CAPÍTULO IV

La madrugada la sorprendió aún sobre el pecho de Ron. Cuando la incomodidad la despertó el reloj tenía su única manecilla entre las 3 y las 4. El cuerpo de él estaba ligeramente tibio. Se sonrió y soñolientamente se pasó a su cama y volvió a quedarse dormida.

Al día siguiente la chica de nuevo no paró. Parecía inagotable la cantidad de cosas qué hacer. Debía pelar prácticamente todo árbol o planta fructífera de su extenso patio dado que no había más fuentes de alimento que esa. Ginny sentía que en esos días había perdido al menos 4 kilos.

Aprovechando que la temperatura de Ron parecía estar subiendo puso en el interior de la casa un hechizo que la mantenía a 28 grados. Justo con clima de verano en los últimos días de febrero… Salir al patio era como entrar en el refrigerador de un supermercado pero a Ginny no le importó. Podía soportarlo.

Entre actividad y actividad Ginny subía a ver que todo con Ron estuviera bien, si era necesario retiraba el osito y vaciaba su contenido en el sanitario, lo lavaba y se lo ponía de nuevo. Ahora le había quitado el suéter y las mantas. Con el hechizo climático que había puesto en la casa no era necesario el suéter. Sólo su camiseta blanca, los calcetines, y con el osito… al aire.

Cuando después de alimentarse la chica observó de nuevo a su hermano pensó en ponerle crema en las rozaduras, eso debía ser muy bueno para su piel, así que fue por una perfumada que ella usaba y se la untó.

Ginny nunca se detuvo a pensar en la forma en la que estaba familiarizándose con las partes blandas de su hermano. De pronto hacía todo de la manera más natural y con real interés como si se tratara de cualquier otro tipo de herida. Como lo hacía con sus fracturas o con las puntadas en su ceja. Sólo que con las fracturas no podía hacer gran cosa, las puntadas aún no estaban listas para quitarse y, sus genitales los tenía demasiado en la cabeza con ese rojo intenso y le preocupaban en verdad. No tenía idea de si podía sentir dolor o no pero ella pensaba que sí.

La crema se embebió rápidamente en su piel, a las pocas horas hubo que volver a ponerla. Pero la última vez que lo hizo ese día por la noche le trajo una sorpresa. Bueno… dos. La primera y la que más preocupó a Ginny fue que sus genitales tenían ahora una temperatura bastante más alta. La primera vez que untó la crema parecían haberse refrescado pero para esa hora extrañamente toda el área estaba muy caliente. Y bueno, digamos que este descubrimiento y la investigación de la chica provocaron la segunda sorpresa.

Mientras Ginny untaba la crema y notaba acerca del incremento de la temperatura, su mente había estado pensando en ello por un rato, observando y examinando, de tal manera de cuando regresó de nuevo su mente para ponerle ya el osito y finalizar se dio cuenta, aún con sus testículos en la mano, de que su pene en vez de reposar dócilmente apuntando hacia sus pies, ahora estaba demasiado derecho y apuntando hacia su cabeza.

La chica observó unos segundos con el ceño fruncido y comprendió que mientras estuvo pensando debía haber pasado más tiempo del necesario masajeando sus testículos. Se sintió un poco avergonzada. Puso su índice cuidadosamente en la punta de su pene y trató de regresarlo a su lugar pero cuando lo soltó éste regresó rígidamente sobre su abdomen. Se quedó un momento inmóvil y luego con índice y pulgar presionó en la longitud del pene. Confirmado. Ya no era una tripa blanda más; estaba duro. Y más grande, llegaba hasta su ombligo.

Suspiró y volteó a ver el osito, sería inútil tratar de ponérselo, si orinaba se vaciaría los orines encima. Tomó su pañoleta de algodón de nuevo y la acomodó entre sus piernas y salió.

No tenía nada que ir a hacer a la cocina pero sintió que no debía quedarse en la habitación. Se sentó en una silla y mientras comía un puñado de higos pensó en que Ron estaba a unos días de cumplir ya 18. Las erecciones debían ser algo muy normal en su vida, tal vez incluso ya hubiera tenido sexo, quizá con Lavender… No sería de extrañarse, a Harry le había sucedido en un par de ocasiones mientras se besaban apasionadamente. A pesar de que había tratado de ser discreta, desafortunadamente los pantalones de quidditch eran algo delgados y ajustados. Recordarlo mandó a su piel una oleada de rechazo. Recordar a Harry excitado no le había producido deseo en absoluto.

