hola de nuevo, traigo una continuacion, espero os guste, ya me direis.

y como siempre agradeceros, yara sosa algo me dice que lo odiarias igualmente XD, begobeni si me lo puse dificilito XD me alegro que leas tambien esta, despues de ponerme verde por publicar tantas a la vez, vnat07 vas encaminada con tu hipotesis, te quemas, Mara3B me alegra que tambien estes por aqui n.n, jaja si que corto en lo mejor, soy peor que antena tres, thewonderlandfreeT456 jaja no te asegurare que no sera un culebron de los chungos jaja pero intentare no pasarme XD, Kykyo (espero tu nick sea por inuyasha XD ese personaje es de mis favoritos), love girl que te digo, gracias por seguirme aqui tambien, no te adelantare la trama, pero si Emma lo ha pasado mal, tasiakrood hola XD y si egoista el señor es..., evazqueen, como siempre me encantan tus comentarios, y me alegro que te atraiga la trama y que sigas con ganas de leer a pesar de lo corto de los capitulos (este tiene 4 hojitas, mas cortitos que los de soy tu salvadora es , sin duda).

pd: cancion con la que me inspire, Un Vestido Y Un Amor Fito Paez y Ana Belen watch?v=GNUK2MpgwJI , me encanta la cancion XD.


Capítulo 4


La mujer de mirada intensa se planteó su contestación "acaso debo dejar una respuesta" se planteaba Regina, "y si fuera el caso, ¿cómo sé que esto no sería peligroso? "Seguía dándole vueltas mientras utilizaba el tenedor para comer su panin, que era de queso derretido con jamón serrano, "delicioso" era la palabra que acabo en su cabeza al probar aquel manjar "¡concéntrate!….servilleta más anónimo, igual a peligroso" se autoreñia por su despiste momentáneo, "¿pros y contras?...pros que se desarrolle una amistad o que me haga sentir algo diferente en mi día a día, ahora la parte importante, los contras, ¿que sea una asesino en serie?" saboreaba con los ojos ligeramente entrecerrados, "el asesino de la servilleta anónima" pensaba mientras bebía un sorbo de un zumo de manzanas. "la vida es riesgo ¿no?" se auto preguntaba, "aunque claro una cosa es lanzarse de un avión con paracaidas y otra lanzarse de él porque crees tener alas, la primera es una experiencia extrema y la otra un suicidio", se detuvo a mirar hacia sus manos como esperando la contestación de ellas "bueno, espero que sí es un asesino tenga la delicadeza de dejar una servilleta de calidad" pensaba con cierta ironía ante sus pensamientos descabellados.

Al terminar decidió pedir la cuenta, mientras la esperaba contesto al anónimo sin mucha seguridad en sí misma *sí, volveré, pero ¿cómo sé que no eres un asesino o algo peor?* dejo la servilleta en su asiento, la arrugo como si fuera a tirarla pero lo dejo en su asiento antes de marcharse, salió del local con la extraña sensación de que su vida iba a dar un cambio, no podía poner en palabras que paso por su cabeza para aceptar "¿qué?¿una cita?¿un intercambio de notitas estilo instituto?" Regina asintió ante esta última interrogación como dándola por una buena referencia.

Emma se apresuró al ver que la mujer de cabello moreno salía del restaurante y vio lo que había escrito y una amplia sonrisa adorno su cara, salió de esa burbuja al escuchar la voz de su madre llamándola, había que servir más mesas.

La rubia llevaba muchísimo tiempo sin pisar, La princesa encantada, hoy por algún motivo sintió como si aquel lugar le hubiera dado la posibilidad de cumplir un sueño que parecía imposible.

Regreso a su casa agotada por esa jornada laboral había decidido apoyar a su madre incluso en la noche, pues parecía preocupada por el nuevo local de enfrente, Mary no pudo ocultar la satisfacción de volver a sentir a su hija más abierta, como cuando era una adolescente, tal vez, su pequeña estuviera regresando de ese auto encarcelamiento, que se había auto impuesto.

Lo cierto es que la rubia había dado un paso de gigantes, por aquella hermosa mujer que apenas podía sacar de su cabeza "¿me he hecho pasar por hombre?" meditaba mientras abría la puerta de su departamento, "en fin, muchas artistas lo hacían ¿no?" asentía con vehemencia para sí misma, mientras atravesaba el umbral de su puerta, y se acomodaba en el sillón, luego de dar ciertas vueltas en el mismo, como si fuera su cama, se puso en pie para empujar el mismo hacia la ventana, apartándolo así del centro de la estancia, de esa manera podía mirar a través de aquel cristal, abrió la misma, y dejo que el aire entrara inundando sus pulmones con algo tan similar a algo que había dejado de sentir y era la adrenalina, esa dosis de energía que nos atraviesa, nos acelera el corazón, al saber que algo ha cambiado, quizás nosotros mismos.

