Disclaimer: Los personajes de Sailor Moon no me pertenecen.

Advertencias: Ligero Lime.

-Dejen review's – Diálogo.

-Dejen review's– Pensamientos.


~oO::: Subrepticias :::Oo~

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Arrebatos (Capítulo IV)

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Cuando dejaron el restorán, luego de aquella supuesta cena de negocios en donde debía lograr el contrato, Seiya la había llevado a su vehículo, con una velocidad inesperada.

Posiblemente se debía a la desesperación. Y era lo más obvio, ya que después de la actitud sugestiva que le demostró durante la cena, casi había acabado con el autocontrol del heredero.

No es que no le gustara, al contrario, pues de alguna manera un tanto fuera de lugar, sentía cierta necesidad. No era para menos en todo caso, dado que la hermosura del azabache era para derretir a cualquiera.

Así que, de cierto modo, no sentía remordimiento alguno, ya que para lograr el objetivo tenía que recurrir a sus más valiosas armas de seducción. Armas que ella manejaba a la perfección.

Aunque igual debatía entre lo que estaba permitido y no, pese a que fácilmente podía caer en las redes de su misión.

Bueno, no importándole mucho, ya que sabía a qué se enfrentaba, Serena suspiró al momento que le echaba un vistazo a Seiya que conducía como un digno piloto de carreras.

Sin duda, la urgencia era increíble. No lo culpaba, ella sentía algo parecido.

Mordiéndose el labio inferior, los latidos aumentaron con creces cuando Seiya detuvo el auto en el estacionamiento de un edificio bastante elegante.

-Serena – él la llamó con suavidad. –Y-Yo…

-Seiya – le dedicó una sonrisa coqueta. -¿Estás nervioso? – la pregunta fue sólo para corroborar que casi lo tenía en la palma de su mano.

-N-No…

Puras mentiras, lo sabía, de no ser así, no habría tartamudeado. ¿Verdad?

-Si tú lo dices… - dijo como si nada, arreglándose el cabello en el acto.

-… - enseguida, Seiya bajó del vehículo y se fue hacia la parte del copiloto para poder abrirle la puerta a Serena. –Serena – le extendió la mano cortésmente para que ella se bajara.

-Oh, gracias. Qué caballero – aceptó el ofrecimiento.

-Siempre – sonrió orgulloso.

Serena asintió en silencio, siendo ayudada en el instante por él.

Una vez que Seiya cerró la puerta, Serena lo miró insinuantemente.

-Entonces… - haciendo como si nada, enarcó una rubia ceja, como esperando algo.

-Maldición – tragando duro, el azabache cogió la mano de la ojiazul. –Lo siento, pero en realidad ya no aguanto más

Y antes de que pudiera continuar, Serena lo había besado.

Era obvio que estaba esperando que él diera el primer paso, pero como casi se estaba derritiendo por querer sentir aquellos labios, no le quedó de otra más que tomar las riendas.

Casi lanzándose sobre él, envolvió ambos brazos por el cuello de éste, siendo capaz de sentir la ferocidad con la que el músculo cardiaco palpitaba desenfrenado a la par del suyo. Pudo sentirlo, fue casi como un compás al unísono.

No podía negarlo, los labios de Kou eran más suaves y cremosos de lo que se veían. Y para qué decir cómo besaba el tipo. Dios, era impresionante.

Con las piernas casi temblándole, abrió su boca y permitió el acceso a la lengua del heredero que intentaba recorrerla por completo. Lo aceptó porque también quería sentirlo. Y vaya que no se desilusionó.

Seiya sujetó la estrecha cintura de la rubia, reduciendo el espacio entre su cuerpo y el de ella en un encaje que fue, incluso, extraño. Eran casi como las piezas faltantes de un rompecabezas.

Por primera vez en su vida, sentía que el destino existía.

-Seiya…

Oh, maldita sea, si la idea de Serena era que se quemara, lo había logrado, pues con aquel jadeo que ahogó en su garganta, casi acabó con él.

-Serena – logró pronunciar, rompiendo el contacto para oxigenarse. –Me estás volviendo loco…

La rubia se mordió el labio inferior, casi con inocencia.

-Y ahora aún más.

