Los personajes no me pertenecen, le pertenecen a SM. La trama tampoco es mía, es una adaptación del libro "Sophie&Carter" de Chelsea Fine. Hice algunos cambios, quizás en algunos dialogos, pero en sí la idea es la de Chelsea.


Edward & Bella

Summary: Mientras que otros estudiantes de secundaria están soñando con su futuro, Bella y Edward están tratando de superar cada día. Edward se siente abrumado por los problemas en casa mientras lucha por mantener a su madre. Mientras tanto, su vecina de al lado Bella, se quedó al cuidado de sus tres hermanos menores en lugar de su madre ausente y problemática. Todo lo que mantiene cuerdos a estos dos mejores amigos, son el uno al otro. Eso y saber que cada noche se sentarán juntos en columpio del porche de Bella y escaparán de la realidad, aunque sólo sea por un rato. Pero a medida que su relación llega a un punto de inflexión y se acerca la graduación en la secundaria ¿Su amistad se convertirá en algo más?


Capitulo cuatro

Bella

— ¡Adam, si vas a hacer pis como un animal, entonces hazlo en el patio trasero! — grité mientras pasaba por el pasillo que llevaba al baño. Todo estaba hecho un asco. Suspiré mientras comenzaba a limpiarlo para que Amy pudiera usarlo — Entra al baño y luego cepíllate los dientes por mí ¿De acuerdo?

— ¡De acuerdísimo! — me respondió Amy con una sonrisita en su rostro.

Cerré la puerta del baño detrás de mí mientras salía. Oigo como Amy comenzaba a cantar. Ella siempre cantaba cuando iba al baño. Me encantaba, realmente, su audacia.

Caminó por el pasillo a la habitación de Adam y asomo mi cabeza por la puerta entreabierta.

— Luces apagadas — anunció mientras lo observo leer un viejo comic, creo. Él se queja y apaga su lámpara. Aparte de la cuestión del pis en el baño, Adam es un chico de apenas once años fácil de trata, y por eso estoy agradecida.

Justo en ese momento, Jacob pasa a mi lado, pero no hace contacto visual. Él piensa que es el hombre de la casa... y, en realidad, lo es. Pero también tiene apenas dieciséis años. No tiene porqué ocuparse ni preocuparse por nada. Él tiene que tratar de ser un adolescente normal. Como yo no tuve oportunidad de serlo.

— Eso va para ti también — digo a Jacob mientras él abre la puerta de su habitación. Se detiene y gira su cabeza para mirarme.

— La hora de acostarse para un adolescente es algo estúpido — dice él. Yo asiento con la cabeza. Porqué lo entiendo y tiene razón.

Él no dice nada, simplemente asiente, pero yo sé que está molesto.

— Entonces haz lo que quieras, pero quédate en tu habitación para que los niños tengan un cierto sentido de lo que es la hora de dormir.

— Lo que sea — dice metiéndose a su habitación de un portazo. No doy marcha atrás o se lo permito. Él todavía me necesita.

Un rato después de meter a Amy a la cama, camino por el pasillo a la cocina y empiezo a limpiar el desorden de la cena. Comimos espagueti, pero sin salsa. No había salsa. Tenía que ir a la tienda pronto, tenía que comprar alimentos. Necesito conseguirle a mis enanos algo de ropa que les quede también.

Suspiro, sabiendo que eso significa solo una cosa.

Tengo que llamar a mamá.

.

Estoy sentada frente al televisor, sin mirar en realidad. Acomodo un mechón de mi cabello detrás de mi oreja y continuó con mi tarea.

Los maestros dicen que no debes ver la televisión mientras haces la tarea, pero hay algo acerca de los reality shows baratos que me hace sentir inteligente. Cuando estoy tratando de resolver un problema de matemática difícil o armar un ensayo de inglés, siempre puedo tomarme un descanso, ver algún reality en televisión y pensar: "— Bueno, al menos yo no soy esa chica borracha poniéndose un tatuaje de ornitorrinco en el cuello —". El reality en la televisión nunca falla en aumentar mi ego lo suficiente para que termine mi tarea a tiempo y me prometa no tomar lo suficiente como para decidir hacerme un tatuaje cuestionable.

