¡Hola nuevamente!

Esta vez muchxs se preguntan por Colin y con quién irá Harry y Draco a la Performance. Yo también me lo pregunto =P

Varias han notado la ambivalencia en la que vive Draco, quiere hacer el bien, pero todavía está resentido con Harry, por "esas malditas palabras" y eso lo hace caer en lo que –precisamente- quiere evitar: malas palabras, malos pensamientos. Pero lo importante no son sólo las intenciones, sino las acciones… así que, qué hará Draco.

Como siempre, gracias a quienes siguen esta historia y me dejan sus lindos comentarios: Kuroneko1490, SuicideFreakWord, Rengesumy, Dannia, Nekoconeco56, Sinideas, DarySnape, Murtilla, Soneyeke y CuquiLuna3.

Ahora sí, ¡a leer!


Capítulo 4: Vishnú IV

A diferencia de otras veces, ese miércoles Draco fue recibido con una palpable satisfacción por parte de Andrómeda. Manteniendo la imagen clásica de la vivienda en mente, él se había aparecido en el jardín trasero y al par de segundos, vio a la mujer parada bajo el umbral de la puerta mirándolo con ese brillo particular en los ojos. El rubio estaba demasiado familiarizado con esos gestos disimulados como para ignorarlo, pero procuró mantener la expresión normal, sabiendo que las mujeres Black no admiraban nada fuera de la sobriedad Slytherin.

Asimismo, ellas demostraban los afectos de formas igualmente de reservadas, como la diligencia del fino té aromático y la afabilidad de la conversación que compartieron después. El tiempo se hacía agua con el optimismo de tal recibimiento, pero antes que fuera demasiado tarde y antes de que Potter asomara la cabeza por allí, Draco preguntó por Teddy.

El rubio lo encontró en un saloncito que hacía las veces de biblioteca. No era nada muy grande, pero tenía un sofá amplio y varios sillones que permitían la estancia y el libre movimiento de unas seis o siete personas. Las repisas altas, los muros atestados de libros, la abundancia de cojines y el tapizado color crema, le otorgaban un aire absolutamente acogedor.

Pero nada parecía ser bálsamo suficiente para el cuerpo tenso de Teddy, que lucía endurecido, calcificado contra la estructura del asiento. Su energía seguía siendo una perturbación belicosa, perceptible apenas Draco se asomó a la habitación. Además, era evidente que el chico no quería estar ahí, ni hacer lo que hacía.

Avanzó a través de la puerta abierta. El niño sintió su presencia de inmediato.

-Hola Teddy.- el rubio se anunció con cierta formalidad, denotando su figura como "hombre de la casa". Digna para un futuro licántropo. Enfocó su mirada sobre él y le sonrió con los ojos.

-Hola, ¿por qué vienes tan tarde?-

-Trabajo.- respondió escuetamente. Manteniendo el gesto afable, se decidió a sentarse en el amplio sofá frente a él. –¿Qué estás haciendo?-

-Leyendo un libro para el colegio.- dijo el niño, mirándolo con atención. –Pero hice un acuerdo con la abueli. Ya terminé todas mis tareas y leí un capítulo entero… ahora puedo hacer cualquier otra cosa.- asintió. –Así que puedes enseñarme lo de la calma, ahora… o puedes hablarme sobre los niños licántropos que conoces, las cosas que ellos hacen en India para ser normales.-

Ésta vez Draco le sonrió a la sinceridad y la impaciencia de su insistencia, notando cómo la magia del niño volvía a ser una presencia burbujeante, bullendo de ansiedad, de una desesperación desconocida, de esa ira latente. Teddy quería algo y lo quería ahora. Anhelaba. Esperaba ese algo con tanta fuerza, que comenzaría a sufrir de impotencia. Como un cánido a quien se le muestra un trozo de carne, pero no se le da.

-¿De qué trata tú libro?- preguntó. -Es que yo no conozco mucho de libros muggles, porque antes de Hogwarts nunca fui al colegio.-

-Es… de un niño que se pasea por otros planetas… pero esto no es interesante, háblame de India.-

-Un niño que se pasea por otro planetas, ¿y dices que no es interesante? ¿Cuándo has visto algo semejante?-

-Es un libro para niños, tío.- bufó, haciendo muecas. Draco sintió que algo se templaba en su interior, al escuchar ese espontáneo título parental. –Todo es falso y ridículo, como un zorro que habla.-

-¿Entonces una mandrágora es falsa y ridícula, porque chilla cuando la transplantan?- se alzó una ceja. –Es la peor justificación que me han dado alguna vez.-

-Tú me entiendes…-

-¿Por qué no lees el siguiente capítulo y después me lo cuentas?-

-¡Pero es muy largo!-

-No me iré pronto.-

-¡Tío!- se quejó, bufando y rezongando desesperado.

-¿Qué?- y volvió a sonreírle con agrado.

Como el rubio lo había previsto, Teddy hizo gestos de fastidio casi como si lo estuviera torturando. Obviamente esa no era una actividad que le gustara o hubiera esperado, pero de todas formas se acomodó –escarolado y endurecido- en el sillón frente al rubio, subió los pies descalzos y abrió su pequeño libro en alguna página cerca de la mitad. Luego todo fue silencio.

Mientras tanto, él cogió uno de los libros del niño y comenzó a hojearlo, observando por primera vez qué clase de información se enseñaba en los colegios muggles. Por supuesto, sus recuerdos lo transportaron a su época de infancia, a todos los tutores que desfilaron por su casa, a los largos periodos que tuvo que estar encerrado en su sala de estudio. Cuánto deseo poder dejar el rigor de la mansión e ir a Hogwarts.

