DISCLAIMER: Las tortugas Ninja por desgracia no me pertenecen, pero mi corazon si les pertenece a ellos. Este fic es algo que salió de mi loca cabeza.
Nota: En este fic divago un poco de como le hizo Splinter para obtener lo que necesitaban. Se que muchos datos no son exactos pero son los que estan en mi cabeza.
Tambien debo aclarar que hago mencion de un par de detectives de un programa que en lo personal me gusta mucho, pero me gustaba mas cuando salia cierto detective algo malhumorado... Creo que sabran quienes son si han visto la serie.
Sin mas que decir excepto tonterias, las dejo con el fic.
Yoshi caminaba cargando a su pequeño Miguel Angel, que si bien no se había lastimado visiblemente, el mutante no podía estar seguro. Podía tener heridas internas bajo su caparazón. Deseaba saber más acerca de tortugas.
Leonardo, Raphael y Donatello lo rodeaban lloriqueando, levantando sus bracitos para que también los cargara. Yoshi trataba de calmarlos, afuera escuchaba mucho ruido, había policías justo encima de donde habían entrado momentos antes. Y lo peor es que la pequeña mochila con provisiones había quedado afuera.
-Te digo, Olivia, que yo no escuché llorar a un niño – decía un policía blanco a su compañera, una mujer esbelta de cabello castaño, que lucía preocupada.
-Elliot, estoy segura que escuché como un niño gritó y luego llanto, fue por aquí – la mujer no parecía cesar en su búsqueda. Cuando notó la pequeña mochila negra de Yoshi – Mira-
Los dos policías tomaron la mochila, revisando algunos jugos y galletas en su interior.
-Algun chico huyó de casa? – preguntó con escepticismo el hombre.
-Stabler, Benson, regresen – se escuchó por el radio de ambos policías.
-Esta bien, capitán – dijo Elliot mirando a su compañera.
-Vamos, pero llevaremos esto – dijo la mujer resignada, no sin antes lanzar una última mirada a su alrededor.
Yoshi los vio irse, con un nudo de angustia, había perdido las provisiones.
Caminaron por espacio de unos minutos, Miguel Angel se había quedado dormido, y al fin había logrado que los demás caminaran a su lado. Luego de unos minutos llegaron a una sección que parecía en ruinas. Yoshi depositó al pequeño en el suelo, que de inmediato se despertó. Yoshi comenzó a quitar algunas piedras para seguir su camino, sin embargo no notó cuando los niños, con su curiosidad natural, comenzaron a alejarse lentamente. Hasta Miguel Angel olvidó su pequeño accidente y siguió a sus hermanos.
Yoshi continuó removiendo los escombros, cuando escuchó algo lejano el ruido de risas y los balbuceos de sus pequeños, fue cuando notó que estaba solo…
-Ay, no! – suspiró el hombre, comenzando a cuestionar si no debió haberse comprado una mascota más tranquila ese dia en la tienda de mascotas.
Yoshi fue a buscar a sus cuatro hijitos, los cuales habían encontrado lo que parecía alguna vez fue una estación del metro, abandonada de hacía mucho tiempo. Habían logrado entrar por un boquete, y había varias cosas de utilidad en ese lugar.
Los niños al ver a Yoshi, se quedaron quietos. La rata se acercó lentamente, hasta llegar a donde estaban los chicos de pie.
-Niños, no deben alejarse asi – dijo Yoshi con voz firme, haciendo que los niños lo miraran algo asustados.
Yoshi examinó el lugar, parecía que podrían quedarse ahí, al menos parecía algo alejado de las miradas de los curiosos. Caminó un poco y vio que los escombros que estaba tratando de quitar estaban del otro lado de la estacion abandonada.
-Bien, hijos mios, lo primero, vamos a limpiar este lugar - dijo Yoshi comenzando a levantar algunos escombros, pero cuando giró la cabeza sus cuatro hijos corrían perdiendose de su vista - o mejor, lo primero es hacer una jaula para ustedes! - dijo Yoshi, quien comenzaba a perder la paciencia.