Antes de que ella pudiera replicar, Seiya la tomó de la mano, y la condujo hacia la entrada del ascensor que estaba a unos cuantos metros de distancia.

Quizá se debía a la cantidad de neurotransmisores que tenía en la sangre, o tal vez todo era un conjugado de sus instintos, pero en definitiva, el actuar sin razón era un completo estado de revolución hormonal de un típico adolescente virgen.

Ni siquiera se dio cuenta de cuando había llegado al piso del departamento. Ni mucho menos se dio cuenta de cuando a duras penas, logró introducir la llave en la cerradura de la puerta.

Lo único que sabía, era que los labios de Serena eran un licor embriagador y dulce que quería disfrutar por siempre.

Lanzando las llaves, Dios sabe donde, Seiya abrazó a la rubia y la besó, está vez en un duelo infartante de lenguas húmedas.

Con su pie, y dando a demostrar su gran talento, cerró la puerta, sin dejar en ningún momento de besarla.

Por otro lado, Serena estaba desesperada, pues cada vez que sentía el roce entre su piel y la de él, se le quemaba cada célula. ¡Ah, maldita sea! Era maravilloso…

Soltando un gemido casi silencioso, dejó de besarlo, por lo que se mordió el labio inferior mientras cerraba con fuerza los ojos, y sacaba con eficiencia la chaqueta de él. Justo en el segundo en que el atractivo millonario le lamía el cuello y descendía tortuosamente.

-Serena… - murmuró el azabache, al instante en que le mordisqueaba la clavícula y se sacaba, a duras penas, la chaqueta que intentaba eliminar Serena. –Eres deliciosa…

-Uhm… - no pudiendo otorgar una respuesta sólida, enredó sus dedos en el cabello ónix de Kou para acercarlo más hacia ella una vez que la chaqueta cayó al suelo.

Era un hecho, estaba igual de revolucionada que él con tantos toques y caricias lascivas por encima de la ropa.

Cuando el azabache comenzó a masajearle un pecho, no pudo más que reprimirse un gemido que, indiscutiblemente, no pasó desapercibido para él. Y, por supuesto, los siguientes fueron audibles para cualquiera que estuviera en un radio de 2 metros, ya que había perdido el control de sus cuerdas vocales.

-Hermosa… - le susurró antes de descender en un ruta húmeda otorgada con su lengua, hacia el horizonte de los pechos bien formados de la rubia. –Muy hermosa… - repitió sintiendo cómo en la palma de su mano el pequeño montículo se endurecía.

-S-Seiya… - exasperada por el cosquilleo que se le había implantado entre las piernas, se mordió el interior de la mejilla para ahogar un grito lujurioso.

Aún con los dedos enredados en el cabello de él, abrió los ojos y lo observó con una sonrisa maligna dibujada entre sus labios.

-Quiero… - con los iris brillantes y las pupilas dilatadas, hizo contacto visual con Seiya que dejaba las caricias de lado e inclinaba la cabeza para mirarla. –Quiero…

-Lo sé.

Antes de que pudiera responder, él le atacó la boca a besos necesitados.

-Lo sé, Serena – le murmuró en la boca con voz sexy.

-Oh, sí… - contestó aferrándose al heredero que había comenzado a friccionarse en su contra.

Vaya que le gustaban los frotes candentes como ése.

Casi al borde de colapsar por tanto calor, bajó ambas manos y con rapidez las introdujo al interior de los pantalones de él para retirarle la camisa. Acción que logró en pocos segundos, por lo que de inmediato acarició los bien definidos músculos abdominales de éste.

Era como una roca. ¡Y eso que aún no los veía! Conmocionada, recorrió con la yema de los dedos el vientre moldeado, en un camino que se extendió hacia la zona lumbar de Seiya.

Una vez con ambas manos en dicho lugar, lo obligó a que se apegara más hacia su cuerpo mientras intentaba separar las piernas, con el único objetivo de sentir la erección en un frote directo entre las aún puestas prendas de vestir.

Al menos, de esa manera, se fomentaba mucho más el deseo que tenía de sentirlo de una buena vez, asimismo, adoraba las preliminares.

