Antes de comenzar, olo quisiera agradecerles a todas por sus lindos reviews. Son las mejores! Y de paso quiero disculparme por haberme tardado tanto en subir el capitulo, pero me encontraba bloqueada. ¡Disfrutenlo!


"Todo a mi vista estaba negro. La oscuridad me envolvía y el dolor punzante me destruía. Mi cuerpo flotaba en una nada infinita, creando en mí una sensación terrible de vértigo. Era como si cayera, y solo buscaba sostenerme de lo que fuera. Pero nada. Y como no podía ponerse en peor, comencé a oír una voz a la lejanía. Una voz que pronto se convirtió en un millón, y competía contra las puntadas en mi cabeza por quién me hacía sufrir más…."

*Punto de vista en: Tercera persona*

Luego de aquel show, los sirvientes del castillo decidieron reunirse en el pasillo de sus habitaciones par debatir y chismear a cerca de lo que había acontecido. ¿Habría sido Hans el causante de que tal doncella saliera corriendo de esa manera? ¿La habría amenazado? Las apuestas ardían, e incluso se hacían bromas al respecto.

John, Margaret y el resto del equipo de cocina, se encontraban en una esquina ajenos a tal barullo. Les habían dejado muy claro a todos ellos su posición acerca de ese tema; no concordaban en absoluto en que lo tomaran como un juego, y muchos menos, les gustaba que inculparan al señor Hans de todo lo malo que ocurría. Más bien, demostraron preocupación ante el hecho de que la reina saliera por si sola en plena noche; el reino no era demasiado seguro a esas horas.

Todo el escándalo que ahí se desarrollaba, se vió por terminado cuando el príncipe apareció por el corredor. Todos se quedaron helados, y en silencio mientras lo observaban. Estaba blanco como un papel, decaído y cansado; su expresión solo demostraba enfermedad. Pero el horror de todos fue, el ver que en su mano portaba, una espada completamente ensangrentada. Margaret s llevó las manos a la cara, y las chicas que por él suspiraban, cayeron al suelo desmayadas. Los muchachos no tuvieron más que sujetarlas.

El parecía querer decir algo, ya que su boca y abría una y otra vez, pero no se oía nada. Les pareció escuchar de él "Abajo" antes de también desplomarse en el suelo. El primer grito se oyó.

Todos los que antes habían jugado y bromeado, estaban aterrorizados, y se encargaron entonces de ayudar al pelirrojo que apenas respiraba; pero John y los demás entendieron, o al menos pensaron entender lo que él había querido decir. Escabulléndose del alboroto, y dejando a las muchachas en manos de los demás, se dirigieron a toda prisa a la puerta del castillo, donde creían que encontrarían una desgracia. Pero en su lugar, en la completa oscuridad, estaba Elsa, la Reina Elsa, inconsciente, pero completamente sana y respirado.

A pesar de ello, seguían temiendo que al acercarse, descubrieran un charco de sangre, o algo así. Se negaban a pensar que él le haría eso; no, no lo haría.

La regordeta mujer fue la primera en dar un paso en frente. Fue cautelosa en ello, cerrando sus ojos por unos momentos. Se agachó, entonces, luego de volverlos a abrir, y con un suspiro de alivio, las hizo una señal a los otros, para que se acercaran. Entendieron así que todo estaba bien. Ella también fue la primera en intentar despertarla, sacudiendo su hombro enérgicamente con su fuerte brazo. No hubo respuesta.

-¿Su alteza? Su alteza, ¿está bien? ¡Conteste! –No tardó en perder la calma, tomando en cuenta todo el cariño que sentía hacia la dama.

-Margaret, cálmate. Ella debió haber sufrido alguna lesión, o se asustó mucho. No podemos dejarla aquí. Hay que subirla.

