CAPITULO 4: Sesshomaru (4º parte)

Durante un tiempo indeterminado estuvo buscando a aquella sabandija día y noche, sin conseguir mucho resultado. Se tuvo que reconocer, al principio, que cuando empezó a buscarle seguía estando furioso por lo sucedido, a punto de perder el control y dispuesto a encontrar a aquel monstruo y hacerle pagar lo que le había pasado a Rin por su culpa; pero a medida que fue pasando el tiempo se fue calmando cada vez más, recuperando nuevamente el control de sus impulsos, hasta que al final su búsqueda ni siquiera le provocaba la más mínima contrariedad por la consecuencia infructuosa de aquella búsqueda. Eso no significaba que se hubiera olvidado de aquello, ni por un segundo se olvidó de lo sucedido ni la misión que se había auto impuesto, de eso no había ninguna duda ni vacilación al respecto. Aun así, el hecho de no localizarle fue paulatinamente perdiendo interés en él, hasta el punto en que llegó a no importarle; solo tenía que tener paciencia, sabía que, tarde o temprano, aquel desgraciado cometería un error y caería en su propia trampa. En cuanto eso ocurriera no tendría ningún tipo de compasión, pensaba dejarlo hecho pedazos para que se lo comieran las alimañas y no dejaran ni los restos. Tal y como tenía planeado antes de tener aquella conversación después de la masacre del castillo de aquel Daimyo humano, solo tenía que dejar que aquella alimaña lo fuera a buscar y él solo se delataría, entonces sería el momento de acabar con él.

Sin embargo, durante aquella búsqueda, una noche sucedió algo que, a día de hoy, aun le tenía algo intrigado en algunos aspectos. Caminaba tranquilo por el bosque, bajo un cielo estrellado y con una luna creciente iluminando aquel lugar. De pronto sintió, o mejor dicho, olfateó una presencia, esta no era muy fuerte, pero sí lo suficiente como para percatarse de ella.

- ¿Quién eres? – Preguntó con indiferencia después de parar su paso.

- No te preocupes, no quiero pelear.- Respondió una voz masculina, para después salir de la oscuridad del bosque y presentarse frente a él. Este era un macho joven de apariencia humana, de la misma altura que él, constitución fuerte, pelo negro con un peinado bastante estrambótico y unos ojos verdes que denotaban que no era del todo humano.

- Entonces explícame porque te presentas ante mí, si no es a molestar.- Cuestionó nuevamente el demonio blanco.

- Ya me habían dicho que tenías mal carácter.- Contestó aquel ser mientras hacía una mueca de medio lado.- Pero como ya te he contestado anteriormente, no deseo pelear, solo hablar contigo.

- Uhm.- Entrecerró los ojos, enfatizando una mirada irónica mientras esbozaba una ligera sonrisa, para inmediatamente sacar a "Colmillo explosivo" con rapidez de su vaina y lanzar un ataque para sorprenderle.

Con aquel ataque esperaba ver si realmente aquel ser iba con las intenciones que decía, por si por el contrario realmente quería atacarle desprevenido con la excusa de "hablar", pero contra su pronóstico, aquel macho levantó la palma de su mano cara a él y dijo unas palabras en un idioma ininteligible. Una vez que hubo terminado de decir aquellas palabras apareció en su mano un escudo de energía, que neutralizó mediante succión el poder del ataque que le había lanzado.

- Vaya… esto se pone interesante.- Comentó ligeramente divertido para después guardar la espada en su vaina.- Tienes bastante poder… para ser solo un "Shison".

- No sé qué pretendías con este ataque, Sesshomaru.- Cuestionó entonces el Shison mientras hacía desaparecer el escudo de defensa de su mano.- Pero si era para comprobar hasta qué punto soy peligroso para ti, la verdad es que no era necesario, yo no tengo ni una ínfima parte de tu poder. No soy ningún idiota y desde luego aun no he venido a suicidarme.

- De todos modos, un cuasi humano practicante de la magia oscura no es algo que se vea a menudo… y según lo que he visto, tu antepasado era alguien con mucho poder.

El Shison sonrió ligeramente como respuesta, para después hablar.

- Bien, hechas las presentaciones, vamos a ir a por lo importante, ya que no deseo ocupar tu tiempo más que lo mínimamente imprescindible. Vengo a advertirte de un serio peligro, tienes algo muy valioso en tu poder, algo que desean arrebatarte y que se saltarían todas las normas y directrices que existen en este mundo con tal de conseguirla. Debes estar alerta para evitarlo.

- ¿Algo?- Preguntó inquisitivo el demonio blanco.

- En realidad… no sería "algo" exactamente.- Respondió el Shison pensativo.

- ¿De qué estás hablando?- Volvió a preguntar, teniendo una muy mala sensación mientras la formulaba.

Sin embargo, el Shison volvió a sonreír con tristeza mientras negaba ligeramente con la cabeza.

- Si, como señor de las tierras del oeste, me permites un consejo, valora lo que tienes en tu poder, Sesshomaru.- Contestó reflexivo, pero con un dejo de tristeza en su voz.- Cuídala, quiérela, pero sobretodo, y esto te lo pido como un favor personal, protégela. Protégela con tu vida si es necesario, porque si no lo haces, todos estaremos perdidos, porque será la primera víctima, después irán todos los demás.

- Creo que no me has oído bien porque no me has respondido, así que espero que te dejes de divagaciones y respondas a mi pregunta. ¿De qué estás hablando?

Entonces el Shison lo miró fijamente, se giró y entró nuevamente en la oscuridad del bosque para desaparecer de su vista definitivamente, sin decir una sola palabra más. Primeramente estuvo pensando en ir tras él para que le respondiera a la fuerza si fuera necesario a aquel galimatías, pero cambió de opinión, considerando que no valía la pena malgastar sus fuerzas en algo así. Estuvo mirando durante un breve rato la dirección en la que había partido y decidió dar la vuelta y seguir con su camino, llegando a la conclusión de que lo que le había dicho aquel Shison no eran más que estupideces dignas de olvidar. Entonces no entendió nada, no tenía ni idea de quién era, ni de quien estaba hablando, pero ahora… ahora todo encajaba perfectamente. Lo que no sabía aun era si el Shison habló como humano, como "aliado" de Himekoyami… o como padre.