Es extraño como funciona todo esto. Lo sé. Sin embargo soy una buena estudiante. No puedo permitirme el lujo de fracasar en la escuela. Espero poder conseguir un trabajo decente terminando el instituto para poder mudarme con los chicos a otro lugar. Y luego quizás, sólo quizás, estudiar una carrera.

Quiero que podamos irnos de aquí. De verdad lo quiero.

A algún lugar donde podamos ser independientes. A algún lugar donde la prostitución, las drogas y los novios extraños no puedan llegar a nosotros.

Una hora después camino hacia el porche delantero. Tenemos un columpio. Es como algo salido de una película. Nos vemos perfectos. Y supongo que ese es el punto.

Todo el mundo finge.

El columpio chilla mientras me siento y el sonido me calma. Las cadenas están oxidadas y los tablones de madera del asiento y el respaldo se están agrietando en algunos lugares, pero es la pieza de mueble más hermosa que tenemos.

Me mezo por un minuto, escuchando el crujido rítmico del columpio. La noche está tranquila y fría, a excepción de los grillos. Cruzando la calle de mi casa hay un patio lleno de bloques de cemento, partes de autos y malas hierbas que se arrestan por el suelo como las garras de un monstruo lleno de espinas.

Si cierro los ojos... si cierro los ojos y me centro sólo en el columpio y el canto de los grillos... yo vivo en el paraíso.

Inhalo, exhalo y abro los ojos. Mi corazón sintiéndose más ligero porque sé que pronto Edward estará aquí. Vendrá caminando a sentarse a mi lado y hará que mi día no sea tan malo. Mi tiempo en el porche meciéndome con Edward cada noche es la única manera de conseguir dormir.

Unos minutos después lo veo salir de su casa a escondidas. En realidad a su madre no le importa si él llega demasiado tarde o desaparece del todo. Pero ella probablemente esté desmayada en el sofá en este momento y Edward sólo cuida de no despertarla. Es muy buen hijo.

Arqueó una ceja al ver la bolsa de plástico llena de cosas en su mano izquierda.

— Ey, Bella — dice a modo de saludo. Me encanta como él dice mi nombre. Es tan... real — Para ti — dice mientras extiende la bolsa en mi dirección. Sonrió sin poder evitarlo. Él es grande y maravilloso. Se sienta a mi lado como si fuera importante. Rió mentalmente. El me sonríe y me entraba la bolsa, luego mira hacia otro lado — Así que... ¿Cómo fue tu día?

Miro dentro de la bolsa y me dan ganas de llorar.

Está llena de fruta fresca, verduras crudas, galletas, pan y, bueno, todo lo que necesitábamos. Él sabe qué necesitamos. Y lo amo por eso.

Y ahí estoy yo. Terriblemente conmovida por la bolsa de comestibles, pero no lloro. Él no quiere que lo haga. Es probable que ni siquiera quiera que reconozca su regalo. Él es así.

— Lo típico. ¿Y el tuyo?

No nos miramos, miramos fijamente la noche. Es diferente ahora a cuando estábamos en la escuela. No hay coqueteo. No hay burlas. No hay alegres graduados del instituto. Esto es la realidad y con ella viene una gran pesadez.

La noche normalmente es oscura y fría, las luces de la calle espantan a las estrellas y los árboles esconden a la luna. Pero la oscuridad es tranquila. Entonces oigo su voz.

— Ah, tú sabes. Gnomos y bichos falsos. Lo normal — responde con indiferencia. Yo sé que está fingiendo pero no digo nada. Sonaba bien, pero no lo estaba. Simplemente asiento, no hay nada que decir.

