Capítulo 2
Era muy extraño saber que pronto, en uno o dos días, dejaría de ver esos radiantes y hermosos ojos azules. Sir William era un caballero amable, educado y servicial. Me había sorprendido dos veces sirviéndome un poco de vino y dejándome un plato de comida, que devoré sin pensarlo.
Me encontraba en las caballerizas, alistando los caballos de Sir William- Les había llevado agua y me encontraba cepillándoles el cabello, cuando entre sombras distinguí a alguien.
Era una persona muy extraña, que traía del cuello a mi tío y lo acorralaba contra una de las esquinas. Con fuerza lo llevó a las sombras y no podía distinguir que le decía. Le hablaba muy de cerca y parecía que le estaba apuntando con una daga al cuello. Pude ver que mi tío asintió con la cabeza y vi desaparecer entre las sombras a ese misterioso visitante.
Haría algo que nunca había hecho y era seguir a aquel visitante y averiguar qué era lo que quería; sabía perfectamente que las deudas del castillo eran torrenciales, pero no permitiría que me vendiera al primer cobrador que se presentara en la puerta.
Con cautela salí del castillo deslizándome por los pasadizos y por las sombras del mismo, conseguí salir al camino principal. Ahí lo encontré, era tan desagradable, su mirada era malvada, parecía que traía al mismo diablo dentro. Me acerqué cautelosamente resguardándome en las sombras de los árboles. No quería respirar, ni emitir ninguna clase de sonido que delatara mi posición. Me acerqué lo más que pude, hasta ver claramente sus siluetas y pude escuchar esa voz cínica:
-Sí, está en el castillo. Ahora es nuestra oportunidad de matarlo, mañana por la tarde emprende su camino. En éste momento es peligroso atacarlo, su compañero está con él. Debemos esperar a que salgan del castillo. -
-¿El viejo te delatará?- Le había preguntado aquella otra persona que se vislumbraba entre las sombras….-
-No, le he ofrecido suficiente dinero… Los ojos del viejo brillaron al escuchar la palabra oro… Lo tenemos ganado. Le he pedido que nos avise tan pronto vea a Sir William salir, y le pedí que cortara las riendas de la silla del caballo y que fuera cauteloso, o lo mataría a él también, sino hacía lo que le pedía.-
¡Mi tío había perdido la razón! ¡Dejar que mataran a un caballero del Rey en sus tierras!- Tenía que avisarle a Sir William, que corría peligro. Mi corazón empezó a latir desbocadamente y no sabía cómo hacer para regresar al castillo, y darle aviso. Ahora me encontraba tan cerca de esos mercenarios, que no podía delatar mi posición. Poco a poco fue oscureciendo y me alejé con extrema cautela de ellos. Regresar al castillo sin que me descubrieran me llevó mucho tiempo. Esos dos asesinos, se encontraban como centinelas vigilando la entrada. Necesité de una gran destreza para poder deslizarme dentro de la roída fortaleza. Cuándo por fin logré entrar al castillo, sólo pude ver que los señores se habían retirado ya a descansar. Debía advertirles, pero la habitación que Lord Deveraux les había asignado, estaba próxima a la de él. El rechinido de las puertas, avisaría a mi tío que alguien estaría entrando a la habitación de esos caballeros; si me viera dentro, sabía perfectamente que le daría uno de sus ataques de ira. Iba a tener que esperar a la mañana; sólo rezaba que no fuera demasiado tarde.
