Pasos para enamorarse.
By: Tommy Hiragizawa
Los personajes de Prince of tennis no me pertenecen, si no, la serie sería una verdadera mierda.
RyoSaku
Nota: gracias por sus comentarios del último episodio. No se si voy a acabar este capítulo antes de irme de vacaciones a mi tierra, así que tal vez tarde algo más en subir este capítulo. Intentaré hacer todo lo que esté en mis manos para que esté listo antes del domingo, si no, tardaré unos cuantos días.
Espero que les guste.
Sin más que decirles les deseo buena lectura.
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Paso número dos: amor; Noviazgo.
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En las canchas de tenis del equipo masculino el entrenamiento de la tarde estaba llegando a su fin. Ryoma especulaba cuales serían las órdenes que daría a sus subordinados pues el día siguiente no habría entrenamientos y ya tenían demasiado cerca las competiciones. Centró su mirada felina en un grupo de novatos que tenían potencial pero que estaban en una pésima condición física y se recordó reforzar su entrenamiento y pedirle a Inui que les diseñara una dieta baja en grasas.
buen trabajo chicos. El entrenamiento ha terminado!! – gritó Syaoran mientras se pasaba una mano por el cabello. Unas cuantas chicas que se aglomeraban en el borde de las rejas de las canchas chillaron al verlo hacer aquello. No sabía como las chiquillas aquellas pensaban que gritando podían atraer la atención de un hombre. El en específico prefería a las mujeres más recatadas y tímidas. Todos los miembros del club se formaron de mayor a menor con los titulares frente a ellos. Syaoran cedió la voz de mando a su capitán por lo que Ryoma, antes rezagado junto a una verja se acercó a ellos.
Mañana, como todos saben no habrá entrenamiento por la tarde – infirmó con la voz neutra que lo caracterizaba. – pero ustedes – señaló a algunos que ya tenía en la mira – será mejor que vallan a las canchas callejeras a entrenar – se bajó la gorra para poder reírse en sus adentros de las caras que seguramente pondrían – les hace falta – aún así se le escapó una sonrisa arrogante.
Los chicos comenzaron a farfullar uno que otro insulto por lo bajo y otros solo resoplaban de cansancio. A veces extrañaban al capitán de hacía unos meses, cuando se la pasaba en la inopia pensando en no saben que cosa y solo los ponía a correr de manera maratónica cuando iban a molestarlo. Un capitán Echizen en otras sus capacidades era un verdadero explotador.
Hey!! Buchou!! Saku-chan lo está esperando!!- en cuanto los miembros del club escucharon el nombre de la chica se pusieron a silbar y a proferir piropos al por mayor. No entendían como una chica tan bonita podía estar con un cascarrabias como era Ryoma Echizen.
Syaoran!!- le gritó apenada pues odiaba ser el centro de atención. Sus mejillas se le tiñeron de escarlata mientras veía a su novio acercarse a ella y escuchaba cada vez con más claridad los silbidos y los "encantadores" comentarios hacia ella.
Bye bye – se despidió Ryoma con la mano de todos y tomó por la cintura a Sakuno mientras comenzaban a caminar juntos.
Mou! Cómo le gusta a Syaoran molestarme – se quejó haciendo uno de esos pucheros que a él tanto le gustaban. Ryoma sonrió pasa si mismo, pues comprendía los motivos de su sub capitán para hacer rabiar a Sakuno. Se veía tremendamente linda cuando hacía esos pucheros.
Comenzaron a caminar a la par hacia donde siempre iban después de los entrenamientos de los clubes… a seguir entrenando.
Las canchas callejeras estaban vacías para cuando llegaron. Escogieron la primera que tuvieron al alcance y se prepararon para jugar. Como casi todas las veces que jugaban, Sakuno llevaba el traje de tenis debajo del uniforme, por lo que él tenía que calmar sus hormonas cuando la veía desnudarse, o eso parecía, enfrente de sus ojos. La blusa se le levantaba cuando se sacaba el chaleco de la escuela y amaba como le marcaba el trasero el bendito short que se había comprado días atrás. Cuando la veía así, solo para él, recordaba porqué agradecía que los entrenamientos de los equipos masculino y femenino fueran separados.
Vamos Ryoma, ¿estás cansado? – se burló ella mientras esperaba a que el chico sacara. Ryoma sonrió divertido ante el atrevimiento de su chica, le encantaba que ella hiciera aquello.- Muy lento cariño – le regresó el saque sin dificultad – Te voy a ganar – tarareó volviendo a la posición de espera.
Ni lo sueñes – marcó punto otra vez devolviendo la pelota con toda la potencia que tenía. – 6-6 – le recordó el marcador.
¿me puedes decir porqué siempre terminamos así? – se quejó.
No lo se, pero ya sabes qué sigue –
Tie Break – sonrió – y el que gane se lleva su premio –
¿qué quieres? –
si gano yo, mañana vamos al parque de diversiones después de clases para aprovechar que no hay entrenamiento y te asegurarás de que tu padre no nos siga –
Creeme que no tengo ganas de dejar a mi padre seguirnos una vez más –
Flash back…
Caminaban tomados de la mano como pocas veces hacían. Le parque y su soledad a esas horas les permitía demostrarse su afecto sin que ninguno de los dos tuviera que cohibirse. Era domingo por la mañana demasiado temprano como para que ninguno de sus amigos concibiera levantarse a espiarlos – habían descubierto que era el pasatiempo favorito de los sempais – además de que tampoco habría gente paseando hasta dentro de unas cuantas horas.
