Disclaimer: La obra llamada "Naruto" no me pertenece, es creación total de Masashi Kishimoto, pero sus personajes quisieron aparecer en esta historia y no pude negarme a tan bonita petición.

-letra normal- diálogos.

-letra cursiva- pensamientos.

-letra en negritas- nombre de técnicas especiales.

¡Hola! ¿Adivinen quién está de vuelta? XD Espero que estén muy bien. Aquí les dejo la actualización de esta historia. Espero que se pongan cómodos y la disfruten.


Las horas de la calurosa tarde que había en la Aldea Oculta entre las Hojas transcurrían sin cesar dentro del consultorio de la única ninja médico que había en el Equipo Kakashi. Sakura hasta el momento no había parado de recibir consultas desde que regresó de la comida que compartió con sus compañeros de equipo en Ichiraku, lo que la tenía exhausta a escasos treinta minutos de cubrir por completo su turno. Sin embargo, a pesar de ello, la amable sonrisa plasmada en su bello rostro no se vio modificada en lo absoluto.

–¡El siguiente paciente, por favor! –anunció situada en la sala de espera viendo a una dulce anciana levantarse de su sitio con un pequeño niño rondando entre los cinco o seis años de edad tomado de su arrugada mano –Por aquí, si es tan amable –indicó la pelirrosa cediendo el paso primero a la mujer mayor indicándole la puerta de su consultorio.

Antes de ingresar ella, retrocedió unos cuántos pasos para dirigirse a la recepcionista.

–¿Nada aún? –cuestionó Sakura a la gentil castaña tras el escritorio.

–Me temo que no, Sakura-san. Sasuke-kun no se ha aparecido por aquí en toda la tarde –la cara de tristeza que puso la ninja médico contagió a la recepcionista que deseaba darle otro tipo de respuesta, sin embargo, no podía hacerlo por más que quisiera.

–Bueno, ¿qué se le va a hacer? Después de todo, esto es para su beneficio. Es triste, pero no puedo hacer nada si él no se deja ayudar –tras una falsa sonrisa que profirió la Haruno se encontraba una profunda decepción –Veré al último paciente del día y después me retiraré. Si llega alguien más, me disculpas y lo canalizas con Tsuki-san; ella estará recibiendo a mis pacientes hoy.

–Entendido, Sakura-san, pierda cuidado –sonrió la chica castaña y luego Sakura se retiró.

Al ingresar nuevamente a su consultorio, observó a la anciana sentada en una silla frente al escritorio y a su pequeño acompañante ubicado en la silla contigua quieto y en silencio. No lo demostró, pero a Sakura le llamó la atención esa extraña conducta del infante, pues a su edad lo normal sería encontrarlo curioseando entre las cosas que había frente a él. Evitando hacer prejuicios a la escena que presenciaba, se dirigió a su asiento y sonrió.

–Buenas tardes, ¿su nombre, por favor?

–Buenas tardes doctora, mi nombre es Kana Urasaki –respondió con voz temblorosa la anciana observando con sus ónix la bonita letra que tenía la médico, pues alcanzaba a distinguir perfectamente su nombre en la hoja de papel que Sakura tenía para hacer su Historial Clínico.

–Muy bien, Kana-obaasama, dígame, ¿qué la trae por aquí?

–¡Oh no, mi niña hermosa! Yo no soy la que viene a consulta, es a mi nieto a quien he traído contigo para que lo revises.

Sakura dirigió sus ojos jade hacia el infante que seguía sin moverse demasiado y mantenía su pequeño rostro cabizbajo. En un principio había sospechado que quizá su abuela lo estuviese manteniendo a raya en un lugar que no era suyo, sin embargo, después del primer contacto, había descartado esa posibilidad. La conducta del pequeño se debía a otras causas que ella debía descubrir.

–Oh, entiendo –dijo dulcemente mientras sonreía la pelirrosa –Hola pequeñín, ¿puedes decirme tu nombre, por favor?