Al cabo de un par de días estaba caminando junto a la ladera de un rio, cuando olfateó dos aromas pertenecientes a dos seres que conocía. El primer olor le extrañó que estuviera tan cerca de su posición, teniendo en cuenta que debía estar en sus establos, pero cuando olfateó el segundo olor entendió lo que había pasado y sus intenciones, algo que no le hacía ni pizca de gracia. Como siempre, esa chiquilla humana estaba haciendo las cosas a su manera, un tipo de improvisación muy típico de su raza que le desagradaba especialmente. Al enfocar su vista en dirección al origen del olor, pudo divisarlos sin problemas. Los dos venían volando en su dirección, mientras que su protegida gritaba su nombre sin ningún disimulo para que detuviera su marcha. En seguida se pusieron frente a él para forzarle a detener el paso y Ah-un aterrizó.

- ¿Qué haces aquí?- Preguntó muy serio mientras esta bajaba del lomo de Ah-un y se situaba frente a él.

- Yo… yo…- Vio como su protegida tragó saliva para después respirar hondo, reuniendo el valor suficiente para hablar con él.- Quiero acompañarle para ir a matar a Jaaku.

Después de realizar aquella petición tan absurda, observó como Rin se quedó expectante de su respuesta. La verdad es que no le extrañaba nada esa decisión de su protegida, alguien tuvo que ponerle al día sobre lo que había pasado y aquella era su reacción lógica. No pudo evitar negar ligeramente con la cabeza, y menos pensar que su protegida era tan temeraria como estúpida.

- Rin, vuelve al castillo con Ah-un.- Respondió huraño.- Aun no estás recuperada del todo.

- Sabía que me lo diría y sé que no quiere verme más, lo entiendo, pero déjeme ir con usted por esta vez. - Imploró con un dejo de preocupación. -Es el último favor que le pido…

- Tú harás lo que yo te diga. – La interrumpió con un tono grave, dejando claramente que aquello no era una petición, sino una orden que esperaba de ella que cumpliera sin rechistar.- Además, esto ya no te compete.

- ¿Q-que… me está diciendo?- Preguntó sorprendida. Era evidente que aquella orden la había pillado desprevenida.

- Que a partir de ahora de Jaaku me encargo yo.- Respondió con autoridad para después cruzarse con ella y seguir con su camino.- Él es mi presa, así que es mejor que vuelvas al castillo y te recuperes del todo. Allí estarás segura.

Con aquella orden esperaba que su protegida entrara en razón por una vez en su vida y le obedeciera sin poner una sola pega, pero a través de su olor pudo sentir contrariedad en ella, para después percibir que ella misma se estaba cuestionando aquella orden.

"Así que te rebelas… Me pregunto si tu rebeldía es solo para esta orden o hay algo más…"

Uhm, típico de los humanos. Todo lo cuestionan, todo les sienta mal, se agravian por cualquier tontería, se rebelan a cualquier mandato, incluso a las normas más elementales con tal de salirse con la suya sin medir las consecuencias. Por ese motivo no paran de matarse entre sí, por tonterías sin importancia. En el fondo no son más que bestias sedientas de sangre con excusas morales para justificar sus instintos.

- Señor Sesshomaru, siento contradecirle, pero ahora SI es asunto mío.

Eso último que comentó le hizo parar en seco su marcha para girarse inmediatamente y mirarla con mucha seriedad. Como había notado a través de su olfato, esta se rebelaba contra su mandato, y comprobó que su rostro estaba levemente crispado, enfatizando ese estado con sus puños fuertemente cerrados. Analizó la frase que le había dicho, y leyéndola entre líneas se percató que su motivo para rebelarse contra él debía de ser algo importante para ella.

"Como si fuera su deber…"

La conocía demasiado bien para saber que jamás le desobedecería, al menos que tuviera un motivo de fuerza mayor que la impulsase a ello.

"Pero de todos modos, su deber principal era para con él…"

Repasó mentalmente por encima la versión que Rin le contó cuando estuvieron luchando, y entonces se volvió a percatar de un detalle con el que no había contado antes.

- El hecho de que Jaaku haya matado a cuatro humanos no da pié a que tú te involucres en ello.- Contestó con un ligero tono de desprecio. Aparte de su humanidad, el cual de por sí ya era un defecto importante, había que añadir el hecho de que fuera una hembra, y eso la hacía injustificadamente compasiva hacia unos pueriles insectos solo por el hecho de pertenecer a su raza.

- No… no se trata de cuatro humanos, señor.- Respondió algo triste y reflexiva, mientras miraba al suelo.- Se trata de cientos de personas, un castillo entero arrasado junto con un pueblo lleno de gente indefensa, es mi deber vengarles. Además…, no sé si en el castillo estaré segura.

Esa última frase le dejó intrigado, ya que no entendía a que venía ese comentario, el cual era evidentemente un pensamiento que se le había escapado. Pero si lo estaba pensando, era porque no le estaba contando toda la verdad, y era preciso averiguarla.

- Explícate mejor.- Indicó frunciendo levemente el ceño.

- ¿Y si… Jaaku decidiera hacer lo mismo que en el castillo del Daimyo?- Su protegida empezó a divagar en alto mientras desarrollaba aquella teoría en su mente.- ¿Y si con mi presencia allí atrajera la atención de ese engendro y se infiltrara en el castillo, matándolos a todos?

La observó detenidamente mientras estaba pensativa, y cuando Rin levantó su mirada estas se encontraron, haciendo que su protegida bajara su vista al suelo mientras se sonrojara ligeramente. De todos modos lo que estaba contando era muy extraño. Jaaku lo más cerca que había estado del castillo fue en los alrededores, cuando atacó a Jaken por sorpresa, no era tan idiota como para cometer semejante suicidio.

"Al menos… que haya algún motivo que lo empuje a ello…"

Según lo que decía Rin, ella misma sería ese motivo, pero le parecía algo absolutamente descabellado, de hecho se preguntaba de donde había sacado Rin semejante idea. Su interés por ella era exclusivamente por el hecho de ser su protegida, no podía haber nada más. Aun así, debía indagar más al respecto, su intuición demoníaca le indicaba que algo se le estaba escapando y no podía permitirse el lujo de cometer más errores.

- ¿Y qué te hace pensar que un demonio como Jaaku va a interesarse tanto por una "humana" como para infiltrarse en el castillo de su peor enemigo?

