Capítulo IV: Bajo la luz de la luna.

Los pasos resonaron como la lluvia terminando así con el silencio del templo. Al inicio eran meros golpeteos, pero entre más avanzaban, el espacio entre uno y otro se redujo, al igual que las gotas de un tórrido aguacero de verano. Tomoyo Daidouji sabía que, indudablemente, la voz entrecortada de Sakura era algo que le provocaba angustia, más si se escuchaba del otro lado de una línea telefónica en una llamada inesperada. El sonido se detuvo, la mano de la mujer alcanzó la puerta de bambú con delicadeza, pero justo después, ésta fue deslizada con el apremio natural de alguien preocupado. Lo primero que sus ojos captaron fue a su mejor amiga, arropada con mantas delgadas sosteniendo un vaso, su piel estaba pálida y parecía estar perdida en algún lugar de sus pensamientos; a su lado, la profesora Kaho Mizuki se estaba mordiendo el labio inferior izquierdo, como si intentara descifrar algo mientras acariciaba a manera de consuelo los mechones revueltos de la castaña.

Pero había alguien más ahí.

Era él, no tenía duda, el hombre del viaje, observaba a Sakura con una seriedad férrea, apartado en un rincón con los brazos cruzados, de pie como un soldado vigilante.

"¡¿Qué pasó?!" demandó saber, arrodillándose junto a Sakura.

"Las dejaremos solas" dijo la profesora con voz calma, pero no tranquila.

Kaho dedicó una mirada significativa a Li, quien, entendió el mensaje, pues salieron de ahí rápidamente y, como si estuvieran pensando igual, caminaron sin detenerse hasta estar lo suficientemente alejados para que ninguna de las dos pudiera escucharlos. Él fue el primero en detenerse.

"¿Qué está pasando?" preguntó Syaoran, casi entre dientes.

La mirada que Kaho puso sobre él no lo alentó.

"La verdad es que no tengo idea. No importa quién seas, el mundo de los espíritus no es buena señal".

"A mi no me pasó nada cuando lo vi, pero ella… Ella reaccionó diferente".

"De ti sabemos realmente poco, no puedo especular con eso, pero a Sakura la conozco desde que era una niña y lo que siempre le provocó pánico fueron los espíritus" tensó su mandíbula ". Jamás tuvo la habilidad de verlos, ni siquiera un poco, no entiendo porque ahora los percibe con tanta facilidad".

"Yo soy la razón…" Li respiró de forma sonora, molesto.

"Su encuentro trajo cambios, no hay dudas".

"Si yo sigo aquí ella seguirá viéndolos… Debería alejarme para que esto pare".

La profesora se alejó unos centímetros para verlo con incredulidad, algo no encajaba, los hombros de Li estaban caídos, sus labios tensos al igual que sus ojos, pero había algo más, algo que no podía identificar y que no estaba ahí antes.

"¡Claro que no! ¿No eras tú el mayor interesado en saber la verdad? Si te vas jamás podrás saber que pasó realmente, además no tenemos certeza de nada aun, créeme cuando te digo, irte es un error. Además ayudaste a Sakura hoy, no lo olvides".

Una piedrita salió disparada contra el pasto después de que Li la pateara, parecía la rabieta de un niño enfurruñado, su boca no emitía palabras pero su cuerpo contraído de pronto era fácil de descifrar. Súbitamente se fue de ahí, caminando con pasos firmes hacía la oscuridad del bosque. Kaho arqueó su ceja derecha, a ese hombre le pasaba algo, pero por más que lo intentaba no lograba dar con qué.

A unos metros de ahí, en la habitación iluminada por una única vela, Sakura sintió que las entrañas se le contrajeron. La mirada atenta de su amiga le dejaba claro que no aceptaba su versión de los hechos, sabía perfectamente que le estaba mintiendo, pero aun así Tomoyo no le insistió, a pesar de tener tantas interrogantes que hacerle respetó su decisión. Le pasó el brazo por atrás de los hombros, cuidando que el calor humano que brindaba la verdadera amistad pudiera mitigar los malos pensamientos que traían un hecho impronunciable.

"¿Sabes que siempre estaré para ti?" dijo esto con tono bajo, como el que usaría una madre protectora.

"Es algo de lo que jamás dudaría" Sakura le sonrió, avivada de pronto por su compañía.

"No quiero presionarte, pero promete que me dirás la verdad un día".

"Tomoyo yo…".

Le hizo un ademán para que parara "Solo promételo, ¿vale?".

"Está bien".

"Por cierto ese hombre, ¿es el del otro día, cierto?".

"Sí es él".

"Bien, supongo que eso también me lo contarás después, solo dime si no te está causando problemas".

Suspiró, ¿cómo contestar a eso?, si bien era cierto que Li fue el catalizador de sucesos extraños, no podía culparlo por eso, las cosas para él tampoco estaban del todo bien.

