Buenas de nuevo, sí ando desaparecida y sin actualizar El Club y Qué hubiera pasado sí, estoy en un momento de sequía, pero no las dejo, lo prometo. Un pequeño anticipo con esta historia que no era más que un OneShot y nos tiene ahora en Rumania.
Espero que os guste y me dejéis vuestros comentarios.
A todos los mexicanos que andéis por estos lares os mando todo un fuerte beso y todo mi apoyo. Espero que estáis bien.
Besos, Shimi
4
Draco no terminó la copa que estaba tomando antes de que Potter llegara, ¿siempre iba a ser así?
¿Todo desaparecería cuando él llegara y no podrían esperar a estar a solas?
¿Conversación en la taberna? No la recordaba realmente, algo de que se iban, algo de que ojo con el látigo, algo de bonito dragón. No sabría decir, Draco realmente no esperaba haberlo encontrado nada más llegar, pero allí estaban.
Con una conversación muda se dirigieron a su hotel, realmente no hacían falta más palabras. El anhelo que sentía por volver a probarle era más del que había imaginado, y las manos de Potter por su cuerpo le hacían entender que él le necesitaba igual.
Le hubiera gustado desanudar, abrir y acariciar el cuero que vestía al moreno, pero no tenía paciencia en ese momento, por devorable que estuviera con su exótico atuendo, quería su piel y no iba a conformarse con menos. Su varita los desnudó, y sus labios fueron raudos a tomar pedazos de piel. Notaba las manos de Potter agarrando y arañando su cuerpo, sabía que por su palidez quedaría marcada, y aquella imagen le encendió, "marcado" pensó mordiéndolo a su vez.
Pero Potter no se dejó hacer esta vez, le empujó contra la cama derribándolo, sus ojos eran los de un devorador, él, su presa, se retorcía de anticipación. Le repasaba con su mirada como si no quisiera olvidar ningún pedazo de piel, escaneándolo para recordar el más mínimo detalle.
Su andar casi felino le acercó llenándole las fosas nasales de su olor, lo recordaba, le gustaba. Aspiró para también él quedárselo por más tiempo de lo que iba a durar aquello.
La lengua rosada de Potter acarició su piel, erizando todo a su paso, su miembro goteando clamaba por que aquella puñetera rosada y húmeda lengua le atendiera, pero le hizo desesperar recorriendo sus pezones. Con sus manos a los costados hubiera agarrado la cabellera negra y la hubiera deslizado más hacia el sur. Pero mentiría si dijera que no estaba disfrutando las caricias del moreno.
Draco no era persona de muchos preliminares a él le gustaba el sexo rápido y fuerte, pero no podía evitar sentir que aquello era un punto de placer que no estaba nada mal. Notaba como no solo era acariciado con manos y lengua, sino una dureza cálida y húmeda, recorría sus piernas. Él solía ser el que dirigía a todos sus amantes, pero Potter sin aprisionarle en lo más mínimo le tenía desmadejado y dispuesto a dejar que él tomara el control. Su boca ahora le succionaba la clavícula, el cuello sensible, aquel punto bajo su mentón que lo volvía loco. El cuerpo de Potter cubriéndolo y frotándose contra él, mientras aspiraba su olor a través de gruesos mechones de cabello trenzado.
—Potter, no me tortures—le dijo desesperado.
—No vuelvas a dejarme tanto tiempo sin ti—le contestó el moreno, arrancándole gemidos mientras frotaba duramente ambos miembros.
Draco elevó sus caderas iba a correrse si el maldito Potter no paraba, intentó darle la vuelta pero se encontró con las manos del Cazador de Dragones agarrando sus muñecas por encima de su cabeza. Y no pudo evitar gemir ante aquella muestra de dominación que jamás consentía a nadie.
En segundos no era la erección del moreno lo que tenía frotándose contra la suya sino la concavidad de su culo. Le deseaba, le necesitaba, quería estar dentro de él toda la noche.