Observó como Rin se mordía levemente el labio inferior mientras miraba nuevamente al suelo, escarbando en sus pensamientos, un gesto el cual no pudo evitar ponerle ligeramente nervioso, pero que decidió nuevamente eliminar rápida y eficazmente de su pensamiento. Centrándose nuevamente, observó detenidamente a la chica, viendo que esta se estaba debatiendo en un dilema mental. Era evidente que su protegida estaba sopesando contarle o no la verdad.

- Lo pienso porque él me lo dijo… en persona.

Aquello volvió a darle otro mal presentimiento, no le estaba gustando nada el rumbo el cual iban aquellos derroteros. Ese Jaaku por lo visto no había acabado aún con su protegida, pero seguía sin entender por qué.

- ¿Qué quieres decir?- Preguntó sin poder evitar entreveer un sutil dejo de enfado.

- El vino hace muy poco a verme, exactamente hace dos días. Se comunicó conmigo a través de un sueño.

- Un sueño no significa nada.- Cuestionó nuevamente a su protegida para quitarle hierro al asunto y que esta no se preocupara más de lo necesario, pero se lo apuntó mentalmente. Tal vez lo que quería ese malnacido era enloquecerla, o manipularla nuevamente para algún jueguecito que tendría preparado.

- Aquel sueño era muy real, no lo subestime.- Suspiró profundamente para después seguir hablando. Pudo ver como se alteraba, como su pulso se aceleraba y le temblaba levemente el labio inferior.- Se me presentó en forma de un anciano encorvado, era la forma del primer ministro del daimyo que me contrató. También me dijo, entre otras muchas cosas, que pretendía acceder a su castillo para darse un festín igual que el realizado en el castillo del daimyo. Pero que primero quería acabar con usted antes y robarle las espadas que usa.

- Y es por eso por lo que nos ataca, por las espadas - Resolvió pensativo mientras se cruzaba de brazos. Francamente, si esa bestia inmunda estaba montando todo aquel pleito por las espadas no merecía respirar ni un segundo más, por imbécil y por patético.

- Por eso, y porque q-qu-que… quiere devorarle.- Observó como aquellas dos últimas palabras costaron que salieran de sus labios, producto de la turbación que le provocaba aquel ridículo sueño.

Eso ya lo sabía, que quisiera devorarle no era ninguna novedad, y que estuviera jugando con él a ese estúpido juego del gato y el ratón tampoco. Pero igualmente seguía habiendo algo muy raro en todo esto. A simple vista pareciera que Jaaku quisiera enviarle alguno de sus infames mensajes, pero enviárselo a través de su protegida… eso era algo peculiar. Igualmente no era del todo descabellado, era muy común en aquella bestia utilizar unos cauces poco ortodoxos para enviarlos, y si en su momento utilizó a Rin podía volver a hacerlo sin problemas. Había muchas preguntas inconclusas y en su momento las respondería, pero definitivamente de aquella conversación había sacado una cosa en claro. Si quería evitar que Rin fuera nuevamente manipulada por Jaaku debía tenerla bien cerca para poder controlarla, así que, aun a su pesar, decidió cambiar de opinión.

- Bien. Vendrás conmigo.- Esa respuesta hizo que Rin sonriera ligeramente.- No te separarás de mí bajo ningún concepto, y si tuvieras que hacerlo llévate a Ah-un contigo.

- Sí, señor Sesshomaru.- Asintió con la cabeza

- Andando.

Se giró y continuó caminando como si aquella conversación no hubiera existido, aunque con dos acompañantes que no se hubiera imaginado hacía un rato tras él. No le hacía nada de gracia tener a Rin a su lado, ocuparse de su seguridad supondría un lastre para su propósito, pero no le quedaba otra opción. En cuanto a Ah-un, tampoco le hacía gracia llevárselo con él, pero aun podía ser de utilidad encargándose del cuidado de Rin mientras estuviera al alguna incursión o se ausentara temporalmente. Pensándolo fríamente, tal vez no fuera mala idea que les acompañara.

Una noche estaba solo, en un prado mientras miraba la luna, pensativo, disfrutando por un momento de la soledad. Sus dos acompañantes solían hacer bastante escándalo en los momentos de acampada y él necesitaba un rato de silencio para poder aclararse las ideas o planificar los pasos a seguir. Por supuesto el ruido y la tensión que suponía improvisar en un combate no le afectaban lo más mínimo en su capacidad de análisis, pero con silencio y sosiego era más fácil planificar las cosas a largo plazo, y debía tener clara la hoja de ruta con respecto a la eliminación de Jaaku. Tenía claro que no podía cometer muchos errores, y los errores más pequeños solían ser los más peligrosos precisamente por su falta de control. Analizar bien y con calma toda la información evitaría que esos errores fueran inexistentes en el momento propicio.

Había pasado un buen rato desde que les dejó y consideró que ya era el momento de volver, no era prudente dejarlos solos mucho rato. Cuando estaba a punto de girarse y marchar en dirección al campamento se percató de pronto que todo estaba en un silencio sepulcral. Eso era mala señal, significaba que se acercaba un enemigo, aunque de todos modos no era algo que le inquietara especialmente. No movió ni un milímetro su posición, como mucho puso su garra en la empuñadura de "Colmillo explosivo" por si tuviera que utilizarla con rapidez. Esperó que aquel enemigo se acercara, ya que suponía que sería algún demonio que querría atacarle por sorpresa, para asestarle un ataque con la espada, pero de pronto una niebla empezó a rodearle, espesándose poco a poco hasta el punto de no poder ver un metro a la redonda

- Sesshomaruuuu…- Siseó una tétrica e inhumana voz que acompañaba a esa bruma, familiar para él.

- ¿Tan cobarde eres que no te atreves a presentarte físicamente ante mí?

Recibió una grave y macabra carcajada como respuesta.

- Disculpa mi falta de educación, pero ahora mismo estoy en un asunto aun más interesante.

- Uhm, banas excusas.- Contestó el demonio blanco con indiferencia.

- ¿Tú crees?- Preguntó irónicamente a modo de respuesta.- Un consejo perrito, yo de ti no dejaría tan abandonados tus objetos de valor, alguien te los podría robar… o hacerles algo mucho peor…

- Por lo visto vienes con estúpidos acertijos.