Ryoma se sentó a la sombra de un árbol al lado del lago del parque y jaló a Sakuno para que quedara sentada sobre sus piernas. Ella se revolvió incomoda pues no sabía si su peso lo incomodaba a él, pero las manos del tenista la detuvieron al posarse sobre su cintura.
¿qué pasa? -
¿no te incomodo? – lo miró totalmente sonrojada.
No, pero si sigues moviéndote así sobre ni, tal vez lo hagas – los ojos de Sakuno solo revelaron confusión, por lo que Ryoma tuvo que soltar un suspiro cansado antes de explicarle – Sakuno, eres la chica más bella que he visto, el tenis ha hecho maravillas con tu cuerpo. Seré frío y a veces seré distante, pero soy hombre y te quiero… maldición! No me tomes por mi padre, pero te deseo –
El rostro de Sakuno, si antes estaba sonrojado ahora había adquirido una tonalidad de rojo tan intensa que Ryoma dudaba que antes hubiera sido vista por el hombre.
no quise incomodarte – se disculpó tratando de esconder su propio sonrojo como normalmente hacía, con su gorra. Lástima que en ese momento estuvieran demasiado cerca como para que eso sirviera.
Ryoma – lo llamó pero al ver que él no levantaba el rostro tuvo que hacer que lo alzara por su cuenta. Tomó con una de sus manos la gorra blanca e inseparable del chico y se la quitó. Después posó sus manos sobre cada una de sus mejillas y lo obligó a mirarla. – te amo –
Y yo a ti –
No tienes porqué avergonzarte de eso… yo… yo también te deseo –
Ryoma abrió los ojos excesivamente en cuanto escuchó la declaración de Sakuno. Sonrió sintiendo que se había quitado un peso de encima al admitir lo que la chica le hacía sentir y aceptarlo como algo natural. Era normal que deseara a su novia… es hombre después de todo, no una maquina de tenis
Sakuno- ella lo miró temerosa por lo que fuera a suceder desde ese momento – voy a besarte –
No la dejó decir otra cosa después de haber pronunciado él aquello. Tomó posesión de sus labios con desesperación mientras dejaba que sus manos se posaran sobre sus piernas desnudas por la corta falda que llevaba. Ella jadeo ante el contacto de su piel y las manos masculinas y llevó su propia mano hacia la nuca de su novio para acercarlo más a ella.
Eso campeón!!! Demuéstrale todo lo hombre que eres!!! -
Desearon que solo fuera una pesadilla o que por lo menos solo hubiera visto el beso.
has que moje las bragas cada vez que piense en ti!!! –
No, el muy mal nacido había escuchado toda su conversación sabrá dios como.
La cara de Sakuno quedó enterrada en el cuello de Ryoma mientras contenía las ganas de llorar de vergüenza. Ryoma por su parte estaba intentando contener sus ganas de cometer parricidio y acabar con la vida de su progenitor. Después de todo con tanto grito había descubierto su escondite tras los matorrales que rodeaban el árbol y por lo que Ryoma había pensado que tenían más intimidad. Tenía que haber imaginado, después de la vez de los sempais escuchando tras los arbustos en las canchas callejeras que los matorrales y cualquier vegetación de follaje amplio y expansión baja eran buenos lugares de escondite.
Fin del flash back…
y si yo gano… -
si, si tu ganas me besas hasta dejarme sin aliento y con los labios hinchados – adivinó su premio sin tener que pensárselo mucho.
¿cómo sabes que iba a pedir? – la miró confundido alzando una ceja.
Siempre dices que será otra cosa y terminamos igual. Tu feliz de la vida y yo con la boca tan inflamada como si me hubiesen pegado un puñetazo -
Me dirás que no es una manera mucho más placentera que un puñetazo para dejarte la boca hinchada. – se burló él.
No lo negaré – se rió ella.
Y si mejor nos saltamos tu derrota y pasamos a mi premio? –
Ni lo sueñes Echizen. Esta vez te ganaré yo, así que ve preparando los bolsillos –
Más o menos una media hora más tarde Sakuno se dejó caer en el suelo de la cancha tras ver como la pelota que Ryoma le había devuelto tocaba por segunda vez en suelo de su parte de la cacha. No mucho después se escuchó el golpe sordo que causó la caída de Ryoma en el suelo de la misma forma que había hecho ella.
ganaste otra vez!!! –
te lo dije – atrapó los labios femeninos entre los suyos.
Tramposo – correspondió pasando sus brazos por el cuello del chico.
Solo reclamo lo que me pertenece. He ganado mi premio, además a ti te gusta tanto como a mi – se separó de ella y para sorpresa de Sakuno se puso a besarle el cuello. La sensación, nueva para ellos que no habían pasado de los besos con lengua, fue estremecedora.
¿qué haces? – gimió débilmente al hablar.
