Capítulo 4: Sucesos extraños


Pasó un mes. La clase de Gautier era la preferida de Harry y sus amigos, y Lockhart continuaba viviendo en Hogwarts, aunque sin conseguir grandes resultados...

Una tarde, Harry estaba en el Gran Comedor, mordisqueando una galleta. Hermione estaba a su lado, leyendo una inmensa y antigua enciclopedia, y Ron jugaba ajedrez cerca de allí, contra un chico de Hufflepuff. Potter pensaba en la nueva profesora, había algo en ella que le provocaba una curiosidad inmensa. Así que, aprovechando la ausencia de Ron, decidió interrogar a su amiga:

-Hermione...¿Podrías contarme algo sobre la profesora Gautier?

A la muchacha le brillaron los ojos.

-¡Por supuesto! Justamente estaba leyendo sobre ella, Harry—Respondió Granger mostrándole el texto—Me costó mucho conseguir este libro...Aquí dice que Gautier es famosa porque logró romper un hechizo mortal de Voldemort, hace unos trece años...¡Qué interesante! Aunque...creí que tú habías sido el único.

-Sí—Murmuró Harry, pensativo.

Hermione cerró el libro y frunció el ceño un poco. Había algo extraño.

-Pero...la profesora luce tan joven...—Murmuró.

Harry estaba por abrir la boca, cuando los gemelos Weasley aparecieron. Fred exclamó:

-¡¡Vengan pronto!!

-¿Qué pasa?—Preguntó Ron, desviando la atención del tablero.

-¡No preguntes, tonto, y ven!—Agregó George, molesto.

Potter y sus dos amigos se miraron entre sí por un momento, pero finalmente decidieron seguir a los gemelos hasta llegar a unos grandes ventanales que daban hacia la cabaña de Hagrid. Algo muy extraño parecía estar ocurriendo. Alumnos de todas las casas también estaban mirando.

Nubes oscuras cubrían el cielo y un horrible rugido resonaba a través del castillo. Hagrid estaba junto a su cabaña, con Fang tendido a sus pies, llevando una ballesta entre sus manos y mirando en todas direcciones. A su lado estaban Snape y la profesora McGonagall. Sobre el césped podían verse los cadáveres de bestias jamás vistas.

El profesor Flitwick pasó corriendo a toda prisa junto a Harry y los demás, seguido muy de cerca por un prefecto, el cual miró a los estudiantes y se detuvo de golpe.

-¡¿Qué están haciendo todos ustedes aquí?!—Exclamó, histérico—¡¡Vuelvan a sus dormitorios ahora mismo!!

-Pero...—Dijo Ron.

-¡Nada de peros!—Continuó el prefecto, mirando a todos con desagrado.

Ron se encogió de hombros y fue escoltado junto a los demás por el nervioso prefecto. En su camino hacia la casa de Gryffindor se toparon nuevamente con el profesor Flitwick, quien iba acompañado por Dumbledore y Gautier.

-¡¡...bestias extrañas han invadido el Bosque Prohibido y los alrededores de Hogwarts, profesor!!—Iba diciendo Flitwick, completamente aterrorizado.

Harry observó el rostro tenso de Gautier con atención, mientras pasaba a su lado, parecía muy pensativa y preocupada por algo. En cambio, Dumbledore se mantenía impasible. Al poco tiempo, los tres profesores desaparecieron y Harry entornó los ojos, pensativo. ¿Qué estaría sucediendo?

* * *

En el exterior del castillo, Hagrid y los profesores enfrentaban a un dragón inmenso, de ojos rojizos y escamas negras. Algunas zonas del prado estaban en llamas. Dumbledore, Flitwick y Gautier miraban la situación a lo lejos. La hechicera miraba a la bestia con terror.

-No...no puede ser...—Pensó.

La voz de Dumbledore la sacó de sus pensamientos:

-Lareine.

-¿Sí?—Preguntó ésta.

El director de Hogwarts tomó suavemente a la hechicera por el hombro y, con voz grave, murmuró:

-Creo que usted ya sabe qué hacer, señorita.

La joven de ojos púrpuras palideció un poco y tragó saliva. ¿Cómo pudo Dumbledore saberlo? No había tiempo para pensar, así que se echó a correr entre las llamas, sin mirar atrás.

En el interior del círculo de fuego, Lareine pudo ver a Hagrid protegiendo a la profesora McGonagall y a Fang echado junto a su dueño, temblando de terror. El dragón prestaba toda su atención a Snape, quien alzaba su varita sin mucho éxito. La bestia hubiera calcinado al profesor de pociones si Gautier no hubiera intervenido. Valientemente se lanzó entre el dragón y Snape, abrazando a éste último y rodando con él lejos de las llamas.

Entre la confusión, Snape pudo sentir el frágil cuerpo de la joven contra el suyo, y un delicado aroma emanando de ella. Se detuvieron contra un árbol. Gautier miró al profesor con sus expresivos ojos púrpuras y, preocupada, preguntó:

-¿Se encuentra bien?

Snape no respondió. Lareine estaba sobre él, sus suaves y ondulados cabellos caían sobre el rostro del profesor. Era una situación bochornosa, así que Snape gruñó algo y se quitó de encima a la joven. Ella no tuvo tiempo de pensar en eso, pues había que enfrentar al dragón. Lareine se acercó al reptil y lo miró fijamente.

-Impetum...hostium!!—Exclamó moviendo un poco las manos. Un resplandor púrpura invadió el ambiente.

La bestia pareció tranquilizarse. La hechicera continuó:

-Procedo!!

El dragón rugió por última vez y se desvaneció en el aire con un resplandor dorado. Las nubes oscuras desaparecieron junto con las llamas. El lugar volvió a la normalidad, como si nada hubiera sucedido. Gautier miró a su alrededor con una sonrisa y, satisfecha, se desmayó sobre el césped. Los hechizos habían sido demasiado para ella.

***

-...finalmente la profesora Gautier fue llevada a la enfermería—Dijo Fred.

Los gemelos Weasley estaban en la sala común de Gryffindor, relatando lo sucedido a Harry y a los demás, pues habían escapado del prefecto y lo habían visto todo. Cuando terminaron de hablar, el lugar se llenó de murmullos.

-¡¿La profesora venció a esa bestia enorme y peligrosa?! ¡¡No lo puedo creer!!—Exclamó Seamus.

-¿Y por qué es tan difícil creerlo?—Preguntó Hermione, algo irritada.

-Sí, por algo es la profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras...—Musitó Neville.

-Bueno, como es una mujer tan amable y frágil...—Respondió Seamus, sin saber cómo continuar.

-Él tiene razón—Dijo George—Nunca imaginé que Gautier fuera capaz de luchar de esa manera. ¡Fue algo maravilloso!

-Y salvó a Snape, je, je, je—Agregó Fred.

-¿En serio?—Preguntó Hermione.

-Sí—Dijo George—El orgullo de Snape no podrá con ello.

Ron se acercó al grupo y comentó:

-Les aconsejo no hablar de eso en clase, o Snape nos reprobará a todos.

Todos asintieron con una sonrisa.