Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo la historia y algunos de ellos son de mi invención.

Avisos: Lenguaje adulto y escenas sexuales y violentas. Recuerda: ¡es TU elección leer o no!

Capitulo 3

"Malas decisiones"

Volterra, Italia. Castillo Vulturi, Corredores Principales. 5:27 a.m. Bella.

¡Realmente no lo entiendo, juro que no! Él mata a la humana: "debiste controlarlo mejor", yo mato a la humana: "debes controlarte mejor". ¿Maldición, cuando lo castigan a él? Puta suerte la mía.

Ahora yo, elite de la elite, debo cuidar un humano. ¡Un humano! ¡A quién se le ocurre! ¡¿Por qué? ¡Oh! ¡Ya sé! Para controlarme mejor. ¡Qué estupidez!

Pero no solo de un humano común en algún lugar remoto; si no que un maldito humano sucio y drogado para la maldita fiesta de los malditos Vulturis y sus mierdas. ¡Lo peor! Estaré rodeada de niñatos vampiros, neófitos prácticamente. ¿Tiene alguien una mínima idea de lo que hará esto a mi reputación? Esto, ESTO, es una venganza de Aro, ¡Estoy segura! ¿Por no controlarlo?, ¡Es absurdo que me castiguen a mí, cuándo él la mató! ¡Arg!

¿Qué le hacen a él? ¡Encerrarlo en una jaula! ¿Y a mí? Ponerme a cuidar humanos que ni siquiera puedo comer. ¡Y quién sabe qué me harán ponerles! ¡A mí!

Mi puño se estrello contra la pared derecha de los corredores. Genial, más escombros. ¡Y otra excusa para decir que YO no tengo control! Oí un cuadro caer, pero ni siquiera detuve mi marcha. Levantando la mirada de mis pies, pude ver sin que me vean por el hueco de la capucha de la capa. No había nadie en mi camino. Supongo que aprendieron a no meterse en él desde la última vez.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

-…y eres mujer, así que no es gran sorpresa. Todo el mundo sabía que serías demasiado débil para este trabajo. Seguramente te acostaste con alguien para llegar aquí.- Exclamó Afton con burla, mas para sus "amigos" que para mí.

Con eso, exploté. Encajando mi pie en su mandíbula, lo tiré al suelo de un golpe y luego caí sobre él con toda la fuerza de mi cuerpo. Hizo un sonido lastimero e intento patearme, pero agarré su pie en el viaje a mi cara. Oí, más que sentir, los huesos de mi muñeca romperse. Eso dolería más tarde, pero ahora estaba demasiado furiosa. Después de todo lo que me habían hecho, las torturas que había pasado y ¿este idiota se atrevía a decirme eso?

Intentó atraerme a su otra pierna usando la que sostenía, así podría patearme, pero yo la atraje hacia mí y no la dejé arrastrarme. Entonces tiré. Y escuche las articulaciones de su rodilla rompiéndose, quedando en un ángulo antinatural. Sus dedos se hundieron en mi cara, arañando, rompiendo mi dura piel eh intentando rasgarla para afuera. Entonces tomé su otra pierna y la empuje hacia su cuerpo, intentando que tocara su torso completamente.

Lo veía todo rojo, y lo único que escuchaba era algo duro y seco rasgándose, rompiéndose. Sentía algo que rompía mis uñas donde tocaban y entonces una sustancia húmeda y fría se escurría por mi manos y, curiosamente, cara.

Entonces retorcí la pierna que se pegaba al torso y la arranqué.

Una fuerza, un tirón, que hasta me dejó no supe que estaba ahí, abandonó mis ojos. Entonces sentí ese mismo tirón en mis costillas y brazos. Estaban en todos lados y en ninguno a la vez, como una desesperada corriente eléctrica que intentaba obligarme a soltarlo. Envié mi propia descarga de energía y la sensación se detuvo.

Entonces sentí que me agarraban y me separaban del cuerpo.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Está bien, puede ser que me haya pasado un poco, pero ¡en serio! , ¿Por qué tienen que ser tan cabrones los tipos?

Lo único que paso fue que en una pelea, un vampiro cortó a un humano delante de mí, y yo, no teniendo suficiente control, fui detrás de la sangre dejando que el vampiro casi escapara. Ese tema fue un dolor en el culo durante más de 100 años para mí.

¿Además, por qué los hombres sí pueden acostarse con muchas mujeres (o hacerlo para conseguir algo) y ser prácticamente idolatrados, mientras que si nosotras lo hacemos somos despreciadas como unas putas baratas? Eso real, realmente me molesta.

'Bien' me dije a mí misma, 'Piensa el lado positivo; ya te cambiaste, ya diste tu "testimonio" ante tus "maestros" y ya recibiste tu castigo. Ahora, y hasta nuevo aviso, la noche es tuya'

Sí, eso me reconfortaba. En especial desde que había una Cruenta Convivium esta noche. Cruenta Convivium, traducción del latín al español, significa "fiesta sangrienta".

