El príncipe miró a los agentes a cada lado con los azules ojos abiertos de terror pero ellos continuaban caminando y deteniéndose en perfecta sincronía sin tener que cruzar una sola palabra o mirada. El portón estaba cada vez más cerca pero a sus espaldas ya se escuchaban los gruñidos rabiosos de los lobos que les seguían el rastro y, sin previo aviso, las cadenas que sujetaban el portón de hierro comenzaron a ceder para que este bajara con un crujido estremecedor por su tremendo peso.

Los elfos tomaron al príncipe de cada brazo y corrieron raudos hacia el poco espacio que quedaba entre el portón y el suelo llevándolo casi a rastras, pero durante la carrera el príncipe pisó un pedrusco que dobló uno de sus tobillos malsanos y no logró contener un leve grito de dolor al forzarse a seguir corriendo para mantenerles el paso a los agentes, mas ellos ya habían desacelerado un poco la marcha; el segundo elfo había girado el rostro un momento para mirarlo con consternación, pero sus ojos mudaron en terror una fracción de segundo antes de que un ladrido ensordecedor sonara del otro lado y la elfa chillara cayendo aparatosamente fuera de la capa, retorciéndose bajo las garras de un gigantesco lobo en medio de los gritos de júbilo de los orcos.

Un segundo lobo saltó hacia Anduin tomándolo de un brazo y desgarrando su carne al mover la cabeza de lado a lado, haciéndole caer junto a la elfa y gritando del mismo modo que ella bajo el aluvión de arañazos y el temor de que otros canes se unieran a comérselos vivos. Mientras tanto, el elfo que permanecía en sigilo observaba lívido de ira e incredulidad la sangrienta escena con ojos llorosos; su amante gritó "¡sálvate!" en élfico mirando justo hacia sus ojos a pesar de la invisibilidad y el elfo esquivó por poco al lobo que se abalanzó hacia su cara para salir corriendo entre la gente justo antes de que la puerta se cerrase con un golpe seco al caer en la tierra.

El príncipe peleaba por golpear el hocico del animal con el puño libre desesperadamente cuando un segundo animal atacó su cuello por el otro lado y gritó con más fuerza al sentir cómo la sangre manaba a chorros de su yugular. Pero justo en ese instante, un agudo silbido sonó por encima de los gruñidos de los canes y éstos los soltaron instantáneamente para girar la cabeza hacia la fuente del ruido en estado de alerta; el joven se tapó la hemorragia con una mano al mismo tiempo que murmuraba una sanación rápida que le salvó la vida y luego se dirigió a sanar las heridas más graves de la elfa por mero instinto, pero ella lo apartó con un manotazo furioso entre lágrimas.

– ¿Qué tenemos aquí? –preguntó Garrosh emergiendo de la multitud con una expresión de desprecio y furia que hizo encoger al príncipe, y que sólo se ablandó para repartir algunas caricias hacia los lobos que se acercaban a su amo para presumir su hazaña. – Un par de cobardes… – dijo pisando el antebrazo de la elfa hasta romperlo y hacerle abrir el puño donde sostenía una dosis letal de veneno, impasible a los gritos de la mujer al patear el vial lejos de su mano.

Anduin permanecía en sepulcral silencio temblando en su sitio, perturbado por el llanto de la elfa y temeroso por sus inciertos futuros a manos del orco que se paseaba delante de ellos, definitivamente menos contento que el resto de los orcos que presenciaban la escena con mucho interés. Sentía que iba a vomitar si abría la boca, pero la intriga lo estaba matando y tomó aire para hablar.

– Garrosh, yo no quería…

– ¡Cállate, gusano! –gritó y una bofetada atroz volteó el rostro del niño. La elfa moribunda soltó un ruido histérico que bien podría ser un sollozo o risa y otros más rieron, pero callaron incómodos al ver que su general no participaba de la gracia. – No tienes palabra, desviado infeliz… –escupió hacia él y caminó de un lado a otro un par de veces mientras gruñía para sí. –Lleven al mocoso dentro del cuartel, necesito pensar qué hacer con él. En cuanto a la ramera… dejen que los perros terminen con su cena, se lo han ganado.

