Título: Alone I Break. (Crimson blood,~ 4/?)
Pairing: Harry/Draco
Resumen: Hay cosas que pueden asustar al más valiente de los Gryffindor, y Potter no es la excepción.
Advertencias: vampire!Harry, creature!fic, PoV Harry.
Rating: pg-13
Genre: Supernatural/Romance
Palabras: 1082~
NdA: Este capitulo se merece ser escuchado con la canción que le da título, Alone I Break de Korn. Realmente deja muchas cosas en claro.


Alone I break

El sol se estaba poniendo lentamente, llenando el cielo con tonos anaranjados, dándole un brillo etéreo a su piel especialmente pálida.

Ésta era una de las cosas que pensó, iba a perder, cuando fue transformado en vampiro.

Malditos mitos muggles...

También había pensado que sólo iba a beber sangre y que nunca podría saborear una deliciosa cena de la señora Weasley...

...pero quizá lo que más había temido era a pasar una eternidad solo. Ver a sus amigos morir y a sus hijos crecer, ser testigo del ciclo eterno del ser humano. Ver la decadencia y el auge de nuevas ideas y sociedades. Ver la vida avanzar y él quedarse a la orilla, sin nunca pertenecer a ella nuevamente.

Jodidos mitos muggles... pensó con rabia, apretando la baranda de madera de la azotea, hasta sentirla crujir bajo sus dedos.

No había sido muy inteligente de su parte jugar a seducir a un vampiro, sin saber antes los riesgos. Casi podía oír la voz de Draco decir "Como si un Gryffindor pensara antes de hacer las cosas", con esa mueca tan común en sus labios, marcando sus facciones, provocándole borrarla con su propia boca, hasta nunca más verla.

Luego de matar a Voldemort y terminar Hogwarts, un vacío se había formado en su vida. Uno que no podía llenar juntándose con sus amigos, quienes estaban comenzando una vida en pareja, ni con estudios que realmente no deseaba tener. Las cosas que siempre habían estado para él, disponibles en cualquier momento, ya no lo estaban. No estaba Hogwarts ni Dumbledore. Ron o Hermione. Ni siquiera Voldemort o Malfoy.

Hasta el momento en que encontró el modo de huir de ese vacío, a través de los cuerpos anónimos que podían cobijarlo durante una noche o varias si eran realmente buenos.

Su reputación como casanova se había disparado, apareciendo en diarios y revistas. No había quincena donde Corazón de Bruja no publicara alguna entrevista a alguno de esos polvos anónimos, muchas veces inventando cosas que nunca se le habían pasado por la cabeza hacer.

Y así siguió por un par de años —vacío y todo—, hasta que apareció ese vampiro en su camino.

El día en que la criatura lo mordió por venganza —luego de haberle dicho que ése había sido su último polvo juntos—, pensó que había llegado el momento de morir y terminar con esa lenta agonía de una vida sin sentido.

No había esperado sentir el sabor metálico de la sangre en sus labios, haciéndole recobrar las fuerzas, cuando segundos antes estaba apunto de desmayarse por la falta de sangre. En ese momento, había deseado beber de ese líquido carmesí, más que nada en el mundo. Si hubiera sabido que con eso casi se condenaba a una vida larga y solitaria, hubiese usado sus fuerzas para escupirla, antes que beberla.

Fueron días de interminable agonía. Podía sentir cada cosa que ocurría a su alrededor, multiplicada por cien. Sentía su cuerpo cambiar, mientras una sed insaciable lo atormentaba. Percibía un dolor sordo en algún rincón de su cabeza...

Y había estado solo.

Fue casi tres días más tarde, que Ron lo encontró en su dormitorio, bajo un charco de su misma sangre ya seca, gracias al tiempo transcurrido. La atención en San Mungo había sido rápida y silenciosa. Le informaron que se había convertido completamente, perteneciendo a la casta de los vampiros húngaros. Podía llevar una vida prácticamente normal, bebiendo una poción reemplazante que le daría todos los nutrientes de la sangre, y estaba registrado en las actas del departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas. No debía morder a nadie, salvo en el caso de que se tratara de su pareja y debía informar con anterioridad al ministerio.

Y una mierda.

El pánico lo había invadido por completo. Su vida había dado un giro de ciento ochenta grados, donde ya no era nada de lo que había sido.

¡Ni siquiera era humano!

Fueron días, quizá semanas en que no salió de su departamento. Sólo necesitaba la poción reemplazante y su refrigerador estaba lleno de ella. El miedo a correr una cortina y quemarse por el sol, lo obligaba a permanecer escondido. No soportaría ver a sus amigos, y saber que no lo verían con los mismo ojos ahora que ya no era el mismo. Y ese dolor sordo que no lo abandonaba, lo obligaba a tomar pociones tranquilizantes, producto de la desesperación que le causaba.

Así fue hasta la noche en que Hermione irrumpió en su dormitorio. Podía recordar perfectamente cómo cada grito de protesta de ella perforaba sus tímpanos, ya acostumbrados al silencio del departamento, y sobre todo, cómo era capaz de oír el rumor sordo de la sangre corriendo furiosa por sus venas.

Luego de horas de lectura forzada comprendió que el sol no le producía ningún daño, más que cuando estaba recién convertido y podía generarle algún tipo de irritación. Que podía comer normalmente, sin olvidar la poción reemplazante. Su vida no era eterna, sólo algo más larga que la media de los magos, pero su cuerpo no se dañaba ni envejecía. Simplemente un día no despertaría más.

—Pero, ¿y ese dolor que siento? —susurró Harry, llevándose instintivamente la mano al pecho. Aún le resultaba extraño no sentir su corazón latir.

—No estoy segura —murmuró Hermione, pasando rápidamente las hojas de un libro ajado—. Aunque creo que puede tener relación con tu pareja. Lo normal es que un vampiro —independiente de su raza— busque a su compañero destinado. El dolor que dices es un síntoma de que ya has visto a tu pareja y debes tratar de... unirte —dijo, sonrojándose levemente—. Lo común que pase, es que los vampiros encuentren a su pareja cuando ya lleven años de vida solitaria y hayan conocido cada detalle de lo que significa ser vampiro y todo lo que ello implica. Tú deberás aprender todo eso de los libros que podamos encontrar, y prepararte para cuando descubras quién es tu compañero.

—Pero... ¿cómo lo voy a saber?

—A través de tus sueños.

Así había llegado a este punto... sobre la azotea de un edificio cualquiera, en alguna ciudad de Francia, esperando pacientemente a que su presa se acercara lo suficiente, para seguirla discretamente.

Quizá no había estudiado lo suficiente, pero había algo que tenía en claro: No soportaría que su pareja estuviera en brazos de otro. No lo iba a permitir, así tuviese que espantar hasta el alma de quién se atreviera a enfrentarlo.

Draco Malfoy ya estaba tomado.


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R. Sin~~