Si, lo sé, ¡qué nombre más original!, pero hey, al menos no está en el típico inglés, ¿no?

Pero lo importante era que iba a ser divertido, en especial desde que un mensaje mental me aviso que las jaulas en donde estaba Jaspirín se encontraban bastante cerca del lugar donde se hacia la reunión. Una sonrisa se extendió por mi rostro, y a juzgar por la fugaz expresión en el rostro de un vampiro que pasaba en dirección contraria, era la que ponía cuando mataba y/o torturaba. Una sonrisa malvada que gritaba: ¡te dolerá y eso me encanta!

Esto será divertido.

Volterra, Italia. Castillo Vulturi, pasillos principales. 7: 54 a.m. Edward.

'Vamos, ¡muévete! Estúpida humana.' Los pensamientos de Alice gritaban en mi cabeza con una fuerza asombrosa. Me acerqué a ella y le tomé la mano, dándole una sonrisa de apoyo cuando ella me miró.

-Respira hondo, Alice, ya estamos aquí. – Hablé en voz baja y rápida para que la humana que nos conducía al "Salón de los ancianos" no oyera. Obviamente mi familia escuchó, pero solo Emmet nos dirigió una mirada antes de volver la vista al frente. Se podía sentir la tensión y el nerviosismo de todos.

-Lo sé, es que…no sé cuando se cumplirá mi visión. ¡Puede estar sucediendo ahora mismo!

- O puede suceder dentro horas, días, ¡hasta meses! No te desesperes, no es bueno, y ahora mismo necesitas pensar con claridad.-

-Tienes razón, la tienes. Es sólo que fue tan terrorífico…no quiero que mi vis…-su voz fue desapareciendo a medida que ingresábamos a una amplia y hermosa habitación. Cómo todo en el castillo, era dorada y blanca, contradiciendo completa e irónicamente, la creencia popular sobre el habitad de los vampiros.

Cuando Carlisle se fue del castillo, hace unos 200 años, luego de la última "sangue tazza"*3, (cómo algunos vampiros le llaman al baile real debido a su costumbre del servir sangre de ese modo) ni siquiera yo, el más viejo de la familia, existía aún. Por lo tanto Aro, Cayo, Marco y el resto de su guardia no tenían ni idea de nuestros dones, los cuales, lamentablemente, podían llamar su atención al enterarse. Si bien no podían obligar a nadie, tenían una gran "capacidad" para convencer a los nuevos dones a unirse a la colección de Aro. Y si bien en el momento en que Aro leyera los pensamientos de Carlisle sabría sobre todos nosotros, tanto Alice como yo estamos de acuerdo en que, mientras más tarde se entere, mejor.

Alrededor de todo el salón había vampiros. O bueno, algo parecido, ya que por su terrible quietud podían parecer perfectamente estatuas. Tenían capas oscuras, que variaban en apenas unas tonalidades, y que los cubrían totalmente, haciendo todo más escalofriante. Nunca era bueno que alguien te viera pero tú a ellos no. Les daba más capacidad de examinarte sin que lo sepas. El brusco contraste que creaban contra la luminosidad del lugar era casi fascinante.

Mis instintos más animales entraron en acción, poniéndome tenso al instante.

Aro abrazó a Carlisle, mientras murmuraba algo de "Amigo mío, qué bueno verte otra vez". Sentí un leve movimiento a mi derecha y mis ojos automáticamente se dirigieron allí. Dos capas estaban muy juntas, y a juzgar por el leve zumbido que se oía, hablando.

La mano de Alice, que no sabía que aun tenía en la mía, apretó mi mano. Cuando la miré su cabeza se dirigió a su lado izquierdo, dónde mas capas estaban "zumbando". Miré a mi hermana a los ojos.

'No sé qué pasa' me susurró mentalmente.

Volví a mirar las capas que ahora estaban en movimiento. Cada vez que una se esfumaba, los que estaban a sus costados se movían para no dejar demasiado espacio libre. Y aunque el círculo se volvía cada vez menos denso, era igual de siniestro que al principio. Aro se calló de repente, aunque no me había dado cuenta de que hablaba con Carlisle.

-Queridos, ¿qué sucede?- preguntó.

Las capas se congelaron. Como una, se volvieron a una casi negra y más bajita que las que estaban a sus lados. Dos pálidas manos se levantaron hasta la capucha que llevaba y la bajaron. Esas manos…

Alice jadeó cuando la visión llenó su mente, y como consiguiente, la mía.