Para que luego no te quejes por los labios – mordió y siguió con su tarea, comenzando a bajar la tela de su hombro para tener más espacio donde besar.
Y mientras Sakuno se dejaba hacer, Ryoma pensaba en todas las sorpresas que le daría a su novia al día siguiente.
Hacía unos meses, justo el día en que comenzaron a salir, había llegado para él una carta de su hermano. Ryoga avisaba a casa que regresaría a hacer una visita en los próximos meses para presentar a la familia a su novia. Al parecer la relación iba muy en serio y Ryoga se estaba planteando el pedirle matrimonio a la chica en un año o dos, cuando ambos estuvieran los suficientemente preparados para dar ese paso.
También preguntaba en varias ocasiones por su "pupila" como la llamaba en la carta y hacía alusiones a cuando le pediría que saliera con él. A veces se preguntaba si Ryoga no tenía genes de brujo o algo por el estilo.
El próximo día su padre tendría que hacer lo que más detesta en la vida, levantarse temprano pues tendría que ir a recoger a su hermano al aeropuerto.
Sakuno se pondría seguramente muy contenta de verlo nuevamente, pues bien sabían él y sus celos que ella adoraba a su hermano. Así que le tocaría controlar su temperamento para que no se le notaran mucho los celos cuando su hermano abrazara a Sakuno delante de él.
Tenía planeado todo el día. Primero irían al parque de diversiones tal como ella quería hacer. Después de todo ha estado preparando unos buenos ahorros para ese día. Después irían a comer y al final de la tarde le pediría que se quedara a cenar, así cuando entrara a casa saludando a todos se llevaría la sorpresa de ver a Ryoga sentado a la mesa.
¿Quién dijo que un Echizen no puede ser romántico?
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Día siguiente. 8:30 de la mañana.
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Ryoma tenía todo planeado. Se levantaría temprano, poco después de que se padre se fuera al aeropuerto a buscar a Ryoga y comenzaría a arreglarse para ir a por Sakuno a su casa por sorpresa. Llamó a la vieja Sumiré para que le hiciera al favor de entretener a su nieta en casa, lo que le costó entrenamientos extras por unas cuantas semanas - como
si él los necesitara.
Buscó en su armario algo que no fuera deportivo o que fuese de la escuela. Rebuscó y rebuscó tratando de encontrar algo que pasara por decente. Lo más casual que tenía en el armario era un traje de gala que tenía de una vez que a sus padres y a él los habían invitado a la boda de una de las compañeras de trabajo de su madre cuando vivían en Estados Unidos, y de eso hace ya más de cinco años.
Suspiró cansado. Nunca se había dado cuenta de lo metida que toda su vida estaba en el tenis. Entre su ropa solo había lo que no estaba buscando. El uniforme del equipo de tenis, el uniforme del colegio y ropa deportiva.
Un chispazo vino a su mente cuando recordó que las navidades anteriores su madre le había regalado un conjunto que no tenía nada que ver con el tenis o con el deporte. Según ella necesitaba comenzar a pensar en hacer otras cosas que no tuvieran que ver con raquetas. En ese entonces el solo había refunfuñado y cuando ella no lo vio enterró aquello en lo más hondo del ropero. Fue sacando de su sitio todas las cajas de zapatos y tras todas ellas encontró la caja de colores festivos que tanto recordaba. El polvo impedía que el brillo del listón dorado fuera tan chillón como lo había sido en su momento, pero seguía siendo el mismo. Lo tomó entre sus manos y se lo pensó dos veces antes de disponerse a ponérselo. Su madre chillaría como loca en cuanto viera que al fin estaba siguiendo sus consejos.
Respirando para tranquilizarse, se encaminó al baño de la primera planta para poder darse un baño. El agua caliente le relajó los músculos y de paso lo dejó pensar con más claridad. Vislumbró en su mente a Sakuno, sonriéndole feliz por haberla llevado al parque de diversiones y su cara de sorpresa cuando viera a Ryoga. Tuvo que poner una sonrisa idiota en ese momento, pues era lo que ameritaba la imagen.
Se enjuagó la cabeza por segunda vez y se secó con una toalla. Su cabello húmedo se le adhirió a la cara por lo que supo que pronto tendría que cortarlo. Lo peinó hacia atrás para ver como quedaba. Cuando el espejo se desempañó pudo verse reflejado como un señorito. Arrugó el ceño y volvió a despeinarse. Tuvo que reconocer que se veía bien con el cabello más largo de lo normal y alborotado casualmente. Se lo dejó así y comenzó a cambiarse. Los pantalones le quedaron que ni mandados a hacer y la camisa algo apretada. Subió a su cuarto otra vez y sacó una playera negra que se le adhería al cuerpo como una segunda piel y sobre ella colocó la camisa gris dejándola desabotonada.
Metió a su cartera el dinero que tenía recaudado para la ocasión y se pasó la mano por el cabello otra vez. Siempre lo hacía cuando estaba nervioso.
Trató de hacer el menor ruido posible mientras bajaba para irse. Se pondría los zapatos de la escuela, pues era lo que más pegaba con lo que llevaba puesto. Entró a la cocina suponiendo que su madre se habría ido con su padre. Abrió el refrigerador para sacar un poco de jugo de naranja y hacer pan tostado con mantequilla cuando un chillido agudo le dio a entender que no estaba solo para nada.
