Despertó a media noche, no recordaba ni como se había dormido o recostado, era una tontería quedarse dormido de esa manera, necesitaba salir de ese sitio y buscar algo, una manera de solucionar lo que fuera, se levantó, no llevaba las sandalias de cuero por lo que no hacía mucho ruido, su padre le había enseñado a ser silencioso así que no tenía problema.
Abrió la puerta con cuidado observando el pasillo, estaba oscuro y no había luces, pero lograba ver la luz de la luna entrando por las ventanas, camino en silencio hasta la cocina y para su suerte encontró la ventana abierta, una suave brisa se colaba desde ella, quizás para poder dormir mejor, escucho un sonido extraño desde lejos, quizás alguno de los arcángeles durmiendo por puro placer.
Se apoyó en el marco de la ventana algo más alto que él, dio un impulso y logro salir, solo un salto y estaría afuera, aterrizó bien, cuando recordó aquella estúpida regla "No irse o alejarse sin que nadie lo sepa" la ignoro caminando, no era el cielo que recordaba, parecía diferente con varios caminos largos, a lo lejos veía algunos árboles y otros edificios, decidió por el bosque, en los edificios habría personas que le detendrían.
Entro en un tipo bosque llenos de árboles frutales, a lo lejos estaba un pequeño lago, todo era muy hermoso, pero se sentía nervioso por estar por allí solo además que aun sentía sueño, miro alrededor del lago buscando algún lugar donde meterse hasta encontrar un agujero debajo de las raíces de un árbol cubierta por arbustos, se acercó metiéndose, era lo suficientemente pequeño para caber y sin darse cuenta se quedó dormido.
Una brillante luz le despertó encandilándole, era de día de nuevo.
—Mierda—murmuro para sí mismo y sus debilidades de ese cuerpo físico.
Se puso de pie saliendo del agujero y limpiándose la tierra y todo lo que se le había pegado a la ropa, miro por el camino listo para correr, no sabía que hacer primero pero todo era posible, quizás buscar una manera de ir a la tierra o de que alguien le dijera como rayos evitar el apocalipsis, lo mejor era buscar a dios para obtener mejores respuestas, eso sería lo primero, tomo aire fijando un camino, quizás si encontraba a aquel ángel del jardín que hablaba con dios podría ayudarle a saber dónde estaba, con un objetivo comenzó a caminar.
—¡Lo encontré! —escuchó lo que parecía ser la voz de Gabriel gritando, se volvió para verle a lo lejos antes de que Miguel saliera entre los arboles mirándole con sorpresa.
Sam dio un paso hacia atrás al ver a Miguel acercarse furiosamente, no negaría que le dio miedo aquella cara molesta y que se acercara rápidamente, incluso sintió que sus piernas temblaban, Miguel llegó tomándolo por los brazos y acercándolo en un abrazo que incluso impresiono a Sam.
—¿Estas bien? —
—Sí—contesto Sam algo confundido casi por costumbre
Miguel se separó de él aun con una mirada molesta, le agito un poco desde los brazos.
—¿¡En qué estabas pensando!? ¿¡Tienes idea de lo preocupados que estábamos!? —
Sam estaba asustado, le recordaba a su padre cuando se iba o hacía algo imprudente, Miguel usaba aquel típico tono de padre molesto y preocupado así que no sabía que responder.
—¡Vamos a casa! —se puso de pie sujetando a Sam por la mano y haciéndole caminar de regreso mientras le regañaba—Ahora mismo me explicaras las razones para desobedecernos e irte por tu cuenta, quiero que me lo digas todo y sin mentir—
Sam suspiro mirando el camino contrario y alejándose del jardín cada vez más lejos de sus objetivos con unos arcángeles molestos, llegaron de regreso a la casa, Miguel sentó a Sam en el sofá pareciendo esperar, los otros tres arcángeles aparecieron a sus lados.
—¿Esta bien? ¿Dónde estaba? —pregunto Lucifer revisando a Sam, eso era extraño.
—Estaba en el jardín, ahora jovencito ¿Quieres explicarte? —dijo Gabriel severamente
Nunca le había visto hablar de esa forma, no eran sus padres y no tenía que explicar nada, se cruzó de brazos molesto.
—¡Conteste! —grito Raphael
—Me perdí—contesto Sam mirando a otro lado aun molesto
—¡No mienta! —advirtió Lucifer—Y mírenos—
Levanto la mirada aun molesto, no quería explicar nada así que diría la verdad resumida.
—Quería salir—
—¿Por dónde salió? —pregunto Gabriel con los brazos cruzados
—Por la puerta—volvió a mentir, no quería que próximamente le quitaran la posibilidad de la ventana.
—¿Va a seguir mintiendo? Eso no le ayudara en nada y cambie esa actitud suya—regaño Miguel
—Por la ventana—dijo un poco menos molesto, ya estaba resignado.
—Veamos, decidió desobedecer justo después de que se le dictaron las reglas y además mintió ¿Tiene algo más que decir? —Miguel se cruzó de brazos aun mirándole como un padre molesto.
Sam negó con la cabeza, miró fijamente mientras Miguel se sentaba a su lado en el sofá, les dio unas miradas a los demás antes de mirar a Sam.
—Muy bien, entonces sabes que recibirás un castigo—
Sam abrió los ojos, no lo recordaba y no quería ni pensarlo.
