Hola...!
Ja ja ja ja ja ja ja Pues lo primero, DISCULPAS ES LO QUE TENGO QUE PEDIR, lo que paso es que, al corregir el nombre de Palm a Prim se me olvidó guardar los cambios... ji ji ji j ijiji... SO SORRY... pero bueno... hace dias revisé los Review y tenia solo siete :o me sorprendió de verdad leer más comentarios, que bueno que les guste y bueno, no MOLESTO mas y les dejo el siguiente Capitulo... y a ponerme a seguirle a la Historia, muchas gracias por todo y sin mas... les dejo saludos... adiós.
Capitulo3
And when he saw her raised for the slaughter Abraham's daughter raised her bow
"How darest you, child, defy your father?" "You better let Isaac go"
(Y cuando él la vio ofrecida para el sacrificio La hija de Abraham levantó su arco
"¿Cómo te atreves, niña, a desafiar a tu padre?"
"Más te vale que sueltes al joven Isaac")
Había una vez, en un tiempo muy, muy lejano, donde el hambre, la crueldad y la avaricia, se habían unido en un solo hombre, el cual, con todos esos defectos dentro de su cuerpo, vio en una chica, la oportunidad de perder todo lo que había ganado con el tiempo, el sufrimiento era la marca que él, como el asesino que era, dejaba como su firma personal, marcada en cada uno de sus víctimas, las cuales se habían vuelto incontables, el valor que se le dio a cada lagrima que toda su gente derramaba por las pérdidas a causa suya, eran incalculables e invaluables…
Su nombre era Snow.
Con su cabellera blanco, un color puro, que en creencias de algunas partes del mundo significaba la mescla de todos los colores, pero para aquella gente que vivía a sus órdenes, el color que él representaba con su cabello largo e inmaculado, tenía un solo significado…
La ausencia de vida, de color…
Ausencia… de todo.
El Juego ha comenzado; su voz había retumbado en la pantalla, volviéndose eco que emanaba de las bocinas de cada televisor que estaba encendido en cada rincón de los doce distritos…
Todos obligados a ver como veinticuatro chicos de todas las edades y alguno que otro adulto, se asesinaban cruelmente y sin piedad, la sangre salpicando sobre la húmeda hierba verdosa, los colores se mesclaban unos con otros, la tierra se empapaba de sangre…
Y todos comenzaron a refugiarse en el bosque, Snow sonrío al ver a cada mocoso o tributo entrar entre los árboles, intentando ocultarse, se burlaba de ellos por qué él sabía lo que iba a ocurrir en el preciso momento en que pusieran un pie dentro de esos terrenos, no tenían ni la más mínima idea de los horrores con los que iban a encontrarse en aquel sitio alejado de la luz…
- Su primer y fatal error… que lastima, estaba seguro que iba a convertirse en una hermosa señorita…- susurró mientras veía a una joven caer inerte, sus arrugadas manos se aferraban al barandal, sus ojos azules puestos en la gran pantalla, mientras tres pares de ojos le miraban de soslayo.
Pronto iba a pagar.
Snow tenía una enorme deuda con la humanidad, un gran adeudo que no podía ser pagado ni con el más hermoso e invaluable diamante, la vida de cada una de esas personas que había muerto por su culpa era una condena aún mayor para el anciano, muchas cosas iban a serle cobradas a ese hombre y mucho era el dolor que cada uno de los habitantes de los doce distritos era lo que iban a causarle…
Solo tenía que darles una oportunidad, la cual no pensaban desaprovecharla.
Una pequeña niña de largo cabello castaño salió corriendo hacia las maletas que se encontraban justamente frente a la cornucopia, tenía que conseguir una a toda costa a demás de un arma, no importara lo que pasara con los demás, ella tenía que aferrarse a la vida…
Extendió su blanca, delgada y pecosa mano hacia la mochila, estaba a un paso de tener algo para ella a lo que aferrarse y sentirse segura, algo con lo que iba a proteger lo más valioso para ella, su vida…
Pero a pesar de ser una chica con una inteligencia más alta de lo normal en un niño de su edad, la fuerza y las habilidades eran lo que importaban en ese sitio, si no poseías nada de eso, la inteligencia no valía nada…
Los televidentes se estremecieron al ver a la chica del distrito cuatro caer al suelo con pesadez con un hacha clavada en su cabeza proveniente de las manos del muchacho del distrito tres, este, con su rostro desencajado, se acercó a su víctima, tomó el arma y la mochila, nunca dejó de mirar el cuerpo inerte de la pequeña a la que había asesinado…
Una vida apagada…
Y unos padres desconsolados…
¡Dios, tan solo era una niña!