Después de 4 higos y un durazno subió de nuevo a la habitación. Miró su pañoleta un instante antes de retirarla. Todo parecía volver a la normalidad, su pene estaba menos largo, menos rígido, y ya no apuntaba con tanta firmeza hacia el norte. La pelirroja lo movió con firmeza hacia el sur y le puso su osito.

Pero a la mañana siguiente le esperaba la verdadera sorpresa, y la precisa razón de la temperatura de Ron la noche anterior. Al levantarse y revisarlo se dio cuenta de que ahora tenía un claro sarpullido esparcido en aquella mancha enrojecida. Ginny quitó rápidamente el bote vacío del osito y lo tocó. Sus genitales ardían. Tocó su cara y estaba algo caliente. "Esto debe ser fiebre. Infección" Pensó Ginny asustada.

Se regresó inmediatamente a la habitación de su madre por el libro aquél en donde había encontrado sobre las rozaduras y encontró que en casos de rozaduras serias donde la zona había tenido mucha humedad podía brotar sarpullido e incluso algunas ampollas. Si el sarpullido blanqueaba sí sería un caso o de hongos o de infección. La chica regresó su mirada al sarpullido. Era de un rosa subido. Ginny respiró de nuevo. La solución era un ungüento hecho a base de nopal. Gracias al cielo, también tenían nopaleras en casa.

Tomó nota de lo que haría y antes de bajar lo revisó bien. En efecto tenía dos ampollas, una debajo de los testículos y la otra en la ingle izquierda. Seguramente porque con la pierna rota de ese lado no lograba abrir lo suficiente su pierna y la humedad o la misma crema habían creado la ampolla.

El día transcurrió para la chica sin más sobresaltos. Después de elaborar el ungüento lo puso. Éste, después de un rato se embebía dejando un bagazo verde sobre el área lo que al parecer era refrescante. Aprovechó ese día y los cuidados que ya le daba y a falta de baño lo "lavó" con unas toallas húmedas por todo el cuerpo. Su barba comenzaba a crecer de nuevo y volvió a rasurarlo; y a cambiarlo de camiseta y calcetines. A la mañana siguiente el enrojecimiento empezaba a ceder al igual que el sarpullido, todavía se veía muy irritado pero había una notable mejora.

Ginny por otra parte empezaba a tener necesidad de comidas más sustanciales. Ella nunca se había quejado por comer frutas y verduras, pero no parecían darle la cantidad de energía que ella necesitaba. Se sentía un poco débil y sus tripas gruñían cada poco tiempo.

La leche, el queso y el chocolate los había dejado para Ron, pero creía que los huevos hacían falta para ambos. Tenía ganas de jamón, pollo tal vez… pero salir era imposible. Se salió al patio y miro al cielo. Ese día comió pichones.

Aquél mismo día a media tarde Ron volvió a ponerse duro mientras le untaba el remedio. Al día siguiente sucedió una vez más. Eso le complicaba un poco las cosas a Ginny a causa de que la obligaba a esperar que perdiera la erección para poderle poner el bote del osito. La segunda vez también había salido de la habitación a esperar, la tercera ya no lo hizo, simplemente se recostó en su cama mirándolo.

Para el día siguiente por la mañana Ron estaba mucho mas recuperado, dicho sea entre comillas, su rozadura cedía pero su temperatura volvía a bajar; tanto, que la chica notó que ahora sus testículos parecían esconderse, su piel estaba erizada. Volvió a usar mantas para cubrirlo. Y volvió a sentarse a su lado y frotar su pecho en círculos. Mientras lo hizo derramó también algunas lágrimas. Se sentía perdida, no sabía si algo de lo que hacía era bueno o no. Si él mejoraba realmente o ella sólo complicaba las cosas.

El día posterior se levantó muy temprano y encontró el bote con orines vaciado sobre el abdomen de Ron y otra inesperada erección. La chica empezó a tocar su abdomen, su pecho, su cara… seguía fresco. Escuchó su corazón, era errático aún. Ginny se preguntó porque pasaba eso si su cuerpo aún no estaba recuperado. Lo limpió y llegó a la conclusión de que si sus tripas gruñían cuando tenía hambre, y orinaba sin problemas, bien podía eso manifestarse también… o eso parecía.

Mientras preparaba más ungüento en la cocina a eso del medio día un estruendo fuerte expulsó a un ser por la chimenea.

–Aaaah… ¡EXPELLIARMUS!!!!!!

Gritó inmediatamente Ginny y ese cuerpo voló hasta estrellarse con la puerta. Era Harry quién recogió rápidamente su varita acechante y apuntó hacia ella mientras ambos tenían la mirada de dos depredadores.