–Vamos Dairi-chan, dile tu nombre completo a la doctora –animó la abuela tras unos segundos de total silencio por parte del niño.

–Da-Dairiseki –pronunció tímidamente el niño de ojos azules y cabello castaño rojizo.

–Dai…ri…se…ki –deletreaba la pelirrosa al mismo tiempo que iba escribiendo el nombre en el formato de la Historia Clínica –Muy bien, Dairiseki, ¡qué bonito nombre tienes! –premió Sakura con la intención de desinhibir un poco a su paciente –¿Y cómo te gusta que te digan de cariño?

El niño volteó inmediatamente a ver a su abuelita y al verla sonreír, se animó a contestar.

–Dairi-chan –dijo secamente.

–Ok, Dairi-chan, mi nombre es Sakura Haruno, pero tú puedes llamarme Sakura-chan. Y dime ¿tú puedes explicarme lo que ocurre? –continuó interrogando la médico, sin embargo, sabía que no obtendría demasiada información si se limitaba a hablarle sólo a él, así que decidió dirigirse a Kana al observar que el niño no le diría nada más –Dígame, Kana-obaasama, ¿qué ocurre con Dairi-chan?

–Verás doctora, desde hace un par de meses atrás se ha estado quejando demasiado de un dolor intenso en el estómago y ha estado inflamado en el área del abdomen desde que esos dolores comenzaron.

–Entiendo… –decía Sakura al mismo tiempo que plasmaba los síntomas del infante en su hoja –¿Hay diarrea? –cuestionó al darse cuenta que la anciana no sabía qué más decir.

–Sí doctora, Dairi-chan tiene diarrea, pero nos hemos informado al respecto y le estamos dando muchos líquidos para evitar que se deshidrate.

–¿Qué tipo de líquidos le está dando?

–Abundante agua; le encanta la leche, así que también la toma al ser un líquido y de vez en cuando le doy jugo.

–Comprendo. ¿Ha notado alguna otra señal en Dairi-chan? Es decir, salpullido, pus proveniente de alguna zona, etc.

–No doctora. Estoy segura de que ninguna otra cosa rara le sucede a mi nietecito. Solamente eso que acabo de decirle.

–Muy bien. ¿Qué edad tiene?

–Seis añitos, doctora –pronunció Kana dirigiendo su vista a su tierno acompañante que seguía sin mirar hacia adelante –¿Qué cree que pueda tener mi niño?

–Bueno, Kana-obaasama, es muy temprano para dar un diagnóstico certero, pero no se preocupe por favor, ha traído a su nieto a tiempo –sonrió tranquilizadoramente la pelirrosa causando que ella le devolviera la sonrisa –Y ahora... –dijo la pelirrosa al pequeño –Vamos a revisarte esa pancita. Te voy a pedir que te acuestes en esta camita y te levantes tu camisita, por favor.

–Vamos, Dairi-chan –animó de nuevo la abuela hasta que el niño se dirigió a la cama y se acomodó tal como había dicho Sakura.

La Haruno preparó su chakra verde para comenzar con la revisión y posteriormente con la curación.


–¡Sasuke-kun! –saludó animada la recepcionista al ver ingresar al azabache tan serio y atractivo como siempre –Me imagino que vienes a buscar a Sakura-san, ¿no es cierto?

–¿Dónde está ella? –cuestionó seco.

–En este momento se encuentra atendiendo a un paciente en su consultorio. A decir verdad, no sé cuánto tiempo le vaya a tomar terminar su consulta, pero por lo que me dijo, tiene pensado salir a las seis de la tarde, así que no debe tardar.

El pelinegro no dijo nada más y avanzó a la sala de espera para sentarse y aguardar a que su compañera se desocupara. Mientras permanecía sentado, no pudo pasar por alto las "miradas disimuladas" que la chica castaña le lanzaba de vez en vez, pero aquello le parecía simplemente una trivialidad, nada que le significara importancia.

