¡Nuevo capítulo! ¡A Leer!
Nota de Magda: Gracias por leernos (aunque yo solo de opiniones y aquí mi amiga es la que escribe, ojalá sigan la historia que se viene buaaaaaaaaano xD Eso, muchas gracias.
Ahora sí, leaaan.
RomioneWeasger.
Capítulo 4. Amabilidad
Como Hermione se había salido con la suya, ambos se dirigieron al pasaje más largo. Era una parte de la ciudad súper prestigiosa, las casas eran de segundo piso, techado impecable, autos de último modelo. Incluso las mascotas guardianes de jardín parecían tener piel cristalina, como si sus dueños los bañasen con oro derretido. Se quedó contemplando a un par de cachorritos que olfateaban su enorme pocillo de comida para perros, y no pudo dejar de recordar a su perro escocés, Fidelfio.
Fidelfio era una mascota muy dulce, amable y protectora. Solía ladrar a todo aquel que se le acercara a su dueña, en este caso, Hermione. Movía su cola nerviosamente cuando había visitas y se asustaba mucho con Lucas, el hermano mayor de la castaña, que estudiaba en Paris desde que tenía memoria.
Era enorme, grande y gordo. Siempre olía a la crema que Hermione le masajeaba después de bañarlo. Era un perro digno de una familia digna, de dueños con tanto dinero como los bancos. Pero ella siempre pensó que Fidelfio era una mascota especial, que había sido diseñada para ella porque estaban juntos desde siempre. Hermione tenía cinco años cuando su padre y madre le llevaron a un pequeño perrito color canela. Era un cachorro, no pasaba del mes de nacido. Lo amó de inmediato, la química fue impresionante.
Suspiró al recordar a su mascota. Ron se había percatado del pequeño trance de Hermione, pero no le interrumpió los pensamientos.
Ella estaba demasiado absorta en Fidelfio; su mascota que habían arrancado de ella cuando faltaba dinero para la estadía de su madre en el hospital.
Había caído en coma y su padre tenía muchísimas deudas. Lucas estudiaba y trabajaba pero el dinero no era suficiente tampoco. Y lo único a lo que lograron tomar como una ayuda, fue al enorme perro canela.
Costó un dineral. Hermione lloró meses, pero no podía hacer nada. Si no pagaban la estadía de su madre en ese hospital, sobre todo en coma, la trasladarían a uno público, y ellos no confiaban mucho en ellos.
Sabía que Fidelfio estaba bien, incluso mejor que cuando estaba con ella, pero no podía dejar de afectarle el separarse de él. Habían vivido aventuras extraordinarias, de todos los lugares a los que Hermione se fue a estudiar, Fidelfio la acompañaba. Cuando estuvo una temporada internada, el perro había sido llevado donde una tía de ella, y lo visitaba para las vacaciones.
Suspiró y ahogó un sollozo.
—¿Estás bien?
Era Ronald. Hermione se dio cuenta de que las lágrimas habían caído inconscientemente de sus párpados y se sentía demasiado avergonzada como para mirar a su adversario, así que se limpió rápidamente las mejillas y aspiró aire.
—Estupendamente, ¿vamos? Quiero terminar pronto.
Comenzaron a tocar puertas. Algunas personas les miraban desconfiadas, como si ellos fueran algún tipo de ladrones que quisieran invadir su casa, pero ambos rápidamente les explicaban quiénes eran y a que venían.
Algunos les cerraban la puerta sin intención de escuchar. Otros con la excusa de que estaban muy ocupados como para atenderlos o como no, una que dijo que no tenía hijos y justo un estudiante de mediana edad salió por la puerta, seguido de dos pequeños con uniforme. La señora se avergonzó y entró rápidamente a la casa, dejándolos hablando solos.
Estaban cansados, eran casi las cuatro de la tarde y habían conseguido cincuenta firmas, de las doscientas que McGonagall les dio.
Ron arrastraba los pies y Hermione tocaba las puertas, portones o timbres de las casas. A veces Ron tenía que salir pescando a Hermione del brazo porque había perros mañosos, pero ella no quería irse, decía que los perros necesitaban confiar en la gente y si la gente no hacía el esfuerzo, nunca podría haber buena relación.
—Granger, detente… estoy cansado.