Con Potter sentado sobre su entrepierna y sus manos aprisionadas, sus caderas volvieron a moverse. La verde mirada refulgía entre la oscuridad de su cabello. Potter se estaba cobrando una venganza silenciosa, y Draco no podría decir si era la más deliciosa de todas o acabaría volviéndose loco. ¿Eso era lo que esperaba, que le suplicara para que continuara? Estaba claro lo que ambos deseaban, no entendía porque debía pedirlo. Pero la presión que ejercía Potter era abrasadora.
—Por favor—claudicó. La sonrisa confiada del moreno le rompió, por fin había dicho las "palabras mágicas" que quería escuchar.
En ese momento Potter se empaló arrancando un ronco jadeo a Draco, estaba estrecho y caliente, y no quería salir jamás de allí. Pero en un acto de contención dejó que Potter marcara el ritmo que él gustase.
La noche los acompañó en la habitación de su hotel con esta versión salvaje de Potter cabalgándole y sacándole el alma por la boca a través de sus besos.
-x-
Estando con Potter tenía la mala costumbre de que los sorprendiera el amanecer y éste, cretino desalmado, se lo tuviera que llevar consigo, trasladarores, dragones, trabajo, responsabilidades; en fin, mierdas varias que le sacaban de sus brazos.
Miraba como buscaba sus ropas, toda una visión. Aquel peinado que le recordaba a los antiguos vikingos lo hacían parecer del todo sexy, endemoniadamente sexy.
—¿Cuándo te vas?—le preguntó a medio vestir.
—En un par de días—mintió, realmente debía tomar el traslador esa misma noche.
—Esta noche tengo guardia—dijo mientras se calzaba las botas—¿Te apetece conocer la reserva?
Nunca había sentido gran atracción por lo dragones, excesivamente peligrosos para su gusto, sinceramente. Habría que estar un poco trastornado para ponerse a jugar al cuidador con ellos. Pero le parecía de mala educación rechazar una invitación que podría suponerle un excitante encuentro.
—De acuerdo—le dijo desperezándose sobre las sábanas y estirándose cuan largo era. Notó como la mirada de Potter se perdía en las líneas angulosas de su cuerpo.
—Vendré a por ti a las 9—dijo una vez que estaba totalmente vestido.
Iba a disfrutar de ese Harry Potter de cuero y pelo trenzado, no sabía que había desarrollado un nuevo gusto por lo melenudos, pero se le hacía irresistible y más gateando por la cama para alcanzar sus labios.
Lo peor fue cuando ya solo con el olor del moreno entre sus sábanas se dio cuenta de que debía aplazar todos sus planes. Debía ir a la oficina de trasladores a modificar la fecha de partida y una reunión en el laboratorio a primera hora no le dejaban disfrutar del olor impregnado en sus sábanas.
Tras una ducha rápida, se miró en el espejo del baño, como había supuesto su piel estaba marcada, no es que no fuera común dado lo delicada que sabía podía llegar a ser. Normalmente con un pase de varita solía deshacerse de cualquier marca. Pero en esta ocasión le pareció que se iban a quedar donde estaban. Mirándose en el espejo reprendió a la imagen de sí mismo que le mostraba a un estúpido ex-Slytherin con sonrisa bobalicona complacido con las marcas de su noche con Potter.
Lo primero era cambiar la fecha de su traslador, aunque realmente no había planeado quedarse por más de un par de días, cuadró su agenda aplazando las reuniones que tendría con otras empresas en esa semana. No iba a descuidar sus negocios por una par de días más de vacaciones, realmente nunca se tomaba ningunas… algo grave le estaba sucediendo cuando no paraba de tener estúpidos diálogos absurdos consigo mismo.
La reunión la tendrían en las instalaciones del laboratorio, siempre le había gustado el olor de un laboratorio de pociones, recordaba cuanto disfrutaba elaborándolas en su juventud, esos olores le traían muchos recuerdos. Sus padres no concebían que un Malfoy se convirtiera en un simple pocionista, y realmente había levantado los negocios de los Malfoy, ampliándolos de hecho. Tenía un talento natural para crear dinero, le habían dicho todos. Y así era, él veía la oportunidad de negocio y la cogía, la amoldaba a sus intereses y sacaba un gran beneficio. Así debían ser los negocios.
