Capítulo 4:
-Bajo el Sol (y la Luna)-
Los rayos del Sol penetraron con firmeza la habitación del joven, traspasando las cortinas con delicadeza, para dejar a su paso un rastro de partículas de polvo en el aire. Con un gruñido de somnolencia, Dib se incorporó con lentitud de la cama y restregó sus ojos con cansancio. Había sido un día largo ayer y su cabeza palpitaba con fuerza, haciéndolo ver círculos de luz alrededor de sus orbes oculares.
Su mente no lo dejó reposar durante la noche. El sueño que antes tuvo sobre viajes estelares y extraterrestres venidos de planetas lejanos se había vuelto una imagen borrosa tras su despertar forzado. El haber encontrado aquel paquete y ahora tener una foto decente de Zim en sus manos le estaba generando ansiedad, sin saber cuál era la causa de ello.
-Hoy será un largo día seguro…- suspiró el ojimiel mientras se abría paso hacia el baño para poder darse una corta y fría ducha.
Las cosas se habían vuelto tan cotidianas que incluso el mismo oxígeno parecía haberse vuelto asfixiante. Era cosa de todos los días: despertar, ducharse, desayunar, ir a la escuela, ir al trabajo, regresar a casa y finalmente dormir de nuevo. Las gotas de agua lamían reseteando los sentidos de Dib. Aquel día sería diferente gracias a la palabra "examen de carrera".
Después de cerrar el grifo, el humano salió del baño secándose bien el cuerpo y la cabeza, sin darse cuenta que tras de sí un pequeño trazo de agua se formaba sigilosamente. Con pereza, dejó la toalla a un lado y tomó en su lugar un bóxer y su pantalón negro, colocándoselos tan lento como podía.
Mientras terminaba de vestirse ajustando su gabardina, miró de reojo su habitación. Era increíble que nunca se le hubiese pasado por la cabeza el redecorarla. Aquellos posters en su pared lo miraban expectantes y sus computadoras en el escritorio lucían decrépitas y obsoletas. El ya no era un niño obsesionado con la verdad del universo a pesar de seguir creyendo firmemente en ella.
-Espero haber guardado todo. No me vendría mal dar un repaso antes de que llegue el profesor…- Mientras revisaba una vez más su mochila, el ojimiel vio de reojo un destello en su escritorio. Al principio no le dio más importancia creyendo que se trataba de alguna herramienta.
Un ajuste en sus gafas y un libro resbalando de sus manos por error refrescaron su vaga mente. Ese destello era el contacto de los rayos de sol contra la superficie vieja y cuidada de la fotografía del Irken al que Dib siempre intentó detener. Por un momento consideró la posibilidad de llevarse la foto solo por capricho, pero finalmente desistió de la idea y cruzó el umbral que lo sacaría de su habitación, cerrando la puerta con un gastado suspiro.
-¡Dib! ¡Ven a desayunar rápido, joder! ¡Si llegas tarde al examen y repruebas papá se deprimirá y no iremos a la cena familiar de esta noche!- gritó la peli-violeta escaleras abajo, sin quitar la vista de su Game Slave 6.
-¡Voy bajando, Gaz! Tuve algunos problemas mientras me arreglaba.
-¿Qué clase de problemas tendría un hípster como tú al arreglarse? Deja de hacerte el importante solo porque el laboratorio de papá te paga la Universidad.
-No me hago nada, Gaz, déjalo por amor a Dios.- contestó Dib intentando apaciguar la ira de su hermana menor.
-Lo dejaré solo para que desayunes rápido. Tienes quince minutos, idiota.- dijo la chica mientras comía con apuro su plato de cereal y su mano izquierda se encargaba del video juego con avidez.
Desde que había entrado a la universidad y Gaz aun esperaba para terminar su último semestre de Preparatoria, la peli-violeta no había dejado de quejarse y escudriñarle en cara a su hermano la beca que este obtuvo gracias a su padre y a alguna ayuda en el laboratorio. Si bien Dib sabía que su hermana lo hacía por molestar y no por envidia alguna, no dejaba de sentirse meramente odiado por su propia sangre solo por algo de dinero ajeno. Si su padre se lo hubiese permitido, el habría salido a buscar un trabajo con el cual pagar sus estudios. Desgraciadamente y para su vida de "súper genio dotado de increíbles habilidades científicas" ese no era el caso.
