Hablar bajito para gritar más fuerte, que existe un mundo de colores diferente.

Chapter 4

Bella POV

Di una vuelta más entre mis sábanas. No podía dormir. No tenía ni idea de por qué pero era ya medianoche y yo seguía más que despierta. Hoy era domingo y mañana empezábamos las clases en toda regla. Habíamos pasado un fin de semana genial. De hecho, Alice había conocido a un "monísimo socorrista que prometía", eso decía ella. Para Alice, todos los chicos monos prometían, esperaba que esta vez tuviera razón. Yo, por supuesto, no les comenté el incidente de la manguera, sólo conseguiría una semana entera soportando bromitas. En el resto del fin de semana apenas vi a Edward, supuse que estaba castigado, porque era imposible que hubiera conseguido un permiso para salir el domingo, dado su comportamiento. Si sigue así va a conseguir muchos problemas… pensé con lástima.

Desquiciada, me levanté, me puse unos vaqueros y una cazadora y cogí mi paquete de Marlboro dispuesta a salir y airearme. En realidad, si cualquiera me viese a estas horas merodeando por el internado, podría darme por muerta; pero a partir de las doce ya nadie vigilaba el internado, y quien si lo hacía, no lo hacía con eficacia. Salí al pasillo y silenciosamente bajé al primer piso me metí en el baño y desde allí, me descolgué por la cañería hasta bajar a los jardines. Sencillo, y eso que yo era una auténtica patosa.

Me apresuré a esconderme entre los jardines, por miedo a que alguien me viera y me senté en un pequeño, (muy pequeño) claro, en la hierba siempre seca.

Saqué un cigarro y me lo encendí. Mientras le daba una calada, me puse a pensar…

-Vaya, vaya, vaya…- susurró una voz a mi espalda.

Pegué un salto y grité asustada.

-¡Joder!

Me giré y pude observar con detalle la cara de Edward a apenas diez centímetros de la mía, mi corazón latía desenfrenado, debido al susto, claro.

-Shh… no grites, no podemos estar aquí.-susurró sobre mi rostro. Esa frase, esa sencilla frase provocó en mi cabeza tantas fantasías que por un momento tuve que respirar hondo y tranquilizarme. Le di una larga calada a mi cigarro y me acomodé de nuevo en el césped. Edward se sentó a mi lado y se sacó un cigarro también.

-No sabía que fumaras.- dijo de pronto echando el humo.

-Ni yo que tú también lo hicieras.-contraataqué. Me giré hacia él.- ¿Qué haces aquí?

-¿Y tú?-me preguntó el mirándome. Yo me encogí de hombros.

-No podía dormir.

-Supongo que yo tampoco podía dormir.

Yo miré hacia adelante, la situación se me antojaba incómoda. Tenía que sacar algún tema.

-¿Qué tal llevas lo de ser conserje?-le piqué, el bufó.

-Este colegio es una mierda.

-Hay que saber comportarse.-dije escuetamente. En cierto modo tenía razón, era demasiado estricto.

-¿Insinúas que no sé comportarme?-dijo aparentemente molesto. Yo me expliqué.

-No sabes comportarte como este colegio quiere que te comportes.-Edward asintió. Y nos quedamos en silencio. Yo tuve que preguntar de nuevo, intentando no parecer demasiado interesada.- Si no te gusta… ¿por qué viniste aquí?

-Uf, es una historia larga.

-Tengo tiempo.- le sonreí. Y era verdad, no podía dormir, ¿qué mejor que escuchar la historia de un adonis como aquel? Mierda, Bella. Céntrate.

-Me echaron del anterior colegio. Y me hicieron repetir curso. Mis padres me obligaron a internarme aquí.

-¿Eres mayor que yo?

-Voy a cumplir diecisiete.-mostró una radiante sonrisa.

-Om… y ¿por qué te echaron?-pregunté interesada. Su imagen era angelical, pero desde luego su comportamiento… Edward bajó la cabeza.

-Por varias cosas…- dijo sin mirarme. Yo esperé, incitándole a que continuara. Él levantó la cabeza y me miró, con intensidad.- Por no cumplir las normas.- Bueno, eso es lógico.- Consumir marihuana dentro del recinto escolar…- Joder. Me reí por lo que dijo.- Por…follar en los baños del colegio…

Eso decididamente me tomo desprevenida.