Los acuerdos estaban firmados, la primera producción se repartiría por el circuito comercial que había creado para muchos otros de sus productos en toda Europa. Realmente no tenía otra cosa que hacer hasta las 9 de la noche que había quedado con Potter y estar en el laboratorio aspirando los vapores de las pociones que estaban elaborando le pareció un buen entretenimiento.
Despidiéndose del grupo de ejecutivos que poco tenía que decir en el asunto de elaboraciones se reunió con el maestro pocionista encargado. Un curioso anciano que le recordaba vagamente a Dumbledore estaba supervisando una serie de calderos en plena ebullición.
Aquello le recordaba vagamente al aula de pociones de Hogwarts pero con algo más de luz y algo menos de humedad. Secretamente pensaba que Snape lanzaba sendos hechizos para incomodar a los alumnos. A pesar de todo, él recordaba aquel entorno como un lugar donde realmente había disfrutado de la tarea minuciosa de picar, moler y espolvorear. Que también hubiera sido un lugar donde podía mirar descaradamente e importunar a Potter tan solo le sumaba puntos.
Sumido en sus recuerdos no se había dado cuenta que por fin el vejete le había prestado atención, hablándole en rumano y haciendo una serie de aspavientos que no lograba entender del todo.
Finalmente el maestro lo colocó delante de un caldero y le puso un cucharón en la mano. Draco lo miró anonadado, ¿el viejo del demonio lo había tomado por un aprendiz? Estaba a mitad de caballo entre estar ofendido o divertido. Ese personaje no tenía ni idea de quién era él. Desde hacía menos de 10 minutos el dueño de todo aquello, su jefe. El anciano le miraba ceñudo haciendo gestos con sus manos instándole a remover. Draco estuvo tentado de remangarse las mangas de su camisa para mostrar la marca de Voldemort tan solo para ver la reacción del vejete. Pero declinó la idea, con la de años que llevaba sin enfrentarse a un caldero se vengaría echando a perder la poción. Realizó un simple "Revelio" para identificar los ingredientes que estaba cociéndose en el caldero. Una reformulación de la clásica "pimentórica", nada a lo que él no pudiera enfrentarse.
Habían pasado tres jodidas horas y Draco estaba disfrutando de lo lindo los vapores de las pociones en las que andaba metida su rubia cabellera, realmente sería una pena arruinar aquella obra de arte que había conseguido. Una versión mejorada de la clásica con la que había jugueteado en su juventud.
Una mirada aprobadora del vejete le hizo sentir tan contento como cuando ganaba puntos para su casa en clase de pociones, y debía reconocer que hacía tiempo que no disfrutaba tanto con una actividad, siempre y cuando no contara aquellos maratones de sexo que se pegaba con Potter.
Quizás cuando volviera a Londres podría retomar sus estudios de pociones. Le gustaría ver la cara que ponían Theo y Blaise cuando se enteraran.
Con el ánimo realmente elevado abandonó el laboratorio a la hora de la comida. Podría dar un paseo por la parte muggle de la ciudad, parecía un lugar encantador. Y realmente no tenía nada más que hacer hasta las 9 de la noche.
Sus pensamientos se fueron hacia Potter, no había meditado mucho en qué lugar estaba "eso" que estaban haciendo. Draco no había movido nunca el culo por nadie, ningún amante le había resultado interesante a ese punto. Si debía ser sincero, de la mayoría no sabía ni el nombre. Pero de aquellos poco que había llegado a conocer, nunca había hecho nada por llevarlo más allá de un buen sexo.
Su excusa de los negocios tenía varios puntos flacos, lo sabía, y aquella cita con dragones le producía escalofríos, más por la cita que por los dragones. ¿En qué se estaba adentrando? ¿No era confraternizar demasiado?
