Disclameir: Harry Potter no es mío. Si lo fuese, Voldemort y Harry acabarían liados, o a lo mejor Harry estaría con Draco, o quiza Hermione se quedaría con su mejor amigo, pero nunca, nunca, el pelirrojo se quedaría con ella. ¡Ah si! Y al llegar a sexto todos los alumnos montarían una orgía. Como esto nunca pasa en los libros, me veo forzada a reconocer que JK Rowling es la dueña, y yo soy una simple aficionada que disfruta con sus historias. XD


Capítulo IV

La noche había caído profundamente sobre los terrenos de Hogwarts cuando el tren arribó en la estación. El viaje, sin embargo, había resultado un trayecto fluido, poniéndose al día, y Harry casi lamento que éste llegara a su fin. La locomotora silbó varias veces con potencia y los pasillos colapsaron de alumnos que luchaban por ocupar los primeros puestos en los carruajes, comprobando mientras tanto que ninguno de sus amigo quedaba atrás. El compartimento de Slytherin prefirió aguardar a que la multitud se hubiera dispersado antes de iniciar cualquier tentativa. Cuando lo hicieron, comprobaron sin sorpresa que varios Ravenclaw de su curso se habían tomado la misma opción.

Siendo ambas las casas más afines de Hogwarts — inteligencia y astucia iban siempre de la mano; muchos hijos de Slytherin eran designados a Ravenclaw y muchos hijos de Ravenclaw eran enviados a Slytherin —, aún cuando los Ravenclaw se esforzaran en ocultar dicha dualidad, no fue extraño que varios de sus compañeros se detuvieran a saludarlos y el propio Harry se acercara a ellos.

- ¿Qué tal las vacaciones, Potter?

- Productivas. ¿Y las tuyas, Stewart?

- Mi padre y el de Boot suspendieron las vacaciones para presentar a sus colegas del Wizengamot una proyecto de ley que protege el patrimonio de los sangre limpia ante cualquier sucio intento de ataque.

- ¿Supongo que la propuesta de Arthur Weasley tiene mucho que ver con eso?

- ¡Ese despreciable traidor! El único medio que tiene para no sentirse un desgraciado es atacar las fortunas de los demás.

- Pero Dumbledore lo respalda - intervino Boot, que en algún punto había acabado uniéndose a ellos -. No es prudente mostrar en publico nuestra aversión hacía él. Especialmente, tan cerca de los muros del castillo.

Steward pareció dudar un momento, como si aún tuviera varias declaraciones que añadir, pero finalmente asintió con resignación y se despidió de Harry con un asentimiento educado. La expresión de clara desconfianza que surcaba el rostro de Boot no le fue desapercibido al muchacho, pero le restó importancia cuando comprendió que no es que Terry no se fiara de él por ser un Slytherin, sino por considerarlo un posible un traidor entre los Slytherin. La revelación sobre su identidad conllevaría más tiempo. Mientras tanto, sacaría el máximo provecho a esa confusión generalizada.

- ¡Harry, date prisa!

Hermione lo llamaba desde uno de los carruajes.

- ¡Un momento!

Echó a correr hacía su amiga. El resto de sus compañeros había asumido ya sus asientos en las carrozas y los corceles que tiraban de las riendas se encabritaban con impaciencia. Unos caballos de aspecto esquelético y abrasante color negro, con alas y cabeza en forma de de dragón, que no había estado allí al comienzo de curso del año anterior. Thestral.

Harry no se asustó al verlos, ni creyó volverse loco. Por el contrario. Tom ya le había puesto al corriente, anunciándo que tras presenciar la muerte de Quirrell lo más seguro es que fuera capaz de apreciar sus formas. Sin embargo, si fue una sorpresa cuando contempló el reflejo de estos animales dibujado en las pupilas de Theodore Nott, y, por unos segundos, Harry se preguntó a quién habría perdido él.

Pronto todos estos pensamientos desaparecieron de su mente. La visión del castillo rociado por las luces nocturnas, esas que le conferían un soplo dorado y casi espiritual, encendió una llama en su pecho cuyo fuego no supo entender.

De pronto, ante la visión de sus enormes torres de piedra y sus imponentes murallas, se sintió como si durante meses hubiera estado echando en falta a un amigo muy preciado, y únicamente ahora, cuando volvía a reencontrarse con él, se hacía consciente del dolor acarreado por dicha separación. Juzgando las expresiones del resto de sus compañeros, especialmente aquellos que, como él, podían considerarse huérfanos, dicha sensación era algo compartido. Para ellos, Hogwarts era mucho más que una escuela.

Se había convertido en su hogar.

...

El conserje aguardaba ante las viejas puertas de roble para conducir a los últimos rezagados por al Gran Comedor, mientras gruñía palabras malsonantes y taladraba sus jóvenes rostros con desconfianza. Harry se dijo a sí mismo que prefería la acogida del curso del curso anterior, aunque, seguramente, la profesora McGonagall se hallaría ocupada atendiendo a los nuevos alumnos de primero.

