Clemont sacó algo de su mochila, se trataba de una placa metálica de colores muy llamativos. No aparentaba ser algo que hiciera gran cosa, hasta que sacó también un control remoto y al oprimir el botón… ¡La carcaza metálica comenzó a desplegarse hasta convertirse en una gran cabina!
—¡Ah, parece como un truco de magia!
—¡Bonnie, te he explicado muchas veces que es ciencia!
—¡Ush! Eres un aguafiestas. —Replicó la pequeña con disgusto.
—¡El poder de la ciencia es asombroso! —Exclamó Ash como por trigésimo séptima vez, pero él se emocionaba igual cada vez que lo mencionaba, tal vez por eso se le cruzaron los cables en la cabeza.
—¡Admirren todos el FASHIOINADOR! ¡En tan sólo unos segundos el dispositivo elegirrá el mejor vestuario dependiendo de la personalidad y lafigurra de la persona! —¡¿Y ahora qué le había dado por hablar con un acento tan extraño!? ¡¿Y desde cuándo le ponía esa clase de nombres a sus creaciones?! Bonnie no pudo evitar poner una cara de reproche ya que casi siempre era él quien le decía que no debía pasar tanto tiempo viendo televisión y ahora se sentía el científico loco de algún show infantil.
Serena contempló el invento con mucha curiosidad y ánimo. Durante su primer evento tardó horas en decidir qué ponerse, pero si la máquina funcionaba, en un breve instante tendría el atuendo perfecto y con ello más tiempo para practicar alguna rutina con sus pokémon. Con ese entusiasmo, le preguntó al chico inventor si podía probar ya mismo la cabina a lo que el rubio contestó afirmativamente. Súbitamente, la mano de Bonnie sostuvo su vestido.
—¡Espera Serena!... Hermano, ¿ya probaste el invento?
Otra de las cosas que siempre solía decirle a su hermana era que mantuviera un sano escepticismo respecto a cómo funcionan las cosas en el mundo… ¡Pero definitivamente no con sus cosas!
—Eh… bueno… la verdad es que... no he tenido el modo…
—¡Serena, no entres! ¡Mi hermano siempre le pone botón de autodestrucción a sus inventos!
—¡Oye, eso no es cierto! ¡¿Qué clase de tonto haría eso?!
—¡Pero siempre explotan!
Definitivamente no podía negar la realidad… ¡Maldito ímpetu científico! ¡Bah! ¿Qué eran un par de fallos en el pasado? estaba seguro que este invento realmente funcionaría… y que no los mandaría a volar después del segundo uso.
—Puedo intentarlo de todos modos. —Dijo Serena intentando no desmotivar a nadie. Clemont sabía del riesgo latente y por ello decidió tomar una solución más drástica.
—Espera un momento… estoy seguro que mi linda hermanita se muere por probarlo primero.
—¡¿Qué!? Ni de broma. —Dedenne salió del bolso amarillo para apoyar la decisión de su dueña. —Es TU invento y TÚ deberías probarlo.
—¿Yo? ¡Bonnie, no me voy a meter ahí!
—¡Es porque sabes que va a explotar!
Pocas veces lo había hecho rabiar de ese modo, odiaba que se viera tan inocente y adorable porque siempre usaba eso en su contra cuando se trataba de los regaños. Furioso, gritó que demostraría que sus cosas podían ser de utilidad y sin escuchar las palabras de Serena ni de Ash se adentró en la máquina corriendo las cortinillas que fungían de puerta.
Se escucharon un montón de sonidos estrafalarios, luces de todos colores se filtraban por debajo de las cortinas y a continuación salió un montón de humo… ¡Seguramente ya se quemó el mecanismo!
Antes de que cualquiera pudiera acudir a su rescate, una mano corrió las cortinillas de fino terciopelo…
¡Clemont!... ¡¿Clemont?!
—¿Funcionó?
Todos se quedaron callados y no era para menos, estaban asombrados por la transformación.
—Hermano… ¡Pero qué falda tan corta! ¿No te da pena?
