Había algo que rondaba en la cabeza de Dipper desde hace varios días, se preguntaba, ese día en especial, sobre la forma en que, desde hace tiempo, el rubio soportaba entre sus manos su cabeza o llevaba un par de dedos a su cien, siempre con expresión de hastío, malestar e incluso con dolor, pero cada vez que hacía un curioso hincapié en saber la razón este negaba, sonreía y evadía por completo el tema.

Él no era tonto, sabía que algo sucedía al demonio del sueño pero no estaba seguro del todo; se la pasaba días completos pegado con la mirada a la pared, pensando, dando vueltas a ese y otros tantos asuntos, creando ideas en su astuta cabeza castaña, quizá producto de su paranoia, quizá producto de la inminente verdad que se avecinaba y provocaba a su atento sentido heroico.

O tal vez sólo estaba siendo un entrometido y el ser demoniaco apenas y comenzaba a adaptarse a ese nuevo cuerpo humano que poseía, pero eso no era algo que él pudiera considerar porque era más sencillo creer que algo malo sucedía, porque una parte suya así lo decía y porque era lo único que podía esperar de Cipher.

Ese día pudo verlo sosteniendo su cabeza entre ambas palmas de sus manos mientras sus brazos se apoyaban en la barra de la caja registradora, lo impresionante era que, a pesar de su condición, siguiese acudiendo al trabajo día tras día. Algo que sin duda alegraba a su tío abuelo Stanley.

Él se encontraba sosteniendo entre sus manos una vieja escoba, pasándola por encima del piso para sacar fuera el exceso de polvo acumulado dentro de la atracción turística de su tío, giró la mirada al rubio, que atendía con desgano a una alta mujer de pronunciadas curvas, a él eso no le interesaba, después de todo a él no le atraían mucho ese tipo de mujeres, claro, él era bisexual y lo había aceptado ya, el punto era ver lo increíble que resultaba que el dedicado Cipher no tuviese ya a sus pies a esa chica, que al parecer se estaba cansando de esperar su atención completa; podía notar que el rubio no estaba de humor y por sus muecas constantes escuchar la voz chillona de esa mujer le resultaba fastidioso y hasta cierto punto doloroso.

Sonrió sin poder evitarlo, eso y más se merecía por hacerse el "galán" continuó con lo suyo hasta que vio cómo la mujer se retiraba del lugar y el rubio dejaba caer su cabeza sobre la madera de la barra, completamente cansado, para su desgracia la tarde apenas caía, la acción le extrañó por supuesto, más no dijo nada, llevaba días pensando en buscar una respuesta en los diarios...

Pudo ver a lo lejos a nada más y nada menos a que a su tío Stanford, que no dejaba de observar al chico nuevo desde una distancia que se consideraría prudente, prudente claro que sí, a un par de metros tal vez, "oculto" detrás de los anaqueles de postales, siempre observando las acciones del "humano" y anotando en un cuadernillo que llevaba bajo el saco todo lo que veía, era perturbador de ver.

Si los clientes veían eso dirían que estaba acosando al pobre e indefenso chico de la máquina registradora y le acusarían de pedofilia pues ante el ojo humano él no era más que otro chico de menos de dieciocho, pero él sabía que su tío sospechaba de ese chico y que no iba a descansar hasta confirmar sus sospechas; secretamente se debatía entre dos emociones, pues estaba sumamente contento de saber que Stanford podría desenmascarar al demonio isósceles, pero por otro lado no quería que se diera cuenta de quién en realidad el atractivo joven. Rogaba en silencio que el instinto científico de su tío decidiera por él.

Algo que sin duda pudo molestarle fue cuando el rubio se percató de que había ganado la mirada de su tío el genio hace no más de dos minutos, pues levantó sólo la mirada, viendo al adulto con el rabillo del ojo mientras jugueteaba con sus pulgares entre sus manos, una sonrisa se trazaba en sus labios, una que causó que un sentimiento se removiera dentro de él pues esa sonrisa distaba mucho de ser cómo las que le ofrecía a él, o a cualquiera en la cabaña y fuera de ella, esta era una suave curvatura en sus sonrosados labios, una mirada curiosa y ligeramente nostálgica, parecía ser la sonrisa más sincera que había visto en el demonio…

Y no era para él… llevó de soslayo la mirada a Stanford, sin dejar a aún lado sus actividades, que de momento se volvieron mecanizadas, quizá para apreciar su reacción, aunque nunca lo admitiría, pero le vio abrir los ojos de golpe, recorriendo con lentitud el semblante del chico, sus mejillas se habían teñido de un suave color rojizo, tal vez apenado por ser descubierto, se llevó una mano a la nuca y retrocedió un par de pasos, todo bajo su atenta mirada.

Una risita burlona escapó de labios del ser demoniaco, que levantó la cabeza curioso, observando cómo el científico caminaba atrás un par de pasos antes de darse media vuelta y salir de allí, una rubia ceja se enarcó divertida ante ese acto, y su sonrisa se alargó. Parecía como si por el momento el demonio hubiese dejado su cansancio y fatiga a un lado…

Dipper bajó la mirada con el ceño ligeramente fruncido, y continuó limpiando, impetuosamente, con velocidad y sin ganas de realmente hacerlo.

La noche cayó de inmediato y el día había sido horrible, dentro de poco deseó salir de ese lugar, su cuerpo estaba cansado y él no quería continuar realizando un trabajo que no producía ninguna ganancia para él, caminaba por el pasillo, masajeando su nuca, cuando se encontró al ser demoniaco en el pasillo que llevaba a la cocina, estaba por preguntar que hacía allí, cuando la perspectiva pudo permitirle ver que frente a él se encontraba Stanford, acomodándose los lentes con un ligero toque nervioso mientras reía por lo bajo.

-disculpe mi atrevimiento –Pidió por lo bajo el ser demoniaco –pero me ha parecido sumamente interesante…en mi vida nunca me he topado con algo como eso, por esa razón me parece increíble lo que una mente como la suya puede lograr… -Fijó sus ambarinos ojos, al menos el que no se encontraba oculto bajo la cascada de cabellos dorados, sobre los marrones ojos de su compañero-

El castaño menor se quedó quieto unos segundos, atento a las palabras de su tío, que se llevaba una mano a la nuca, sonriendo con timidez para el audaz chico rubio, que se acercó un paso más a él.