– No. –interrumpió el príncipe poniéndose de pie a pesar de las heridas y con la mitad de la cara enrojecida, pero con la decisión destellando en su mirada.

– ¿Cómo te atreves, insolente pedazo de mierda?

– Mi juramento sigue en pie, siempre lo ha estado, y necesito de esta agente para recordárselo a mi padre. –Continuó haciendo caso omiso de los gruñidos y la mala cara de Garrosh al ponerse delante de él. –Déjame escribirle para recordarle que estoy aquí por voluntad propia y decirle que no quiero que envíe más gente a tratar de rescatarme.

Garrosh pareció pensarlo mientras se rascaba la barbilla tatuada y sus colmillos se expusieron en una sonrisa cruel que le hizo estremecer y flaquear por un instante.

– Tiene que haber papel y tinta dentro del cuartel. Ve y escríbele a tu querido padre, mientras tanto… tu amiguita se quedará jugando con mis perros.

Con un gesto de la mano y un gruñido, los lobos volvieron a lanzarse contra la elfa y la cacofonía de gritos, ruidos ferales y carne desgarrándose volvió a hacerse oír en la jungla. Anduin se quedó pasmado por sólo un instante al mirar a Garrosh con incredulidad, pero este lo empujó por un hueco entre la multitud y el príncipe corrió lo más rápido que sus heridas le permitían, subió arrastrándose por las escaleras y encontró el tintero cerca del escritorio de los mapas. Casi derrama la tinta sobre los diversos papeles por el temblor en sus manos mientras luchaba por concentrarse mientras escuchaba los ruegos de la elfa sobre las risas desternilladas de los orcos, pero logró escribir algunas líneas concisas que esperaba que su padre identificara como legítimas.

Padre.

No envíes a más personas a morir por mi culpa. Yo me metí en esta situación y yo buscaré la manera de salir vivo de ésta…–tachó la última parte. –Me mantendré con vida hasta que logren capturar a Garrosh, esfuércense en derrotarlo.

A.L.W.

Firmó con sus iniciales y forcejeó con el anillo en su dedo con un cachorro de león grabado en su sello para mojarlo en la tinta derramada para finalizar la nota más breve de su vida sin atreverse a escribir nada personal y corrió de regreso agitando el pergamino en el aire mientras gritaba: – ¡Basta! ¡Ya está listo! ¡Déjenla en paz!

– ¡Cierra la boca! –gritó el general orco al recibirlo con otro puñetazo en la cara que lo tumbó al suelo y le arrebató la nota mientras el chiquillo rodaba por el suelo sosteniéndose el tabique de la nariz destrozada para detener el sangrado. Garrosh emitió el mismo silbido con sus colmillos una vez más y los lobos dejaron a la agente de la Alianza en paz para mirar a su amo en la espera de otra orden, quién estaba concentrado en descifrar la intrincada caligrafía en lengua común del príncipe. – ¿Pusiste alguna clave aquí para algún absurdo plan de fuga?

– No… –respondió con el fonema nasal de la negativa ahogado en sangre al levantarse del suelo.

– Pues debiste hacerlo, estúpido.

Garrosh arrugó el pergamino y lo arrojó sobre la elfa que temblaba como una hoja al viento al pasar de los gritos a un llanto irregular y lastimoso; trozos de piel violácea colgaban de su rostro desfigurado y brazos, y tenía una masa sanguinolenta sin forma donde solía estar su ojo izquierdo, pero el resto de su cuerpo había sido protegido por su armadura de cuero marcada sólo por las zarpas de las bestias. Anduin dio un paso hacia ella pero el orco lo detuvo de un hombro bruscamente y todos guardaron silencio mientras la mujer se levantaba tambaleante con el pergamino apretado en un puño sin dejar de llorar por su único ojo sano, miró a los orcos a su alrededor y un hueco entre ellos se abrió para dar camino hacia la puerta que se levantaba ruidosamente con la ayuda de poleas chirriantes.

Aquellos 10 metros entre un par de filas de oscuros orcos silenciosos que le escupían ocasionalmente hasta salir al sendero de la jungla, debieron ser la caminata más larga que Anduin vería en toda su vida.