Después de varios minutos esperando, escuchó cómo una joven de aproximadamente veinte años de edad preguntaba por la ninja médico Sakura Haruno para una consulta. También escuchó que la amable recepcionista le informaba que ella no se encontraba recibiendo pacientes hasta el día de mañana a primera hora que retomaría su jornada laboral. La chica, al parecer sumamente temperamental, exigió ver a la pelirrosa inmediatamente sin aceptar que otra médico la atendiese, pues en nadie más confiaba y lo que la pelirrosa ya sabía no se lo contaría a ningún otro sujeto con bata. Mucho trabajo le costó a la recepcionista deshacerse gentilmente de la muchacha caprichosa que se fue echando humo por los oídos al no ser atendida de inmediato por quién solicitaba.

Sasuke simplemente observó la escena sin emitir palabra alguna y siguió con la mirada a la joven furiosa hasta que se perdió de su vista. Luego cerró de nuevo los ojos ignorando lo anterior.


–Eso es todo, Dairi-chan. Vuelve a colocar tu camisa mientras yo platico con tu abuelita –sonrió tierna la pelirrosa al pequeño y caminó hasta darle vuelta a su escritorio y sentarse frente la anciana.

–¿Y bien? –preguntó angustiada la abuela viendo fijamente la cara bonita de la médico.

–Kana-obaasama, lo que Dairi-chan tiene es algo llamado Síndrome del Colon Irritable, mejor conocido como…

–Colitis –completó la frase la anciana ligeramente asombrada.

–Para ser precisas, es Colitis Nerviosa –corrigió la ninja médico –Acabo de aplicar un tratamiento que le ayudará a evitar las molestias de los síntomas, sin embargo, hay algunas indicaciones que debo darle para evitar que la enfermedad se presente nuevamente.

–¡Claro que sí, doctora! ¡Dime todo y yo lo haré al pie de la letra!

–Bien, para empezar, debemos retirar de su dieta cualquier alimento que pueda irritar tanto al estómago como a los intestinos. Entre ellos se encuentran la leche y el jugo, así que, por favor, le pido que estos alimentos los elimine. El agua en dosis adecuadas ayudará a mantener hidratado al cuerpo, además, le recomiendo alimentos naturales como frutas y verduras…

Sakura continuó orientando a Kana acerca de los cuidados que debía tener el niño y también aprovechó para reunir datos personales como el ambiente en el que el niño se desenvolvía, entre otras cosas. Al término de la consulta, la ninja médico acompañó a los pacientes fuera del consultorio.

–¡Muchas gracias por atender a mi nietecito, mi niña hermosa! –escuchó el Uchiha decir a una anciana que pronto apareció en su campo visual acompañada de un niño –Eres muy amable, Sakura-chan. Seguiré fielmente todas tus indicaciones.

–No agradezca, Kana-obaasama, estamos aquí para servirle. Recuerde que me gustaría ver de nuevo a Dairi-chan para monitorear su salud.

–Hecho, mi niña. Nos estamos viendo –se despidió la anciana y avanzó hacia la salida tomando de la mano al pequeño que parecía estar igual que al inicio de la consulta.

La pelirrosa no pudo evitar mostrar un gesto ligeramente triste al ver marchar al pequeño castaño rojizo sin la energía propia a esa edad. Definitivamente algo andaba mal en él y en muchos otros niños que había tenido la oportunidad de tratar en los últimos meses.

Debo ver con urgencia a Tsunade-sama. Me niego a dejar que esto continúe así –pensó al mismo tiempo que se dirigía hacia la recepcionista –Bueno, ahora sí me retiro. Ya sabes, si llega otro paciente lo pasas con Tsuki-san.

–Sí, Sakura-san, pero antes de que te vayas debo decirte…

–Sakura –la ninja pelirrosa no pudo evitar sentir tremendo vuelco que dio su corazón al escuchar a sus espaldas la profunda voz de su compañero de equipo, teniendo en cuenta, además de sus profundos sentimientos hacia él, que no esperaba que llegara a la cita.