Lo único que podía hacer era ir a verificar que las sillas de montar, estuvieran en buen estado, para buena suerte de Sir William, mi tío era un borracho empedernido y no había hecho nada. Logré esconder las sillas entre la paja y después me dirigí a la puerta principal. Estaba cerrada, pero de todas formas con mucho cuidado puse la traba desde dentro. Después me dirigí a la puerta trasera del castillo, que daba al bosque y era muy pequeña. De todas formas, casi no había nada que robar en el castillo y cualquier ladrón se hubiera perdido entre el denso bosque que rodeaba las murallas de la construcción. Busqué la traba de esa puerta y también la coloqué. Era tarde y sentía el frío penetrarme por los huesos. Era difícil que alguien saliera por la puerta trasera, o incluso atacar el castillo. La entrada más grande, y de fácil acceso era por delante. Fui por una de las mantas, que mi nana me había tejido de niña, y busqué entre mis cosas una capa. No iba a permitir que en las tierras de mis padres se cometiera traición contra el Rey de Inglaterra; a pesar de ser normando y de tener al pueblo inglés en su contra, de ninguna manera quería que ésta provincia fuera conocida como una traidora; suficientes problemas ya teníamos con ser los olvidados.
La noche transcurrió fría y en silencio, hacía todo por mantenerme despierta, pero ya entrada la noche, el sueño me venció. De todas formas había estado de vigía en la puerta principal y ahí mismo me había quedado dormida.
Apenas despuntaba el alba, cuando escuché, que Sir William y sus hombres, despertaban. Estaba muy cansada, con el cuerpo casi tullido por el frío. Me incorporé, y con cautela me dirigí hacia la habitación de los caballeros, y para mi sorpresa ya no se encontraban ahí. Imaginé que estarían en la cocina desayunando, así que me dirigí a mi habitación, que era muy pequeña y en la parte más alta de la torre sur. En una bolsa, puse mis prendas más valiosas; haría un trato con Sir William, y dejaría el único hogar que había conocido; tal vez, ésta era la oportunidad por la que tanto había rezado… No lo sabía, sólo sabía que permaneciendo en el castillo o fuera de él, estaría tarde o temprano, tres metros bajo tierra.
Salí de mi habitación y escondí mi pequeño equipaje. Después me dirigí al desayunador, pero Sir William y sus caballeros, no se encontraban ahí. Así que rápidamente me dirigí a las caballerizas y me encontré con su lacayo. Le pregunté por Sir William, y se encogió de hombros, el chico no sabía nada. Vi la mirada de ese niño; se encontraba desesperado, dando vueltas por aquí y por acá. Entonces me acerqué a él y le dije casi en secreto…- Tu amo corre peligro, he escondido las sillas de montar para que no las dañaran, busca en la paja, hasta el fondo y sólo sácalas cuando veas que ellos van a partir, ¡por ningún motivo dejes que mi tío las vea! ¿Me entendiste?-
-Si milady…- El muchacho se había puesto pálido, pero sabía que era leal a su amo.
-Ahora vengo, debo encontrar a Sir William… - Un brazo me detuvo por detrás y el joven muchacho me dijo…- Salió milady, dijo que iba al pueblo…- Mi cara debió haberlo dicho todo, me puse pálida y salí desbocada corriendo en busca de Sir William.
Para mi mala suerte, mi tío se dirigía a las caballerizas, sabía que no le daría tiempo al lacayo de esconder las sillas de nuevo, así que no podía ir a alertar a Sir William.
-Buenos días Lord Deveraux… Hoy se ha levantado muy temprano…- Le aseguré en buen tono-
-Vaya…. Parece que a ti, la sola presencia de "Sir William", te mejora el humor… Espero que no seas tan tonta como para abrirle las piernas…"-Me había dicho él, destilando alcohol, con los ojos rojos, casi cerrados. Era evidente que para él era demasiado temprano estar de pie a ésas horas.
