Siento la tardanza, espero que un cap más largo sea suficiente recompensa ;)
Capitulo 4: "Doce campanadas"
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A falta de una hora para que comenzara la fiesta yo no podía parar quieta en ningún sitio, y deambulaba por mi habitación sin ningún propósito aparente. Nuevamente, acabé frente al espejo y repasé con mirada crítica mi atuendo. El pelo lo llevaba recogido en un elaborado peinado que dejaba caer varios bucles rosados adornando mi cara. El vestido que había elegido era de color verde jade contrastando con mi piel pálida. El corpiño se acoplaba a mi torso como una segunda piel y la tela de encaje que lo bordeaba en el extremo superior adornaba el escote provocado por las cintas fuertemente anudadas en la espalda. El resto del traje caía en suaves pliegues hasta casi rozar el suelo.
No llevaba ni cadenas ni anillos, solo unos simples pendientes a juego con el vestido que mi madre me había prestado para la ocasión. Realmente me sorprendió que no pusiera reparos cuando le comenté el tema de la fiesta. Es más, pareció hasta encantada de que tuviera tal interés en ir a la mansión. Durante la semana, fui comunicando a mis amigos lo de la invitación, y si bien, Naruto puso algunos reparos –cosa que me sorprendió, cuando él siempre era el primero en apuntarse a las fiestas- al final todos aceptaron ir.
El sonido de golpes en la puerta de mi cuarto me devolvió a la realidad y echando un último vistazo a mi reflejo en el espejo, me dirigí ha abrirla.
─ ¿Mama?
─ Sakura, tus amigos ya te están esperando abajo, apúrate ─ comentó con una ligera sonrisa ─ estás muy guapa, cariño ─ su mano descansaba en mi mejilla derecha y me la pellizcó levemente antes de darse la vuelta y volver por donde había venido.
─ Esta bien...allá vamos ─ susurré mientras inspiraba una gran bocanada de aire. Tomé mi antifaz dorado de la cama y apagando la luz, avancé por el pasillo y comencé a descender las escaleras.
Todos estaban en el rellano. Hinata llevaba un vestido violeta cuyo corte era muy parecido al mío, solo difería en los pequeños bordados de flores que adornaban el dobladillo de la falda. A su lado estaba Naruto, enfrascado en un esmoquin negro con su pelo rubio totalmente revuelto mientras discutía algo con Kiba, quién vestía sendo esmoquin. Más a la izquierda se hallaba Ino con un soberbio traje rojo de palabra de honor. Su pelo estaba recogido en lo alto de su cabeza dejando caer algunos mechones rubios hacía su espalda parcialmente descubierta. Y luego estaba... ¿eh? ¿Quién...?
─ ¡Sa-kura! ─ exclamó Ino agitando la mano en mi dirección ─ Tengo que hablar contigo ─ me susurró una vez llegó a mi altura y agarrándome del brazo me arrastró a la cocina.
─ Ino... ¿¡Se puede saber qué hace Sai aquí!? ─ inquirí todavía desconcertada.
─ ¡Oh! veo que te acuerdas de él ─ comentó con una risita nerviosa mientras jugaba con un mechón de su pelo entre los dedos.
─ Ino... ─ exclamé exasperada mientras la interrogaba con la mirada.
─ ¡Venga Sakura, no te pongas así! Tenia que traerle ─ comentó poniendo énfasis en las últimas palabras mientras me miraba intensamente con sus orbes azules clavados en mi.
─ Pero la invitación decía ─ comencé reticente pero me interrumpió con un ademán de su mano.
─ ¡Tonterías! ─ exclamó ─ no creo que uno más vaya a causar problemas, con todas las personas que van a ir a esa fiesta, seguro que no se dan ni cuenta ─cogiéndome de nuevo del brazo me arrastró hasta la puerta de la cocina y dirigió su mirada a Sai ─ ¿A qué es una monada?
─...
─¿Sakura?
─ Cerdita,... tú nunca cambias ─ dije sonriendo para mi mientras meneaba la cabeza negativamente.
─ ¡Bah!- bufó para luego sonreír y volver con los demás. Yo la seguí segundos después y antes de salir todos por la puerta, me acerqué a ella y le pellizqué un brazo.
─ Vas a tener que contármelo todo con pelos y señales ─ le susurré con malicia.
─ Trato hecho frontuda ─ dijo a su vez entre dientes saludando a mi madre con una mano quien se hallaba en el marco de la puerta que daba al salón.
Ya estábamos todos en la acera y nos dirigíamos a la mansión cuando un grito de mi madre me hizo pararme en seco. Girándome bruscamente, me puse de puntillas y entrecerré los ojos en busca de su figura.
─ ¿Qué pasa? ─ grité cuando la vi bajando apresurada los escalones del porche.
─ ¡¡Se me olvidó haceros una foto!! ─ traía la vieja cámara de mi padre en las manos y sus ojos brillaban de entusiasmo ─ venga, poneos todos juntos y decid "¡Patata!" ─ exclamó mirando a través del visor.
