MI PRECIOSA GEISHA

Advertencia:

Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad del señor Kishimoto y yo sólo los utilizo para crear fanfics que surjan de mi loca cabeza, claro, sin fines de lucro y enteramente por diversión.

Este fic es yaoi, es decir los protagonistas tienen una relación chico-chico, así que recomiendo su lectura a mayores de 16 años, o con amplio criterio. Leen bajo su propia responsabilidad.

Este fic es uno de siete, que serán una serie llamada Icha Icha Yaoi Paradise. Serán 7 fics en total y empezaré tal vez en un orden no tan adecuado, pero de acuerdo a como me dictan mis musas. Gracias a todos, ¡son geniales, ttebayo! XDDDDD

GOMEN, GOMEN , GOMEN, GOMEN, GOMEN, DATTEBAYO! ToT No tengo ni la cara para disculparme XD. Pero aunque suene trillado todo fue culpa de tarea, malas rachas y… falta de inspiración.

Pero al fin tengo el capi 4, casi recién salido del horno. Por ellos le echo flores a mi beta Clau por tener el buen ánimo de ayudarme a corregir los pequeños detalles que se me van. Aunque sigas diciendo que es un placer ayudarme… ¡ERES UN SOL! XD

Bueno, bueno, espero que les agrade el capi, con un poco de todo y para las que esperaban un poco más de calor sólo les digo que la espera aumenta el placer, chicas y chicos kukukuku

¡Gracias por leer!

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Capítulo 4.- ¿Un entrenamiento especial?

Una hora antes…

Le costaba admitirlo, pero el barrio Uchiha le traía muchos recuerdos, aunque ahora sólo se formaran imágenes difusas de su niñez y adolescencia, la opresión en su pecho le indicaba que sus memorias estaban ahí, enterradas en lo profundo de su alma y justo eso era lo que había puesto al genio de los Uchiha más frío e inaguantable de lo normal. Itachi sabía perfectamente que debía resolver varios asuntos que tenía pendientes en la aldea, pero no lograba dar con la solución de todos ellos.

¿Cómo iba a demostrar a los aldeanos y a los demás ninjas que confiaron en él, que no había vuelto para asesinarlos ni para traicionarlos, sino para rehacer su vida? ¿Que en verdad lamentaba haber cometido esas estupideces, que sus ojos habían estado completamente cerrados, ciegos? Esa iba a ser la parte tediosa y problemática de la situación. Y su orgullo no podía menos que hacerlo aún más difícil.

El joven genio suspiró imperceptiblemente. Era hora de cambiar y por mucho que le costara, tendría que encontrar las fuerzas para no desfallecer en el intento.

Por ello decidió empezar por regresar a su hogar. Itachi sabía que debía empezar por reconocer que efectivamente esos lazos con su fallecida familia no estaban cortados del todo y que los sentimientos como el amor y amistad, no se habían oxidado con el pasar de los años. Si bien era cierto que el convivir con su hermano y con el baka de Naruto le había ayudado mucho hasta el momento, no podía dejar de lado que esos sólo eran los primeros pasos, aún le quedaba mucho camino que recorrer, por si fuera poco, tenía que responder por su pasado, para poder disfrutar el presente y ¿por qué no?, pensar en un buen futuro.

Caminó a paso lento por las desoladas calles hasta que llegó a lo que en un pasado fue su casa. Al igual que las demás construcciones, la mansión se encontraba bastante descuidada y algo destruida por el inevitable paso del tiempo, pero ese hecho no le impidió la entrada al pelinegro. El eco de sus pasos calmos era muy estruendoso, púes tal era el silencio muerto que reinaba en todo el lugar.

Visitó primero la habitación de sus padres y luego la de su otöto, ésta última un poco menos oscura y vacía que la de ellos. Recordaba que Sasuke había habitado ahí después de la masacre del clan y se volvió a decir mil veces idiota. Por más que quisiera poder recompensar esos años de sufrimiento y soledad que le había causado, sabía que no podía hacerlo. Por más remordimientos que sintiera, sabía que era en vano.

Todo había sido su culpa, un error garrafal que le costó muchas cosas, tales como la vida de su familia y por muchos años, el cariño y el respeto de su hermano y no le bastaba para perdonarse a sí mismo, que éste y Naruto le repitieran que todo estaba olvidado, que los problemas y penurias que les había ocasionado ya no importaban porque ahora estaba con ellos y había cambiado.

De esto último no estaba completamente seguro, pero quería creer que era verdad… recuperar la confianza en sí mismo.

Oh, cuánto deseaba poder hacerlo.

Continuó su recorrido por la casa; pasando por la cocina, el comedor, la sala… dejando como último punto su habitación. Deslizó la puerta y al ver el interior no pudo evitar un estremecimiento. Mierda.

Estaba justo como la había dejado, es decir, ignorando la espesa capa de polvo que cubría los muebles y las telarañas que adornaban las esquinas, todo estaba igual. Era tan sólo un adolescente cuando se marchó, pero el ambiente estaba gobernado por un frío orden.

El muchacho que había sido, el mismo chico que fue capturado tan sutilmente por palabras vanas y promesas ambiciosas, el joven que había conocido el placer del amor en esas viejas paredes… todas esas caras de Itachi estaban ahí. El engaño, la mentira, el sexo y… quizá también el sentimiento más poderoso del mundo.

Entró sintiendo como si las paredes fueran a cerrarse sobre él en cualquier instante… la opresión que le causaba estar en el cuarto era enorme. Esto combinado con los sentimientos encontrados, creó una carga que el pelinegro apenas podía soportar. Miró inmediatamente hacia un punto a la derecha, a la esquina de la habitación. El único buen momento de entre toda esa basura de vida en la que se había recluido, se encontraba escondido en donde ni siquiera las mentes más extrañas pensarían en buscar.