Su madre lo veía con los ojos muy abiertos.
Ry…Ryoma? – al parecer aún no se creía lo que estaba viendo.
Eh? ¿si? – tomó su sorbo de su jugo para restarle importancia al hecho de ir vestido como iba.
Estás enfermo? – le tomó la temperatura con los labios.
No mamá –
¿entonces? –
llevaré a Sakuno al parque de diversiones – le confesó – la traeré a cenar –
tengo tantas ganas de ver a Saku-chan! – dijo y lo abrazó. Para ella toda chica que hiciera a su hijo perder los estribos lo suficiente para que aceptara vestir como dios manda, entonces era bienvenida en la familia.
No le digas nada a papá -
No te preocupes querido, tu secreto está a salvo conmigo – vio el parco desayuno que su hijo estaba por comer y frunció el ceño – nada de eso muchachito, o comes como dios manda o no sales de casa –
Pero… -
Nada de peros, te prepararé unos huevos fritos y tocino –
Un cuarto de hora después cuando logró salir de casa se encaminó a la casa que Sakuno compartía con su abuela. Seguramente la vieja ya estaría desesperada porque él no llegaba o tal vez ya se había cansado de retener a Sakuno y ella se había ido.
Llamó a la puerta aún con nerviosismo a flor de piel. Siempre que salía con Sakuno era porque ella decidía donde, cuando y como. Ahora era él el que había tomado la iniciativa por primera vez y no lograba dejar de pensar en que algo saldría mal por mucho que lo hubiera planeado.
hola Ryoma – lo saludó la entrenadora y le dio paso a la sala de la casa. – hice lo que me pediste, aunque mejor hubiera sido que me pidieras que la despertara y la mantuviera en casa –
sigue dormida? – la miró extrañado.
Sakuno puede ser una marmota cuando tiene sueño – el comentario hizo que Ryoma se riera por lo bajo - ¿quieres que vaya a despertarla? –
Puede ser que me permita ir a mí? –
Prometes no hacer más que despertarla – lo miró perspicaz – conociendo a tu padre –
Yo no soy como el viejo – frunció el entrecejo por la comparación.
Lo se. Anda, sube. – cuando comenzó a subir las escaleras se dio cuenta de que no tenía idea de cual era su habitación – la segunda de la derecha – le aclaró Sumire como si pudiera leerle la mente.
El pasillo era angosto pero alargado. Las paredes en un tono blanco aperlado y los marcos de las puertas de otro caoba, contrastando oscuridad con luz. Se acercó a la segunda puerta de su lateral derecho y entreabrió tratando de no hacer ruido con las bisagras. La madera se deslizó sin esfuerzo o ruido dando paso a una habitación espaciosa y bien iluminada. La luz que entraba por la ventana era suficiente para que la estancia tuviera la luminosidad suficiente para ver bien y más que bien. Aún así eso parecía no afectar en lo más mínimo el hondo sueño de su novia.
Tenía pocos muebles ocupando espacio. En la pared más cercana, en la que la puerta se encargaba de ocupar el mayor espacio posible había una cómoda blanca a juego con la cama y un peinador que estaba justo al lado de la ventana. Al lado de otra puerta y de la cama, que estaba recargada contra una esquina, estaba lo que parecía ser un armario empotrado.
Todo le recordaba a ella. Desde el olor característico que desprendía su cabello y que ahora inundaba todos sus sentidos desde cualquier parte de la habitación hasta el color rosa pálido que cubría las paredes.
mmm – escuchó como Sakuno se revolvía haciendo ruidos sobre la cama para otra vez quedar inmóvil en su profundo dormir. Las colchas blancas se habían corrido hasta sus pies y lo demás quedó solo cubierto por una fina – tal vez demasiado para su imaginación – sábana.
Con cautela llegó hasta el borde de la cama y se sentó al lado de ella. Las manos le hormigueaban por tocar sus piernas que apenas eran cubiertas por el corto short de dormir que llevaba. La camiseta de tirantes era una verdadera tentación para él y sus hormonas alborotadas. Tuvo que pensar muchas veces lo que le haría Sumire si lo encontraba toqueteando a su nieta mientras ella dormía – claro que tampoco sería de mucha ayuda que estuviera despierta.
Sakuno – la llamó inclinándose para acercarse a su oído y despertarla lo más suavemente que pudiera. – despierta dormilona – insistió al ver que no había el menor cambio.
Cinco minutos más abuela – susurró con la voz enronquecida con la que normalmente cualquier persona se despierta por las mañanas.
O nos vamos en media hora o no cogeremos el autobús al parque de diversiones –
Pero si hoy no íbamos a… - no terminó la frase. De un saltó tomó las sábanas y se cubrió con ellas hasta las orejas – Ryoma-kun! – chilló al tiempo que se sonrojaba pasando por todos los tonos de rojo que Ryoma conocía.
Cámbiate, te espero abajo - le besó la frente y salió de la habitación.