Una niñita que nunca conocería el llegar de la adolescencia, el sentimiento del primer amor, nunca tendría su primer beso, jamás se casaría ni tendría hijos…
Su madre al menos bendijo eso, que su pequeño ángel no tuviera que pasar por lo que ella estaba pasando en esos momentos, su marido no dejaba de temblar, ahora, lo único que le quedaba a la pareja, era rezar por su alma y por la de los demás tributos.
Las explosiones en el cielo se podían confundir con fuegos artificiales, y al igual que estos, su sonido se iba apagando igual como la vida de los tributos, poco a poco, los segundos denotaban festejo de algún evento en especial, algo que dejaba sorprendidos y con una sonrisa a alguien…
Los primeros, también dejaba sorprendidos y también indicaban algún evento, pero este, en lugar de dejar atrás enormes sonrisas en sus espectadores, lo único que quedaba eran llantos desgarradores y demasiado sufrimiento…
Y los veintitrés tributos restantes continuaron masacrándose unos con otros, cada vez era la menor cantidad de participantes obligados a participar en aquella zona de guerra, las explosiones comenzaron a sonar seguidamente, mientras las imágenes de las victimas asesinadas se juntaban en el cielo…
Nadie podía escuchar los gritos de los demás familiares de aquellos que habían sido arrastrados a la academia de hambre, ningún distrito conocía el sufrimiento del otro, solo podían imaginarse lo que los padres podrían estar sintiendo…
Cayó el distrito cuatro, luego el cinco y siguió el siete…
Todos ellos los niños más jóvenes, la primera había tenido diez años cumplidos ese día, el segundo y el tercero once años respectivamente…
Continuaron cayendo y eso que ni siquiera había pasado un solo día…
Lo peor de todo, es que Snow había cancelado la participación de los patrocinadores, que, muy a pesar de que estos se negaban siquiera a alabar los juegos del Hambre, ni siquiera podían enviar una pequeña ayuda para aliviar su dolor… de darles a entender que los apoyaban y darles notas de condolencias o de apoyo…
Snow se había vuelto más cruel de lo que cualquier humano era posible llegar.
Pero lo que sobrepasaba el límite de la crueldad no quedaba ahí, sino las criaturas horripilantes que el presidente de Panem les hacía llegar, aquellos mismos monstruos que crecían dentro de los sueños de Katniss, eso era lo mejor, para Snow claro…
Que las bestias que se encargaban de asustar, perseguir y finalmente asesinar a los tributos y demás espectadores, provenían de ella…
La chica en llamas.
Katniss se encontraba frente a un oscuro bosque, no lo reconocía porque la noche se encontraba abrazando el cielo celeste con su manto estrellado, sus ojos grises recorrían con la mirada todo a su alrededor, se encontraba en medio de un gran campo abierto, podía sentir la hierba mojada bajo sus pies descalzos, el viento soplaba, meciendo sus cabellos sueltos y su vestido azul claro…
Miró de un lado a otro, intentando comprender que era lo que hacía allí, necesitaba encontrar a su hermana Prim lo más pronto posible si no quería que a esta le diera un resfriado o muriera de hambre, dio un paso al frente, ocasionando que el viento se volviera violento, la castaña se cubrió el rostro con el ante brazo, comenzó a andar hacia el frente, en algún lado del bosque Prim tenía que estar…
No detuvo sus pasos a pesar del enorme frío que cubría su cuerpo, nada iba a detenerle ni siquiera esa enorme criatura que se encontraba frente a ella…
Sus dientes desalineados terminaban en una perfecta punta, de su hocico goteaba una gran cantidad de baba, Katniss se estremeció de pies a cabeza al ver al enorme muto inclinarse frente a ella, sus enrojecidos ojos la mantienen en su flanco de ataque…
Iba a morir…
El lobo mutado salió corriendo hacia ella, Katniss soltó un grito de horror y Salió a toda prisa hacia el lado opuesto, la chica en llamas sentía el miedo emanar de cada poro de su cuerpo, era inmenso, tan desesperado y a punto estuvo de llorar, cuando vio a Prim en la lejanía, sus trenzas doradas danzando junto con el viento, su mirada puesta en ella, vestida con la misma ropa que había llevado puesto el día de la cosecha…
Patito…
Sonrío al verla esperando por ella, pero el miedo volvió a su cuerpo cuando escuchó los gruñidos de la gran bestia muto que le perseguía, Katniss se estremeció de pies a cabeza en el preciso momento en que tropezó con una rama, el golpe que se dio en el pecho fue intenso, pero más doloroso había sido al ver al gran lobo mutante saltar sobre ella y seguir su camino….