–¡Sasuke-kun! –dijo sorprendida dándose media vuelta para mirarlo –Creí que no vendrías.

El azabache no respondió. Si estaba ahí era obvio que de alguna manera había prestado atención a las palabras de la pelirrosa a la hora de la comida, pero no por ello tendría que decirlo.

–Vamos, acompáñame a mi consultorio –indicó la ojijade tal como lo hizo con la anciana, sin embargo, en lugar de dejar pasar al chico, ella se adelantó mientras él la seguía.

Estando frente a la puerta de su pieza, la chica giró la manija esta vez cediendo el paso al Uchiha que entró y se sentó en la misma silla que momentos atrás había ocupado Kana.

–Me alegra mucho que hayas venido. Te aseguro que de aquí saldrá algo bueno –dijo la médico mientras cerraba la puerta y se sentaba en su silla.

–Vine porque dijiste que me dirías algo importante.

–Así es, Sasuke-kun. Cuando hablé con Naruto…

La frase de la chica se vio abruptamente interrumpida por unos insistentes toques a su puerta que la alarmaron.

–¡Sakura-san! ¡Sakura-san, por favor! –escuchó la voz de uno de los enfermeros de piso –¡Abra la puerta, por favor!

Sin esperar ni un minuto más, Sakura corrió a abrir su puerta para dejar ver al hombre tras de ella notoriamente agitado.

–¡Disculpe la molestia, Sakura-san, pero Tsuki-san se encuentra en un proceso quirúrgico de alto riesgo y me ha pedido que venga a buscarla! Usted sabe que ella es apenas una aprendiz en esta área y, bueno, las cosas se han complicado un poco.

–¡No se preocupe! ¡En seguida iré con ella!

–¡Gracias, Sakura-san! –se inclinó el enfermero en muestra de respeto y se marchó.

–Sasuke-kun, esta charla apenas comienza –la voz de la kunoichi era apresurada dada la delicadeza de la situación –Me temo que debo dejar las cosas aquí por el momento, sin embargo, en cuanto termine la cirugía iré a buscarte a tu casa –mencionó tomando todos los papeles que tenía sobre el escritorio guardándolos descuidadamente en sus cajones bajo llave.

–Creí que irías a casa de Tsunade después de aquí –dijo el hermano de Itachi levantándose de su lugar y encaminándose a la puerta dispuesto a salir en cuanto la ninja médico partiera rumbo al quirófano.

Estando ya todo en su lugar, Sakura colgó su bata en el perchero para no perder tiempo en el quirófano vistiéndose con la ropa quirúrgica, tomó sus llaves y se detuvo justo enfrente del azabache que ya estaba en la puerta esperando a que ella saliera.

–Como le dije a Naruto, ustedes son mi prioridad –se aseguró de mirarlo directamente a los ojos, sin prisas, para que entendiera el chico que ella hablaba completamente en serio.

Fueron segundos eternos los que ella se perdió en ese mar negro de ojos profundos que terminaron por acelerarle el corazón, pues esa pasiva y fría mirada se había clavado en sus ojos esmeralda. Él había fijado igualmente su mirada negra en su mirada jade, pero a diferencia de la calidez y amor que le dedicaba la kunoichi, él le devolvía una mirada fría y sin emociones.

–Te veo en la noche afuera de tu departamento, Sasuke-kun –dijo la médico deshaciendo el contacto visual desviando su rostro levemente sonrojado.

El Uchiha salió del consultorio seguido de la Haruno que cerraba con llave y se dirigía a toda velocidad al quirófano sin mirar atrás, justo así como Sasuke se encaminaba a la salida del Hospital: sin mirar atrás. Los dos recorriendo el mismo pasillo pero en dirección opuesta.


Muchos, demasiados, miles de kilómetros lejos de la Aldea Oculta de las Hojas, como a cuatro días de distancia de la misma, se encontraba ubicada la Aldea Oculta del Sonido. Y dentro de esa misma aldea, escondida entre aquella pequeña zona se encontraba una guarida bien conocida por ser el escondrijo de la serpiente blanca.