Nos quedamos en silencio, el único ruido es el lento chirrido del columpio del porche y los grillos. Es fácil y tranquilo. No hay chicos gritando y madres nerviosas, o bichos invisibles...

Mi mirada se desvía hacia abajo. Al brazo de Edward, puedo ver su larga cicatriz.

...O padres violentos.

Entonces Edward se gira y nota que estoy mirando su cicatriz. Se remueve en su lugar, no se esconde de mí. Sabe que es inútil, ambos lo sabemos. Pero no le gusta hablar de su padre y la cicatriz se lo recuerda.

Todavía puedo recordarlo.

Yo tenía diez años la primera vez que vi a su papá lastimarlo. Estaba en mi habitación mirando por la ventana, deseando que todavía estuviéramos en Phoenix, cuando escuché el débil alarido.

Miré por la ventana y vi a Edward acurrucado en su cuarto. Mi luz estaba apagada, pero la suya no. Estaba encendida. Se estaba escondiendo de alguien. Luego noté que era de su padre de quien lo hacía. Él no tuvo problemas en encontrarlo.

Él siempre lo encontraba.

El padre de Edward sólo usó sus manos esa noche. Golpe tras golpe, miré horrorizada como el cuerpo de Edward se volvía más y más débil. Lloré ante mi ventana, lloré horrorizada, mirando después de que su padre lo dejara inconsciente en el piso de su cuarto.

Yo tenía diez años y no sabía qué hacer. Miré y miré hasta que Edward regresó en si y se giró despacio.

Mi boca y ojos se abrieron como platos. Desde mi cuarto podía ver como su rostro, sus manos, su cabeza, todo su cuerpo estaba ensangrentado. Él comenzó a llorar. Eso me hizo llorar más fuerte. Estaba tan asustada por él. Temblé en mi camisón de princesa, escondida con cuidado detrás de mi ventana en la oscuridad de mi habitación.

Las peleas empeoraban mientras crecíamos. El padre de Edward empezó a usar bates de béisbol y palos de golf en vez de sus puños. Me acostumbré a ver moretones en su cuerpo y cortes en sus manos.

Recuerdo que una vez le dije a mi madre sobre el chico de alado, al que su padre lastimaba. Ella sólo me había dicho que teníamos que meternos en nuestros propios asuntos o también seríamos lastimadas.

Era una niña y ella era mi madre, así que le creí.

— Nos graduamos pronto — dijo Edward sacándome de mis pensamientos. Él todavía miraba hacia la calle. Su rostro es hermoso, incluso con las cicatrices y sombras de la noche.

Asiento en su dirección.

— Sí. Ellos dicen que ahí es cuando empieza la vida. Tú sabes, después del instituto.

De repente estoy estresada.

— Vida. Sea lo que sea — murmura sin emoción alguna. Edward no se mueve. Está deprimido. Odio cuando se siente de esa manera. Odio que se sienta mal de cualquier forma. Él no piensa que pueda tener una verdadera vida porque necesita cuidar de su madre. Es un problema sin solución.

— La vida es lo que nosotros hacemos de ella — digo, aun que mis palabras suenan vacías. Él lo nota y se mofa de ellas, pero no está tratando de ser malo. Yo lo sé.

— A veces sólo quiero alejarme de todo ¿Sabes? — murmura mirando hacia el cielo.

— Sí, lo sé. Sólo agarrar tus cosas e... irte. Empezar de nuevo — suelto un suspiro — Pienso en ello todo el tiempo.

Él no dice nada, sólo asiente.

— Yo también — murmura luego de un pequeño minuto de silencio.

Nos quedamos en silencio por otro minuto. Pensando en la libertad tenemos y en el futuro que no podemos controlar. Hago una pausa, tratando de ver cómo decir lo que estoy sintiendo en este momento.