─ ¡Saca mi lado bueno! ─ comentó Kiba
─ Tú no tienes de eso ─ dijo Ino provocando que todos riéramos. Naruto junto a Hinata e Ino y Sai se colocaron delante. Kiba y yo nos pusimos detrás y obedecimos las demandas de la recién descubierta pasión de mi madre por la fotografía.
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Una vez nos sacó lo que para mi fue más de lo que permite un carrete normal, nos dejó ir con la promesa de "portarnos bien y no hacer enfadar al señor Uchiha Itachi", realmente me sorprende la capacidad que tiene mi madre para dejarme en vergüenza delante de mis amigos. Y así, con dos tonos más rojos de lo normal en mis mejillas llegamos a las rejas que impedían la entrada a la mansión. No se si era yo sola o también lo sentían los demás, pero notaba el aire terriblemente pesado, como si se desplazara a nuestro alrededor con lentitud. Mi corazón latía cada vez más rápido, presa de la emoción, de la ansiedad; y mi cuerpo vibraba de expectación contenida.
─ Se puede saber cómo vamos a entrar ─ la suave voz de Sai me sacó de mis pensamientos y me giré para mirarle.
─ No sé, supongo que habrá algún portero ─ contesté mientras agarraba con mi mano un barrote de la entrada
Ni bien pasaron cinco segundos de lo que dije y oí un débil chasquido a mi espalda. Soltando rápidamente el barrote, me di la vuelta alejándome dos pasos hacía atrás. Lentamente, la verja se fue abriendo con un chirrido a metal oxidado hasta que llego a su tope. Ante nosotros se habría un paseo de piedra cuyo final se hallaba oculto por unas sombras densas.
─ Tú primero Naruto ─ sugirió Kiba sin evitar que se notara el temblor de su voz.
─ ¡Oh, no! ¿Cómo podría privarte de tal honor? Tú primero ─ comentó éste a su vez- o será que tienes miedo, ¿Kiba? ─ inquirió con una sonrisa zorruna mientras en sus ojos se instalaba un brillo burlón.
─ ¡Pero qué dices, idiota! Yo no ─
─ ¡Basta! iré yo delante ─ exclamé y sin esperar respuesta, me giré y enfilé por el camino de entrada. Estos dos cuando empiezan así no hay quien los logré parar. La última vez se pasaron toda una tarde igual y por nada del mundo me iba a pasar toda la noche viendo como discutían por semejante tontería.
Segundos después noté como los demás me seguían a escasa distancia. Mientras andaba no podía evitar fijarme en los grandes pinos que, a varios metros de distancia, adornaban ambos extremos de los exteriores de la casa. Sus copas se alzaban a bastantes metros y el suave viento típico de diciembre mecía sus ramas elegantemente creando la ilusión de que danzaban unos con otros. Cuanto más caminaba, más difusas se hacían las sombras hasta que pude ser capaz de distinguir una hilera de posted coronados por farolillos rojos hasta las escaleras que conducían a la puerta de la mansión. Avivando el paso, fui pasando uno a uno los posted hasta que puse un pié en el primer escalón de piedra. Inmediatamente sentí como un escalofrío de excitación ascendía por mi columna.
Segundos después, llegaban todos a mi altura, y como estatuas de piedra, nos quedamos parados mirando fijamente la puerta de la mansión, sin saber realmente que hacer.
─...
─ Parecemos idiotas ─ susurró Kiba poniendo en palabras nuestros pensamientos.
─ Eso lo dirás por ti ─ dijo Ino a su vez mientras inconscientemente se acercaba más a Sai.
─ ¿Sa-Sakura? ─ inquirió Hinata tomada fuertemente del brazo izquierdo de Naruto.
─ Bueno, yo ─ comencé, pero un movimiento a mi derecha cortó en el acto lo que iba a decir, y ahogando un grito, bajé del escalón donde me hallaba subida y me puse a la altura de mis compañeros.
─ Haruno Sakura, supongo ─ pronunció una voz sibilante mientras se acercaba otro paso hacia nosotros quedándose parcialmente iluminado delante de la puerta. Su piel era terriblemente pálida, casi parecía hasta azul. Tenía unas cicatrices extrañas debajo de los ojos, y cuando sonrió pude entrever una hilera de afilados dientes. Realmente, la gente podía llegar muy lejos con sus disfraces. Pero aún así, lo que más me llamó la atención fueron sus ojos. Parecían muertos, sin vida y sin embargo, yo creía percibir en ellos un fondo de burla contenida.
Notando como Naruto me daba un codazo, desvié mi mirada de sus ojos, y carraspeando levemente, cuadré los hombros, y me adelanté un paso.
─ Sí, soy yo.
─ Bienvenida a la mansión Uchiha, señorita Haruno... y cia ─ respondió mientras hacía una leve reverencia y se giraba hacia la puerta- Espero que paséis una noche...cuanto menos inolvidable ─ completó con una tono realmente aterrador. A continuación, abrió la puerta del todo y volvió a situarse al lado derecho, donde las sobras lo volvieron a ocultar de nuestra mirada.
Pestañeando levemente, inspiré una gran bocanada de aire y comencé a subir los escalones de piedra de nuevo. Cuando ya llegaba al umbral de la puerta, noté que mis amigos no se habían movido ni un centímetro.