Hablando así, John se tomó la libertad de sostenerla en sus brazos con mucho cuidado. Colocando su cabeza en su pecho, conseguía sentir su respiración lenta. Había calma en su expresión, como si estuviera teniendo un buen sueño. En lugar de llevarla a su habitación, se dirigieron a la cocina, donde la recostaron en un enorme mesón de madera.

Iluminaron bien la habitación, para así verla mejor. Estaba sucia, como la primera vez que la vieron cuando llegó. Usaron un paño limpio para limpiarla lo mejor que pudieron, buscando de ves en cuando sacudirla para ver si podían despertarla. Pero nada.

Todos se quedaron allí el resto de la noche, turnándose para dormir mientras otros cuidaban de ella. A veces creyeron oírla chillar, pero nadie pudo confirmarlo.

A la mañana siguiente, todos estaban más cansados que antes, pero su preocupación era mayor. Finalmente, la muchacha abrió los ojos con los primeros cantos de los pájaros. Parecía confusa, y mareada; apenas pudo reconocerlos al principio.

-¿Dónde estoy? ¿Qué pasó? –Fueron sus primeras palabras, colocando aquella delicada y suave mano en su frente. Probablemente le dolería la cabeza.

-Está en el castillo su alteza – Fue lo único que le supieron contestar.

-¿De Arendelle? –Ella pareció sonar esperanzadas. Todos se miraron con una expresión apenada.

-No mi Reina. Sigue en las Islas del Sur.

Esa información no le pareció agradar, por lo que volvió a cerrar los ojos. De pronto, y sin que nadie estuviera preparado, la elegante mujer comenzó a llorar. Todos se miraron, mas angustiados de lo que ya se encontraban. Desgraciadamente la mujer echaba de menos a su familia, y en la situación en la que se encontraba, el hecho de no poder volver a su casa, la empeoraba. Todos se miraban unos a los otros, sin saber que hacer o qué decirle.

Prefirieron dejarla llorar hasta el cansancio, hasta que sus sollozos cesaron. Margaret volvió a dirigirse a ella, algo apenada, ofreciéndole un pañuelo para que limpiara sus lágrimas. Ella lo aceptó sin rechistar, pasándolo por sus sonrosadas mejillas.

- Lamentamos que no esté en su hogar, su majestad –Casi se disculpó con ella, como si fuera su culpa. Pero ella rápidamente negó con la cabeza.

-No, no. Lo lamento yo. No debí. Lo siento –Su voz se entrecortaba constantemente. Ella no se movió del lugar donde la recostaron, pero si, luego de callarse, comenzó a analizar la habitación de lado a lado, como si desesperadamente buscara algo. John, que no había hablado desde que despertó, se dirigo a dar algunas ordenes para atender a la reina. Les hizo traer algo para el dolor de cabeza, y preparar un poco de té. Todos querían saber datos sobre lo que le había ocurrido a Elsa, pero no estaban seguros si estaba en la mejor forma para ser atacada por preguntas.

La ayudaron a sentarse; revisándola para buscar alguna herida en ella. Su mirada seguía examinando el lugar, en donde reparó, a lo lejos, un objeto afilado que descansaba a un lado, brillando bajo la luz. Aquel destello plateado despertó en ella un ligero recuerdo que la hizo estremecer.

-Aquí tiene su majestad - Le entregaron en sus manos una taza caliente de té.

-Muchas gracias –Agradeció con calma, sin siquiera notar que era Jonh quién se lo entregaba. Este pareció ligeramente ofendido al verse ignorado.

Ella dio un pequeño sorbo al contenido, sumida en sus pensamientos. Sentía la necesidad de levantarse para ir a inspeccionar el objeto filoso que allí reposaba. Pero sabía que ellos no la dejarían levantarse, al menos no en esos momentos. Se terminó el líquido de la taza, dejándola a un lado en el mesón en que seguía sentada. Margaret se acercó para retirarla.

-Y, ¿Cómo se siente su majestad? –Le preguntó con amabilidad mientras se alejaba un poco para colocarla en el cubo de lavar.