-Pondré los platos en el fregador.- dijo el humano mientras recorría su silla para levantarse.- Llegaré tarde de nuevo. Debo terminar una incubación que tengo pendiente en el laboratorio de química. Pero no te preocupes, no faltaré para la cena familiar.
-Sino fuera porque papá quiere que vayas, me importaría un comino, pero está bien. Más le vale a tu incubación no hacerte retrasar.
-Entiendo. Nos vemos más tarde entonces. Adiós Gaz.- Dib caminó con rapidez hacia el garaje, dejando a su hermana muy ocupada jugando al lado de un plato de cereales vacío.
Justo al lado de la nave de Tak, el ojimiel mantenía en buenas condiciones una motocicleta de segunda mano que logró adquirir dos años atrás en un taller a las afueras de la ciudad. Su padre le había prometido un auto para su vigésimo tercer cumpleaños, sin embargo el aún no cumplía los veintidós y tenía que transportarse de una u otra manera sin gastar muchos recursos; ¿qué mejor para aquello que una motocicleta?
-Con algo de suerte aun no habrán dado el toque de entrada.- dijo el humano con la esperanza en las manos.
Con una gran exhalación, el ojimiel abrió la puerta del garaje y encendió la motocicleta, pisando a fondo el acelerador sin quitar el freno de mano. Ajustó los retrovisores y el humo de la gasolina trabajando comenzó a inundar el lugar y las fosas nasales del joven.
-Hoy tiene que ser diferente.- Con un rápido movimiento y un chirrido de engranajes oxidados, el humano salió como una bala sin aviso del garaje, dejando una estela de humo en su camino.
El aire golpeaba con suavidad la cara del de tez verde mientras caminaba dando zancadas cada vez más fuertes a medida que avanzaba. El y su unidad UCI habían escogido un mal día para recorrer la ciudad en busca de aquel artefacto sacado de una película de ciencia ficción. El cansancio no tardaría en apoderarse de sus músculos y los rayos del Sol les dejarían un lindo recuerdo una vez hubiesen vuelto a casa.
-¡No puedo creerlo! ¿Qué acaso las personas no tienen un poco de sentido común? ¿Qué clase de indicación es "girar a la izquierda y dirigirse al "Imperio del taco"?- refunfuñó Zim mientras se detenía a descansar un poco. G.I.R. lo miró con extrañeza mientras saboreaba su helado de merengue y crema espesa.
-¿El amo está enojado porque no hemos podido hallar su juguete?- observó el robot a través de sus ojos celeste brillante.
-¡No es enojo es…! Bueno está bien, si es enojo.- suspiró el alíen al ver que todo pintaba mal para su búsqueda.- Solo no comprendo cómo es que el Voot pudo decir que mi mapa había caído aquí. ¡He buscado en todas partes y no hay rastro de él!
-No hemos buscado en esos lugares raros donde suelen reunirse chicos con nieve acumulada en sus abrigos, amo. Según las películas esas personas suelen investigar cosas como su juguete.- respondió la unidad mientras engullía de una el cono de galleta de su helado.
-Hablas de los científicos, G.I.R., dudo mucho que ellos tengan mi… ¡Eso es! Desperdicié todo mi tiempo buscando entre estos humanos sucios e inferiores en vez de ir directamente con esas larvas desarrolladas.- Con una sonrisa atravesando su cara, el irken extrajo de su PAK un rastreador portátil.
-Veamos que tantas Universidades tiene este pestilente lugar.
Ingresando las coordenadas de la ciudad, el rastreador desplegó ante Zim un GPS color verdoso con líneas rojas que indicaban las calles del lugar. Un pequeño punto púrpura indicaba la ubicación de él y G.I.R. dentro del mapa.
