que sentía hacia aquel engreído se había concentrado en su mano derecha, y el importante tratado que estaba firmando había tenido que sufrir las consecuencias. El abogado se concentró en respirar, despacio, expulsando todos los pensamientos de odio con el aire que expulsaba... Ya estaba empezando a pensar de forma extraña, todo culpa de Shunsui Kyoraku y sus dichosas charlas sobre la paz interior y sandeces semejantes. Tenía planeado seguir despotricando mentalmente sobre Kurosaki, pero unos golpes en la puerta le obligaron a dejar esa tarea como asunto pendiente.
-Adelante. -dijo con su tono frío patentado.
La puerta se abrió, descubriendo detrás de si a Ukitake Jyuushirou, el segundo socio del bufete. Cuando entró cerró la puerta tras de si y se acercó a Kuchiki con semblante serio.
-¿Qué ocurre? -le preguntó Byakuya de nuevo con aquel tono frío.
-¡¿Que qué ocurre?! Eso debería preguntártelo yo, Byakuya. -el aludido dejó el papeleo a un lado y se dispuso a escuchar a su socio. -Acabo de llegar de Okinawa y me encuentro con la parte delantera del edifico llena de policías. Y había un coche, estaba destrozado. ¡Era el de Rukia!
Miró al abogado que tenía delante suyo, esperando alguna reacción, pero no hubo ninguna.
-¿Qué ha ocurrido? ¿Y Rukia?
-Hace unas horas el coche de mi hermana se estrelló contra el edificio de enfrente y la llevaron al hospital. Ella está fuera de peligro.
-¿Y qué haces aquí? -le preguntó Ukitake, sorprendido por su frialdad. -Tu hermana está en el hospital, tendrías que estar con ella.
-Tengo trabajo.
No añadió nada más. Volvió a coger los documentos que había apartado y se concentró en ellos de nuevo. Había dado la conversación por terminada.
-Eres demasiado frío, Byakuya. Y esa frialdad es buena en un juicio, pero en la vida real puede llegar a ser peligrosa. -él, quizá por tener el mismo rango que Kuchiki o quizá por todo el tiempo que se conocían, era el único que le decía las cosas a la cara... Si se exceptúa a cierto individuo de pelo naranja, por supuesto. Pero a pesar de esto, Kuchiki ni siquiera se inmutó. Siguió escribiendo en las hojas, leyendo concienzudamente cada parte del escrito. -Por lo menos sabrás en que hospital está, ¿no? Hinamori me ha llamado histérica preguntándome por Rukia, y no ha sido la única. Dicen que no les querías decir nada.
-Eso no es cierto. Cuando me preguntaron, yo todavía no sabía el paradero de Rukia. Llamaron hace apenas un par de horas.
-¿Y?- preguntó impaciente el hombre de cabello blanco.
-Está en el hospital Quincy's Cross. -Ukitake ya había dado media vuelta dispuesto a salir de aquella sala, cuando oyó de nuevo la voz de Kuchiki. -El 'médico' a su cargo es Kurosaki Ichigo. -Añadió, poniendo un énfasis sarcástico al llamarle medico. Alzó su mirada y vio como el hombre enfrente de él se había detenido, mirándole con sorpresa.
-Entonces está en buenas manos.
Salió cerrando la puerta con un fuerte golpe. Reconocía su valía como socio, pero en el ámbito personal era una persona con la que difícilmente se podía tratar.
