Disclaimer: Los personajes no me pertenecen le pertenece a S. Meyer, la historia es de mi total autoridad.
Big Girls Dont Cry.
"Y de ese modo el león se enamoró de la oveja…
¡Que oveja tan estúpida!
¡Que león tan morboso y masoquista!"
Crepúsculo, Stephenie Meyer.
JUEGO
La sala se escuchaba algunos murmullos de la gente, Bella estaba intentando buscar entre las lagunas de su mente, había sido muy sincera con ciertas personas pero no con todas, solo Stephanie sabia la mayoría de las cosas.
-No sabía cuántas habitaciones tenía esa casa, siempre me dejaba en el mismo cuarto, el cual tenía una cama, una pequeña mesa con alcohol, jeringas y pastillas, sabía que todo los días el chico de ojos rojos iba y me curaba, el prácticamente me bañaba, al principio no captaba lo que hacía, él si me tocaba, solo que no de forma sádica, como el resto. Él se tomaba el tiempo para limpiar, el sudor, las lágrimas, el asco de mi cuerpo, la saliva y la sangre, siempre me decía que pomada me echaba, o si algo estaba muy frio o caliente, el me daba calmantes, siempre era la misma pastilla, a la misma hora del día.
›› Él no me hablaba al menos que fuera completamente necesario, un día llevo una barra de algún cereal y me lo dio, recuerdo que llore demasiado al sentir dolor en mi garganta, él dijo que era normal, y que comiera lo más rápido que podía, desde ese día, siempre me llevaba comida, no me alimentaba del todo, pero calmaba el hambre, habíamos creado esta especie de vinculo, de que él me cuidara dentro de la oscuridad…-Bella se cayó mientras tomaba una respiración, tenía sed pero no quería beber agua, aun no se sentía al punto de la desesperación.
›› Este chico no me salvo de las múltiples violaciones, al contrario se quedaba como para hacer más llevadero el proceso, nunca entendí porque estaba allí, o quien lo obligaba a estarlo. Siempre era la misma rutina, y me vi esperanzada en tener algo "normal" en lo anormal. El siempre comentaba algo sobre mis padres, o mis amigos. El intentaba que fuera todo más fácil, pero cuando la noche llegaban las cosas que él hacía en la tarde, se perdía como se pierde una hoja en un torbellino. No sé cuánto tiempo estuvimos así, pero sí sé que fue por mucho, no había un reloj para saber el tiempo, solo con la llegada de él podía crear mi propio 24/7…-suspiro- hasta que una noche…
-¿Lo has escuchado?- la vista de ella estaba fija en lo que se supone seria la puerta, a fuera de esta se escuchaba un monto de gritos, acompañados de cosas estrellándose.
-Maldito…-se escuchó el grito de alguien, Bella se estremeció. Mientras intentaba relajar su respiración. Cuenta, cuenta. Se decía mentalmente.
-te lo dije, te dije que solo fuera un día pero tu quisiste que fuera por más tiempo, ahora el Jefe Swan está buscando a su querida hija golfa por todo el estado, no podemos permitir que agentes federales se incluya en esto…-le grito una voz a otra, y Bella sonrió, su padre si la extrañaba, si la buscaba.
¿Por qué se había tardado tanto? ¿Por qué no llegaba?
-¡Cállate! –Se escuchó un silencio – no, puedo pensar con claridad…-dijo con frustración, Bella intentaba calmar sus latidos, mientras aguardaba con paciencia – llámalo, y dile que hoy le toca, que si no quiere ver a su hermosa hermanita en el mismo plan… ¡llámalo ahora! –grito haciendo que Bella saltara por el grito.
El silencio se hizo largo, tenso y ansioso. ¿A quién llamaron? Se preguntó, sus piernas ya estaba acostumbrada a la tensión, suspiro mientras movías sus dedos agarrotados, el chico de ojos rojos, cuando la limpiaba, también la ayudaba hacer ciertos ejercicios, una vez le permitió sentarse, y había estado a punto de desmayarse. Él le había explicado porque sucedía eso, y se sintió un poco en casa, como cuando Edward le explicaba algo meramente científico, que incluyera con la evolución del cuerpo humano, y a veces lo admiraba, amaba esa conversaciones. Sabía que él iba hacer igual que su padre, un médico importante.