─ Se pude saber... ¿a qué estáis esperando? ─ inquirí con el seño fruncido mirándoles por encima de mi hombro derecho.
─ Vamos─ susurró Sai tomando a Ino de un codo obligándola a avanzar. Naruto, Hinata y Kiba los siguieron inmediatamente.
Una vez traspasamos el umbral de la puerta, una suave melodía llegó hasta nuestros oídos mientras contemplábamos estupefactos lo que se presentaba ante nuestros ojos. En frente de la puerta de entrada, y a unos escasos tres metros de mármol blanco se alzaba una escalera de moqueta roja bifurcándose al final hacia los extremos. La baranda de la misma era de color blanco semejante al de las semi columnas, que con una espectacular simetría, se disponían en las paredes de nuestro alrededor a dos metros de distancia cada una. Encima nuestro descendía una magnifica lámpara de araña cuyos cristales lanzaban destellos por toda la estancia y dibujaba figuras incomprensibles en las paredes tapizadas de rojo. La habitación daba una sensación de espacio y claustrofobia a la vez. Girando los ojos en rededor, pude percatarme de dos puertas que se hallaban al fondo, cada una a extremos opuestos. A mano derecha había otra adornada por una cristalera en la parte superior, y agudizando más el oído, me percaté de que el sonido provenía de detrás de ésta.
─ Por allí ─ exclamé mientras me encaminaba a la puerta de la derecha con paso decidido.
─ Sakura-chan ¿Seguro que es por ahí? ─ inquirió Naruto dudoso.
─ Claro que sí, vamos ─ contesté sin siquiera mirarle. Lentamente, tomé ambas hojas de la puerta corredera con mis manos, y aplicando un poco de fuerza, empezaron a deslizarse con un suave susurro.
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Si antes me había sorprendido, lo que contemplaba ahora no lo podría ni explicar con palabras. Tragando fuertemente para soltar el nudo que se había instalado en mi garganta, dejé caer mis manos laxas a ambos lados de mi cuerpo mientras mis ojos, desorbitados, miraban a todos y a ningún sitio a la vez.
─ Jo-der... ─ oí susurrar a Kiba detrás de mi.
Y no era para menos, ante nuestros ojos se desplegaba una estancia rectangular de aproximadamente, veinte metros de largo y diez de ancho. En el medio de la pista danzaban con un compás sobrenatural bastantes parejas, todas ellas ataviadas de magníficos trajes y antifaces de colores. Las mujeres parecían muñequitas de porcelana, con esa piel terriblemente pálida y el pelo adornado por bucles dorados, negros azabache y rojos fuego. En cuanto a sus acompañantes, no podía sino pensar que si en algún sitio existía el príncipe azul –una comparación un poco tonta pero no se me ocurría en esos momentos otra-, esa noche se encontraba en la mansión Uchiha, pero multiplicado por cien. Sin poder evitarlo, una envidia amarga se instaló en mi garganta mientras contemplaba embelesada los giros que ejecutaban en el momento adecuado al son del Vals, sintiéndome totalmente fuera de lugar, como un girasol de vivos colores al lado de un cactus. Las risas y las conversaciones se alzaban y deslizaban con una cadencia casi musical; el aire estaba cargado de un dulce aroma a rosa y a algo más, como a óxido, aunque no estaba realmente segura de ello.
Avanzando un paso más, contemplé las largas mesas, que a ambos extremos de la sala, se desplegaban hasta el final de la estancia todas ellas cubiertas de lo que parecían, exquisitos mangares. En el centro de la pared del fondo, y acompañado de dos puertas de regia madera a escasos metros, se abría un arco de piedra por el que se podía entrever una escalera. Sobre éste, a unos dos metros de distancia, se alzaba un gran reloj cuyas manecillas acababan de anunciar las diez de la noche.
Paseando de nuevo la vista por la zona de baile me percaté de que en la parte superior de la habitación se desplegaban sendas galerías de grandes cristaleras donde pude entrever a algunas personas paseando y contemplando la escena que se desarrollaba bajo sus pies. Nuevamente, del techo descendían tres magníficas lámparas de araña llenando la estancia de una brillante luz.
─ ¡Que pasada! ─ exclamó Ino rompiendo el silencio que se había instalado entre nosotros.
─ Nunca pensé que la mansión fuera así, desde el exterior parecía tan...tan ─ comenté con voz queda.
─ Cutre ─ completó Naruto con un encogimiento de hombros.
─ Pues a mi me parece una mierda, un poco más antigua y se nos cae encima ─ comentó Sai deslizando su mirada por la sala.
─ ¡Sai! ─ susurró Ino dándole un codazo en un costado mientras lo miraba con la censura dibujada en sus ojos azules.
De inmediato, la música dejó de sonar y las parejas se detuvieron en mitad de la pista. Un leve murmullo de voces se alzó de entre la multitud hasta llegar a nuestra altura. Curiosa, avancé dos pasos más hasta alejarme de la puerta de entrada intentando ver más allá de los peinados suntuosos y las plumas de los tocados. Mas no tuve que hacer muchos esfuerzos, pues poco a poco las personas se fueron haciendo a los lados hasta abrirse un pasillo que daba directamente con el arco de piedra. Lentamente, una figura fue emergiendo de la arcada mientras descendía por la escalera. A medida que avanzaba, la luz de las arañas fue bañando su figura revelando unas piernas largas, y un torso ligeramente ancho –seguramente musculoso- enfrascado en un esmoquin negro, con un pañuelo rojo sangre saliendo de su pecho derecho.