-Según este mapa, hay al menos unas tres Universidades con un bachillerato para laboratoristas. Una se encuentra al oeste, una al sur y otra al norte.- El de tez verde giró sobre su eje para ubicarse mejor mientras escribía algunas cosas en una libreta pequeña.- Empecemos con la del norte, G.I.R.; sus niveles de enseñanza no son tan inferiores y con algo de suerte tendremos más oportunidades de encontrar mi paquete en ese lugar.
-Pero amo, ese lugar está al otro lado de la ciudad, ¿cómo llegaremos ahí tan rápido?- preguntó el robot desde el piso donde estaba sentado.
-Ir por el Voot sería una hora de caminata más y sinceramente estoy harto de este estúpido Sol terrestre derrite cerebros.- Con un suspiro, Zim volteó a ver a su compañero con una sonrisa dentada.- Pero sé de una forma que nos hará llegar rápido. Sabes de qué hablo, ¿no, G.I.R.?
-Yo no tengo ni idea.
-¡Hablo de que uses el sentido común, te levantes, enciendas tus propulsores y nos lleves ahí volando!
-Oh. ¡Cómo ordene, amo!- Con un rápido movimiento, la unidad encendió sus propulsores mientras el irken se montaba sobre el a modo de jinete.
Las azoteas de la ciudad se vieron inundadas con una gran cantidad de polvo y partículas de suciedad a medida que el robot pasaba sobre ellas con su amo a cuestas. El cielo parecía una mancha azul y blanca a la velocidad con la que volaban y las personas bajo sus pies tenían apenas el tamaño de una hormiga roja. El de tez verde se aferraba a la antena de su unidad mientras admiraba el paisaje, aunque insalubre y grotesco, que tenía en frente.
-¡Puedo verla G.I.R.! ¡Está justo en frente a unos cuantos metros más!- gritó el irken intentando hacerle frente al aire que le omitía la voz. Sin embargo, la velocidad era la misma y el aire comenzaba a picarle en los ojos.- ¡G.I.R.! ¿¡Me estás escuchando!?
-¡Me gusta volar con la suciedad!- vitoreaba el robot mientras daba un giro de 360 grados en el aire.
-¡G.I.R., nos vamos a estrellar!
Más rápido que tarde, la visión de ambos se tornó oscura y borrosa. Por un momento, Zim creyó haber despertado de un sueño lúcido en cuanto se levantó del piso y toco su sien con cierta incomodidad; el golpe había sido fuerte.
-Demonios. Deberías escuchar lo que digo G.I.R. y quizá mejorar un poco tus aterrizajes.- dijo con molestia el alíen mientras se sacudía la ropa.
Los ojos de Zim se toparon con la visión de un patio muy grande cuya extensión se hallaba repleta de jóvenes adultos, algunos más cargados y preocupados que otros que solo jugaban con boomerangs o platicaban recargados contra las paredes del edificio. Ni en uno solo de sus años de entrenamiento irken había presenciado tal comportamiento entre personas con una edad semi avanzada. Las reglas de su planeta eran estrictas y crueles, reglas que los dejaban con apenas tiempo de descansar después de cada prueba física o psicológica.
Con poca emoción, el de tez verde se percató de que nadie le prestaba una atención realmente marcada. Al parecer el nivel académico no influía mucho en la forma del ver el entorno y sus participantes. Al principio se sintió algo extrañado, pero después le restó importancia. Mientras más desapercibido, mejor.
-Muy bien, empecemos con nuestra búsqueda G.I.R.- declaró Zim ignorando que su compañero ya no estaba cerca de él.
Al llegar al patio principal, lo primero que hizo Dib fue aparcar su motocicleta en uno de los soportes especiales para bicicletas exclusivos de los estudiantes laboratoristas. Cada bachillerato tenía su espacio y lugares de descanso y recreación. Con pesar, el humano bajó de su vehículo y colocó dentro del asiento de la moto el mapa que extrajo momentos antes de su bolsillo.