El mismo hombre, el de la visión anterior, entró en juego colgando boca abajo a aproximadamente un metro del suelo gris y mohoso. Las cadenas que apretaban sus tobillos estaban cubiertas de ponzoña, el remplazo de la sangre en los cuerpos vampíricos, que salía de las heridas en los pies del hombre y se agitaban bruscamente con cada desesperado sacudón que daba. Dos "capas" se acercaron lentamente y sujetaron sus brazos. Pasaron unos segundos en que parecía que alguien hablaba con el vampiro.

Un rostro fino, atractivo y suave llegó. Sus rasgos angelicales estaban vacios, pero se pudo ver claramente que hablaba con él. Ella lo miró sin asomo de compasión en sus ojos rojos y entonces sonrió y dijo algo más. Él negó con la cabeza con un fervor que daba miedo. Los mantos tensaron su agarre en los brazos del hombre…y tiraron. Los líquidos negros y espesos salieron disparados, salpicando todo a su alrededor cuando los brazos abandonaron el torso. El rostro del hombre se desfiguró al dolor increíble que sentía. Su boca no era lo suficientemente grande ni estaba lo suficientemente abierta para soltar los espantosos gritos que salían intentando aplacarlo. Las sacudidas que daba eran tan involuntarias como bruscas, convulsiones espantosas que hacían más daño a sus tobillos allí donde la cadena los apretaba. Entonces dos sables de plata aparecieron de entre los mantos oscuros y en un limpio movimiento atravesaron el corazón de vampiro.

Alice estaba aterrorizada. Lo sabía a través de su mente. Pero lo menos que podía hacer era consolarla, las imágenes de tortura, junto con ese hermoso rostro, seguían rondando mi mente. Un movimiento a mi izquierda me trajo de nuevo a la realidad. Nuestra familia nos miraba preocupados y capté a Aro detrás de Carlisle, mirando interesado. Apostaba lo que fuera a que ya sabía cuáles eran nuestros dones y, al parecer, nosotros le habíamos ofrecido una demostración de primera. Sensacional.

Entonces Aro volteó hacia donde estaban las capas, esperando, y preguntó de nuevo qué pasaba.

-Estamos teniendo problemas con nuestro más reciente prisionero, Señor. Al parecer, ah causado disturbios entre los humanos- no me perdí la despectiva nota en su voz cuando dijo eso- y uno de los nuestros ya ah salido herido intentando defenderlos. Pido permiso para retirarme y ocuparme de él, Amo.

La suave voz femenina era abrumadoramente cautivadora. La sensualidad que desprendía me llegó como un golpe, poniéndome duro al instante.

Entonces bajó la capucha de su capa, y su rostro quedó al descubierto.

A la mierda con la excitación.

Ésta era la mujer de la visión, la fría y sádica perra que torturaba al vampiro. Y estaba pidiendo permiso a su amo para hacerlo.

'¡TENEMOS QUE HACER ALGO!' La fuerte demanda hizo eco en mi mente cuando Alice la gritó directo hacia mí.

Y sin embargo, ¿Qué? ¿Qué podíamos hacer nosotros?

Enfrentar a los Vulturis, exigirles la liberación de un prisionero, sería suicida. Ni siquiera sabíamos que había hecho para ser prisionero, pero era algo que había, sin duda alguna, cabreado a la realeza vampírica. No querríamos hacerlo nosotros también. Intentar negociar no serviría de nada a menos que conociéramos la causa del detenido y las consecuencias que podrían traer para nosotros. No importaba cómo se viera, no podíamos hacer demasiado sin arriesgarnos a todos en el proceso. Los Vulturis no es algo con lo que se juega a menos que quiera morir. Cuando se trataba de Los Ancianos, debías analizar cada palabra o acción que pudieras intentar realizar. La frase "vuelve para morderte el culo" se quedaría terriblemente corta al lado de lo que los V podrían hacer con lo que hagamos o digamos. Y eso hablando en el mejor de los casos.

Pude decir el momento exacto en que Alice vio mi decisión. ¿Cómo? ¡Oh! Pues por los suaves insultos que llovieron en mi mente a todo pulmón mental. Increíble pensar que una jovencita tan dulce como Alice podría conocer ese vocabulario. Ah, ¡el amor!

Aro nos ignoró y siguió hablando con la puta.

-Por supuesto, por supuesto. Te llamaremos si te necesitamos. –por la expresión de la vampira, eso no le gustó, pero no dijo nada. Con un firme y seco asentimiento se deslizó hacia la puerta.

-¡Espera! ¡Quisiera acompañarte!- chillo una voz de niña. Casi la estrangulo.

-¿Alice?- preguntó Esme aterrorizada, pues era seguro que ese prisionero no recibiría una simple palmadita en las nalgas- ¿Cómo que quieres ir?