Luego de un rato, no sin mucho esfuerzo, Yoshi logró limpiar el lugar bastante, sus niños miraban con curiosidad a todos lados, buscando algo nuevo que hacer. Yoshi ya los había perseguido cuando Leonardo y Raphael habian salido corriendo mas de una vez y casi caian a un arroyo cercano. Donatello encontró algunos cables en el techo y trataba de llegar a ellos. Miguel Angel trataba de meterse a la boca todo lo que encontraba, (incluida una cucaracha)
Yoshi se sentó en el suelo. Se preguntaba como habría sido su vida con su pequeña hija Miwa y su esposa. Pero en especial con Miwa. ¿Ella también lo habría vuelto loco con sus travesuras?
Era tarde, y Yoshi tenía que tratar de regresar a su casa para ver si podia rescatar algo que le fuera de utilidad. Trató de dormir a los niños usando las mantas que traía. Los pequeños estaban muy cansados y no le fue dificil lograrlo.
Una vez que se aseguró que estuvieran dormidos, Splinter salió sigilosamente, luego de asegurar la salida y tratar de colocar algunas cajas a su alrededor con cosas pesadas que encontró para que no pudieran salir. Realmente sentia un nudo al dejarlos solitos ahi, pero no habia otra forma. Con ellos en brazos se le dificultaba avanzar con velocidad, y necesitaba conseguir comida. Asi que se forzó a ir a su mision sin voltear atras.
-Tang-Shen, amor, cuidalos por mi...- pensó con dolor.
Splinter caminó lo mas cautelosamente que podía. Llegó a su apartamento, y no le extrañó ver que alguien había entrado y registrado sus cosas. Sentimientos de ira e impotencia comenzaron a invadirlo, pero no habia mucho que pudiera hacer. Tomó algunas cosas de la alacena, Fue a su cuarto y encontró en el closet una pequeña caja de herramientas y salió de regreso con las tortuguitas.
En el camino vio a varias personas avanzar a un edificio, que parecía era una farmacia aparentemente abandonada. Alcanzó a escuchar a unas personas que comentaban al pasar.
-Si, la farmacia Lucky Aide, la abandonaron asi nadamas, ya no volvio nadie a trabajar, creo que no aguantaron mas malas pasadas de esos chicos llamados "Dragones Púrpuras"- Decía un hombre calvo con una gastada sudadera azul.
-Si, les incendiaron un auto afuera, golpearon a los empleados... - nadie regresó, y lo bueno es que tenemos tooodas las medicinas gratis, al menos hasta que vengan de la gerencia de Boston a cerrar definitivamente - le contestaba emocionado su compañero, un hombre de unos treinta años con marcas en los brazos.
Splinter negó con la cabeza, pero,... por otro lado... ¡NO! no podía hacer algo asi. Pero esos hombres saquearian la farmacia, y si era la única oportunidad que tenía? Sus niños lo necesitaban... Iba en contra de todos sus principios pero... no podía hacer otra cosa.
Se acercó a la farmacia, habían tumbado las puertas, y había varios adictos aqui y allá. Splinter trató de ocultarse, pero era obvio que esos hombres y mujeres estaban tan concentrados en conseguir droga que nunca notarian su aspecto. Aun asi...
Sus dudas se dispersaron al notar que la farmacia tenía una seccion entera al cuidade de bebés... justo lo que necesitaba. En el fondo, había un corralito, estaba roto de una esquina, Splinter estaba seguro de que los propietarios lo tirarían, y el lo podía reparar. Giró la cabeza y encontró latas con fórmula para bebés, biberones, algunos juguetes, pomaditas para rozaduras, y algunas medicinas para colico, fiebre, termómetros,... Splinter no lo dudó y comenzó a tomar algunas cosas, luchando contra sus principios... pero eso le haria falta. Mientras tomaba algunos medicamentos un hombre se acercó y le dijo:
-Oye, amigo, como te drogas con Tempra* Pediatrico? - preguntó un hombre que a Splinter se le hizo conocido.
-Yo, no... lo necesito para otra cosa - Splinter iba a retirarse, pero el hombre le puso la mano en el hombro.
-¿Tienes niños pequeños, cierto? - El hombre le hablaba con voz suave, Splinter no lo miró siquiera. El hombre continuó hablando - En el refugio de la calle Maine, las madres saben que muchos no llegan a pedir ropa porque temen que los detenga la policia al hacerlo y les quite a los niños, ¿Es tu caso, cierto? te escondes para que Servicios infantiles no se lleve a tus hijos-
-No precisamente Servicios Infantiles - dijo Splinter con voz baja.