-Serena… - balbuceó casi abstraído, posando ambas manos en las caderas de la rubia para unir ambos sexos aún cubiertos. –Serás mía.

Justo cuando la platinada iba a responder, el maldito e inoportuno sonido del celular de él, los distrajo de aquella atmósfera tan caliente, sin embargo, no fue impedimento como para que no continuaran con lo mismo.

No obstante cuando el sonido se repitió una y mil veces, Seiya sacó el teléfono móvil del bolsillo de su pantalón para apagarlo sin siquiera mirar quién diablos llamaba.

Todo hubiera seguido de la misma manera, pero cuando ahora el teléfono del departamento comenzó a sonar de manera insistente, Seiya se frustró.

Soltando un gruñido de insatisfacción, murmuró palabras inentendibles en los labios de ella.

-Puede ser importante – dijo Serena tratando de separarse de él, acto que se le estaba haciendo prácticamente imposible.

-No me interesa.

-S-Seiya… - jadeó alejando sus manos del vientre del heredero para poder tomarlo por los hombros.

-Shh… - silenciándola, sonrió cautivador antes de posar una última sus labios sobre los de ella.

-Pero – sin poder replicar, soltó un suspiro que rápidamente se transformó en un quejido candente cuando él, una vez, más le comenzó a trazar en pinceladas con la lengua, el horizonte de sus pechos.

El sonido del teléfono había desaparecido para ella.

Cerró los ojos y se dejó intoxicar por él. Que hiciera lo que quisiera con ella, sería feliz vagando en los distintos estadios del placer.

Cuando ya estaba empezando a imaginarse quizá qué situaciones pecaminosas entre ella y Seiya, el click de la contestadora la llevó de vuelta a la realidad.

-¿Q-Qué pasa? – preguntó al no sentir más lengua y boca de él en contacto con su piel. -¿Seiya? – entreabrió los ojos.

Quedándose en absoluto silencio, lo contempló mientras parecía meditar. ¿Había sucedido algo?

-¿Seiya?

Hubo un silencio que se prolongó unos cuantos segundos antes de que él decidiera contestar.

-Serena – mirándola a los ojos, habló. –Debo irme, me gustaría continuar aquí contigo, pero…

-Dime, ¿pasó algo?

-Mi hermano.

Ampliando los ojos y formando una perfecta "o" entre los labios, Serena asintió en silencio.

-¿Qué?

-Tuvo un accidente – fue todo lo que dijo antes de recoger su chaqueta que estaba regada en el suelo.

¿Un accidente? Oh… ahora todo tenía su razón de ser, posiblemente como estaba tan enfocada en las sensaciones indescriptibles que le estaba dando el azabache, es que no se dio cuenta del mensaje que había dejado alguien en la contestadora, informándole a Seiya que su hermano había tenido un accidente.

A todo esto, ¿qué hermano?

-¿Quién?

-Yaten.

-Te acompaño – articuló sin pensar, arreglándose el cabello que estaba todo desordenado, y asegurando de paso los pendientes que llevaba.

-No es necesario, Serena. Si quieres puedes quedarte aquí.

-No, no, no. Iré, te acompañaré, es lo mínimo que puedo hacer. –Le guiñó un ojo.

Obviamente el saber qué había sucedido al hermano menor de Seiya, le servía para recolectar datos, y del mismo modo, acercarse más a él y conseguir el objetivo que tenía.

–Y no aceptaré un no como respuesta. – Agregó sonriendo, acto seguido, cogió su cartera que ni recordaba que andaba trayendo.

Joder, Seiya Kou la hacía olvidarse de todo.

-Gracias – le sonrió y la tomó de la mano para salir de ahí cuanto antes e ir al hospital.


~oOo~


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Lita respiró profundamente cuando salió del cuarto de baño. ¡Dios! Había estado increíblemente refrescante la ducha.

Claro, le había servido para dos cosas; quedar limpia luego de aquel extra laboral encuentro sexual con un desconocido, y para relajar los músculos que los sentía más tensos que nunca. Lo cual era lógico, después de tanto tiempo sin acción, casi se había oxidado.

Dibujando una sonrisa tranquila entre sus labios, dejó caer la toalla que la cubría una vez que ingresó a su cuarto. Acto seguido, buscó su pijama y se lo colocó en cosa de segundos.