- Si, es que…bueno, el castillo debe de ser muy hermoso y quisiera poder echar un vistazo. Ya saben, sólo para ver. – Su nerviosismo era más que evidente.- Y…bueno…el prisionero…él debe ser malo…quisiera conocerlo…ya saben, para tener más cuidado. Y las celdas deben ser oscuras…y terroríficas, ¡justo como me gustan!- hizo una pausa para sonreír brillante e inocente.- ¿Puedo ir, por favor?

La sala estaba en un completo silencio.

Emmet hizo amago de hablar, pero Rose le apretó el brazo para que cerrara la boca. Esme y Carlisle sabían que algo pasaba. Alice definitivamente no gustaba de las prisiones "oscuras y terroríficas". Algo estaba pasando, y ellos se daban cuenta de que era algo importante.

-Si tú quieres…-dijo Carlisle dudoso.

-¡Eres bienvenida, querida!- prácticamente gritó Aro. Era obvio que la idea de que un don que él ya codiciaba se prestara tan fácilmente a una recorrida por él esperaba fuera algún día su hogar, lo entusiasmaba. Lamentablemente, yo no se lo pondría más difícil.

- Quisiera acompañarla. También quiero conocer el famoso CastelloCremisi *4.- Mi decisión sólo hizo que mi familia se alarmara más.

-No hace falta que me acompañes, Edward.- dijo Alice rápidamente. Había acero en su voz.

-Quiero hacerlo, hermana.- contesté secamente.

Aro estaba encantado.

-¡Por supuesto! ¡Vayan, nosotros seguramente nos uniremos al recorrido en unos minutos! Pero, ¿están seguros de querer visitar los calabozos de todos los lugares? Hay secciones…-

-Absolutamente.- lo interrumpimos Alice y yo a la vez.

Creí que Aro sonreiría de placer al querer nosotros ir a ese lugar de todos. Había ofrecido los otros casi a regañadientes. Lo hizo. Sonrió de placer. Pero también se agudizó su mirada de una manera escalofriante, y pude ver en su mente, segundos antes de que me bloqueara, que él sabía que había mucho más de lo que aparentábamos.

-Ya veo…, bueno, entonces, Isabella los conducirá allí. ¿Verdad, querida?- Creo que una sonrisa maligna habría dado menos temor que el rostro en blanco y muerto que nos dedicó. Un rostro que ocultaba secretos oscuros y una aguda inteligencia que no nos dejaría muy bien parados.

-Sí, amo.- la voz muerta de la vampira rivalizaba con su rostro en blanco. Parecía ser la marca de los Vulturis. Posó sus helados ojos en mí y dijo: - Si fueran tan amables de seguirme…- y desapareció por la puerta.

-.-.-.-.-.-.-

Uno espera, cuando habla de calabozos en lo que son torturados montones de personas, viejas y decrepitas escaleras en caracol que conducen a un pasillo oscuro y mohoso, lleno de celdas con cuerpos tirados gimiendo de dolor, con apenas espacio para moverse y sin aire limpio que respirar gracias a los desechos del cuerpo.

Cuando en su lugar consigues anteojos negros para aplacar las brillantes luces blancas que dañan los ojos de los vampiros, dejándolos casi ciegos, te sorprendes un poco. Cuando encuentras que no hay una sola mota de suciedad en todo el amplio pasillo, estas incrédulo (aunque realmente no habría excusa, ya que los vampiros no tienen las necesidades que los humanos). Pero cuando descubres vampiros perfectamente arreglados en habitaciones con muebles y decoración, baño privado, y su propia plasma a control remoto que se ve desde camas almidonadas, quieres golpearte la cabeza contra la pared, porque seguro bebiste algún humano borracho y te hizo mal.

La única señal de que estaban en una jaula era la gruesa capa de vidrio que separaba las habitaciones del resto del pasillo. Pero no era realmente una jaula, ya que esos podrían salir cuando quieran. Digo, si no puede un vampiro romper un frágil vidrio, no merece vivir. O lo que sea que hagamos.

Maldición, me sentía como el capitulo en que Riley lleva a Buffy bajo tierra a ver su base de operaciones. Todo blanco y estéril, con educados vampiros en sus camas viendo American Idol.

-Así que… ¿éstos son los "calabozos"?- preguntó Alice.

-Si.- contestó la vampira secamente.

Alice y yo nos miramos. Estos definitivamente NO eran los calabozos. O al menos no en los que él estaba. Podíamos decirlo por el ambiente en que desarrollaba la visión.

-¿Estás segura?- pregunté con voz dura.

-Si.-

-¿Así que así castigan a los malhechores que no respetan las leyes vampíricas?

-Si.-

-¿Sabes decir algo más que "si"?

-Si.-

-¡Impresionante!

'Será mejor que lo dejen, parecen a punto de saltar a la yugular del otro.' Pensó Alice. La miré mal.