Hermione se giró para mirarlo.
—¿Cansado?... ¡Pero si no has hecho nada!
Ronald frunció el ceño.
—¿Nada? Por si se te olvida tengo más firmas yo que tú.
—¡La que habla y ofrece firmas soy yo y agradece que te doy la oportunidad de que firmen las tuyas!
El pelirrojo bufó, se acercó a una casa y comenzó a tocar con firmeza.
—Bueno, ahora no harás el trabajo "sola" señorita perfecta y sabelotodo.
—¿Cómo me llamaste? —Preguntó con las mejillas coloradas y una ceja notoriamente inclinada hacia arriba.
Ron sonrió, era su momento de venganza, al terminar de tocar el portón, se giró hacia la castaña.
—Sabe-lo-todo. ¿Así está bien? O puedo dibujarlo…
Hermione se quedó callada y cada vez se ponía más colorada, y entonces explotó.
—¡ERES UN IMBÉCIL! ¿QUIÉN ERES TÚ PARA LLAMARME COMO ME HAS LLAMADO? ¡NO ME CONOCES RONALD WEASLEY! ¡NO SABES NADA!
Estaba furiosa, Ron la miró tan sorprendido que hasta se le había olvidado donde se encontraban y que una señora salía de la casa y se acercaba a ellos.
—¿Les puedo ayudar en algo?
Ambos la miraron, uno aturdido y otra intentando serenarse.
La señora había sido tan gentil con ellos que los dejó entrar a su casa para tomar y comer algo. Hermione le explicó que habían estado toda la tarde repartiendo volantes y consiguiendo firmas, por lo que la señora se había amparado de ambos.
Firmó entusiasmada para sus cuatro hijos, cosa que Ron y Hermione no lo podían creer. Ella empezó a hablarles que sus hijos estudiaban en un colegio donde no enseñaban lo justo y necesario.
Luego de casi media hora, los chicos se despidieron de la señora, agradeciéndoles por su amabilidad y salieron a la calle. Estaba oscureciéndose.
—¿Cuántas nos quedan? —Preguntó Ron a una Hermione todavía dolida por sus palabras. Juntó todas las firmas y empezó a contar las que faltaban.
—Nueve —Contestó— Date prisa, Ronald, que nos quedan pocas.
Terminaron el pasaje más largo y se fueron por el corto. Hermione tenía una sonrisa de cansancio en los labios al recordar su pleito por cual pasaje elegir.
Había varias casas con las luces apagadas, así que no perdieron el tiempo en tocar y se fueron a las otras.
Era lo mismo que anteriormente, había gente que no quería recibirlos, otras parecían demasiado amables, y unas pocas que les hablaban con crueldad. Terminaron la actividad cerca de las nueve de la noche.
Dejaron el pasaje sintiéndose libres y con hambre. Hermione se ofreció para guardar las firmas.
—Mañana hay que entregárselas a McGonagall, se va a poner muy feliz —Dijo Hermione, mientras buscaba su móvil para ver la hora— ¡Es tardísimo!
Ron no dijo nada, parecía estar en otro planeta, miraba a Hermione con tanto miedo y nerviosismo que bien podría salir corriendo.
Se aclaró la garganta.
—¿Granger?
Ella dejó de buscar en su bolso y lo miró despreocupada.
—¿Qué? ¡Mira! El autobús, ¿tú cómo te vas?
—Granger, es tarde.
La castaña lo miró como queriendo decir ¡No me digas!
—¿Ya? ¿Y? Eso lo sabemos de sobra, es cosa de mirar el cielo.
Ronald se llevó las manos a los bolsillos.
—Está bien, sí hay algo que mi madre me enseñó es que no debo dejar a una mujer sola de noche. Voy a dejarte a tu casa.
No, no le había entendido bien. Sacudió la cabeza y pestañeó repetidas veces.
—Espera, creo que entendí mal… ¿Qué tu qué?
El pelirrojo se encogió de hombros.
—Ir a dejarte a tu casa, ¿te sirve ese autobús? —No esperó a que respondiera, hizo parar al camión y le dio pase a la castaña para subir. Ella no daba crédito a su ofrecimiento. Porque vamos… ¿Él era Ronald Weasley, verdad? ¿El chico que la humillaba y la odiaba desde que llegó al colegio, cierto? No este chico amable que la llevaba a casa.