Ahora, lo único que quería era dejarse caer en la cama y rendirse en los brazos de Morfeo. No obstante, aquello no sucedió, pues en el preciso momento en que iba a recostarse, el sonido del teléfono le arruinó los planes.

Dejando escapar un bufido por lo bajo, recogió el teléfono móvil que tenía encima de la mesita de noche al lado de su cama.

Sin siquiera ver quién llamaba, contestó.

-¿Diga?

-¡Lita! Soy yo, Serena.

-Ajá, así escucho – respondió sentándose a la orilla de la cama. -¿Pasa algo? ¿Por qué no has llegado? – preguntó mirando el reloj que marcaba las 22:05.

-Ah, eh, bueno. Jaja.

Lita sonrió de medio lado.

-Lo que pasa es que, es una historia larga de la cual te daré detalles, pero ahora debo decirte otra cosa.

-Dime.

-Yaten Kou está hospitalizado.

Arqueando una ceja, interrogó a su amiga rubia de inmediato.

-¿Por qué? ¿Dónde estás? ¿Aún sigues con Seiya?

-La verdad es que aún no lo sé, está siendo examinado por el médico, pero creo que pronto saldrá a informar qué pasó. Y estoy en el hospital junto con Seiya, o sea, él está conversando con quien parece ser la novia de Taiki.

-Oh… Esto es bueno.

-¡Lita!

-Ok, ok, no digo que sea bueno que Yaten Kou esté en el hospital, digo que es una buena instancia para que te acerques más a Seiya. ¿No? Además estando ahí, podrás estrechar lazos con los demás herederos. Me refería a eso, Serena – suspiró cerrando los ojos.

-Ah, sí, sí sé. Es por eso que creo que llegaré tarde. Decidí acompañar a Seiya hasta acá. Ya sabes, lo que sea para averiguar más detalles.

-Muy cierto.

-Sí, ya para eso te llamaba, para mantenerte al tanto. Procuraré no llegar muy tarde, Lita.

-Sí, no hay problema.

-Gracias, te quiero.

-Yo también. Cuídate mucho y suerte.

-Igual para ti, besos.

Presionando el botón para terminar la conversación, Lita abrió los ojos.

Era muy, pero muy bueno lo que había sucedido, dado que era la situación perfecta para que Serena mostrara sus dotes de mujer preocupada, pues si se trata de estrechar vínculos, ésa era la oportunidad perfecta para hacerlo.

-Esto está cada vez mejor… - susurró dejando el teléfono sobre la mesa de noche.

Así como iban, pronto tendrían vacaciones. Asimismo, la misión estaba saliendo más simple de lo que creyeron en un principio. Nada de mal.


~oOo~


-Entonces…

Nephrite se cruzó de brazos bajo el pecho mientras se apoyaba en una de las paredes de su acomodado departamento.

-¿Entonces qué?

Darien respiró profundo antes de hablar.

-¿La información?

-Ah, eso… - recordó no prestándole mucha importancia al asunto, por supuesto, su mente aún viajaba en los recuerdos latentes que tenía a flor de piel luego de experimentar tan placentero encuentro sexual con Lita…

Realmente, esa mujer le había gustado muchísimo. Hace tiempo que no conocía alguien como ella; atrevida, intimidante, misteriosa, demasiado hermosa e inteligente.

Dios… cómo le gustaría volver a verla de nuevo.

-¿Estás bien?

Incluso aún podía sentir el intenso olor a flores implantado en sus manos y piel. Era suave y embriagante.

¡Joder! Así como estaba, se iba a convertir en un necesitado de la castaña. ¡Pero, Ahh! No podía dejar de pensar en ella, era mucho como para obviarlo.

Sonriendo bobamente, entrecerró los ojos.

Oh, Lita…

-¿Nephrite?

-Lita, Lita…

-¿Nephrite, estás bien?

Sacudiendo la cabeza ambos lados para dejar de lado sus pensamientos de ensueño con la alta muchacha, estableció contacto visual con el azabache que lo miraba interrogante.

-Sí, sí, no es nada.