-¡Aquí están!- una humana rubia y alta salió de una de las puertas que no eran de cristal pero sí amplias. Estaba vestida con lo que parecía una bata de doctor, excepto que era negra.

-El recorrido por los calabozos- dijo la palabra de una forma extraña.- no puede dárselos Isabella, lamentablemente, ya que tiene algunos asuntos que atender. ¡Pero yo con gusto los guiaré! ¡Por aquí!- y se dio la vuelta, luego de dedicarle una extraña mirada a "Isabella".

La asesina desapareció.

Alice me dedicó una mirada de pánico, y yo tomé su mano tranquilizadoramente.

Avanzamos unos pasos detrás de la humana, que nos miraba expectantes.

Ella se dio la vuelta como si nada y empezó a hablar. Y no paró. Y ni yo ni Alice la escuchamos. Definitivamente no nos interesaba lo que decía. Unos pocos segundos pasaron y Alice ya estaba que gritaba. Pensábamos que tal vez Isabella volvería. No lo hizo.

Entonces la visión se repitió por la mente de Alice.

"…Ella lo miró sin asomo de compasión en sus ojos rojos y entonces sonrió y dijo algo más. Él negó con la cabeza con un fervor que daba miedo. Los mantos tensaron su agarre en los brazos del hombre…y tiraron…"

Alice empezó a correr hacia donde se había ido la vampira. No intenté pararla; de hecho, la seguí.

El aroma de la vampira iba por todo el pasillo blanco hasta una puerta al comienzo, justo al lado de las escaleras blancas.

Entramos en ella. Era pequeña y parecía más bien el armario de un conserje. Sin embargo, su olor era completamente claro y desaparecía detrás de una pared al costado derecho.

¿Cómo demonios cruzó la pared sin romperla? ¡Pues, ni idea! Alice empezó a tocar y escuchar en la pared.

-¿Qué haces?- pregunté.

-Busco una puerta secreta que dé a algún pasadizo escondido. Ya sabes, algo muy Hollywood.- contestó. Lo peor es que no había sarcasmo en su voz.

Empecé a buscar también. Tanto como me parecía ridículo, era posible que fuera certero. Pasé mis manos por la pared blanca y perfecta, buscando alguna señal de "puertas secretas" o algo que me mostrara que era solo un panel o algo así. No había nada. Era una sólida pared de ladrillos pintada de blanco que jamás había sido planificada para otra cosa que no fuera dividir la habitación de las demás.

La visión se repitió por la mente de Alice. Pero ya no aparecía la primera parte de la escena. Todo eso se estaba llevando a cabo ahora mismo o en los próximos segundos y nosotros estábamos buscando una puerta secreta.

-Ya. A la mierda.- estrellé mis puños contra la pared y empecé a romperla. Alice siguió mi ejemplo.

En pocos segundos la atravesamos para dar con lo que si iba a la típica descripción de un túnel secreto. Oscuro y mohoso, era lo que esperabas encontrar bajo un castillo milenario. Pero en ese momento lo importante era el vampiro. Retomamos el rastreo de la Asesina con rapidez. Los pasillos eran iguales que el primero, negros y húmedos, y era demasiado fácil confundirse aquí.

Así que me entregué a mis instintos, que me llevaron en segundos a través de tantos pasillos distintos que perdí la cuenta. El olfato era lo único que me guiaba.

Entonces el rastro paró abruptamente contra otra pared. Tal vez fuera que había dejado de lado todo pensamiento racional. Tal vez que los gritos atormentados llegaban incluso a través de la piedra negra. La cosa es, que sin siquiera dudar un instante, golpeé la piedra la romperla. De nuevo, Alice siguió mi ejemplo.

Una cosa, es ver en tu cabeza algo que puede llegar a pasar. Otra muy distinta es verla en persona: oler la ponzoña en el aire, sentir la sangre que moja tus zapatos, oír las jadeantes respiraciones de quién sufre inimaginable dolor.

Y ver en el rostro de quién lo provoca, disfrutarlo.

A veces, mi don de leer las mentes es una maldición. Otras, es el mejor regalo que habría podido pedir. En momentos como estos…no lo sé.

El escuchar los pensamientos del rubio inmortal en éste momento era lo que menos quería.

Escuchar los pensamientos que llevarían a mi hermana a la muerte, dándome una oportunidad de detenerla, era algo que agradecería por siempre.

Los sables plateados aparecían justo en el momento en que irrumpimos en la celda. Todo se detuvo. Y entonces el pequeño vislumbre en la mente de Alice de lo que haría, me permitió detenerla antes de que cometiera el peor error de su vida. Y probablemente el último.

Fue difícil retenerla para que no le arrancara la garganta a Isabella. Saltó sobre ella con una furia y velocidad que solo hacían que agradeciera aun más mi don. No habría podido pararla si no lo hubiera visto un segundo antes a través de su mente.