Miró su reloj para revisar la hora. Las 9:15. El autobús que iba al parque de diversiones pasaba por la estación a las 10:20 y desde casa de Sakuno hasta la estación tardaban 10 minutos. Tal vez pudo haberla dejado dormir otro rato y él hubiera disfrutado de ver su linda carita dormida y su aún más bonito cuerpo expuesto a sus ojos.
Sumire tenía razón, era digno hijo de su padre.
Pasaron exactamente 30 minutos antes de que Sakuno saliera de la habitación dando zancadas largas y casi cayéndose cada dos pasos. Se hubiera reído de no ser porque estaba lo suficientemente impactado por como iba vestida Sakuno como para hacerlo.
El vestido de verano, vaporoso y casi etéreo envolvía su cuerpo como si hubiera sido hecho para ella y solo para ella y no como seguramente era – producción en masa. El cabello suelto iba ondulado, enmarcando su rostro de manera angelical. Y su rostro siempre impoluto se engalanaba con ligeros toques de maquillaje en los labios y en el marco de los ojos. Además de reírse pudo haber babeado, pero se contuvo por respeto a su entrenadora que miraba su cara con total diversión.
estás… - no pudo terminar, no tenía palabras para describirla.
Gracias – se sonrojó aún más si era posible.
Regrésala temprano a casa Ryoma –
No se preocupe, la traeré después de la cena –
Que se diviertan chicos!! – los despidió desde la puerta.
Sakuno lo miraba con los ojos llenos de emociones encontradas. O se había vuelto un experto analizando los sentimientos en los ojos de las personas – cosa que significaría que tenía otro talento aparte de su juego – o estaba viendo todo lo que se había imaginado que vería. Sentía su sorpresa, su cariño y su desconcierto en cada una de sus facciones.
¿por qué? – le preguntó cuando ya iban en el autobús rumbo al parque.
Acaso tengo que tener motivos para llevar a mi novia de paseo? – ella lo miró claramente suspicaz, sin creer del todo su excusa. – solo quiero que hoy, hasta la cena, solo tengas ojos para mi –
Maldito celoso – se encogió de hombros y la abrazó por la cintura.
Soy celoso de lo que es mío – le dijo al oído – y tu lo eres –
Bajaron en su destino pasada una media hora. El parque era enorme, lleno de juegos y de personas al por mayor. La mirada de la acompañante de Ryoma estaba iluminada por la felicidad que estar con él en ese lugar le producía. Desde pequeña ese había sido un sueño que había tenido. Ir un día con su novio, agarrada de la mano por el parque de atracciones, comiendo manzanas con caramelo y algodón de azúcar. Ir a los juegos más cursis y también a los más temerarios para poder abrazarlo y si podían y tenían la suficiente confianza, subir a la rueda de la fortuna (noria) y besarse desde lo más alto.
Tomó la mano de Ryoma tomándolo desprevenido y corrió rumbo al primer juego que encontró. Se formó tras unas 10 personas que ya esperaban su turno y esperó mientras Ryoma la abrazaba por la cintura. No sabía porqué lo hacía y seguramente si lo hubiera sabido hubiera dicho en voz alta pero que muy alta un "celoso". A Ryoma le encantaba su novia. Era la chica más hermosa que hubiera pisado la tierra y era solo para él. Por ello detestaba ver como otros tipejos se le quedaban viendo, casi comiéndosela con la mirada.
"Malditos bichos molestos" – pensó en lo más hondo de su ser.
Sonrió con arrogancia a los primeros imbéciles que se atrevieron a posar su vista en ella, pero después se fue cansando de tener que dejar en claro con esas sonrisas lo que le pertenecía. Cuando al fin se formaron para subir al primer juego la abrazó por la cintura. No le gustaba ser exhibicionista, pero con tal de dejar en claro que ella era suya era capaz de llamar por megáfono a todos los tipos presentes y besarla en medio de ellos para que se dieran cuenta de cómo estaban las cosas.
No fue necesario que cometiera aquello. Entraron al primer juego tras unos minutos de espera. Para Ryoma solo era una cosa redonda que daba vueltas y se inclinaba acelerando la velocidad. Para Sakuno era su juego favorito. Se montaron y la cosa redonda comenzó a girar. De no haber sido por su duro entrenamiento físico Ryoma hubiera devuelto el huevo con tocino que su madre le había hecho por la mañana. Gracias a dios no fue así o hubiera pasado el mayor ridículo de su vida frente a la única persona, o más bien la persona frente a la que menos le apetecía hacerlo.
estás bien Ryoma-kun? – le preguntó cuando bajaron del "juego infernal ese" como desde ahora lo llamaría el chico.
Si… - se apresuró a decir. Tomó su mano después de limpiar de su palma el sudor acumulado y se encaminó a la parte del parque donde corría menos peligro de acabar mareado.
Pasaron lo que quedaba de la tarde sobre los juegos de coches de carreras, donde resultó que Sakuno era una experta y derrotó a Ryoma en todas las carreras.
mi padre me enseñó a conducir desde muy pequeña – le dijo con una sonrisa socarrona plasmada en el rostro.
Che – no dijo más pero Sakuno no pudo evitar reír por lo infantil que se veía así de enfuruñado.