Cuando, finalmente, el grupo atravesó las puertas del comedor, la visión de las cuatro mesas sobre el cielo hechizado, las banderas de las cuatro casas hondeando sobre los cubiertos dorados y las armaduras de plata, recordaron a Harry que este era el odioso momento donde el protocolo lo obligaba a separarse de Hermione. Asumió el hecho con desgana.

- ¿Estarás bien?

- Claro que sí, Harry. No te preocupes. ¡Mira! Neville me ha reservado un sitio.

El muchacho dirigió su mirada a la mesa escarlata, donde, efectivamente, el joven Longbottom hacía señas para atraer a su amiga a un asiento vacío, ganándose algunas expresiones reprobatorias entre sus compañeros mayores. Aquel gesto lo tranquilizó un poco.

- No creo que podamos vernos después de la cena… ¿Quedamos mañana antes del desayuno?

Hermione asintió con entusiasmo.

- Así tendremos oportunidad de comprobar nuestros horarios.

Se despidió de ella con una breve sonrisa, antes de ser tironeado hacía su propia mesa por Draco. Le gustó comprobar que Theo también le deseaba suerte. Exigir algo parecido del resto ya sería pedir demasiado. Por ahora.

Una extraña sensación de incomodidad lo asaltó conforme avanzaba hacía su propia mesa, franqueado por sus amigos, y no se disipó al llegar a aquel entorno conocido, ni cuando varias caras conocidas de alumnos mayores se alzaron para saludarlo, ni al tomar asiento en el banco. Sin embargo, ante la llegada de la severa profesora McGonagall, seguida por una larga fila de nuevos alumnos, Harry consiguió arrastrar la extraña sensación a un profundo rincón de su mente.

- Son bastante más que nosotros… - se sorprendió en voz alta, sin dirigirse a nadie en concreto -.

- Es natural - Pansy respondió con indiferencia -. Si tenemos en cuenta que la nuestra fue una de las últimas generaciones sacudidas por la guerra.

Aquella afirmación no carecía de sentido; el mismo había barajado una teoría semejante el año anterior. Los alumnos de primero fueron desfilando por el largo pasillo central y se detuvieron ante el viejo taburete sobre el cual reposaba el sombrero. Transcurrieron unos momentos de silencio, mientras la subdirectora desenrollaba el pergamino, momentos que Draco aprovechó para burlarse de él en un susurró.

- ¡Mira ese crío! No ha dejado de mirarte. ¡Y esa de ahí! ¡Fíjate! A la pelirroja se está cayendo la baba. ¡Está claro que le gustas, Harry!

- ¡Oh! Vete a la mierda, Draco - lo insultó, pese a que sus labios lo estaban traicionado con una involuntaria sonrisa -. Yo creo que eres tú a quién miran. Ya sabes... son los Malfoy quienes no saben pasar desapercibidos.

- Doy fe de ello - Blaise sonrió malignamente, pero su anécdota se vio interrumpida cuando un prefecto de sexto año los mandó callar con una mirada envenenada -. Si supieras lo que…

- ¡Silencio! Los de segundo, ¡dejad de molestar!

Draco torció los labios con satisfacción, viendo como otros recibían la bronca por la conversación que él había iniciado. Especialmente Zabini. Seguro que su estúpida historia era tan falsa como vejatoria, dejando el mal lugar el nombre de los Malfoy. Harry sonrió, anticipando los pensamiento de su mejor amigo, y comenzó a prestar atención a la selección donde la profesora McGonagall ya había empezado a gritar el primer nombre.

- ¡Audrey Adams! - el diminuta niño avanzó hacía el estrado, y el sombrero se entretuvo unos pocos segundos con ella -. ¡Hufflepuff!

Inmediatamente, una ronda de aplausos estalló desde la mesa de los tejones para recibirla. Algunos alumnos de otras casas también aplaudieron por consideración. Harry se halló entre ellos, aunque el esquivo dolor de cabeza volvía a torturarlo.

El proceso se repitió con una interminable lista de nuevos nombres.

- Héctor Amacius… ¡Gryffindor!

Durante varios minutos, McGongall siguió cumpliendo con su tarea. Una diminuta niña de cabello muy rubio, Alexandra Astorovia , fue la primera en ser desigada a Slytherin. A diferencia de los otros alumnos de primero, la mayoría muy tímidos, ella sonrió con anticipo, devolvió el sombrero a la subdirectora y caminó con la frente erguida hasta ocupar su lugar en la mesa. Mientras aplaudía junto al resto, Harry dedujo que era hija de magos.

- ¿La conoces? - le susurró a Draco -.