-o-o-o-o-o-
Tokio - Hospital Quincy's Cross
Kai era el hijo de Kiryu Akito, uno de los principales distribuidores de drogas de todo el país. Tenía influencias en todos lados, y si alguien se oponía a su palabra, se podía dar por muerto. Esa misma mañana, en el periódico había aparecido la noticia de la muerte de Kiryu Makino, la 'mujer' de Kiryu. Ella estaba metida en el mundo de la prostitución, y administraba cientos de tugurios donde las adolescentes vendían su cuerpo por una miseria. ¿Lo sabría Kai? ¿Sabría él el mundo en el que estaban metidos sus padres? ¿Sabría él... Que su madre, su verdadera madre, estaba muerta? Rebuscó por entre la pila de periódicos que había en la sala de guardia hasta que encontró el que buscaba. El periódico Tokio today, que estaba ya arrugado y al final de una pila inmensa de revistas y otros periódicos. Pasó las páginas hasta encontrar lo que había ido a buscar: el asesinato de la madre de Kai. El artículo apenas contaba con tres párrafos y una fotografía al margen, carecía de detalles y se notaba a la legua que el trabajo estaba incompleto. Esa misma mañana ya lo había leído, pero sin reparar casi en él. No contaba gran cosa, salvo que el motivo del asesinato era un ajuste de cuentas y que la mujer había sido brutalmente asesinada.
Ya cansado de la dura jornada, se sentó en una de las sillas que había en la sala. Se llevó una mano a la frente, en un intento de masajearse las sienes.
Rukia. El accidente. Kai; Kiryu Kai, mejor dicho.
Muchas cosas en unas pocas horas. Y las que le quedaban, pues esa noche tendría turno de guardia nocturna. Por mucho que la doctora Isane le hubiese dado un caso particular, eso no significaba que estaba absuelto de sus obligaciones. Era, más bien, tomarse un pequeño, pequeñísimo respiro. En cuanto le llamasen, tendría que ir de vuelta a la sala de operaciones, y así durante toda la noche. Odiaba los viernes. Los odiaba de verdad. Le gustaba su trabajo, era gratificante ver como un paciente que había pasado por sus manos salía del hospital por su propio pie, pero los días como aquel podían con él.
Miró el reloj de pulsera, simplemente para saber cuántas horas de calvario le quedaban.
"00:56"
¡¿Ya era esa hora?! Ese día si que había cundido...
-¿Haciendo el vago de nuevo, Kurosaki?
Ichigo giró sobre su asiento y miró detenidamente a aquel que había interrumpido su descanso.
-Tomarse un respiro después de estar horas en el quirófano no es hacer el vago, Ishida. -aquello no era del todo cierto, pues había estado un buen rato con Kai... Aunque aquello también formaba parte de su trabajo. -Además... ¿a qué no sabes sobre quién me han puesto al cargo?
-¿Pero que te han asignado a algún paciente? Lo de que faltaba personal no era ninguna broma...
Ichigo le ignoró por completo y siguió con lo suyo.
-Kuchiki Rukia.
Ishida le miró con desconcierto. Ahora entendía el semblante preocupado y decaído de Kurosaki.
-¿Rukia-san está aquí?
-¿Acaso no te lo acabo de decir?
Ishida abrió y cerró la boca varias veces, intentando decir algo, pero tenía demasiadas preguntas en su mente, y no sabía por cuál empezar.
-¿Qué le ha ocurrido?
-Un 'accidente de coche' -le respondió Ichigo enfatizando las últimas palabras. Ishida lo notó perfectamente, por lo que su preocupación aumentó.
-¿Por qué ese tono? ¿Acaso no crees que haya sido un accidente de coche?
-La sacaron de un coche destrozado, pero de accidente no tuvo nada, de eso estoy casi seguro.
El médico se había perdido por completo, no entendía aquellas suposiciones casi paranoicas de su compañero.
-A ver, empecemos desde el principio; ¿Qué ha ocurrido exactamente?
-Es demasiado largo de explicar.
-Creo que tú tienes toda la noche. ¿No estabas de guardia?- sí, lo había dicho para joderle. Él apenas tenía una guardia cada... ¿tres, cuatro meses? Es lo que tenía ser el hijo del director. -Además... Estoy seguro de que Orihime querrá saber lo que le ha pasado. Porque ella todavía no lo sabe¿verdad?
-No, no lo sabe. En realidad creo que tan solo lo sabemos nosotros y Kai.
-¿Quién es Kai?
-El... Ahijado de Rukia, o algo así.
-¡¿Qué?!