Observó la linda caligrafía, tan ordenada y redonda y de alguna forma, estuvo seguro que Andrómeda había tenido mucho que ver. Ya sea por mera influencia o por obligación, cualquiera haya sido el motivo, era una caligrafía diametralmente distinta a la celeridad y violencia de sus ímpetus.

Entonces miró al niño, quien leía con el ceño fruncido. Realmente parecía aburrido y alejado de toda expectativa y Teddy no debería desear tanto, siempre añorando algo más, cuando ni siquiera ha tenido el tiempo de apreciar lo que tiene delante de sus ojos. Anhelando una cosa y luego otra y otra y otra…

Reconociendo la necesidad y recordando la cómoda serenidad que había sentido el niño con él, Draco decidió dejar salir nuevamente su energía shakti, de forma tan lenta, tan ligera y tan natural, que Teddy podría sentirla sin ser realmente consciente de ella. O eso pensó.

Ya sin poder aguantar mantenerse alejado de la situación, Harry se asomó ligeramente sobre el quicio de la puerta. No lo suficiente para ser visto inmediatamente, pero lo adecuado para no parecer como si estuviera espiando. Lo cual no estaba haciendo, para nada. Se dejó caer sobre el marco, apoyándose en su hombro derecho y admiró la imagen dentro del salón: Teddy leyendo algo que le fastidiaba y Malfoy revisando sus cuadernos. El moreno medio sonrió, viendo lo bizarro de la situación. Hilarante y un pelín tenebroso. Es que era el rubio, en plan familia.

Draco Malfoy, tranquilamente sentado en la biblioteca de Andrómeda y vistiendo de franco, que Harry debía reconocer siempre lo hacía ver muy bien. No era ridículamente fatuo, pero no perdía la natural gracilidad de su elegancia. El moreno ya había alcanzado a verlo antes de salir del Ministerio, usando su perfecto abrigo negro y esos muy interesantes pantalones grises, bajo las botas negras, esas a las cuales parece tenerles tanto cariño. Ahora podía apreciarlo completamente, en la comodidad de su encantador sweter azul y una bufanda en escocés negro y gris.

Así es como se comenzaban a tergiversar sus pensamientos.

Cuando consideró que ya era suficiente espionaje y que no habría nada más interesante que ver en esa escena, Harry pensó en marcharse. Y no sólo era por aburrimiento. Realmente no deseaba que la visión que tenía delante lo afectara tanto como para traer, al frente de su mente, todas esas otras imágenes… las malditas que habían dulcificado sus pensamientos. Era terrible aceptar semejante premisa.

Para el moreno era igual de sorprendente y apocalíptico, darse cuenta que la expresión de Malfoy lucía tan relajada y agradable como si nunca hubiera esbozado un gesto de desprecio o desazón en toda su vida. Y en ese perturbador momento de retrospección, mientras Harry miraba su perfil atractivo y perfecto, pudo comprobar que desde que había regresado, el rubio nunca había adoptado esos gestos mezquinos e infames. Nunca, cuando antes le eran tan frecuentes y naturales.

Cuando respingaba su nariz aristocrática. Cuando elevaba su labio superior, como un verdadero cretino. Cuando alzaba una de sus cejas, tan rubias y curveadas. Cuando miraba con esa expresión de suficiencia y Harry terminaba sintiéndose humillado. Cuando era un mentecato y no había nada más fascinante en él, que el filo de su lengua… cuando…

"Cuando…", dijo su mente intentando iniciar otra de sus ideas, seguir con la letanía, pero su cabeza se estancó en un extraño e inadvertido punto de fárrago… y… y… todo lo que pudo registrar fue un "Suave", susurrado en algún lugar de su cuerpo. ¿Qué dem-?

Suave… Tranquilo…

¿Qué estaba pasando?, se preguntó y Harry necesitó respirar profundamente… como si algo de pronto se hubiera atorado en sus pulmones.

Frunció el ceño manteniendo la mirada fija sobre el rubio, sabiendo que algo estaba cambiando delante de sus ojos. No, no era visual, era táctil, era subterráneo, sub-dérmico, era una vibración que se originaba al calor del cuerpo… Joder. Joder, Harry lo sintió por completo, en plenitud, con todos sus sentidos, antes de reconocerlo siquiera…

Y lamió sus labios en un gesto automático, reaccionando, respondiendo, cuando comenzó a sentir algo en el ambiente, en el aire, en cada una de sus inhalaciones, en el espacio que tocaba la superficie de su piel. Allí, alzándose desde todos lados, como si se desprendiera de las paredes, como si ascendiera desde el suelo de madera. Era algo intangible pero que tenía gran presencia.

Tan repentino e inesperado, trepándose por los bordes de su piel. Sutil. Aterciopelado. Plácido. Tan tibio… y le era tan perturbadoramente conocido. Como la sensación de "esa" magia en el gimnasio. Era su magia. Su magia sediciosa.

Y Harry, quieto, estancado, lamiendo sus labios insistentemente, sentía algo indescifrable…

Pero sin importar la escalofriante satisfacción, para Malfoy y Teddy pasaba inadvertida la temible atracción que comenzaba a recorrer el cuerpo del moreno. Enfocados uno en el otro, no eran conscientes del cosquilleo en la piel, ni las respiraciones profundas o los suspiros ahogados que lo agitaban. El auror sólo pudo mantenerse bajo el quicio de la puerta, a la expectativa. Entregado.