– Ahora…

La gigantesca mano del orco se cerró en torno a la nuca enrojecida por el sol del príncipe y lo empujó caminando hacia su cuartel, arrastrándolo en ciertas ocasiones en las que sus pasos no podían igualar la velocidad con la que las piernas más largas del mayor de manera dolorosa. El trayecto no duró mucho hasta que lo arrojó al tramo de escaleras de la entrada para trabar la puerta de metal con un madero gigantesco; Garrosh se quedó observando la puerta en silencio durante un largo rato, que el príncipe aprovechó para ponerse de pie y sanarse la nariz, sin dejar más rastros de la fractura más que la sangre que había resbalado hasta su barbilla.

– Escoria sin honor ni palabra…– comenzó a decir el orco mientras subía escaleras arriba, pero Anduin no se movió de su sitio y aprovechó los escalones para estar a la misma altura que el otro, mirándolo firmemente a los ojos.

– Basta. Yo no falté a mi palabra ni tenía intenciones de hacerlo.

– Estabas a punto de llegar a la puerta, ¡no mientas! –gritó en su cara y lo empujó contra la pared para quitarlo de su camino, caminando hasta el trono para dejarse caer con la respiración afectada por el enfado. – ¡Ven aquí!

Anduin terminó de subir las escaleras y se dirigió hacia él arrastrando los pies dispuesto a seguir discutiendo, mas la faz iracunda del orco logró disuadirlo y simplemente se quedó de pie delante de él con algo de temor. Agachó la cabeza y llevó una mano a su hombro mientras sentía la mirada del orco observando su cuerpo escuálido, sucio, maltrecho entre lo que eran cicatrices viejas y mordidas frescas bajo la sangre coagulada, latigazos y raspones; no le dolían más de lo que lo avergonzaban y de verdad deseó que Garrosh dejara de mirarlo.

– Ven, arrodíllate. – dijo con voz grave y áspera mientras señalaba con la cabeza el espacio entre sus piernas separadas. Anduin sintió un vuelco familiar en su vientre bajo que le hizo estremecer en cuanto la idea asaltó su mente y respiró profundo intentando mantener la compostura mientras se acercaba sin atreverse a arrodillarse por cuestión de orgullo. – Juraste que te quedarías aquí, qué harías todo lo que yo te ordenase, ¡¿no es así?! –espetó al tiempo que tiraba de su mano hacia abajo y sus rodillas terminaron cediendo.

– Sí… –respondió tratando de no mirar hacia su entrepierna que tenía a pocos centímetros de su cara, pero el orco había tomado su barbilla ensangrentada para mirarlo a los ojos mientras delineaba el contorno de sus labios con el pulgar; Anduin sabía perfectamente que, al igual que él, estaba recordando las horas de "conversación" en su celda.

– Ya sabes qué hacer, ramera.

Garrosh lo soltó bruscamente antes de reclinarse en el trono de huesos y pieles, tamborileando los dedos sobre los reposabrazos con impaciencia mientras esperaba a que su prisionero obedeciera. El joven llevó las manos hacia los botones de madera del pantalón de cuero sin poder controlar el temblor de sus dedos al tratar de abrirlos sin tocar nada más, pero el orco tomó sus muñecas dentro de una sola mano y lo empujó a sentir su entrepierna tumefacta bajo el pantalón. Anduin desvió el rostro rojo mientras sus dedos se metían bajo el cuero para hacer saltar cada botón, sintiendo su piel áspera y vellos obscuros a su paso hasta encontrar la base de su miembro; un segundo hervor de sangre bulló en su ingle al desenfundar semejante tamaño de hombría sin poder retroceder, pues sus manos seguían sujetas alrededor de ésta.

Anduin sabía que no tenía sentido discutir, ¿de qué lo convencería? La sola mención de alguno de los tratados de guerra de Azeroth solo podría acarrear risas o más golpes; así que pasó saliva cerrando los dedos torno a la ancha hombría oscura del orco para masajearlo de arriba abajo un par de veces y se remojó los labios saboreando la sangre en ellos antes de lamer la punta sin poder evitar alzar la vista para ver la expresión de Garrosh. Él, por su parte, exhaló ronco al sentir su lengua húmeda y ver sus ojos azules llorosos contrastando con la sangre en su cara. Se repantigó en el trono mirando hacia el techo, pero esta vez no era como aquella en las mazmorras en la que llevaba días de abstinencia entre la toma de Orgrimmar y el encierro en aquella ridícula prisión pandaren; no, esta vez esos mediocres lengüetazos no servían para nada y el orco gruñó insatisfecho cuando el joven apenas logró meter la mitad del falo en su boca por más que intentaba abrirla al máximo.

