Pido disculpas por la tardanza, la tablet decidió suicidarse unos días.
Advertencia: THORKI/LEMON.
Aclaraciones: Me he puesto un poco histórica, ¿Soy la única que piensa que Loki es una perra sádica lujuriosa? Loki/Loke.
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4
Cuando Loki Laufeyson se despertó luego de haber estado un par de horas inconsciente, se vió desnudo en la cama. Pero no cualquier cama, estaba completamente sólo en su antiguo aposento en el palacio real asgardiano. El cuerpo le dolía como si una bestia le hubiera pasado por encima, casi como si Hulk nuevamente hubiera decidido enseñarle de cerca el piso unas cuantas veces.
Levantándose un tanto mareado, fué a lavarse la cara tambaleándose levemente. Viéndose en el espejo prácticamente no se sorprendió al comprobar los cardenales que marcaban casi cada centímetro de su piel o las impresiones de manos en sus caderas. No quería pensar demasiado en el asunto, luego tendría tiempo para ello, por el momento sólo tenía que salir de allí.
Algo que le resultó extremadamente fácil al tomar forma de soldado. Al atravesar los pasillos, se cruzó con el príncipe de los dioses, ambos se miraron, pero el mayor tardó unos segundos en reconocerle, cuando por fin lo hizo, era demasiado tarde, Loki ya había desaparecido. Sabía que era inútil buscarle.
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Pasaron días y el dios timador no apareció. Nadie le había visto. Thor ya estaba perdiendo la razón, quería verle, más bien, estaba loco por verle. Aunque le costó asimilar que se había acostado con él, lo sabía desde el principio. Aun así, no se había percatado completamente de lo que sentía. Lo amaba, más que a sí mismo, sabía que daría la vida y todo por él. Pero siempre pensó que era un amor fraternal, sólo ansias de protegerle. La sola idea de haber traspasado esa barrera le confundía e incomodaba.
Sólo por casualidad luego de librar una batalla en Jotunheim, mientras celebraba con los guerreros la victoria, le vió una vez. Al fondo de la taberna, totalmente ebrio, riéndose a carcajadas, acompañado por varios hombres y mujeres. Cuándo éste en su embriaguez distinguió al rubio entre la multitud, cambió su expresión de gozo a molestia en un segundo. El hijo de Odín y de Jörd se acercó gritándole, pero al llegar al sitio, se había escurrido nuevamente.
Su disgusto se atenuaba cada vez más.
Una noche en la que no podía conciliar el sueño, dando un paseo por los alrededores, se percató de un guardia que se desviaba del camino habitual. No caería dos veces en la misma trampa. Siguiéndole sigilosamente, observó cuando el hombre armado entró en una de las bibliotecas. Ya no podría escapar. Corrió y al entrar se encontró al villano rebuscando entre los libros de las estanterías. Fué demasiado tarde para él, antes de darse cuenta, el sometedor de gigantes le tomó fuertemente por el brazo, arrinconándole contra la pared.
- Hola Thor - sonrió sin mostrar alteración - ¿no puedes dormir?
El dios del trueno estaba colérico aunque ignoraba la razón. Cuando abrió la boca para responderle Loki se abalanzó sobre él con un movimiento. El rubio esperaba un golpe, pero para su sorpresa recibió una mordida en el labio, seguida por el inicio de un beso casi desesperado, al que no se sintió en absoluto obligado a corresponder. Agarrando ambas manos del menor e inmovilizándolas contra la pared, tomó el control del otro en un afán desesperado por dominarle.
Luego de segundos en los cuales sus mentes dejaron de trabajar para dejar que sus instintos tomaran el control, el pelinegro apartó al otro con toda su fuerza.
- No podemos continuar con esto - tomando el libro de Frigga que buscaba para luego salir del lugar.
El mayor le siguió apresurado por los pasillos, volviéndole a arrinconar de un sólo empujón, continuando el beso en el que se habían quedado, algo estaba calentándose muy rápidamente dentro de su cuerpo.
- Tenemos... que hablar hermano - separándose para tomar aire en el momento en que dos guardias venían en dirección contraria charlando y riendo.
- ...restaurante Mika, Midgard... Holanda, siete, pasado mañana.
Era su momento para escapar, aprovechando la distracción, se escabulló del agarre del otro, esfumándose ante su mirada.
- ¿Pasa algo Señor? - inclinando el rostro ante el heredero, comentaron los guardias al aproximarse.
- No, descuiden. Lamentablemente no, no pasa nada.
Cuando por fin el maestro del engaño estuvo fuera del lugar, tuvo que apoyarse en un muro. Estaba acelerado con la vista nublada, se sentía arder y temblaba ligeramente. Un simple beso lo había puesto así, destrozándole los sentidos, apoderándose de él, ignorando cualquier otro sentimiento u oscuridad de su alma. Si daba un paso más hacia él, sabía que no habría vuelta atrás.