Pasearon como ella quería, tomados de la mano y siendo la envidia tanto de chicos como de chicas. Sakuno también era consiente de que su novio no era cualquier chico. Se había ganado fama gracias a las revistas de Inoue y prácticamente era la celebridad de la ciudad. Ni la gorra faltante, ni el cambio de apariencia habían logrado que la gente lo reconociera menos, por lo que los chicos cuchicheaban sobre tenis nada más verlo pasar y las chicas se lo comían con la mirada.
Se sorprendió a si misma queriendo cortarles la cabeza a todas ellas por atreverse a mirar lo que era suyo. Ryoma le estaba pegando lo celoso.
¿A dónde quieres ir antes de irnos? – le dijo él mientras estaban sentados tomando un refresco en una banca del parque.
Yo… a la rueda de la fortuna – se sonrojó al recordar el sueño que siempre había tenido. Ryoma solo se le quedó mirando, pensando que tal vez se sonrojaba por el hecho de pedir subir a ese juego con él. Tomó su mano entre las suyas y la jaló para comenzar a caminar hacia la gran rueda que había al fondo del parque.
Aún era temprano, así que no había mucha cola y no tardaron más de unos cuantos minutos en subir. La cabina era pequeña y con una sola banca para sentarse, así que quedaron muy juntos mientras comenzaban a elevarse. A medida que la distancia con el suelo se hacía mayor el rostro de Sakuno comenzaba a colorearse más de lo que ya estaba.
Mirando por el rabillo a Ryoma, se lo imaginó inclinándose hacia ella para besarla cuando estuvieran en lo alto, pero él parecía muy entretenido mirando hacia fuera, donde la ventanilla mostraba la panorámica del parque. Lo que ella no sabía es que él intentaba mantener sus hormonas al margen, sin querer arruinar el día que habían tenido. Su proximidad lo descontrolaba y lo hacía querer deslizar las manos por la piel que el vestido dejaba visible, incluido el ligero escote. Sakuno se envaró, nerviosa por la actitud de Ryoma.
¿Ryoma-kun? – lo llamó y él dio un respingo. - ¿Estás bien? –
Hmh – intentó no voltear, porque con que la viera una sola vez se abalanzaría sobre ella para devorarla sin dejar nada de ella. Desperdiciar la comida era de mala educación. – Estoy bien Sakuno –
Mortificada por su actitud, le tomó la mano entre las suyas temblorosas.
¿He hecho algo malo? – lo sintió tensarse al decirlo – Es eso verdad. ¿Te has enojado por subir conmigo a la rueda? – en ese momento el juego comenzaba a bajar nuevamente – Lo siento Ryoma-kun. Es que subir aquí con mi novio ha sido siempre como un pequeño sueño para mí. No sabía que te enojarías –
Sintiéndose un estúpido por hacerla sollozar como lo estaba haciendo en ese momento. Se volvió hacia ella cuando la cabina estaba volviendo al suelo. Le hizo señas con la mano al chico de la atracción y él los dejó dar una vuelta más.
Esta vez era Sakuno la que miraba hacia la ventana sin atreverse a volverse hacia él, y sus sollozos estaban martilleando en los oídos el tenista. La tomó del hombro, sintiéndola temblar bajo su tacto.
No es eso Sakuno – Le dijo y terminó por sentarla sobre sus piernas – Es lo mismo que el parque el día que nos descubrió mi padre –
¿Eh? – lo miró desconcertada - ¿A qué te refieres? –
Él no hizo ningún ademán de querer responder a su pregunta y justo cuando estaban llegando nuevamente a la cúspide del recorrido tomó su rostro entre las manos para besarla.
Sus labios aprisionaron los de ella con ternura, impidiendo que pudiera decir algo. Permaneció con los ojos abiertos mientras ella los iba cerrando después de la impresión inicial. Comenzó a moverse. Mordisqueó el labio inferior para pedir el acceso a su boca, y cuando le fue concedida la asaltó hasta que ambas lenguas se enredaron entre ellas sin intención de detenerse.
Las manos de ella subieron lentamente hasta apoyarse en sus hombros, pasando por ellos con una caricia para deslazarse a su nuca y su cabello. Movió la cabeza hacia el lado contrario para adaptarse mejor al beso y él siguió besándola con reavivado énfasis. ¡Dios, amaba cuando le pasaba la lengua por los dientes!
En un arranque de pasión que no supo de donde venía, fue ella la que, jalándolo del cabello, hizo aún más húmedo el beso, convirtiéndolo de una caricia de sensual ternura en un arrebato de furiosa pasión que ninguno de los dos pudo mantener en sus labios. Ella jadeó sorprendida y extasiada al sentir que la montaba a horcajadas sobre él y le apretaba el trasero para después ahuecar las manos en ese lugar. Él aprovechó su jadeo para apresar la lengua de ella entre sus dientes y succionar.
¡Ejem! – escucharon y al mismo tiempo no. Ryoma siguió acercándola a su miembro erecto mientras ella acariciaba su espalda con tiernos roces. – Chicos, el juego se ha acabado –
Sakuno dio un respingo al escuchar la voz del encargado del juego, bajándose del regazo de Ryoma y acomodándose lo más rápido que pudo la ropa mal colocada. Ryoma soltó un gruñido desde lo hondo de su pecho mientras maldecía al hombre, tomaba la mano de su novia y salía a paso rápido del lugar.