-Mientes… - Darien se acercó a él. –A todo esto, ¿por qué estás sonrojado? – la pregunta fue casi con sorna.

-¡No estoy sonrojado! – exclamó desviando la mirada hacia la ventana.

¡Caray! ¿Él sonrojado? ¿Pero qué diablos le pasaba?

¡Maldición! Definitivamente Lita lo había dejado anonadado.

-Feh, no es para tanto.

-Tsk, lo que sea – gruñó mirando por el rabillo del ojo a su compañero.

-Ahora dime, ¿espiaste a Seiya?

-… - dejando caer ambos brazos a cada lado de su cuerpo, metió las manos al interior de los bolsillos de su pantalón. –Obvio, a eso fui.

¡Por supuesto! A eso había ido al restorán, no obstante había perdido la concentración cuando una hermosa mujer se le interpuso en el camino. Tenía que reconocer que desde que habló con ella, Seiya Kou pasó a otra dimensión.

Así que, en definitiva, no sabía más nada del heredero. Ni siquiera había notado cuando el azabache se había ido de aquel restorán. Claro, todo a causa de una mujer; Lita.

Y ahí estaba de nuevo, pensando en ella como un adolescente enamorado a primera vista.

-¿Y? ¿Qué información recolectaste?

Chasqueando la lengua, respondió. –Estaba cenando con una mujer rubia. De hecho la misma mujer que estaba conversando con él cuando estábamos en el museo. Serena creo que se llama, no recuerdo bien.

-Serena… - Darien no pudo evitar sonreír. -¿Cenando con ella? Vaya, parece que ahora tendremos que preocuparnos de un obstáculo más.

-Sí, sí.

-Tenemos que saber quién es ella, y qué tipo de relación comparte con Kou.

-Lo sé, es por eso que Artemis ya está haciendo las averiguaciones pertinentes.

-¿El jefe?

-Sí, me llamo cuando venía hacia acá para que le diera un informe oral – dijo encogiéndose de hombros. –Así que le conté todo.

-Uhm… nada mal. –Sonrió. -¿Me dirás por qué tienes un chupón en el cuello? -. Cambió abruptamente el foco de atención.

Casi alarmado, Nephrite llevó una mano hacia su cuello. Sí, en el mismo lado en que hace unas horas cierta mujer lo había besado.

-Eh… - ahora seguramente estaba ruborizado. En todo caso, la situación lo ameritaba, era vergonzoso.

-Parece que tuviste diversión. –Aunque quiso, no pudo evitar chasquearse de Nephrite. Le gustaba hacerlo sentir inferior, por arrogante que era.

-Algo así – la voz se le aligeró un poco. –Como otras veces, nada más.

Subiéndose el cuello de la camisa, ocultó aquella marca sobre su piel.

-¿Una más del montón?

-Puede ser… - casi se mordió la lengua. Indiscutiblemente no había sido como una más del montón, de ser así, no estaría pensando en Lita aún. ¿Cierto?

¡Ah, maldito ego masculino!

-Nada importante. –Dando por terminada la conversación, se fue a sentar sobre un sofá. –No quiero hablar de esto.

-Como quieras, Casanova.

-Jaja, qué gracioso, Shiba.

Darien le dedicó una sonrisa de medio lado antes de caminar hacia la puerta del departamento de Nephrite. Ya tenía la información, así que ya podría irse a su casa.

-Nos vemos – se despidió con un gesto manual antes de hacer girar la perilla de la puerta.

-Sí, suerte con la bruja. – Dijo antes de que Darien saliera.

Inhalando largo y tendido, llevó ambas manos hacia su rostro.

Mierda… ¿Por qué no podía dejar de pensar en Lita?

-Tendré que hacer algo… esto es mucho.


~oOo~


Ok, Serena reconocía que no le gustaban las clínicas. De hecho, las odiaba con toda su alma, apenas soportaba aquel intenso olor a antisépticos y desinfectantes.

No le gustaba, definitivamente no. Sin embargo, si era para estrechar lazos con Seiya, pasaría internada como una infección intrahospitalaria en ese lugar.

-¿Quieres un café?

Girando el rostro por instinto cuando aquella melodiosa voz masculina llegó a sus oídos, se encontró con la mirada de preocupación de Seiya que estaba de pie a un lado de ella.