- Mi padre dice que la suya es una familia muy rica, pero que carecen de una influencia real en el Ministerio. Emigraron de Rusia hace unas cinco o seis generaciones, en los tiempos de la Gran Guerra.

Harry asintió y ambos guardaron silencio para evitar que los prefectos volvieran a centrar su atención sobre ellos. Dos nuevos alumnos fueron llamados a Gryffindor y otro más a Hufflepuff. Un pequeño revuelo se produjo en el comedor ante la mención del siguiente nombre, Mary Anne Cameron. Obviamente nerviosa, ignorando los susurros que se extendían a su alrededor, la niña ascendió hasta el estrado y se convirtió en la primera adquisición Ravenclaw del curso. Tropezó un par de veces mientras trataba de alcanzar su mesa y fue recibida por un efusivo aplauso de sus compañeros. Algunos de ellos, incluso se acercaron a tenderle la mano. Hijos de muggles y mestizos en su mayoría, observó Harry.

- ¿Qué pasa con ella?

- Ni idea.

- ¿Vosotros sabéis algo?

Pero ningunos de sus compañeros supo decir nada al respecto. Un alumno de tercer curso, con quien Harry había mantenido relaciones cordiales el año pasado, se inclinó para susurrar una explicación.

- Creo que es sobrina del Primer Ministro Muggle. He escuchado como algunos muggleborn le preguntaban acerca de su tío en el tren.

- ¡Huj! Pariente de un muggle poderoso… Esperemos que no de problemas - varias cabezas asintieron mostrando su conformación con las palabras de Montague. Harry, quien nunca había mantenido tratos directos con él, reconsideró su opinión sobre el Slytherin de cuarto año.

La selección continuó extendiéndose y Harry no reconoció más nombres. La incomoda sensación que había percibido al entrar en el Gran Comedor había derivado a un leve dolor de cabeza, y para distraerse, dado que Draco se hallaba todavía más aburrido, comenzó a jugar con él a una variación mágica del "piedra, papel, tijera", en el que empleando la varita se proyectaba la sombra de tres animales mágicos que luchaba entre sí. Cuando su águila estaba a punto de engullir por tercera vez a la serpiente de Draco, éste detuvo el juego.

- ¡Eh! ¡Eso es trampa! Faltaban segundos para que ganara este punto…

- ¡Chsss! - lo silenció su amigo, quien ya no parecía nada concentrado en el juego; sus ojos estaban fijos sobre la enclenque figura que ahora portaba el sombrero -. ¡Decidme que me he vuelto loco! - miró a su alrededor con súplica -. ¿Ha dicho "Weasley"? ¡No puede haber otro Weasley!

Dahpne mostró el mismo desacuerdo que él.

- Se reproducen como conejos…

- Su padre no tiene dinero para alimentarlos y se lo quiere quitar a los nuestros…

- Son unos traidores a la magia…

Harry dedujo que la opinión general estaba ampliamente influenciada por los ridículos intentos del patriarca de arremeter contra el patrimonio de sus familias. El mismo disfrutaría descuartizando a Arthur Weasley con gusto, si se presentara la ocasión. Sus relaciones con el Weasley más joven hasta ahora tampoco habían sido mucho mejores. Ronald Weasley era un niño mezquino y despreciable, aunque los gemelos no estaban tan mal. Sus payasadas eran muy divertidas.

- ¡Bah! No sé porque tarda tanto el sombrero. Que la envíen ya a Gryffindor. Son los únicos capaces de soportar su peste.

Efectivamente, no transcurrió mucho para que se hicieran realidad esas palabras.

¡Gryffindor!

La casa de los leones estallo en un aplauso anticipado. Harry observó como la muchacha, mortalmente cohibida, con las mejillas en el mismo color rojo que su pelo, devolvía el sombrero a McGonagall y caminaba hacía su nueva mesa. Sin embargo, no entendió el significado de la mirada nostálgica que dirigió hacía su propia casa, y la luz no del todo satisfecha que brillaba en sus ojos. Comprobó como los gemelos se acercaban a ella para animarla. Tal vez, con un poco de suerte, la última de los Weasley no tendría demasiado en común con su contraparte masculino.

Ella había sido de las últimas en ser sorteadas, McGonagall apenas pronunció un par de nombres más, cuando, finalmente, la ceremonia de selección concluyó. El director se puso en pie y adquirió protagonismo para anunciar unas pocas palabras a las cuales ningún Slytherin prestó verdadera atención. Su propio jefe de casa tenía por costumbre notificar las normativas más serias a los prefectos mediante una lista, que luego éstos colocaban a la vista de todos en la Sala Común. El estómago de Harry gruñó con anticipo, mientras sus ojos no se desviaban los cubiertos de oro vacíos, que en breve serían ocupados por las más deliciosos guisos y dulces. A juzgar por los rostros ansiosos de los demás, no era el único hambriento.

...