-creo que no me molestaría –Accedió asintiendo lentamente –en realidad tampoco muchos se interesan por lo que hago…

A Dipper casi se le caía la mandíbula al piso cuando escuchó aquello, todo cobraba sentido, el idiota de rubios cabellos estaba metiéndose dentro de la cabeza de Ford, seduciéndolo con sus encantadores conocimientos, como había hecho con Mabel y Stanley, frunció el ceño al ver tan sonrientes a ambos, quiso por unos momentos interrumpirles y revelar la identidad del ser demoniaco.

-no se arrepentirá de aceptarse señor Stanford –Asintió con euforia el demonio del sueño-

Aquello produjo en Dipper un notable nudo en el estómago, y pensar que todo era culpa suya… No había visto a su tío tan contento como hasta el momento, comenzaron a caminar en dirección a la cocina, el rubio llevaba sus manos tras su espalda, caminando como ya se le había hecho costumbre, a paso elegante, deslizándose como si acariciaba el piso con sus pasos.

-verá, tengo varias teorías acerca del motivo por el cual este pueblo es una concentración de criaturas mitológicas, hablé con Dipper del tema y… -Pronto dejó de escucharles, sus voces se convertían en un eco lejano-

Encima de todo aquello el ser demoniaco le metía en sus sucios planes. No podía permitir que se quedase a solas con su tío…no permitiría que le lavara el cerebro como había hecho ya con los otros dos miembros de su familia…justo eso; Salió corriendo en dirección a la cocina, entrando sin avisar, parecía como si su cuerpo reaccionara por voluntad propia.

Frente a él divisó al chico de rubios cabellos sentado sobre la mesa, sus piernas cruzadas con aires elegantes, observando desde arriba los planos que su tío le mostraba, este último manteniéndose de pie a su costado.

-me parece que esas variables están cambiadas, si quiere que funcione –Con su dedo índice acarició los planos, señalando la larga e indescifrable, ante sus ojos, ecuación.-

-Podemos agregar aquí un par más de unidades para aumentar su potencia y restar de este lado unas cuantas más para que todo coincida –Explicó sonriendo –de esta manera su ecuación dejará de ser errada y será aún mejor, para usted, su resultado…

-entiendo tu punto, quieres decir que si cambiamos los valores por… -Giró la mirada al chico de cabellos dorados-

-¿Por qué detenerse en un número…? –Enarcó una ceja viendo fijamente al adulto-

El sorprendido científico enarcó ambas cejas, desconcertado, pues aquella escena ya la había presenciado antes, y esa pregunta la había respondido con anterioridad también, lo cual llevó a él recuerdos no muy gratos, bajó la mirada a sus planos y tras pensarlo negó un par de veces. Aunque la idea sonaba fascinante.

-creo que eso no es posible –Mintió riendo por lo bajo-

-¡entonces hagamos que lo sea! –Comentó el rubio, captando de inmediato la mentira en las palabras del castaño-

Se marchó de allí, directo a su habitación, no soportaba seguir ante la presencia de Cipher ni de su tío Stanford, aunque este no supiese nada de lo que sucedía, estaba cansado de todo, de soportar a Cipher y de tenerlo en su hogar... pero tampoco podía dejar que se marchara… estaba confundido… lo único que le restaba era buscar su amado diario, el número tres…

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Bill debía admitir que aquello lo había hecho por curiosidad, para revivir viejos tiempos, aunque no llevaba a él beneficios directos, sentía una ligera nostalgia recordar todos los planos en los que trabajaron juntos para elaborar el portal... Tal vez por eso quiso ayudar, por eso y para que dejara de desconfiar de él, después de todo a él de nada le servía un Stanford que iba tras sus pasos ¿Qué mejor manera de quitárselo de enemigo que haciéndose nuevamente su "amigo"?

Se retiró de la cocina con el pasar de unas largas horas que para él fueron escasas, recordar el brillante ingenio del humano era algo sumamente gratificante, al parecer el genio aun no le daría acceso directo a su laboratorio, que lástima… habría sido más sencillo así…

Caminó directo a la habitación que compartía con el mellizo y se adentró en ella, soñoliento, sintiendo un desgaste corporal que jamás en su vida había experimentado, sólo quizá con Dipper, cuando poseyó su cuerpo años atrás…

Todo sea por el bien mayor… se repetía.

Al entrar se encontró con una escena que no esperaría, Dipper se veía molesto, notablemente, pues fruncía al ceño ante la adormilada mirada del rubio, quien apenas le vio frunció ligeramente el ceño, confundido. Se acercó a él con cuidado, sintiendo una terrible punzada en alguna zona su cabeza al verle tan molesto, siendo a su parecer él la razón.

-¿Qué ha pasado? –Preguntó dudoso, llevó una mano a su rubia cabeza mientras observaba confundido al único presente frente a él-

El severo ceño del chico se profundizó, apretando los puños a sus costados, se acercó un par de pasos a él, quedando ambos frente a la puerta, el castaño posó la palma de su mano izquierda en ella, cerrándola de golpe mientras se acercaba al rubio, acorralándole.

-eso estaba por preguntar –Dijo serio, su voz sonaba molesta a pesar de que esforzaba por relajarse, lo último que quería era armar una disputa y que su familia se enterara – "me ha parecido sumamente interesante"… "No se arrepentirá de aceptarme" –Dijo imitando el tono de voz utilizado por él de antaño, frunciendo cada vez más el ceño – ¿A qué demonios estás jugando, Cipher? –Preguntó empuñando su mano sobre la puerta de madera-

Bill pareció pensarlo unos segundos, frunció el ceño notablemente ofendido ante el atrevimiento de un humano para con él, clavó la mirada en el de ojos castaños, ambas manos del joven adulto se posaban a lados de su cabeza, sin embargo no se sentía acorralado.