Se acercó con la misma exasperante calma y poniendo las manos en el suelo sucio, examinó el área con cuidado. Un tatami se desprendió con suma facilidad, dejando a la vista su infalible lugar secreto. Itachi no supo qué era ese retortijón que sintió en sus entrañas, pero sí logró identificar que aquel objeto que sacó de su escondrijo, le trajo mucha más nostalgia que cualquier otra cosa.

Era una fotografía. Tenía el marco mugriento y roto, pero en la efigie aun se podía apreciar a dos jóvenes muy atractivos, uno de más edad que el otro, pero igualmente felices. El abrazo del cual era preso un Itachi más joven y sonriente, no dejaba cabida a réplicas. Era un agarre posesivo… protector. Casi lo había olvidado, pero el sentirse ligado con alguien, pertenecerle por completo y ser objeto de su cuidado, era algo que el Uchiha sintió en sólo un momento de su vida.

Y el causante de todo aquello, el que lo había hecho feliz como ningún otro hombre, se encontraba ahí, posando despreocupadamente en la fotografía, observando a su otro yo más joven con avidez que rayaba en adoración. ¿Qué rayos había estado pensando al enredarse con semejante sujeto?

Oh, esa era fácil. No había pensado nada pues el control lo había tenido su… entrepierna.

Pero aun así…

Si bien el tipo no parecía rebasar por considerables años a su compañero de retrato, había en el aire casi 9 años de diferencia. Maldito pervertido. Una minúscula sonrisa le cambió la expresión por completo. Esa sonrisa tan conocida, bastó para brindarle un sentimiento que dio calidez a su atormentado corazón. Y comprendió que no se arrepentía. En lo más mínimo.

-Pensé que la habías tirado.

Había estado tan sumergido en sus pensamientos, que no había sentido llegar al intruso. Dio un suave respingo al reconocer la voz del sujeto en el que había estado pensando hacía unos segundos. Arrugó el ceño, eliminando así el gesto anterior y le dirigió una mirada amenazante.

-Y yo pensé que habías dejado de meterte en lo que no te importa… Kakashi-san. –siseó con la voz más fría que pudo crear.

El peliplateado no contestó, limitándose a beber como un sediento perdido en el desierto, la imagen del rostro arisco y un poco demacrado del joven Uchiha. Se contuvo de acercársele, por miedo a tratar de asesinarlo con sus propias manos, por querer golpearlo hasta no tener energías o besarlo hasta dejarlo sin aire. Hatake Kakashi se estaba absteniendo de muchas cosas.

-¿Qué haces aquí, Itachi? –cuestionó mirándolo a los ojos con total seriedad. El aludido bufó enfadado.

-Me doy cuenta de que pensé mal. – Dijo ácidamente, poniéndose en pie y guardándose la fotografía en las profundidades de su capa negra. He venido por pedido de Naruto-kun y Sasuke para tratar de resolver ciertas cuestiones inconclusas. Ahora si me disculpas, tengo que reunirme con la Hokage dentro de media hora.

Kakashi impidió el paso del joven ninja, tomando con fuerza el brazo que se erizó ante su contacto. Itachi lo miró con odio.

-Suéltame.

-No.

Hubo un forcejeo en el cual se quedaron mirándose cara a cara… muy cerca el uno del otro. El corazón del Ninja Copia latía fuerte (como hacía años que no), traicioneramente, ansiosamente... la cercanía que mantenían era embriagadora y Kakashi se insultó varias veces por haber caído en la trampa que él mismo evitó por tantos años.

Pero no pudo evitarlo. Desde la mañana había tenido un extraño presentimiento y algo lo condujo hacia el desolado barrio Uchiha. Nadie entraba ahí, ¿cómo podría ser que un intruso se hubiera atrevido? Por Kami-sama, ¿cuán grande fue su sorpresa al descubrir que el extraño era nada más y nada menos que el mismo Itachi? En ese momento sintió una alegría malsana, un temor creciente, sin embargo, haciendo caso omiso a los gritos de su conciencia… se arriesgó y ahí tenía el resultado de su osadía.

El mayor se acercó un poco más, no pudiendo aguantar las ganas de susurrarle al oído a un sorprendido pelinegro, a quien había tomado por sorpresa. A esa distancia podía ver mejor la tersa piel del joven, sus bellas facciones. Y en un relámpago de tiempo, haciendo uso de la gran inteligencia que lo convirtió en uno de los mejores shinobis de la aldea, descubrió que seguía habiendo algo ahí. No todo había muerto. Por lo menos de parte de él.

Maldición.

-Y lo nuestro… ¿es una cuestión inconclusa, Itachi? –preguntó, tratando de obligar al más joven a mirarlo a los ojos y fallando en el intento.

-No hay un nuestro, Kakashi. Pensé que lo sabías.

-¡No Mientas! ¿Crees Que Soy Estúpido? ¡Te Conozco, Itachi! ¡Sé Que Mi Presencia No Pasa Desapercibida Para Ti! –el jöunin temblaba por la ira contenida e Itachi pensó que pronto todo se saldría de control. Debía irse de ahí, ¡pero ya!

-No fanfarronees, idiota. Ahora… déjame ir.

-Nunca más. Si has vuelto para quedarte, no lo haré. Nunca.