Bella no supo cuánto tiempo, trascurrió desde que escucho aquella conversación, la música que siempre colocaba no había sido colocada aquella vez, mordió sus labios con nerviosismos, movió sus dedos tanto manos como pies, y recordó la vos suave y ronca de chico de ojos rojos. Una vez le pregunto cómo se llamaba y le había dicho que "León" pero ella sabía que ese no era su nombre.
Bella esperaba que algún día, él la sacara de ese asqueroso lugar, pero sabía bien que eso no pasaría, no porque él no quisiera, sino porque había cosas que no se puede cambiar. La puerta se abrió, Bella había aprendido a odiar y amar aquel sonido, era algo rechinante y patoso. Sus ojos enfocaron una máscara, la misma de siempre.
-Hola pequeña golfita –dijo uno de ellos, Bella no dijo nada, sus ojos estaba posado en el chico del medio, tenía la mirada agachada, como si estuviera, avergonzado. ¿Qué sucede? Se preguntó, mientras recorría la habitación en busca de algo negativo –hoy, vamos a jugar un poco no. –la risa perversa del de ojos amarrillo era la que Bella más odiaba, había aprendido que él era el jefe, el siempre daba un orden y siempre se cumplía, todos le temía.
Con el tiempo había aprendido a reconocer las voces de cada persona, de la misma forma que podría reconocer el cuerpo de cada uno, había tenido que observarlos muchas veces hacerle algo meramente asqueroso; se estremeció cuando vio como algunos chocaron los cinco, otros empujaba a León, y otros simplemente sonrieron. ¿Por qué diablos disfrutaba tanto de eso?
-Hoy, mi queridos amigos, vamos a dedicar a jugar con nuestras querida ovejita –dijo el Búho, por alguna extraña razón el me recordaba más a ese sabiondo animal – todos elija algún juguete de los que está en la mesa –Bella miro rápidamente la mesa, ¿en qué momento pusieron eso? ella vio con horror como León, elegía uno también. Su respiración se hizo forzosa.
Se quedó mirándolo, como si lo viera por primera vez, como si la agonía de sentir, que todo era un sueño, pero ella solo lloro; muchas veces él nunca se movía de su lugar, León solo se quedaba como una hermosa estatua griega, observando como eso seres la dañaba. Y ella respetaba eso, respetaba que él no la violaba, respetaba que fuera una especie de "caballero" pero ahora ver, que el participaría hoy, era como una bofetada a su esperanza, una que había comenzado a tener.
León, no la miro en ningún momento, ni siquiera cuando comenzaron los juegos. Bella estaba tensa, eso hacía que los castigo fueran peores, y cada día su violadores se volvía más creativos, a la hora de aplicar algún castigo, también se había dado cuento que golpearla era su forma de tortura preferida, sabía que su espalda tenia marcas enteras de latigazos, había descubierto una marca en su tobillo derecho producido por las cuerdas.
Su respiración se atascó, y se había dado cuenta que era por el dolor, algunas veces no pensaba en ello, no pensaba en el dolor que eso tipos proporcionaba. Intentaba pensar en lo que sería su vida si no estuviera allí, quería creer que tenía el suficiente valor para confesarle su amor a Edward, decirle cuanto lo amaba y que no había cosas más importante en su vida que no fuera el, pero todo eso no pasaría. Ella podía oler la muerte, la oscuridad rodearla, gimió de dolor, sintió como algo un poco puntiagudo la atravesaba, no quiso mirar, no quería hacerlo no era necesario.
¿Hasta cuándo la iba a tortura? Pensó mientras contaba mentalmente los latidos de sus corazón, las lágrimas recorría su mejilla como un rio.
-Abre los ojos –dijo la voz ronca de alguien en la sala, y Bella con miedo los abrió, seguía siendo el mismo número siempre, ocho. Ocho hombres con capuchas, ocho pares de lentillas de diferentes colores, ocho hombres desnudo en ese cuarto si una ventana, ocho seres crueles sin alma. Trago grueso mientras veía como el líder empujaba a León, este tenía en su mano una especie de cuerda, se veía un poco suave pero simplemente ella no quería pensar en lo que podía hacerle con ella.
Sus ojos rojos, estabas torturados por alguna situación en específica, eso hizo que tragara por segunda vez grueso, y tenía sed, ese tipo de sed que te da la desesperación, necesitaba beber agua, necesitaba respira, necesitaba que su madre le abrazara y le dijera que fue una pesadilla, o que su padre me dé de beber su té, o que Carola le diga que todo fue producto del señor tenebroso.