— No todo es malo... sabes — aclaro mi garganta, está un poco seca — Al menos para mí — me remuevo en el columpio antes de continuar — No todo es agotador e injusto. Te tengo a ti. Hace mi vida... no lo sé... mejor — mis palabras no sonaban vacías esta vez. Clavé mi mirada en mi regazo.

Sentí como se giró hacia mí. Clavó mis ojos en los suyos. El ladea la cabeza, me estudia con su mirada y no evito su mirada escrutadora. Espero su respuesta a mis palabras.

— Bella — él dice mi nombre suavemente. Estoy volando al oírlo — Tú haces mi vida mejor que... mejor.

Siento una pequeña sonrisa en mi rostro. Sé eso. Lo siento. Y realmente estoy agradecida por ello. Le sonrió tímidamente y el me regala una de sus sonrisas torcidas. Mi corazón se agita.

Las luces de la calla se apagan y, normalmente, esta es nuestra señal para terminar nuestro tiempo en el columpio. Sin embargo, ninguno de nosotros se mueve para irse.

Por lo general no nos tocamos. Sólo somos amigos, o lo que sea. Pero esta noche eh decidido hacer algo inusual. Sé, incluso antes de moverme, que lo espantaré a su casa. Pero sinceramente no me importa. No esta noche.

Me estiro y dejó mi mano en la suya. No seductoramente, no con dobles intenciones. Sin expectativas.

Él me mira un momento, y luego nuestras manos. Sonríe un poco y gira su mano tomando la mía en la suya. Nos quedamos en silencio, en silencio y tomados de las manos, durante largos minutos, sólo mirando la calle.

Así... soy feliz.

.

Edward

No estoy seguro de qué hacer con Bella. Qué decir o cómo actuar. Sé que ella se preocupa por mí. Eso es más de lo que merezco, yo lo sé. Así que sostengo su mano. Si eso es lo que compartirá conmigo, entonces lo tomaré.

Ella es increíble y soy afortunado de tenerla en mi vida. Su mano es fría y pequeña. Encaja perfectamente con la mía y eso me agrada. Miro nuestras manos unidas por un momento sabiendo que debo volver a casa y dejarla dormir un poco.

Eso haré. O intentaré, ya que estoy estancado porque estoy demasiado cansado para enfrentar la imagen de mi mamá inconsciente y babeando en el sofá. Pero también porque estoy muy cálido y contento en columpio con Bella. Ella huele como a fressias y me hace olvida la basura en mi vida.

— Va a mejorar, tiene que hacerlo — dice Bella rompiendo el silencio. Ella habla de la vida en general. Envidio su positivismo y deseo pensar de la misma forma en que ella lo hace.

— Lo hará, Bella. Tendrás una vida maravillosa.

Lo digo enserio. Ella es increíble y sé que encontrará una manera de hacer su vida lo más cerca de la perfección posible. Ella lo merece, realmente lo merece.

Ella me mira y esta vez la miro yo también.

Es tan bonita que rompe mi corazón. Su nariz es pequeña, sus labios rosados... sus largas pestañas marrones contrastan con su pálida piel. Suavemente aprieto su fría mano y siento sus pequeños dedos contra mi piel.

Tocarla me hace darme cuenta de lo pequeña que es.

Cuando la miro durante el día parece tan... fuerte. Tan capaz e independiente. Algunas veces olvido que es sólo una chica. Sólo una chica con manos pequeñas y grandes responsabilidades. La miro más de cerca y mi pecho duele. To en ella es pequeño. Pequeño, frágil y delicado.

¿Cómo podía una madre abandonar a esta chica?

El hombre que es mi padre me dijo lo que era la madre de Bella cuando tenía once años. En ese entonces no entendí lo que significaba. En aquél momento era un simple niño. La realidad de la situación de Bella no la noté hasta que tenía trece años.