-Es igual, las madres dejan ropa en el callejon, deberias ir y buscar algo que te sirva. Nadie te cuestionará. Empezará a hacer frio y los niños necesitaran abrigo...-
-Gracias... buen hombre - Splinter comenzó a pensar que iba a hacer. No se sentía bien tomando esas cosas de la tienda, pero igual los dueños demandarian a la ciudad tomara o no lo que ocupaba, el seguro le cubriria a los dueños que seguirian siendo ricos al tener otras tiendas donde recuperar lo perdido. Pero creia en el Karma y decidió hacer algo por ese hombre. NO sabía exactamente porqué había tomado su billetera, no era como que podía ir a una tienda y comprar algo, pero para algo le podía servir. Tomó un par de billetes y se los dio al hombre.
-Tenga, amigo, para... algo le deben servir, solo, no compre drogas o alcohol, quiere? - Splinter le dio el dinero al hombre, que por un momento creyó que estaba bromeando, pero luego lo tomó.
-Drogas, no, como cree? yo solo como los hongos que crecen cerca de mis cosas - dijo el hombre, y luego volteó al fondo. - Oye, Susan, el hombre rata regresó, y me dio papelitos verdes...-
Splinter supo de donde conocía al hombre.
-Earl, dejate de tonterías y ayudame a llevar tampones - gritó la mujer desde otro punto de la tienda.
-Saludos a sus niños verdes, hombre rata - Dijo Earl alejandose. Como Splinter esperaba, los demas adictos y saqueadores estaban muy ocupados con sus cosas para tomarle atención. Decidió salir antes de que descubrieran los "papelitos verdes" de Earl y quisieran mas, aunque alguien gritaba emocionado que habían logrado abrir el almacen de medicamentos controlados.
Splinter salió de ahi a gran velocidad por dos razones, una, no queria que la turba de adictos lo viera, y otra, queria ver a sus niños. Sin notarlo, llegó al refugio que le habia comentado el hombre. Su curiosidad no pudo mas. Si había por el callejón de atrás, algunas cajas con varias cosas. Parecía que los vagos respetaban el lugar y no estaba tan maltratado como se esperaria. En unas cajas, encontró cobijas y almohadas... tal vez solo haria falta lavarlas bien.
Las metió en un carrito de supermercado que había tomado de la farmacia y salió con dirección a su casa. Apenas bajó la escalera con dificultad, y escuchó algo que lo alteró... Llanto.
Dejó las cosas donde las habia encontrado, y corrió al lugar donde había dejado a las tortuguitas, los cuatro niños estaban en una esquina, subiendo encima de los otros para tratar de salir con cara de evidente miedo. Al parecer alguno de ellos habia despertado, y al verse en ese lugar oscuro, se asustó, comenzó a llorar y los demas despertaron y tambien se unieron al primero.
Splinter los sacó y los abrazó, los cuatro temblaban y se acurrucaban encima de él. Miguel Angel trató de trepar a su cuello, pero Raphael lo sujetó del tobillo para tomar su lugar, tumbando a su hermano, el cual se puso a llorar.
-No, Raphael, no lastimes a tu hermano, - Splinter no tuvo valor de ser mas estricto con el niño, despues de todo, eran niños pequeños, y estaban asustados.
-Vengan, vamos a ver lo que les traje.- Splinter se levantó y guio a los niños, los cuales se aferraban a su mano, fue cuando comprendio. El tenia ahora ojos de rata, probablemente se adaptaban mejor a su alrededor. Estaba oscuro, los niños tenían miedo. Tomó una lámpara de mano, y los condujo con cuidado, los llevó a donde habia dejado las cosas y luego entre todos las llevaron a la guarida. Los niños olvidaron su miedo, estaban emocionados al tener tantas bolsas y paquetes.
Splinter les dio algunas galletas con leche, luego les mostró el corralito, los metió en el luego de poner algunas cobijas. Era tarde, e igual los niños volvieron a dormirse.
Y él tambien. Habia muchas cosas por hacer, pero estaba seguro, de que saldrian adelante, de una forma u otra.
continuará...
Gracias una vez mas por leer y por sus reviews, realmente me halagan.
Saludis
Iukarey.