-Si registran las mochilas en clase, no habrá necesidad de explicar esto.- se dijo para sí el ojimiel mientras ponía un pequeño candado con cadena en la abertura del compartimento de la moto.
-¡Membrana! ¿Podrías ayudarme con estos cálculos?- se oyó gritar una voz femenina a lo lejos. Dib volteó rápidamente su cuerpo y divisó a una de sus compañeras de clase.
-¡Enseguida voy!
Con una ligera vista de reojo a su motocicleta, el humano se abrió paso entre los alumnos para dirigirse a su compañera.
-Esto me está sacando de quicio. Siento que alucino cosas.- se quejó el irken al ver que ninguno de los alumnos con bata blanca traían su mapa o indicios de haberlo tenido. Los analizadores de materia y memoria irken tenían sus beneficios sabiendo cómo usarlos.
Al cabo de unos cuantos minutos buscando entre los jóvenes, el irken se cansó y a su vez los alumnos procuraban mantenerse alejados de el para no hacerlo enfadar más, fuera cual fuese su problema. Los rayos del Sol no disminuían y el calor abrazaba con fuerza los ropajes negros del irken, haciendo que su piel se sintiese seca y descamada sin estarlo en realidad.
-Suficiente…
Cansado y casi débil, Zim divisó un lugar con árboles que daba sombra a unos extraños metales que sostenían los transportes de dos ruedas de los jóvenes. Con un suspiro de alivio, el de tez verde se acercó al lugar para descansar y tomar aliento antes de seguir buscando.
Mientras se recargaba con cuidado sobre una de las motocicletas, el analizador que traía en mano comenzó a sonar con un leve pitido que solo sus antenas bajo la peluca podían captar. Rápidamente ajusto la cercanía del analizador para que mostrase la ubicación de la señal irken.
-No entiendo, no veo nada por aquí ni remotamente parecido a mi…- Con un giro de cabeza, Zim vio una motocicleta negra con azul aparcada a unos cuantos metros de donde él estaba.-…paquete. La señal se detiene justo ahí. ¿Acaso…?
Con paso cauteloso, el alíen se acercó a la motocicleta mientras sostenía el analizador frente a ella. En seguida, la señal se hizo más fuerte y el sonido resonaba como tambores en sus antenas. Zim posó sus ojos sobre el asiento de la moto, dándose cuenta de que este estaba asegurado con un candado y una cadena de doble grosor que lo normal.
-Mi mapa seguro está en esta cosa. Debo sacarlo rápido.- Sin importar las miradas que pudiesen estar sobre él, el irken sacó de su PAK un pequeño láser para deshacer la cadena y el candado.- Hoy me voy de este lugar.
El humano se despidió de su compañera con un ademán de la mano mientras se dirigía a su motocicleta para comprobar el estado de su seguridad. Pasándose una mano por el cabello, el ojimiel pudo divisar desde lejos que había cierto movimiento cerca de su vehículo.
-¿Pero qué…?- dijo extrañado Dib al ver que una persona desconocida estaba peligrosamente cerca del asiento de su moto, encorvada y con las manos aparentemente ocupadas. Estaban tratando de robarle. -¡Oye tú! ¿¡Qué te crees que haces!? ¡Esa es mi motocicleta y eso que tratas de robar me pertenece!
Con escozor y el ceño fruncido por el enojo y fastidio, Zim guardó con disimulo el láser en su PAK y giró sobre su eje para ver a la cara a ese metiche que había osado gritarle. Raramente, la voz le pareció familiar, pero su enojo fue tal que dejó de lado un posible análisis y transformó sus manos enguantadas en puños.
-¡¿Cómo te atreves a gritarme…?!
En un instante, todo se volvió oscuro. Gris. Blanco. Las luces sobre el cielo nocturno brillaban con intensidad sobre sus cabezas, mientras el viento hacía volar los bordes de sus ropas con delicadeza. Sus ojos se encontraron por última vez aquella noche. Ahora, seis años después de aquella vez, sus caminos volvían a encontrarse.
-¿…Zim?
Continuará…