Una risa suave y musical llenó el lugar, y me tomó unos segundos entender de quién venía.

-¡Esto es increíble! ¿Vienen a unirse a la fiesta?- dijo Isabella. Su rostro reflejaba malicia. -¿Sádicos o masoquistas? ¿De qué lado quieren estar?

-¡Perra!- gritó Alice. -¡Suéltalo! ¡Ahora!

-Eso no puedo hacerlo, mi querida. Nuestro amigo, Jasper –agarró un puñado de su cabello y tiro de cabeza para que la mirara.- ah sido un niño muy, muy malo.- sonrió.

-¡Eh dicho que lo sueltes!- mi agarre sobre Alice se estaba empezando a romper.

- Y yo eh dicho que no.- la Vulturi parecía extremadamente aburrida.

-Alice, ¡para!- grité yo intentando sujetar mas fuerte su brazo. Pero no funcionó. Un golpe con su pierna me distrajo y en ese segundo la pequeña demonio salió de entre mis brazos y mi cara se estrelló contra una pared. Me puse en pie casi en el mismo momento, ignorando el dolor de mi nariz, pero era demasiado tarde.

Alice había atacado.

Volterra, Italia. Castillo Vulturi, Recibidor Vampírico. 6:25 a.m. Bree.

Arrojé la sucia capa negra en un gran cesto de basura a mi derecha. Al fin. Escabullirse entre arbustos intentando que la mierda esa no deje tu piel al descubierto es bastante difícil, en especial cuando se te engancha en cada rama que hay. Soy una maldita estúpida. Podría haber llegado antes del amanecer si no me hubiera detenido por esos tipos. ¡Pero no pude resistirme! ¡Olían tan bien y eran tan guapos!

El real error fue hacer tan desastre en ese callejón que tuve que ponerme a limpiar. Reprimí un suspiro. En fin.

Ya estaba aquí, en el legendario castillo real. Hace unos días recibí la invitación a mi departamento en Nueva York. Decía que estaba asignada a una sección especial y que debía llegar esta misma noche al castillo para se me encomendaran mis tareas para el baile real.

Me dirigí a la hermosa vampira vestida de rojo que me miraba fijamente. Estaba en el centro de la habitación vacía. Este era, como su nombre decía, el Recibidor Vampírico; había sido elegido para que los vampiros del baile llegaran sin tener "problemas" con los humanos. Demasiados visitantes mortales venían durante el día, y los Vulturis no podían permitirse un error tan común como la "falta de control", como dirían mi familia, en especial porque habría neófitos caminando por estos marmoleados pisos durante un rato.

Llegue hasta la vampira morena (¡hija de puta! ¡Que me partan si eh conocido a alguien más hermoso! –Sacando a Rosalie, claro-.) vestida de rojo brillante. Abrí la boca para hablar, pero una voz masculina me interrumpió.

-Por aquí.- dijo. El vampiro, bajito y de pelo negro, me ofreció un rosto en blanco y luego se volteó hacia un corredor de la izquierda como si estuviera seguro que lo seguiría. Mire a Miss Preciosidad (¡De algún modo tenía que llamarla!) pero ella observaba la entrada nuevamente como si esperara algo o alguien, ignorándome olímpicamente. Seguí al chico bajito, que ya iba bastante por delante.

El lugar era hermoso. No podía no pensarlo. Sin embargo, otras preocupaciones llenaban mi cabeza.

-Entonces… ¿sabes tú cuál es mi tarea para el Gran Baile?- pregunté, tanteando el terreno.

-No. Serás informada de eso en administración, ubicado en el Sector Principal del castillo. Jonathan Vulturi vendrá a recogerte en 30 minutos. Él será tu guía. Tienes hasta entonces para prepararte.- y entonces miró mis manos vacías y dijo.- Creímos que estabas asentada en un lugar fijo, por lo que tu habitación no está equipada con ropa y demás herramientas. Enseguida mandaré a alguien para encargarse de eso.-

Claro. Ellos preparaban habitaciones especiales para los nómadas, con las cosas de las que carecían gracias a su condición (ropa, zapatos…), porque se suponía que quienes tenían un lugar fijo traerían sus propias pertenencias. Yo las había traído, pero las perdí en toda mi aventura por Volterra. De todas maneras, tenía dinero suficiente para vestirme todos los días con algo nuevo por la eternidad, así que no me preocupaba. Sin embargo, eso el vampiro no lo sabía y yo definitivamente no se lo diría. ¿Ropa gratis? ¡Bienvenida sea!

-De acuerdo.- respondí y seguimos caminando en silencio por un largo rato.

Los pasillos pasaban y no dejaba de asombrarme con la belleza y dedicación que había en unos simples corredores. ¡Si esto es así, no quiero imaginarme lo demás! ¡Ya están peor que los pijos Cullen!