Casi a la salida del parque, la acorraló contra una pared en un rincón oscuro tras uno de los juegos. Ahuecó las manos sobre sus nalgas y la pegó a su cuerpo, mostrándole que aún duraban los estragos de lo que habían hecho en la rueda de la fortuna.
Por esto era por lo que estaba extraño – murmuró contra su cuello – esto pasa siempre que estás demasiado cerca de mí –
Y sin esperar a que saliera de su asombro, la tomó de la mano y la llevó fuera del parque.
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Sakuno era una chica inocente, pero no tanto como para no saber qué era lo que tan descaradamente su novio había restregado contra ella. Sentirlo así de excitado por ella era un hecho que la tenía dividida entre la vergüenza y la dicha, pues aunque se sentía algo intimidada, nunca había esperado causar ese tipo de efectos en él.
Bien, tal vez sí lo hubiera esperado, pero no tan de repente ni de esa manera tan pasional. Y eso que amaba ese lado impulsivo de Ryoma.
Se quedó viendo el perfil de Ryoma con detenimiento mientras iban de camino a casa del chico en un taxi. Él había insistido en que su madre quería verla en la cena, y ella no era nadie para decirle que no a la señora Echizen, a pesar de lo poco que le apetecía ver al esposo de esta. No desde que los encontró en el parque. Estaba nerviosa por los comentarios que seguramente el hombre haría a su costa, riendo a carcajadas, cuando notó la mirada intensa que su novio le dirigía. Podría haberse perdido en la profundidad de sus ojos ambarinos de mirada gatuna, pero su cuerpo reaccionó de manera inesperada.
Fue como si la sangre le hirviera y el fuego en su interior se concentrara en su vientre.
Parpadeó confundida ante la sensación desconocida que le invadía cada una de las extremidades del cuerpo. Deseaba besarlo con fuerza y acercarlo a su cuerpo para incitarlo a apagar las llamas que le incendiaban.
Y esa reacción no pasó desapercibida por los ojos de Ryoma. Los ojos de su novia se habían oscurecido y dilatado y tenía las mejillas sonrojadas. De no haber estado en la parte trasera del taxi la hubiera tomado entre sus brazos y la hubiera desnudado para comérsela entera, y nunca mejor dicho.
¡Dios! No era su padre, pero después de todo era hombre.
Gracias al cielo el taxi se detuvo antes de que pudiera perder los estribos delante de su casa en el templo.
Tomó la mano de Sakuno con la suya y la ayudó a bajar del auto y a subir los escalones que llevaban hasta la entrada del templo en el que vivía su familia. Procuró mantener la vista fija en el frente y abstenerse de la tentación, pero al final terminó sucumbiendo y arrastrando a Ryuzaki hasta uno de los árboles del jardín.
Sakuno – gruñó antes de reclamar sus labios en un beso arrollador. Descargando tanta de su necesidad como pudo hacerlo. Las manos de él se perdieron en el cabello cobrizo de su novia antes de atreverse a bajar por su columna hasta el nacimiento de sus nalgas para alzarla.
La escuchó soltar un chillido casi imperceptible entes de que ella enredara las piernas entorno a su cadera, anclándose lo mejor que pudo con los talones en su trasero.
Ryoma le mordió la barbilla suavemente mientras ella jadeaba placenteramente mientras comenzaba a alzar el vestido para apartarlo de su camino deslizando las manos por la piel de sus piernas.
Se estaba perdiendo en el momento, y lo sabía, pero no había nada que le importara menos en ese momento. Lo único que había en su mente era terminar de correr la tela que le impedía tener un contacto más íntimo con el sexo de Sakuno, con el dulce calor con el que estaba deseando fundirse por completo.
Ryo…ma…kun – jadeó entrecortadamente su nombre, haciendo que el ardor que inflamaba su virilidad se intensificara.
"¡Mía!"
La voz posesiva que habitaba en su cabeza gritaba una y otra vez lo mismo como si se tratara de un mantra. Gruñía y vociferaba una y otra vez, reclamándola.
Deslizó la lengua por la extensión de su cuello, mordisqueando después sobre el rastro de saliva que había dejado. Acunó entre sus manos el trasero suave y definido de la chica, pegándola más a su pelvis cuando terminó de correr la tela del vestido hasta su cintura.
Sakuno gimió y se sostuvo a los hombros de Ryoma, enterrando las uñas en la tela de su camisa. Se apoyó lo mejor que sus extremidades temblorosas le permitieron y se impulsó un poco para frotar su sexo húmedo contra la protuberancia que crecía en los pantalones de Ryoma.
Un coche pasó por la carretera, iluminando un poco el lugar donde estaban escondidos con la luz de las farolas e hizo que la cabeza fría de Ryoma volviera a su lugar. Hubiera dado cualquier cosa por mandar a volar de nuevo su conciencia, pero no pudo hacerlo cuando la vio a ella tan perdida en su propio placer.
Si no era él el que los detenía, cometerían una tontería.
Además, no traía condones. Masculló una maldición al tiempo que posaba los labios contra la frente de Sakuno.