Una sensación excitante recorría su cuerpo, una que crecía desde su pecho hasta expandirse en ondas por cada lugar de su ser, al ver al castaño de aquella madera, resultaba sumamente hilarante.

-¿Nos estabas escuchando? No te noté Piney –Comentó con un toque irónico –vamos Pino, no me digas que estás celoso –Canturreó cruzando los brazos con aires de superioridad-

La expresión del moreno se relajó unos segundos, dubitativa, antes de endurecerse de nuevo. Apretó sus puños a ambos costados de la cabeza del rubio.

-¡Oh, no! –Riendo por lo bajo, el demonio fingió sorpresa, sonriendo con sorna para el otro –di en el clavo –Una carcajada escapó de sus labios-

La atenta mirada del humano permaneció sobre él, por unos segundos se había sentido un idiota, sus mejillas se habían pintado de un suave rosado hasta que recordó con quien estaba tratando, y se obligó a permanecer firme, haciéndole callar de golpe cuando su mano atrapó una de sus muñecas.

-ni sueñes con eso Cipher –Dijo notablemente molesto –no quiero que te acerques a Ford…te prohíbo que lo hagas –Aseveró su tono de voz ante la mirada divertida del ser demoniaco-

-¿Qué harás si no obedezco? –Preguntó en un susurro divertido, entrecerrando los ojos, sonriente-

Con su mano libre retiró sus largos cabellos dorados, obligándolo a esconderse detrás de su oreja, sin despegar por un momento la mirada del castaño.

Algo en el interior de Dipper vibró al ver su ojo desigual, expectante, analizándole con naturalidad, como si viese en él algo que le divertía, sin notarlo había suavizado sus facciones, llevó la mirada a los labios del demonio, observándolos por unos segundos, sus sonrosados labios curvados en una sonrisa que se burlaba de él…

-te lo advierto, sea lo que sea que estés planeando…no te dejaré… no permitiré que utilices a Ford como tu marioneta –Espetó con los ojos fijos en los contarios-

Bill cerró los ojos mientras negaba divertido, siendo por lo bajo, con su mano libre tocó el pecho del castaño con la punta de uno de sus dedos.

-oh Pine Tree, Pine Tree, Pine Tree, Pine Tree… -Sonrió elevando de nuevo la mirada –dime algo ¿Estás seguro de que no lo hice ya? ¿Conoces el motivo del odio de tu tío hacia mí? Responde… ¿Lo conoces? La respuesta –Realizó una pausa, en son juguetón –es claro que no, Fordside no te lo dirá, ni a ti ni a nadie…y eso, querido Pino, es algo con lo que deberás vivir… -Río de nuevo, negando divertido –mírate Pino…a veces pienso que te pareces a él…pero él tiene algo que tú no tienes…

Habría seguido hablando de no ser porque el castaño se aferró a su muñeca con fuerza innecesaria, cerró los ojos al sentir el punzante dolor trepando por su brazo, sus dedos cosquilleaban, era como si las manos del mellizo quemaran…

A pesar de que el demonio le había hecho dudar de su tío se recordó que era por esa misma razón, era un demonio, un ser diseñado para mentir y engañar a su beneficio, un monstruo…

-…dime, Bill ¿Dónde están mis diarios? –Preguntó con detenimiento, su expresión se había relajado a lo largo de esos segundos en los que se impidió así mismo respirar-

El tema había sido cambiado por completo, el ser místico abrió los ojos de nuevo, resistiendo el insistente cosquilleo que le asaltaba.

La piel se le erizó al rubio, la pregunta le había pillado desprevenido, sin embargo no se permitió flaquear ni un segundo, negó con lentitud, desorientado por la precocidad con la que el castaño le asaltaba con preguntas difíciles, más nunca lo suficiente como para echarse de cabeza al pozo él mismo.

-no sé de qué me hablas Pino –Se encogió de hombros mientras le veía, después llevó una mano a su cabeza, frotando su cien. Frunció el ceño, entrecerrando los ojos, quería que Dipper dejara de tocarlo de esa manera, le resultaba más doloroso de lo que debería…-

La desconfianza adornaba el semblante completo del chico frente a él, quien apretaba los labios impotente, se reprochaba así mismo el haber aceptado algo de ese engañoso demonio y lo peor de todo era que no había recibido nada aun. Apretó los dientes.

-no juegues idiota, busqué los diarios y no encontré ninguno de ellos ¡¿Dónde están?! Estoy seguro de que los has tomado, la pregunta es ¿Para qué? –Se acercó un paso al rubio, invadiendo aún más su espacio en busca de respuestas sinceras-

La timidez del niño de doce años había quedado en eso mismo, en el pasado de ese pequeño niño de doce años, sus pasos eran firmes, al igual que su voz y sus movimientos. Se ganó una mirada suspicaz de parte de su huésped, aunque no se dio el tiempo adecuado para observar un destello de orgullo que cruzó por sus ambarinos ojos.

El ser demoniaco se dedicó a sonreír mientras negaba, al parecer divertido, logrando enfurecer aún más al ya cabreado castaño, parecía como si adorara aquel gesto para acabar con la paciencia del chico.

-haber Pinito –Canturreó la última palabra, susurrando en una risilla –dime tu maravillosa teoría ¡Sorpréndeme! –Dijo, abandonando con lentitud su socarrón tono de burla, remplazándolo con una se seriedad-

Dipper elevó la mirada viéndole desde arriba, por unos momentos se sintió flaquear al verle tan hastiado, como si el ser demoniaco de verdad no hubiese tenido nada que ver con la misteriosa desaparición de dos de los diarios pero entonces se recordó que ese sujeto frente a él no era otro que Bill Cipher, se obligó a no doblegarse, después de todo, ya no era aquel niño tímido que fue de antaño, ahora era todo un joven adulto que fácilmente tenía el dominio en sí.