-¿Follaste en los baños?-pregunté entre divertida y asustada. Edward asintió, y yo me eché a reír.

-Ni se te ocurra hacerlo aquí.-le advertí entre risas.

-¿Seguro…?-dijo acercándose peligrosamente a mí. Mis latidos aumentaron de velocidad y mis hormonas se revolucionaron.

-¿Insinúas algo?-dije molesta, o intentando parecer molesta. Edward se apartó al instante y soltó una carcajada, dejándome confundida. Entonces le dio una última calada al cigarro, tiró la colilla, la pisó y se levantó.

-Ha sido un placer hablar contigo, pero creo que me voy a la cama.

Yo le imité, y me estiré.

-Sí, creo que yo también.-dije bostezando. Él se giró hacia mí y me sonrió tentadoramente.

-Ah, ¿me acompañas?

Yo le enseñé el dedo corazón y le dije medio en broma, medio en serio.

-Eres un cerdo pervertido.

-Yo también estoy encantado de conocerte.- me guiñó un ojo y se dio la vuelta. Observé cómo se alejaba y me apresuré a volver a mi habitación.

7:30 am.

Le pegué un manotazo a mi despertador y lo estampé contra el suelo. Había dormido muy poco, y lo poco que había dormido había sido un desastre. Me levanté, con cuidado. Al menos no hace frío. Me puse la falda a tablas azul oscura, la camisa blanca con la insignia del internado y una americana azul oscura por encima. Tarde por lo menos seis minutos en conseguir enlazarme la corbata roja. Me maquillé un poco, lo suficiente como para tapar la huella de haber dormido mal por la noche. Después, salí a buscar a mi amiga.

-Buenos días Rosalie.- dije apareciendo en su habitación. Ella me miró desde el espejo en el que se estaba maquillando con cara de horror.

-Tengo una cara horrible.-sentenció con un bufido.

-¿Tú?- dije yo con ironía.- Mírame, tengo unas ojeras enormes.

-Eso te pasa por dar paseítos nocturnos… -dijo como quien no quiere la cosa. Yo me sonrojé pero no dije nada. Le esperé a que se preparara y fuimos a tocarle la puerta a Alice.

-¡Ya te he dicho que no toques mis zapatos!

Esa era Alice. Rose y yo nos miramos, entre sorprendidas y preocupadas y tocamos la puerta. Una muy enfadada duendecilla la abrió de un tirón.

-¡Eres una histérica!- contestó una voz chillona desde dentro del cuarto. Alice miró hacia atrás echando humo por las orejas.

-Alice, ¿qué pasa?- pregunté.

Antes de que pudiera decir nada una chica rubia, alta y con unas tetas enormes salió por la puerta empujando a mi hermanastra, y caminó hasta el ascensor con altanería. Ya sabía quién era: Heidi. Alice fue a lanzarse tras ella pero la sujeté del hombro.

-¡No la soporto!-dijo cruzándose de brazos.- Toca toda mi ropa sólo por joder, ¡y sabéis que nadie puede tocar mi ropa!

Eso era totalmente cierto. Estaba completamente prohibido tocar y/o desordenar la ropa y los complementos de Alice sin su supervisión. Y más aún cuando quien lo hacía es una pequeña zorrita como lo era Heidi.

-No sabía que fuera tu compañera de habitación.-dije tranquilamente. No era posible tranquilizar a Alice en estos momentos.

-¡Yo tampoco! Hasta ayer no llegó, estaba de vacaciones y en serio, ojalá se fuera de nuevo. –continuó ella.- Encima recibe estúpidas visititas por las noches, será cerda…¿Por qué a mí? ¿Por qué no me ha tocado una chica agradable como a Bella?

Caminamos hasta el comedor y desayunamos tranquilas. Entramos en 4ºB y Alice se acercó a mi mesa a charlar pues todavía era pronto. Entonces entró Heidi con los mismos aires de superioridad que traía en el pasillo y cuando pasó al lado de Tanya ésta le puso la zancadilla. Me sorprendió mucho, Heidi siempre había sido la mano derecha de la rubia recauchutada.