Y de la misma forma como Harry había sentido ese cendal de energía abrazando los contornos de su cuerpo, el niño levantó la cabeza cuando percibió la sensación dócil y relajante. Miró inmediatamente a Draco y el rubio devolvió el gesto.

Teddy suspiró profunda y sonoramente, antes de levantarse de su silloncito y dejarse caer a un lado del rubio. Junto a él. Muy cerca de él. Apoyó el hombro contra el brazo del mayor y continuó con su lectura.

Sintiendo la presión del niño sobre su costado, Draco desvió sus ojos hacia él sólo un segundo y luego volvió a enfocarse en el cuaderno entre sus manos. Pensó que el chico regresaría a la carga con sus exigencias sobre la licantropía, pero se había mantenido en el acuerdo, leyendo con dedicación y en silencio. Siendo un niño bueno y obediente, a pesar de sus instintos y su impulsividad.

El rubio suspiró, notando cómo su magia se extendía fuera de él y se deslizaba dúctil por la habitación. Acomodándose en el espacio físico y abrazando la energía del niño. A diferencia de la vez anterior y aunque la presencia de Teddy seguía siendo violenta y confrontacional, Draco sintió el contacto más natural y menos forzado. Como si ambas siluetas de magia se hubiesen reconocido y fluyeran cómodamente. El rubio imaginó que gran parte del progreso se debía al inminente interés del niño y a una cierta confianza.

No había lucha, la energía de Teddy simplemente se había dejado llevar guiada por la de él.

El rubio no podía negar que eso le tocaba un poco el corazón, lo hacía sentir comprometido y responsable por todas las expectaciones de ese entrañable niño. Y eso significaba que a pesar de sus maquinaciones, a pesar de lo muy molesto que estuviera con Potter y por mucha justicia violenta que le deseara, haría todo lo posible para corresponder a la familiaridad que le era demostrado. Sin importarle el motivo que lo había arrastrado hasta ahí, sin importar las ganancias, haría todo lo posible y lo necesario por el chico.

Como Joseph, como Neville, como el mamarracho de Potter, Teddy sería parte de su Dharma.

Sin saber cuánto había durado el silencio, Draco escuchó hablar a su lado.

-¿No vamos a hacer nada?- el niño se giró, aún medio recargado sobre su hombro, sin perder el contacto amable de su magia. –Dijiste que me ayudarías con "el ansia de la bestia".- otra vez volvía con el tema, pero de forma mucho más calmada y voz contenida.

-Lo sé, pero nos hemos visto sólo una vez antes. ¿No crees que sería necesario que tú me conocieras y yo te conociera un poco más, antes de enseñarte sobre cualquier cosa?-

-Tal vez…-

-¿Por qué dices "tal vez" y de forma tan terrible? ¿Qué acaso no te interesa conocer a tú nuevo tío-primo?-

-Bueno… ¿puedo tener los beneficios de ser primos?-

-Por supuesto, pero va acompañado de la rigurosidad del tío, también.-

-De eso ya tengo bastante…- bufó, hastiado y Draco sonrió a esa queja más típica de un adolescente.

-¿Qué haces en tú tiempo libre?-

-Nada… veo televisión o juego play cuando estoy solo y trato que el tío Harry me lleve a Londres, cuando tiene tiempo.-

-¿Ya sabes volar?-

-Sí, pero a la abue no le gusta que vuele solo.- volvió a pronunciar con voz llena de quejas y disgusto. La sensación de Teddy era la de estar siendo reprimido. –Es tan aburrido. Y yo ya le he dicho que puedo solo… ¡pero no entiende!-

-Pero es natural, la parte maternal de la familia nunca quiere que uno sufra ningún peligro. Mi madre también era muy estricta.-

-¿En serio?- Draco asintió, recordando la aprensión de Narcisa cada vez que lo veía volar, jugar "a los golpes" con sus amigos, incluso cuando molestaba a los pavos alvinos de Lucius. Temía que alguno se defendiera picoteándolo o arañándolo con sus patas.

Teddy suspiró, acomodando la cabeza sobre el hombro del rubio y recargándose casi completamente contra él.

-Así se está bien…- el niño volvió a respirar profundo y cerró el libro, dejándolo en su regazo. –Quiero que regrese el verano.-

-Hablas como un viejo Teddy, qué tienes contra el invierno.-

-¿Que es muy frío? ¿Que detesto cuando llueve y tengo que estar encerrado? ¿Que odio mojarme y resfriarme?- se alzó de hombros, como si no pudiera decidirse qué era lo peor de todo. –Es una molestia.-

-Sabes, te pareces un poco a como era yo antes… pero por suerte es sólo un poco. Siempre veía lo malo de las cosas y todo me resultaba molesto.- el chico levantó la cabeza y miró al rubio, el hombre observó los ojos dorados que se alzaban hacia él y fue como un reencuentro con su candorosa ingenuidad. Allí estaban las muestras de su espontánea cordialidad. –No es la mejor forma de ver el mundo, siempre con quejas, siempre evitando conciliarse con las circunstancias. Sin apreciar lo que hay delante de los ojos, ni actuar cuando está en nuestras manos el cambiar algo, por pequeño que sea.-

El momento respiraba serenidad en sí mismo. Tarde silenciosa que descendía sobre la noche con parsimonia. La magia, como velo que reposaba sobre el aire, refrescando las preocupaciones y latiendo a la consonancia de la voz sedosa del rubio. El niño lo escuchaba con atención y Harry se mantenía bajo un umbral más interno que físico. Sintiéndose como si fuera el límite de una invitación, la puerta abierta era entrada al camino que comenzaba a zigzaguear delante suyo…

Atracción conocida, deseo repentino que inquietaba todo su cuerpo.