-ahora entiendo qué es lo que necesitabas…necesitabas los diarios ¿No? Y los tomaste, tomaste los diarios pero dime, Cipher, ¿Con qué fin? ¿Para destruirnos? –Se acercó un paso mientras hablaba, serio y con dureza – ¿Para adueñarte de la cabaña? Dime Cipher –En pocos segundos su rostro estaba a escasos centímetros del rostro ajeno-

Una sonrisa ladeada adornó el apuesto rostro del adolescente de cabellos dorados, una chispa de orgullo adornaba sus ojos desiguales al verlas conclusiones que obtenía el castaño en, lo que a su parecer era, poco tiempo. Sin embargo, el chico no notó aquello y tomando entre sus mano el cuello de la camisa del ser demoniaco le obligó a borrar esa sonrisa de su rostro observándole con penetrante seriedad.

-habla –Ordenó furioso-

Dipper podría decir, que, muy en el fondo estaba ligeramente dolido, más que nada se sentía impotente porque de ser afirmativa la respuesta del demonio entonces era una situación que él pudo haber evitado y por su estupidez, ya no inocencia, no había declinado la propuesta del ser demoniaco desde un principio.

El demonio levantó ambas manos en señal de paz mientras una nueva sonrisa se formaba en su rostro, negó con lentitud, sin despegar la mirada de esos ojos castaños; le parecía sumamente gracioso, por una parte estaba contento con las deducciones del chico, no esperaba menos de él, sabía de lo que era capaz, no muchos llegaban tan lejos con él, pero por otro se sentía desnudo ante la verdad. Se atrevió a hablar, encerrando en el fondo de su ser ambas emociones.

-no, creo, mi querido Pine Tree, que existen algunos factores que no has estado contemplando, entre ellos está el hecho de que no te has apartado de mí esta semana, y tu hermana mucho menos –Una risilla ladina escapó de sus labios con su último comentario-

Se ganó la ira duplicada de mellizo, que apretó sus ropas entre sus manos con mayor fuerza, atrayéndole aún más cerca de su rostro, siempre con claras intenciones de fulminarle, sin embargo, el demonio le observaba con rostro aún más excitado.

-y dime ¿Para qué necesitaría yo de tus diarios? mi querido Pino –Tomó entre sus manos la camisa del chico, acariciando los pliegues con ambos pulgares-

Acercó al mellizo un poco más hacia sí, obligándole a inclinarse sobre él unos centímetros, su respiración impactaba contra la del menor de los Pines, su embriagante aliento, cuando continuó hablando en apenas un susurro sereno.

-en gran medida soy yo el motivo de que esos libros hayan sido escritos, poseo el conocimiento de todos los secretos del universo…recuerda esto –Exigió viendo esos profundos ojos marrón –y recuérdalo muy bien –Susurraba con aires de recelo –si algo llegase a sucederle a Forside…o a tu familia…habrá sido solo culpa tuya…

El fruncido ceño del muchacho pasó a uno de sorpresa, sus ojos se ampliaron y sus cejas se enarcaron ante la dolorosa verdad, ante la realidad, el ser místico había logrado su cometido, hacer al castaño dudar de sí mismo, sintió cómo el agarre del muchacho se aflojaba sobre sus prendas de vestir, estando en ese estado le apartó de sí, viendo cómo se encontraba metido dentro de un inquebrantable estupor.

De nuevo una sonrisa se trazó en labios del ser demoniaco, una que no podía evitar alargar cada vez más, esa sonrisa cínica que mostraba sus dientes blancos; caminó con cuidado en dirección a la que fue la cama del chico, y se sentó sobre ella, dando la espalda al mellizo, que se mantenía estático en su mismo lugar.

Le habría encantado entrometerse dentro de su mente, hurgar en sus pensamientos, pero tenía cosas más importantes que molestar al inteligente chico…

Llevó su mirada a su lastimada muñeca, retiró de su brazo la camisa amarilla que la ocultaba, desabotonando la bocamanga para dejar a la vista el resultado de su forcejeo con Dipper; la única luz en el lugar provenía de una lámpara ubicada sobre la cómoda, una que le permitió ver las marcas de los dedos del castaño dibujados sobre su muñeca, a diferencia de las que habían sido realizadas hace tiempo por Stanford aquellas eran de un color oscuro, uno que le obligó a fruncir el ceño en confusión.

Deslizó dos de sus delgados dedos por esa zona, retirándolos casi al mismo tiempo, realizando una mueca dolorosa, los dedos del chico castaño se trazaban sobre su muñeca en tonos casi negros, las pequeñas ramificaciones de vasos sanguíneos que pasaban alrededor de la zona sobresalían en color negro, como si aquella zona estuviese infectada de un veneno mortal, uno que obligaba a su cuerpo a deteriorarse de una madera desconcertante.

Se resignó a olvidarlo, por el momento, cuando escuchó como la puerta de la habitación se habría, supuso que el castaño se marchaba al bosque durante la noche, como hacía cada vez que algo le preocupaba…

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No pasaron más de cuatro horas cuando se vio a sí mismo sudando sobre la cama, despertando de sobresalto con un horrible escalofrío caliente que le recorría el cuerpo entero, se sentía como si se estuviese quemando vivo, su rostro caliente, sus brazos, su cuerpo en sí se sentía cómo un trozo de pan caliente.

Se incorporó hasta quedar sentado, su vista no enfocaba del todo bien y aquello le preocupó, negó un par de veces antes de incorporarse y obligarse así mismo a caminar, sin importar si despertaba al castaño, que al parecer había vuelto del bosque no hace mucho y se encontraba sobre la cama que fue alguna vez de su melliza…

Podía sentir como se ahogaba, su garganta le impedía el paso necesario de aire y sus pulmones reclamaba oxígeno…comenzó a hiperventilar sosteniendo su cuerpo contra el muro del baño, llevó su mano derecha a su pecho, pero aquello sólo le produjo más dolor, cómo si su mano cargada de voltios le estrujara el pecho, por instinto llevó la mirada a su mano, en donde la marca realizada por el castaño resaltaba en su pálida piel de porcelana.

-diablos –Masculló irritado, sosteniendo su cabeza con su mano libre-

No pudo resistirlo más, se tiró al piso y arrastró con él el espejo que reposaba sobre la pared, lo colocó frente a sí. Mantenía su brazo derecho alejado de cualquier otra extremidad de su cuerpo mientras que con la izquierda acariciaba el espejo, trazando con líquido vital runas antiguas.