- ¡PRIIIIIIIIIIIIM! – gritó su nombre para alertarla de lo que estaba a punto de pasarle, pero su hermana no movió ni un solo dedo de su cuerpo, los ojos grisáceos de la chica en llamas se abrieron anonadados al ver cómo la pequeña y delicada niña, era levantada dentro del gran hocico del animal, su cuerpo ejerció presión contra los colmillos de la criatura absurdamente grande, las miradas de las hermanas estaban una fija con la otra, Katniss intentó ponerse de pie, pero una lianza llena de espinas comenzó a enredarse en sus piernas, la chica en llamas ni siquiera volteo a ver lo que la mantenían prisionera contra el suelo, su atención estaba puesta en su hermana, la cual continuaba atrapada en la boca de aquel animal…
Y ella no hacía nada por defenderse, por proteger su vida; Katniss se alarmó aún más cuando vio los chorros de sangre que brotaban de entre los afilados dientes del muto, seguramente era Prim la que estaba sangrando a chorros a causa de los colmillos clavados en todo su cuerpo…
- Te amo Katniss… no lo olvides nunca…- escuchó la tierna voz de su hermana pequeña antes de ser alejada por la bestia mutante dentro de aquel oscuro bosque… las lagrimas hicieron su acto de presencia en la muchacha mayor, lagrimas que eran como navajas cayendo por sus mejillas, cada una lastimándole profundamente…
Peeta y Cato encabezaban el grupo de exploradores, si así se le podía llamarse a lo que sea que fuera o significara su alianza.
Rue alargó sus pasos hasta llegar a lado de Peeta, había muchas cosas que quería saber y que por falta de tiempo de vida, no había podido ver con sus propios ojos.
- ¿Qué pasó con Katniss y tú cuando ganaron los Juegos? – preguntó la chica de tez morena, Peeta no volteó a verla, sus ojos estaban puestos en el horizonte, pero cierta mirada azul estaba puestos en Rue.
- Fuimos llevados al centro del Capitolio, se nos hicieron cientos de entrevistas y degustamos de mucha comida, tanta comida que nunca habíamos visto en nuestras vidas, yo comí como un cerdo, pero Katniss simplemente se dedicó a perderse dentro de su mente… cosa que comenzó a afectarme, Haymitch y yo hicimos todo lo que pudimos para hacerle pasar por buenos momentos después de los juegos… pero nada funcionó, Katniss, para darnos gusto, siempre tenía una sonrisa en los labios, una sonrisa tan falsa como lo era el ambiente en la zona del hambre…- Peeta se detuvo, todo el grupo estaba prestándole atención mientras caminaban con sigilo para no ser descubiertos, sin saber que atreves del interlocutor que todos ellos tenían prendidos de un oído, Cinna y Haymitch podían escucharlos…
- ¿Qué pasó después? – fue el turno de Thresh de preguntar, Cato le lanzó una mirada de soslayo, cosa que el chico del distrito onceavo no detectó.
- …ella estaba cada vez más sumergida en su tristeza, pero era cosa que no podíamos evitarlo, incluso yo estaba muy deprimido, habíamos visto mucho dolor, asesinamos, perseguimos y fuimos cazados por la muerte durante la semana de los juegos del hambre…pero todo empezó un año después…- Peeta soltó un suspiró resignado, por qué sabía lo que venía, Cinna y Haymitch no lo habían dicho por respeto a su persona, pero de igual manera iba a contarles por mas dolor que eso le causara.