-Y mira, para que te des cuenta que todas las historias tienen algo que enseñar, te contaré una que me dijeron hace tiempo.– el rubio se detuvo. –¿Conoces a Buda, cierto?-

-Sí, es como el Dios de los chinos… o de todos los asiáticos. Un hombre gordo, calvo y de orejas largas.-

-Erh, no exactamente, pero sí, algo así.- medio sonrió. -Bueno, la historia dice que en cierta ocasión, en que Buda se vio amenazado por un bandido llamado Anglulimal, éste le dijo: "Sé bueno y ayúdame a cumplir mi último deseo. Corta una rama de ese árbol" y Anglulimal con un golpe de su espada, hizo lo que le pedía Buda. "¿Y ahora qué?", le preguntó el bandido y Buda le respondió: "Ponla de nuevo en su sitio". Obviamente Anglulimal se rio de él y le dijo: "Debes estar loco si piensas que alguien puede hacer semejante cosa".- Teddy asintió dándole la razón, pero entonces Draco alzó un dedo y le indicó con firmeza, como si lo importante se revelara a continuación. –"Al contrario", le dijo Buda al bandido, "Eres tú el loco al pensar que eres poderoso porque puedes herir y destruir. Eso es cosa de niños. El poderoso es aquel que sabe crear y curar".-

Finalizó el rubio, pero inesperadamente levantó la cabeza alejando los ojos de Teddy y miró hacia ningún lugar en particular. Su sonrisa apacible cedió ligeramente, temblando bajo una extraña sensación perturbadora. Miró de nuevo al niño, cuando éste le habló.

-Bueno, no es la gran cosa… un mago podría hacerlo.- lo vio alzarse de hombros y Draco procuró enfocarse en la conversación.

-Seguro, pero… ¿qué dirías si éste fuera un consejo para ti?-

-No tengo varita, ni soy medimago. ¿Qué podría hacer yo?-

-He ahí el punto: no lo estás viendo de la forma correcta. No debes ver el crear y el curar como cosas grandes y formales, como crear una silla o curar una herida. También lo pueden ser cosas pequeñas y simples, cosas fáciles de hacer y que no siempre necesitan ser planeadas o pensadas.-

-¿Cómo qué?- frunció su ceño de niño.

-Puedes crear una sonrisa y curarás una pena. Crear pensamientos positivos o mantener buenas conductas, ayudarían a curar la decepción de alguien más.-

-Pero… ¿crear pensamientos positivos?- hizo una mueca. Como le sucedía a mucha gente, ese tipo de respuesta no les parecía el método más eficiente para solucionar sus problemas.

-Es más difícil de lo que crees. Tener pensamientos positivos ayuda a ver las cosas buenas y a desprendernos de las malas. El invierno trae la navidad y las vacaciones, los muñecos y las guerras de nieve. El frío trae tardes junto a la chimenea, aunque es seguro que no encuentras nada emocionante en esto último.- comentó el rubio medio sonriendo, pero de pronto su expresión flaqueó, cuando sintió que algo realmente estaba tocando su magia. Había alguien con ellos.

En algún momento de su discurso, había sentido una cierta sensación desconcertante y turbadora, como un viento de tormenta, gris, nebulosa, que arreciaba presionándose desde algún lugar de la habitación. Un lugar específico, una impresión específica, lo que indicaba una presencia concreta. Draco sólo debía sumar dos y dos.

Y aunque no era necesario que lo hiciera, cerrando los ojos, el rubio logró ubicar el lugar exacto desde donde provenía esa sensación, fue fácil descubrir tal conmoción como si picara su nuca. Fue así como girando la cabeza un poco por detrás del sofá, vio a Potter asomado a la puerta, haciendo obvio cada elemento en esa ecuación. Cuando su mirada se encontró con los intensos ojos verdes del hombre, todo perturbador estremecimiento cobró sentido.

La pregunta ahora era, ¿por qué ese nódulo, tenso, constreñido y palpitante que era Potter, estaba reaccionando así? ¿Qué sobresalto le estaba provocando semejante caos?

-Eso es algo que haría la abue…-

-¿Ah?- Draco miró al niño, regresando a la realidad.

-Estar junto al fuego y no hacer nada.- repitió Teddy. –Eso es una de las cosas aburridas que haría la abuela.-

-Los adultos aprecian más la tranquilidad, que los niños…- dijo el rubio rápidamente, su cabeza ya no estaba en la conversación sino en el movimiento turbulento de la magia avasallante del moreno y si no le ponía freno, entonces el niño comenzaría a sentirlo y toda la tranquilidad que habían logrado se perdería. Regresarían la inquietud y la ira latente. -¿Ya terminaste de leer el capítulo?- el chico asintió, apretando el pequeño libro entre sus manos. –Bien, ahora debo salir un momento pero espérame aquí, cuando regrese quiero que me cuentes lo que leíste y veremos si es taaan aburrido como dices.- le sonrió al niño y éste asintió.

En dos segundos, Draco ya estaba de camino fuera de la habitación… y la mente del moreno soltó un rotundo "mierda".