- En realidad no se trata de una pista, sino de una conclusión.- Respondió nuevamente la voz entre la niebla.- Como ya te he comentado antes, ahora mismo estoy disfrutando con algo muy valioso para ti, eres un egoísta por no compartir esa exquisitez con otros, no deberías ser tan avaricioso…

Pudo ver como la niebla se fue disipando hasta desaparecer, y en cuanto lo hizo los sonidos típicos de la noche volvieron nuevamente a sonar en sus oídos. Viendo que este había desaparecido, pensó nuevamente en lo que le había querido decir, repasando mentalmente toda la conversación que había trascurrido. Al principio no podía ver el trasfondo de todo, pero luego cambió la palabra "algo" por "alguien" y entonces captó el mensaje global, saliendo rápidamente de aquel lugar en dirección al campamento donde estaban Rin y Ah-un, esperando que su suposición fuera equivocada. Por suerte, a medida que se acercaba no detectaba olor a sangre y eso le tranquilizó, señal que de Jaaku no se había atrevido a atacarles físicamente.

Cuando llegó, lo primero que vio fue a Ah-un muy nervioso, señalándole con las dos cabezas algo que estaba en el suelo, frente a la fogata. Al enfocar su vista a aquel lugar, se percató de que era Rin a quien señalaba su mascota. Esta estaba acostada frente al tronco de un árbol, acurrucada, tenía los ojos cerrados, acompañado con una mueca de sufrimiento en su rostro, mientras giraba su cabeza de un lado a otro con movimientos rápidos e incontrolados. Sudaba copiosamente mientras parecía, según podía ver a través de los gestos de sus manos, que quisiera quitarse de encima algo imaginario; gimiendo incoherencias, pero que si afinabas el oído se refería a algo que la acosaba o que quisiera abusar de ella. Su primer impulso fue despertarla, pero su razón le paró los pies y decidió hacerle caso, ya que le interesaba más saber los propósitos de Jaaku con respecto a Rin, esta oportunidad era una pista única y perfecta para averiguarlos a través de aquel sueño.

Se sentó en el suelo frente a Rin, apoyando su espalda en el tronco de un árbol, de forma que podía verla perfectamente. Observó detenidamente y se apuntó mentalmente todos y cada uno de los gestos y palabras que dijo su protegida en sueños. Escuchó como Rin decía que no quería que le hiciera daño, que la dejara en paz, negativas, sollozos, le nombró un par de veces… y de pronto despertó dando un salto y quedándose sentada en el tronco.

Vio que estaba completamente desorientada, sin ubicar su verdadera situación, pero observándolo todo con una mueca de sorpresa y espanto, hasta que se percató de su presencia. En cuanto fue consciente de ello esta pegó un brinco de susto y se agarró al árbol inconscientemente, mientras puso una mueca de terror en su rostro.

- ¿Te encuentras bien?- Preguntó, viendo el estado en el que se encontraba.

En el momento que formuló la pregunta esta empezó a recomponerse un poco. Pudo olfatear que el estado de terror y de alerta en el que se encontraba se estaba disipando, aunque aun estaba desorientada.

- No…aun no.- Respondió su protegida mientras se levantaba y se retiraba el cabello para aparentar algo de dignidad, pero pudo ver como aun se agarraba al tronco para no perder el equilibrio.- Pero lo estaré pronto.

Debió de encontrarse mejor, porque ella misma se separó del árbol, giró sus pasos, aun tambaleante, y se fue directa al riachuelo para poder adecentarse un poco. Era evidente que, en su agitado estado, no se había percatado de la orden de llevarse a Ah-un cada vez que se separara del resto.

- Ve con ella.- Ordenó a su mascota, el cual obedeció y fue a buscarla al lugar donde se encontraba.

Una vez este se hubo alejado y lo perdió de vista, se levantó y empezó a caminar a un destino incierto, seguro de que ahora ya no debía temer un ataque sorpresa de Jaaku. Todo aquello le había dejado muy intrigado, pero lo peor era la sensación de que había algo detrás de todo esto que no le iba a gustar. Recordó la última frase de Jaaku y sintió un escalofrío, como si su sentido demoníaco le indicara que tomara muy en serio aquella frase. Hasta ahora había dado por sentado que Jaaku estaba utilizando a Rin como un instrumento o un motivo para atacarle, pero esa frase, junto con lo que había visto y escuchado a Rin en su pesadilla, le indicaba que, tal vez, Rin no fuera solo un instrumento, sino un objetivo.

Aun así no entendía por qué… ¿Qué era lo que había visto en Rin para que se obsesionara tanto con ella? Ella solo era una humana normal y corriente, sin poderes ni nada que llamara la atención. En su momento no tenía ninguna pista y no pudo averiguarlo, pero ahora que su madre le había dicho de donde venía, de quien descendía y con qué propósito había sido creada, pudo intuir una teoría de por qué Jaaku se sintió atraído por ella. De la misma forma que él podía sentir su olor, supuso que Jaaku también pudo hacerlo y lo encontró igual de atrayente, solo que en su mente enferma lo transformó en una obsesión malsana que desencadenó todo lo que vino después y su pueril final.

Eso lo pudo comprobar al cabo de unos días, mientras caminaban por un bosque. Era un día completamente normal, sin ningún acontecimiento importante hasta aquel entonces, cuando sintió en su nariz las primeras notas de un olor bastante desagradable, pero que pudo reconocer en seguida. Ese olor era el de carne humana quemada, así también como la madera de las casas donde vivían y los restos de animales domésticos.

- Señor Sesshomaru, ¿Qué ocurre?- Preguntó con curiosidad su protegida.

No contestó a su duda, pero decidió cambiar de rumbo en dirección al lugar de donde venían aquellas notas de olor, ya que sospechaba que algo así no había sido producto de un ataque de bandidos o de una guerra. En seguida Ah-un pudo notar aquel olor, poniéndose nervioso, pero le advirtió que se calmara con la mirada y este se tranquilizó en seguida, aunque no lo suficiente, ya que siguió haciendo nerviosos gestos, como si no quisiera dirigirse hacia aquella dirección. Poco después, a punto de llegar al punto de origen del olor, Rin pudo detectarlo y, producto de su espontaneidad y de su curiosidad, tuvo deseos de salir corriendo, pero observó como ella misma se contuvo y estuvo a su lado hasta que llegaron al lugar.