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Para Thor Odinson ese día de por medio fué un verdadero suplicio. Besarle sólo había despertado sus más intimas fantasías. Quería desnudarle, tocarle, doblegar su terca voluntad. Esos deseos se estaban calando en sus huesos cada vez más, pero por los momentos sólo podía aguardar mientras buscaba ocupar su mente en alguna otra cosa.
El día pautado llegó con horas de antelación a la tierra. Fué a una tienda departamental, y mientras las vendedoras se dividían entre las que se admiraban o asustaban, buscó ropa adecuada. Se decidió por una camisa de vestir negra combinada con un jean del mismo color. Una dependienta le ayudó a escoger la ropa, pensando que era algún tipo de fetichista arrepentido. Entró en el restaurante con una hora de antelación, reservando una mesa, sólo le quedaba esperar.
Mientras pensaba en todos los giros por los que había atravesado la agridulce relación con su hermano, éste llegó. Llevaba un pantalón de vestir, camisa verde olivo y un blazer enrollado hasta los codos, sobre el cual llevaba una bufanda suelta a ambos lados. Se sentó frente a él sin decir nada y comenzó a leer la carta.
- Loki...
- La comida de este mundo es tan simple ¿no lo crees? - bajando la cartilla, haciendo una mueca de disgusto.
- Hermano, no puedes ignorarme por siempre.
- Claro que no - chasqueando la lengua al tiempo que negaba con la cabeza - pero, puedo hacerlo por los milenios de vida que me quedan.
- No puedes huir de mí por siempre.
- No estoy huyendo.
- ¿Entonces? - preguntó al momento que les servían copas de vino tinto.
El aludido se dignó a abordar el tema mientras ordenaba. Se acomodó en el asiento y se inclinó hacia el otro frunciendo un poco el ceño, bajando el tono de voz al hablar.
- ¿Qué quieres "Oh poderoso enemigo de la serpiente de Midgard"? Dime, ¿Qué es lo que siempre haz querido? - tragó y continuó, cómo si estuviera ordenando las interrogantes - Ambos sabemos lo que pasó, pero ¿Y eso qué? Crees que como haz descubierto una nueva faceta de ti mismo ¿Algo debería cambiar entre los dos? - escupiéndole las palabras mientras un nudo se formaba en su garganta.
- Siempre te he querido a ti.
- No, no es cierto. Siempre haz querido ser el hijo y hermano perfecto. Así que a fin de cuentas no te diferencias en gran medida de mí. - al no recibir respuesta continuó - En este momento soy un dios desterrado, que vaga por los nueve mundos, deseando gobernar a toda la humanidad y ser el amo de todo, eso no ha cambiado en absoluto.
Luego de hacer una pausa por algunos segundos, el rubio respondió.
- Realmente te admiro por tu capacidad de complicar hasta las cosas más sencillas "Oh poderoso creador de monstruos" - bufando cómo si la charla del otro le aburriera - Sé como eres hermano, sé lo obstinado, antipático, egoísta que eres. Siempre te he aceptado, tal cual. ¡Por Odín, claro que lo sé, crecimos juntos! - viendo que el otro quería contradecirle, continuó - No quería esta conversación para esto. - suspiró - Sólo no puedo sacarme la idea de haberte poseído, cada vez que pienso en ti, tengo deseos de dominarte, tenerte debajo de mí, hacerte llorar como a una virgen.
- Yo... - desviando la vista a otro lado en un intento desesperado de ocultar su vergüenza.
- Sólo quiero saber si soy el único. Si a ti, todo esto te resulta asqueroso y desagradable, no insistiré más, tampoco te buscaré. Sabes que siempre podrás contar conmigo, sabes que aunque no pueda confiar completamente en ti, nos une un lazo de hermandad, que ni tú puedes negar. - colocando algunas monedas de oro en la mesa - No tengo nada más que decirte, hablamos cuándo me tengas una respuesta, si es que llegas a tenerla, claro.
Levantándose dejó allí a un dios rogándole con la mirada que no se fuera, pero que no teniendo palabras para responderle, le rechazaba físicamente. Exhaló y salió. Cuando iba cruzando la esquina a punto de ser transportado nuevamente a Agard, alguien se materializó frente a él. Era el mago de las mentiras, que con cierto brillo en los ojos le imploraba, fijando la vista en los suyos, intentando así transmitir sus sentimientos, pero que un orgullo mucho más fuerte que su voluntad, no le dejaba.