Curiosamente, conformé más se alejaba del cielo descubierto del Gran Comedor y se introducía en el aire viciado de las mazmorras, más disminuía su migraña. Cuando se detuvo ante el tapiz con el escudo de Slytherin, casi se sentía totalmente recuperado. Los nuevos alumnos accedieron primero, guiados por los prefectos de quinto, mientras los de sexto y séptimo se encargaban de facilitar las contraseñas al resto.

- Todavía nos queda nuestra propia selección - recordó Draco, sin que su voz connotara demasiado entusiasmo.

Harry se mostró parcialmente de acuerdo. Su cuerpo se hallaba agotado después del largo día, y su mente soñaba con la calidez y el confort de sus nuevas sábanas glaucas y con la ultra comodidad de los almohadones de plumas. Sin embargo, ante los recuerdos de su propia selección, del mordisco de la serpiente, de aquellos ojos esmeralda que lo vigilaban mientras dos colmillos se hundían en su piel y saboreaban el sabor de su sangre, un calor abrasante se extendió por su estómago, como una ráfaga de fuego.

El grabado del joven Salazar Slytherin permanecía inalterable, sin que la más minúscula mota quedara impresa enturbiando su superficie. Harry contempló el mismo rostro anguloso que el año anterior había calificado como "infinitamente hermoso" y que ahora traía a su memoria visiones de un ser espectral, que sólo lo visitaba en sus sueños. Un cabello largo y azabache, con el color aterciopelado del cielo en sus noches más oscuras, y una piel desposeída de cualquier impureza. Una colección de elegantes y delicados rasgos, y una nariz aristocrática, a juego con su mentón. Especialmente destacaban sus ojos, que parecían poseer vida propia. Verdes por completo, licuosos, sin matices altisonantes, el resultado perfecto de una esmeralda fundida.

Desde hacía varios meses, nada podía contrarrestar la sensación de que aquellos ojos lo observaban. Que sus iris, ocultos tras ese fundido tan similar al suyo, espiaban todos sus movimientos, aún cuando, cada vez que él volviera su rostro en un intento por atraparlos, fuera incapaz de hallar en ellos nada más allá de la indiferencia más absoluta

Por estricto orden alfabético, los prefectos fueron llamando a los veintitrés nuevos alumnos. Con mayor o menor reticencia, cada uno de ellos dio un paso al frente colocándose ante el cuadro y fue mordido por la serpiente. Finalmente, cuando el último hubo completado el ritual, todos fueron conducidos a la Sala Circular para ser informados de su posición. A Harry no le sorprendió comprobar como la niña rusa por la que antes había consultado a Draco, Alexandra Astorovia, era elegida primera por delante de las demás féminas. Andrei Lamotte fue seleccionado como su contraparte masculino.

- ¡Alumnos de segundo! Acompañadme, por favor.

Brenda Flint, sobrina del capitán de Quidditch de su casa, y prefecta de sexto año, condujo a todo su curso a un lugar apartado de la Sala Común, destruyendo en el proceso las esperanzas de Harry de retirarse a descansar inmediatamente tras la selección. Tal vez ella captara su mueca de decepción, pues las primeras palabras de su discurso parecían estar expresadas específicamente para él.

- Existen algunas cosas que debéis saber antes de retiraos a la intimidad de vuestros dormitorios. En primer lugar, recordaros que el año anterior Slytherin fue galardonada con la Copa de las Casas por octava vez consecutiva. Parte de este resultado fue debido a las acciones de algunos miembros de vuestro curso - en este punto, Harry estuvo completamente seguro de que sus ojos se clavaban en él y en Draco, quien esquivo la mirada -, y, por supuesto, os estamos agradecidos. No obstante, también advertimos que no toleraremos nada menos para este nuevo año. La casa de Salazar debe representar dignamente sus ideales siempre que…

- ¡Pues menuda forma de proporcionarnos ánimos! - susurró una voz femenina a su lado -.

Interiormente, Harry estuvo de acuerdo con el comentario de Daphne, pero contuvo las ganas por cualquier intervención y continuó escuchando a la prefecta en silencio.

- Así mismo, como alumnos ya iniciados en Hogwarts, confiamos en que continúes manteniendo un nivel óptimo en las clases. Incluso en aquellas que no merezcan vuestro total respeto - matizó esta última frase; Harry no tuvo dudas sobre qué clases entraban en este ámbito -. El profesor Snape me ha proporcionado vuestros horarios y yo me he tomado la libertad de depositarlos junto a vuestros cuartos. Por último, mediante voluntarios de los cursos superiores, a los alumnos de segundo, tercero y cuarto se les ofrece la posibilidad de estudiar la Historia de Nuestras Viejas Familias, una herramienta muy útil en general para los magos y brujas de nuestra sociedad y, de un modo específico, para quienes estén interesados en tomar el TIMO de Historia de la Magia.