No llevaba máscara ni antifaz. No ocultaba su rostro como los demás. ¿Pero para qué hacerlo? Había llegado el anfitrión de la fiesta; Uchiha Itachi. Lentamente, sentí como mi corazón empezaba a latir a más velocidad, parecía como si un tambor africano se hubiera instalado en mi pecho. Notaba las manos sudorosas, mientras me ponía en tensión contemplando su avance por el pasillo. De vez en cuando, inclinaba la cabeza a modo de saludo a alguna que otra persona, pero en ningún momento vi que la expresión de su rostro cambiara, aunque siempre manteniendo ese deje de burla que creí atisbar la primera vez que le vi.
Al llegar a nuestra altura, giró su rostro levemente al lado contrario. Lentamente, me permití soltar un ligero suspiro de alivio mientras le contemplé dar un paso más, dejándonos de largo. Pero ni bien había hecho el amago de avanzar, cuando sentí su mirada puesta en mí. Parecía como si estuviera a escasos centímetros de mi cuerpo, opacando cualquier otro sonido o presencia. Mis ojos solo podían contemplar el negro de su mirada, negro y más negro, que se extendía a mi alrededor sumiéndome en una oscuridad absoluta. De nuevo sentí esa sensación de succión vertiginosa y un grito de pánico se atascó en mi garganta. Luego, todo se detuvo bruscamente, y mi cuerpo se quedó suspendido en un espacio vacío.
Atontada y algo mareada, miré confusa a mi alrededor, pero no lograba ver nada, solo oscuridad. Sin quererlo, empecé a ponerme histérica pensando que me había quedado ciega de repente. Una y otra vez, me froté los ojos y los abrí y cerré, pero no había ningún cambio aparente. Un sollozo escapó de mi boca mientras sentía como mis ojos se llenaban de lágrimas. Pero un destello blanco captó mi atención, tranquilizándome relativamente. Poco a poco, miles de destellos se sucedieron a mi alrededor, revelando una y otra vez, el pestañeo de dos ojos rojos que aparecían y desaparecían a placer.
Has venido...tú y tu cuerpo...
Oí las palabras en mi cabeza con increíble claridad, mas se semejaban más al canto de una sirena, atrayentes y mortíferas.
Te he esperado...a ti y a tu corazón...
Cantó de nuevo la voz, mientras mi cuerpo comenzaba a mecerse al ritmo de los las aspas negras que giraban en el mar de esos ojos rojos.
Exquisita...gota a gota...gota a gota...
Cantó esta vez con un tono más siniestro despertando en mí un miedo que jamás creí sentir. De nuevo, una luz muy fuerte estalló en mi mente provocando que me tambaleara. Inmediatamente, sentí como unos brazos se cerraban en torno a mí, evitando que cayera al suelo.
─ ¿!Sakura-chan?! ─ oí la voz de Naruto cerca de mi.
─ ¡Sakura! ¡Frontuda! ─ exclamó Ino abanicando mi cara con sus manos. Lentamente, abrí los ojos, y me enderecé mientras miraba a mi alrededor en busca de Itachi. Éste se hallaba ya a varios metros de mí, saludando de nuevo a los invitados. Parecía que nadie se había percatado de mí accidente, pues ninguna cabeza estaba dirigida en mi dirección.
─ Sa-Sakura, ¿estás bien? ─ lentamente, giré la cabeza hacia una Hinata visiblemente preocupada e intente esbozar una sonrisa convincente.
─ Claro que sí, solo ha sido un ligero mareo.
─ Casi te comes el suelo ─ comentó Sai haciendo gala de su gran tacto.
─ De-deberías sentarte ─ sugirió Hinata mirando con preocupación a Naruto.
─ Tiene razón, Sakura-chan. Además parece que ya va a empezar la cena, porque la gente se está sentando en la mesa ─ Suspirando con resignación, me dejé arrastrar por Naruto a lo largo de la sala hasta uno de los extremos de las mesas, dónde nos sentamos los seis.
La cena trascurrió sin ningún percance, logrando tranquilizar mi agitado corazón, aunque sin lograr que olvidara esa sensación de miedo que sentí minutos atrás. Poco a poco, las parejas se fueron reincorporando a la pista de baile, mientras un suave vals remplazaba la melodía que acompañó la cena. Naruto y Kiba habían bebido un poco más de la cuenta y ahora apostaban sobre si Kiba sería capas de sacar a bailar a alguna de las beldades que poblaban la sala. Tengo que reconocer que hasta yo me había pasado un poco con la bebida, pero es que ese ponche afrutado que habían servido los camareros estaba realmente bueno – no hace falta añadir que Sai me llenaba la copa cuando pensaba que no esta mirando en su dirección.