Sabiendo que Malfoy abandonaría la biblioteca, Harry se hizo a un lado y avanzó un par de pasos por el pasillo. Supuso que esa inesperada salida lo tendría a él como protagonista, quizás era sobre las miradas que se habían dedicado, tal vez fuera por el espionaje; de cualquier forma el rubio saldría a hablar con él, así que no había caso con arrancar ahora.

Todavía sentía la sensual tibieza acariciar su piel, fascinándolo hasta las raíces de la percepción ¡y el autor de esa magia quería hablarle! Carajos… ¡carajos!

Casi dejándose caer contra la pared, el moreno respiró profundamente. Hondo, una y otra vez. Sabía que su rostro debía tener una expresión extraña y lo único que podía hacer era frotarla con sus manos, intentando deshacerse de ¿la incomodidad?, ¿el desconcierto?, ¿el nerviosismo?

¿La obnubilación?

-Potter.- el moreno giró el rostro de inmediato, encontrándose de frente con el rubio. Ni siquiera lo había escuchado acercarse.

-Hola.- medio sonrió, buscando desesperadamente calmar ese arrebato. –No quise interrumpir.-

-Está bien, no te preocupes. Pero por qué no entraste, seguro a Teddy le habría gustado verte.-

-Parecían en medio de algo importante.- dijo su boca, pero su mente gritó: "¡No quieras ser amable conmigo!".

El moreno volvió a respirar hondo, tratando de meter algo de oxigeno dentro de su cuerpo. Tratando de refrescar la confusión en su pecho. Potter sintió que se deshacía en silencios, en pausas, en intervalos donde su mente era un enunciado de miradas infinitas, detenidas fijamente en los ojos plateados de su compañero, a veces descendiendo por sus mejillas pálidas, su mandíbula aristocrática, hasta sus labios apetecibles y la barbilla angulosa… y él estaba a la servidumbre de esa secuencia, como un hecho obligado, con o sin voluntad.

Lo único distinto era que la magia no había venido con Malfoy. El rubio estaba allí, pero sin exponer su energía de terciopelo y céfiro. No sentía esa incitación recóndita, profunda y subyacente. Subterránea. Y eso era un alivio.

Mirándolo, Draco se dio cuenta que estaba un poco ahogado, como si le faltara el aire o algo lo hubiese agitado. Tal vez alguna situación molesta se había presentado en el Ministerio, un encuentro con Robards o algo igual de desastroso e inconsciente, el moreno se había traído la carga consigo. Por eso el rubio decidió que era importante que Potter fuera consciente de lo que provocaba.

Ciertamente el hombre no podía continuar así, exudando urgencias y cubriéndose de inclemencias.

-Sólo estábamos conversando,- respondió, -de cualquier forma no habría sido nada si no fuera por tú evidente presencia.- el moreno frunció el ceño, mirándolo sin comprender. Draco alzó las cejas de manera tajante. –Me refiero a que deberías controlar tú magia un poco más.-

-¿Qué quieres decir?-

-Potter…- suspiró. –Tú magia es un cúmulo de perturbación que se siente en el aire, especialmente cuando estas ofuscado. En serio te lo digo: se nota. Yo te pude distinguir antes de verte. El problema es que es una presencia determinante y Teddy es un hombre lobo en formación, su naturaleza lo hace aprender del macho adulto de mayor jerarquía en su manada o familia; o sea tú. Es obvio que de ti ha obtenido ese extraño fluir de la magia, en su energía y unido a la beligerancia del lobo, todo se ha transformado en turbulencia. Por eso siente el "ansia de la bestia" como algo que no puede controlar.-

-¿Crees que mi magia es perturbadora?- pestañeó y por un momento el moreno se quedó en un extraño mutismo estupefacto. Malfoy, quien tenía la magia más bizarra, más palpable y sensorial que había percibido alguna vez, ¿se quejaba de él? -¿Por qué? Digo, nadie me ha dicho algo así antes… es que… ¿perturbadora? ¿Cómo puede ser perturbadora?-

-No estoy diciendo que haya algo mal en ti o algo parecido, es sólo que no fluye con la armonía necesaria, no es tranquila, ni se siente como una energía contenida o expresada naturalmente.- ambos mantuvieron los ojos fijos, uno sobre el otro. El moreno sentía el agradable encuentro con sus ojos pálidos y era ¡precisamente! para que el rubio le señalara uno de sus defectos. -Es cierto que cuando te molestas, tú magia hace vibrar el aire, es como una presión en el ambiente o un pitido dentro de la cabeza. Y no es la primera vez que siento este descontrol.-

"Descontrol", repitió la mente del moreno. Esa era la palabra clave. Nunca había considerado que su magia fuera un "cúmulo de perturbaciones", pero no podía negar que a sus compañeros se les saltaban los ojos cada vez que él se enojaba. Ya le habían dicho que se "calmara" incontables veces, que no se molestara por el idiota de Robards, que no se lo tomara todo "a lo grande". Si lo pensaba honestamente, habían muchas palabras de precaución.

Y él no había sido realmente consciente de sus "exabruptos" mágicos, así que algo de descontrol podría, tal vez, quizás… haber. Joder. Perturbado, descontrolado, excelentes palabras para que el Slytherin las relacionara con él.

Joder. Joder.

Entonces, Harry se preguntó si Malfoy había sido el único en notar la magnitud de su descontrol de forma tan clara, o sólo había sido el único en atreverse a decírselo. El único que había sido franco y tomado la situación de frente. Con una confianza y una naturalidad que sus amigos no se habían permitido. Y a pesar de sus intentos, su mente lo hizo cavilar sobre todas esas omisiones. Que mientras Ron y Seamus doblegaban su ira con lógica, Colin se había desentendido de él, cansado del desorden en su cabeza, en su magia, en su inconsciente. Todo el mundo parecía –simplemente- lidiar con él, como si fuese un mero embrollo ambulante.