-¿Qué te pasa con Heidi, Tanya? ¿Te copió los zapatos?- dije en tono sarcástico. Ella refunfuñó.

-No seas graciosa Swan; no estoy de humor hoy.

Vaya, Tanya estaba enfadada y en serio. Era muy extraño que no me contestara algo así como "sé que me tienes envidia". El profesor de literatura entró y nos tuvimos que ir a nuestros sitios. A decir verdad, estaba intrigada con lo que Heidi podría haberle hecho a su amada Denali. Pero mi atención se centró de pronto en el pupitre vacío que había a mi derecha, ¿dónde se ha metido? En todo caso, no era de mi incumbencia, ¿verdad?

-Psst. Bella.

Me giré, alguien me llamaba desde la fila a mi derecha. Una chica de pelo castaño me tendía un papel muy doblado, no estaba segura pero se llamaba Ángela.

-Que llegue a Tanya. Es de Heidi.-continuó ella.

Rápidamente, alargué la mano y lo atrapé. Sabía que hurgar en la correspondencia de los demás no estaba bien, no era ético pero… estaba haciendo de mensajera, por echarle un vistazo no iba a pasar nada. Con sumo cuidado, desdoblé la notita y leí con atención.

"¡Heidi! Esto no se le hace a una amiga, que lo sepas. ¡Sabías que yo iba a por él! ¿Cómo has podido tirártelo? A veces eres…increíble."

¡Heidi se había acostado con el nuevo fichaje de Tanya! ¿Quién sería el "afortunado"? Le di la vuelta a la notita, ahí estaba la respuesta de Heidi.

"Tanya, aquí la cosa no funciona pidiéndose a los tíos ¿vale? Edward vino a mi habitación y pasó lo que pasó. No pienso pedirte perdón."

Leí una segunda vez la notita, porque creí no haber leído bien. ¿Edward y Heidi? Espero que haya otro Edward por los alrededores porque si no... Bueno, no pasaba nada. Los nervios bajo control… ¡Será guarra! ¡Claro! Por eso había dicho Alice que oyó como alguien entraba por la noche. ¡Era Edward!

Doblé de nuevo la notita y se la pase a Eric, el chico que tenía delante. Después, me crucé de brazos y me enfurruñé durante toda la clase. Sabía que era un enfado estúpido, de niña, pero me molestaba tanto que ellas siempre tuvieran que conseguirlo todo… No es que yo quisiera nada con Edward, claro, pero… el hecho de que las otras dos fueran Heidi y Tanya me sentó muy mal.

Por fin, tocó el timbre que dio paso a la segunda hora. Oh, mierda. Química, se me daba fatal la química. Me agaché y comencé a sacar el libro de química de mi mochila, levanté de nuevo la cabeza y… Me encontré de pleno con el trasero de Edward Cullen.

Rápidamente me senté bien en mi silla y apoyé la cabeza sobre mis manos. ¿Cuándo había llegado? Noté como pasaba por detrás de mí y se sentaba en su silla. Yo cerré los ojos, me moría de sueño.

-Vaya, te noto cansada.- dijo en tono amistoso. Yo me giré y le sonreí. Estaba apoyado sobre su brazo, tirado encima de la mesa. Edward me devolvió la sonrisa.

-He dormido mal. ¿Y tú, qué?-dije pensando en la visita furtiva a la habitación 219.

-Yo… estoy destrozado.-dijo en un suspiró. El enfado volvió a hacerse notar.

- Eso te pasa por dar paseítos nocturnos… -usé las mismas palabras que usó Rose esta misma mañana, en tono de reproche. Edward me miró fijamente, incrédulo.

-¿Cómo has dicho?-dijo alzando una ceja. Estaba segura de que él ya sabía que no me refería a nuestro encuentro.

Entonces el profesor entró, y nos mandó callar a todos. Yo le sonreí de forma pícara a mi compañero de mesa y miré hacia la pizarra. Podía notar su mirada quemando mi rostro durante toda la clase, pero no le mire en ningún momento.

La siguiente clase era gimnasia, para mi gran horror, por supuesto. Llevaba tres años entero sufriendo en silencio con el fútbol, el baloncesto, el tenis… No eran lo mío. Yo siempre optaba por esconderme detrás de alguien y hacer como si hiciera algo. La gente me lo agradecía, si pretendía intentar jugar de verdad, alguien salía dañado. Por suerte era la última clase del día, siempre la primera semana empezábamos sin clases después de comer.