"Nos estamos ayudando, mutuamente" dijo con sinceridad ", descuida, él no es malo".

Una alarma proveniente del celular de Tomoyo sonó con insistencia, al comprobar lo que la pantalla decía, la amatista gruñó exasperada.

"Tengo que salir para Sapporo en hora y media, pero no puedo dejarte así".

"Tranquila, me quedaré aquí esta noche, la profesora estará al pendiente de mí. Cuando regreses prometo explicártelo todo con detalles, incluso te invitaré el té chai que tanto te gusta" de nuevo le dedicó una sonrisa, está vez más cálida.

"¿Segura?".

Su amiga asintió. Rendida, Tomoyo besó la frente de Sakura para después salir, no sin antes advertirle que debía llamarla si algo pasaba.

De nuevo a solas, la castaña se tumbó sobre el cómodo futón arropándose con la manta, que parecía haber pertenecido a algún niño pequeño, a juzgar por su tamaño y las figuras alegres de colores que la adornaban. Clavó su mirada en el techo, en un esfuerzo por ignorar los espacios que la luz de la vela no lograba iluminar, con formas que le erizaban los cabellos de su nuca; maldijo a su cerebro porque la estaba traicionando en complicidad con sus nervios.

¿O esta vez no?

Rápidamente cubrió su rostro, implorando que el sueño se llevara sus pensamientos de una buena vez hacia la inconsciencia.

Y así lo hizo.

Por lo menos por un tiempo.

Abrió los ojos, sabía que había dormido algo por un rato, pues la vela apagada y un suéter doblado a su lado le brindaban pruebas suficientes, pero al parecer el cansancio que sentía no bastó para seguir perdida en el mundo de Morfeo. En ese momento tenía dos opciones, o se quedaba ahí mirando la oscuridad en silencio, o salía a tomar algo de aire fresco; dadas las circunstancias y con sus recuerdos mostrándole la cara del hombre verduzco del barranco, no lo pensó más, tomando el suéter para salir de ahí de inmediato.

Fue como entrar a la postal de un lugar lejano. Las ramas de los árboles se movían despacio, llevabas a merced de un viento tranquilo. La luna solitaria iluminaba casi todo lo de alrededor, reinando silenciosa en lo más alto del cielo, y el clima era fresco, equilibrado, no hacía calor ni tampoco frio que calara en los huesos. Dejándose llevar por la aparente calma, Sakura decidió explorar a fondo el templo, lo conocía porque de niña su padre la traía a orar de vez en cuando; además,ayudó a la profesora en algunas ocasiones mientras estaba en la universidad, pero más allá de eso, los parajes más íntimos del lugar permanecían desconocidos para ella. Se transportó a su infancia al ver la hilera de antiguas estatuas Jizo delante de una docena de árboles de bambú, sonrió, pues le pareció gracioso un gorrito rojo tejido a mano puesto sobre la cabeza de uno de ellos, en la creencia de protegerles del frio.

Sintió de pronto un cosquilleo en su nuca, una urgencia de volverse a mirar un sitio determinado, y así lo hizo.

Aquello era como una visión.

Justo encima del techo, Li yacía sentado observando fijamente la luna, descansando sus ante brazos sobre las rodillas de sus piernas flexionadas, al mismo tiempo que el ámbar de sus ojos se perdía en el cielo. Había algo en el color de su piel y sus mechones castaños bailando con el viento que la hizo estremecerse. Se le hizo extraño, pero la necesidad de subir a donde el estaba se volvió insoportable, de verdad deseaba estar ahí a su lado.

Haciendo caso a sus impulsos, buscó la manera de subir sin hacer mucho ruido, encontrando una serie de cajas de madera dispuestas de tal forma que servían de escalera improvisada. Subió, llamando la atención del muchacho.

"¿Qué haces aquí?" le preguntó él sorprendido por su presencia.

Le costó algo de trabajo, pero pudo surcar con éxito por entre las tejas hasta que se hizo con un lugar a su lado, dejando un espacio de poco más de medio metro entre los dos.

"No podía dormir" contestó despreocupada "¿y tú?".

Siguiendo la costumbre, él se quedó callado, por lo menos por unos largos segundos hasta que respondió.

"Tampoco" masculló sin muchos ánimos.

De nuevo el silencio, pero esta vez no estaba solo, había tensión casi palpable en el ambiente. Los ojos de Li iban y venían de un punto en el cielo a otro, mientras acariciaba su mejilla interior con la lengua.

"Es peligroso que estés aquí" dijo, tomándola desprevenida ", es como una invitación a ver cosas, más en este tipo de lugares".

"Supongo que me tendré que acostumbrar".

"No" refutó ", no tienes. No entiendo porqué estás aquí, si lo más probable es que yo provoque que los veas, es lo que más temes ¿cierto?".