Al llegar al lugar comprobaron lo que su olfato le estaba diciendo. La aldea estaba destrozada y todos sus habitantes habían sido masacrados. Rin entonces cedió a sus impulsos y se alejó de ellos para examinar por su cuenta. La dejó hacer, a fin de cuentas, él ya tenía muy claro quien había realizado esa matanza y con qué propósito.

- No lo entiendo.- Pensó en voz alta, enfatizando ese comentario mediante una leve negación con la cabeza, mientras se incorporaba después de examinar los cadáveres y miraba los restos del pueblo quemado.- ¿Por qué tuvo que hacer algo así? ¿Qué pretendía con esta carnicería?

- ¿Acaso no te has dado cuenta?

Se giró, sorprendida por la pregunta que él mismo le había realizado, para después mirarlo interrogante, como si no supiera exactamente hacia donde quería llegar

- ¿Qué quiere decir?- Preguntó nuevamente.- ¿Cree que este acto es su forma de retarle o intimidarle?

- No es a mí a quien quiere intimidar… sino a ti.

Pudo observar como su protegida palidecía ostensiblemente, confirmándole nuevamente una suposición que ya estaba sospechando desde la noche que tuvo aquella pesadilla. Eso era algo que arreglaría más tarde, de momento no tenían nada que hacer ahí, así que se giró y siguió su camino, sin esperar a que su protegida le siguiera, ya que suponía que, cuando quisiera, ya se movería. Como había imaginado, al cabo de momento vino corriendo para alcanzarles, poniéndose cerca de él pero a una distancia prudencial, ya que incluso una humana como ella podía intuir el estado en el que se encontraba. En realidad ella no tenía la culpa, su enfado venía porque, según lo que estaba viendo, era evidente que su suposición era de lo más acertada y eso hacía que la situación se le estuviera yendo de las manos. Si no ponía remedio lo antes posible esto se iba a convertir en un desastre y tenía que evitarlo a como diera lugar.

- Rin, no sé que le habrás dicho o hecho a Jaaku, pero sea lo que sea, has debido impresionarle mucho para que se tome tantas molestias contigo.

Pudo intuir como Rin se puso tensa, para retirarse discretamente y ponerse al lado de Ah-un, confirmándole nuevamente lo que ya sabía. Rin le estaba ocultando algo, supuso que por dilemas triviales, tonterías típicas de los humanos al fin y al cabo, sin ser consciente de las complicaciones que le estaba acarreando y del peligro que estaba corriendo. Ahora no era el momento de que le respondiera, pero en cuanto acampara tenía que hablar muy seriamente con ella.

Por la noche siguieron el plan previsto y lo primero que hizo fue comprobar que no hubiera enemigos que pudieran sorprenderles. Normalmente ese trabajo se lo encomendaba a Ah-un, pero prefería mejor que se quedara con Rin por si hubiera alguna sorpresa con la que no contaban y hacerlo él personalmente. Cuando acabó, fue directo a hablar con ella, sorprendiéndola en el momento en el se iba a limpiar esa herida que le daba desagradables recuerdos cada vez que la veía o se acordaba de ella.

- Señor Sesshomaru….- Saludó sorprendida mientras se incorporaba. - ¿Que desea?

- Sé que me estás ocultando algo. – Respondió con un tono bastante seco.

- ¿Qu-que...? –Contestó como si no entendiera aun a qué se refería, pero sabía perfectamente que era una pose.- No sé de qué me habla…

- Rin, no me engañes.- Volvió a decirle con un tono aún más seco.- Quiero saber absolutamente todo lo que ha dicho o hecho en tus sueños, sin escatimar en detalles…

Rin hizo una leve exclamación de sorpresa, como si no se hubiera esperado aquella respuesta, para después agachar la cabeza con vergüenza. Era evidente que hablar de ello le desagradaba y le suponía un dilema bastante importante, pero no le quedaba otra opción que enfrentarse a ello y confesarlo, aunque tuviera que obligarla a la fuerza. Esta suspiró, claudicando finalmente a su petición y me contó todos los detalles, incluso cosas bastante escabrosas que le hicieron tener que utilizar su autocontrol para no caer en la furia más absoluta. Cuando acabó, Rin levantó la mirada y le preguntó con esta si la furia que estaba viendo en él era debido a su culpa.

- Que sea la última vez que me ocultas una información como esta.

En realidad ella no tenía la culpa, la furia que sentía tenía como objetivo a ese maldito desgraciado, pero decidió que no era el momento de perder el control. Se giró dispuesto a marcharse y recuperar un poco la cordura, para así analizar con calma todo lo que le había explicado y planificar el plan a seguir.

Al empezar a caminar, la furia que tenía casi era insoportable, muy difícil de controlar, pero una vez empezó a disiparse, se dio cuenta que, en realidad, el producto de aquella furia era debido a la preocupación que sentía en aquel momento, producido por lo que Rin le había contado. Esa preocupación se lo provocaba el hecho de que, según la versión de Rin, esa mala bestia también se había obsesionado con ella, y conociéndolo como lo conocía, no pararía hasta cazarla y su muerte no sería precisamente rápida e indolora. Seguramente en cuanto la tuviera en su poder la torturaría durante días, la violaría todo lo que quisiera y luego la devoraría aun estando viva, esa era la forma que tenía aquel loco salvaje de atacar a las presas que consideraba dignas de su obsesión. No había podido evitar imaginarse todo eso mientras Rin hablaba, y eso era lo que realmente le había desquiciado.

De casualidad a lo lejos escuchó un murmullo, el cual hizo parar en seco la caminata. Al agudizar su oído pudo distinguir a lo lejos la voz de Rin, la cual estaba hablando con Ah-un.

- Aunque debo reconocer que tiene razón, debería habérselo contado antes ¿Pero cómo hacerlo sin sentir lo que siento, sin que me afecte tanto?

Se quedó atento, escuchando con interés aquella conversación.

- ¿Sabes Ah-un?, para él esto es una información valiosa, pero para mí explicarlo ha sido una tortura. El no comprende lo difícil que es para mí afrontar aquellas situaciones. Recordarlo me hace sentir tan… mal…. Es muy violento revivir todo aquello y volverlo a sentir una y otra vez. A veces el señor Sesshomaru puede ser muy insensible, e incluso cruel, pero no es culpa suya. Son cosas que no entiende y hay que aceptarlas tal y como son. Además, yo no soy nadie para reprocharle nada.