-Mucho mejor, gracias –Ella le contestó – Puedo, ¿Puedo preguntarte una cosa?

-Lo que sea mi Reina.

-¿Qué es eso que está allí colocado? –La chica señaló al objeto afilado con el dedo, mordiendo ligeramente su labio. La mujer solo necesitó echarle un vistazo para saber a lo que se refería.

-Esa es la espada del señor Hans.

-¿Podrías acercármela? –Esta le pidió.

La mujer no necesitó contestar. Se desplazó hacia el lugar, tomando el objeto en sus manos. Se la entregó, dándole a saber entonces que era una espada. Una espada larga y elegante, con los símbolos patrios del Reino. Ella la examinó de arriba abajo; un recuerdo atravesó su mente despertando en ella una duda. Estaba claro que era la misma espada que se había interpuesto entre su muerte; y si era de Hans, ¿Eso quería decir que él había sido el que la salvó? ¿Por qué el habría de hacer algo así? Todo estaba al revés.

Intentó seguir recodando, ver algo en su mente que le negara estas conclusiones que estaba sacando. Pero hasta unos cabellos rojizos pudieron divisarse en su mente. Tragó en seco.

- Margaret, ¿Podría conseguirme una audiencia con el Príncipe Hans? Debo consultarte algunas cosas –Elsa solicitó a la mujer, con decisión. Esta expresó con su mirar una gran curiosidad y extrañeza. ¿Qué estaría pasando por la mente de la Reina? Quiso preguntárselo, pero sería una impertinencia. Se encaminó entonces a cumplir su tarea, subiendo por las escaleras hacia la habitación del príncipe. Pero cuando allí llegó, no se encontraba nadie.

Esto la alarmó, pues siempre que él se sentía descompuesto se enredaba entre aquellas magnificas sábanas de seda que la cubrían.

Entonces volvió rápidamente a las habitaciones de los sirvientes para así averiguar a donde habían llevado al hombre.

-Me temo señora, que está en la última habitación de la Torre 2. Con el doctor –Le contestó el primer hombre que pudo encontrar en el pasillo. Ante su respuesta, volvió a apresurarse hasta aquella habitación.

En la cocina, todos se encargaban de distraer a la Reina. La hacían reír con unos cuantos chistes, y bromas entre ellos. Pero su mente estaba demasiado distraída como para reparar, que desde una esquina de la habitación John la observaba muy fijamente. Todos lo habían notado, pero nadie quiso comentar nada.

El golpeteo de las puertas al ser abiertas, hizo que Elsa desviara la mirada hacia la mujer que entraba por ellas. Su rostro estaba lleno de preocupación y angustia.

-¿Qué ocurrió? ¿Dónde está Hans?

- Él…. El príncipe Hans está gravemente enfermo.

El silencio inundó la sala.

-¿Cómo? ¿De qué?

-No lo sabemos Alteza. Tiene muchisima fiebre, y solo ahora sabemos que no ha probado bocado desde hace días. Se retuerce en dolores, y un montón de otras cosas que no comprendí. El médico está allí con él, pero no sabe que hacer. Ni siquiera está consiente. Me temo que no podrá hablar con él en un tiempo.

Elsa se levantó entonces, al terminar de escuchar a la mujer. Se tambaleó un poco, debido a un repentino mareo que sintió. Pero no tardó en recuperarse.

-Lléveme con él.


Bueno, eso es todo por el capitulo de hoy. ¿Qué creen que pasará? Elsa ya está sospechando que Hans la salvó.

Antes de despedirme, quisiera pedirles a todas un pequeño favor: estoy participando en un concurso de muñecas, que se hacen en photoshop, y para pasar al top 16 necesito ganar los mas likes que pueda. Si tienen FB, haganme el favor. Este es el link. . ?fbid=687303461321783&set=a.687300871322042.1073741837.135167313202070&type=1&theater

Eso es todo. Hasta el proximo cap!