Tuve que tragarme mi orgullo para desviar el tema… Sabía perfectamente que el gozaba en provocarme y no le daría el gusto de hacerme rabiar. ¿A dónde se dirige tan temprano Lord Deveraux?- Le pregunté, indagando, arriesgándome a que me soltara una buena bofetada… Mi corazón latía rápidamente…- ¿Acaso pretende robarse el caballo de Sir William?- le había preguntado, casi gritando, para que el lacayo me escuchara…-No pierda su tiempo tío, Sir William se encuentra acicalando a su caballo, es mucho más fuerte que usted. Por favor no haga el ridículo, desayune y lávese….No le han dicho que ¡Apesta!- Le había dicho, gritando de nuevo, y sólo contemplé, la mirada furiosa que mi tío me dirigía… En lugar de dirigirse a las caballerizas, se acercó rápidamente a mí… Si… mi plan había funcionado. Empecé a caminar, casi a correr hacia la cocina y azoté todas las cazuelas y ollas que pude. El ruido estridente penetró por los oídos de mi tío y sabía perfectamente, que quería darme una tremenda golpiza… La cosa no terminó ahí, el lacayo se había aparecido y empezó a ayudarme a acomodar la cocina. De inmediato freí unos huevos y había invitado a mi tío, cosa extremadamente rara en mí a desayunar- Cociné, para todos los presentes en el castillo, como si yo no supiera que Sir William no se encontraba. Para mi buena suerte, tanto el lacayo como mi tío, comieron hasta saciarse y sabía perfectamente bien, que Lord Deveraux, era un perezoso, dormiría toda la mañana, porque sabía que Sir William partiría en la tarde.
Muchacho…¿ A qué hora parte tu amo?-
Por la tarde señor- Le había contestado con miedo el lacayo-
-Mmhhhmm, pues tendré que cobrarle más, mi estúpida sobrina ha roto todas las ollas para cocinarle un desayuno…-
-Sí milord, le diré a mi amo…-
-¿En dónde está?- había preguntado curioso, con mirada intrigante, al lacayo…-
-Se encuentra con sus caballos, y es bien sabido que Sir William se toma hasta dos horas todas las mañanas para alistarlos. También es sabido que no le gusta que lo molesten mientras lo hace… Es muy celoso del cuidado y de la alimentación de sus purasangre.-
-Mmmhhmmm, idiota…!Entonces para qué quiere un lacayo!- Le había dicho mi tío, casi adormecido por el vasto desayuno… Diciéndolo para él…-
El muchacho quedamente respondió- No lo sé señor…-
Cautelosamente salí del desayunador, acompañada del lacayo… Habíamos dejado plácidamente dormido a mi tío… -De prisa, ayúdame a alistar mi caballo- le rogué al muchacho.
Era más de medio día y no encontraba por ninguna parte a Sir William. Me había despedido del muchacho, tomando al hombro mis pertenencias, buscaría a Sir William y no regresaría…
Se hacía tarde y no lo encontraba… Sabía perfectamente que esos hombres estarían escondidos en los alrededores, así que mucho antes de llegar al castillo, dejé a mi caballo y le di un golpe para que se dirigiera a casa. Me despedí del último regalo que me hubiere hecho mi padre. Brownie, era una hermosa yegua, la había recibido desde que era muy pequeña y después fuimos inseparables. Los años habían transcurrido y Brownie, había perdido forma y estaba demasiado delgada, muy a mi pesar se había vuelto una yegua de carga, y yo no tenía el dinero suficiente para alimentarla como se debía. Tuve que separarme de ella y sentí cómo las lágrimas se acumularon en mi rostro, de pronto sentí una gran tristeza; no podía quedarme llorando y con la vista nublada, tenía que sobreponerme. Esperaría, hasta que Sir William saliera por el camino principal, ahora no había vuelta atrás, debía correr ese riesgo. Me dirigí, rodeando entre los árboles y bosque, caminando paralelamente al camino principal, hacia el castillo. Las horas fueron transcurriendo y fue entonces cuando escuché, los cascos de un caballo, corriendo a toda velocidad.