El Uchiha abrió enormemente los ojos y sus labios se separaron levemente por la sorpresa de tan inesperada declaración. Kakashi no perdió el tiempo y lo atrajo con brusquedad hacia sí, besándolo a la fuerza. Itachi no reaccionó a tiempo y fue apresado por los fuertes brazos del peliplateado, sin escapatoria alguna. La boca del mayor lo buscaba con ahínco y no pudo resistir mucho más. Gimió rindiéndose al contacto y pasó sus brazos por detrás del cuello de su agresor, quien tenía las manos puestas en su trasero, levantándolo del suelo con gran facilidad.

Tanto Itachi como Kakashi sabían que lo que estaba sucediendo no era correcto, que no debían jugar con fuego, pero era inevitable… todos esos años de frustración y añoranza se habían encendido como leños en la braza, quemándolos, amenazándolos con convertirlos en cenizas.

El Ninja Copia lo cargó hasta el deteriorado futón que había en la habitación, pegando aun más su cuerpo si eso era posible, rozándolo, mordiéndolo sin recato alguno. Eso era por todos los años que lo abandonó, por la soledad en la que lo sumió. Esa era su venganza.

Lo soltó cuando sintió que Itachi era arcilla entre sus brazos, que estaba al borde del desmayo por las sensaciones que él le provocaba. El joven quedó tendido sobre el futón, con la respiración acelerada y los ojos entrecerrados. Kakashi no pudo seguir más allá, no quería sentirse culpable después. No quería más remordimientos.

Pero en el fondo, no lo hacía solamente por eso. Quería castigar a su antiguo amante. Y el moreno lo sabía. Lo dejaba para que sintiera en carne propia la incuria, la amargura. Lo merecía.

Cuando se sintió solo de nuevo, Itachi perdió todo el dominio de sí mismo. Abrazó la polvorienta almohada, preso de una oleada de estremecimientos y pequeños estertores, castigado por su propio cuerpo.

Kami-sama, cómo dolía equivocarse.

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Ciudad de Nami.

-¿Podrías hacer el favor de no moverte, Yuchihi? Podrían clavarte un alfiler. –dijo Yumari con una pequeña sonrisa al inquieto adolescente. Ambos se encontraban tomándose medidas en una pequeña estancia de la Casa de Té, algo muy difícil debido al estado emocionado de la geisha menor. Las jóvenes encargadas de esta tarea, reían divertidas al ver que la "linda" joven daba brinquitos de aquí para allá con los brazos graciosamente extendidos pues tenían que medir bien el largo de las mangas.

-¡Es que no puedo evitarlo, Yumari-san! ¡Dentro de un mes será el festival de Primavera! ¿No te alegra saber que pronto llegarán más geishas a la casa? -Yumari sonrió y con asentimiento de cabeza, indicó a las demás mujeres que era todo por hoy. Desprendieron cuidadosamente las telas de la joven aprendiza y se despidieron cortésmente, dejándolos solos.

-Por supuesto que me alegra. –le dijo con cierta tristeza.- Pero no deberías de entusiasmarte tanto. Recuerda que la última vez nadie pasó las pruebas y no estamos seguros que el resultado cambie este año.

El chico infló un poco las mejillas, enfadado.- ¡Que optimista eres!

-Sólo soy realista. –Replicó Yumari.- Además no deseo que ningún otro ser humano sufra lo que nosotros aquí, ¿no lo crees?

Yuchihi se mordió el labio, un poco sentido por sus pensamientos egoístas. Su "hermana mayor" tenía razón. ¡Pero es que deseaba con toda su alma alguien más con quien hablar! Iwattari no los dejaba salir ni hablar con nadie por temor a quedar en evidencia, pues sólo en apariencia podrían pasar como mujeres. ¡No era justo!

-Yo… sabes que pienso lo mismo que tú. Pero…

-Pero nada. Si alguien queda es que en verdad es muy talentoso. Y tan idiota para buscar la perdición como lo hicimos nosotros.

-¡No digas eso! –el joven volvió a morderse los labios.- ¡Cada quien tuvo sus razones!

El mayor suspiró y asintió, prediciendo que no podría ganarle a Yuchihi en un combate verbal. Era tan testarudo.

-Mejor cambiemos de tema. ¿Qué kimono piensas usar esta noche?

Después de unos segundos y de una mueca pensativa muy graciosa del chico, eligió casi eufórico.

-¡El azul! ¡El que tiene dibujado una cascada! –Yumari sólo pudo sonreír orgulloso, guiñándole un ojo a su protegido.

-Buen chico.

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Konoha, tiempo actual.

¡Seguía sin poder creer que estaba usando un vestido! ¡UN VESTIDO, POR KAMI-SAMA! Y no uno cualquiera, sino un kimono. Y para su horror, ¡uno muy caro!

No tenía idea que esa tela fuera el equivalente de más de 500 tazones de ramen. Es decir, a más de 30 días de visitas a Ichiraku y por lo menos a una enésima cantidad del actual relleno de Gama-chan. ¿Qué hacía ese kimono? ¿Acaso era curativo, anti estrés, se lavaba en seco, tenía equipo ninja integrado o qué? ¡Tal vez volaba! Eso lo haría todo más verosímil.

"Bueno, si por lo menos tuviera un paracaídas podría dejar de quejarme un poco, dattebayo", pensó Naruto al momento de librarse por un pelo de una espectacular caída que lo llevaría con poca ceremonia al suelo. "Estúpido kimono de mierda."

Y es que el rubio, a pesar de haber pasado por innumerables entrenamientos, peleado en incontables batallas e incluso entrenando con los "sociables" hermanos Uchiha, no estaba preparado para semejante experiencia.