Cuando algo impropio en nosotros sucede, el miedo es derrotado por esa sensación de excitación, para Emma que solo conocía esto por medio de sus pinceladas, era lo más parecido al éxtasis.

Su corazón latía casi incontrolable, no podía dejar de pensar que volvería a verla, a ella,

-Regina…-murmuraba cerrando sus ojos, viendo finalmente el rostro de aquella mujer de cabello negro, liso y relativamente corto, con ojos cautivadores que la había embrujado desde ante de saber que existía, abrió sus ojos al sentir un temblor en sus manos, sus dedos estaban inquietos y fue a ese cuarto que ocultaba con recelo.

La puerta hizo un ruidito, "genial, esto parece mansión embrujada…nota mental, reparar la maldita puerta" decía mientras encendía la luz de su cuarto.

Las pinturas estaban por todas partes, iban de pared a pared, e incluso en cajas, estaban cubiertas por una tela muy suave que solo usaba para esas obras precisamente, se acercó a un lienzo nuevo y empezó a plasmarla, sus ojos, sus labios, su nariz, "si existe la perfección, es ella" pensaba, mientras sus manos no paraban, estocada tras estocada, la forma surgía de la nada, dejando en el interior de aquel retrato la belleza de una mujer que la fascinaba de una manera casi obsesiva.

Fueron horas con cada detalle, con cada perfecta imperfección, esa cicatriz, la mirada triste, casi desgarradora, su hermoso cuello al que deseaba moldear cual escultor, "deseo tanto…" sus pensamientos se toparon contra un muro "¿Qué deseo?" se autoanalizaba.


En otra calle, habitación y cama, yacía Regina Mills, arropada tras las sabanas abrazando a su hija que había ido a refugiarse del supuesto hombre del saco, "a quien se le ocurre contar esas cosas, hasta yo me espanto" cuestionaba la morena mientras acariciaba a su hija de cabellos rubios y ojos color miel, que Regina admiraba casi con devoción, la pequeña tenía los ojos como búhos, mirando cada sombra y refugiándose más en el regazo de su madre.

- Aitana, no hay ningún hombre del saco… y si lo hubiera, le haría kun fu panda, para que no se atreva a acercarse a mi niña…

La niña soltó una carcajada.

-¿me lo prometes?-preguntaba la niña que se pegaba más, si podía a su madre.

-lo juro por mi vida, no te preocupes cariño, créeme-decía Regina con una sonrisa seguida de un bostezo.

-siii…te creeeo- decía para finalmente quedarse completamente dormida.

-te quiero…-dijo la morena dejando un beso en la cabeza de la niña.

La inquietud invadió a la morena, quizás había sido demasiado impulsiva, había planeado su vida al milímetro desde que se casó, excepto cuando se enamoró de la que ahora es su hija, solo con ella siguió a su corazón con los ojos casi cerrados, y ahora aquella servilleta la mortificaba, deseaba volver al restaurante, necesitaba una segunda nota, una nueva esperanza de cambio, de salida de su vida, de un marido que apenas la miraba, que sabía que le era infiel desde que Aitana había ocupado sus vidas, como si la llegada de la niña lo hubiera cambiado por completo.

No obstante, pensar en el anonimato, le hacía experimentar ese encanto hacia lo ambiguo que nos reta constantemente, y era sobre todo esa posibilidad de poder rectificar, incluso poder dejarlo, si es que esas notas se fueran de contexto haciéndose más íntimas de lo estrictamente necesario, cosa que dudaba. Una voz en su interior le exigía que volviera a aquel lugar, y es que esperar algo diferente es siempre tan tentadora, tan pecaminosa, como el simple hecho de pagarle a su esposo con la misma moneda, aunque fuera parcialmente.

De alguna manera, la esposa modelo, la mujer sufrida, deseaba un mano a mano con la vida, y la simple intención de poder tener pensamientos inapropiados, por primera vez en estos últimos años de matrimonio en los que había conocido la vileza de su esposo, rechazando a una niña, que era, el quisiera o no, su pequeña, esto la hacía sentir poderosa, y después de ser la mártir, noto que prefería, si pudiese elegir, ser el verdugo.

Aceptar aquellas letras trazadas sobre aquel papel, era su grito de rebeldía, su ultimátum no expresado en alto, su hacha justiciera buscando el rodar de algo similar a una cabeza.


Continuara…