Aquella nueva posibilidad capturó totalmente la atención de Harry, quien de repente se sintió muy despierto. Tom nunca le había comentado nada al respecto, tal vez se tratase de una tradición inaugurada con posteridad a él.

- Flint - la llamó, y dio un paso al frente -.

La prefecta clavó sus ojos en él.

- ¿Si, Potter?

- ¿Estás clases son exclusivamente para Slytherin o pueden tomar parte miembros de otras casas?

- Aceptamos algunos miembros de Ravenclaw si éstos solicitan su entrada previamente - respondió con sequedad -; pero únicamente porque sus familiares Slytherin han considerado prudente informales al respecto. No queremos leones entre nosotros, Potter. Ni leonas. Sobra decir que ningún profesor a excepción de nuestro Jefe de Casa, y muchísimo menos el director, es consciente de estas… tareas extraescolares. Y confiamos en que todo continúe así durante muchos años, ¿está claro? - agitó la varita amenazadoramente -.

El propio Harry asintió y algunos de sus compañeros retrocedieron espantados. Si se lo proponía, Brenda Flint podía resultar bastante más aterradora que su tío Marcus, incluso con el bate y la escoba de éste formando parte del lote.

Entusiasmado ante la idea de aprender a partir de otros, alejándose para variar de los libros, Harry fue el primero es escribir su nombre en aquella lista. Todos sus amigos continuaron su ejemplo de inmediato, aunque Draco refunfuñaba.

- Dudo que pueda aprender algo que no me haya enseñado antes mi padre…

Finalmente, la prefecta se despidió de ellos y les advirtió que entraría en contacto con algunos para informar del horario de las nuevas actividades extraescolares, como serían nombradas desde aquel momento.

...

Cobijado en su dormitorio, tras una larga y refrescante ducha, Harry suspiró con placer mientras las sedas de su nuevo pijama sustituían las recias telas del clásico uniforme, asentándose su cuerpo con la suavidad de una tierna caricia. Lo había elegido de un color verde brillante, similar al del año anterior y a juego con sus ojos, aunque por solicitud suya el emblema de la casa Slytherin había sido bordado en su pecho con hilos de plata, originados por la cola de un unicornio, y, por sugerencia de Tom, la seda también había sido hechizada para repeler cualquier hechizo arrojado contra el usuario mientras su consciencia durmiera. A Harry esto último le parecía demasiado excesivo, pero el año anterior el bezoar casi había acabado salvándole la vida, por lo que accedió sin protestar.

Concluyó de asearse en el lavabo y dejo paso a Draco, que había preferido emplearlo segundo después de escribir una carta a su madre. A Harry le sorprendió que comenzara a desnudarse para la ducha mientras él todavía estaba presente — su estancia en Francia debía haberlo desinhibido —, y se abstuvo cuidadosamente, pese a su curiosidad, de echar un vistazo.

Por unos vergonzosos momentos, mientras su cabellos terminaba de secarse, se preguntó si el cuerpo de Draco habría experimentado las mimas transformaciones que el suyo durante el verano, si habría comenzado a crecerle pelo en las axilas o incluso… ahí abajo. Harry no era tonto, aunque ahora mismo, mientras procuraba no espiar entre las cortinas de la bañera, se sintiera como uno. Había leído suficientes libros de biología para comprender los cambios que conllevaba la adolescencia. Sin embargo, consultar el tema con otra persona de su edad sería interesante… Si conseguía no fallecer antes a causa de la vergüenza.

- ¡Mierda! Harry, ¿puedes pasarme el champú?

Con las mejillas ardientes, como si hubiera sido sorprendido en el desarrollo de una travesura, Harry vocalizó un ruido anómalo para asentir, subyugó totalmente la corriente de pensamiento, y ojeó el lavabo en busca del frasco. Descubrió que se trataba de la misma marca de poción que él había regalado a Draco las Navidades pasadas, a la que, sin duda, su amigo se había vuelto adicto.

- Gracias, tío.

El lenguaje de Draco también se había vulgarizado durante las vacaciones.

...

Cansado del largo día y poco dispuesto a lidiar con esas inquietantes emociones propias de la pubertad, Harry arrojó el uniforme sucio al cesto, abandonó el cuarto de aseo, atravesó la habitación velozmente, tomó impulso, apartó los doseles, y se arrojó con fuerza contra el inmenso colchón, comprobando que éste era aún más cómodo de lo que recordaba. Todo ello en menos de cinco segundos. Una carcajada brotó de sus labios ante la emoción de su propio cuerpo. Se sentía entusiasmado de estar de nuevo en casa.

Harry comenzó a analizar su dormitorio, complacido en las formas familiares. El baúl con los libros y los demás trastos de la escuela descansaba ya a los pies de su cama, exactamente igual que el año anterior. Esta vez, ordenaría a los elfos que ordenaran sus pertenencias durante la noche, como había hecho Draco.