Sin pensarlo más y a sabiendas que podía equivocarme, corrí todos los riesgos y me lancé casi frente al caballo. Ahí estaba el jinete, deteniendo abruptamente a su caballo…
Dios me había escuchado, era Sir William, protegido por su capa, quien montaba ese caballo. -¡De prisa!- le grité, señalando un sinuoso y pequeño camino que se adentraba al denso bosque…-
Sir William, no entendía lo que pasaba, corrí hacia dónde quería que él y su caballo se dirigieran y haciéndole señas con la mano le rogué, que se acercara hacia dónde yo me encontraba. Debió haber sido la extraña expresión en mi cara, o el simple hecho que me encontraba lo suficientemente asustada, en cuestión de minutos veríamos a los dos asesinos, tras su cabeza… Esperaba que Sir George apareciera, pero sólo veía al caballo de Sir William. El camino era cerrado y pequeño, aunque en ése tramo, cabía perfectamente un caballo. Sin pensarlo mucho, Sir William, dirigió su caballo hacia mí, cuando se aproximó lo suficiente le di mi mano para subirme al caballo y para sorpresa de Sir William, me coloqué frente a él…- No haga ruido… Dirigiré a Centella para que nos saque de aquí…-
Sir William no entendía nada…-¡Qué sucede!- Me dijo en secreto junto a mi oreja…- ¡Van a matarlo! Tiene usted a un enemigo tras su cabeza… ¡Sígame por favor, lo ayudaré…!-
-¡De qué está hablando, acaso usted no sabe que soy un Caballero del Rey, podría enfrentarlo fácilmente…!- Me dijo divertido, mientras yo dirigía a todo galope a Centella por en medio del bosque.
-¡Sir William, no es momento de presumir, por lo menos son dos los que buscan su cabeza! Son hombres malos, y vienen armados hasta los dientes. ¿Dónde está Sir George…? Él también corre peligro, debemos ir a buscarlo…-
-Miladi, Sir George se ha ido mucho antes del amanecer, lleva un mensaje para el Rey.-
-¡Oh! Entonces eso es muy bueno, no lo alcanzarán jamás. ¡Y su lacayo!-
-Jaja, él se ha ido a "buscarla al pueblo", lo mandé cuando vi que usted no regresaba… Pero el me ha confesado en secreto que no era necesario, entonces le pedí que no perdiera el tiempo y que partiera y alcanzara a Sir George.-
-¡Qué bueno! Ahora nada más hay que asegurar que usted salga con vida de aquí…-
Mientras galopaba, sintiendo los poderosos brazos de Sir William a mi alrededor, atravesando rápidamente el bosque, con los últimos rayos de sol, hice mi propuesta a Sir William: -¡Si lo saco de aquí con vida… ¿Me llevaría con usted?-
-¿Y por qué haría eso?- Me contestó desconcertado Sir William…-
Tomé fuertemente las riendas del caballo y lo hice detenerse, justo frente a un risco, el cual no se veía, hasta que uno caía en él.
Porque usted es mi única esperanza y por lo visto, yo soy la única que usted tiene para salir de aquí con vida.- Le aseguré, mientras desmontaba el caballo ayudada de Sir William. –Le prometo que no seré una carga, trabajaré para ganar mi comida, ofrezco mi vida a su servicio, si así lo requiere.-
Miladi, no es necesario, la llevaré conmigo, sin necesidad de que me ofrezca la vida.- Me había contestado Sir William, sin dudarlo ni un momento.- Me intriga saber miladi, ¿por qué piensa que un caballero extraño es su salvación?-
No lo podría saber con precisión, sólo sé y estoy segura de que así es.-
Lo miré fijamente y no titubé ni un segundo, dejé que él se diera cuenta de que hablaba en serio y de que era presa del miedo y la incertidumbre si me quedaba, en el que una vez fue mi hogar.
Sir William, me miró tan profundamente, me aseguró, y fue una promesa, que a su lado no debía temer.
-Gracias Sir William, es usted el más noble de los caballeros.-
-Me sonroja miladi- Me había dicho en tono de broma, para que me relajara un poco y supiera que todo estaba bien.-
Casi en secreto le dije. –¡Vamos Sir William, no haga ruido, debemos descender por éste risco!-
Sir William quedó mirando fijamente el risco y dudó de mi capacidad para descender por ese risco lleno de piedras. Un río corría hacia abajo del risco, y una pequeña cascada dividía los dos extremos.