Él hombre que es mi padre acaba de darme una paliza con una tabla y estaba tratando de no llorar cuando oí un grito. Era de Bella. Mirando por mi ventana vi a un hombre grande y desconocido de pie bajo el marco de la puerta de su habitación. Parecía King Kong, mientras su madre revoloteaba frente a él tratando de proteger a Bella.

Me había dado cuenta que la ventana de la habitación de Bella estaba abierta, así que también había abierto la mía para escuchar a escondidas.

— ¡Ya te pagué! Ahora muévete y te daré el doble por la chica — la voz de King Kong era retumbante y llena de saliva. Asqueroso.

— ¡Retrocede! ¡Conseguiste lo que viniste a buscar así que vete! — la madre de Bella había dicho con voz temblorosa.

— ¡Me iré cuando yo quiera! ¡Ahora, muévete! — El tipo King Kong dio un paso hacia Bella, quien gritó en respuesta. Yo estaba listo para saltar por mi ventana y correr hacia ella, no sabía cómo iba a protegerla, pero lo iba a intentar.

— ¡Fuera de mi casa o llamaré a Peter, tiene chicos que te mutilarán! — gritaba la madre de Bella, que parecía una pequeña hormiga comparada con el hombre gigante. Bella estaba llorando. Yo estaba aterrorizado.

King Kong había dicho cosas desagradables y se abalanzó sobre Bella, tomándola del cabello en el proceso. La madre de Bella desapareció un momento y regresó con un arma. Apuntó y parecía lista para disparar. Entonces King Kong había dejado a Bella y salía furioso de la casa.

La madre de Bella le ofreció disculpas, o alguna otra estupidez insuficiente, y también dejó la habitación. Vi a Bella quedarse en la esquina de su cama, con tres mantas sobre su cabeza, y temblar por horas.

Desde esa noche decidí que Bella necesitaba ser protegida. Y si yo no podía proteger a mi mamá, entonces iba a proteger a la chica de al lado.

La voz de Bella me devolvió a la oscilación del columpio.

— Ambos tendremos unas vidas maravillosas, Edward.

Asiento porque ella quiere que lo haga y porque quiero creerle. Desearía tener dinero, poder o influencias, así podría hacer sus sueños realidad y llevarme todas las cosas malas que atormentaban su vida.

No las tengo, y no puedo hacerlo.

Sujeto con fuerza su mano porque no tengo nada más que ofrecerle.

— Mañana en la mañana ¿Entonces? — murmura, y mi corazón salta.

He estado yendo a la casa de Bella todas las mañanas antes de la escuela desde hace años. Saber que la primera cosa que conseguiré ver en la mañana es a Bella es como logro dormir todas las noches.

— Por supuesto — respondo, porque no me lo perdería por nada en el mundo. Ella también lo sabe.

Me guiña un ojo y soltamos el agarre de nuestras manos. Se siente mal el no tocarla. Es como si una parte de mí muriera o algo. Pero le devuelvo la sonrisa y camino fuera del porche de su casa.

— ¿Edward? — dice llamando mi atención. Sé lo que viene y mi corazón sube a la parte superior de mi pecho en anticipación — Dulces sueños — murmura casualmente, como ha hecho desde que tenemos trece años.

Es imposible y un cliché. Las personas dicen cosas como esas todo el tiempo. Pero esas solas dos palabras que usa me ayudan a superar algunas malditas noches.

Sonrió metiendo mis manos en los bolsillos de mi pantalón.

— Dulces sueños para ti también, Bella.

Me doy la vuelta y cruzó la corta distancia de regreso a mi puerta con una pequeña sonrisa en mi rostro. El marco de la puerta es irregular, haciendo que la retorcida madera de la puerta sobresalga. Mecánicamente tiro la puerta, liberándola del astillado marco y provocando el crujido de las bisagras.

Miro hacia atrás. A través del embarrado césped, la desmoronada roca y el agrietado concreto que nos separa, para ver a Bella entrar a su casa silenciosamente.

Tendré dulces sueños.

O al menos, no voy a tener pesadillas.