-Tú eres Bree Cullen, ¿no es así?- la profunda voz del vampiro me sacó de mis pensamientos.

-No.- respondí secamente. No había nada que odiara más qué que me compararan con esos Culos (Culos=Cullen. ¡Son parecidos! ¡Es gracioso! ¡Ríanse!).

-Todo va contigo. Tu descripción física, tu actitud, tu edad. La Cullen errática, mmm…-

-¡No soy una Cullen! ¡Esos bastardos no son nadie para mí!- prácticamente grité.

El tipo sonrió.

-Gracias por la confirmación.- dijo.

-¿De qué mierda…?-me cortó.

-Lo único que hiciste al negarlo de esa manera, fue confirmarlo, novata.-dijo arrogante.

-¡Si vuelves a llamarme novata, yo…!- ardía de rabia. Siempre fui la neófita entre los "adultos". Que se jodan todos, se creen que por tener más arrugas son más sabios y pueden decirte qué hacer, pero no es cierto. Claro que los vampiros no envejecemos, pero es un modo de decir.

Jamás pude terminar la frase, porque de repente una mano pequeña pero férrea me apretaba la tráquea impidiéndome hablar.

-¿Tú qué, novata? ¿Piensas que permitiré que una cría me hable así? No te confundas, niña, no eres nada. Solo tu título de Cullen Desterrada te pone en estas tareas, te da alguna importancia. No te confundas.- estaba petrificada. No porque me asustara ni nada, sino porque simplemente parecía haber perdido la habilidad de moverme por mi misma. Podía sentir sus manos aplastando mi cuello, oler la fragancia de la violencia, ver su rostro con fría furia. Oía el tono mortal que salía de sus labios carnosos, tan delicados y sensuales. Pero no podía moverme. Ni siquiera parpadear. Joder.

Entonces me soltó bruscamente. Todo volvió a la normalidad, dejándome perpleja. Mi cuerpo era mío de nuevo, parecía como si nada hubiera pasado y solo fuera un truco de mi mente. El vampiro estaba nuevamente caminando por el pasillo. Lo hacía tranquilamente y dándome la espalda como el maldito arrogante que demostró ser.

-Ahora entiendo por qué el maestro te puso donde te puso.- continuó.- Y seguramente se enfadaría si te matara.- me miró sobre el hombro con una sonrisa llena de colmillos.-Pero hay cosas peores que la muerte. Y esas seguramente no estarán prohibidas-

Volterra, Italia. Castillo Vulturi, Celdas Subterráneas. Sector 30, celda número 348. 8:36 a.m. Bella.

Me estaba divirtiendo. Sí que lo estaba haciendo. El idiota había caído.

Sabía que él no tenía control sobre su sed. Sabía que esa humana era deliciosa, y aunque la quería para mí, había valido la pena. Sabía a quién llamarían si había algún disturbio cerca de la sala de reuniones, en especial cuando estaba ocupada. Sabía cómo vengarme sin que me acusaran de no tener control suficiente para ignorar a un crío como él. Sabía cómo planear las cosas.

Cuando mandé a la humana a ese pasillo, sabía perfectamente que Jasper estaría siendo llevado por él hacia su celda. El tipo no tenía mucha hambre después de nuestra última secretaria, pero cuando el espejo que le di la cortó con sus filos especiales, tal y como tenía planeado, él no pudo resistirlo. Sabía que golpearía a los guardias y mataría a la humana (¡Muero de pena!) y también sabía que luego querría escapar. Entonces me llamarían y yo tendría mi tiempo a solas con el que me hizo quedar en ridículo. ¡Fue tan fácil! ¡Fue tan estúpido! ¡Fue tan predecible!

En el mundo no puedes ser predecible, los demás se aprovecharían de eso.

Pero ahora, ¡ah, ahora!, tenía más juguetes nuevos. Como por ejemplo el pelirrojo que me miraba con pánico y un hermoso bulto en sus pantalones mientras su "hermana" me atacaba.

La pequeña vampira saltó sobre mí como cualquier niño sobre su padre. Su pequeño cuerpo queriendo tirarme, sus brazos abiertos como en un abrazo. Su expresión era fiera, pero parecía más bien un gato de peluche enojado. Ni siquiera un gato real.

Lo único que podría detenerte un segundo eran sus blancos y afilados dientes. Pero entonces, ella no era la mala ni en la habitación. Ni siquiera entre las mujeres de la habitación.

Yo lo era. Yo era la peor, la más fuerte y grande, la más perra de todas, la más maldita. La más asesina y sanguinaria. La más sádica y burlona. Yo lo era la más mala. No esa niña.

En un solo movimiento, llevé sus brazos a la espalda y presioné hasta que casi se separaron del cuerpo. Al mismo tiempo, mi boca se cerró en su cuello. Ella gritó.