Clemont sintió el frío de las palabras de sus palabras y el de una ráfaga de viento pasando por sus para nada bronceadas piernas. Regresó rápidamente a la máquina para mirase en el espejo…
Puso el grito en el cielo…
Salió con los lentes empañados, la cara más roja que un tomate y las manos cubriendo aquella indecencia. El saco no estaba mal, era de un azul turquesa y el corte ciertamente era elegante, no porque supiera algo sobre modas pero había visto muchos estudiantes de colegios muy importantes portando uno similar; el corbatín rojo y la blusa blanca que llevaba por debajo también estaban bien. El problema era la maldita falda… apenas y le cubría lo que le debía cubrir… ¡Qué cosa tan más impráctica! Ni siquiera podía contemplar la posibilidad de que alguien deseara ponerse algo así… ¿Cómo para qué? Definitivamente Clemont desconocía los enigmas de la mente femenina (casi tanto como quien narra esta historia).
Ash casi no se aguantaba la risa, pero habiendo estado en situaciones similares sería algo hipócrita darle rienda suelta al poco sentido del ridículo que poseía. Serena estaba en las mismas, estaba consiente que él sólo quería ayudar y que sería muy grosero de su parte menospreciar ese esfuerzo… pero es que con ese atuendo... Bonnie fue quien no se aguantó.
—Si no conseguías novia, al menos así tendrás un novio muy pronto. —Comentó riendo la niña sin comprender realmente las implicaciones de sus palabras, menos mal que su hermano mayor tampoco era de los que captaban esa clase de indirectas.
Lo único que evitaba que se desplomara por completo era saber que al menos la máquina funcionaba y aparentemente cumplía su objetivo. Aunque si ahora le daba por fallar y había una explosión… con semejante atuendo no podría pasar nada bueno.
—Bueno… ¡Ash, es tu turno!
—Espera… ¿¡Qué!? Clemont no me voy a meter. —Pikachu que estaba en su hombro, miró a su mejor amigo, y esa mirada sólo podía significar un "¡Oh, vamos hombre, hazlo por mera cortesía!"— ¡No, no y no!
Aunque Serena no dijo nada, apoyaba secretamente la negativa de Ash, no era que de algún modo quisiera ver al chico que representaba el coraje para sobrellevar cualquier situación en una tan… comprometedora. Ash notó la mirada de Serena… ¿Por qué lo veía así? Hace un momento Clemont mencionó que a él no le importaban los sueños de los demás, quizás ahora ella se decía lo mismo… y tal vez tenían algo de razón, siempre quería llegar a los gimnasios y dedicaba horas y horas entrenar, pero eso ni significaba que no le importaran sus amigos.
—Ah, está bien… ¡Pero sólo para probar que el invento sirve!
—Ash, no es necesario, ¡realmente NO es necesario! —Gritó la chica de ahora peinado corto. Pero como era su bendita costumbre de ignorar todo sabio consejo, de casi un salto, Ash se adentró a la cabina.
Hubo más luces, sonidos mecánicos y un humo como de hielo seco saliendo al final del proceso.
Ash salió tosiendo y casi tropezándose, aunque con esas plataformas, quién no lo haría.
Serena se tapó los ojos. A Clemont se le cayeron los anteojos. Bonnie también cayó de la risa.
Pero la verdad era que no veía tan mal de lolita gótica. Al menos no andaba tan al descubierto como su compañero ya que la parte escotada del pecho estaba recubierta por fina tela de organza semitransparente, al igual que las mangas adornadas con patrones florales negros y vintaje. La falda de varias capas se lucia mucho más que el escaso pedazo de tela que llevaba el inventor encima y los encajes blancos que adoraban las empuñaderas así como el inicio de las tobimedias se veían espectaculares.
Cuando Serena miró no sabía si desmayarse o sentir envidia.
Clemont estaba más sorprendido porque su creación no hubiese estallado después del segundo uso.
—¡Ahora yo también quiero! —Exclamó Bonnie sin dar tiempo a que los demás de detener su avance. Casi en un abrir y cerrar de ojos ella también salió de tan singular aparato.
Salió con un hermoso vestido rosado, era de la clase que usaban las damas de compañía… ¡Hasta con ramo de flores incluido y una coronilla para Dedenne! Nadie tuvo objeción en aclamar su encantadora ternura.
—¡Serena! Cuando te cases ¿puedo usar este vestido en tu boda? —La nativa de la región se puso toda colorada.
—Ah… ¡Claro, claro! Aunque para eso todavía falta mucho. —Tras ese comentario no pudo evitar mirar de reojo al chico de mejillas manchadas y se perdió en una serie de pensamientos.