Su vestido y los okobo acortaban la longitud de sus pasos y las larguísimas mangas estorbaban demasiado a la hora de dar los saltos para pasar de una casa a otra. Además de que en verdad Naruto se sentía prisionero de su ropa. Y no era una exageración del hiperactivo ninja, es que en verdad estaba siendo cautivo de su propio kimono.

En una de sus maniobras para no caer, había hecho un complicado movimiento que consistía en girar sobre sí mismo en el aire a una gran velocidad. Su objetivo fue realizado, aterrizando a salvo en la azotea de un edificio, pero sin contar que las mangas de su furisode habían volado y girado prácticamente con él. ¿El resultado? Fue una camisa de fuerza colorida y sumamente ajustada.

Ahora, agregándole a eso la incomodidad y el peso del kimono, se las veía duras para seguir huyendo y no caer en el intento, pues sin sus brazos, no podía equilibrarse correctamente a la hora de saltar. También debía recordar no dañar la ropa, pues morir tan joven por pasar semanas de inanición por la falta de alimento no era su mayor meta en la vida.

Así que sin el pleno movimiento de su cuerpo, tenía que ir con todo el cuidado que le era posible para no dar un mal paso, por lo tanto era mucho más lento. A penas se había alejado unos cuantos kilómetros de la torre de la Hokage y eso le preocupaba. Sabía que la testarudez de la rubia le impediría dejarlo ir sin más, por lo que pensaba que tarde o temprano alguien le daría alcance.

"¡Que lo intenten, dattebayo! No me obligarán a regresar, NO, NO y NO." –se dijo obstinadamente, con una mueca zorruna que denotaba su hastío. Detuvo su carrera un segundo más de lo debido en una azotea, para recuperar el aliento ya que respiraba con dificultad. No aguantaría mucho más ese ritmo. ¡Pero no por nada decían que tenía una resistencia mucho mayor a la de cualquier otro ninja, claro que no!

Susurró varios insultos al aire, pues todas sus actuales penas eran por culpa del Kitsune no baka (no todas, pero no lo admitiría). Hacía poco Sasuke había ideado una manera para retener el chakra del Kyuubi en una especie de barrera hecha de la misma energía de su portador. El truco consistía en enviar periódicamente chakra a su estómago cuando no lo estuviera usando, para poder almacenarlo.

El fin de todo esto, era que cuando llegaba el momento de entrenar o luchar podía realizar un jutsu para canalizar toda esa gran energía en la celda del maldito zorro y dejar fuera cualquier intervención suya. Si la energía de contención se agotaba, era por que en verdad se encontraba en problemas, pues tendría que haber utilizado esa misma energía y todo su chakra en la batalla. Era una opción entre un millón, pues debería ser un poderosísimo oponente, aunque si eso ocurría podría usar un poco de su encanto para alentar al Kyuubi ayudara. Aunque ese sería otro cantar.

No era tan difícil para él esa técnica, debido a la descomunal cantidad de chakra que tenía, pero como todo jutsu que demandaba una escalofriante cantidad de energía, había un inconveniente. Cuando llegaba la tarde, todas sus energías se esfumaban por arte de magia y el cansancio se apoderaba de él. No era algo que le agradara en lo más mínimo, ya que no había opción: si no almacenaba chakra de al menos 4 días o pequeñas cantidades en dos semanas, no servía.

Lo único que buscaba al regresar a la aldea era volver a ver a sus antiguos amigos, platicar con ellos y formar parte de su vida nuevamente. Además, claro está, ser el Rokudaime de Konohagure y cuidar a todas sus personas queridas y a los aldeanos del lugar. ¡Lo único que quería era pasar el tiempo que faltaba para su ascenso en relativa calma y paz (por supuesto, con algunas misiones rango S para divertirse), saboreando el delicioso ramen de Ichiraku!

Ni en sus sueños más terribles había imaginado que acabaría así, usando un vestido y unas raras sandalias con sonido de cascabeles incluido, de por lo menos 15 cm de altura, escabulléndose de la vergonzosa misión que le había impuesto la Godaime. "No podría ser peor, dattebayo", se dijo con un cómico gesto de frustración.

Pero como es Naruto, a quien Kami-sama tenía en especial y extraña estima, las cosas no iban a ser tan fáciles. Naruto no contó con que las (para él) sandalias que usaba, no fueran precisamente para huir despavorido de una situación incómoda. Por supuesto que no.

Por ello no pudo hacer nada cuando saltó hacia un edificio, que por cierto estaba más lejos que todos los que había cruzado, y las tiras de sus okobo reventaron… por lo tanto tuvo un mal despegue y por supuesto que le esperaba una gran y casi mortal caída.

Ahora que se encontraba recorriendo los aires, el rubio sintió un vacío en su estómago y en pecho. Lo pudo identificar perfectamente… era pánico. Una emoción bien conocida para un shinobi, pero que Naruto últimamente había reemplazado por una seguridad muy firme, olvidando los viejos temores al ya no sentirse débil. Pero era más bien un susto al descubrir que no podía hacer nada para evitar el descenso. Estaba demasiado agotado.

"Deberá de doler mucho, ttebayo. No era un plan visitar tan pronto el hospital." –pensaba mientras la gravedad lo impulsaba siempre hacia abajo.- "En el peor de los casos podría morir, pero no lo creo. No suena mal, porque Tsunade-obachan me convertirá en Hokage honorario y esculpirá mi cabeza en el monumento de piedra. Sin embargo sería algo patético que muriera de esta forma tan fácil, después de todo lo que he pasado. No lo sé, sólo me queda esperar a que me encuentren a tiempo. Gracias a los cielos que estaré muy dormido como para sentir el dolor." –se dijo mientras se resignaba a caer, cediendo completamente a la fatiga.