-Bueno, eso no importa mucho... -recordó el motivo de sus sospechas acerca del accidente. - vale, en realidad sí, pero eso no es a lo que iba.
Ishida estaba perdido de nuevo. ¿Alguna vez Kurosaki podría dignarse en acabar un diálogo con sentido?
-Hace un par de horas llamamos a Byakuya para contarle lo de Rukia, pero todavía no ha aparecido nadie.
-De Kuchiki era de esperar, pero...
-Exacto, pero... ¿y los demás? ¿Y Renji? ¿Y Hinamori?
-¿Has intentado ponerte en contacto con ellos?
-Sí, pero han pasado cinco años, deben de haberse cambiado de número.
-¿Y por qué no llamas al bufete?
-Ya lo he intentado, pero no contesta nadie. Deben de haberse ido ya todos.
Ishida se apoyó en el marco de la puerta con los brazos cruzados. Para Kurosaki era un tema delicado, eso se veía a kilómetros, quizá por eso había rebajado un poco el tono de superioridad que solía usar con él. Pero solo un poco.
-¿Y no le has llamado a él? -Kurosaki le miró. Sabía perfectamente a quién se refería, y sabía que, o bien perdería el control y le gritaría hasta quedarse a gusto, o acabaría colgando furioso por el sinsentido de la llamada. -Deberías hacerlo.
-No serviría de nada. Ese hombre es de hielo. Aunque su hermana se estuviese muriendo, no... - paró de hablar. ¡Una idea! Una sonrisa diabólica se instaló en sus labios.- Bueno, si se estuviese muriendo, quizá...
-No.
-¿Por qué? Es el único modo de que venga.
-Sí, pero luego te denunciará por... Por eso. Seguro que encuentra alguna manera de hacer de tu acción un crimen.
-Solo es una llamada. Sin pruebas, no hay crimen. ¿O acaso creías que pondría a Rukia en peligro?
-Viniendo de ti...
-¡Joder! ¡Que se trata de Rukia!
Los dos se callaron, suspirando profundamente.
-Voy a llamar a Orihime. Seguro que quiere saber algo de Rukia-san. -diciendo esto, salió de la habitación y dejó solo a Kurosaki, hundido en sus pensamientos.
-o-o-o-o-o-
Tokio - Bufete de abogados Kuchiki & Ukitake
Ukitake Jyuushirou buscó entre los bolsillos de su abrigo hasta encontrar lo que andaba buscando. No tardó mucho en encontrar el teléfono móvil, y acto seguido marcó un número que le había estado llamando insistentemente durante las últimas horas. Cuando el móvil empezó a dar señal, no tuvo que esperar ni tres segundos, y ya le habían respondido.
-¿Ukitake-san?
-Sí, soy yo. Ya sé cómo se encuentra Rukia. -al otro lado de la línea pudo oír los gritos casi histéricos de la mujer que había llamado. -Hinamori-san, tranquilízate. Ella al parecer está bien.
-¿De verdad? ¿Y dónde está? ¡¿Dónde?!
-Está en el hospital Quincy's Cross. Yo estaré allí en una media hora. Intenta llamar a los demás, por favor.
-Sí... ¿pero cómo está ella? -preguntó con preocupación la mujer.
-La verdad es que no lo sé muy bien, Byakuya tan solo me ha dicho que está fuera de peligro... Y... -el hombre se preguntó si debía decirle acerca de Kurosaki. Ella también le conocía, y seguramente sería mejor que supiese que él estaba con ella, en vez de encontrarle de golpe y porrazo en el hospital. -¿Te acordarás de Kurosaki Ichigo, verdad? -se hizo un silencio al otro lado de la línea. Un silencio tenso, por lo que pudo decir que ella sí se había acordado de Kurosaki.
-¿Qué ocurre con él? -preguntó con un tono cortante.
-Kurosaki... Él está a cargo de Rukia.
-¡¿Qué?!
-Cálmate, Hinamori. Él...
-¿Que me calme? ¡Ese tío le hizo mucho daño a Rukia! ¡¿Y ahora está a su cargo?!