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Después de haber discutido con el ser demoniaco decidió que deseaba lo mejor para su familia, que estaba arrepentido de haberles puesto en peligro y que iba a hacer lo que fuera para remediar su mal, por esa razón volvió a la habitación que compartía con el ser demoniaco y se metió a la cama. Pensando en todo un nuevo y elaborado plan.

Dipper se mantenía cubierto con la sábana, pero en ningún momento había cerrado los ojos…

Estaba al tanto de cada una de las acciones del ser demoniaco, no pudo evitar acercarse al baño para dar seguimiento a su incipiente investigación.

-no lo soporto –Jadeaba el ser místico desde adentro del cuarto de baño-

-te ves terrible –Una fastidiaba voz resonó entonces-

El mellizo se sintió sorprendido al escuchar aquella voz profunda saliendo de labios de una persona completamente ajena a él, su intriga pedía saber con quién se encontraba hablando el ser demoniaco…

-eso no importa –La respiración del demonio se volvía lentamente a la normalidad –no soporto esto, ¿Qué está pasando? Creí que sabrías que hacer… es horrible y cada vez… -Fue interrumpido con brusquedad-

-Bill, nadie te dijo que tu idea fuese brillante –Replicó aquella voz masculina –…viste lo que sucedió con tus prototipos iniciales… quizá solo estás adaptándote a él… –Preguntó sereno, importándole poco el sufrimiento del ser demoniaco-

Dipper enarcó las cejas, escuchando atento cada palabra mientras realizaba nuevas teorías y notas mentales.

-esto es diferente, quizá los cálculos fueron errados, tal vez necesito realizar algunas modificaciones… -Una nueva interrupción se sumó-

-de eso no estoy seguro, sabes perfectamente, al igual que yo, que estarás bien, la anatomía humana tiene funciones distintas a las tuyas… -Dijo con voz sedosa –ahora, debo irme Bill, suerte con eso…no te preocupes, estarás bien, todos los humanos pasamos por ese tipo de cambios…y no es fácil –Su voz sonaba sonriente, aunque restaba importancia al ser demoniaco-

Todo quedó en silencio unos momentos antes de que una nueva voz retumbara dentro del recinto, susurrando por lo bajo, tan bajo que Dipper apenas y pudo distinguir unas cuantas palabras.

-tal vez se ponga peor… -Después de eso los tácitos murmullos bajaron su volumen, impidiéndole saber lo que decían –busca un inhibidor…

Susurró aquella suave voz, silenciosa y difícil de entender, sonaba a una voz masculina.

La habitación había quedado en penumbras y lo único que logró hacer que se alejara de allí fue el sonido de unos pasos pesados, supuso que Bill estaba por salir del cuarto de baño, sin pensarlo se puso de pie y corrió en dirección a la que fue la cama de su hermana, se recostó en ella, fingiendo que nada había sucedido; en cuanto escuchó el arrastrar de los pies del rubio supo que había hecho lo correcto.

Volteó ligeramente la cabeza, viendo por el rabillo del ojo al ser demoniaco, que en ese momento parecía más muerto que vivo, pues unas notables ojeras se aventuraban bajo sus hermosos ojos desiguales, sintió lastima al escucharle quejándose antes de tirarse de nuevo sobre la cama, se olvidó de toda idea de compasión para ese horrible sujeto y se cubrió de pies a cabeza, evitando verle.

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Se sostuvo la cabeza con fuerza, su vista desenfocada le obligaba a mantenerse asido de algo fijo con tal de evitar tropezar con la nada. Nada bueno había resultado de utilizar al mismo tiempo una notable cantidad de energía demoniaca, podía sentir en sus pies el hormigueo incesante y caliente que trepaba por sus rodillas hasta sus piernas, en sus manos cientos de voltios fríos eran liberados, trepando sin piedad hasta su cabeza y agolpándose allí en ambos palíateles. Suspiró hastiado de tantas sensaciones repulsivas, su cuerpo se negaba a cooperar como él deseaba, era de esperarse de un cuerpo humano…

La visión entre lugares distintos y abrir portales, combinados no eran ciertamente la manera más inteligente de utilizar moderadamente su energía en ese poco adaptable cuerpo humano que si de por sí ya era un complejo mecanismo era poco moldeable a su energía oscura. El gasto energético de ambas habilidades no era algo significativo para él, de hecho era algo básico y más común que otra cosa, claro, estando en su poderosa y a veces poco intimidante, forma original pero en ese cuerpo…todo era diferente, incluso el pestañear por necesidad más que por gusto.

Tener que caminar sintiendo la gravedad de la tierra tirando de él, que fastidio era no poder levitar a su antojo, o que al chasquear sus dedos tuviese en sus manos lo que deseara y poder hacer con la realidad lo que le placía, podía hacerlo, pero no quería enfrentar las consecuencias que le supondrían. Dolor, agudo y penetrante dolor…

Cuatro después de que Dipper le encontrase en el baño y le ayudase a dormir sufría otro de esos "episodios" de mareo, y la familia comenzaba a notar que algo extraño le pasaba, y para empeorar las cosas ya no tenía al inteligente castaño para ayudarle pues habían discutido el día anterior; no era solo por cómo se sostenía de los objetos fijos, o incluso de las personas, de un momento a otro, el encargado de la cabaña del misterio incluso se preguntó si el chico estaba enfermo de algo pero este solo negaba. Tampoco notó, o mejor dicho, quiso restar importancia, al hecho de que Dipper se preguntaba constantemente por la chica pelirroja; había olvidado que no poseía una coartada para eso, siempre que el chico quería preguntarle a su tío sobre eso él cambiaba el tema y se llevaba al adulto lejos del castaño pero sabía que no podía simplemente evadir ese tema por siempre.

