Capitulo tres. Cartas.
Bella.
Sentada en la mini mesa de mi apartamento frente al folio en blanco y con un bolígrafo en la mano. Aquello era realmente penoso. Desesperada había ido al orfanato donde lo adoptaron a pedir ayuda y me la habían denegado alegando que la niña no era de allí. Por un momento me sentí frustrada.
…
"Querido Edward Cullen:
Hola, mi nombre es Isabella Marie Swan. Seguramente será una simple tontería que te escriba esta carta. Debes estar más que harto de recibir cartas diciéndote lo guapo y bla-bla-blá que eres. Aun que he de decirte que mi carta no es para alagarte.
Te escribo después de haberme pasado meditándolo mucho tiempo. Como ya dije anteriormente tal vez no te importe, pero mantengo la esperanza de que dentro de ti tengas un gran corazón. Seguramente arrugarás la carta y estás en todo tu derecho, pero mi razón de ser se está muriendo en este mismo momento.
Hace tiempo perdí a mi marido y a mis padres en un accidente de avión. A lo mejor te suena, ya que las únicas supervivientes fueron una madre y una hija. Bueno, pues esa madre soy yo. La compañía se declaró en quiebra tras el accidente. Desde ese momento he trabajado todo lo que he podido y he sacado a mi hija adelante sin pedir nada a nadie.
Ya sé que estarás pensando que entonces por qué te escribo esta carta…. La razón es porque mi hija cayó enferma y ya no puedo más. Sé que tú eres natural de Forks y que un día donaste dinero al orfanato. Pero ellos se han negado ayudarme alegando que ellos sólo tratan con niños sin padres.
Todo el motivo de esto es porque ya no puedo más. Mi hija se muere y yo no puedo sufragar los gastos que el hospital me pide. No me conoces de nada... Pero realmente te estaría agradecida eternamente si respondieras a esta carta. Prometo devolver cada centavo.
Bueno, supongo que ya habrás desechado mi carta… De todas formas gracias de corazón.
Isabella Marie Swan. "
…
No esperaba respuesta a la carta, pero cinco días después al abrir mi buzón allí estaba. Corrí con el corazón en la garganta hasta mi casa y me senté a leerla. Mis manos temblaban al abrirla y deseé que la respuesta fuera buena.
…
"Querida Bella:
Siento mucho leer esas líneas y saber que tu hija está enferma. No sé cómo explicar esto… Simplemente que se encogió mi corazón al saber de ti. Gracias por confiar en mí sin conocerme y contarme tu historia. Puedes descansar tranquila, ya hablé con el hospital y desde hoy mismo los gastos de tu hija están cubiertos. Espero tu respuesta. Un beso.
Edward Cullen. "
…
En cuanto leí su carta, la deje caer al suelo y corrí hasta el hospital. Mi hija ya no estaba en una habitación compartida. Ella estaba en una habitación repleta de juguetes. No entendí ese cambio hasta que pensé en Edward. Hacía sólo dos horas que había estado con mi niña. La enfermera me había dicho que estaban esperando su traslado, pero imaginé lo peor. Sin embargo ahí estaba. Besé la frente de mi hija y lloré ante aquella visión.
Al llegar a casa rebusqué en mi pequeño escritorio y empecé a escribir nada más encontré papel. En ella agradecía cada gesto por su parte.
…
"Hola, Edward Cullen:
Gracias por tu amabilidad. Prometo trabajar más horas para poder devolverte cada céntimo gastado en mi hija. Hoy creí en el cielo y en los ángeles, porque sé que tú eres uno de ellos. No sé cómo explicarte cómo se siente mi corazón en este momento. Tan solo sé que una parte de mi vida te la debo.
Isabella Marie Swan"
…
Metí la carta en el buzón y esperé junto a mi hija su respuesta. Realmente cada día al levantarme pensaba en él y en mi hija. Dupliqué mis horas de trabajo en la cafetería de mala muerte. Necesitaba realmente devolverle ese dinero. No quería que pensara que era una aprovechada. Eso no estaba dentro de mis planes de vida.
A los tres días al abrir el buzón, ahí estaba su respuesta. Cogí la carta rápidamente y me senté en el pequeño sofá de mi casa. La abrí con nerviosismo. Nunca imaginé al hablar con Ángela que aquello se fuera a hacer realidad.