-Créeme, el daño lo recibieron los dos. Y además, eso no es lo que importa ahora. Debes llamar a todos los demás; nos reuniremos en el hospital dentro de media hora. -y colgó. Seguramente, cuando se encontrasen con Kurosaki en el hospital, se crearía un ambiente un tanto... Violento, pero él no querría a nadie más para cuidar a Rukia. Sabía que podía confiar en aquel muchacho que tantos quebraderos de cabeza le había dado en el pasado. Se rió de su propia contradicción, pero supo que era una verdad universal.
Guardó el móvil en uno de los bolsillos de su abrigo y se dispuso a salir del edificio. Si quería llegar al hospital antes que los demás debía darse prisa.
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Tokio - Hospital Quincy's Cross
Ya eran casi las dos de la madrugada, y una extraña calma reinaba en el hospital. Ichigo estaba rellenando algunos formularios, ya que no le habían llamado para más emergencias, y prácticamente ya tenía todo el trabajo acabado. Cuando acabase con eso, iría de nuevo a ver a Rukia... Después de todo era su paciente, y además ya hacía mucho tiempo que había dejado allí solo a Kai, y quisiera o no, estaba un poco preocupado.
Ishida no había vuelto desde que se fue a buscar a Orihime, por lo que seguramente la mujer ya estaría en su casa. Ishida Uryuu y Orihime hacía un año que estaban casados, después de casi ocho años de relación. Ambos habían estudiado medicina en la universidad privada de Toudou, lo cual lo consiguieron gracias a una beca por sus notas impecable, aunque en el instituto tanto ellos como Ichigo iban juntos... Y entonces también estaba Rukia. A pesar de la rivalidad entre Ichigo e Ishida, los cuatro siempre estaban juntos, eran inseparables. A los quince años, él y Rukia habían empezado a salir juntos, aunque ninguno de los dos pensaba que lo suyo podría llegar muy lejos, pues siempre estaban discutiendo y metiéndose el uno con el otro. En realidad, eso a ellos les divertía, por lo que encontraban cualquier excusa para pelear, sacando de quicio a todos lo que estaban a su alrededor. Pero a pesar de todo, ellos estuvieron juntos... ¡seis años! Ni él mismo se lo podía creer. Era mucho tiempo, pero nunca fue demasiado. Finalmente, sus peleas se volvieron cada vez peores, y su relación se deterioró. Para cuando quisieron darse cuenta, ya no había marcha atrás. Rompieron y decidieron no volver a verse jamás. Él estaba estudiando medicina en una universidad de Tokio, y ella derecho en otra mucho más cara y llena de ricachones, todo gracias a su hermano Byakuya. No tuvieron muchos problemas a la hora de distanciarse, pues en realidad lo que más les costaba era encontrar un momento para estar juntos.
Aunque sabiendo todo eso, sabiendo que entre ellos no podría haber ni un minuto de paz, habían pasado cinco años, y él seguía sin olvidarla del todo. Habían pasado más mujeres por su vida, pero ninguna dejó una huella tan importante como la de ella. Simplemente no eran Kuchiki Rukia. Simplemente no podía amarlas como la amó a ella.
Sabía que si seguía pensando en eso lo único que conseguiría sería que las dudas surgiesen en su cabeza, y no quería que eso sucediese. Decidió que se concentraría en ayudarla mientras estuviese en el hospital, y nada más.
Se levantó de la silla en la que estaba sentado, ordenó los últimos folios que había por la mesa y salió de la habitación en la que había estado encerrado la última hora para dirigirse a la habitación donde dormía su dolor de cabeza.
-o-o-o-o-o-
Cuando entró en la habitación, no pudo evitar que una pequeña sonrisa acudiese a su rostro. Rukia seguía dormida, y a su lado, sentado en una silla, estaba dormido el pequeño Kai. Su cabeza se apoyaba sobre su hombro izquierdo, y una de sus manitas reposaba en la cama de Rukia.