El mismo armario de madera caoba donde guardar sus túnicas, el mismo escritorio donde solía completar los ejercicios cada vez que no era capaz de acabarlos en la Biblioteca, los mismos viejos y queridos volúmenes sobre la antigua estantería, los sillones de plumas, los cojines de terciopelo verde, los tapices en las paredes, las imágenes móviles del techo… Todo seguía igual que ayer.

O casi todo.

Por desgracia, había una cosa que sí había cambiado.

Sus ojos se estancaron en el hueco vacío del suelo donde antaño debió haberse hallado el vivero de su serpiente; en aquel hogar que había construido para ella durante los largos meses del curso anterior. Pero Sky no volvería a ocuparlo. Jamás volvería a dormir sobre él, o a enroscarse alrededor de su brazo, ni a bromear sobre la sangre dulce de sus amigos, ni a llamarlo "amo Harry". Había muerto. Aplastada bajo la luz de un relámpago verde, al cual se había arrojado para salvarle la vida.

Se había ido y no iba a volver.

Aquella certeza que había aprendido a asimilar durante el verano, se convertía ahora en una realidad demasiado tormentosa para aceptar. De pronto, la sensación de pérdida, más allá de la propia muerte, lo golpeó de lleno.

La verdad de la muerte.

Se había ido y no iba a volver.

- Olvídalo.

- ¿Qué? - su cuello se giró hacía Draco, que mantenía la vista fija en el mismo punto muerto que él -.

- Olvídalo - repitió -. Te estás torturando.

Harry buscó sus ojos, esos ojos grises con matices de cielo azul congelado, que tan familiares le resultaban ahora, y que creía haber vislumbrado en otra ocasión con anterioridad… Quizá en medio de un sueño. Los ojos de su mejor amigo.

- ¿Tú no lo has hecho?

- ¡Huh! - Draco curvó los labios en una sonrisa irónica, que no constituía parte habitual de su repertorio de expresiones -. Más que tú.

Instintivamente, se acercó a Harry y se acomodó sobre su cama. A su derecha, con la espalda tumbada sobre el colchón y los ojos fijos sobre el techo. Harry también recostó su cuerpo, pero giró el cuello hacía él, integrándolo a su marco visual. Draco no respondió ante ese contacto.

- Los primeros días en Francia fueron horribles, ¿sabes? - dijo, con una voz forzadamente monótona -. Yo creí que lo tenía superado, pero en Hogwarts era fácil. Estabas tú, las clases, los profesores, Pansy, el resto de los chicos… incluso Granger. La primera noche que dormí en Francia, sólo, en un cuarto que apenas reconocía, me desperté sintiendo que el cuerpo entero me ardía. Que Él había regresado y que me hacía de nuevo… Eso - la maldición imperdonable -. Mis padres llegaron corriendo… Mis gritos les habían despertado. Y yo no fui capaz de decirles nada para tranquilizarlos. Pero los sueños… las pesadillas… no se detuvieron. Durante dos semanas tuve terror por dormirme, y cuando menos dormía más fácil me resultaba creer que los fantasmas de mis sueños podrían convertirse en reales. Hasta que una noche me desperté y encontré a mi madre dormida a mi lado, y estaba llorando. Tú no lo entiendes - Draco mantuvo contacto directo con él durante un segundo -. Ella nunca, jamás, había llorado antes. Pero lo estaba haciendo… por mi culpa.

Harry respetó los momentos de silencio posteados por su amigo. Al iniciar la conversación, no había imaginado unas revelaciones tan personales, y no podía cuantificar el esfuerzo que Draco estaba haciendo por confiar en él. Se prometió a sí mismo que, de alguna manera, se haría merecedor de esa confianza.

A los pocos minutos, Draco retomó la palabra y su voz trasmitía un matiz diferente. Más usual, menos trascendente.

- Después de verla llorar, llegué a una conclusión muy sencilla. Yo estaba vivo, él estaba muerto. No merecía que sufriera por él, ni tampoco que lo temiera. Y aún si lo merecía… me daba igual. Yo estaba vivo, mi madre estaba viva, mi padre estaba vivo. Y yo iba a disfrutar de esa vida. Así que tú - giró el cuello hacía Harry, incorporó su espalda, cruzó sus piernas y lo miró con resplandeciente entusiasmo -, debes hacer lo mismo. Estamos vivos. Y es normal que la eches de menos. Pero seguramente Sky aceptaría con gusto dar su vida dos veces para mantenernos a salvo. Ahora tú debes honrar ese sacrificio viviendo.

- ¿Al igual que has hecho tú en Francia con Gabrielle? - fue una pregunta tonta, destinada simplemente a ser una broma para aliviar la tensión, pero Harry se sintió estúpido nada más pronunciarla.