Ah-un, que hasta entonces no le había oído un solo sonido, gruñó como respuesta.

- Venga Ah-un, vamos a dormir.

Inmediatamente escuchó los sonidos típicos de alguien que se estaba acostando y ya no escuchó nada más, señal de que ya estarían descansando. Eso hizo que siguiera sus pasos, analizando mentalmente la conversación de Rin. Era evidente que Jaaku estaba consiguiendo su objetivo, intimidar tanto a su protegida que, en el momento propicio, esta no opusiera resistencia debido al pánico que le estaba generando. Aunque el verdadero problema no era solamente la intimidación a la que estaba sometiendo aquella bestia. Lo que le preocupaba era ese sentimiento de culpa que Rin estaba arrastrando, esa sería su perdición, ya que era un arma perfecta que Jaaku utilizaría para manipularla nuevamente. En cuanto a todo lo demás… carecía de importancia.

"¿O tal vez no?..."

En su momento desechó aquel atisbo de duda de su mente, pero ahora que las cosas habían cambiado, tuvo que reconocerse que en aquella ocasión se auto engañó. Era evidente que Rin se sintió ultrajada en los sueños en los que se comunicaba con Jaaku y por eso se resistía a explicarlo, aunque fuera por su bien enfrentarse a ello. A día de hoy y hasta cierto punto no lograba entender del todo como se sentía exactamente, pero si entendía el sufrimiento, y era evidente que recordar aquello la había hecho sufrir, algo que no era su intención.

Sea lo que fuere, ahora debía estar más alerta que nunca y controlando absolutamente todos los movimientos de Rin y Ah-un, porque su intuición de demonio le decía que el ataque final sería dentro de poco, si no era inminente. Siguió su camino, mientras se preparaba mentalmente para lo que se avecinaba.


Pasaron los días sin ningún atisbo de novedad. Sus compañeros de viaje parecían ignorantes de lo que estaba sucediendo realmente, lo cual era una ventaja para él, ya que era un problema menos del que encargarse, aunque cualquiera lo hubiera dicho debido a su estoica forma de ser. Igualmente no podía bajar la guardia, llevaba observando desde hacía unos días que varios demonios los estaban merodeando sin atacarles, y eso significaba que los estaban vigilando. No había que ser muy listo para percatarse quien había dado la orden, alguien conocido el cual estaba muy interesado en ellos.

Aun así, aparte de todo esto, a Rin la notaba bastante tensa con respecto a él. No sabía exactamente el motivo, aunque supuso que tuvo algo que ver con la confesión de aquella noche. Igualmente aquello no dejaba de ser una insignificante anécdota en comparación a lo que se les venía encima. Ese extraño comportamiento de su protegida empeoró debido a una conversación que tuvieron casualmente, en la cual Rin le pidió disculpas por haberle fallado. Sinceramente, esa chiquilla se preocupaba por banalidades sin importancia, aunque sí es cierto que, durante dicha conversación, tuvo un despiste y le confesó que no le había hecho ninguna gracia que se hubiera hecho cazadora de demonios. Ese pensamiento era algo que a Rin no le incumbía en absoluto, pero se le escapó en el momento menos oportuno y el daño ya estaba hecho. A raíz de aquella conversación, aparte de dicho comportamiento, pudo intuir una profunda tristeza en ella, algo que, en su momento, no le dio mucha importancia, pero que complicó aún más las cosas, ya que ese sentimiento la haría aun más vulnerable y, por lo tanto, aun más irreflexiva y temeraria, complicándole el plan como al final sucedió, aunque luego se resolviera de una forma que él jamás se hubiera esperado.

Igualmente había algo, una nimiedad sin importancia, pero que captó su interés en el momento en el que lo olió. Una mañana levantaron el campamento y pudo oler la sangre de Rin. Este no era menstrual como otras veces, sino que provenía de su abdomen, acordándose de aquella maldita herida que le hizo y de la que se arrepentía de haberle hecho. Suponía que, debido al arma que se lo produjo, esa herida tardaría un poco más de lo normal en sanar, pero suponía que, al menos, ya estaría cerrada. Por lo visto estaba equivocado, y miró a Rin para comprobar su estado físico y confirmar si podía continuar por su propio pie. Ella se percató de su mirada, poniéndose inmediatamente en tensión y le obsequió con una mirada cargada de orgullo y dignidad, acompañándolo con un levantamiento de barbilla. Cargó su saco y caminó sin hacer un solo comentario al respecto.

"Uhm, Rin y su orgullo mal disimulado…"

La verdad es que, ese gesto en otras circunstancias le hubiera hecho hasta gracia, pero en este caso no le convencía nada el estado de su protegida, esa herida la haría más débil y más vulnerable físicamente contra aquella bestia en caso de atacarla. Era un riesgo demasiado importante y estuvo a punto de volver al castillo para dejarla allí y que se quedara descansando hasta que esa herida estuviera curada, pero conociéndola volvería a escaparse y esa vez no la tendría bajo su control. No hacía falta ser muy listo para ver como se desencadenarían los acontecimientos en caso de que esa suposición ocurriera, así que decidió continuar y confiar en que Rin se estaba encargando adecuadamente de curarse, al menos hasta que Jaaku estuviera fuera de combate.

Al final ocurrió lo que tenía que ocurrir. Recién acampados iba a hacer lo de siempre, comprobar que no hubieran enemigos en los alrededores que les pudieran atacar, pero tuvo un presentimiento, algo que hizo cambiar su opinión. Se fijó que no había luna ni estrellas en el firmamento, pero sin embargo no se veían nubes. Según se había ido fijando, Jaaku modificaba algún elemento de la naturaleza en cuanto hacía acto de aparición, y el hecho de que, de pronto, se dejaran de oír abruptamente cualquier vestigio de sonidos nocturnos significaba que no estaba muy lejos.

Debía estar alerta, por fin aquella bestia estúpida iba a sucumbir a sus instintos y quedaría en evidencia ante él. De pronto empezó a ver a lo lejos la niebla que siempre le acompañaba antes de aparecer y que iba hacia su situación. Ese era el único momento en el que podía pillarlo desprevenido, ya que si era lo suficientemente rápido lo atraparía de una estocada, y ese era el momento propicio. Se levantó y se dispuso a ir a por él. Pero de pronto escuchó detrás de él la inoportuna petición de su protegida, mientras oyó como esta se levantaba abruptamente del suelo para seguirle.