Era por eso que decidido se metió a la mente del estafador tío de Dipper, Stanley Pines y debía decir que crear falsos recuerdos en donde la pelirroja les decía a él y a Soos que se iría a otro país fue ciertamente un enorme problema, sí y uno muy grande ya que las consecuencias para eso fueron terribles para él, pero fue necesario, de lo contrario Dipper comenzaría a sospechar…

Y allí se encontraba, sosteniéndose de los muros del baño con tal de obligarse a no caer, pero siendo sinceros su desenfocada mirada y que el mundo a su alrededor girase borrosamente no le servía de nada. Nunca odio tanto su cuerpo…

No se arrepentía de mentirle a los Pines, después de todo estaba allí por una razón. Pero entonces ¿Por qué cuando veía a Dipper no podía evitar pensar en los diarios con cierto deje de arrepentimiento? Tal vez porque él tenía uno de los faltantes, quizá por la pelea de anoche…

Esa mañana logró mantenerse sobre sus pies hasta llegar a la habitación que compartía con el mellizo Pines, muchas cosas habían cambiado en esos cuatro días, primero la habitación, que sospechosamente fue decorada, del lado del rubio, con demasiado color amarillo y negro para el gusto del mellizo, desde las sábanas amarillas, las almohadas negras, los estampados subliminales de triángulos en algunos de sus objetos, Dipper comenzaba a preguntarse si en verdad era que el tipo quería mantener su identidad en secreto.

Ese día por ejemplo, miércoles, un día en que seguro no habría muchas personas en la cabaña del misterio, el aturdido rubio bajaba los escalones, lo último que deseaba era despertar la curiosidad de esa peculiar familia de castaños. Suspiró al entrar a la cocina, últimamente consumía demasiado alimento humano y parecía como si su cuerpo nunca recibiera lo suficiente, por más que comía. Decidió entrar a donde se encontraban los miembros de la familia sentados, se encontraba una silla vacía al lado del mellizo, supuso que para él así que se acercó. Un par de ojos castaños le advirtieron acerca de seguir caminando, era la helada mirada de Dipper, supuso que era justo que aun siguiese molesto con él, a pesar de aquello le sonrió.

-Buenos días –Saludó dando una tenue sonrisa, el dolor de cabeza y el mareo le estaban matando, más, se obligaba a guardar las apariencias-

Dipper notó lo forzado de su sonrisa pero decidió no tomarle importancia, él sólo quería que ese tipo saliese de sus vidas lo antes posible; Se encontraba molesto, muy enojado y quería creer que la razón era la desaparición de dos de sus diarios.

-buenos días –Saludó siempre contenta la castaña-

-¿Qué hay chico? –Preguntó retóricamente el anciano, tomando de su taza de café despreocupado-

-buenos días Phill –Saludó sonriendo el científico-

La edad parecía no pasar por encima de los gemelos, pues Bill los veía prácticamente iguales, suspiró al ver como Ford le veía, tomó asiento junto al mellizo, quien poseía su mirada clavada en él, desvió la mirada a su propio alimento, fruta, cereales, huevos, tocino, tostadas, jugo de uva, pareciera como si ya se hubiesen resignado a que cada comida de su parte era casi la misma cantidad que consumirían tres personas.

Sin embargo esta vez decidió colocar su antebrazo sobre la mesa, recostar su cabeza en ella y dedicarse a picotear la comida, lentamente, revolviendo los huevos estrellados con la punta de su cubierto hasta conseguir borrar la sonrisa hecha con tocino que estaba casi seguro Mabel había puesto para él, ahora, al hacer explotar el centro de los huevos parecía como si su desayuno llorase.

Su estómago pedía a gritos que se alejara de tantos olores de comida juntos, podía sentir los ojos del menor de los Pines sobre sí y eso, aunque sonase extraño, llegó a acusarle incomodidad; giró la mirada, viéndole por el rabillo del ojo mientras realizaba una mueca de asco ante los platillos servidos para él.

Y al parecer no sólo la castaña notó el poco interés del rubio hacia su desayuno, lo cual sí era raro considerando que este comía con efusividad todas y cada una de las comidas; Dipper pareció intrigado por esa nueva actitud, quien sabe, quizá algo pasaba con el demonio isósceles y seguro no era de conveniencia para él y su familia. Se negó a preguntar algo, dedicándose siempre a vigilarlo.

-¿No te gusta lo que cociné? –Preguntó la castaña, viendo atentamente al chico-

El rubio le sonrió forzosamente, si quería mantener su papel de niño bueno entonces debía portarse amable con todos, en especial con Stanford, y si podía entonces dibujaría una sonrisa en la melliza de Dipper.

-no es eso –Suspiró cansado, llevó la mirada a la comida-

De repente cada platillo le parecía menos apetitoso que el anterior, llevó la mirada a Stanley, que de un momento a otro también le veía, como si esperasen una respuesta, incluso Stanford le veía.

-es sólo que…estoy ansioso por trabajar –Dijo fingiendo efusividad –y no tengo apetito por ahora, tal vez cuando se bajen los ánimos –Mencionó bajando la mirada a la mesa-

Se puso de pie velozmente, evitando el mareo momentáneo que le golpeó, se sostuvo de la mesa mientras sonreía intentando ocultar ese estado extraño que comenzaba a azotarle.

-los espero en la tienda de regalos –Asintió mostrando una tenue sonrisa-

Apenas salió de la atónita vista de los miembros de la familia su expresión cambió a una hastiada, detestaba su condición física y lo peor era que no sabía que comenzaba a ocasionarla. Se sostuvo de uno de los muros del pasillo que se encontraba de camino a la cocina, la verdad no tenía ni una pizca de ansias por trabajar, de hecho, quería quedarse en cama todo el día pero estar sentado frente a la caja registradora sonaba más atractivo que seguir en presencia de los muchos aromas a comida, que repentinamente no le eran apetecibles.

Iba tan de prisa que no notó la expresión desconforme del mellizo menor…

-te odio cuerpo humano inútil –Frunció el ceño, casado, golpeando su propio estomago en un puñetazo suave –el fin justifica los medios –Susurró en un intento de darse ánimos así mismo-

Su abdomen se había hundido ante el pequeño puñetazo, respiró profundamente y contuvo el aire antes de dejarlo salir en un pesado jadeo; en menos de lo que pensó ya se encontraba dentro de la tienda de recuerdos, manteniéndose siempre de la barra que sostenía la caja registradora, se sentó sobre esta tras un pesado suspiro.