Debemos parar – la voz le salió completamente ronca, pero no pudo hacer mucho por eso cuando aún estaba duro como una piedra bajo la tela de sus pantalones. Y no ayudaba mucho que ella aún estuviera balanceándose contra él, frotando sus pechos contra el suyo.
Ryoma-kun – gimió su nombre en protesta a la falta de atención que estaba recibiendo de su parte.
Con toda la fuerza de voluntad que logró reunir la obligó a volver al suelo y la ayudó a colocarse bien el vestido de verano. Ella aún respiraba con agitación y al parecer no entendía el motivo de que se hubiera detenido. Soltó un suspiro cansado antes de abrazarla contra él, manteniendo aún así una distancia prudente entre ellos.
Tengo una sorpresa para ti –
Entre sus brazos y escuchándolo decir aquello, volvió a la realidad. Se ruborizó hasta la raíz del pelo al darse cuenta de cómo había actuado, o más bien de cómo habían actuado ambos. Y al notar cuan excitada estaba y cuando deseaba haber acabado con lo que estaban haciendo.
¡Y ella se quejaba el padre de su novio!
Trató de regularizar su respiración, lográndolo a los pocos minutos. Levantó la mirada para estudiar el rostro de Ryoma. Su mandíbula estaba apretada y sus ojos refulgían en un fuego que hasta entonces ella había desconocido, pero que estaba segura era muy parecido al que ella sentía bullir dentro de ella. Se veía arrasador con el cabello revuelto y resollando por la nariz.
¿Una sorpresa? – le preguntó, cayendo en la cuenta de lo que le había dicho.
Él sólo asintió con la cabeza. Apretó aún más la mandíbula al percatarse de que algo en su interior rugía pidiéndole que volviera a enredarse entre sus piernas para tomarla antes de que ella fuera a ver a su hermano. Odiaba sentir esos celos que lo carcomían.
Entonces vamos a cenar – ella le sonrió y él terminó desarmado.
La tomó con fuerza por la cintura y volvió a besarla. Esta vez sin rastro de la exigencia que había estado presente en el beso anterior, o de la pasión enfebrecida que habían descubierto en el otro. Sólo hubo tranquilidad y cariño. Todo el amor que sentían por el otro.
Te amo Ryoma-kun –
Y se le hinchó el pecho al escucharla, sin entender cómo era posible que la mereciera.
Su frente tocó la de ella, sin atreverse a abrir los ojos mientras le acariciaba las mejillas con las manos ahuecadas y posaba un beso tranquilo sobre su nariz cubierta de su tan tierno sonrojo. Dio una bocanada de aire a sus pulmones, preparándose para decirle aquellas dos palabras que tan pocas veces le había susurrado y que ella tanto le prodigaba tanto con palabras como con actos. Él intentaba que ella notara sus sentimientos por medio de sus actos, pues nunca había sido un hombre de fáciles palabras. Era casi tan malo diciendo cosas bonitas como Momoshiro poniéndole nombres a sus golpes.
Aún así, quería hacerlo. En ese momento. Mientras que la magia de la conexión que tenían prevalecía más fuerte que en ningún otro momento.
Y lo hubiera hecho, de no haber sido porque la voz de la persona a la que precisamente menos quería ver en ese momento los sorprendió a ambos.
¿No crees que es romántico Tommy-chan? ¿El enano y mi preciosa pupila con las manos en la masa? –
Ryoma frunció el ceño al escuchar a su hermano y se separó de Sakuno lo suficiente para poder fulminarlo como era debido con la mirada. Después de haberlo hecho, sin haber recibido el menor caso por parte de Ryoga se quedó viendo con interés a la mujer que estaba junto a él.
Era morena, alta y delgada. Su cabello negro como el ala de un cuervo brillaba a pesar de la poca luz que había en ese lugar y sostenía en una de sus manos una cámara de video.
Claro que lo es cariño, que bueno que lo he inmortalizado todo con mi adorada cámara – dijo ella sonriendo pícaramente mientras estudiaba su cuerpo con la mirada. Sintió un escalofrío atravesarlo cuando ella sonrió con burla, casi de manera idéntica a la de su hermano.
A veces creo que la quieres más que a mí – gruñó Ryoga dramáticamente. – Será para la posteridad. Sólo deja que el viejo vea lo bien que ha educado a su cachorro – Ryoga recibió una mirada fulminante y un gruñido por parte de Ryoma. - ¿Y tú no piensas saludarme, Sakuno? –
Confundida, y sin terminar de creer la presencia del mayor delante de ella. Se acercó con paso tembloroso hasta él y extendió la mano para tocar su mejilla. Cuando su palma hizo contacto con su piel, no pudo contener un sollozo que pugnó por salir desde lo hondo de su pecho.
¡Ryoga-kun! – gritó ella y se abalanzó a abrazarlo por el cuello.
Ryoma tuvo que recordarse muchas veces mientras tanto que ella lo amaba para que sus deseos asesinos no salieran a la superficie.
Continuará…
Siento el retrazo, pero aquí les dejo una probada de lo que iba a ser originalmente este capítulo. Es que he tenido problemas con mi ordenador y se me borró lo que tenía hecho – 25 páginas – y ahora tuve que dejarlo hasta aquí.
Espero que les guste.
Atte: Tommy