Pero su mente práctica le dijo que no tenía nada mejor que hacer allí, tampoco conocía a nadie, y cenar y beber solo era muy aburrido. Un argumento defendible para sí mismo.
Brasov era una ciudad encantadora, hacía frío para aburrir, eso sí, pero nada que un buen hechizo calentado no pudiera remediar. Le resultó curioso como lo muggle y lo mágico cohabitaban en aquella ciudad, sobre todo en la parte antigua de la misma. Los largos abrigos y gorros de pelo de los muggles los hacían casi indistinguibles del los magos de la zona.
Cuando ya estuvo harto de caminar volvió a su hotel, las sábanas estaban limpias, una parte de su ser había esperado poder volver al olor que habían dejado aquella estupenda noche. Pero lo bueno es que iba a tener una buena ración de eso mismo en pocas horas.
Listo para su "cita" Draco estaba en el bar del hotel, tomando una pequeña copa con Tuica, una bebida típica que le estaba despellejando la traquea, pero que no dejaba de tener un buen sabor.
En la puerta del bar le miraba Potter, venía vestido con ropas normales, pero su cabello seguía largo y trenzado. Estúpidamente se atragantó un poco con el último trago de la bebida. Por Merlín, se habían devorado, verle esperándolo y contemplándole con aquella expresión complacida no debería turbarle tanto, ¿cierto? Pero se le hacía raro, aquello era terreno nuevo para él, y más con el largo historial que ambos cosechaban juntos.
Cuando Draco llegó a donde el moreno estaba lo menos que esperaba es que éste le besara, un pequeño beso en los labios, nada más que un saludo, pero Draco se quedó completamente rígido y sorprendido.
Una cosa era la sorpresa de haberlo encontrado en Brasov la noche anterior, podía entenderlo, ¿pero esto? ¿Es que acaso Potter iba besando a todos tan alegremente?
Obvió el beso que le atornilló delante del Weasley en la oficina de trasladores, pero aquello tenía otras intenciones.
No iba a decir nada en ese momento, pero esas confianzas que se traía el tipo no eran de su agrado. La intimidad era exactamente eso, gracias a que allí nadie le conocía. Tenía una reputación que mantener, lo que no tenía bien claro es que reputación era esa…
—¿Vamos?—dijo este sorprendido por la reacción de Draco.
—Claro—contestó saliendo de su estupor.
Saliendo del hotel, Potter le agarró por la cintura pegándoselo a su cuerpo, ¿es que pensaba besarlo nuevamente? Pero sintió el característico tirón desde el ombligo, los estaba apareciendo.
Frente a ellos una enorme puerta se abrió, estaban rodeados de una tupida y oscura vegetación, debían haber llegado a la reserva. A pesar de haberse aparecido correctamente, el brazo de Potter no se despegó de su cintura, era algo incómodo ir andando así agarrado, pero no dijo nada.
En el interior se veía gran movimiento, antorchas encendidas y algunas hogueras. Barracones a cada lado y una decena de magos ataviados de cuero.
Habían cambiado de siglo, aquello era como dar un salto a una época mucho anterior. Más primitiva, no solo eran las construcciones o la falta de ellas, el ambiente, las miradas los hombres que allí habitaban.
La sensación que tuvo al ver entrar al grupo en la taberna no era nada en comparación con lo que estaba viendo ahora.
La magia pululaba por el ambiente pero era una magia primitiva, una energía fuerte y casi violenta. No sabía si era por los dragones o era por los magos, o quizás por la combinación de ambos.
Potter fue saludándolos pero no llegó a pararse, su mano le instaba a seguir caminando.
—Te llevaré a ver a mis dragones—le susurró al oído.
Quizás aquella cercanía tenía que ver con la mirada curiosa de aquellos que los veían al pasar. Y Draco que se consideraba principalmente una persona independiente encontró cierto grado de consuelo en el cuerpo de Potter a su lado. ¿Potter le estaba protegiendo de ese entorno? No lo diría en voz alta, nunca, pero se sintió bien, demasiado bien.