─ Hinata, ¿quieres bailar? ─ inquirió Naruto provocando que las mejillas de la susodicha se colorearan más de lo que estaban. Parece que ella también se pasó con al bebida.
─ Cla-claro ─ susurró mientras tomaba su mano y se levantaban dirigiéndose a la pista de baile.
─ Creo que yo iré a deslumbrar a alguna de las invitadas con mi personalidad encantadora─ comentó Kiba con una sonrisa burlona mientras se levantaba también de la silla.
Cuando lo perdí de vista entre la gente, me giré hacía Sai e Ino, pero sus sitios también estaban vacíos. Sonriendo débilmente, me llevé la copa a los labios, y me bebí todo su contenido sintiendo como me subía rápidamente a la cabeza, provocándome un ligero mareo. A medida que pasaban los minutos, la mesa se fue vaciando hasta quedarme prácticamente yo sola en ella. Aburrida, me giré un poco y apoyándome en el respaldo de la silla, contemplé a las parejas girar en la pista de baile. Sin querer, a mi mente llegó el recuerdo de esas aspas girando en las pupilas rojas y me tensé de inmediato. Realmente, no quería pensar en ello, no esa noche. Tener a Itachi en mi cabeza, acaparando toda mi atención no era lo que había pensado para este día. No cuando tenía la esperanza de verle a él.
Agitada, busqué con la mirada a uno de los tantos camarero que se disponían por la sala, y cuando logré localizar a uno, me levanté y me dirigí a él con demasiada rapidez. Luego, tomé en cada mano una copa de ponche y me alejé unos pasos. Poco a poco, me bebí todo su contenido deseando que me ayudaran a olvidar aunque sea por esa noche todo lo relacionado con el mayor de los Uchiha. Mas lo que no preví, fue el fuerte mareo que me sobrevino provocando que el suelo se tambaleara bajo mis pies. Rápidamente, la temperatura de mi cuerpo aumentó y sentí como mi frente y mi cuello se perlaban de sudor.
─ ¡Mierda! ─ exclamé mientras intentaba controlar el temblor de mis manos- será mejor que busque un baño.
Mirando en rededor, decidí probar por donde había bajado Itachi, y atravesé la sala intentando no tropezar con ninguna pareja. Cuando llegué al arco de piedra, miré temerosa hacía la negra escalera, como si esperara ver descender por ella a algún fantasma o bruja –algo realmente ridículo-. Bufando, me levanté el vestido con ambas manos y comencé a ascender por los escalones de piedra. Las paredes olían a humedad y a cerda quemada, pues unas escasas velas iluminaban el angosto ascenso. Una vez llegué al último escalón, el rellano se bifurcaba en dos pasillos, estos ya de mármol blanco, al estilo de la entrada de la mansión. Decidiéndome por el de la derecha, empecé a caminar mientras contemplaba los cuadros de hermosos paisajes que se disponían, aquí y allá a lo largo del pasillo.
Girando en un recodo, me encontré de frente con uno de los mayordomos, y no pude evitar el gritó que escapó de mis labios mientras daba un bote hacia atrás.
─ Esto... ¡disculpe!, yo...lo siento, no... ─intenté explicarme, pero me callé al ver su rostro inexpresivo.
─ ¿Desea algo la señorita?
─ Sí, ¿podría indicarme dónde se encuentra el aseo? ─ inquirí imitando su tono formal.
─ Siga recto hasta llegar al busto de la diosa Atenea,...la primera puerta a la derecha.
─ Gracias ─ susurré, apresurándome a andar en la dirección que me había indicado. No me llevó mucho tiempo encontrar dicho busto, y suspiré aliviada al contemplar la puerta correcta frente a mi. Con un poco de esfuerzo, logré girar el pomo de bronce y entré con decisión. Lo primero que me sorprendió fue que el baño parecía una aseo de restaurante, solo le faltaba una placa con el dibujo de una mujer en la puerta. Lo segundo...lo segundo fue algo tan impactante que durante varios segundos no pude respirar, moverme ni pestañear.
Sin siquiera haberle dado la orden a mi cuerpo, este retrocedió hasta que sentí la pared pegada a mi espalda. El calor que antes había sentido, se había evaporado con rapidez, como si un balde de agua congelada me hubiera caído encima. La sorpresa y la confusión se enredaban y retorcían en mi interior mientras miraba incrédula sin querer creerme lo que a mis ojos se mostraba. Mas hasta mis oídos empezaron a llegar débiles sonidos que me demostraron que no era una ilusión creada por el alcohol lo que me negaba si quiera a concebir.
─ Na-Naruto-kun ─ el débil susurro llegó hasta mi, mientras contemplaba como mi amiga arqueaba la cabeza hacia atrás dejándole a Naruto el camino libre hasta su cuello, quien la mantenía presa con su cuerpo contra la pared, en frente de mi.
Tenía una de las piernas de Hinata enroscada en su cintura, y el traje remangado hasta la cintura, revelando una piel blanca como la más delicada porcelana. Poco a poco, la estancia se inundaba de más y más jadeos, empañando casi, el gran cristal que reflejaba los cubículos a mi derecha.
Quería irme de allí. Sabía que no debía contemplar aquello, pero mi cuerpo parecía desconectado de mi mente y se negaba a obedecer mis demandas.