-Es toda tuya hermano –dijo el Búho empujando al León, él la miro como si quisiera decirle un monto de cosas, pero la verdad es que ella no podía entenderle, la vista de Bella estaba borrosa por milésima ves desde que está metida en esa cueva, llena de lobos salvajes. Escucho una respiración muy honda seguido de un gruñido, él se acercó y con toda la delicadeza que podía quito las cuerdas de sus brazos, y la alzo en ese cliché estilo de novia.
Camino unos pocos pasos hasta la cama y con la cuerda le amarro los brazos a los barrotes de la cama, lo mire asustada. ¿Qué pensaba hacerme? ¿Por qué entre todas las persona tenía que ser él?
-no…no…-le dije en mi clásico nuevo lenguaje. La tartamudez se había comenzado a convertir en la nueva mejor amiga de Bella, cada vez que intentaba hablar sonaba aquella repetición–po…po…po…-dijo llorando mientras él la miraba, se podía ver algo de ¿dolor? En sus ojos; Pero ella no podía distinguirlo su desesperación por que él no la dañar, hacía que se moviera con brusquedad, sus manos la sujetaron para que dejara de moverse, cada segundo que dejaba pasar lograba que se pusiera más nerviosa, y él se acercó más que lo demás.
Lo demás tendía a besarla, besarle el cuello, las mejillas, besar cada parte infinita de su piel, cada dedo cada fibra había sido marcada por eso maldito sin corazón. La piel de Bella estaba marchita y manchada, su cuerpo antes blanco liso, tenía pequeñas marcas de color moradas y muy rojizas, las cuales León tenía que limpiar para que no se infectara. Bella respiro, necesitaba respira. Cálmate, él no te hará nada. Pensó.
Cada vez que él se movía ella también movía, y de repente le entro la desesperación, no quería que el la tocara, ni él ni nadie, los odiaba, era unos malditos, los despreciaba, quería asesinarlos, quería quemarlos vivo, los odiaba, los odiaba, los odiaba…
Y comenzó a moverse con brusquedad de nuevo, sabía que se hacía daño, sabía que estaba sangrando, pero no le importo, tomo todo su esfuerzo, golpearlo, o hacer algo como golpes, sabía que le dolería luego, sabía que la castigaría, pero nada le importaba, grito, una y otra vez, su garganta lloro por el dolor, pero siguió gritando, grito hasta que sus pulmones se quedaron sin oxígenos, siguió gritando incluso cuando uno de ellos le cacheteo, y la amarraron para darle una vuelta con brusquedad y sus brazos quedaron cruzados de una forma que hacía que le doliera.
-HAZLO POR UNA MALDITA VES –grito el Búho enojado, y luego se escuchó un golpe en seco y alguien cayéndose, sollozo de forma baja, no quería que la escuchara, mientras intentaba moverse, sintió un fuerte jalo de cabello, y cerro sus ojos, luego vinieron los besos, besos asquerosos en su cuello, en sus hombros, en su columna, y de repente sintió un latigazo en sus piernas.
-¡Déjala! –le grito enojado León, y si algo había aprendido durante todo este tiempo Bella era reconocer su voz a kilómetros de distancia, muchas veces pensaba que era Edward, pero sabía que él estaba lejos de donde ella estaba. Tal vez él estaba follandose a la estúpida de Tanya, o tal vez no. Ella no tenía una respuesta para ello, tampoco quería pensarlo. Las manos de él acariciaba su cuerpo, sus dedos rozaron el contorno de los resecos senos de Bella, su cuerpo se estremeció del asco.
Sus dedos siguieron un camino y a ella le dolía donde tocaba, y él se dedicaba a darle suaves besos por donde se suponía que su dedo recorría, todo era confuso, todo le daba vuelta, el asco volvió a ella acompañado con otro sentimiento, ¿Por qué me siento cuidada? Él te está violando. Grito una voz en su cabeza que la hizo llorar.
-Relájate –fue lo que dijo mientras sus manos se iba directo a las caderas de ella – por favor, cierra los ojos-le susurro en el odio, de una forma tan suave y baja que pensó que era un sueño – y piensa en cosas felices, eso… te eleva –dijo recitando la frase que Peter Pan le dijo a Wendy; y ella le hizo caso cerrando sus ojos, dejándose llevar al País de la Oscuridad.