Entramos al vestuario, me puse el horroroso chándal azul oscuro, con un polo blanco con la insignia del colegio y unas All Star azules. Armándome de valor, salí agarrada de la mano de Alice al patio. Nos sentamos en el suelo y el profesor Hutch comenzó a hablar.

-Bien, chicos. Hoy no empezaremos con la asignatura de Educación Física, tengo una sorpresa para vosotros -Que se haya anulado la asignatura, que la hayan quitado por favor…-: Este año habrá un equipo de fútbol masculino y otro de voleyball femenino. Y en esta hora se harán las pruebas para entrar.-¿Voleyball? Una nueva tortura para mí. No pienso hacer las pruebas.- Por supuesto, las pruebas son obligatorias. Así que… ¡mucha suerte!

Alice aplaudió a mi lado, ilusionada y se levantó. Yo me quedé en el suelo molesta, iba a hacer el ridículo delante de toda la clase…

-Vamos, Bella. No vas a estar tan mal.-dijo a sabiendas de lo que me preocupaba. Yo la miré.

-¿Qué no? Alice, ya sabes que a mí me das un balón y mato a tres personas…

Oí una risa suave, agradable y me giré. Ahí estaba Edward riéndose de mí. Sentí que me ponía roja, de rabia, y de vergüenza. Me crucé de brazos, mirándole a los ojos.

-¿Algo que objetar, Cullen?-dije molesta. Él dejó de reír y le miró a Alice.

-Por favor, avísame cuando Bella esté haciendo las pruebas. Tengo curiosidad.-volvió a reírse, y luego me guiñó un ojo a modo de broma. Yo me giré enfadada y Alice me siguió, sin saber muy bien qué decir. Estúpido Cullen, que se cree mejor que nadie porque se ha follado a la guarra de Heidi y ahora se ríe de mí… Ya verá, voy a conseguir entrar en esa mierda de equipo sólo para que vea que de mí no se ríe... El muy imbécil… Una larga sarta de maldiciones se me vino a la mente.

El profesor Hutch fue desechando a unas personas, y aceptando a otras y muy pronto, me tocó a mí.

-Swan.- me acerqué hacia la pelota con manos temblorosas, lo cogí y lo miré con miedo.- Adelante.- me animó mi profesor. Yo le miré, y vi que a su lado se encontraba Edward, sonriéndome con sorna y sosteniendo en sus manos el uniforme azul del equipo de fútbol. Lo habían elegido. Ahora sí que voy a conseguir que me cojan. Cogí el balón con determinación lo lancé al aire y lo golpeé con todas mis fuerzas con los antebrazos. Sorprendida, muy, muy sorprendida, observé como la pelota pasaba por encima de la red y se dirigía al otro lado del campo. Una chica de Bachillerato, que estaba al otro lado ayudando al profesor Hutch con las pruebas, lo golpeó y lo lanzó a mi campo de nuevo. Yo me moví a la izquierda, salté y golpeé el balón con las puntas de los dedos, con fuerza. El balón cambió de dirección, pasó la red y cayó a dos metros de distancia de la chica, sin que ella pudiera hacer nada para evitarlo. Me quedé parada y sonreí para mí misma.

-Vaya, Isabella.- dijo mi profesor atónito. Llevaba tres años dándome clases de Educación Física y jamás, había conseguido golpear un balón y no causar daños.- Estoy de verdad sorprendido. Si llego a saber que eres tan buena en vóley hubiera creado el equipo mucho antes. Estás dentro del equipo.

Sonreí triunfal y le miré a Edward; seguía con la sonrisa torcida en la cara, pero esta vez, me sonreía de verdad.


Bueno... al parecer me he confundido en el anterior capítulo ^^"

Alice no tiene como apellido Cullen, por supuesto, en principio su apellido sería Brandon, pero como su madre y Charlie se casan se supone que su apellido ahora es Swan. Culpa mía!

Por otro lado, el apellido de Jasper es Martin porque yo he querido que sea así. Es una especie de anécdota... en fin xD

Un momento, ¿qué había sido ese extraño calor que sentí en el pecho?