─ ¡Naruto-kun!
De nuevo, un grito de Hinata rompió el aire, acompañado de un ronco gemido de Naruto. Sus pestañas, se agitaban con violencia sobre sus ojos perla. Tenía las mejillas arreboladas y los labios hinchados y rojos. Fuertemente, se agarraba de los hombros de mi amigo, casi queriendo hundirse en su piel. Como si deseara fundirse con él.
Naruto, ahora había atrapado la boca de Hinata en un voraz beso y sus manos se habían internado en el corpiño violeta de su traje. La otra pierna de Hinata, terminó enredada también en la cintura del rubio mientras este golpeaba su cadera contra ella, elevando su cuerpo unos centímetros sobre la cabeza de él. Ahora el torso de Hinata quedaba a la altura de la boca de Naruto, quien mordió las cintas y tiró de ellas con rudeza. Poco a poco, el corsé se fue deslizando hacia abajo, revelando cada vez más y más piel.
Violenta por la situación, me mordí el labio hasta hacerme sangre y logré así moverme hasta la puerta. Una vez salí por ella, empecé a correr sin rumbo intentando alejar de mi mente las imágenes de mis dos amigos en el baño. No se cuanto estuve corriendo por los pasillos de la mansión, pero de repente me encontraba en una zona adornada por lo que parecían retratos familiares. Aminorando el paso, me llevé una mano al costado izquierdo, donde comenzaba a sentir una fuerte puntada, y me dediqué a contemplar los cuadros.
El primer cuadro estaba un poco borroso -me imaginé que sería por la antigüedad del mismo- , pero se podía entrever a una familia posando todos sentados en un diván. Se trataban de dos personas mayores y cuatro niños, todos varones. Más allá, había otro mucho mejor conservado. En éste se podía ver a una mujer de pelo negro azabache y ojos verdes de expresión melancólica. Su rostro era realmente hermoso, con una nariz fina, labios carnosos y pómulos ligeramente marcados. A continuación, venía un cuadro mucho más grande que los demás, de un metro más o menos de altura. En el centro del mismo había una pareja con las manos entrelazadas. La mujer tenía el pelo de un tono rojo desvalido- como cuando lavas mucho una camiseta roja y pierde el color- hasta casi parecer rosa. Sus ojos tenían un tono grisáceo, remarcados por unas profusas ojeras. Tenía el mismo rostro perfecto que la mujer anterior, aunque su expresión era de abierto desafío.
Extrañada, miré a continuación, al hombre que se hallaba a su lado, sintiendo como la sorpresa me invadía de nuevo al contemplar el vivo retrato de Sasuke. Con el corazón latiendo descontrolado, me acerqué hasta que toqué con la puta de mis dedos la textura rugosa de la pintura. Lentamente, repasé los rasgos de su rostro percatándome de pequeñas diferencias que antes no había descubierto. Éste, tenía un rostro más redondeado que el de Sasuke, y su barbilla era ligeramente más prominente. El pelo lo tenía largo y atado en una coleta que caía sobre su hombro izquierdo y sus ojos eran de un tono negro grisáceo. Si bien, esbozaba la misma sonrisa burlona que me hizo pensar por un momento que eran la misma persona.
Seguía embelezada mirando la pintura, cuando sentí como una corriente fría me acariciaba el costado derecho. Girando el rostro, caminé en la dirección de la corriente repentinamente curiosa. No tuve que andar demasiado cuando ante mi apareció una magnífica terraza de piedra tras unas puertas de cristal semiabiertas. Las cortinas blancas que colgaban del techo, se colaban por las puertas abiertas ondulando en el frío aire de la noche.
Maravillada por la escena, salí a la terraza sintiendo como el frío me cortaba el aliento. Lentamente, me acerqué al borde de piedra y miré el bosque de inmensos pinos que se desplegaban bajo mis pies hasta casi rozar el mismo balcón. De inmediato, sentí como todo daba vueltas a mi alrededor, por lo que me agarré c al muro mientras me encorvaba ligeramente.
Parece que después de todo, ese ponche tenía más ingrediente que las frutas exóticas, me dije para mí mientras me abanicaba el rostro. Cuando sentí que el mareo ya había pasado, me incorporé de nuevo y volví a contemplar el paisaje que se desplegaba a mis ojos coronado por una luna nueva que acababa de hacer acto de presencia entre las nubes oscuras que amenazaban tormenta.
─ Esta debe ser la parte trasera de la mansión ─ susurré mientras me abrazaba a mi misma en busca de algo de calor.
─ Voy a acabar pensando que eres un imán para el peligro, Sa-ku-ra.
La voz sonó bastante lejos, o quizás fue mi corazón alocado el que opacó casi su volumen. Lentamente, me giré para encarar a mi ansiado anhelo. Sasuke se hallaba apoyado en el muro de la derecha en una pose casual con sus manos en los bolsillos de su pantalón negro. Tenía la camisa blanca ligeramente arrugada, y abiertos tres botones superiores que dejaban entrever una piel pálida como la nieve. Sobre ésta, llevaba un chaleco carmesí sin abotonar; y su pelo caía rebelde por su rostro.