Clemont también se perdía en un mundo de conjeturas, miró la selección de vestidos y la mirada perdida de Serena después de ver el atuendo de Ash y sólo pudo llegar a una conclusión lógica… ¡Jamás uses revisas de moda para crear la base de datos de la inteligencia artificial de tus inventos si no quieres decepcionar a tus amigos!
Por otro lado, Ash noto que Serena miraba raro y que Clemont andaba en las mismas… no era el chico más brillante en esas cosas, pero eso le provocó un extraño sentimiento... era… era…
Su estómago gruñó… Sólo era hambre.
—¡Esto es un desastre!, ¡Es la peor idea que he tenido en la vida! —Chilló el líder de gimnasio mientras se dejaba caer al suelo.
Después de tanto malos comentarios, Bonnie comenzó a sentirse mal, le gustaba hacerle un par de bromas pero nunca como para hacerlo llorar.
—No llores hermanito, el invento te salió bien, éste vestido está muy bonito.
—No pierdas los ánimos —complementó Serena—, te prometo que lo usaré para el siguiente concurso.
—En… ¿En verdad? —preguntó mientras se secaba un par de lágrimas que a duras penas le salían.
—¡Claro! Verás como con eso y mucho esfuerzo de mi parte puedo conseguir la llave, y así también podrás pelear con Ash. ¡Todos cumpliremos nuestras metas!
Ash estaba tan feliz de escuchar eso, no pudo evitar sentirse sumamente alegre y corrió a abrazar a sus compañeros, provocando una gran sonrisa en el rubio y otro enorme sonrojo en la futura estrella del espectáculo.
—Lo ven, al final todo salió bien. —Al terminar de formular esta frase… ¡BOOM! LA CABINA EXPLOTÓ—. Ah… Pudo ser peor… —Ash Ketchum no era de los que se daban por vencidos tan fácilmente.
—¡Serena! —Se oyó una voz a lo lejos a la vez que una silueta se hacía clara entre los arbustos del claro boscoso donde se encontraban.
—¡Shauna! —Gritaron todos. Ok, eso sí podía empeorar.
La castaña se paralizó al llegar a la escena y sólo ver un rostro familiar.
—Qué extraño, oí unas voces y luego una explosión, pero pensé que te encontraría con Ash y el otro chico que no recuerdo su nombre. —Una pequeña gota corría por la el rostro de Clemont—. Oh serena, pensaba que aún estarías triste por lo de Témpera, pero veo que has aprovechado el tiempo para hacer nuevas amigas.
Serena intentó no reírse, pero esta vez no se aguantó y confesó que no se trataban de "nuevas" amistadas. La castaña casi se cae de espaldas con la revelación de que se encontraba viendo a dos chicos con tan estrafalarios atuendos.
—¡Acaso piensan participar en la competición!
—¡Claro que no! —Vociferaron los 'varones' del grupo.
La mente de Shauna también se fue un momento.
—Eso me recuerda… Serena… ¿has visto ese video?
No sabía de qué le hablaba. Ella le comentó que hace tan sólo un día alguien había subido un video a Poké-Visión, la plataforma que usaban las participantes para darse a conocer… ¡Y que ya llevaba más de 100,00 visitas! Serena no se lo creía, la última vez que ella revisó su video ni siquiera había llegado a las 10,000 reproducciones –cosa que ya le hacía sentir toda una celebridad– y le había costado cerca de tres meses llegar a tal cantidad. Le preguntó qué era lo que hacía tan especial a dicho video.
—Es… un poco complicado de explicar, pero lo cierto es que es muy diferente al resto de las presentaciones que he visto hasta el momento y parece que a la gente le ha gustado eso… ¡Déjame enseñártelo!
Shauna sacó un dispositivo de su bolsa un dispositivo llamado holomisor, intentó entrar a la página de Poké-Visión pero la recepción no era buena en ese lugar.
—Hay un pueblo no muy lejos de aquí, lo veremos en el Centro Pokémon, además... ¡Yo invito el almuerzo!
Esas palabras sí gustaron al entrenador quien no tardó en seguirle el paso a la amiga pero también rival de Serena. Bonnie fue la siguiente en ponerse en marcha y la joven de hebras color miel también emprendió el paso.
—Esperen un momento… ¿¡Qué acaso no nos vamos a cambiar!?
Para cuando Clemont pudo decir algo, el resto ya se encontraba lejos.