Ichigo se quedó contemplando esta escena durante unos minutos. Kai había cumplido su promesa, y había tenido cuidado de no tocar ninguno de los delicados instrumentos que ayudaban a Rukia, pero el pobre no había podido con el sueño y se había quedado dormido en esa incómoda posición. Sabiendo que si el niño seguía durmiendo así le dolería todo el cuerpo cuando despertase, Ichigo se acercó a un sillón que estaba más apartado y lo acomodó para que estuviese en posición horizontal. Con cuidado de no despertar a Kai, lo cogió en brazos y lo llevó a la cama improvisada que había creado. Se quitó su propia bata de médico y tapó con ella al niño; La calefacción estaba puesta, pero aún así se agradecía ropa de abrigo. Cuando Ichigo ya se alejaba, pudo oír a Kai murmurar el nombre de Rukia. Casi le dio pena alejarlo -aunque solo fuese un poco -de Rukia, pero allí estaría mucho más cómodo.
El joven se alejó del niño y se disponía a irse ya de la habitación, pues sólo había ido allí para ver si todo estaba en orden, pero cuando ya se dirigía hacia la puerta, ésta se abrió, descubriendo a alguien al que no había visto en años: Ukitake Jyuushirou. Se quedó unos segundos delante de la puerta, sin decir nada, pero al final se decidió a romper el hielo.
-Cuánto tiempo, Ukitake-san. -el hombre de pelo cano le sonrió en un tono afable y le tendió una mano en señal de saludo, a la que Ichigo le respondió.
-Lo mismo digo, Ichigo.
De nuevo reinó el silencio en la sala, un silencio incómodo del que no sabían cómo salir.
-¿Cómo está Rukia? -preguntó Ukitake, adelantándose unos pasos para poder ver mejor a la mujer. Cuando vio las escayolas y los vendajes que cubrían sus quemaduras no pudo evitar una mueca de dolor, e inmediatamente se giró hacia el médico, buscando la respuesta a su pregunta.
-Tiene tres huesos rotos y pequeñas quemaduras por casi todo su cuerpo, pero dentro de lo que cabe, está bien. Nada irreversible. -el abogado pareció calmarse un poco, pero todavía conservaba un semblante preocupado en su rostro. -Tendrá que llevar la escayola durante un par de meses, y necesitará rehabilitación, pero se pondrá bien. Ella es fuerte. -era la segunda vez que decía aquella frase en ese día, y si la primera la dijo para reconfortar a Kai, ésta fue única y exclusivamente para él.
Se oyó un fuerte suspiro proveniente de Ukitake, y cuando Ichigo le miró, vio a un hombre terriblemente preocupado.
-Sí, ella es fuerte. -fue lo único que le respondió.
El hombre parecía cansado, por lo que Ichigo le ofreció el asiento en el que antes se había quedado dormido Kai, y Ukitake se sentó.
-Ukitake-san... ¿has venido tú solo?
-Sí, pero pronto vendrá Hinamori, y todo aquel al que arrastre con ella.
-¿Y Byakuya? -preguntó en un tono cortante.
Ukitake alzó la mirada. Sabía perfectamente lo que pasaba por la mente del médico, y también sabía, y entendía, la razón de aquel tono tan frío que había usado al preguntar por el hermano de Rukia.
-Él no vendrá.
Eso fue todo lo que necesitaba saber. Tenía sus sospechas, pero creía que después de todo lo que había logrado Rukia aquel presuntuoso la trataría como se merecía.
-Muchas gracias, Ichigo .-dijo Ukitake después de un corto silencio. -Estoy seguro de que Rukia está en buenas manos contigo.
-¡Vaya! Y yo que creía que me odiaríais después de todo lo que pasó.
-En realidad Renji y Hinamori te odian, y ya sabes que Byakuya te ha odiado desde siempre, así que en realidad yo soy el único que no te odia.
-No sé cómo sentirme después de oír eso... -en realidad se lo esperaba, pero no que el abogado se lo dijese de ésa forma, como burlándose de él. -¿Y Rukia? ¿Ella me odia?
Silencio. No recibía ninguna respuesta.