Sus dragones, sus inmensos y mortíferos dragones eran cinco ejemplares absolutamente aterradores. Draco tenía la mano sobre la varita bajo su única. Lo poco que sabía de aquellos seres fue lo que aprendió en la escuela, en el Torneo de los Tres magos comprobó que eran criaturas sumamente peligrosas. Y tener a cinco ejemplares con sus fríos ojos fijos en él le pareció una idea tremendamente mala. Ningún estúpido polvo, por excelente que fuera, con el niño que vivió, podía haberle hecho perder el juicio y aceptar esa "cita".
Irremediablemente dio un paso hacia atrás pero Potter lo sostenía y le instaba a permanecer quieto.
—No tienes nada que temer, mi dragón—le decía en voz baja en aquella cercanía que tenían—. Ellos no te harán daño. Pero no puede mostrarles miedo.
—No tengo miedo-dijo rápidamente—.Solo apreció mi vida más que tú.
Pudo notar su sonrisa como si sus labios estuvieran posados en su cuello. Y a pesar de su orgullo, le obedeció y trató de relajarse. Los dragones solo los estaban mirando.
—Siéntate aquí- le dijo. No había visto el banco a su espalda pero se sentó como un buen chico.
Potter comenzó a hablarle a los dragones, estos permanecían contemplándolos quietos y misteriosos ¿serían criaturas tímidas? ¿O solo estaban viendo el modo de quien sería el primero que se lo comería?
Se concentró más en Potter aunque sin quitarle el ojo a esas criaturas. Al parecer ellas hicieron lo mismo. Poco a poco todos se fueron concentrando en el moreno. Su voz sedosa y ronca era realmente atrayente. No fue hasta un buen rato que no se dio cuenta que el moreno no estaba hablando inglés. Le sonaba demasiado a lo que había escuchado durante el duelo que ambos mantuvieron en segundo curso, "pársel" ¿En serio les estaba hablando en la lengua de las serpientes? Pero lo más llamativo era la dura erección que lucía su entrepierna. Estaba completamente empalmado, y no se había ni dado cuenta.
Las sílabas cadenciosas de Potter eran como suaves caricias en su miembro. Draco alucinaba y un jadeo se le escapó de los labios. Pero no fue Potter sino sus dragones quienes repararon en él. Todos se aproximaban al moreno. Y este a su vez sonriente les seguía hablando mientras el mago los acariciaba dulcemente.
Los fríos ojos, unos amarillo, otros rojos, otros oscuros como la noche se entornaban. Draco tragó duro, aquellas extrañas criaturas estaban disfrutando de las atenciones de Potter. Tuvo que enfocar su vista y apartar la excitación de su mente para darse cuenta del hecho ante sus ojos.
Cinco endemoniadamente enormes bestias mortíferas ronroneaban bajo las manos y las palabras cariñosas de Potter, asemejándolas a cinco gatitos mansos.
No pudo evitar sonreír ante la visión. La verde mirada del moreno ahora estaba centrada en él.
—Todos buscamos cariño—dijo en perfecto inglés—.Ellos no podían ser menos.
Draco se levantó y caminó despacio hacia él, con un asentimiento le expresaba que podía avanzar. Su cuerpo rodeó a Potter por detrás, todos necesitaban cariño. Todos. Aspiró su olor sin dejar de tener un ojo sobre los dragones. Olía tan bien, era como estar en casa, el olor del verano, el olor de la felicidad y todo en una única persona.
—Nadie como tú para amansar a las fieras con tus manos—le susurró al oído.
Notó el movimiento que provocaba la suave risa del moreno en su cuerpo. Y lo estrechó más entre sus brazos.
—¿ Eso que hablabas era Pársel?—le preguntó.
—Algo similar, es la Lengua de los dragones—dijo Potter para susurrar algo en esa seductora lengua.
—Es una de las cosas más condenadamente sexy que he oído salir de tu boca–para corroborar esa afirmación le hizo notar la dura erección bajo su túnica rozando sus nalgas.