Sin embargo, Draco sonrió ampliamente. Sus labios se curvaron, sus ojos se iluminaron con chispas de colores, y su rostro recuperó esa expresión que era una mezcla de arrogancia y familiaridad, aquella por la que Harry sentía tanto cariño.

Era sorprendente. La experiencia del curso anterior lo había marcado más de lo previsto y, sin embargo, en muchos aspectos, Draco estaba demostrando ser más maduro emocionalmente que Harry. O quizá más rápido en asimilar esa madurez e impedir que ésta marcara las únicas pautas en su vida.

Conversaron hasta pasada la media noche. La mitad del tiempo trataron recuerdos de viejas bromas o planes salvajes para poner a prueba durante el curso. La otra mitad la aprovecharon para ponerse al día sobre sus vacaciones, de un modo más personal y privado de lo permitido mientras sus otros compañeros estaban presentes. Draco hizo a Harry corroborar su promesa de que estas Navidades, sin ningún loco intentaba matarlo de nuevo, pasaría al menos tres noches durmiendo en Malfoy Manor. Él se comprometió con gusto.

- Ya veras cuando conozcas a ese elfo chalado de Dooby. ¡No vas a creerlo! Y mis regalos de cumpleaños de este año… ¡Los caballos alados son los mejores!

Por desgracia, el día siguiente era el inicio del curso y llegó un momento en que se hizo necesario retirarse a dormir. Harry se despidió de Draco ofreciéndole las buenas noches y su amigo correspondió su deseo. Ambos se recostaron en sus camas y corrieron los finos doseles plateados para guardar un poco la intimidad.

Harry palpó entre las sabanas bajo su almohadón y obtuvo entre sus manos el Diario de Tom. Por muy cansado que se sintiese, se había prometido a sí mismo no dejar pasar un día sin ponerse en contacto con él, y, hoy especialmente, había un montón de cosas que deseaba contarle.

...

~ ¿Qué tal el día, Harry? ~

No ha estado mal. Tenías razón en lo que dijiste sobre Blaise y Zabini. Incluso han tolerado que Hermione se siente con nosotros para evitar que yo me marchara.

~ Es natural. Las serpientes son fieles cuando identifican a su líder. ~

También me he divertido mucho con Draco. Y he conocido varios alumnos de primero de nuestra casa. Creo que su desarrollo puede ser interesantes.

~ ¿No ha surgido ningún problema con nadie? Todavía recuerdo el enfrentamiento que tuviste el año pasado con ese traidor a la sangre, Weasley. ~

Aún no lo he visto. Aunque después de que Draco y yo le salváramos la vida no parecía tan interesado en molestarnos. Su hermana pequeña ha sido seleccionada a Gryffindor. Y su padre se ha hecho famoso entre todo los magos respetables por un proyecto de ley en el que intenta despojar de su fortuna a cualquier pura sangre con seis generaciones de antigüedad.

~ Ridículo. ~

A Lucius Malfoy no se lo parece. Ha puesto en marcha todo su arsenal de contactos y galeones para impedir que la ley llegue a la corte, incluso aunque sabe que el Wizengamot la rechazaría de pleno.

~ No es una cuestión de dinero, Harry. Sino de honor. Hace dos décadas nadie se había planteado una ignominia semejante. Pero desde que se inició el reinado de Dumbledore pareciera que los prejuicios sólo existen por un lado. ~

Sabes que las cosas son como son. Y que algún día conseguiremos cambiarlas.

~ Lo sé. ~

Háblame sobre las tutorías de la Historia de las Nuestras Viejas Familias. Los alumnos mayores se han ofrecido a impartir unas clases extras a los de segundo. Parece ser una tradición. ¿Sabes algo al respecto?

~ Harry, yo inicié esa tradición. ~

¿Cómo?

~ En mis años de estudiante. Aunque reconozco que me sorprende que aún siga vigente. Pensé que después de mi caída el temor sería demasiado grande para arriesgarse a ser sorprendidos. ~

¿En serio la iniciaste tú? Flint no te mencionó en absoluto. Aunque lo cierto es que tampoco proporcionó muchos detalles. ¿Por qué lo hiciste?

~ La información en un arma peligrosa, Harry. Por ese motivo los gobiernos siempre han luchado por vetársela a su pueblo. No puedes esperar que las personas se unan a ti en una revolución si no conocen antes de dónde venimos, cuál es nuestro origen, qué hemos perdido, qué desean arrebatarnos, y por qué hemos de luchar. Yo abrí las consciencias de mis contemporáneos. ~

¿Cómo?

~ Durante mis largos años de estudiante, indagué la Historia y el Origen de nuestra magia, así como su evolución, y descubrí secretos que los más grandes magos habían oculto tras su muerte hasta que alguien digno apareciera para arrebatarlos. Pero no podía permanecer en silencio con dicha información. Necesitaba compartirla y, al mismo tiempo, engendrar seguidores. ~

¿Y qué hiciste?