El moreno miró al rubio con el ceño fruncido y lo reconsideró. El tipo tenía un pasado dañino, pero siempre se había caracterizado por decir la verdad, sobre todo si era incomoda y terrible. Debía ser el remanente de los sádicos genes de Lucius.

Pero definitivamente prefería esa sinceridad.

-Tú… supongo que no me mentirías con algo así.- Draco se irguió en su lugar, sintiendo algo de sorpresa. No había esperado un respeto y una deferencia de ese tipo. No de parte de Potter y menos después de que el hombre dijera que le "desagradaba".

-No. Lo que te digo es cierto.-

-¿Y Teddy está… aprendiendo eso de mí?- el rubio asintió. –No es bueno, ¿cierto?- esta vez hizo una negación y Draco se preguntó si podría encontrar un momento más perfecto para su vengativa satisfacción.

Sí. Tenía a Potter con cara de mentecato, siendo ridículamente cuidadoso, civilizado y hasta casi agradecido, mientras él le dice con maravillosa sutilidad que es un perturbado y un horrendo ejemplo de mago. Era un grandísimo idiota, por muy El Elegido que fuese. Por muy Niño-que-vivió-y-venció. Por muy especial y superior –a él y todo el puto mundo-, que se haya creído en Hogwarts.

Oh, hermosa Kali, reina de las inmisericordes represalias, casi podía verla delante suyo, la guillotina sujeta sólo a uno de sus cuatro brazos: Potter lo necesitaba a él para avanzar en el maldito caso de las pociones. Potter se sabía en problemas con su magia e incapaz de ayudar a su propio ahijado. Potter se sentía cuestionado y devaluado por Robards. Potter se sentía inseguro como jefe de su propia división. Y por muy complicada que fuese la relación con Colin, Potter estaba sólo, manifestando una más de sus incontables carencias: Potter necesitaba atención y quería sexo.

Draco sólo tendría que mostrar un poco de su cortesía, de sus cuidados, de su filantropía tántrica y tendría al moreno de rodillas, siendo objeto de la expiación… Sí. ¡Sí!

Pero, ¿dónde había quedado su juramento de honradez? ¿No podría hacer algo bueno, pero con malas intenciones? Todos saldrían ganando.

Todo sería perfecto, perfecto y ya podía regresar con el celebrado "Sí. ¡Sí!"

-Tranquilo, tampoco lo tomes como algo grave e irreparable, como le dije a Teddy, la calma y controlar la magia se puede aprender.- Harry sintió un estremecimiento premonitorio, que nada tenía que ver con el agradecimiento a la solución de su problema. Claro que había escuchado y visto suficiente sobre su ahijado aprendiendo del rubio, el problema era que esas palabras lo hacían pensar en una única solución, una idea unidireccional. Él y Malfoy. Juntos. Harry expuesto a la voluptuosidad de su magia. ¿Por qué nadie más parecía notar algo tan ostensible? –Mírame, te apuesto a que nunca creíste que yo pudiese ser un reformado.-

"Reformado", pensó y el moreno bufó una sonrisa, la primera que le dedicaba desde que se habían visto esa tarde. El primer gesto relajado que Harry se permitía, desde que había aceptado que Malfoy lo tenía fascinado. Extraordinaria e increíblemente fascinado. Y ya había repetido tanto esa palabra para referirse a él. El idiota era tan interesante, tan atrayente, que era ridículo. Y sí, a sus ojos lucía como un transformado.

-¿Otro de esos conocimientos milagrosos?- el rubio se alzó de hombros, como si le restara importancia. –Voy a comenzar a creer que tienes respuesta para todo.- una sonrisa de serpiente se asomó en los labios de Draco y Harry se sintió atacado por un escalofrío. Era tentador ver su rostro con esos gestos ladinos. Esas expresiones que le recordaban al estudiante que había sido. Aún podía ver al rubio de Hogwarts en él. Entonces el moreno le escuchó un agradable: "Tal vez" y su voz era terciopelo. La muy víbora persuasiva. Pérfida.

Suspiro. Ya lo había dicho: Joder. Que maravillosa palabra, la muy polisemántica.

-¿Qué harás conmigo?- finalmente le preguntó, mirándolo con intensidad. Deseando todos sus gestos, todas sus palabras, toda su inducción. El moreno se encontró deseando tentar suerte y quizás podría ser mordido por esa áspid llena de irreverencias.

Oh, sí, debía estar perdiendo la cabeza.

Harry realmente no sabía en qué estaba pensando, cuál era el motor de ese repentino atrevimiento, sólo sabía que una parte de su mente lo consideraba como una magnífica idea. Quizás quería provocarlo, obligarlo a mostrar más de esos antiguos gestos del pasado, reconocer al bastarlo y entonces podría volver a odiarlo como antes. O tal vez quería ver hasta dónde llegaba su santidad y dónde, su boquita comenzaba a soltar las palabras indecentes. Los mismos labios que le sonreían a Teddy, habían hablado de sexo… y del sabor del semen.