—Se me ocurren cosas sumamente placenteras que podemos hacer con mi boca, dragón—le dijo con la voz cargada de deseo pegando completamente su parte trasera al rubio.
No era la primera vez que le llamaba así, y aunque sabía que su nombre significaba Dragón no solía gustar de que otros le llamaran así. Pero con Potter al parecer todo consistían en concesiones voluntarias.
—Di mi nombre en ese idioma tan sugerente.
El sonido que reproducían sus cuerdas vocales estuvo a punto de hacerle correrse como un adolescente cachondo, incontrolablemente.
—Creo que todo lo que quiero hacerte no sería recomendable delante de estas criaturas.
El brillo oscuro de sus ojos verdes estaba cargado de promesas, aquellas que Draco realizaría una a una.
Se separó levemente del cuerpo del rubio para susurras palabras siseantes a sus dragones. Ellos se enroscaban más a él como no queriéndose separar, podía entenderos completamente pero Harry era suyo. Y esa realidad no le sorprendió en lo más mínimo.
Separándose al fin de aquellas moles de escamas y fuego lo tuvo entre sus brazos, no pudiendo contener las ganas de besarlo. Sus labios le correspondían con igual pasión, calmándolo y avivándolo a partes iguales.
Sus manos vagaron por su cuerpo acariciando sobre la gruesa tela hasta llegar a sus duras nalgas, querían separárselas y lamerlas, morderlas y acariciarlas. Pero una ráfaga de calor lo sorprendió. Realmente era ardiente su pasión.
—"Aquamenti"— susurró Potter, lanzando el hechizo a los bajos de la túnica de Draco. Perdiendo el contacto con sus labios.
Se separó lo justo para ver que efectivamente ese calor no era solo fruto de su pasión sino que habían sido llamar reales.
—Betty, chica mala—amonestó Potter al dragón más cercano que lo miraba con cara de pocos amigo.
—¿Betty?—inquirió Draco—.No me extraña que este furiosa. Ese no es nombre para una bestia como estas ¿Sabes que no es un gatito, verdad?
La dragona lo miraba fijamente.
—No es su nombre lo que le molesta, Betty es una chica muy celosa—dijo acariciándole el hocico.
La miró nuevamente, sus fríos ojos amarillos lo miraban escrutadores. Era complicado interpretar las emociones de un animal así. Pero podía entenderla, sí que podía.
La dragona se marchó y Draco se dejó llevar por el moreno, la dureza de su miembro no le hacían olvidar la promesa ardiente que se habían hecho hacía un momento.
Pero en Draco aún había un pequeño rastro del niño mimado y consentido que fue, un provocador nato. Y sin poderse resistir estrujó con su mano el precioso culo del niño que vivió, en la lejanía que los iba separando, unos ojos amarillos y unos círculos de fuego le hicieron saber que Betty no estaba nada contenta.
—Un día te quemarás ese bonito culo tuyo si sigues provocándola—le dijo divertido Potter.
—Correré el riesgo.
Contestar comentarios del último capítulo con casi tres meses es lo que me hace sentir completamente culpable Oo, Sorry!
Kassandra Potter, me encanta que releas!
AnataYume, sería tan divertido ver a puros gryffindor hacerles trampas a los slytherin, pero desde luego este Potter es un chico muy listo, tiene loquito al rubito.
danaesirianneblack, oh, yo muero cada vez que me dejáis un comentario diciéndome que os gusta ^^Gracias
susigabi, tienes razón, tardo mucho en actualizar, pero "tachán" otro capitulito que espero te divierta.
SaraBlack09, los musos me han inspirado poquito en este tiempo, pero espero volver con fuerza y muchas nuevas ideas. Me alegro que te guste.
Lady Jp.93, la verdad que es precoz Draco, pero es que lo de ellos se remonta demasiado tiempo atrás, tengo publicado en AmorYaoi, Slasheaven y aquí, ya no busco más sitios porque subir las historias es un poco tedioso, si no fuera por vuestros lindos reviews no merecería la pena.
Gracias a todos los que leéis mis desvaríos.
Besos, Shimi