─ ¿A-a qué te refieres? ─ logré preguntar mientras ocultaba mis manos tras la espalda para que no percibiera su temblor.
─ Siempre andas en la boca del lobo ─ respondió ─ un día de estos te podría morder ─ completó con una sonrisa torcida.
─ Parece un cuento de hadas, y nunca me he creído caperucita ─ comenté más desinhibida de lo normal.
─ Hmp ─ exclamó él mientras se despegaba de la pared con un movimiento fluido y andaba alrededor del muro mirando el paisaje hasta detenerse a un metro de mí.
Debido a su cercanía, sentí como mi piel se erizaba y como mis sentidos se centraban totalmente en él. El corazón me latía más rápido si cabe y ya no sentía el frío de la noche azotar mi piel, es más, una agradable calidez se había extendido por todo mi cuerpo.
─ ¿Y en el destino? ─ inquirió con su voz musical pero con un ligero tono ronco mientras contemplaba la noche oscura.
─ ¿El des-destino? ─repetí extrañada de que me trabara al hablar ─ cada cual hace su camino, no hay nada escrito. Cada decisión, cada acción, te llevan a caminos diferentes ─ logré contestar antes de soltar lo que realmente pensaba – que mi destino era estar esa noche en su cama- ¡maldito ponche de frutas!
─ Hmp ─ exclamó de nuevo mirándome sobre su hombro.
─ Tienes poco vocabulario, ¿no? ─ comenté soltando una risita mientras me tambaleaba ligeramente.
De inmediato, sentí unas manos debajo de mis brazos, que me sostuvieron antes de caerme. La cabeza me daba aún vueltas por lo que me tambaleé hacia delante, apoyando la frente en su frío pecho. Inmediatamente, sentí como el mareo se desvanecía paulatinamente, volviendo a respirar de forma regular. Con desgana, levanté la mirada hasta chocar con sus ojos negros.
─ Creo que has bebido demasiado por esta noche.
─ No creo ─ contesté acercándome un poco más a él. Su mirada expresaba diversión y censura a la vez, sin decantarse claramente por ninguna de ellas. Yo no podía parar de recorrer su rostro con mis ojos intentando grabarme cada uno de sus rasgos en la mente, aprovechando la cercanía.
─ Has dicho que soy un i-imán para los peligros─ susurré agarrando fuertemente con una de mis manos la tela de su chaleco ─ pero la-la verdad...la verdad es que el peligro me excita ─ hipé en el último momento arruinando el tono sexy que quería imprimir a la frase
─ Hmp ─ exclamó él de nuevo sin poder evitar la sonrisa torcida que acudió a sus labios ─ eso es fácilmente demostrable.
Lentamente, acercó su rostro al mío hasta que sentí como su frío aliento bañaba mis labios, semejando una caricia. Sus manos habían abandonado mis brazos, y se deslizaron lentamente hasta mi cintura, dónde se cerraron con fuerza apretándome contra él. Yo no pude evitar soltar un suspiro entrecortado, mientras cerraba los ojos y me abandonaba entre sus brazos. Cuando sentí el primer ligero roce de sus labios, una sonora campanada retumbó en toda la mansión anunciando la primera de las doce campanadas. Fue tan grande el sonido, que sentí la vibración dentro de mi cuerpo y mi mente, como si fuera el clamor de mil gritos condensados en una habitación. Cuando logré recuperarme, noté que Sasuke se había alejado de mí, si bien, no rompió el contacto con mi cuerpo. Su rostro cabizbajo, estaba ensombrecido por su flequillo, ocultando su expresión.
─ ¿Sasuke? ─ lo llamé intrigada por su reacción. De nuevo, otra campanada retumbó en la noche, haciendo que se me pusiera la piel de gallina. Alzando una mano, hice el amago de tocar su mejilla, pero en el último momento la dejé caer a mi costado.
Lentamente, Sasuke fue levantando el rostro revelando a su paso unos ojos rojos como la sangre, dónde tres aspas negras giraban alrededor de la pupila. Conteniendo un grito de pánico, di varios pasos hacia atrás, hasta que sentí el muro de la terraza a mi espalda, y el vacío que se abría bajo mis pies.
De nuevo, otra campanada rompió el silencio reinante haciendo que mis dientes castañearan. Luego otra, y otra más...así hasta nueve campanadas, mientras contemplaba su mirada fija en mí siendo lo único que parecía vivo en ese cuerpo que se me semejaba ahora a una escultura de roca.
─ Tengo que sacarte de aquí ─ oí que murmuraba para sí.
─ Sasuke, ¿qué pa ─ no tuve tiempo de reaccionar cuando Sasuke se abalanzó sobre mí y me agarró con fuerza precipitándose por el balcón. Sentí el aire frío golpear la piel desnuda de mi rostro y cuello como afiladas agujas, mientras caíamos a una velocidad vertiginosa.
No sé cómo, pero de un momento a otro estábamos en el suelo del bosque sin daño alguno. Inmediatamente, Sasuke empezó a correr entre los árboles con una facilidad pasmosa. En cuestión de segundos estuvimos en la entrada de la mansión.
