Summary completo:

Bella una joven de dieciocho años es tratada como una auténtica criada en su propia casa, pero un día conocera al joven principe Edward, que le hara vivir de nuevo la vida y le ara recordar cual es ese sentimiento al que muchos llaman amor.


En este capitulo se usa el lenguaje de los abanicos..

Aquí os voy ha decir que significa cada gesto…

Ponía su abanico sobre su cabeza con un dedo extendido: Hola.

Tocar con el dedo la parte alta del abanico: Deseo hablar contigo

Mover amenazadoramente el abanico cerrado: No seas tan imprudente

Abrír el abanico y situarlo en su cara con la mano derecha: Sigeme


Capitulo Cuatro

Ven.

Domingo…

Día de del señor.

Dia en el que Bella podía hacer lo que quisiese sin tener los ojos de Renne pegados a la nuca.

Dia en el que a Bella se le daba una milesima parte de su herencia, que además tenía que compartir con los demás empleados de la casa.

Día en el que todas las mujeres y todos los hombres de el pequeño reino se vestian con sus mejores galas y se reunian en una pequeña Iglesía, situada en lo más alto del monte del Molino.

Domingo, día de descanso y tanquilidad, o por lo menos para todos los humanos de esas tierras, excepto para Isabella Swan.

Bella recogió lo más rápido que pudo la cocina, volvió a limpiar por enesima vez esa semana el suelo del vestibulo, sacudió las alfombras y limpió las ventanas…

Pero no era suficiente, nunca era suficiente.

- ¡Isabella Marie Swan, ven aquí imediatamente! – gritó desde el final del pasillo Renne.

Bella se puso el zapato que le faltaba y se miró al espejo. Aun tenía que peinarse y maquillarse para ir a la Iglesia y solo quedaba un cuarto de hora para irse.

- Ya voy. – contestó Bella.

Avanzó por el pasillo mientras una furiosa Renne le miraba de arriba abajo.

- Por enesima vez, Bella, limpia las ventanas por fuera tambien. ¿Has visto esas manchas?

- Si, yo intento limpiar tambien esa parte, pero está muy alta y me puedo caer.

- No sería una gran perdida. ¡Ponte a limpiarla ahora mismo! – Bella fue a replicar, no le daría tiempo a ir a la Iglesia. – Sin escusas, ¡Ya!

Bella suspiró resignada mientras iba a la cocina en busca del trapo y del agua, se puso el delantal para no mancharse el vestido de los domingos y subió otra vez a la primera planta. Se iba a poner manos a la obra cuando Idaira la interrumpió.

- Bajaté de ahí niña, te vas a caer. – chillo la doncella mientras se ponía las manos en la cintura, cosa que hacía siempre cuando se ponía nerviosa. - ¿Se puede saber que haces? No te va a dar tiempo a terminar de arreglarte.

- Lo sé. Creo que este Domingo no voy a poder ir a la Iglesia.

- No digas tonterias niña, quitate de ahí, ya limpio yo eso.

Bella sonrió agradecida mientras negaba con la cabeza.

- No puede ser, si Renne te ve nos castigara a las dos.

Idaira también negó con la cabeza sonriente.

- No me verá, se ha ido ya de camino al carruaje, corre, aun tienes cinco minutos por lo menos, ya sabes como se retrasan tus hermanastras siempre.

Bella asintió mientras le daba un fuerte abrazo a Idaira.

- ¡Gracias!

Subíó corriendo a su habitación y se quitó los rulos que se había puesto en el pelo para que se rizara. No se lo recogió como tenía previsto hacer, no tenía tiempo. Cogió los polvos de arroz y los estendió por su cara, ya de por si pálida, y se pintó los labios de rojo.

Bajó corriendo por las escaleras de marmol, por el rabillo del ojo observó que Anastasia seguia en su habitación. Sonrió para si misma y aflojó el paso.

- ¿Ya has limpiado la ventana? – le preguntó Renne al verla.

Bella asintió y se sentó en el carruaje. Minutos después llegó Anastasia y Erik arrancó el carruaje.

Bella bajó del carruaje la última, Erik le ofreció la mano para bajar y ella la aceptó agradecida.

Llevaba un bestido acampanado, azul celeste con encajes blancos, se lo había regalado Ariana, porque ya no le servía.

La iglesía era grande, las campanas se balanceaban de un lado a otro indicando que la misa iba ha empezar, Bella subió las escaleras recogiendose el vestido y entró por la puerta de la Iglesia. Se dirigió rapidamente a los bancos situados a la derecha, donde estaban todas las mujeres, y se sentó en una de las primeras filas. El parroco no tardó en entrar y así dio comienzo la misa.

Hacía calor allí dentro, Bella abrió su abanico, a juego con el vestido, y comenzó a abanicarse.

Tubo la sensación de que alguien le observaba y miró para todos lados, había alguien, un chico alto, de pelo color bronce que le miraba sonriente. Al principio Bella no lo reconoció por culpa de la distancia que les separaba, pero enseguida lo reconoció, era el principe Edward, el mismo que le había regalado el collar.