Conozco ésta provincia como la palma de mi mano. Hay un camino aquí debajo, sígame.-
Con toda cautela y ahora con más detenimiento descendimos por el desfiladero. Centella era una yegua muy mansa y obedecía a la perfección. La dirigí suavemente y a través de el camino lleno de piedras y raíces, llegando a la orilla del río, caminamos hasta dónde pudimos cruzar a Centella, una vez fuera debíamos ascender, puesto que la corriente abría en un gran río, y no había más que grandes rocas a los costados, era la muerte tratar de cruzar por ahí, debíamos ascender de nuevo por el risco, de nuevo, entre piedras y raíces. La humedad y la lluvia habían tallado un camino tan estrecho y lleno de vegetación que no se lograba distinguir en el paisaje. Subimos, cuidando nuestras espaldas, no dejaba de mirar atrás, sentía que en cualquier momento una flecha atravesaría nuestros cuerpos. No hacía más que caminar lo más rápido que pudiera y en silencio. Sir William, por fin se había dado cuenta del grave peligro que corría; si hubiere querido escapar por el bosque hubiera caído en el risco que atravesábamos lentamente.
Una vez arriba, la humedad se hacía más presente y el sonido de la cascada cubrió nuestro ruidoso ascenso. El pasto era grande y alto en esa zona, había demasiados árboles y vegetación. El bosque era por demás cerrado a un lado de esa cascada. De hecho se decía que ahí no entraba nadie, que ahí habitaban las brujas. Parecía que Sir William sabía de la leyenda, porque vi como buscaba una forma de salir de ahí.
Seguí caminando y me adentré aún más en el bosque cuesta arriba. Poco a poco fuimos alcanzando más altura, y los árboles y la vegetación se cerraban a nuestro alrededor. Entonces, en un pequeñísimo claro se asía un alto y portentoso roble. Era tan grande que sin duda tenía más de mil años de habitar la tierra. Era muy hermoso, con grandes raíces y una vasta vegetación y gran cantidad de ramas saliendo de él.
Dirigí a Centella hacia el roble y fue entonces que escuchamos los truenos, de nuevo una tormenta se avecinaba. El cielo se había cubierto de nubes y comenzó a llover tan fuerte y tan precipitadamente, que era difícil distinguir que había de frente. Rodeé al gran roble y busqué con mis manos una hendidura. Era tan grande la hendidura que hacía una cueva dentro del árbol. Era un refugio seguro, y lo suficientemente grande para los tres.
-Vaya, no esperaba encontrar esto aquí.- Aseguró sorprendido Sir William quitándose la capa de sus hombros.
-Éste es mi refugio desde niña, aquí he pasado muchas horas de mi vida y alguna vez pensé en volverme una ermitaña del bosque y habitar en él.- Le aseguré, mientras me adentraba aún más en la cueva dentro de ese gran roble.
En esa cueva tenía paja, algunos libros, una muda de ropa, unas mantas hechas de lana, velas, y algo de comida. Sir William sin duda alguna no podía creer lo que sus ojos veían, estaba a salvo y no lo había matado en el intento de bajar un desfiladero con todo y su caballo.
Sonreí mientras sacaba las mantas de lana y buscaba ese gran pedazo de corteza de árbol que colocaba para evitar que entrara el frío. Muchas veces había pensado en quedarme ahí, pero sin duda saber que mi nana moriría de la angustia, me hacía regresar al castillo. En los últimos meses, encontraba cada vez más difícil regresar al castillo y saber que debía hacerlo si quería luchar por las tierras de mis padres.
Sir William quería encender una de las velas, pero lo detuve, aún no estábamos a salvo, si había intuido bien, esos hombres nos buscarían hasta por debajo de las piedras, no podíamos darles indicios de que nos encontrábamos ahí.