Adentrándose cautelosamente a la zona, si es que algún desdichado tuviese la osadía y la destreza suficiente para llegar a tal punto, se encontraban innumerables habitaciones en forma de laberinto que desorientaría a cualquiera, convirtiéndolo en una presa sumamente fácil para ocuparlo principalmente como conejillo de indias, donde muchos otros igual que él o ella estaban en prisiones aguardando y deseando fervientemente el final de su miserable existencia.

O eso pensaría cualquiera que no conociera al nuevo Orochimaru, a la serpiente blanca que había renacido tras su derrota a manos de Sasuke y que había sido invocado por el mismo Uchiha tiempo después en medio de la Cuarta Guerra Shinobi. A partir de ese momento mientras continuaba el paso de los meses de aquel gran incidente a nivel mundial; diez, para ser precisos, se había debilitado miserablemente hasta el punto de encontrarse en cama tosiendo como si hubiese fumando toda su larga vida.

A esas alturas, Orochimaru se daba cuenta de lo imposible que resultaba la vida y juventud eterna, pues los años que llevó esquivando a la muerte, ahora le cobraba caro su atrevimiento. Ningún cuerpo joven, poderoso y prometedor le soportaba su alma pesada y anciana, por lo que los experimentos y medicamentos que sus subordinados creaban y fusionaban entre genes le permitía vivir un poco más cada día, pero aquello tampoco resultaría por mucho tiempo.

–¡Aaaagggghhhh! ¡Aaaaggghhh! –se escuchaba el lamento de la serpiente blanca que, después de todo, no renacería en esta ocasión.

–¡Orochimaru! –se encontraba a su lado el auténtico y original portador del sello maldito que procuraba al ser al que Kimimaro entregó su vida.

–¡¿Do-Dónde está el maldito medicamento?!

–Suigetsu no debe tardar en traerlo –justificó Juugo.

Pocos segundos después, los pasos presurosos de un shinobi se escuchaban por el pasillo hasta que por fin ingresó a la habitación de Orochimaru.

–Aquí está este medicamento –dijo el ninja de agua otorgándole el frasco a Juugo que se encargó de ayudarle al Sannin a beber de él.

–¿Por qué tardaste tanto esta vez, Suigetsu? –preguntó sereno el pelinaranja al asegurarse de que el pelinegro había bebido completamente el contenido.

–Tsk –se quejó el dueño de la espada de Zabuza –¿Qué te hace pensar que la culpa fue mía? La que se retrasó en la preparación del endemoniado medicamento fue esa loca mujer –se excusó encogiéndose de hombros y tomando del envase que siempre cargaba para poder hidratarse.

–¡ESTOY ESCUCHÁNDOTE, MALDITO SUIGETSU! –el peliblanco detuvo su actividad y tragó grueso al escuchar la rasposa voz de una mujer entre las sombras.


Pasada un par de largas horas y media de cirugía complicada, la pelirrosa se dirigió a su consultorio para recoger sus cosas y marcharse del Hospital. Abrió la puerta e ingresó entre la penumbra de la pieza hasta que encontró el interruptor y lo movió para que la luz iluminara el lugar.

–Vaya, se ha oscurecido mucho en tan poco tiempo –exclamó al observar la negra noche estrellada a través de la ventana –Solo espero que Sasuke-kun acepte recibirme –después de tomar su abrigo para protegerse del gélido clima que hacía durante las noches, Sakura cerró nuevamente su consultorio con llave. En esta ocasión no cargó consigo los documentos de su investigación, pues su siguiente parada no sería la casa de su maestra.

Al recorrer las iluminadas calles de Konoha presurosa para llegar al departamento en donde se encontraba el azabache, no pudo evitar pasar por un restaurante el cual despedía un delicioso aroma. Su estómago se estremeció sonoramente y fue ahí que recordó que no había probado bocado desde hacía varias horas. Estuvo tentada a detenerse para comer y después alcanzar a Sasuke, sin embargo, no quería importunarle llegando demasiado noche, así que continuó su camino hasta llegar al sitio deseado.