- ¿Vas a contarnos o tenemos que esperar a que Cinna y Haymitch aparezcan…? – preguntó Clove un poco molesta.
- Clove… no empieces…- intervino Glimmer, ambas chicas guardaron silencio y continuaron con su camino.
- … Katniss y yo recibimos una carta del Capitolio exactamente un año después de la cosecha en la que fuimos seleccionados para los juegos del hambre, yo me dedicaba a la panadería junto con mi familia y Katniss siguió cazando en los bosques… cuando supe que me requerían en la comisaría del distrito, supe que algo andaba mal, mis sospechas fueron afirmadas cuando vi a Katniss sentada en la oficina del supervisor… - Peeta había ignorado a las dos muchachas olímpicamente para seguir narrando lo sucedido.
- ¿Qué pasó después? ¿Qué le hicieron saber después de ser llamados? – preguntó Cato mientras miraba a Peeta de soslayo y juagaba con las espadas con sus dedos.
Peeta no respondió al instante, sino que esperaba que la voz no se le quebrajara al decir lo siguiente, aquello era lo más difícil que había vivido después de haber ganado los malditos juegos del hambre…
- Katniss y yo…-empezó a decir.- Katniss y yo…
Haymitch se acomodó el chícharo en su oído, Peeta jamás le había contado respecto a aquel día en que él y Katniss habían sido convocados una vez más a los juegos del hambre…
- "…Katniss y yo fuimos llamados una vez más para los juegos del Hambre…" – dijo al fin el muchacho.
Cinna, quien también había estado ahí, pudo escuchar varios susurros en el preciso momento de haber escuchado aquella noticia, pero nadie dijo nada en concreto.
- Yo me negué rotundamente, pero las ordenes de Snow o más bien la amenaza del presidente de Panem, había sido que si nos negábamos, sería culpa nuestra que los demás distritos fueran castigados por rebelarse, sobre todo el onceavo que había armado una revuelta después de la caída de su tributo seis años antes… tú, Rue…- señaló el muchacho, la morena y Thresh simplemente se sorprendieron…
- … yo seguí negándome a volver al infierno en vida, pero Katniss había cambiado de opinión a pesar de no haber dicho nada, pero afirmó su participación cuando el representante de Snow había nombrado una vez más a Prim… ese fue la razón por la cual Katniss aceptó volver a los juegos del hambre…
Después de un corto periodo de silencio, Peeta relajó sus anchos hombros y comentó a contar lo sucedido una vez más…
- Para eso yo ya no podía continuar a rechazar las ordenes, no podía dejar a Katniss ir a allá sin mí, tenía que protegerla, acompañarla en su dolor… y fue así cómo regresamos a los partidos de muerte… el conteo resonó en nuestras cabezas a pesar de no ser tiempo, cuando estuvimos en ese campo, le volví a mirar y negar que se acercara a las maletas y las armas… todo pasó casi igual cómo la primera vez, a excepción que en esta no había ningún grupo de profesionales… Katniss no conoció a Rue ni yo me alié con Cato para asesinarla… la sangre regresó para salpicarnos, asesinamos, perseguimos y recibimos apoyo de los patrocinadores… pero esta ocasión fue diferente, por qué al volver a ganar los juegos del hambre, Katniss declaró la guerra al Capitolio y yo la apoyé desde un principio, la gente aceptó la rebeldía y la siguió…
Cato, con los ojos bien abiertos y sus oídos atentos, intentaba procesar aquella información, el muchacho de gran altura no podía creer que se hubiera perdido de aquello, apretó las manos en contra del mango de las espadas, si él hubiera vivido lo suficiente hasta ese día, hubiera aceptado encantado pelear en contra del Capitolio, después de todo, los del distrito dos habían sido entrenados para la lucha…
- Todo iba de acuerdo al plan hasta el día en que los soldados de la paz nos encontraron a mí y a Cinna, íbamos a reunirnos con Haymitch y Katniss para dirigirnos al distrito segundo y buscar su apoyo en contra del presidente Snow, pero fuimos emboscados por las patrullas, Haymitch peleo contra los soldados al igual que los demás, pero Cinna obligó a Katniss y a mí a escapar, pero estábamos rodeados, nada podíamos hacer y yo no podía permitir que capturaran a Katniss… fue entonces que Cinna y yo nos sacrificamos por el bienestar de ella, Haymitch, muy en contra de lo que ella pedía, que era quedarse a nuestro lado, se la llevó…
Peeta suspiró cuando escucharon la voz de Haymitch por el transmisor…
- Quedan solo diez minutos para que Snow pueda verlos en su maldita pantalla… no quiero asustarlos ni nada por el estilo, pero aún quedan veinte muchachos en el terreno del hambre… esto aún no acaba, chicos… Cinna y yo no volveremos a comunicarnos con ustedes, pero trataremos de infiltrarnos en las instalaciones de Snow para poder enviarles de contrabando algunos objetos necesarios, sin más… les deseo lo mejor…- y la comunicación se cortó con el sonido de la estática…
Estaban solos a partir del momento en que el tiempo que se les fue asignado, llegara, y aún faltaba un buen tramo para si quiera poder comenzar con su viaje que era ir tras Katniss…
- Mellark… ¿Qué sucedió después? – preguntó Cato, haciendo que las palabras de Haymitch no tuvieran tanta importancia, Peeta volteo a verle mientras se detuvo, todos hicieron lo mismo.