-No, gracias.

-¿Segura?

-Sí… - sonrió.

Él se sentó a su lado.

-¿Saben algo aún? – estaría mintiendo si lo negara, pero en verdad estaba preocupada. Sobre todo por la mirada melancólica y llena de preocupación que se había plasmado en los bellos ojos del heredero.

-No… Taiki me dijo que lo había encontrado inconsciente, pero no sabe por qué.

-Oh… - involuntariamente, posó su mano sobre la de él. -¿Estás bien?

-Sólo preocupado – le dedicó una sonrisa genuina.

-Así veo – murmuró. Iba a agregar algo más, pero justo en ese minuto, el médico junto al mayor de los Kou llegó a la sala de espera en donde ambos estaban.

-Dr. Yamashiro –. Seiya se levantó casi por instinto.

Serena hizo lo mismo.

-¿Cómo está Yaten?

-Estable dentro de su condición.

-¿Qué fue lo que pasó? – esta vez fue Taiki quién preguntó. Pese a que venía junto con el médico, éste no le había querido dar información aún.

-Tuvo una intoxicación por metanfetaminas.

Los rostros de Seiya y Taiki adquirieron un gesto de sorpresa innegable, mientras que Serena enarcó una fina ceja rubia.

¿Acaso Yaten Kou era un… drogadicto?

-Pero…

-¿Cómo es posible? ¿Por qué él…? – Seiya lo interrumpió, casi alterándose por la noticia. Le era casi imposible creer que su hermano menor estuviera consumiendo tal tipo de sustancias nocivas.

-De acuerdo a los exámenes ésa fue la causa. En este momento una enfermera está realizándole una toma de muestra sanguínea para determinar el tiempo de consumo. Cuando tenga los exámenes, les informaré.

-… - aún asombrado, Seiya se sentó donde hace unos minutos estaba junto a la rubia.

-Seiya… - enseguida se sentó al lado del azabache.

Taiki con la misma reacción de su hermano, miró interrogante al médico.

-¿Podemos verlo?

-Aún no, cuando termine la enfermera de tomar las muestras podrán ingresar. Ella les avisará.

Y sin más, el médico se fue.

Asintiendo en silencio, el mayor se sentó en un sofá que estaba frente al de su hermano, percatándose recién en ese momento, que una rubia espectacular lo estaba acompañando. ¿Quién era esa muchacha?

Sin darle mucho interés a la incógnita, pensó en Yaten y en el porqué había llegado a tal punto de consumo sin que nadie se diera cuenta.

-¿Qué pasó? ¿Dónde está Yaten?

Todos miraron a una rubia que acababa de llegar a la sala de espera.

-Mina… - comenzó Seiya, tratando de buscar las palabras adecuadas para informarle lo que había pasado.

Serena sin pronunciar ninguna palabra, memorizó el nombre de la recién llegada. Cualquier dato y relación que mantuvieran los Kou era de su completo interés.

-¿Dónde está él?

-Yaten sufrió una sobredosis. – Respondió Taiki antes de levantarse del sofá y perderse por uno de los pasillos de la clínica.

-¿Qué…?

-Yo te contaré, Mina. –Seiya se incorporó y caminó hacia su cuñada.

Interesada, Serena se quedó en ese mismo lugar, preguntándose qué tipo de relación mantenía la tal Mina con Yaten…

Bueno, ya habría tiempo de averiguar más.


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TO BE CONTINUED…

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¡Hola! Lo sé, lo sé, mátenme. xD

Me demoré muchísimo en actualizar, y aún me pregunto el porqué lo hice. Bueno, supongo que son cosas que pasan. Anyway, juro que esta vez no demoraré tanto. ¡Lo juro!

Además que es muy seguro que Julieta y Ale se encarguen de que lo haga con mayor regularidad. Así que es por ellas que he actualizado. (Dios, nenas, qué manera de insistir xD) Cambiando el tema, éste chap tendría más Sere/Darien, pero eso será en el próximo capítulo. Tuve una confusión algo extraña.

Nos vemos pronto, y gracias por todos los review que he recibido, eh.

¡Besos y paz!