-¿Tú la odias?
-Jamás podría. -respondió sin ninguna duda en su corazón.
-Pues entonces creo que el sentimiento es mutuo.
Eso le hizo sentirse mucho mejor; era como quitarse un peso enorme de encima.
Ambos hombres volvieron a mirar a Rukia, que seguía durmiendo, ajena a todo lo que ocurría a su alrededor.
-Ichigo, te tengo que preguntar una cosa...
-Adelante.
-Verás, Rukia últimamente ha estado trabajando en un caso un tanto... Complicado, y ha tenido que cuidar a un niño pequeño. -le empezó a explicar Ukitake. Ichigo sabía perfectamente a quién se refería. - Pero desde el accidente no le hemos vuelto a ver. Le he estado buscando...
-Está ahí dormido, debajo de mi bata. -le dijo señalando al pequeño bulto oculto tras la ropa blanca.
-Y por eso he venido antes... ¡¿Eh?! -el hombre de pelo cano se giró en el momento en el que la información le llegó al cerebro. -¡Kai-chan! -le gritó al pequeño, aunque éste pareció no oírle.
-¡Ssshhh! -Ichigo inmediatamente le acalló. Ambos miraron al niño, que seguía en su quinto sueño.
-¿Desde cuándo está aquí? -le preguntó el abogado mientras se levantaba y avanzaba hacia Kai. Cuando llegó a su lado, pasó una mano por su pelo negro, como para cerciorarse de que era real.
-Los que trajeron a Rukia en la ambulancia le recogieron también a él. Ha estado despierto hasta hace no mucho, así que mejor déjale descansar. -Ukitake asintió con la cabeza y volvió a su asiento, sin dejar de mirar todavía al pequeño.
-Ya me temía lo peor... Vine aquí antes que los demás para saber si sabíais algo de Kai, porque a los demás no les dije nada de que él había desaparecido. -Ukitake sonrió al ver la expresión relajada del rostro del niño .-Así que también has tenido que cuidar de él.
-Qué remedio... -de nuevo, silencio, pero ésta vez toda la incomodidad se había esfumado. -Ukitake-san, él... Kai... ¿Qué pensáis hacer con él? Cuando sus problemas se resuelvan claro.
-¿Qué sabes de Kai-chan?
-Pues... Casi todo. Me lo estuvo contando en la cafetería mientras cenábamos.
Ukitake suspiró, preocupado de nuevo.
-Posiblemente lo tengamos que dejar con la Seguridad Social.
-Me lo temía. -Ichigo sabía que al finalizar todo aquello, Kai tendría que separarse de Rukia, y era algo que ambas partes iban a sufrir, y mucho. -Parece que Kai le ha cogido mucho cariño a Rukia.
-Sí. Y a Rukia le pasa lo mismo. Aunque no puede salir nada bueno de esto. Al final se llevarán a Kai, por eso le dije que no se lo llevase con ella, pero no me hizo caso.
-¿Es que acaso Rukia hace caso a alguien?
El abogado se rió.
-No. Nunca lo ha hecho, y estoy seguro de que nunca lo hará.
Ukitake miró el reloj que colgaba de su muñeca, y luego miró hacia el pasillo desierto que se podía observar gracias a la puerta abierta.
-Creo que los demás no deberían tardar.
-Entonces será mejor que yo me vaya. No creo que les haga mucha gracia verme aquí. -diciendo esto se dispuso a salir de su habitación. -Si me necesitáis para algo estaré en el primer piso, en la sala de guardia. ¡Ah! Y posiblemente también vengan Ishida y Orihime.
-¿Les has llamado?
-Ellos trabajan aquí, así que no han tardado mucho en enterarse. -después de una insistente mirada por parte del abogado, al final Ichigo desistió. -Sí, se lo dije yo.
El médico salió por la puerta y se dirigió al ascensor para encaminarse a la primera planta. Demasiadas emociones en un día, y eso que no había hecho más que empezar.
Dentro de 7 días el próximo cap, titulado... 'Amigos del pasado'