"Sí, lo es" respondió con tranquilidad ", tal vez me creas una loca, pero por alguna razón estoy en paz, aquí, contigo".

Rechazó la idea frunciendo el ceño, pero no le dijo nada, simplemente clavó de nuevo la mirada en la luna.

"Quiero agradecerte, lograste calmarme a pesar como me puse y tuviste la paciencia de soportar mis arrebatos, es la ayuda más valiosa que me han dado últimamente".

"No cuenta si el conocerme provocó todo esto, más que ayuda, era un deber".

Fue en esa frase cuando lo notó, él no era el mismo, por supuesto que no, algo en el fondo de Li había cambiado. Aunque en apariencia era el de siempre, su actitud y la forma en la que la miraba eran diferentes.

"Pienses lo que pienses, para mi es ayuda y te lo agradezco sinceramente".

La sonrisa que Sakura le dedicó le sacudió las terminales nerviosas, le agradó, pero dejó un sabor amargo en su garganta.

"Agradéceme el día que puedo recordar algo y cumpla la misión que tengo" dejó caer con tono agrio", hasta que sepa quien soy seré de utilidad; no soy capaz de reconocerme ni mirándome en un espejo, esa persona que me regresa la vista en el reflejo es alguien que no conozco".

"El que no recuerdes nada no quiere decir que no te conozcas" respondió ella con calma.

"¿A qué te refieres?".

"Tienes razón al decir que no hay recuerdos de ti en tu mente, pero las emociones perduran a pesar de tu falta de memoria, ¿o me equivoco? Creo que aun puedes distinguir lo que te gusta de lo que no, habrá sensaciones que te agraden y otras que te disgusten. Eso es algo que tus recuerdos no te quitaron, tu propia esencia, estoy segura de que si les pones atención te conocerás poco a poco, aunque tus recuerdos tarden en regresar".

Estaba sorprendido, ella no daba la impresión de ser alguien que pensara con mucha profundidad las cosas, pero ahora sabía que la juzgó mal. A pesar de ser aparentemente despistada, tenía ideas brillantes que lo tomaban desprevenido.

"No lo había pensado así" fijó su mirada en el piso.

"Bueno, ¿te parece si intentamos algo? "se acercó un poco más a él " ¿por qué no te quedaste en tu habitación si no podías dormir?".

"No quería estar encerrado" contestó sin pensarlo mucho.

"¿Tienes algún color que te guste más que otros?".

Li se sintió confundido por la pregunta, pero no la detuvo.

"Verde".

"¿Prefieres la música rápida o tranquila?".

"Tranquila".

Una expresión de triunfo se dibujó en el rostro de Sakura, sonriendo a sus anchas mientras elevaba sus puños en señal de victoria.

"¿Lo ves?".

"¿Qué se supone que debería de ver?".

"¡Si te conoces! Hoy aprendí de ti tres cosas; te gusta el aire libre, tu color favorito es el verde y prefieres la música tranquila. A eso me refería".

Parpadeó varias veces, hasta que por fin su cerebro captó el mensaje y las mejillas se le pusieron ligeramente rosadas. Se hizo el silencio una vez más, hasta que una música apacible salió del móvil de ella, quien lo colocó en el espacio entre los dos.

"Escuchemos lo-fi por un rato" dijo Sakura.

No se quejó, era la música de fondo perfecta, ritmos distantes como si se tratara de una tarde pacífica de lluvia en tu lugar favorito. Con miradas furtivas saliendo del rabillo de su ojo, Syaoran se dio la oportunidad de contemplar a su compañera con detenimiento; pudo notar su piel suave de textura tersa, los orbes esmeraldas vivarachos que tenía como ojos, fijos en el paisaje que ofrecía el bosque silencioso. Pero, una interrogante terminó con su calma, ¿era conveniente decirle lo que pasó?, eso que sintió cuando la vio descontrolada, vulnerable ante la amenaza de lo que más temía… No tenía una respuesta correcta a su pregunta, algo en su intuición le decía que no era el momento aún.

Sakura bostezó, sus largas pestañas comenzaron a subir y bajar, a medida que sus párpados luchaban por no cerrarse.

"Tienes que dormir" le ordenó él de manera tranquila.

"Aun aguanto un poco más" se quejó, siendo traicionada por un bostezo sonoro.

"No, irás a dormir aunque tenga que llevarte a la fuerza" la amenazó.

Le tomó la mano, mientras la ayudaba a bajar. Sabía que esa batalla la tenía perdida, pues Li probablemente cumpliera con su ultimátum. Cuando llegaron a la entrada de la cabaña, Sakura dudó.

"¿Qué pasa?" preguntó Syaoran al notar su mirada.

"La verdad es que me da un poco de miedo" aceptó ella, ocultado su mirada bajo sus mechones.