-¡No!- el rugido del pelirrojo retumbó en la habitación y él se lanzó sobre mí. Ya, en serio, ¿Qué tienen los de este clan con tirarse sobre las personas?

Chocó contra la pared invisible e irrompible que creé y cayó al suelo. En un segundo ya estaba de pie.

La vampira seguía lloriqueando entre mis brazos. Cuando su ponzoña llenó mi boca, tironeé para atrás con los dientes, sacándole un trozo de carne que luego escupí. Una risa histérica se me escapó.

Abrí la boca para volver a morder.

-¡Espera!- el grito desesperado me hizo mirarlo. Era hermoso, incluso más que Alec. -¡Déjala ir, por favor! ¡Te daremos lo que quieras! ¡No lo hagas!

Alcé una ceja. -¿Lo que quiera? ¿Qué puedo querer? Lo tengo todo, en especial el cuello de tu chica.- y me volví para morder. Algo pasó en su cara y mi rehén gritó.

-¡No, Edward, no!- pero él siguió adelante con lo que sea que ella dijo que no hiciera.

-¡Yo! ¡Yo me ofrezco! ¡Ten mi cuello, pero déjala a ella!- mi cabeza se levanto de la palpitante carne negra. Lo miré.

-¿Estás bromeando conmigo?- Los compañeros a veces hacían eso, ofrecerse en lugar de otro, pero estos dos no eran compañeros. Podía sentirlo, no era esa clase de conexión. Había una, si, pero no era la de compañeros, así que se trataba de algo del Clan, como a veces sucedía. Esperaba que intentara sobornarme o chantajearme, pero ¿esto? No. ¿Qué era lo que lo motivaba? ¿Era esta vampira de algún modo especial para el clan? ¿Por qué la protegía? ¿Intentaba mantener algo oculto o algún plan a salvo y ella era de vital importancia para eso? ¿Su líder les había ordenado protegerla? ¿Qué era esto? ¡No lo entendía!

-No. No, no lo es. Sólo…déjala y me tendrás. ¡Déjalos, a ambos!- dijo, como si se le acabara de ocurrir.- Ellos se irán y yo…te prometo que podrás hacer lo que quieras conmigo durante un día entero.-

-¿Me ofreces total sumisión?- pregunté incrédula. El miró al suelo. Luego a la silenciosa vampira en mis brazos y por último a Jasper.

-Sí. Sí los dejas en paz, juro mi total sumisión a ti durante 24 horas.- su tono era bajo y en blanco. Sus ojos miraban a la nada y su rostro no tenía emociones.

Y ahora, mi decisión. ¿El adonis con la gran verga o la sangre de estos vampiros? ¿Sangre o verga? ¿Verga o sangre? ¡Es tan difícil! ¿Tortura o sexo? ¿Dolor o placer…?

O ambas cosas. ¿Porqué elegir cuando puedes tener todo?

Sonreí. Un plan se formó lentamente, los detalles eran hermosos.

-Acepto.- dije, cuando mi mente se llenó de imágenes de lo que sería.

Esto será divertido.

-.-.-.-

*3: "sangue tazza": Copa de sangre en italiano. Forma de llamarle al baile festejado por la realeza vampírica debido a la costumbre Vulturi de servir sangre en copas de cristal.

*4: "castello cremisi": Castillo Carmesí en italiano. Asociado a los Vulturis por las grandes cantidades de sangre que consumen los habitantes del castillo al día. También se la denomina de esa manera por las numerosas ejecuciones llevadas a cabo; siempre a favor de la ley vampirica, por supuesto.

-.-.-

¡Hey! Bueno, aquí va mi excusa por la tardanza: tenía el capítulo 3, y parte del 4, ya escritos...pero se me rompió el cable que le da energía a mi computadora. Se me apagó de la nada y al parecer no guardó el archivo por lo que tuve que reescribir el capítulo. Los otros caps no importantan, los copio de internet, pero notas y algunas escenas que realmente me gustaban del cap 3 no quedaron tan bien en este éste. En fin, lo bueno es que ya tengo parte del 4 en papel. Respecto a la escena de Bree, la puse más que nada para que ella entre en juego. Será un personaje de bastante importancia más adelante, por lo que PRESTENLE ATENCION. Y bueno, decidí no revelar la identidad del chico que la acompaña (también de mucha importancia en esta historia) porque quería escuchar sus teorias. ¿Les gustó el encuentro entre Bella y Edward? Sé que no es romántico ni dulce, pero es diferente y ponerlo de otra manera habría alterado las personalidades de mis personajes. Así que bueno, ¡diganme qué les pareció! Yo me voy a continuar el capítulo 4, "Malos tratos". ¡Bye!

(PD.: Espero que hayan prestado atención a los dones que aparecieron en este cap...)