-Bueno…- comenzó Draco, percibiendo perfectamente el cambio en los ojos de Potter. La mirada segura, el brillo instigador, era como si hubiese captado todas sus intenciones y lo desafiara a declararlas. Obviamente, prefirió hacer una inocente retirada. -Ya le estoy enseñando a Teddy, puedo decirte qué hacer, con menos preámbulo, claro. Y no te preocupes, esto no es una terapia o un tratamiento, son cosas simples, informales, pequeñas y lo podemos hacer aquí, en el cuartel o en cualquier lugar.-

-Suena bien…-

-Genial. Ahora que lo sabes, ten precaución cuando te acerques a Teddy, ¿sí? Ten cuidado con tú magia.- a pesar de la advertencia, el moreno le sonrió. Más relajado y sin la sensación de ahogamiento de minutos antes, pero con la misma intensidad en los ojos y con su mente derrapando curvas. –Eso era todo. Voy a regresar con él ahora.-

-Bien.-

Pronunció. Todo estaba bien, era cierto, pero esas no eran las palabras que debía decir. Una vez más el rubio le estaba mostrando su asquerosa simpatía y su irritante generosidad, al aceptar con humildes gestos la parquedad de Harry. Malfoy le estaba extendiendo su reformada-misericordiosa-conversa mano, ¿y se iba a contentar con un raquítico "bien"?

El moreno apretó los labios, sintiendo que debía decir o hacer algo más. Eran como pulsaciones internas, igual de subterráneas, tan "bajo la piel" como la magia que antes había sentido. Igual de imperativa.

Y cuando el rubio se giró para marcharse, como en un último instante decisivo… en un impulso automático, el moreno lo detuvo por el brazo. Como el pie que se levanta cuando se golpea la rodilla, con un pequeño martillo. No lo culpen, había sido un extraño pero simple acto reflejo.

-Oye…- le dijo cerca, con su brazo en la mano.

Y el moreno recordó esa mañana de lunes, cuando lo había detenido de la misma forma a la salida de la reunión, en la sala de conferencias. Como aquella vez, Harry lo tenía apresado estrechamente y aproximándolo a una distancia poco prudencial, había podido admirar todos los planos de su rostro. Y como aquella vez, una cercanía física que escasamente debía resultar normal, le había otorgado una extraña sensación de seguridad, de comodidad alentadora, como una disponibilidad servida únicamente a él. Como un apoderamiento. Era una sensación de dirigencia, como si él pudiera decidir cuándo lo dejaba marchar.

Incluso la sensación delgada de ese brazo fibroso, de indudable fuerza, depositado debidamente dentro de su mano… aprehendido y aprendido. Grabado. Recordado. Nombrado. Como la mano sudorosa que había sostenido en la sala de los menesteres, como las miradas injuriosas que habían tiranizado sus días en Hogwarts. El gesto a través del espejo, en el baño de prefectos… como todos los rigores que habían sujetado sus existencias, una junto a la otra. No había coherencia mayor que esa. Ni lógica tan secretamente develada.

Por su parte, Draco no sabía cómo responder a esa reacción inesperada. Sujeto firmemente bajo un movimiento que parecía ser tan común para el moreno, al rubio le pareció que Potter se veía aún más grande cuando se le acercaba de esa manera, con sus ojos increíblemente verdes e intensos. Con su expresión confiada y dominante. Con su estereotipo de auror, de jefe, de Héroe. Era como si lo acechara.

-Sólo quería decirte que agradezco lo que estás haciendo, no sólo con el caso. Es… importante… que sepas que valoro tú ofrecimiento y la ayuda que le estas dando a mi ahijado. Algo que no mucha gente haría por él, por su condición y por el tiempo que implica.- asintió, como si quisiera reafirmar sus palabras. –Lo agradezco de verdad.-

-De nada.- respondió Draco, un poco aturdido por la sorpresa.

Era la primera vez que Potter le agradecía de forma tan espontánea y tan determinada y por un momento se olvidó de todas las palabras que habían conducido su reencuentro a un cataclismo de susceptibilidades. En ese instante de verdadera debilidad, el rubio miró los ojos del hombre y sintió la purga. Maldito Griffindor. Y en un intento por ser complaciente y sin saber lo que provocaría, Draco extendió su magia shakti en torno al moreno…

Apenas Harry lo percibió se sintió arremeter contra el rubio… joder. Había sido como una oleada de vibraciones, corrientes eléctricas y magnetismo atrayente, como imán, como las líneas de fuerza de un polo diferente. Atracción. Atracción única e indefinida y el moreno se vio a sí mismo empujando al rubio sorpresivamente contra sí. Lanzándose contra la suavidad de esos temblores subterráneos. Gravitando en torno a él, contra él, sobre él… y Draco sólo pudo soltar una exclamación.

En cuanto ambos se dieron cuenta, sólo pudieron mantenerse quietos observándose fijamente, las cejas perdidas en algún lugar cerca de la línea del pelo. El sonido de la sorpresa los hizo conscientes de que lo sucedido había sido real. Harry sí había apretado al rubio contra su cuerpo y Draco sí se había impresionado con el repentino movimiento.

-¿Qué…? ¿Qué es eso que haces?- Harry apretó ligeramente la mandíbula, tentado bajo toda esa gama de percepciones sensoriales. Otra vez. El rápido parpadeo de esas pestañas casi albinas, le dijeron que Malfoy no estaba en conocimiento de lo que causaba.

-Magia. Sólo es magia.- el rubio lo miraba con los ojos muy abiertos, sorprendido. Aún más por ese súbito acorralamiento, por esa tibieza ajena que comenzaba a percibir, tan cercana. -¿Por qué?-

-Se siente muy fuerte, como si fuera tacto real.- respiró con fuerza. Merlín. Era como si algo burbujeara en su estómago.