- Resumiéndolo todo, fui capturado junto con Cinna, ambos sufrimos por tortura tanto física como psicológica, Snow hizo que me lavaran el cerebro haciéndome creer que la rebelión entera fuera mi enemiga, Katniss incluida… hasta ese día, cuando ella desapareció por salvarme la vida… nos encontrábamos a las afueras del establecimiento gubernamental de Panem, estuve a punto de matarla sin saber que ella era lo más importante que tenía en mi vida… fue cuando quedé inconsciente…- Peeta apretujó la lanza que llevaba en manos con mucha fuerza, Clove vio su fuerza ejercida en ello, en las venas marcadas en todo su brazo.
- Cuando desperté me encontré con Cinna, Haymitch y una muy mala noticia…- Peeta levantó la mirada y se encontró con Cato.
- Ella desapareció y no la volvieron a ver ni saber de su paradero hasta hoy en día ¿no es verdad? - la hipótesis de Cato era correcta, Peeta no tuvo que responder a aquello por qué los demás ya sabían el resto, de lo que había pasado con Katniss respecto al asunto con Peeta.
- Es mi obligación traer a Katniss de regreso, no me importa si muero, pero uno de ustedes tiene que sacarla de aquí… ¿comprenden? – Cato entendió perfectamente aquella indirecta directa, ese comprenden iba directamente para él… no sabía él porqué, pero algo le decía que la tragedia que había sucedido años antes con ellos, estaba rondándoles una vez más.
- Entendimos a la perfección…- habló Foxface mientras sonreía tiernamente, Peeta entonces la recordó muerta, por más esfuerzo que hacía en no hacer volver esas imágenes de esos seis personajes inertes, era inevitable…
- Gracias, significa mucho para mí…- susurró mientras continuaba su camino.
Y ellos le siguieron, fue Cato quien se mantuvo a su lado como su igual, por alguna extraña razón el joven de ahora veintidós años (al menos esa la edad de su cuerpo), se extrañó de no haber escuchado ninguna explosión desde hace un buen rato, tal vez y esa fuera una buena señal para ellos o quizá no…
- Alguien viene….- susurró Clove mientras hacía señales para ocultarse tras las ramas, todos le siguieron, intentando pasar desapercibido tras los primero que vieron…
Peeta se preparó para lo que fuera que se les viniera encima, no importara lo que importara, tragó en seco y agudizó la mirada…
- ¡Va por allá, no dejen que escape! – el grito era de un chico, su voz denotaba liderazgo y que la adolescencia lo había alcanzado ya, Cato se estremeció al ver a un muchacho pelinegro salir de entre los árboles pero no antes de visualizar a una chica pelirroja, esta intentaba escapar del grupo que iba tras ella, sollozaba a más no poder y temblaba de pies a cabeza, lo único que ella quería era volver a casa…
- ¡Por favor, No, piedad…Piedad….! – gritó mientras sentía como era acorralada contra un árbol por aquel muchacho, tras este, tres chicas y un muchacho mucho menor que ellas, iban hacia ellos.
