SIEMPRE ES DE NOCHE

CAPITULO 4: UNA CITA INESPERADA

La Sra. Granger contemplaba el fuego de la chimenea, sabía que su hija no tardaría en llegar del trabajo. La vieja ama de llaves llevó el juego de té a la sala y se retiró a la cocina.

-Hola mamá -dijo Hermione, apareciendo en la chimenea

La señora Granger sonrió ante esa repentina aparición.

-Que forma tan extraña de viajar -dijo la Sra. Granger, riendo.

-Es excelente, no hay tráfico -dijo Hermione, saliendo de la chimenea y acercándose a su mamá para darle un beso en la mejilla.

-¿Cómo te fue?

-Muy bien, hoy vi a Harry

-¿Y cómo está?

-Más guapo que nunca -soltó Hermione con sonrisa pícara y sentándose por un lado de su mamá.

-Me refiero a cómo sigue después del accidente.

-Completamente recuperado. Hace una semana que regresó al Ministerio y está muy bien, trabajando mucho.

-Me alegra oír eso

-Harry ha estado muy centrado -dijo Hermione, sirviendo con su varita mágica dos tazas de té- . Todos sus esfuerzos son para sacar a Malfoy del Ministerio y aún así cada día me siento más lejos de él.

-¿Por qué? -preguntó la Sra. Granger antes de probar el té.

-Tiene una muralla que no puedo romper por más que lo intento. Él ha sufrido mucho, vio morir a cientos de personas, perdió a muchos de sus seres queridos. Creo que por eso, vive tan encerrado en sí mismo.

-Los rayos del sol derriten el hielo, pero ten cuidado hija, yo sé que quieres a ese muchacho, pero no quiero que sufras

-Descuida, para él solamente soy su mejor amiga.

Hermione tomó su varita, murmuró unas palabras ininteligibles para su mamá y al instante, aparecieron un par de agujas de tejer y una bola de estambre azul.

¿Qué vas a hacer con ese estambre? –preguntó la Sra. Granger.

-Un suéter para Harry, pronto será su cumpleaños.

-Estamos en verano, no creo que Harry necesite un suéter.

-Pero puede usarlo en invierno –objetó Hermione.

-¿Por qué no le compras algo?

-Quiero regalarle algo hecho por mí, por mis manos… Claro que aparte le pediré algo vía lechuza.

-No tienes remedio -exclamó la Sra. Granger.


A la mañana siguiente, cuando la señora Granger se levantó y bajó a preparar el desayuno, se llevó un buen susto al encontrar a Hermione tejiendo en el mismo lugar donde la había dejado la noche anterior.

-¿Acaso no dormiste? -le preguntó.

-No, tenía que terminar el suéter de Harry.

Hermione extendió las manos y mostró a su mamá un suéter casi terminado.

-Déjame verlo –dijo la Sra. Granger, tomando el tejido y observándolo con detenimiento-. Tejes muy bien.

-¿Crees que a Harry le guste? –preguntó Hermione con ansiedad.

-No veo porqué no, está muy bien hecho

-¿Crees que le quede?

-Supongo que sí –dijo la señora Granger, dedicándole una sonrisa a su hija.

-Muero de sueño -admitió Hermione, dejando escapar un bostezo.

-Ve a descansar

-No puedo -dijo la chica dando la última puntada-. Solo tengo tiempo para bañarme y desayunar antes de ir al Ministerio

-Ve a bañarte mientras preparó el desayuno -dijo la Sra. Granger dándole un beso a su hija en la frente.


Hermione se fue a trabajar y a la hora de la comida, Tonks fue a buscarla a su oficina para que fueran a comer juntas al restaurante del Ministerio de Magia

-¿Y qué han investigado sobre la muerte de Kingsley? –preguntó Hermione a Tonks mientras comían.

-La verdad es que tenemos muy poco, nada relevante.

-¿Y del ataque de Harry?

-Estamos tratando de investigar que criaturas fueron las que lo atacaron, pero por más criaturas mágicas que revisamos, ninguna de ellas coincide con las características que Harry menciona.

-Lo sé -dijo Hermione-, también nuestro Departamento está trabajando en eso.

-Harry le pidió a Moody, que lo dejará vigilar a Lucius Malfoy personalmente y él aceptó.

Hermione dio un sorbo a su café, le hubiera gustado que los Malfoy desaparecieran del ministerio, para que Harry no se viera envuelto en tantos problemas.

-Hoy en la noche –dijo Hermione cambiando repentinamente el tema-, hay una función de teatro, es función de estreno. La obra es muggle, pero aún así los actores son excelentes y oí que vale la pena ir… Conseguí dos boletos, pero no tengo quien me acompañe. No sé si tú pudieras.

-Herm, lo siento –dijo Tonks apenada-, tengo una reunión con Lupin y Moody. No puedo faltar, es muy importante.

-No te preocupes–dijo Hermione comprensiva-, iremos en otra ocasión.

Tonks sonrió pícaramente y le dijo a Hermione:

-Mira quién viene ahí

-¿Quién? –exclamó Hermione, volteando la cabeza.

No hizo falta que Tonks contestará, pues en cuanto Hermione volteó, Harry estaba a tan solo unos pasos de su mesa.

-Hola Harry –saludó Tonks.

-Hola –dijo Harry acercándose y saludando a ambas chicas con un beso en la mejilla.

-¿Cómo estás? – preguntó Hermione

-Bien

-Estamos comiendo ¿nos acompañas? –dijo Tonks.

-Por supuesto -dijo Harry con voz galante-, yo invito.