─ Ahora, corre ─ ordenó mientras me dejaba en el suelo y abría la reja.
─ No me pienso mover de aquí ─ contesté más despejada gracias a que el miedo me había devuelto cierta cordura.
─ ¡Maldita sea! ─ exclamó entrecerrando los ojos con furia ─ ¡No sabes lo que dices!
─ Tienes razón, ¡no sé!, pero no sé qué es lo que pasa aquí ─ contesté alterada por la situación- tienes que explica...
─ ¡No hay tiempo para explicaciones, joder! ─ me interrumpió mientras se pasaba la mano por el pelo ─ si aprecias en algo tu vida, te irás ahora de aquí.
─ ¿Qué? ─ pregunté confusa por el cariz que había tomado la conversación.
─ ¿Qué-jodida-palabra-de "si aprecias tu vida"-no-entiendes? ─inquirió tomando mi mentón entre sus manos y acercando su rostro al mío.
─ Pero...pero... ¡mis amigos! ¡Aún están en la fiesta! no me iré sin ellos ─ exclamé agarrándome a esa última excusa como si fuera un salvavidas.
─ ¡Mierda, Sa-ku-ra! ─ gruñó cortando mi nombre en sílabas─ yo los sacaré de ahí, te lo prometo.
─ Pe ─ intenté protestar de nuevo pero Sasuke empujó mi cuerpo hacia el exterior de la mansión manteniendo mi mentón atrapado entre sus manos.
─ Y ahora...por una maldita vez en tu vida...corre ─ susurró y por primera vez sentí un escalofrío de terror al ver su mirada ─ corre como nunca lo has hecho... y no mires atrás.
Sintiendo como la adrenalina inundaba mis venas, me giré en redondo y agarrando la falda con mis manos, comencé a correr por la carretera. Corri, y corri como si me persiguiera el mismísimo diablo y sus manos estuvieran a punto de atraparme. Corri como si mi vida y la de mis amigos dependieran de ello. Y por qué negarlo...corrí temerosa de la expresión que había demudado el rostro de Sasuke...esa expresión que de pronto se pareció a la de una bestia terriblemente hambrienta.
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Hola ;)
Bueno, en primer lugar, siento de nuevo la tardanza T.T, pero ahora tengo que sumarle a la Uni que me apunté al gimnasio (owo) y el tiempo se me acortó muchísimo. Dejando eso de lado, comentemos el cap. En primer lugar...o Ino es una lanzada, o Sai no desaprovecha ninguna oportunidad, definitivamente, hacen buena pareja xD ¿no creéis?
Por otro lado¡por fin conocemos la mansión Uchiha por dentro! y vaya mansión... (Ya me gustaría a mí, que queréis que os diga xD) Como siempre, Itachi alterando a la pobre Saku (desde el cap. del manga que sale con cara de maniaco no lo puedo ver igual u-u) ¡Y esa escena en el baño! OMG... ¿os la esperabais?...espero que no :P (si no, definitivamente el misterio no es lo mío xD) Pobre Saku...a este paso acaba totalmente pervertida ( como una servidora úú) además de borracha xD ¿no me negaréis que tiene su punto gracioso con dos copas de más? xD Yo me reí mucho escribiendo esa parte. Y la parte de los retratos...Chan chan música de misterio Será relevante...ahí lo dejo (qué mala xD)
Y por último...esa escena SasuSaku OwO, reconozco que son las que más me gustan escribir xD Espero que el final os haya dejado con ganas de más y con unas cuentas dudas. Nuevamente¡acepto teorías! Me encantaron las anteriores, y algunas acertaron, pero no diré en que ;) Ah! sí, perdonad mis idas de pinza xD
Por otro lado¡estoy en vacaciones! (aunque solo sea una semana) así que podré contestar los review OwO, los estaré esperando con un paquete de pipas al lado xDD
MUCHISISIMAS GRACIAS POR LOS REVIEW A:
Namine1993; Sakurass ; AkAnE-xAn ; Naomychan ; soul-alone-uchiha (bienvenida wapa OwO) ; a-thedarknessqueen ; sasku ; SasteR ; Harlett (bienvenida wapa OwO) ; Gise (L) ; ooSaKuRiTaoo ; hinglepsaki-suou ; angelus ; dahia (bienvenida wapisima OwO) ; antotas ; ); Angel kirei ( (L)) ; Akarui-Wakai (bienvenida wapisima OwO ) ; natsaku (hi! bienvenida wapa! OwO) ; ChiiUchiha (Bienvenida wapetona OwO ) ; Lizeth-uchiha ; xkTax (welcome wapa! OwO) ; Denii-Asakura (bienvenida wapisima OwO) ; Amixeh (lovio warri, que haría yo sin ti (L)) ; AriSasuSaku (welcome wapisima OwO)
Gracias también a los que leyeron y no comentaron, os agradezco que le dediques un poco de vuestro tiempo a leer mi fic TWT.
Para todas un Sasuke experto en masajes corporales con aceites exóticos OwO (y si hay sector masculino, una Sakura con las mismas habilidades xD)
PD:Recordad el dicho de la abuelita:"Un Fanfic con review es un fanfic feliz"
