Capítulo 4. La triste realidad
Peeta y Finnick salían de la casa de Cato tranquilamente después de haber disfrutado un agradable almuerzo en compañía de su familia y sus otros compañeros. Sin embargo, Finnick podía notar la preocupación en el rostro de Peeta, quien miraba cabizbajo el piso y caminaba monótonamente. Recordando lo que su amigo le dijo antes del almuerzo, le preguntó:
- Muy bien, ¿qué era lo que tenías que decirme?
- Creo que ahora no tiene importancia, es más, no tiene caso… - dijo decaídamente.
- Viéndote así creo que sí es muy importante y yo te puedo ayudar a solucionarlo. Tan solo confía en mí – dijo con una sonrisa de complicidad y apoyo en su rostro.
- …bueno – respondió. ¿Cómo podría haberlo olvidado? Peeta sabía que siempre podría confiar en su amigo. Siempre lo había hecho.
- Entonces, habla – su tono comprensivo lo motivo aún más, y empezó a contar todo lo sucedido.
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En el mercado Katniss y Annie conversaban animadamente mientras paseaban de un lado a otro viendo toda la mercancía a la venta. Entre risas y algunas interrupciones por parte de Annie, Katniss había terminado de contarle todas las maravillosas cosas que le habían sucedido ayer.
- Entonces eso fue lo que pasó, ¿eh? Con razón no te encontraba en ninguna parte ayer y no tuve más remedio que irme a la casa de mi tía – dijo Annie, recogiendo unas flores rosadas que le habían llamado la atención – Eres una picarona…
- No digas eso – Katniss ahora recogía unas rosas blancas -. Por cierto, ¿Cuándo volverás a tu país? Me dijiste que tu visita era corta.
- Así era, pero como el viaje de regreso se canceló ayer, me quedaré un poco más – dijo tomando una docena de violetas.
- Que bueno, así estaremos más tiempo juntas – dijo divertida, y luego se dirigió al vendedor – Estas son todas, más una docena de las de allá. Tome el dinero y guarde el cambio. Muchas gracias.
- ¿Ahora al castillo? – preguntó Annie.
- Lamentablemente – respondió su amiga.
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- Vaya amigo, si que tienes mala suerte en el amor – dijo Finnick, después de haber escuchado el triste discurso de Peeta.
- No tienes porque decirme algo que ya sé – dijo este.
Se produjo un pequeño silencio. Ambos caminaban con dirección a las afueras del pueblo, a un lugar más tranquilo para hablar. A la derecha del camino se podía observar el majestuoso palacio del rey.
- ¿No has pensado – dijo Finnick – en hablar con ella al respecto?
- Sí, pero no sé si podré volver a verla. No creo que se presente la oportunidad.
- Pues a mí me parece que sí – dijo su amigo, agarrándolo y volteando a Peeta hacia la derecha.
- ¡Katniss! – Peeta corrió con todas sus fuerzas hacia el camino que conducía al palacio después de verla.
- ¡Espera! ¡Peeta! – Finnick trató de detenerlo, pero fue inútil. Entonces tuvo que correr detrás de él.
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Annie y Katniss caminaban lentamente con dirección al palacio. En sus manos Annie llevaban todas las flores que habían comprado en el mercado, e iba recogiendo otras en el camino. Charlaban alegremente sintiendo toda la tranquilidad de la pradera.
- ¡Katniss! – se escuchó de repente, interrumpiendo el silencio que reinaba hasta ese momento.
- ¿Peeta? – se preguntó la princesa al reconocer la voz que la había llamado por su nombre.
- Katniss… - él se quedo viéndola fijamente, observándola, según él pensaba, por última vez.
- Peeta… - al mirar hacia la dirección de la cual provenía el sonido vio que ahí estaba parado, frente a ella, la razón de su existencia. Finnick ya había alcanzado a su amigo y se detuvo al verlo parado observando a la princesa.
- Katniss… - repitió, y ambos se acercaron rápidamente y se fundieron en un abrazo del cual ninguno quería separarse. Annie tan solo los observaba y esbozaba una pequeña sonrisa en su rostro.
- Peeta, me alegra tanto verte – dijo la princesa, sin dejar de abrazarlo.
- Katniss, te extrañé tanto – le respondió, acariciando una de sus mejillas.
- Creo que mejor nos vamos – dijo Annie por lo bajo, acercándose a Finnick.
- Tienes toda la razón – dijo el muchacho - ¿no quisieras dar un paseo por el bosque?
- Encantada – dijo Annie, y ambos se marcharon dejando a la pareja a solas.
- Tengo algo muy importante que decirte, Katniss - dijo Peeta, con algo de tristeza en su voz.
- ¿Qué sucede? – dijo ella agarrando sus manos, notando el tono de su voz, el cual la había preocupado.
- No… puedo volver a verte – dijo, dándole la espalda y caminando dos pasos, alejándose de ella y rompiendo el contacto de sus manos – tú eres una princesa y yo soy…bueno…un simple plebeyo… – dijo con voz pausada y decaída, con su mirada clavada en el piso - Yo no debería amarte… y tu tampoco deberías hacerlo.
- Peeta no… - trató de acercarse a él, pero Peeta la interrumpió.
- Es mejor que me aleje de ti, y que busques a alguien de la nobleza que te quiera y que pueda ser feliz contigo – Peeta empezó a marcharse, tratando de no mirar hacia atrás y conteniendo toda la tristeza que sentía en su interior.
- No podré hacerlo – Katniss tomó su mano – porque ya alguien me hace feliz, y no creo que nadie lo pueda hacer como esa persona – rodeó suavemente la cintura de Peeta y lo abrazó por detrás, apoyando su cabeza en la espalda del muchacho – Peeta, te amo, y no me importaría nunca si eres un plebeyo o si eres alguien con un título de la realeza, mientras sigas siendo la misma persona que me ha enamorado y que yo seguiré amando, sin importar que suceda.
- Katniss…
- Solo dime si sigues pensando lo mismo, y yo igual me marcharé y pretenderé olvidar todo lo que me has prometido – se produjo un triste silencio en el cual ninguno de los dos pudo hablar. Katniss entonces creyó entender la respuesta.
- Entiendo – dijo y empezó a marcharse, mientras una pequeña lágrima resbalaba por su mejilla.
- Espera… – dijo Peeta, dando una media vuelta – no dejaré que te vayas – Katniss se detuvo y lo miró a los ojos – tienes razón. No puedo creer lo tonto que he sido. Yo igual te amo, y ahora que finalmente he entendido que significas el mundo entero para mí, y que perderte sería mi perdición, te prometo que nunca te abandonaré. No permitiré que nada en el mundo me separe de ti.
- Peeta… - Katniss se acercó a él y dejó que Peeta la rodeara fuertemente con sus brazos. No pudo evitar que lágrimas rodaran por sus mejillas. Peeta levantó con delicadeza su rostro, y beso suavemente sus labios, sellando así una promesa de amor que trascendería los límites del tiempo y del espacio.
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Hola he regresado bueno... por un momento, aquí esta el capitulo sig. Espero que les guste, paso de rápido porque aun me falta tareas que hacer y leer mucho :S pero no quería dejarlos sin capítulos ya los he dejado esperar mucho y perdón u.u no es mi intención hacerlo.
Gracias a todos los que leen esta historia, pronto subiré el sig. capitulo!
Perdón por los errores y etc. Ya saben comentarios, quejas, felicitaciones y más un review =)
Feliz inicio de semana! Y nos vemos en la próxima!