Decidió que podía con eso, era miércoles así que estaba seguro de que al lugar acudirían no más de algunas chicas y uno que otro turista, sólo eso así que decidió esperar al resto. Estaba acostumbrado que a Dipper no le era muy agradable sabiéndole vestido elegantemente, era muy llamativo según él y allí estaba, con un suéter blanco, pantalones negros y una camisa amarilla. Colocó sobre su cabeza una gorra negra, completamente negra, que resaltaba sus dorados cabellos, en el centro, pintado en amarillo podía ver un triángulo y dentro de él un signo de interrogación en blanco.

Se detuvo a repasar los pasos que tenía armados con gran anticipo para su plan, debía conseguir mantener fuera de sus asuntos al castaño, listo ¿De qué manera? Obligándolo a no decir a nadie que él era Bill Cipher: sabía que lo descubriría, ese niño, que ya no era para nada un niño, era más listo de lo que aparentaba y lo sabía, convenció a gran parte de la familia de que era de fiar, ganarse su confianza, faltaba Stanford pero si no lo lograba podía quedarse calmado porque lo único que le separaba de su meta era un solo diario que no estaba en su poder, no era que él lo necesitara, al contrario, sabía muchas más cosas de lo que registraban en esos libros, pero esos simples pedazos de hojas de papel amarillentas tomaban gran poder en manos apropiadas, las de Dipper…

Recostó la cabeza contra la enorme plancha de madera que simulaba ser una barra, su cabeza le estaba matando, sentía cómo la sangre se agolpaba en ambas sienes, haciendo que palpitasen dolorosamente. Ni siquiera notó en qué momento se vio rodeado del resto de los trabajadores del lugar, ambos mellizos y los gemelos, lo hizo sólo cuando sintió cómo una extraña vibración recorría su cuerpo al mismo tiempo que el castaño se acercaba a él, cosa que le obligó a levantar la mirada haciendo que sus ojos se encontrasen, comenzaba a relacionar su malestar con la cercanía de ese humano…aunque francamente sonaba absurdo.

Hace algunos días que las cosas entre ellos estaban extrañas, por ejemplo, cuando sus ojos se encontraban, creía que el castaño comenzaba a arrepentirse de permitirle llevar su ojo al descubierto cuando estuvieran los dos solos ya que apartaba la mirada al roce entre ambas miradas y aparentaba que en ningún momento se había mantenido viéndole, no es que le molestara, pues sabía de la estupidez humana y su temor a lo desconocido o repudio a lo diferente, era sólo un poco decepcionante considerando que comenzaba a creer especial al apuesto castaño, y la gota que había derramado el vaso fue aquella discusión.

Esa mañana, en la cual no muchos clientes se presentaron a la cabaña del misterio, el apuesto rubio se vio obligado a dejar su puesto, ante la mirada de la familia Pines, no por el hecho de ser forzado a limpiar con plumero y aspersor los productos que acumulaban una fina capa de polvo, era porque al estar limpiando cada objeto, parado frente a una escultura falsa de "masorcornio" llevó una mano a su cabeza, golpeteando con dos de sus dedos la cien izquierda, discutiendo internamente por el horripilante y agudo de dolor que le arribó.

Segundos después, que fueron como pasados en lentitud agobiante para el castaño, quien se hallaba a unos cuantos pasos de distancia de él, el rubio comenzó a perder el equilibrio y ante sus ojos marrones se desplomó sobre el piso, un golpe sordo y nada más que eso; no supo si sus acciones fueron mero instinto o si se vieron realizadas por una fuerza racional, sólo supo que en menos de unos segundos ya sostenía al inconsciente chico entre sus brazos y que analizaba con angustia su rostro entero. Era como si no hubiese estado a punto de golpearlo la noche anterior.

Poco después, y llevando en brazos al rubio matizado, podía verlo recostado sobre su cama, su rostro pálido, pero, esta vez con un extraño toque rojizo sobre la frente, orejas, nariz y mejillas, su temperatura corporal elevada en niveles exagerados, sus, antaño, rosados labios ligeramente paliduchos y con tenues líneas cruzando por ellos, parecía como si no hubiese bebido en varios días.

Dipper se atrapó a sí mismo observando con detenimiento sus facciones, su pálido y enrojecido rostro, por segundos deseó tocar su frente para comprobar su temperatura, pero no lo hizo, no sólo por encontrarse petrificado al ver su lento respirar si no por la compañía de su familia entera dentro de la habitación.

Su molestia aumentó al ver a su preocupado tío genio tocando con su mano la frente del rubio mientras le observaba con una expresión de genuina preocupación.

-trae compresas de agua fría Mabel, cariño, está hirviendo en fiebre –Dijo con voz ronca, llevando la mirada a la única chica del grupo-

-claro tío Ford –Respondió velozmente ella-

Dipper decidió marcharse de allí, llevándose consigo un mal sabor de boca, sus pensamientos estaban revueltos, confundido, abandonó la habitación sin importarle la mirada extrañada de sus familiares. Decidió caminar por el bosque, llevando sobre su espalda una mochila, no planeaba volver en una gran fracción de tiempo…

El tiempo pasó, por fin el rubio había despertado, extrañado ante la forma borrosa en que veía todo, cómo en tonos negros y fosforescentes, siempre verdes, azules y de distintos tonos de naranja, agitó la cabeza, a la lejanía podía escuchar voces que le llamaban, tácitas y en un eco lastimoso, pudo distinguir que hablaban entre ellas; su vista comenzó a aclararse con lentitud, revelando ante él a ambos gemelos y a la melliza mayor.

A los pocos minutos una sensación de malestar arribó con fuerza el cuerpo del rubio, que sintió una opresión en el pecho, sin pensarlo se llevó una mano a donde ese incipiente dolor punzaba.

No supo por qué razón esperaba encontrar a Dipper al despertar… sonaba estúpido.

Respiró profundamente y exhaló con lentitud, parecía que marchaba en aumento.

-¿Te encuentras bien, chico? –Preguntó el genio, analizándole con la mirada-

Asintió sin ganas, no era como si realmente fuese verdad pues solo escuchar su voz ya era algo sumamente doloroso.