….
"Hola, Bella. ¿Puedo llamarte así?
Gracias por creer en los ángeles, pero he de admitir que yo no soy uno de ellos. Simplemente si yo tuviera un hijo creo que también haría lo imposible por salvarle. Y más después de perder a toda tu familia como la perdiste.
Me gustaría saber cómo es la pequeña angelito a la que le estoy prestando mi ayuda. ¿Sería eso posible? No quiero que pienses mal de mí por pedirte una foto de tu niña. Simplemente es que me gustaría ponerle rostro. Dentro de muy poco, en tan solo cinco meses, acabo el rodaje de mi nueva película aquí en los Ángeles. Cuando eso ocurra iré a rodar a Seattle y al acabar allí, iré con mi familia a la vieja casa de Forks. Me gusta descansar allí, ya que nadie conoce aquel destino.
Cuando llegue me gustaría conocer a ese angelito en persona. Por lo del dinero, tranquila. De verdad lo hago con mucha sinceridad y predisposición. No hace falta que me lo devuelvas. Tan solo deja de trabajar tanto y disfruta con tu hija sus momentos. Espero que realmente sane. Un beso.
Edward Cullen"
…
Cogí papel de nuevo nada más terminé de leerla. Nunca imaginé que habían pasado ya diez días desde que escribí aquella carta por primera vez. Esta vez traté de relajarme al escribir. No sabía que responderle, pero supuse que conforme escribía iría saliendo.
…
"Hola Edward ¿Puedo llamarte así yo?
Claro que puedes llamarme Bella. Realmente es así como me llaman. Lo de la foto… tengo un pequeño problema y es que no tengo ninguna de ella sola. Desde que murió mi familia, todas las fotos que nos hemos hecho han sido en un fotomatón, así que salimos las dos juntas. De todas formas te adjunto una foto. Gracias por tus cartas. Me alegra saber que estas a punto de acabar un rodaje más y que pronto vendrás a Seattle a rodar otra película. Respecto a lo de que vendrás a Forks y deseas conocer a mi hija. Eso está hecho. Simplemente no sé como agradecerte todo lo que estás haciendo por mí.
Responde cuando tú puedas y si quieres hacerlo. Un beso Bella.
…
Mandé la carta y esperé. Esperé días y días. Mi hija cada día estaba más sana. Su mejoría se había notado en tan solo los primeros diez días. El médico me comunicó que pronto le darían el alta médica y todo gracias a Edward Cullen. Cada noche al llegar a mi casa abrí el buzón esperando su respuesta, pero esta nunca llegó. El tiempo pasó y mi hija salió del hospital. Tras cinco meses supe que él tal y como me había comunicado estaba en Seattle rodando.
Yo nunca dejé de hacer horas extras en el trabajo para recuperar su dinero. Al no recibir nunca más una respuesta, pensé que lo mejor era ahorrar el dinero y en una última carta enviarle un cheque.
Me levanté con el sonido de mi teléfono. Corrí hasta llegar a él y nada más descolgar una voz conocida me llegó a mi oído. Una sonrisa se dibujó en mis labios. Me sentí bien, por un día en mi vida me sentí bien.
-¿Bella?- Alice sonaba chillona.- ¿Estás ahí?
-Hola Alice.- Me reí.- lo siento me quedé parada al escuchar tu voz.
-Bueno te llamaba como te prometí.- Ella también rió.- estoy en Seattle y me gustaría ir a Forks a verte ¿Puede ser?
-Claro Alice.- Me sentí bien.- Cuando tú quieras.
-Está bien, me pasaré esta tarde a verte.- Ella dijo algo a alguien y volvió a hablarme.- Nos vemos a las seis en el parque que hay detrás de tu casa.
-Está bien, allí estaremos. – Le dije mirando a mi hija que asomó su cabecita por la puerta.
Una vez Alice colgó el teléfono me puse nerviosa. No había sabido nada de ella en un año entero ¿había conocido al final a Edward Cullen? Tragué en seco ¿Sabría ella de mis cartas? Un nudo se formó en mi estomago.