-¿Tacto real? ¿Qué tipo de tacto?-

-No lo sé…- tragó duro, paseando sus ojos entre los plateados de Malfoy y sus cejas y sus mejillas y su pequeña nariz y su maldita boca… esa maldita boca tan particular. -¿Cómo algo suave?-

¿Cómo algo que deseaba tocar con sus manos, completamente? ¿Cómo algo que deseaba sobre sí, sobre todo su cuerpo?

-¿Entonces, no se siente como algo malo?- preguntó el rubio, aun sabiendo que la energía shakti nunca era algo malo. En algunos casos podía causar indiferencia, mientras que para la mayoría era simplemente algo agradable, pero el "tacto real" no era una respuesta común.

-Absolutamente lo contrario.-

…Bien. Esa parecía ser la respuesta de alguien sensible o… de alguien muy compatible…

"Oh". Y el rubio no supo si alegrarse o comenzar a preocuparse. Ahora sólo existían dos opciones de acción: Kali o Ganesh. Un punto a favor que lo ayudaría a castigarlo o un factor para preocuparse, un problema que complicaría su vida.

"Como si fuera tacto real".


Viernes. 19:26.

Era la noche para celebrar a Saraṇyu y el rubio estaba contentísimo de haber llevado con él a Neville, incluso a Joe y su novia, aunque estos últimos ya se habían perdido hacia algún lugar de la galería, entre hermosas ilustraciones del Mahábharata, de Gandhari, Kunti, Savitrí y muchas otras representaciones de mujeres en la épica Hindú. Draco ya había visto a cada una hasta la saciedad, observándolas con una atención innecesaria, pero lo cierto era que todo parecía mejor que quedarse solo con Potter… o ser tan consciente de él. "Tan". Había que remarcar la envergadura de su inquietud.

El rubio sacudió la cabeza y se recordó que no debía pensar en eso, en el moreno y todo ese asunto de la magia "tocándolo". Es que era tan… tan… ¡no iba a decirlo! ¡Ni a pensarlo!

-¿En qué piensas?- escuchó a su lado. Neville bebía una copa de vino y deslizaba sus ojos a lo largo del salón de galería.

-En mis expectativas.- suspiró el rubio, porque era verdad.

-¿Sobre la obra?-

-Sobre mí, en Inglaterra.- pero bien podía especificar que era sobre él, siendo Dharmático con Potter. Realmente no sabía qué hacer sobre el asunto, pero la ayuda ya había sido ofrecida. Suspiró.

-¿Tus expectativas son muy altas?- involucrarse con el tipo y que todo salga bien, ciertamente podía considerarse como una perspectiva bastante compleja.

-No estoy seguro, ni siquiera sé si son realistas.- entonces miró a su alrededor, el motivo de sus desvelos no se veía por ninguna parte. –Es sólo que con esta ambientación, esas imágenes, me hacen pensar en India y desear regresar.-

-¿En serio?, apenas llevas un poco más de año y medio en Inglaterra.-

-Oh y te juro que para mí ya es más que suficiente.-

El trigueño no tenía ni idea. Y Draco podía decir que en parte, al menos, era culpa del propio Neville. ¡Incitándolo a ser bueno!

Y él continuaba intentando justificarse y convencerse y decidirse y posicionarse sobre una respuesta definitiva. Peleando contra sí mismo.

-¿Te irías y me dejarías en medio de mi recuperación?- dijo su compañero frunciendo el ceño y mirándolo con un divertido gesto inquisidor. Qué podía hacer sino suspirar.

-Yo no diría que en medio.- le respondió el rubio con una sonrisa y golpeando el hombro del trigueño con el suyo. Observar su gesto distendido y confiado le provocaba una cierta conformidad que mitigaba un poco, sus dudas. Por lo menos estaba haciendo un buen trabajo con él. –Alguien me contó que ibas a salir con una chica éste fin de semana.-

-Er, algo así.- el hombre se sonrió un poco e hizo un gesto vago, un poco avergonzado a consideración de Draco. –Una amiga de… ¿Charmine? ¿Charlotte?, la chica que sale con Seamus.-

-¿Finnigan?- preguntó el rubio, un poco sorprendido. Era cierto que no esperaba que un encuentro meramente físico entre ese cotilla y una chica de bar, perdurara tanto. –Sí, he oído hablar de esa tal Charlotte.- ésta vez le dedicó una expresión de travesura y volvió a tocar su brazo, afectuosamente, con la intimidad que les otorgaba ese casi-año de interacción cercana y sexo de recuperación. Y además, Longbottom tenía esa tonta ingenuidad que le daban ganas de pellizcarle las mejillas. –Espero que todo funcione de maravilla. Y ya sabes, si necesitas algo…-

Draco le movió las cejas repetidamente y el rubio habría esperado alguna respuesta, algo más de comentarios burlones y picardía; pero antes de que alguno pudiera referirse nuevamente al tema, escucharon un escueto "Hola" a su lado.


Continuará =D

Sólo voy a decir OMG!... Potter, ¿qué haces con tus manos? Ya no son sólo las insinuaciones estando ebrio; ahora son sus manos y toda la sensibilidad de su cuerpo, estando completamente lúcido… =3

¡¿Qué harás Draco?! Sobre todo ahora, que se asoma la performance y todas esas "variables" (a.k.a Harry, Neville y Colin) añadidas.

Teddy, como siempre: un dulce de Merlín.

¿Me merezco un comentario? =D