En poco solo la castaña estaba acompañándole, acosándole mejor dicho, cubriéndole de mantas y palabras de aliento, diciendo lo mucho que le importaba su bienestar pero era como si sólo lograse hacerle sentir peor, frunció el ceño tras una hora de tortura con aquella adolescente.

Se sentía tan mal, era como si su cuerpo le pidiese a gritos el silencio de esa mocosa, como si ella estuviera dañándole y todo su ser lo supiera, su propio cuerpo había actuado en defensa propia, mejor dicho, su instinto de auto preservación, más nunca lo notó porque cada vez que utilizaba su energía demoniaca una pequeña vibración fluía por sus venas, pero en esa ocasión se encontraba sintiéndose asaltado por tantas sensaciones que no notó aquel pequeño y sutil cambio en su energía.

Había lanzado, sin desearlo, una onda de oscuridad, imposible de detectar, dentro de la habitación entera, se extendía por cada rincón, expandiéndose mientras hacía a los pequeños insectos que volaban despreocupados por los aires, caer en menos tiempo del que se daban cuenta, removiéndose sobre el piso, los animalillos rastreros no tenían un mejor destino.

Era un uso práctico para la energía oscura, un que terminaba por intoxicar el cuerpo de cualquier criatura o ser vivo, incompatible, que se topase con ella, lo utilizaba sólo en caso de estar en verdadero peligro y era algo meramente instintivo pues nunca notó haberlo usado, ni en un pasado ni en ese momento.

La única persona que se encontraba a su lado en ese instante era Mabel, y ella, en poco tiempo se encontraba tambaleándose cerca de su cama, en sus manos llevaba un tazón de agua fría que dejó caer de inmediato.

-no me, no me siento bien… -Masculló antes de posar sus manos sobre el muro, en busca de apoyo –mi cabeza, mi cabeza va a estallar…

Era lo que sucedía cuando un cuerpo con energía distinta a la suya terminaba siendo intoxicado de aquella manera; No le extrañaba que en poco tiempo la melliza de Dipper perdiese el conocimiento…

Pero eso a él poco le importaba, estaba sumamente ocupado sintiéndose asquerosamente miserable sobre la cama que guardaba el aroma de Dipper…


¿Alguien más lloró con el final del Weirmageddon…? ¡¿Por qué Bill?! ¡¿POR QUÉ?! ¡¿Por qué?! Me ha dado una crisis depresiva QwQ pobrecito de Bill y aunque considero que es un poco incoherente decir que pudieron encerrarle dentro de la mente de Stanley (ya que se supone él controla la realidad) supongo que no va a volver… (Perdona si aún no lo has visto y te he dado spoiler)

Ahora, en mi defensa, tuve bloqueo de escritor y más que nada por culpa del final de Gravity Falls, debieron verme…hehe…fue horrible…

En ese capi quise poner un poco de todo ya que, como premio por seguir siendo uno de mis fieles lectores y haber aceptado mis disculpas al leer con anterioridad este capítulo, alargué bastante la parte número tres :3 ¿Les gustaría un extra? No interfieren con el capítulo y me divierte escribirlos :3

Como pudieron notar puse un poco celoso a Dipper pero es más que nada porque era necesario, uwu lo era.

Comencé a poner un poco de la verdad sobre el pequeño misterio que envolverá a ese peculiar fic, seguro mis detectives lo descubren antes de que yo lo note y me tiran abajo la trama, hehe, no es broma creo que son capaces de ello…

¿Respondo a los reviews? ¿Gustan? Claro que sí n_n pondré la respuesta a ambos comentarios (Los del capítulo y los del extra)

Saory Namino Cipher: ¡Tienes invitación a visitarlo al trabajo cuando quieras! Pero sin tocar la mercancía porque es de Dipper hahaha, es broma, no te resistas ;). Te agradezco tus comentarios, la verdad es un honor escribir para personas como ustedes, tus reviews siempre son bien recibidos.

Shadifcream: ¿Qué te digo? Bill es conocido por resplandecer sensualidad *Inserte imagen del sensual iluminati*

Shadifcream: son pervertidos, claro que lo son pero ¿Quién tiene realmente la culpa? ¿Ellos o Bill por ser tan sexy? Piensa en eso…

EuronymousAarseth: me alaga tu comentario, con respecto al Tomarco, lo cierto es que lo he pensado, dime, si escribo un fic Tomarco ¿Tendré lectores activos? (Pregunta retórica) me encanta la pareja, y la forma de ser de Tom representa un reto para mí así que no puedo irme de fanfiction sin ukearme a Marco, eso es un, voy a intentar realizar un fic de ambos y por dios que me esforzaré.

Anónimo: hehe, si alguno de ustedes sabe inglés y le gustara ayudarme a traducirlo al inglés entonces sería grandioso porque yo apenas si sé lo básico (disculpen si su escritora le decepciona) y es la verdad. Si consigo a alguien que me ayude te prometo que lo traduzco.

Aria. pierrot: gracias a ti por leer! Da las gracias a tu amiga si te ha gustado el fic, que bueno que lo hiciera porque así te diviertes leyendo como yo me divierto escribiendo.

Aria. pierrot: intento que la lectura les sea lo más entretenida, me alegra que lo aprecies. En verdad que me resulta conmovedor leer sus comentarios y llevarme la grata sorpresa de saber que les ha encantado o que tienen dudad y desean que las responda porque en verdad les interesa saber.

Gracias por comentar! No saben lo gratificante que es saber que les gusta y mejor aun, enterarme de su opinión. No pensé que el fic fuera a tener una aceptación tan buena como la que está teniendo y eso en verdad me alaga. Gracias por sus comentarios, favoritos y seguidores. Me hacen realmente feliz. (wow! La nota final quedó más larga de lo que había planeado…pero en fin ¿Qué se le va a hacer? Seguro habrá alguien a quien le interese leerla) Nos vemos, en menos tiempo esta vez, promesa de escritora!

Recuerda!

"La realidad es una ilusión, el universo un holograma, compra oro, ¡A dios!"

Bill Cipher

One Dark Love…