Bella agarro el agua y bebió un trago grande, mientras sentía las taquicardias de su corazón, conto en su mente, se había pasado de las 500, normalmente era lentas, pero se había vuelto rápidas, intento contar, contar había sido una forma de ayuda. Inconscientemente se pasó una mano por las muñecas, y las miro como si esperara algo, tenía una pequeña línea de dos cm era producto de las marcas.
Tomo una respiración, nadie podía lastimarla ahora, sabía defensa personal, sabía manejar una pistola, sabía cómo noquear alguien en menos de 10 minutos, ella era fuerte, era una heroína. Trago grueso mientras miro a Katy, y pensó que estaba haciendo el ridículo. ¿Qué le importaba a toda esa gente saber de ella? ¿Qué mierdas les importa? Pero la pregunta era ¿porque se los estoy contando?
-Después de ese día, las cosas fueron empeorando…-dijo ella con voz monótona – no se conformaba con jugar con cierto juguetes sexuales, pedía más, quería más, se obsesionaba por mas, Búho obligaba siempre que podía León hacerme algo, creo que eso le daba placer, le excitaba eso. Era asqueroso, muchas veces lo graba, otras tomaba fotos y otras veces simplemente se quedaba viéndome, recuerdo una vez que se dedicaron a solo producir dolor, no placer. Nunca era placer, aprendí a diferencia el placer con el dolor.
›› Una vez sentí placer, fue solo una vez, estaba demasiado cansada de luchar, demasiado cansada de gritar, de esperar, fue la única ves que nadie espero que hiciera algo, creo que hubo una especie de complicación. Porque todo mis violadores había estado desesperando y gritando, recuerdo que León llego, y se quedó mirándome en una silla que había colocado días anteriores para uno de los muchos juegos. El solo me miraba, esperando algún movimiento de mi parte, pero yo estaba marchita. Estaba destruida y acabada, y sus ojos; Rojos siempre rojos sangre, me miraba de diferentes tipos de emociones…-rio sin ánimos –solía decirle bipolar…
Sus ojos rojos estaba mirándole fijamente, aun se podía escuchar gritos a fuera, pero ella no se atrevía preguntar, aunque la curiosidad la mataba, el soltó un suspiro y cerró la puerta con el seguro, y luego camino hasta donde estaba Bella y desamarro, desde hace más de una semana que ninguno de los dos hablaban, si es que hablaba. Él solo se limitaba a pedirle disculpas y curarla, estuvo así durante cuatro días seguido, en el quinto se rindió. Bella había perdido la noción del tiempo, y sabía que había pasado muchas semanas desde que llego a ese lugar. Algunas veces el comentaba algo sobre su familia, pero eso se hacía tan lejanos. Se vio preguntándose una vez más, si ellos les extrañaban como ella a ellos.
El comenzó a masajear sus brazos y pies, dándole un suave masaje, chilló de forma suave, pero salió ronco, sin tono, sin voz. El la miro con tristeza, y masajeo su cabeza, haciendo que Bella cerrara los ojos esperando algún golpe o empujón pero no hubo nada, ella podía sentir su respiración a centímetros de su cara y luego sus dedos en su cuerpo.
-Eres tan hermosa…-dijo suavemente, mientras sentía sus labios por toda su cara, era suaves y delicado, dejando pequeñas corrientes en su cuerpo. ¿De dónde conocía esa sensación? Sus dedos recorrían cada cosa de ella. ¿Qué era ese sentimiento?
-¿Qué…que...que...-respire abriendo aquellos ojos marrones, estaba nerviosa, nunca había sentido tantas cosas por una persona que no conocía, ¿y por eso la molestaba? Los ojos rojos de León la miraban con un sinfín de emociones, Bella trago grueso pensando en todas las posibles emociones que podían sentir. Eso era tortuoso y estúpido, pero quería hacerlo, quería estar así con él. ¿Y dónde quedaba Edward? Pensó una voz en su cabeza y eso la hizo inquietarse más de lo normal- …haces?-dijo terminando la frase intentando no parecer patética, y él sonrió, o eso quiso creer su capucha no me dejaba ver más allá que de sus ojos y sus labios.
-Quiero curarte…-dijo mirándole con delicadeza y siguió un recorrido de suaves besos, masajeo cada parte de su cuerpo y se dedicó a "curarla", realmente al principio sintió que su cuerpo era trasportado a una nube. Sus ojos rojos siempre rojos, la miraba y decía frases que no podía escuchar, besaba su piel mal trecha, herida, nunca la dejaba verse en un espejo y siempre se lo agradecía, sabía que no estaba hermosa y mucho menos bella.