Se sentaron juntos atrás, y Hermione aún no podía creer o entender la situación. Lo miraba y recordaba al chico insoportable, al arrogante, al agresivo, infantil e inmaduro.
—¿Vas a mirarme todo el camino?
Hermione sacudió la cabeza.
—Es que no lo entiendo.
—¡Ya te dije que no iba a dejar que te fueras sola! Y no es porque fueras tú…
—¡Es que ese es el problema, Ronald! ¡Se trata de mí! ¡Hooolaaaa, soy yo…! —Agitó su mano delante de la cara del pelirrojo— Hermione Granger, la persona que más odias en el mundo.
—Ya, me doy cuenta, no tienes para qué repetírmelo.
Ella siguió mirándolo, luego de un momento soltó un bufido y miró hacia la ventana.
—¿Te vas a enojar ahora? Deberías agradecer que te lleve a casa.
—Yo no te lo pedí.
—Pues bien entonces… tus padres me lo agradecerán.
Hermione lo miró con esa mirada severa de las mujeres.
Estuvieron en el bus un par de minutos hasta que Hermione dejó de encontrar atractiva la ventana, miró a Ronald como si él fuese cualquier persona desconocida.
—Levántate.
—¿Qué? Pero si estoy cómodo…
—¡Que te levantes, estamos por llegar!
Se levantó. Presionó el timbre de bajada y el autobús se detuvo. Esta vez, Ronald bajó primero y Hermione no pudo evitar pensar que era el Ronald insoportable de siempre.
Fuera todo estaba oscuro, la mayoría de las casas tenían las luces encendidas, todas eran de segundo piso, madera blanca y anti jardín. Siguió a Hermione cuando esta comenzó a caminar cruzándose de brazos, y estuvo seguro que su labio temblaba. Por un segundo iba a preguntarle si tenía frio, pero sería bastante incómodo porque él no iba a prestarle su chaqueta.
Estaba tan metido en sus pensamientos que cuando Hermione se giró sobre sus talones, Ron tuvo que frenar tan rápido como pudo.
—Puedes dejarme aquí, todavía me quedan algunas cuadras.
—Pues adelante.
Ella lo miró con seriedad, y sabía que estaba a punto de decir algo. La nariz la tenía tan roja como un payaso, al igual que sus mejillas.
—Gracias.
El pelirrojo se echó a reír.
—¿Hermione Granger dándome las gracias?
—No lo diría si no fuese necesario —Seguía cruzada de brazos.
—Bien, no es nada.
La castaña seguía mirándolo fijamente, luego se giró y empezó a caminar.
Ron no podía aguantarse lo que quería decir, por lo que metió sus manos en los bolsillos e inclinó sus pies hacia arriba, como dando un pequeño saltito.
—¡Eh! ¡Granger!
La chica se giró de pronto.
—¿Qué?
Diablos. Su orgullo estaba siendo coartado trágicamente.
—¿Estás segura de que puedes irte… sola? Ya sabes, está algo oscuro.
Ella miró el cielo negro de la noche, luego volvió sus ojos al pelirrojo.
—Weasley, he caminado de noche por aquí cientos de veces. No te preocupes, nadie me violará—. Se iba a girar otra vez, pero entonces lo miró, sonriendo con malicia— ¿Ronald Weasley preocupado por mí?
Estamos de acuerdo, la venganza siempre era dulce.
El pelirrojo no sabía que decir, simplemente arrugo su nariz y sacudió la cabeza.
—Ya quisieras, Granger —Y se fue caminando por donde venía.
Hermione sacudió la cabeza sonriendo, ella también emprendió su camino de regreso a casa, sin saber que segundos después, el pelirrojo se giraba para verla desaparecer, y asegurarse de que ella iba en perfectas condiciones.
A la mañana siguiente, Ginny logró sacar a su hermano temprano de casa y tomar el autobús a buena hora. La pelirroja parecía demasiado entusiasmada para haberse levantado tan temprano. Ron frunció el ceño, mientras su hermana tarareaba una canción.
—¿Qué comiste?
Ella se giró de pronto.
—Lo mismo que tú, ¿por qué?
—Estás demasiado contenta para ser Ginny Weasley por la mañana.