–¡Sasuke-kun! –gritó la pelirrosa después de tocar la puerta –¡Sasuke-kun!

Después de unos breves instantes en los que aguardó, la Haruno no vio respuesta alguna del azabache. De hecho, las luces de su departamento estaban apagadas y no se veía rastro alguno de movimiento.

–¡Sasuke-kun! –puso sus manos a los costados de sus labios para dirigir el sonido a un solo punto y, aun así, no hubo respuesta.

La pelirrosa bajó sus brazos y se encaminó a un pequeño escalón que había a la entrada del lugar y se sentó en él abrazando sus piernas para protegerse del frío. Tras unos minutos más de espera en los que el pelinegro no daba señales de vida, la chica se impacientó

¿Dónde demonios se habrá metido? –pensó ligeramente molesta –¡Sabía muy bien que yo vendría a buscarlo! De haber sabido que no estaría en su casa mejor me hubiese detenido a cenar.

La kunoichi se dio media vuelta dispuesta a retirarse del lugar. Si Sasuke creía que ella estaría esperándolo por más tiempo, estaba equivocado.

Con paso firme y decidido la médico abandonó la zona para dirigirse al restaurante más cercano a cenar y olvidarse por ese día de todas las preocupaciones, pero mientras avanzaba, un pequeño sentimiento de tristeza comenzó a germinar en su corazón. La chica poco a poco modificó su seguro semblante para terminar portando uno de melancolía. Sus ojos, los que antes estaban fruncidos de enojo, ahora estaban marchitos de tristeza. Hasta el estómago que antes rugía por comida, ahora estaba quieto. Había perdido por completo el apetito.

La chica miró a su derecha y se fijó en el puente donde muchas veces se habían reunido ella y los otros dos cuando eran gennins. Sonrió para sí y se encaminó hacia la estructura hasta posarse en la parte más alta y recargarse en el barandal. Sus bellos ojos jade se detuvieron a mirar la hermosa Luna reflejada en el agua.

¿Por qué siempre con Naruto las cosas son más fáciles? –pensó la pelirrosa sin apartar sus ojos del lago –Siempre se muestra cooperativo y nunca le niega a nadie su ayuda cuando se la piden. Es amable y casi siempre lo veo con una sonrisa en el rostro. ¿Por qué Sasuke-kun no puede ser un poco más fácil de tratar? Quiero ayudarlo, pero ¿cómo hacerlo si él me rechaza todo el tiempo? Soy su compañera de equipo, pero a pesar de eso, a él todavía le falta mucho para confiar en mí.


Hasta aquí el capítulo de hoy, ¿qué les ha parecido? Creo que ahora no hay aclaraciones qué hacer, solo que en realidad no estoy enterada de cuánta distancia hay entre Konoha y el Sonido, pero creo que en mi fic son cuatro días jaja. Todavía no se sabe qué es eso de lo que quiere hablar Sakura con Sasuke porque al muy maldito se lo ha tragado la Tierra. ¿Dónde está cuándo más se le necesita? A veces me cae gordo ese Uchiha XD

Yo Raven: Holaaaa... tienes un pseudónimo muy peculiar jaja ¡me gusta! Gracias por opinar así de mi historia, de verdad que es muy importante para mí saber que me leen, de lo contrario creo que no tendría sentido escribir algo, por eso agradezco muchísimo tu review. Pienso exactamente igual que tú, porque también leía fics donde una era la mala y la otra la buena y eso no me gustaba porque en realidad las dos me gustan, por eso decidí escribir una historia donde las dos fueran las buenas y las malas a la vez, ya sabes, como la vida real jajaja. Espero que la actualización te haya gustado. Te mando un saludo.

Bueno, eso e todo por ahora. De verdad epero con ansias sus comentarios al respecto y saber si esta historia les está gustando o no. Nos leemos pronto. Sayo...