Aunque antes de ser invadido por la somnolencia, le vino a la mente algo tonto que había comprobado esta tarde, algo estúpido de pensar en esos cruciales momentos. Tal vez y su cerebro ya no funcionaba correctamente… quizá se le habían freído todas sus neuronas en consecuencia del estrés. Ni idea.- "Lo lamentable es que si muero… no le podré decir a Neji que le queda bien su traje ANBU, ttebayo. Y por supuesto que me hubiera atrevido." –Fue uno de sus últimos pensamientos, antes de ser presa de la oscuridad y caer directamente a los brazos de Morfeo.

Qué raro. Pudo jurar que sintió cómo unos brazos lo acogían con gentileza. Será mi imaginación.

Naruto pronto sabría que no fue precisamente Morfeo quien le prestó sus servicios.

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Pocas veces Tsunade-hime podría asegurar que realmente estaba furiosa.

La mayoría de las ocasiones era sólo un odio fugaz, una ira momentánea o un enfado pasajero que se esfumaba sólo con romper algunos huesos del idiota, iluso y extremadamente insensato ser que había osado a probar su carácter poco… sereno.

Sin embargo, en esos momentos no sería para nada inteligente usar la violencia para arreglar el problema que había desatado la cólera que en ese instante ardía en sus entrañas. ¡Que ironía! ¿Cuántas veces le dijo a Naruto que NO era correcto matar a un cliente, a pesar de lo muy irritante que éste fuese?, sin duda alguna, no daría un buen ejemplo si iba directamente hacia el sujeto que en ese preciso momento osaba darle órdenes… estando en su propio despacho. Sería incorrecto golpear varias veces con sus puños el rostro del más importante cliente de Konoha, darle una patada en el culo o tomar un kunai y practicarle una pequeñísima, pero muy significativa operación quirúrgica, la cual seguro recordaría TODA su vida.

De una u otra forma lo mataría, pero sería después, porque justo ahora no podía darse el lujo de matar a Yasushi Kisuya, ya que si lo pensaba bien… su oficina es un lugar que debe permanecer impecable, así no quería mancharlo con la sangre y las vísceras de un tipo tan despreciable como él.

-Espero que todo haya quedado claro. –la voz arrogante se elevó entre el silencio de la habitación. El hombre sonrió ante el estado estupefacto de los ninjas ahí presentes, pero lo que más gracia le causó, fue ver toda esa furia contenida en los ojos de la líder de la Aldea de la Hoja.

-Transparente. –siseó la Godaime y se sintió tentada a dar un golpecito al suelo con su talón y observar cómo la tierra se tragaba al insoportable regente, pero… costaría mucho reparar la torre del Hokage, además, tenía ya suficiente con el daño que ya le había hecho Naruto, así que se lo pensó mejor e hizo un esfuerzo sobrehumano para controlar sus instintos asesinos.

-Me alegro por ello. Mandaré a las instructoras mañana mismo y no olvide que vendré dentro de un mes para ver los avances que han hecho. No soportaría que me decepcionara de nuevo, Hokage-sama.

Tsunade apretó fuertemente sus puños e inclinó la cabeza en señal de entendimiento. El demacrado hombre le correspondió el gesto y rápidamente salió por la puerta del despacho, seguido por dos ninjas personales que velaban por su seguridad. Ni bien se cerró la puerta, la rubia se levantó bruscamente, con una muy visible vena de su sien que amenazaba con estallar.

-¡KUSO! ¿QUÉ SE HA CREÍDO ESE MALDITO HOMBRE? –rugió perdiendo el control y dando un certero golpe, partiendo el escritorio a la mitad. Shizune se mordió el labio, pero trató por todos los medios de tranquilizarla.

-Hokage-sama… no pierda la cabeza. ¡Tranquilícese por favor!

-¿Cómo quieres que me tranquilice sabiendo que ese imbécil ha puesto en peligro la misión? –susurró con tono peligroso. Todos los presentes tragaron saliva con el temor del siguiente movimiento de la temperamental Godaime. Respiraron con alivio al ver que ésta se sentaba pesadamente y sacaba del roto cajón una botellita de sake. La verdad es que era mejor verla ingerir alarmantes cantidades de alcohol, antes que tratar de detenerla para evitar que destruyera la oficina.

-Tsunade-sama, no todo está perdido todavía. –dijo Kakashi, quien volvía a sacar su Icha Icha Paradise.- No dejemos que la inesperada visita del regente nos deprima, un mes es suficiente para aprender el nobilísimo arte de ser geisha. –su voz sonaba segura, pero la Hokage lo miró como si estuviera loco.

-¡Tal vez para ti sea suficiente! ¡Pero Naruto necesita un entrenamiento especial! ¡Un mes no será suficiente para aprender a ser una verdadera maiko y obtener la experiencia necesaria! ¡Todos sabemos que Naruto es… es… ya saben, un poco despistado! –dijo con tono poco convincente. Era del conocimiento de todos que lo que verdaderamente quería decir era "torpe" o "incapaz de concentrarse", claro… sin el afán de ofender al ninja número uno en sorprender a la gente.

-No subestime a Naruto, Hokage-sama. –Esta vez fue Sasuke quien intervino.- Naruto es un dobe, pero cuando se propone algo, lo consigue. –Todos estuvieron de acuerdo, pero la rubia suspiró sonoramente.