- Señor Sesshomaru, déjeme ir con usted esta vez.

- Quédate aquí.- Respondió casi sin hacerle caso.

Sus pasos se dirigieron rápidos, dispuestos a pillar a ese salvaje por sorpresa y derrotarle, pero al cabo de un rato se percató que algo no iba bien. Al detenerse y observar nuevamente su situación, reparó que estaba en un lugar sombrío, sin animales ni ruidos que indicaran su permanencia en el mundo de los vivos.

"¿A qué demonios estás jugando…?"

Se puso en alerta, intuyendo que podría ser una trampa y al cabo de un rato empezaron a salir numerosos demonios de la nada, todos dirigiéndose a su dirección para atacarle. Estaba claro, este era uno de los jueguecitos que le gustaban a Jaaku, así que, haciendo un leve mueca de fastidio blandió a "Colmillo explosivo" y se dispuso a acabar con aquella molestia de demonios. Acabar con ellos era fácil, pero al cabo de un buen rato se percató que seguían saliendo demasiados demonios de la nada, como si el verdadero inductor de aquel ataque buscara agotarle físicamente. Finalmente dejaron de salir demonios, guardando nuevamente a "Colmillo explosivo" en su vaina y continuar su camino, pensando que Jaaku era un completo imbécil si pensaba que con aquel nimio ataque iba a conseguir algo. Decidió regresar nuevamente al campamento para comprobar que tanto Rin como Ah-un estuvieran bien, pero cuando llego se quedó sorprendido al ver lo que vio. Allí no había nada que indicara un atisbo de vida, ni siquiera los restos de una fogata quemada. Entonces se dio cuenta de lo que estaba sucediendo realmente, y antes de que su cerebro lo asumiera por completo, notó en sus fosas nasales un olor, olía a sangre, pero aquel olor no era cualquiera, sino de alguien conocido que le confirmó la intuición que había tenido hace nada.

Salió corriendo, transformado en una gran bola de energía, ya que así iría más rápido. Mientras se dirigía hacia aquella dirección que le indicaba aquel olor, se percató que dicho olor aparecía y desaparecía a momentos, lo cual era algo extraño. Supuso entonces que aquel monstruo tenía puesta una barrera mágica y que, por alguna razón desconocida, esta estaba fallando. Igualmente aquello le complicaba su localización y le retrasaba en su llegada, ya que al desaparecer momentáneamente el rastro le despistaba para seguir continuando su camino, pero tenía claro que esta vez no se iba a escapar. De pronto, aparte de la sangre, olió como a hierba y madera quemada, para percatarse directamente de una luz a lo lejos, como una fogata. Se dirigió hacia allí lo más rápido que pudo y, a medida que se acercaba, lo que vio le dio a entender que era el momento de acabar con aquella bestia inmunda. En medio de un paisaje donde árboles y matojos de hierba se quemaban debido a fuego producido por algún ataque, Jaaku estaba inmóvil, riéndose de esa forma tan escabrosa que tenía, mientras tenía clavadas dos dagas en el abdomen, las cuales distinguió en seguida. Vio también a Rin de pie cerca de él, pero no lo suficiente para que le afectara su ataque. Sin pensárselo dos veces, blandió rápidamente a su "Colmillo explosivo" y lanzó un ataque el cual dio de lleno en el cuerpo de su enemigo, reventándolo en pedazos.

Una vez comprobó que todos los pedazos de aquel imbécil habían caído al suelo y que no tenía posibilidad de regenerarse, lo siguiente que hizo fue caminar hacia Rin, para comprobar con más detalle el estado de su protegida. En el momento del ataque solo le dio tiempo para comprobar que esta estaba viva y de una pieza, suficiente para poder lanzar el ataque.

- ¿Estás bien? – Preguntó una vez se puso frente a ella, examinándola detenidamente.

- S-sí.- Respondió confusa enfatizando aquella sensación con la mirada.

De pronto, antes siquiera de poder controlarlo, igual que si fuera una explosión interna que lo inundaba todo y lo llenaba por completo, sintió una enorme preocupación acompañado de otro sentimiento que aborrecía. De hecho, de todos aquellos sentimientos humanos que le desquiciaban, este era con diferencia el más desagradable, intenso e incontrolable de todos. Ese era el miedo, pero no un miedo irracional por su vida, el cual sabía que se podía neutralizar perfectamente con un poco de control mental, sino otro tipo de miedo que no podía dominar a su voluntad, ya que el motivo que lo provocaba no era la pérdida de su propia vida, sino la perdida de la vida de alguien muy valioso para él. Pero una vez vio que esta estaba bien, la preocupación y ese sentimiento infame que tenía se desvanecieron para transformarse en alivio, aunque aún seguía sintiendo los restos de aquella congoja de una forma casi insoportable. Solo recordaba una vez sentirse así, fue cuando entró en el inframundo para entrenar el "Meidou zangetsuha", y debido a ese entrenamiento casi pierde a Rin para siempre. La sensación de congoja era exactamente la misma, así como el alivio que sintió cuando su madre la resucitó. La verdad es que era una completa ironía que las dos únicas veces en las que casi había perdido el control hubiera sido por culpa de la misma persona en unas circunstancias muy parecidas.

No pudo evitar mirarla a los ojos, quedándose hipnotizado por completo con aquella mirada, entre interrogante y aun asustada por lo que había pasado. Antes siquiera que pudiera razonarlo, su garra izquierda se puso en su mejilla y la acarició levemente con el pulgar. El tacto era cálido, muy suave, demasiado agradable para poder retirar la garra de aquel lugar, peligroso y al mismo tiempo tan tentador. De pronto, sintió unas irrefrenables ganas de agarrar su nuca para atraerla hacia él y besarla con brusquedad, como si quisiera devorarla, para que jamás se separara de su lado. Estuvo a punto de hacerlo, cuando inmediatamente un rayo de lucidez que cruzó por su mente le hizo ver lo que estaba a punto de hacer. Haciendo un gran esfuerzo, retiró la garra de su mejilla y la miró nuevamente, sintiendo otra vez aquella maraña de sensaciones tan desagradables y frustrantes. Se sintió furioso, contra sí mismo por caer nuevamente en aquella debilidad, y contra ella por ser la causante de dicha debilidad. Antes de que hiciera alguna barbaridad decidió marcharse y dejarla allí, necesitaba alejarse de ella con urgencia para recuperarse nuevamente de todo aquel descontrol de emociones.