Bella tenía moretones, hematomas y muchos cardenales, sin olvidar las múltiples heridas hechas por eso desgraciados, pero ella siempre se limitaba en no dejarse ir; A no pensar mucho en ello, estaba dentro de un hoyo negro en el cual no existía oscuridad ni esperanza. Sus manos estaba en todo su cuerpo, y yo necesitaba pensar lejos de aquí, necesitaba buscar una luz para seguir adelante.
Sentí como colocaba sus manos pesadas y casadas en su cuello, y beso cada parte de mi cuello, bajando por mis hombros, sus labios volvieron a los de ella y se besaron. Fue un beso agridulce, sus sabor era mentolado, sus manos se pegaba más a él, y sus narices se rozaba y ella se rio. Simplemente se reí, él se separó y me miro, sus ojos tenía un brillo raro.
-¿Qué sucede?-dijo preocupado.
-Solo…solo…-se caya porque no tiene nada que decir, los ojos de ambos está mirándose, adivinado lo que el otro piensa y de repente Bella se sintió estúpida por reírse en un momento como aquel, y no pudo evitar las ganas de llorar.
-Hey no…-dijo al parecer había cantado un poco sus emociones - ¿dime como te ayudo?-dijo colocando su frente en la ella, y haciendo que Bella soltara un suspiro.
-sa…sa…ca…ca…me de…de…de…aquí…-dijo llorando y la abrazo fuerte, y no dolía, se sentía como que ya nada podía dolerle, y solo quedaban sus odiosas lágrimas de niña.
El silencio se hizo tenso, mientras ella solo sollozaba él la consolaba. Se quedaron en silencio, él la acurrucaba a su cuerpo, no supo cuánto tiempo paso, pero sé que pudo relajarse un poco. Sus ojos rojos la miraban de tantas formas distintas.
-¿Crees que pueda correr?-dijo algo pensativo, haciendo que Bella alzara una ceja, apenas podía moverse, pero asintió con un poco de dolor en el cuello – bien…-dijo como si eso fuera todo, para luego besarla, esta vez era diferentes, y no lo entendía tampoco esperaba entenderlo – sabes…-dijo mirándole – se supone que debería haberte hecho distinguir entre lo que es el placer a lo otro…-dijo no muy convencido, haciendo que ella lo mirara fijamente- pero simplemente tu siempre haces que me olvide de cosas, espero Bella, que algún día puedas perdonarme. –sus ojos rojos un sentimiento que me ponía nerviosa y era: arrepentimiento, eso hizo que tragara grueso.
El silencio fue mucho más tenso, se levantó y se arregló la ropa, camino hasta la puerta, ella pudo contar 20 latidos de su corazón antes de que se volteara, y le dedicara una sonrisa, o eso quiso creer.
-Siempre serás mi fresita…-y esa última palabra me inquieto antes de irse. ¿Quién la otra persona que me decía así? Pensó sin poder recordarlo del todo.
-¿Qué sucedió después?-dijo Katy si ocultar su curiosidad, trago grueso mirando a Bella, nunca había visto a nadie perderse como ella, y sentía que tal vez aquello de contar la historia fuera algo descabellado, pero ella era una investigadora y le gustaba siempre intentar salvar a las personas o informar.
-Fue confuso…-admitió Bella mirando a todas partes y luego a Katy – me dieron el día libre –rio por el chiste y muchos la siguieron – ese día, nadie se acercó, creo que León lo presenciaba y por eso me libero de las cuerdas, esa noche me permitir desplazarme por la cama, pude levantarme y me caí muchas veces, fue como cuando eres un niño y quieres caminar…-dijo explicándole a Katy y esta asistió – así que hice todo esto ejercicios, no dormir, sentía que me había dado esta libertad, esta libertad de moverme todo lo que pudiera, obviamente intente abrir la puerta estaba cerrada no quise intentarlo de nuevo, por miedo a que me amarraran.
›› Recuerdo que camine hasta la mesa y con dificultad miraba todo lo que había allí, recuerdo que la jarra estaba llena de agua, y me atrevía beber de ella, me la bebí toda, no deje ni una gota, tenía sed, me dolía el cuerpo, pero quería estar de pie, me dolía las piernas ella temblaba, pero necesitaba eso, por alguna extrañaba forma mi corazón me decía que se acercaba la hora.