-Lo sé, yo más que nadie estoy consciente de lo que ese pedazo de baka es capaz de hacer, pero recordemos que el entrenamiento de una geisha dura más de 3 años, tendríamos que programar un entrenamiento intensivo, eso… ¡Sería pedirle a Naruto que estudie las artes de las geishas los 7 días a la semana, durante mínimo 8 horas diarias, durante un mes completo!, además, yo pensaba que el regente iba a ser un poco más accesible. Contaba con que por lo menos nos mandara a 20 geishas para que instruyeran a Naruto y que nos diera como mínimo un plazo de tres meses para completar la misión. ¡Y ahora viene y nos dice que sólo nos ayudará con cuatro!... ¡CUATRO!

-Será todo un reto, con un número tan reducido de geishas no podríamos utilizar el Kage Bunshin en forma masiva. –observó Kakashi.- Pero no olvidemos que Naruto es el ninja número uno en sorprender a la gente, debemos confiar en él.

La Hokage asintió, quedándose ya sin palabras. Bebió otro sorbo de sake.

-Pero no hay que hablar a la ligera. –Sakura se acarició la barbilla con preocupación y miró hacia la pared destruida del despacho.- Todavía falta que Naruto acepte ser parte de la misión. Espero que Neji pueda traerlo de vuelta.

Tsunade sonrió siniestramente, ocasionando el desconcierto de casi todos.- No se preocupen, aceptará. Naruto siempre ha sentido cierta debilidad por ayudar a las personas y su empatía servirá de mucho en estos momentos, además de que ahora contamos con un factor muy convincente. –afirmó la rubia, riendo débilmente y con un brillo de picardía en los ojos.- Estoy segura de que este mes será muy interesante.

La última parte de su diálogo fue un misterio para muchos de los presentes.

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Sentía el aire frío golpear contra su rostro, junto con cierta calidez que envolvía el resto de su cuerpo. La cabeza de Naruto estaba recostada contra un hombro desconocido y pudo percibir que unas fuertes manos lo sujetaban con firmeza por debajo de sus muslos. Alguien lo llevaba en brazos.

Recordó súbitamente lo último que había ocurrido en el despacho de Tsunade, pero estaba tan cansado que no tuvo fuerzas para hacerle frente, aunque tampoco era como que quisiera oponer resistencia. Lo llevaban de regreso y él sabía que estando como estaba de agotado no podría huir nuevamente, además… era agradable. Así que no abrió los ojos y se dedicó a seguir dormitando en aquellos desconocidos brazos. Hacía mucho tiempo que no tenía ese tipo de contacto tan cercano con otro ser humano… en antaño, sólo contó con los abrazos paternales de Iruka-sensei, y aunque en ese momento no tuviera fines tan sentimentales, no pudo evitar disfrutarlo.

El extraño era veloz, y por lo que no pudo evitar preguntarse a quién había enviado Tsunade-obachan para llevarlo de regreso, aunque no pasó por alto que había cierta familiaridad proveniente del extraño. No cualquiera optaría por llevarlo en brazos, en vez de sujetarlo como si fuera un saco de papas. Tal vez eso era porque así lograba que no arrastrara el kimono.

Por un momento sintió que su captor se detuvo para acomodarlo mejor y colocar su cabeza un poco más cerca de su cuello, fue ahí cuando un conocido aroma masculino inundó su nariz y no pudo impedir que una ligera sonrisita se dibujara en su labios, ahora entendía por qué aquellos brazos se le hacían tan conocidos. Hacía varios años que había estado entre ellos, siendo casi un niño, pero tal sensación era algo que jamás olvidaría.

-Si no estuviera tan cansado y apresado por mi propia ropa, ten por seguro que no te lo iba a poner fácil… Neji. –dejó salir Naruto, sin poder evitarlo. El cuerpo que lo cargaba se tensó un poco y supo que el Hyuuga lo miraba a la cara.

Abrió sus azulinos ojos y se encontró con los perlados de Neji, quien lo observaba con cautela.

-De eso no me cabe la menor duda, no obstante debo admitir que me intriga que el imparable ninja cabeza hueca de Konoha se encuentre sin energías. –Naruto se revolvió algo incómodo entre sus brazos, Sasuke le había prohibido revelar su nueva técnica, pero no le gustaba mentir, además… curiosamente, no se le antojaba mentirle al Hyuuga por ningún motivo.

-Etto… es culpa de Sasuke-baka, ttebayo. –balbuceó evitando su mirada. Neji entrecerró los ojos por unos segundos, apretando la mandíbula, extrañamente la declaración del rubio se le hizo… desagradable.- Antes de venir, el teme y yo entrenamos arduamente, e Itachi no me dejó descansar en todo el camino de regreso. –En parte era verdad, así que volvió a conectar sus impetuosos ojos azules con los blancos pacíficos, que ahora le prestaban curiosos su atención.- Uso un nuevo jutsu que gasta mucha energía. Así que por el momento te dejaré que me trates como una damisela en peligro, con tal de que no se lo digas a Sasuke.

Neji esbozó una diminuta sonrisa al ver que el rubio se acomodaba mejor entre sus brazos para seguir durmiendo. Un cosquilleo lo tomó por sorpresa, más lo atribuyó al frío que comenzaba a sentirse en el ambiente, no pensó en otra cosa. Observó la lejanía y calculó que ya faltaba poco para llegar a la torre Hokage. La luna ya estaba en el cielo y la oscuridad dominaba completamente la intemperie. Emprendió de nuevo el camino, no sin antes darle un vistazo al semblante cansado del hiperactivo ninja.

-¿Sabes? Ahora que lo pienso, no importa si se lo dices o no al teme. Seré de verdad una damisela en estos días, así que inevitablemente me fastidiará con eso. Parece que el destino está empeñado en hacerme la vida imposible, ttebayo. –dijo de forma somnolienta, pero audible para el castaño.