- ¡Nadie va a ayudarte, los débiles no merecen vivir y claramente tú no tienes las agallas para seguir peleando! – le gritó el chico de ojos azabache, la niña soltó un gritó al sentir cómo era zarandeada para por fin ser empujada hacia el suelo, ella cayó de pecho contra él suelo y temía mucho girarse y encararlos, nunca había sido una persona valiente… nunca.
- Acabemos con ella de una buena vez.- dijo una de las jóvenes más altas.
- No meceré de mi esfuerzo… ¡Tú, Doce, ven aquí! – gritó el aparentemente jefe del grupo.
Peeta y Cato no podían creer lo que estaban a punto de presenciar, el primero simplemente recordó lo que había vivido junto con Katniss y Cato, este último simplemente maldijo a su desgraciada suerte…
La historia parecía repetirse una y otra vez.
- ¿Qué…que quieres que haga? – preguntó el actual tributo doce, dio un paso al frente pero el chico de ojos oscuros lo empujó hacia el frente, justamente delante de la muchacha pelirroja.
Peeta se mordió la lengua al ver al chico que le ofrecían una enorme espada y Cato simplemente comenzó a creer que el destino estaba castigándolo por algo que había sido obligado a hacer en el pasado.
- Mátala… - ordenó.
- ¡No, por favor, no! – gritó la muchacha al escuchar lo que iban hacer con ella, se giró un poco para ver al chico…
- ¡Cállate! – silenció una de las chicas mientras le daba una patada en el vientre hasta girarla, por otro lado, los expectantes escondidos tras los matorrales, simplemente se dedicaron a presenciar aquel circo de muerte.
- Pe…pero…- objetó el más joven.
- Si no lo haces es que no eres merecedor de estar en este grupo y entonces…- le decía mientras lo tomaba por el cuello de la chaqueta.- te romperé el cuello y ella… tomará tu lugar…- continuo diciendo mientras señalaba a la muchacha con un movimiento de cabeza.
No podía permitir que aquello pasara, no delante de sus ojos, no moriría nadie mientras él pudiera evitarlo, lo había decidido, iba a vivir para ser libre y lucharía contra el Capitolio mientras los Juegos del hambre continuaran llevándose a cabo…
- No podemos dejar que ella muera, es tan joven…- la vocecilla de Foxface susurró en sus oídos, todos la habían escuchado.
- Haymitch dijo que no nos involucráramos…- contestó Peeta.
- Pero también dijo algo acerca de ayudarlos ¿no? – esta vez la que intervino fue Clove para sorpresa de varios, Cato incluido.
- Tenemos que ayudarla…- Rue iba a ponerse de pie, dispuesta a salvarla la vida a aquella pobre chica, Peeta y los demás iban a seguirla cuando el grito de la muchacha aturdió sus oídos…
Peeta sintió el estremecimiento recorrer su cuerpo al ver al muchacho clavar su cuchillo en el pecho de la pobre niña, la imagen quedó bien gravada en la cabeza de los testigos ahí presentes, pero el reflejo de aquella víctima se había gravado con fuego en la mirada de su asesino, la pobre chica del distrito nueve se convulsionaba mientras la sangre comenzaba a empapar sus ropas, y el chico que se atrevió a arrebatarle lo más valioso, que era su vida, dio un paso torpe hacia atrás, siendo detenido por los hombros por el líder… este sonreía de oreja a oreja, Cato no entendía del mucho, pero ese desgraciado muchacho le recordaba demasiado a él.
- Bien hecho Peter, has matado a tu primera tributo…- felicitó el chico mientras le daba palmaditas en la espalda del llamado Peter, quien simplemente no podía digerir lo que había hecho.
- Ella…ella sigue viva… ¿no vamos hacer na…nada para…?
- No… déjenla que muera ahí sola… ¡Vámonos! - ordenó mientras continuaba con su camino, los demás empezaron a seguir al muchacho, Peter no dio un paso al frente sino que avanzó hacia la muchacha quien le veía con sus ojos nublados por las lagrimas…
Peeta le vio levantar su cuchillo, el chico iba a terminar con la agonía de la muchacha, pero cuando estuvo a punto de apuñalar su corazón, una mano le detuvo, era aquel mismo que le había obligado a herirla en primer lugar…
- Te dije claramente que la dejaras…- le susurró frente a su cara, el chico tembló de pies a cabeza…
- ¡Pero no es justo, si tú estuvieras en su lugar tú también…! – pero el chico fue interrumpió pues su vida fue cortada al ser roto su cuello por las manos de aquel.