-¿Estás segura que no nos encontrarán aquí?-
-No lo sé. Es el lugar más seguro que conozco, pero éstos asesinos no se detendrán por un risco. Esperemos que sea la lluvia quien lo haga y que borre todas nuestras huellas.-
-Imagino que antes de bajar por el desfiladero, caerán en él.- Me contestó divertido Sir William.
-Eso espero- le contesté algo nerviosa, pero para mi sorpresa estaba sonriendo.
Los dos vigilamos por una ranura para saber si los que nos acechaban, se encontraban en los alrededores, no pasó mucho tiempo, cuando a un lado del desfiladero escuchamos un grito, y el relinchar de un caballo. El jinete envuelto en una capa negra, se alcanzaba a vislumbrar a través de la densa lluvia. Mi corazón se aceleró y estaba temblando, no sabía si por el frío o por el miedo que sentía. Sabía que para llegar hasta nosotros debían cruzar el risco y atravesar la densa vegetación. El roble que nos protegía, estaba resguardado por la densa vegetación y las rocas y nos permitía tener una vista segura de lo que lo rodeaba. Era muy difícil atravesar, pero no imposible. No quería respirar, no quería que nos encontraran… Siempre había pensado que en ese bosque, no habitaban las brujas, sino ángeles, que me habían cuidado y protegido todos esos años. Empecé a rezar y pedí que los ángeles nos resguardaran de la maldad que nos rodeaba. Sir William al igual que yo, miraba fijamente por la rendija, y no hacíamos ruido alguno. Dejé de mirar y cerré los ojos, tomé el crucifijo que traía en mi pecho y empecé a rezar en silencio. Sir William estaba de frente a mí, en ese reducido espacio y pronto sentí, cómo me pegaba a su pecho.
-No temas milady.- Me aseguró, mientras me tranquilizaba contemplando sus dulces y profundos ojos azules.
Sólo pude asentir con la cabeza y dejé de temblar. La lluvia se hacía cada vez más fuerte y pronto dejamos de oír los gritos de los mercenarios, tratando de encontrarse en la lluvia. Pasaron varios minutos y logramos distinguir tres figuras, no solo dos, sino tres figuras negras resguardadas bajo sus capas, buscando entre la lluvia a una joven y a un rubio montando a caballo. La razón le decía que no podíamos andar por ahí, pero sus instintos asesinos y de cazador, le aseguraban lo contrario. Se quedó mirando fijamente en dirección al roble que nos resguardaba. Yo sabía perfectamente que no podía vernos, que no podía olernos, ni si quiera escucharnos, ni ver el roble asirse en lo más alto de esa colina, pero aún así sentía como si estuviéramos al descubierto, como si fuera capaz de penetrar las duras y gruesas capas de la corteza de ese inmenso árbol rodeándonos. Empecé a temblar de nuevo, no veía sus ojos, pero sabía que nos buscaba, nos buscaba entre la densa vegetación del bosque, finalmente, inspeccionó el risco y las rocas que rodeaban la salida de la corriente de la cascada. Tal vez fue pura suerte, o tal vez si había sido un ángel que nos guardaba, ese mercenario asesino no pudo distinguir el camino que se hacía bajo sus pies. Desconcertado y tras largo tiempo de permanecer bajo la lluvia se retiró.
El miedo abandonó mi cuerpo y temblaba descontroladamente, me así con fuerza a Sir William y no podía dejar de llorar, estaba demasiado asustada. Escuché su dulce voz, en medio de la fuerte lluvia que caía:
- No temas milady, estamos a salvo.- Me dijo asiendo mi cara entre sus manos y mirándome a los ojos.-¿Quién sois milady…?¿A quién le debo mi vida?-
Él se encontraba tan cerca de mí, su aliento era tibio y sus ojos dulces. Era tan galante, apuesto y varonil. Me preguntaba si él sabía, que era tan bien parecido. Fijé mi mirada al suelo y pensé si debía descubrir la verdad o no. Sir William, no aceptaría una mentira por respuesta, después de todo, si iba a huir con él, debía saber quién era yo...
Continuará…