De pronto, Naruto se vio depositado en el suelo con algo de brusquedad y observó cómo los pálidos ojos del Hyuuga lo contemplaban desde cierta altura con algo de disgusto.

-Naruto, no hables del destino a la ligera. Pensé que lo tenías presente siendo tú quien me enseñó esa lección hace varios años. –el ojiazul lo miró confundido, para luego bajar la cabeza. La levantó para regalarle una titubeante sonrisa zorruna, mientras trataba de restarle importancia al asunto.

-¡Sólo bromeaba, Neji! ¡No me hagas caso, dattebayo!

El joven lo miró por unos segundos, receloso. Pero el gesto cambió rápidamente a uno abatido, sentándose al lado suyo sin mucha ceremonia.

-Sé que esto no es fácil para ti. Incluso comprendo que no quieras ir a la misión, ya que la idea de Shikamaru es algo… enredada. Pero lo he analizado y no encuentro otra manera para entrar a la Casa de Té sin parecer sospechosos.

A Naruto le pareció que habían cambiado a Neji por un extraño. Su manera de actuar no era normal. El Neji que recordaba era rápido para tomar decisiones, era objetivo, frío e inalterable. El Hyuuga nunca pasaba el límite de misión-sentimientos, como muchas veces le ocurrió a él. Era por eso que el ojiblanco era un excelente shinobi.

Pero ahora se hallaba preocupado y altamente frustrado por la sola idea de no poder hacer nada para completar la misión y eso despertó su curiosidad.

-Tú estuviste en el equipo de Shikamaru, ¿neh? –Neji fue despertado de sus pensamientos y asintió levemente.- Entonces… tú viste claramente cómo eran tratados esos dos chicos, dattebayo. Yo… nunca te había visto tomar parte de una misión de esa manera tan emotiva. –Naruto rió quedito cuando Neji le volteó la cara, enfadado.- ¿Qué te hizo reaccionar así, dattebayo?

El ANBU bajó la cabeza, aun sin mirar al rubio. Se sentía nervioso ante la mirada sincera e inocente de Naruto, no sabiendo qué responderle, o más bien, sin saber qué esperaba Naruto que le respondiera. No era su don hablar a los cuatro vientos sobre su estado de ánimo, sobre sus sentimientos o sobre todo lo relacionado a su interior. Compartir su dolor no era lo suyo e intuyó que para Naruto tampoco, pero algo en esa mirada curiosa lo debilitó momentáneamente.

-Ellos… esas personas estaban ahí, sin poder hacer nada, sin poder defenderse. Ese maldito imbécil los trataba como basura, los humilló. Y ambos se resignaron a ese destino, a ser prisioneros, tal y como lo hice yo antes de que me patearas el trasero en el examen chunnin. –la mirada orgullosa de Naruto hizo sonreír a Neji y se alegró de que el rubio entendiera su agradecimiento con esas simples palabras.

El ojiazul se encontraba maravillado de escuchar al genio de los Hyuuga. El estar ahí con él, sentados en un techo bajo el resplandor de la Luna era algo inédito, irreal. Sin embargo estimulante, agradable. Se sentía… importante. Además ya hacía varios años que la luz de los ojos de Neji había cambiado para bien y estaba seguro de que en esos momentos el Hyuuga se encontraba confundido, viéndose así mismo en aquellos dos jóvenes de la Casa de Té.

-Te sentiste identificado con ellos dattebayo. Quieres ayudarlos a salir de ese infierno, hacerlos conocer algo mejor, ¿neh? ¡Pero no puedes hacerlo todo tú solo, dattebayo! ¡No dejaré que te lleves la mejor parte!, además… necesitas de alguien poderoso, inteligente y genial para que puedas convencer a esos jóvenes de ver de forma diferente la vida. –dijo mientras con los ojos cerrados, asentía con la cabeza varias veces.

Para agregar más a la increíble escena de entendimiento de aquellos dos, un impulso se apoderó de Neji, un irremediable descontrol que creció cuando descubrió lo gracioso que se veía Naruto, con las mangas del furisode haciendo las veces de una improvisada camisa de fuerza.

-Tienes razón. –dijo cediendo ante el nefasto sentimiento.- Lo mejor será llevarme a Sasuke conmigo. Estoy seguro de que él cumple con la mayoría de las características descritas.

Los ojos de Naruto se abrieron confundidos, para que después el rostro se contrajera en una mueca de indignación y por varios segundos el aire se llenó de su escandalosa voz.

-¡Eres horrible, Neji! ¡Todavía que quiero ayudarte y sales con tus comentarios hirientes, pedazo de bastardo ingrato, me caes mal ttebayo!

El Hyuuga se permitió una verdadera sonrisa sincera, lo que hizo que el rubio dejara la pose de enfado. Era agradable que le tomaran el pelo de forma cariñosa, sin ofensas altamente despectivas de por medio. Naruto le obsequió una sonrisa deslumbrante, sincera y burlesca, a la cual Neji contestó con un poco más de seriedad.

Pasaron varios minutos, observándose, sintiendo la brisa nocturna y notando cómo poco a poco la atmósfera se cargaba de algo que ninguno de los dos pudo describir. Tardaron más de lo necesario para recobrar la compostura y tal momento, fue rápidamente repelido y olvidado por ambas partes.

Neji se levantó, ayudando también a Naruto, quien estaba imposibilitado de ponerse en pie por sí mismo por culpa del odioso kimono.

-Entonces… ¿aceptarás ir a la misión? –el ojiblanco lo miró serio y el rubio no pudo decir que no. Su orgullo, y el hecho de que al mismo tiempo Neji lo necesitara, no lo ayudaban precisamente a negarse.