Una vez se alejó y empezó a recuperarse, se percató que estaba cansado, muy cansado. No era el tipo de cansancio físico del cual te puedes recuperar en un momento, esto era otra cosa. La explosión de emociones había sido tan intensa que psicológicamente le había dejado agotado, solo había sido un momento, pero se sentía como si hubiera cargado con una carga muy pesada durante años. Reconstruyó nuevamente el plan a seguir, con Jaaku por fin acabado tenía un problema muy importante que solucionar, y el impulso que acababa de sentir le indicaba que ya no podía atrasarlo más.

Al cabo de unos días estaban caminando por un camino bastante despejado, cuando le llegó un agradable olor a flores, muy parecido al que tenía Rin. Se estaban acercando a un valle, la verdad es que no lo tenía planificado, pero pensó que la vista le subiría el ánimo a su protegida. Aquella mañana le había visto que no tenía muy buena cara y de hecho se subió a Ah-un desde el primer momento, señal de que no estaba del todo bien. Tal vez aquella visión la hiciera sentir mejor y le diera fuerzas para seguir el camino.

Al llegar a aquel valle su protegida no pudo resistirse y bajó del lomo de Ah-un para salir corriendo en dirección al valle, observándolo todo con una mueca de asomo y alegría, como si estuviera encantada de ver aquel manto de flores. Cuando paró se dejó caer con los brazos extendidos mientras disfrutaba al máximo de aquel momento. Era un buen momento para descansar, así que Ah-un se puso a pastar, y él se dedico a observar como Rin jugaba en el valle igual que si fuera una niña pequeña. Se recostó de pie en el tronco de un árbol, mirándola detenidamente. Se acordó de todas aquellas veces que estuvieron en una situación parecida mientras buscaban a Naraku, siendo Rin una niña. Cuando paraban a descansar podía ver que la niña era la viva expresión de la felicidad, igual que en aquel momento. Se sorprendió incluso de su transformación psicológica, de la mueca adusta y preocupada que había estado acompañándola en toda aquella búsqueda a la de mostraba, completamente resplandeciente. Todos sus gestos, incluso su mirada, revelaban una gran transformación positiva. Le gustaba verla así, ver a la Rin de siempre, la que había conocido de pequeña, aun no sabía por qué, pero verla así le producía una gran sensación de paz y sosiego, se sentía relajado, tranquilo, e incluso para su sorpresa se sintió contento, algo que le sorprendió ya que era la primera vez que lo sentía, pero que no le desagradó en absoluto, todo lo contrario. De pronto ella le miró y sonrió, y no pudo evitar pensar que ojalá pudiera pararse el tiempo para inmortalizar aquel momento.

- Es maravilloso.- Dijo con sencillez y alegría, expresando una felicidad total y transparente.

De repente y sin poderlo evitar, la congoja le invadió nuevamente, sintiendo como si algo le apretara el corazón. Descruzó los brazos, esperando con ese gesto quitarse aquella mala sensación de encima, de forma que sus acompañantes se percataran de que el descanso había acabado y tenían que continuar. De pronto, Rin le llamó con un tono alegre.

- ¿Qué quieres?- Preguntó con indiferencia mientras la miraba de reojo.

- Muchas gracias.- Respondió feliz, agradecida por el "supuesto" detalle.

Ni siquiera se tomó la molestia de responder a aquel agradecimiento, de hecho, era una tontería que lo hiciera. Pasaron por aquel valle por casualidad, ni siquiera estaba previsto en el viaje de retorno, pero si ella quería pensar lo contrario no sería él quien la sacara de aquel error.

A medida que continuaron aquella travesía, el buen humor de Rin no disminuyó, al contrario. Parecía que la chiquilla de antaño hubiera vuelto del pasado. De hecho ella y Ah-un se pusieron a jugar, dándose empujones como si fueran dos cachorros.

- ¡Ahh!, Ah-un.- La escuchó detrás de él, bromeando.- No te metas conmigo, que estoy malita aun…

Bien, que siguieran así durante el trayecto, a fin de cuentas a él no le molestaba, y prefería que estuvieran en aquel buen estado anímico, ya que sabía que, cuando fuera consciente de ello, no les iba a gustar su decisión. Ellos pensaban que volvían al castillo, cuando realmente iban a otra parte. Al principio no sospecharía nada, de hecho estaría tan contenta de ver a sus amigos humanos que no se percataría de sus intenciones, y a pesar de que era consciente de que no le iba a gustar nada, con el tiempo lo aceptaría. Pero nuevamente no contó con ciertas circunstancias con las que no contaba, y esta vez no era su protegida la que le generó semejante quebradero de cabeza, sino un estúpido e insignificante cazador de demonios, el cual le reventó por completo el perfecto plan que había planificado para solucionar el problema de su protegida.

Es curioso, su padre siempre le dijo que uno no valoraba lo que tenía en su poder hasta que tenia la sospecha de perderlo. Siempre pensó que hablaba de "Colmillo sagrado", o de esa forma que tenían aquellos insectos humanos de no rendirse como un modo de conseguir fuerza y poder, pero por lo visto aquella era una verdad universal que aquel miserable humano le recordó en el momento menos adecuado, suficiente para que, por primera en su vida, dudara hasta de su propio criterio.


¡Se acabó! Puñeta, me ha costado una barbaridad acabarlo, pero ya está, por fin lo he conseguido. Sobre todo me he quedado atrabancada en la parte en la que Sesshomaru acaba con Jaaku. Me quedé tan atrabancada que decidí dejarlo por un tiempo a ver si la musa volvía por propia voluntad y un día acudió a mí sin proponerlo, haciendo que por fin pudiera acabar este capítulo de una sentada.

Muchas gracias a Adrinag1, Dulce Locurilla y Hosni no negai por sus inestimables reviews. Considero un gran honor que os guste tanto los anexos como para tomarse la molestia de comentarlos. Gracias, de verdad. Y por cierto, teneís toda la razón, en cuanto Jaaku tocó a Rin firmó automáticamente su sentencia de muerte XD .

Y como siempre, espero que os haya gustado.