Syaoran pensó un momento, pero rápidamente dio con la solución.

"Me quedaré aquí afuera, si ves algo me llamas inmediatamente".

"Para nada" negó con la cabeza "tú también necesitas dormir".

"Ya lo he hecho lo suficiente, anda, no me hagas empujarte hacia adentro".

Sakura le sonrió con una calidez tal, que se quedó fijo mientras la veía meterse a la habitación.

"Gracias" agradeció ella justo antes de deslizar la puerta.

"A ti".

"¿Por qué a mí?".

"Porque gracias a ti me conocí un poco más" desvió la mirada, machucó las palabras al decirlas, pero supo que ella las había entendido.

Sonriendo una vez más, ella cerró la puerta de bambú. Syaoran se quedó quieto, observando el lugar dejado por su ausencia, ¿de qué manera se lo diría?, ¿cómo explicarle lo que sintió?, no sabía darle lógica a que, mientras ella lo miraba llena de terror en esa carretera, él experimento la angustia verdadera, lo que alguien sentiría si el ser más preciado estuviera en peligro real, que se desesperó por no poder ayudarla, que tuvo que contener las enormes ganas de estrecharla entre sus brazos sin conocerla aparentemente… ¿Cómo explicar algo que no tiene sentido? La culpa combinada con el dolor de ver al ser querido sufrir sin poder ayudar, pero ¿cómo podía sentir eso por una desconocida?, la razón no explicaba un fenómeno tan extraño como ese.

Caminó hacía la puerta, deslizándola un poco solo para comprobar que ella se había acostado ya, sin embargo, al primer instante que sus ojos se asomaron dentro de la habitación, supo que él ya no estaba en el lugar de antes. Todo era más antiguo, de una época diferente. Ella estaba parada ahí, sosteniendo una vela solitaria, pero su aspecto era distinto, el cabello lo tenía más largo y el vestido que usaba era extraño.

Cuando sus miradas se cruzaron, pudo ver como los esmeraldas de sus ojos lo observaban con una expresión insólita, esta vez sin duda, transmitían amor, alegría de verlo.

"¡Syaoran!" exclamaron, antes de precipitarse hacia él.

Pero todo desapareció, se volvió negro por unos segundos, hasta que una mano suave lo sacudió algunas veces. Estaba parado en el mismo lugar, pero la Sakura que estaba frente a él era la misma que él conocía, no la de su visión extraña. Tenía la mano sobre su hombro y lo miraba con un dejo de preocupación.

"¿Estás bien Li?" le cuestión preocupada.

"Sí… s-solo quería saber si estabas bien" balbuceó como pudo.

"Lo estoy. ¡Me asustaste! Te quedaste ahí parado sin decir nada".

"No pasa nada, duerme ya".

Salió de ahí, dejándola un tanto confundida. Tenía la sensación de que él había visto algo, pero no se atrevió a compartir su visión con ella por una razón. Se preocupó por él de verdad, pero supo que no tenía más remedio que esperar a que Li decidiera contarle, además, en ese momento había algo que la tenía más inquieta; una sensación desconocida e inexplicable, el deseo oculto de pasar más tiempo con él sin motivo alguno, sentir un hueco cada que lo perdía de vista. Ese raro sentimiento comenzó cuando él la calmó como pudo esta tarde, cuando se vio reflejada en esos ámbares presos por la angustia y, por un momento fugaz, fue capaz de apreciar algo diferente en ellos, no supo exactamente qué, pero lo que sea que haya sido, le sacudió hasta el alma.

Afuera, Li se quedó pasmado, observando la luna con preocupación. Ahora entendía algo, no sabía si era bueno o malo, al fin se dio cuenta de lo obvio, Sakura y él se habían conocido.


La tetera soltó un chillido estruendoso. Con calma, un hombre con la camisa desabotonada casi a la mitad entró a la cocina, tomando con cuidado una taza, mientras vertía el líquido caliente para que remojara una bolsita y comenzara a infusionar una bebida de color rojo.

Eriol Hiraguizawa llevó la taza hasta su estudio, dónde una lámpara de escritorio iluminaba una serie de documentos esparcidos por aquí y allá. Se sentó sonoramente en una silla de piel color café, y mientras esperaba a que el té se enfriara un poco, tomó una fotografía recortada de un anuario estudiantil. La puso justo frente a sus ojos, con la yema de su dedo índice acarició el contorno de un rostro femenino para después sonreír.

"Tú serás mía… Sakura" declaró, en voz baja pero con fuerza.

Se estaba haciendo algo más que una promesa, más bien estaba sentando el objetivo firme que perseguiría por el resto de sus días, reclamando lo que él sentía por derecho, era suyo.


¡Hola!

No debería estar escribiendo, pero me llegó la inspiración y no pude evitarlo. ¡Espero de verdad les guste este capítulo!

Silverwomen.