Sonrió y desvió la mirada mientras ponía su abanico sobre su cabeza con un dedo extendido. Volvió a mirar hacia donde él se encotraba y vió como asentía con la cabeza. Sonrió. Bella tocó con el dedo la parte alta del abanico y Edward volvió a asentir.

Bella se giró y continuó prestando atención a la misa, pero siempre sentía esos ojos verdes clavados en su cara.

Suspiró mientras movía amenazadoramente el abanico cerrado. Y Edward dejó de mirarla.

Bella salió de la misa y busco con la mirada a Renne. Cuando la encontro se dirigió hacía ella.

- Renne, ir llendo vosotras a casa, yo me retrasaré un poco tengo que ir ha hablar con Jacob.

Renne la miro de arriba abajo.

- Normal, tu no puedes aspirar a nada mejor.

Bella le contestó mirandole con odio, no pensaba entrar en su juego. Se dio la vuelta y vió que Edward la observaba desde la puerta de la Iglesia. Abrío el abanico y lo situó en su cara con la mano derecha, mientras echaba ha andar hacia el marjen del bosque. Se paró cuando estubo segura de que nadie podría observarlos desde la pequeña iglesia.

- Hola. – sururró una voz.

Bella pegó un salto y se giró seria.

- ¿No sabe que es de mala educación hacercarse tanto a una dama?

Él sonrió.

- Vos fuiste la que me envió mensajes através del abanico, y la que quiería hablar conmigo.

- Y usted no paraba de mirarme, lo que es una osadía por su parte. – Dijo Bella.

- Disculpe entonces mi osadía, señorita Carolina, pero es que es dificil no mirar a una dama tan bella como vos.

Bella notó como se ruborizaba mientras desviaba la mirada. Se había olvidado de que para Edward ella no era Bella, sino Carlolina Swan.

- Digame, ¿podría dejar de mirar a una rosa, o una estrella que brilla en el cielo porque sea una osadía? – Bella no contestó. – No, no podría, porque es demasiado hermosa para dejar de mirarla.

Sintió como su corazón se le aceleraba, y deseó con todas sus fuerzas que Edward no se diese cuenta de ese pequeño detalle.

- ¿Qué era lo que quería decirme? – recordó de pronto él.

- ¡Oh! Solo quería darle de nuevo las gracias por el collar, es realemente bonito. Brilla como una estrella a la luz del sol.

Edward sonrió mientras hacía un gesto con la mano para señalar que no tenía porque darle las gracias.

- Tengo otro regalo para vos. – dijo Edward después de un incomodo sielencio. – Esperaba volverte a ver y por eso quise darte esto personalmente.

Buscó en el bolsillo interior de su chaqueta y sacó un sobre blanco, atado con un lazo rojo. Tenía el sello real en una de las esquinas. Bella lo cogíó con manos temblorosas, y ante la mirada de Edward abrió la carta y sacó el papel que había en su interiór.

Para la Señorita Carolina Swan.

Queríamos comunicarle que el próximo fin de semana, cuando la luna llena se ponga en el cielo se celebrara una fiesta en el palacio real.

El motivo es sencillo, después de que nuestro Rey haya roto los lazos que tenía con Don Diego, su hija ya no se puede casar con nuestro príncipe y futuro heredero Edward, por este motivo el príncipe Edward ha decidido dar una fiesta a la que acudirán todas las mujeres de cada casa de este pequeño reino, y de todas ellas una será la elegida para convertirse en la futura reina.

Esperamos que acuda a este acto con sus mejores galas. Y no olvide que esta es una oportunidad única para las jóvenes de la casa.

Detrás de la carta había algo escrito con diferente letra…

P.D: Se que igual no te apetece venir a una fiesta como esta. Pero te ruego que vengas. Te estaré esperando…

Firmado: Principe Edward, heredero al trono.

- Tienes razón, no me gustan las fiestas en las que se tratan a las mujeres como si fuesemos objetos que se pueden comprar y vender.

- Ya. – Edward desvió la mirada incómodo. - ¿Pero vendrás?

Bella no contestó y miró al cielo.

- Se está haciendo de noche. Tengo que volver a casa.

Se recogió la falda para poder andar mejor y empezó a andar hacía la Iglesia.

- ¡Espera! ¿como vas a volver?

Bella se paró en seco, no lo había pensado antes… ¿Cómo iba a volver a casa?

- Si quieres te llevo. – murmuró Edward.- Tengo aquí mi caballo.

Bella asintió, de todas formas no podía hacer otra cosa.

Edward llamó con un silvido a su caballo, una yegua negra. Se subió primero él y le tendió la mano a Bella, ella dudó pero finalmente la agarró decidida. Cuando sus dedos rozaron la palma de Edward un cosquilleo le hizo sonreir. Se quedó paralizada, perdida en los ojos verdes de él. Cuando Edward desvió la mirada, cortando asi el contacto visual, Bella agarró fuerte la mano y subio al caballo.


NOTAS DE AUTORA.

Lo siento de verdad, se que he tardado mucho. Pero espero que recompense la escena de Edward y Bella y sus juegos con el abanico

Como siempre espero que os haya gustado, ya sabeis cualquier cosa para poder mejorar mi historia dejar rewies.

Gracias a todas esas personas que han dejado rewies.

GO!

Besos y disfrutar de la lectura.