- Yo no voy a morir…- fue lo que dijo mientras lo dejaba caer, sus ojos oscuros se volvieron hacia la muchacha, quien seguía sangrando, ella lo había visto todo.
- Ahora puedes morir feliz…- y dicho aquello él se dio la media vuelta y comenzó a andar tras el resto de su equipo.
Cato tenía las manos fuertemente apretujadas contra la tierra, su rostro estaba enrojecido, no había entendido lo desgraciado que había sido durante su participación en los septuagésimos cuartos juegos del hambre hasta que vio a aquel idiota asesinar a aquel muchacho…
Peeta le vio darse la vuelta y marcharse cuando…
FRIIIIIIIIZZZZZZZZZZZZZZ
Algo frente a ellos cruzó por el aire a gran velocidad, lo siguiente que aquel grupo escuchó y vio a continuación fue el grito de dolor proveniente de aquel enloquecido muchacho, el cual cayó al suelo de inmediato y sin vida…
Peeta lo vio por entre las ramas, una flecha platinada clavada en la cabeza del muchacho, Cato y Clove se miraron uno al otro…
- La justicia es rápida…- susurró Clove mientras se inclinaba al frente para ver mejor, Cato entreabrió un poco más las ramas cuando se sobresaltó del miedo al ver un par de piernas largas…
Rue le vio claramente, sus ojos oscuros abiertos desmesuradamente, todos vieron a una mujer con un arco entre las manos acercarse al par de chicos que yacían en el suelo muy cerca del otro… ella levantó la mirada hacia el tercero, el que tenía incrustada la flecha en su cabeza…
Dio un paso hacia la pequeña chica, la cual le veía apenas consciente de lo que estaba pasando a su alrededor; Ella levantó el arco y colocó una nueva flecha…
- No te preocupes, no vas a sufrir…- le había dicho pocos segundos antes de disparar contra su corazón, ella le había sonreído agradecida por el gesto. La desconocida bajó el arco y miró apenas unos centímetros al otro lado, donde el muchacho que había ocasionado la herida de la joven, se encontraba inerte, con sus ojos verdes abiertos, opacos por falta de vida…
Peeta temblaba de pies a cabeza, Cato volteo a verle, la perplejidad estaba dibujada en sus rostros, el muchacho del distrito dos no podía creer lo que estaba pasando…
Y vieron a la joven piadosa acuclillarse a lado de aquel muchacho y pasó su bronceada mano por el rostro del chico, sus ojos se cerraron con aquel acto…
- Tu muerte ha sido cobrada…- le susurró mientras se ponía de pie.
Dio un par de pasos al frente, donde un tercer cuerpo se encontraba, la sangre se había dispersado por debajo del rostro de aquel chico, se acercó lo suficientemente y suspiró, rodeo sus dedos por la delgaducha flecha y la desenterró del cráneo de aquel tributo…
No dijo nada, solamente miraba lo que había sucedido…
Peeta se puso de pie, no podía creer lo que sus ojos veían, no era posible, su pecho subía y bajaba rápidamente, Cato y los demás salieron de su escondite, Peeta ya había quedado al descubierto al ponerse de pie, cuando la muchacha comenzó a girarse hacia ellos.
- Me imaginé que estarías ahí, Peeta…- dijo la joven mientras les hacía frente.
CONTINUARA.
¿QUE TAL? sigue decente la Historia? Espero les haya gustado y pues una cosa más, como veo que los comentarios son varios, me vi en la necesidad de subir el siguiente capitulo, no quiero mal acostumbrarlas pero si me REGALAN muchos Reviews yo les regalaré una ACTUALIZACIÓN RÁPIDA... a demás ¡No hace daño dejar comentarios!
Por cierto... No había pensado en Gale... :o o Dios mio...! voy a tener que inventar algo por ahi ja ja ja ja ja ja ja ja ja... Bueno...
Muchisimas Gracias y saludos a todas (os)
BlackAthena.