El mayor se deshizo frente a ese rostro suplicante. Halándole hacia sí le besó con toda la ternura que pudo, a lo que el menor se tensó, aunque de igual forma le correspondió dócilmente. Apartándose de pronto, el rubio esbozó una gran sonrisa al tiempo que alzaba una ceja interrogadora.
- ¿No te gustan los trucos hermano?
- ¿Por qué...? - dándose cuenta de haber caído en la trampa - ...desgraciado - mudando el rostro a una expresión de odio - morirás hoy maldito.
Su hermano no tuvo tiempo de responderle porque un destello cegador les absorbió llevándoles directamente al monárquico palacio Bliskirnir. Allí, el dios del trueno le condujo directamente hasta una de sus poco modestas 540 habitaciones, halándole del brazo, un lugar inmenso que no reparaba en sencillez alguna. Si el dios morfológico tenía intenciones de replicar, el otro no se lo permitió. Recién cerradas las puertas, el rubio lo pegó contra las mismas procediendo a tomarle por las mejillas, ahogándole con su boca. Cuando se hubieron separado ambos estaban agitados, con el pulso a mil por segundo, respirando pesadamente.
- Te odio.
Thor le arrancó toda la ropa en varios tirones, dándole un jalón para empujarlo sobre la cama. Echándose sobre él, le mordió el cuello hasta que el otro chilló de dolor.
- Mentira, me amas.
Respondió sin perder la concentración en lo que hacía. Estaba absoluta y enteramente dopado con el cuerpo del menor. Esa piel pálida e inmaculada le rogaba que la marcara, que la manchara con su boca, con sus dientes. Esos pezones rosa pastel se endurecían al contacto de sus labios bajo el efecto de sus mordidas, jalándolos.
- ...me engañaste imbécil.
- A un ser tan maléfico como el dios traicionero que eres no se le puede engañar, sólo te di una excusa para que fueras sincero contigo mismo.
Y agarrando al menor por la cadera lo volteó de tal forma que quedó con la cara contra los almohadones, al mismo tiempo que le alzó la cadera poniéndole a su completa disposición. El pelinegro al verse completamente a merced de su hermano, hizo ademán de voltearse pero éste se lo impidió dominándole por los muslos.
- ¿Qué mierd...?
Protestando aún, una mano comenzó a acariciarle la entrepierna, tomando su miembro y escroto, masturbándole. Loki gráficamente mordía la almohada mientras los gemidos se agolpaban en su garganta, hasta que sintió cómo el otro le separaba los glúteos, sin pausa, algo húmedo, puntiagudo, empezó a acariciarle la entrada. Todo su cuerpo se estremeció al darse cuenta de qué era la lengua de Odinson, lamiéndole, introduciéndose repetidas veces en su intimidad. Las blasfemias que se abrían paso en sus cuerdas bucales eran calladas por sus propios gemidos lujuriosos, ahogados contra las sábanas.
Cuando pensó que se correría, el rubio le jaló de tal forma por los brazos que quedó encima, de frente hacia él. Al ver a su hermano acostado, y viéndose él sentado en su abdomen, no tuvo que utilizar demasiado su notable imaginación o elevada inteligencia para caer en cuenta de lo que el otro planeaba.
- No me jodas... bastardo.
Pero su desacuerdo no fué tomado en cuenta. Dos grandes manos le tomaron fuertemente por el trasero, y con un sólo movimiento entraron en él. Su rostro se contrajo en una mueca de dolor, y las lágrimas se escaparon de sus ojos. Perdió la fuerza, teniendo que apoyarse en el pecho de ese hombre que le estaba manejando a su antojo. Ese hombre que estando frente a él le estaba invadiendo completamente, quién le miraba con deseo. Esos ojos azules que le devoraban lentamente, esa boca entreabierta que había probado lo más privado de él. Tuvo que desviar la mirada porque si bien su cabeza hacía rato había dejado de procesar la situación, su cuerpo reaccionaba como efectivamente el otro quería, como lo que era, un virgen sino hubiera sido por él.
- Mírame hermano.
- No me digas hermano en una situaci...
- Lo siento Loke, me moveré.
Antes de terminar de replicar, sintió como le embestían desde abajo, al tiempo que las manos del poseedor del Mjöllnir, aferrándose a sus caderas, le presionaban contra su entrepierna, entrando cada vez más, más profundamente. Varias estocadas después dios del caos estaba literalmente babeando de placer, arqueando la espalda hacia adelante, apoyándose en el copete de la cama, sudando, temblando, con la mirada llorosa totalmente perdida, con el cabello despeinado, húmedo, adhiriéndosele a la cara y al cuello, dando rienda suelta a sus quejidos.