–¿Dónde se reunía el Ejército de Dumbledore? – dijo la voz masculina de Harry sin piedad alguna hacia la pelirroja.

–En la Sala de Menesteres… – respondió ella con alivio. Harry la sostuvo de un brazo.

–¡Ginny estás pálida! – dijo mientras la ayudó a llegar a una silla de la cocina. –Y demasiado flaca…

–No te preocupes, estoy bien. ¿Cómo están los demás? Mamá y papá…

–Bien, nos salvamos por los pelos. ¿Estuvieron aquí los Lestrange?

–Si. Tres días eternos. Cuando se fueron me quedé muy preocupada.

–Si, me imagino. No te aflijas. ¿Ron?

–Arriba. – dijo Ginny al levantarse y conducirse con Harry hacía la habitación de Ron. –Dijeron muy seguros que Ron estaba muerto.

–Si, dejamos correr ese rumor para que los dejaran en paz y creyeran que estábamos todos juntos.

–¿Entonces se han dividido? – preguntó la chica justo cuando abrió la puerta y Harry entró. Ron estaba descubierto, en ese momento Ginny se dio cuenta de que la visión de Ron con camiseta, calcetines y un bote de miel con forma de osito en el pene no debía ser como para recibir a alguien. –Oooh mnsppmm… perdona Harry… - dijo la chica apresuradamente mientras lanzaba su pañoleta entre las piernas de Ron.

–Por culpa de los Lestrange tiene una rozadura terrible, hasta con sarpullido y… am-po-llas… – terminó la chica indecisa, seguramente a Harry no le interesaban los detalles.

Harry guardó silencio y se dirigió hacia la cabecera de la cama. Ginny estaba segura de que su expresión contenía una sonrisa que no había querido liberar. Pero la liberó, justo cuando miraba la cara de Ron.

–Al menos no seré el único con la cara marcada – dijo ampliando totalmente su sonrisa y dirigiendo su mirada hacia ella, quien se llevó las manos a las mejillas apenada. La cara de Ron estaba llena de pequeños cortes de navaja.

–Creí que era más fácil. – musitó la chica ruborizándose y sonriendo.

Harry y Ginny bajaron y hablaron de algunas cosas que estaban haciendo los de la Orden y de otras noticias. Ginny lo invitó a comer y cocinaron 3 ardillas con verduras. Harry no quiso decir nada más pero comprendió por qué Ginny se miraba tan delgada. Ellos no comían mejor. Más tarde Harry le dijo que debía irse y subieron a la habitación de Ron.

–¿Cómo lo ves?

Ginny suspiró y se sentó al lado de Ron. –No lo sé Harry. No sé qué pensar. A veces creo que se recupera y a veces creo que retrocede. No sé qué pasa, me siento perdida. Odio verlo así. Lo extraño.

–Calma Ginny…

–No sabes lo que daría porque estuviera aquí. Ya no importa nada, de verdad. No me importa que eructe en la mesa o que se la pase comiendo todo el día, quiero que vuelva a celarme, que me hunda bruscamente en la laguna, que me jale el cabello para molestarme por las mañanas, nada me importa, quiero que vuelva… – las lágrimas habían empezado a salir casi desde que empezó a expresarlo.

Harry la acercó un poco hacia él para consolarla, pero la chica no cedió. Ella deseaba recargarse en su pecho otra vez. Él pensó que ella debía sentirse realmente muy devastada para llorar de ese modo. Ginny no solía ser así, ella siempre estaba mirando al frente alerta sobre lo qué hacer. Pero para esas fechas todos tenían sus momentos de desahogo, y ella lo había necesitado.

–Lo estás haciendo muy bien. Pronto se recuperará, ya lo verás. – Dijo el héroe de los ojos verdes y limpió sus lágrimas con los dedos.

Después bajaron y se despidieron con un tierno abrazo. Harry había podido visitarla porque en ese momento estaba de paso en Grimmauld Place, pero antes de irse le dejó claro que lo más seguro es que no volvería a suceder.

La chica estuvo de regreso en la habitación y volvió a recargarse en su pecho frotando círculos, estaba particularmente frío. Esta vez sus círculos se acompañaron con su boca exhalando vaho en diferentes partes y luego lo envolvió en mantas de nuevo. Una vez más durmió sentada a su lado con el cuerpo torcido y la cabeza en su pecho.


N/A: Chicas me han encantado sus review, de verdad lo agradezco muchísimo, me motivan tanto, que ya he escrito hasta el capi 9 xDD trataré de subir más seguido pero dependerá de su respuesta. Besos.!!