—Te daré solo diez palmadas por ser tu primera vez—
¿Qué? ¿Acababa de decir palmadas? No, de ninguna manera lo permitiría, se puso de pie corriendo, iba a alejarse lo más posible, pero Miguel logro sujetarle la mano impidiéndole irse, Sam comenzó a retorcerse intentando liberarse, pero nada funcionaba, Miguel le arrastro hasta tirarlo boca abajo en su regazo, lo estaban castigando como si fuera un niño travieso, pataleaba para soltarse e incluso movía los brazos, pero Miguel le sujeto bien por la cintura atrayéndolo a él.
—¡No! ¡Espera! —grito Sam al ver que no podía liberarse intentando retrasar lo que sabía sería inevitable—¡Ay! —
Podía soportar el dolor, pero esto era diferente, le daba vergüenza y además se sentía vulnerable y sobre todo ¡le estaba pegando muy fuerte! Dio un salto y volvió a gritar cuando sintió otro fuerte golpe en su pobre trasero.
—¡Ow! ¡No! —era el tercero y aun se le hacía eterno, sentía las lágrimas por sus ojos, pero no quería llorar así que se aguantaba aun temblando por el dolor que sentía y el querer reprimir sus sentimientos y vergüenza.
—No se va a alejar solo—regaño Miguel dejando caer otro golpe
Sam ya no sabía qué hacer, no era muy fuerte para escapar por lo que llevó una mano para cubrirse de posibles ataques, sin querer las lágrimas se resbalaban de sus mejillas, sentía su fondo algo caliente, sabía que debería haber cambiado de color a estas alturas, Miguel quito su mano suspirando y sujetándola es su espalda.
—Lo siento—sollozo Sam al sentir que Miguel levantaba de nuevo la mano, la dejo caer el resto de las veces igualmente fuerte y seguido, Sam grito retorciéndose en el regazo del arcángel.
Miguel le levantó cuando termino, le había sacudido el cabello y frotado la espalda hasta que sus llantos se tranquilizaron, no sabía ni porque había llorado con algo tan trivial, pero aún tenía los ojos con lágrimas mirando a Miguel con su mejor cara de perrito, tenía un impulso por frotarse el trasero adolorido, pero lo planeaba soportar frente a ellos que le miraban como si fuera un dulce adorable.
—Te iras al rincón en tiempo fuera a pensar en lo que hiciste, cuando yo te diga quiero que vengas conmigo a decirme que hiciste mal y porque te castigaron—dijo Miguel indicando un rincón de la sala
Sam bufó secando algunas lágrimas con su antebrazo, aun le estaban castigando ¿No tenía bastante?
—Vaya—ordenó sin dejar de apuntar al rincón
Sam asintió dirigiéndose al rincón indicado, antes de llegar miro a los otros arcángeles, quizás alguno le daría algo de compasión si les miraba tristemente, noto como le sonreían tristemente, como si se lamentaran un poco o sintieran compasión.
—Mirando al rincón y no se vaya a dar la vuelta o salir antes de que lo indique ¿entendió? —regaño Miguel
Asintió de nuevo volteándose a mirar el rincón, si tan solo hubiera sabido que eso sería parte del trato quizás no habría aceptado, hablando de eso ¿Dónde estaba Chuck? Él tenía que estar en un rincón con el trasero adolorido y Chuck felizmente en un lugar desconocido, bufo molesto.
Paso un rato, quizás pocos minutos antes de que escuchara la voz de Miguel diciéndole que podía salir, se dio la vuelta para ver que solo estaban Miguel y Gabriel en la habitación, los otros dos seguramente se habrían ido en el transcurso de los minutos, se acercó a Miguel con la mirada en el suelo, tenía vergüenza por ver a aquel que le había castigado y además aun sentía algo de dolor.
—Ahora quiero que me diga porque le han dado unas palmadas y le han enviado al rincón—pregunto Miguel cruzando los brazos aun sonando amable.
Estúpidos arcángeles y sus torpes castigos, idiota Miguel y sus estúpidas preguntas, Sam negó con la cabeza sin querer contestar, sabía que contestaría como un niño y aún tenía ganas de frotarse el trasero intentando disipar el dolor.
—¿Ah no? ¿Quieres otras palmadas y más tiempo en el rincón? Porque si no quieres responder es que no has aprendido nada—amenazó
Sam negó con la cabeza e inmediatamente se cubrió su trasero con ambas manos, aun le dolía, no podía volver a pegarle, lo mejor sería responder algo.
—Porque me fui sin permiso y sin avisarle a nadie—contesto Sam en un gemido
—¿Volverás a hacerlo? —
—No—
—Pues bien, venga—Miguel abrió los brazos acercando a Sam en un abrazo—Todo perdonado—
No lo admitiría, pero se sentía muy cómodo en los brazos del arcángel, aunque le hubiera castigado se sentía feliz de que le perdonara con algo tan sencillo, Dean o su padre tardaban tiempo en perdonarle cuando hacía algo realmente estúpido, incluso soltó un par de lágrimas más al recordar aquello, era su culpa el apocalipsis, buscaría a Chuck para volver a su época actual, haría lo que fuera para terminar con el apocalipsis, aunque se tenga que sacrificar, al menos así todos estarían a salvo.
—Ve a dormir una pequeña siesta, Gabriel te acompañara—Miguel miro a su hermano entregándole a Sam.
Sam sujeto la mano de Gabriel, no negaría que se sentía algo cansado por alguna razón.
—¿Por qué tengo sueño? —le pregunto a Gabriel en cuanto llegaron a su habitación
Gabriel le sonrió acostándolo en la cama y poniendo una manta encima.
—Porque eres un novato, tendrás mucho sueño hasta que tu gracia se estabilice—
—¿Estabilice? ¿Cuándo será? —
—Cuando tengas tus alas es más seguro, por ahora, descansa, estaré cerca por si necesitas algo solo grita mi nombre—