Ella lo miró furiosa.
—Solo estoy de buen humor, ¿eso es malo? Anda, apúrate.
Entraron al colegio. Ginny iba muy adelante y dejaba a Ron atrás, y eso que siempre era todo lo contrario.
Cuando llegaron a la escalera, Ron entendió todo lo extraño en Ginny, sobre todo por estar tan apurada en llegar. Ahí estaba Harry, su mejor amigo, sonriéndole a los dos… bueno, en realidad solo a su hermana.
—Hola, Ginny… hola, Ron.
Ginny le besó la mejilla, después miró a Ron con una sonrisa radiante.
—Todavía falta para que toque la campana, vamos.
—¿Vamos a dónde? Tu salón queda en esta planta.
Ella se encogió de hombros.
—Voy a ver si llegó Hermione.
Subió las escaleras con Harry siguiéndole los talones. Ronald se quedó allí, plantado. ¿Desde cuándo Ginny y Hermione eran amigas?
Subió las escaleras antes de que los perdiera a los dos. Aún seguía confundido por el drástico cambio de su hermana. ¡Si nunca había prestado atención a Harry! Él era el mejor amigo de su hermano, nada más. A no ser que… haya pasado algo… mientras Harry iba con ella… ayer después de clases. No, imposible, o… ¿sí?
Sacudió la cabeza, no quería tener visiones de su amigo y hermana besándose, así que siguió subiendo con la vista nublada.
Cuando llegó al salón, su vista se fue rápidamente hacia donde estaba su hermana, que abrazaba a… nada menos que Hermione Granger. Ya, era cierto, eran amigas… ¿desde cuándo? Luna Lovegood también se encontraba allí, junto a Neville, mirándose a hurtadillas y sonriéndose bobamente.
¿Desde cuándo todo giraba en torno a esa castaña? De acuerdo, desde que había llegado.
Algo malhumorado ya, se encaminó hacia su mesa, junto a Harry. Este sonreía como un idiota, y Ron no podía dejar de pensar que este sería el peor día de su vida.
…
Hermione escuchaba atentamente a Ginny, y no dejaba de sorprenderse por el gran cambio que existía entre ambos hermanos. Eran muy parecidos, pero uno era insoportable y la otra muy simpática. De hecho, sentía como si Ginny la conociera demasiado bien.
—¡Y ya ves! No le resultó cortarme el pelo, igual lo tengo largo.
—Fred y George son unos bromistas extremos. Que no te sorprenda nada, Hermione.
Hermione no dejaba de sonreír.
—Tu pelo es muy lindo, Ginny. Rojo como la sangre.
—Sí, en eso nos diferenciamos con Ron… su pelo es una calabaza.
Luna y Neville comenzaron a reírse.
—No seas mala con Ronnie, Ginny —Decía Luna, mientras no dejaba de reírse y tampoco dejar de mirar a Neville. Hermione ya estaba sospechando de ambos.
—Hablando de mí hermano… Hermione, discúlpalo, en serio, cuando quiere ser pesado lo es de profesional, pero no es una mala persona. Si se hubieran conocido en otra oportunidad y de otra manera, estoy segura de que serían grandes amigos.
¿Amiga de Ronald Weasley? Intentaba imaginárselo pero no podía.
—Eso sería bastante extraño —Comentó la castaña, arrugando la frente y mirando hacia atrás. Se arrepintió de inmediato, justo cuando sus ojos se fueron al grupito de hombres, vio al pelirrojo observándola, y este apartó los ojos de inmediato.
—Bien, Luna Lunática, que tenemos que irnos.
—Oh, ¿tan pronto?
—Sí, va a tocar la campana.
Luna se bajó de la mesa, se despidió de Neville con un beso en la mejilla bastante cariñoso y luego otro a Hermione, más de confianza.
—Nos vemos luego, Hermione —Le sonrió Ginny, que salió por la puerta arrastrando a Luna.
Esta les sonrió hasta que desaparecieron.
Quería mirar atrás, pero no podía. Si lo hacía, no quería encontrarse con la mirada azul del pelirrojo. Sintió que el corazón le bombeaba rápido, algo bastante raro en ella, ¿qué le estaba pasando?
Ahora vamos notando el cambio de ambos :3
Denme su opinión :D