~ La compartí primero con algunos elegidos cercanos a mí. Pero después decidí que sería una herramienta muy útil forjar las mentes desde su inicio. Y comencé a instruir a los alumnos más pequeños, primero con disimulo, sin ofrecerles más conocimiento del que podían digerir; lentamente, ahondando más en los principios. Cuando yo abandoné Hogwarts, esos mismos alumnos había crecido lo suficiente para impartir esas lecciones a otros nuevos. Fueron mis primeros mortifagos. Lo más leales. ~

Esa es una historia fascinante. ¿Sobre qué les enseñaste?

~ Eso no te lo voy a decir. Primero, porque lo que puede ser revelado lo aprenderás en las lecciones. Será una experiencia nueva para ti ser aleccionado en Historia por alguien competente. ~

¿Y lo qué no puede ser revelado?

~ Esos son los conocimiento que yo adquirí y decidí mantener en privado para mí. Generalmente, se trata de Diarios de grandes Señores Oscuros, y antiquísimos libros de Magia Negra. Tú serás mi igual algún día, Harry, y tendrás acceso a ellos. Pero antes deberás hallarlos por ti mismo. Yo no voy a ayudarte en esa tarea. ~

Harry adivinó de inmediato el significado oculto tras las enrevesadas palabras de Tom.

La Cámara de los Secretos.

~ Exactamente. Cuando halles su entrada, demostrarás que ya estás listo para asimilar lo que guarda en su interior. ~

El muchacho decidió no replicar. Sabía, por experiencia del año pasado, que la decisión de Tom en ese ámbito era irrevocable. Protestar sólo serviría para convencerlo aún más de que su punto de vista era el acertado. Además, lo que Tom le estaba contando resultaba fascinante.

Una pequeña parte de él, quizá la parte más infantil, se frustraba imaginando la infinidad tiempo tendría que pasar hasta que él fuera capaz de encontrar dicha Cámara, siendo que el año anterior apenas había logrado algún avance y que el propio Tom no lo había conseguido hasta su quinto año. Sin embargo, el resto de sí, un resto dominante, permanecía absorto en cada nueva palabra que Tom pronunciaba, aprendiendo de ella, deleitándose con ella y amándolo aún más por ella. A ese resto no le hubiese importado no hallar la Cámara nunca, no mientras Tom hubiera seguido con él cada noche, no mientras lo hubiera seguido considerando un ser especial. Su igual. Su único igual.


Espero que hayais disfrutado el capítulo. Personalmente, he quedado más satisfecha con él que con su homologo anterior, donde creo que me excedí un poco insetando demasiadas lineas de pensamiento entre los dialogos, pero tal vez sea sólo una opinión personal. Confio en que vosotros me digas que pensáis al respecto.

En este capítulo nos hemos introducido en Hogwarts. Hemos ahondado un poco en la relación de Harry con las otras casas, con su propia, y con Draco. Me he encanta Draco. Es un personaje que me fascina, tiene dentro de sí tantos más matices que es un reto escribir sobre él. Espero que os haya gustado. Ahora ya sabemos de dónde proceden esos arranques de sensibilidad que el chapter anterior lo condujeron a defender a Hermione, provienen de su enfrentamiento con Quirrel o, mas concretamente, de las secuelas derivadas de esa tortura.

Harry poco a poco se va convirtiendo en un adolescente, con los cambios corporales que eso conlleva, y también ha sido un tema tratado, aunque casi de pasada. Sé que quizá os parezcan un poco precoces, pero yo tomo como modelo de su conducta a mi hermana de once años y a mi otra hermana de trece, y os lo aseguro, los chavales de once años están mucho más salidos de lo que pueda parecer en un primero momento. El sexo y el alcohol ya tienen cabida en sus mentes, sino en sus vidas. Rigiendo por ahí, yo creo que va todo bastante acorde. (Respectando el hecho de que yo soy femina y he tenido que investigar en libros de psicologia y medicina para ponerme en el lugar de un chico, XD). Mis lectores masculinos, que sois bastantes: si algo falla no os ofendais, avisadme y yo lo rectificare con gusto.

Y cambiando tragiversalmente de tema... ¿he mencionado ya a alguien que estoy viciadísima a Star Trek? O, bueno, realmente, a la estunpendísima a cannonica pareja que hacen Jim y Spock. ¡Los adoro! He debido leerme como cien fic en ingles sobre ellos, y he visto como unas diez veces la peli de 2009. La TOS todavía la tengo en proceso. Si alguien comparte esta aficción, ¡por favor! ¡que me lo diga!

Finalmente, tras esta gran rayada de mi frikismo, me despido de todos ustedes. Un gran saludo colectivo. O, como diría Spock,

¡LARGA VIDA Y PROSPERIDAD!

Anzu.

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