Para el gobernante del cielo no era diferente, sí en algún momento habría pensado en la expresión sexual del menor, sus pensamientos no equivalían ni a un mínimo porcentaje de la realidad. Ese ser celoso, sarcástico, malicioso, y pedante, a quién llamaba hermano, era el mismo que sobre él se estremecía, hundiéndose ante la morbosidad de su propio cuerpo. Quería llenarle, tanto la mente como el cuerpo, y es lo que hizo, segundos después.
Una sacudida agitó a un hombre que sentía algo caliente desbordándose dentro de su cuerpo. Cerrando los ojos, abriendo la boca con una sádica sonrisa, arañando el torso del otro se entregó completamente a ese éxtasis, llegando al clímax, relamiéndose los labios, saboreando el momento en su totalidad. Pero, en vez de calmarse, fué poseído por la excitación del momento, mordiéndose el labio inferior reflejando felicidad, apoyándose en el pecho del mayor, comenzó a mover las caderas de arriba hacia abajo lentamente, tragándose al otro, absorbiéndole, apretándole.
El rubio monarca no pudo soportarlo, perdió la poca compostura que le quedaba. Empujando a su excitado hermano, le tiró sobre la cama, éste a su vez habiendo al fin renunciado a la vergüenza, descaradamente le invitó al abrir las piernas, enrollándolas en su cintura, haciéndole prisionero de su propia concupiscencia. La habitación se llenó nuevamente de los sonidos sucios del sexo, los crujidos de la cama y los gemidos del dios con lengua de plata, hasta que éste último fué inundado una segunda vez.
Sus cuerpos se comunicaban perfectamente, de forma que ambos se entendían sin necesidad de pronunciar palabra alguna, mostrándose mutuamente una casi imperceptible sonrisa. Los besos y caricias volvieron a comenzar.
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Luego de percatarse de que el otro no estaba a su lado, lo primero que vió el heredero asgardiano al despertar fué a un hombre delgado, completamente desnudo, de tez pálida como el papel y de apariencia delicada, cuyo único toque de color era ese cabello negro azabache; sentado en el ventanal, con la mirada pérdida en algún punto del horizonte. Un cuerpo que había sido suyo incontables veces esa noche, entregándose a él tanto cómo sus fuerzas le permitieron.
Se levantó con pereza, yendo hacia el maquiavélico dios, abrazándole por detrás, estampándole un beso en la mejilla, susurrándole un "buenos días" al oído. Éste solamente le miró de reojo, recostando la cabeza en su pecho, procediendo a señalar un punto en la lejanía.
- Solíamos jugar allí cuando niños, siempre haz tenido ese complejo de hermano sobreprotector.
- ...Y tú haz sido tan testarudo, fraudulento, egocéntrico, mentiroso desde siempre.
- Lo admito - volteando para darle un corto beso en los labios, curvando la boca en una pequeña sonrisa, reflejando casi alegría en el rostro, la táctica perfecta de alguien que estaba descubriendo lo interesante de ser deseado.
- Sé solamente mío - mordiéndole la oreja suavemente por impulso.
El menor se estremeció y le apartó sin responder, por lo que continuó.
- Déjame... cortejarte de alguna forma hermano - volviéndole a abrazar por el costado.
- En primer lugar, - bufando, aparentando estar disgustado - los hermanos no hacen este tipo de cosas y en segundo lugar, ya nos acostamos, no hay nada que conquistar.
- Sabes a qué me refiero Loki Laufeyson - tomándole del rostro con ternura para sumergirse en esos ojos esmeralda - permíteme estar contigo, sólo te pido... una cita midgardiana o alguna forma de enamorarte, porque sé que de lo contrario seguirás huyendo.
- Idiota.
El errante dios vaciló, quería contradecirle pero no podía hacerlo, aunque su hermano tenía razón, muchas veces no se daba cuenta de las cosas obvias. Al ver que éste aún esperaba por sus argumentos, le respondió al fin.
- Te daré el honor de hacerlo, pero antes...
Y halando al fornido rubio por el cuello, le atrajo para besarle dulcemente, derritiéndole completamente.
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Espero les haya gustado tanto como yo disfruté al escribirlo.
Agradezco inmensamente a las personas que siguen esta historia, a quienes la han marcado como favorita, y por supuesto un millón de gracias a mashimaro111, extremisss, Crisi, LatexoHPo, Guest 1 y 2, quienes se tomaron unos segundos de su tiempo para dejarme review (al igual que recordarme los sentimientos sentimientos post-coitales). Aunque me presiona a documentarme, estudiar y esforzarme aun más en la redacción, al mismo tiempo me animan a continuar.
No es completamente seguro pero tengo planeado hacer tres cortos capítulos adicionales.
Prox. Capítulo ¿Stony, Thorki o Hiddlesworth?