A las seis en punto tenía a mi hija Cindy preparada y estaba bajando las escaleras para encontrarme con mi vieja amiga Alice. Al llegar al parque la vi de lejos y enseguida supe que era ella. Su pelo negro despuntado y su pequeña figura eran inconfundibles. Al llegar nos abrazamos y lloramos como tontas. Alice cogió a Cindy y notó enseguida que mi hija había perdido peso y estaba algo flojucha. Le conté lo de su enfermedad y ella lloró conmigo.
-Entonces intentaste llamarme.- Me dijo mirándome.- Hay, lo siento amiga. Nos robaron los teléfonos a Jasper y a mí en el aeropuerto y bueno, no pude encontrar tu número.
-Te tengo que preguntar una cosa.- Le dije nerviosa.
-Dime Bella, sabes que eres como una hermana para mí.- Me dijo ella con ojos brillantes.
-¿Conociste a Edward Cullen?- Susurré contra mi camisa de la vergüenza.
-Sí, no es como lo pintan.- Me comentó mirando a mi hija.- Es un chico muy amable y dispuesto a muchas cosas.
-Lo sé.- Solté sin pensar.
-¿Cómo lo sabes?- Me dijo asombrada.- Él da la imagen de ser un capullo.
-Verás, como no te encontré hice algo.- -Le dije admitiendo la verdad.- Le mandé una carta contándole como estaba mi hija.
-¿Y qué pasó?- Me preguntó curiosa.
-Me contestó al carta y me ayudó.- Le dije casi llorando de nuevo.- Él es perfecto.
-Amiga.- Alice golpeó el suelo con su pie.- Creo que te has enamorado de Edward.
-Lo sé, siempre lo supe cuando lo vi en las revistas, pero ahora es más.- Le confesé.- Él prometió venir a verme cuando venga a Forks con sus padres.
-¿Vendrá a verte?- Alice abrió sus ojos como platos.
-Así es amiga. Estoy demasiado nerviosa.- Le confesé.- No sé qué pensar.
Después de aquellas palabras. Alice prometió venir a verme cada vez que estuviera libre en su trabajo. Desde ese día volvimos a ser inseparables. Le presenté a Ángela y realmente se cayeron muy bien. En el fondo de mi corazón, cada día crecía una pena más grande. Los meses pasaban y no recibía respuesta de Edward Cullen. Le hice jurar a mi amiga Alice que no le diría a Edward que era mi amiga y me conocía.
Mi amor en vez de convertirse en odio hacía Edward, cada día iba en aumento. Contra más lo veía en la tele o en las revistas, más enamorada estaba de él y más lo deseaba. Realmente estaba enferma de la cabeza. Incluso mi hija Cindy tenía ganas de conocerlo. Ángela me decía una y otra vez que estaría demasiado ocupado para contestarme o simplemente abría perdido mi dirección. Alice decía que desde hacía un tiempo hacía aquí estaba demasiado raro. Ya no sabía ni que pensar.
Me desperté sobresaltada de la cama. Hacía dos años que mi amiga Alice se había ido y uno que había vuelto. Un nudo se formó en mi estomago y me levanté corriendo al baño por las nauseas. Algo no andaba bien en mi vida. Cada día dormía menos y trabajaba más para conseguir el maldito dinero que le debía a Edward Cullen. Dentro de mí maldecía el día que le había enviado la primera carta. Después de un año y medio de la primera contestación y dieciséis meses sin saber nada de él, aún recordaba esos días como si tan solo hubiesen pasado horas. Lo que no entendía era porque mantenía la esperanza de que él viniera a Forks y me explicara porque no contestó a mi última carta.
Aun que pareciera increíble, hoy tenía el día libre y había quedado con mi amiga Alice en una supuesta casa a las afueras de Forks. Fui directa a la cocina cuando me di una ducha y preparé el desayuno para mí y mi pequeña. La vi aparecer por la puerta del salón y mi corazón palpitó de alegría. A sus casi cinco años era muy parecida a su padre.
-Mami.- Mi niña se frotó sus ojitos.- ¿Hoy veré a la tía Ali?
-Sí, mi pequeña.- La cogí en brazos mientras el daba su tazón de cereales.- Desayuna y después te daré una ducha e iremos donde la tía.
Besé su frente y esperé a que ella terminara. Después de ducharla y vestirla, cogí un taxi hacía al dirección que Alice me había dicho. Lo que nunca esperé fue encontrarme con lo que me encontré allí.