-Entonces, también pediré postre -dijo Tonks riéndose.

Harry tomó asiento en medio de las dos chicas, pronto un par de elfos domésticos estuvieron a un lado de Harry, sirviéndole uno de sus platillos favoritos.

-¿Y de qué hablaban antes de que llegará? –preguntó Harry.

-De una función de teatro –contestó Hermione

-Resulta que Hermione consiguió dos boletos para una obra que se estrena hoy en la noche -dijo Tonks.

-Será mejor que regale los boletos –dijo Hermione.

-¿Por qué

-Porque no tengo quien me acompañe. Tonks no puede.

-¿Y ese es todo el problema? –preguntó Harry riendo.

Hermione asintió.

-¿A qué hora es la obra?

-A las ocho.

-Paso por ti a las siete –dijo Harry.

Hermione lo miró boquiabierta, totalmente incrédula.

-Está bien, si no quieres no –dijo Harry.

-No, sí quiero –dijo Hermione sin creérsela todavía-, a las siete está bien.

-Pues trato hecho –dijo Tonks riéndose de Hermione.


Iban a dar las cinco de la tarde, Harry se encontraba revisando varios informes cuando un par de golpes se escucharon a través de la puerta.

-¿Quién es? –preguntó Harry, suspendiendo su trabajo.

-Hola, soy Cho Chang –escuchó

-Vaya, vaya -dijo el chico saliendo a recibirla.

-Hola Harry –saludó Cho en cuanto él abrió la puerta.

-Hola Cho

Ella se inclinó y le dio un beso en la mejilla, Harry la invitó a pasar a su oficina.

-Bonita oficina -observó Cho

-Gracias. ¿Qué te trae por aquí?

-Nada, pasaba por el ministerio y se me ocurrió venir a ver cómo sigues.

-Estoy muy bien, gracias

-Menos mal. Estaba preocupada por ti, desde que te dieron de alta, no he tenido noticias tuyas. ¿Ya se te olvido que me debes una comida?

-No, pero he tenido mucho trabajo.

-Tenemos que arreglar ese asunto enseguida. ¿Qué planes tienes para hoy en la noche?

-Déjame pensar, creo que nada –dijo Harry, olvidándose por completo de su compromiso con Hermione-. Si tú quieres, podemos salir hoy.

-Pues no sé digas más –dijo Cho sonriendo.

-Cuidaste de mí muchos días en el hospital, lo menos que puedo hacer para darte las gracias es invitarte a cenar. ¿Adónde quieres ir?

-A "La casa de las Delicias", me han dicho que se come muy bien ahí.

-Me parece bien.

-¿Todavía tienes trabajo pendiente? -dijo la morena con gesto impaciente.

-No, podemos irnos de una vez. Lo que me falta, lo puedo terminar mañana

-Perfecto –dijo la chica sonriendo.


-Hola mamá –saludó Hermione aquella tarde al llegar a su casa

-Hola hija ¿Cómo te fue?

-Muy bien –dijo Hermione con gesto pícaro-. ¿A qué no adivinas con quién voy a ir al teatro?

-¿Con Harry? –preguntó la señora Granger, mirando a su hija intuitivamente.

Hermione sonrió feliz.

-Felicidades –dijo la señora Granger.

Hermione abrazó a su mamá. En ese momento, una lechuza color marrón entró volando por una de las ventanas de la sala.

-Vaya, por fin llega –dijo Hermione.

-¿Por fin llega qué? –preguntó la señora Granger.

-¿Te acuerdas que muy pronto va a ser el cumpleaños de Harry?

-Sí

-Pues le mande pedir un reloj.

-¿No le ibas a regalar un suéter?

-El reloj y el suéter

-No tienes remedio –exclamó la señora Granger, desesperándose.

Poco antes de la siete, Hermione había terminado de arreglarse. Sus padres habían ido a cenar a casa de unos amigos y no regresarían hasta muy tarde. La chica se asomó por la ventana, esperando ver en la oscura calle el auto de Harry. Los nervios y la emoción crecían a cada minuto.

-¿Cómo me veo? –dijo Hermione, mirando a Crosshanks.

El gato le dirigió una mirada, después dio media vuelta y fue a meterse debajo de la cama. La chica se contempló una vez más en el espejo: había elegido un bonito traje sastre color beige, se había maquillado un poco y su cabello rizado caía como una cascada sobre su espalda.

El reloj marcó las siete y Harry no había llegado.

"Quizás se le hizo un poco tarde" –pensó Hermione

Pero en cuanto el reloj marcó las siete y media, Hermione comenzó a preocuparse:

-¿Por qué no llega? ¿Se le olvido? ¿Le habrá pasado algo?

Así fueron pasando los minutos hasta que dieron las ocho, pero de Harry ni sus luces.

Hermione más que preocupada por la función de teatro, estaba preocupada por él. Marcó a la casa del chico, pero nadie contestó. Trató de localizarlo en el celular, pero estaba apagado (eso suena muy muggle).

Dieron las ocho y media, Hermione entendió que Harry no llegaría nunca.

-¡Se acabo! -dijo Hermione comenzando a quitarse el traje sastre que traía, dispuesta a ponerse su pijama e irse a dormir, si es que podía.

"Ya basta, tengo que olvidarme de él".

Terminó de cambiarse y se acostó en su cama, sin poder evitarlo, comenzó a llorar, pero no eran lágrimas de tristeza, sino de coraje.

Ese Harry merece un howler, pero me abstengo de escribirlo porque hay niños presentes.