-¡Claro que iré! ¡No retractaré mis palabras! ¡Ese es el camino para ser Hokage, dattebayo!

El joven ANBU sonrió nuevamente, asintiendo con la cabeza. Tomó gentilmente entre sus brazos a Naruto y giró el cuerpo hacia la dirección donde se encontraba el despacho de Tsunade-obachan. Exhaló el aire retenido e hizo algo que el kitsune jamás olvidaría…

-Gracias, Naruto.

La impresión se unió con la sensación de despegue y no pudo evitar abrir ligeramente la boca. Pero otro pensamiento se apoderó de su mente al ver que la luz de la Luna daba de frente al terso rostro de Neji, quien se concentraba para saltar de techo en techo y no caer. Tragó saliva y decidió que vestirse con kimono, maquillarse e incluso llevar esas peligrosas mangas, eran el justo precio por observar a su compañero con el semblante tan relajado como ahora. Se veía lindo.

Un antiguo recuerdo lo volvió a la realidad y sonrió maléficamente. La venganza no era lo suyo, pero no pudo resistirlo.

-¿Sabes, Neji? No pude evitar pensar que… te ves apetecible con ese traje ANBU.

El rostro del Hyuuga se tornó de color granate y a la mañana siguiente muchos aldeanos se preguntaron unos a otros si escucharon una cristalina risa que retumbó por aquel vecindario de Konoha… y por muchas calles a la redonda.

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Glosario:

Okobo: Los okobos son sandalias tradicionales japonesas usadas por las maiko, es decir, las aprendices de geisha, similares a las getas y a los chapines que estuvieron de moda en Venecia durante el renacimiento. Los oboko están hechos en un solo bloque de madera tallada y tienen una suela muy alta similar a una cuña excavada en la parte anterior del pie, parte que por tanto no apoya en la tiera normalmente y se unen al pie mediante una tira posicionada en el centro de la parte anterior de la suela.

Normalmente, la pieza de madera no está pulida o se pule de modo natural, dejando por tanto el color original de la madera pero durante el verano las maiko llevan los okobo lacados en negro. La cinta solo es de color rojo para las nuevas maiko mientras que es amarilla para las que están a punto de acabar su aprendizaje.

Los okobos, a diferencia de las getas, no se llevan con los yukatas sino con los kimonos más formales. Los okobo son llamados también pokkuri y koppori y los llevan también las chicas más jóvenes además de las maiko. Estos nombres derivan del sonido que producen estos zapatos al contacto con el suelo.

Furisode: El furisode, 振袖; es un tipo de kimono, que como su nombre indica, "furi" de balancear y "sode" mangas, su característica principal es la longitud de sus mangas que llegan casi al suelo.
Es llevado por las mujeres jóvenes no-casadas y en ocasiones muy formales, como en la celebración de la mayoría de edad "seijin no hi", en casamientos de familiares, en la ceremonia del té (aunque pueden llevarse otros tipos de kimono), las mangas largas también son una característica de otros tipos de kimono como el uchikake (sobre kimono de boda), kakeshita...siempre relacionados con mujeres jóvenes.
Los furisode actuales suelen estar relegados como he comentado antes para celebraciones formales, llegando a ser muy elaborados y caros, por eso actualmente las chicas que quieren llevar furisode en su celebración de mayoría de edad los alquilan, ya que si los compraran sus familias podrían gastar más de un millón de yenes en él.
El furisode para que nos entengamos tendrían un significado en el japón actual como los vestidos de puesta de largo de algunas culturas de occidente.

Notas finales:

…. He de ahí de los exagerados tazones de ramen. Aunque creo que me quedé corta jajajaja

Bueno, al fin las contestaciones de los reviews "anónimos" n.n

Phoenix:

Jajaja Pues sí, Kakashi es la "hermana mayor" de Naru. Como es tan inteligente (además de que lo quiero poner sin máscara) no pude evitar escogerle ese papel. Él será la geisha experimentada, la que debe ayudar en su educación. Además admito que será divertido ver, como tú dices, su lado femenino XD. Y etto… con respecto al SasuSaku… pues sí me agradan estos dos e implícitamente iba a insinuar que estaban juntos, pero como he recibido varias quejas al respecto (XD), me lo pensaré. Pero no es mi intención escribir algo de ellos, pues este fic es de Naru y Neji (más las parejas agregadas). Y ya somos varias que pensamos que Naru es lindo, neh? Es inevitable. Muchísimas gracias por seguir la historia! Besotes.

Sayukira:

Gomen, gomen, gomen, gomen!! -.- Otra vez la misma historia de no actualizar a tiempo. Pero a pesar de que ya me he puesto de acuerdo con mi beta, la escuela no me da el tiempo que yo suelo dar para redactar un capi. ¡Pasó un mes! Uno muy rápido a mi parecer… pero bueno, gracias por leer!!

Yari-Iray:

¡Qué bueno que te gustó el tercer capi! Ya pondré en el siguiente a Kakashi y a Naruto vestidos completamente de geisha, es decir, con maquillaje y todo . ¿Se verán lindos, neh? Ya me los imagino jajajaja. ¡Gracias por el comentario! Cuídate y suerte.

Y a todos los demás que leer, muchísimas gracias por seguir y esperar mí atrasada actualización. Pero yo salgo este mes de la escuela y me están cargando las cosas. Como voy para universidad… aparte el examen, pero bueno, me las arreglaré.

Nos vemos en el siguiente capi titulado: "Disciplina".

El glosario fue obtenido de wikipedia y de un blog llamado Arashinokimono. Pueden buscar información por web si no les queda del todo claro. Besotes.

Namarië!