– Me aburres, muchacho. –dijo tomándose un momento para sentir su sedoso cabello dorado antes de empujar su nuca para hacerle tragar más, provocando arcadas cada vez que retrocedía y lo volvía a empujar.

El joven se esforzaba por mantener la boca abierta alrededor del grueso miembro y respiraba profundo cada vez que tenía la oportunidad para no vomitar. Recordaba su sabor fuerte y salado, su diámetro que con dificultad cabía en su boca y el largo que llegaba a su garganta y, aún así, faltaban varios centímetros para que sus labios llegasen a rozar el vello alrededor de la base.

Creía haber encontrado un buen ritmo y esperaba que el mayor se corriese en cualquier momento, pero súbitamente tiró de su cabello y lo arrojó lejos al tiempo que se ponía de pie intimidantemente. Anduin se hizo un ovillo tembloroso mientras lo veía acercarse y se limpió la boca con el dorso de la mano preguntándose qué había hecho mal.

– ¡Eres una calamidad! ¡No sirves para nada! –gritó legítimamente enojado y el menor retrocedió arrastrándose con los codos instintivamente al ver tal ira. – Cobarde, afeminado, mentiroso… ¡ni como puta me sirves! – continuó al alzarlo del cuello como a cualquier alimaña.

Anduin boqueó asfixiándose mientras pataleaba en el aire y enterraba las uñas en la dura piel del orco sin que pareciera surtir efecto alguno. La imagen de la cara del Garrosh fue haciéndose borrosa y sus intentos más débiles conforme le faltaba el aire, hasta que el orco lo arrojó contra el escritorio, rodando sobre una gran cantidad de pergaminos, tinta y objetos varios que terminaron cayendo mientras él tosía resbalando hasta terminar de rodillas en el suelo sosteniéndose del borde de la mesa temblando convulsamente.

Me va a matar, saltó a su mente como saltan las intuiciones puras de la Luz mientras intentaba no desmayarse, sabiendo que la mesa era su único asidero a la conciencia. Escuchó un cristal haciéndose añicos y un instante después sintió un frío chorro viscoso cayendo sobre su espalda, reconociendo el olor del aceite de lámpara incluso antes de pensarlo. El aceite resbaló por la línea de su columna vertebral y entre sus glúteos, separados a la fuerza por las manos de Garrosh.

Anduin cerró los ojos y se aferró a la madera hasta que sus nudillos se volvieron blancos en espera de la dolorosa penetración, mas ésta no llegó; en cambio, escuchó al mayor murmurar algo en orco cuyo significado no conocía pero que tenía la entonación y fuerza de una palabrota. El mag'har lo soltó con brusquedad y el príncipe pudo ver por encima del hombro su rostro aparentemente estoico mientras volvía a cerrarse el pantalón al tiempo que se levantaba de su posición acuclillada. No obstante, bastó una amenazante mirada de sus ojos dorados para que el joven entendiera que no debía hacer nada estúpido y permaneció en silencio con la cabeza baja hasta que el general salió del cuartel azotando la puerta como de costumbre.

Solo entonces se soltó del mueble y cayó como peso muerto hacia un costado, exhausto, magullado y desnudo a excepción de las botas que era lo único que no estaba esparcido en jirones por toda la habitación. Anduin respiró profundo varias veces para no quebrarse, no podía permitirlo bajo ninguna circunstancia, y se estiró para alcanzar el pedazo de tela más cercano para aseare. No podía caminar y no quería hacerlo, así que simplemente se arrastró debajo de la mesa para dormir con la certeza de debía salir de ese lugar por sus propios medios.


Tengo un nuevo empleo de tiempo completo.

Hoy me enfermé pero aún así debo ir medio tiempo, HA HA, así que posteo esto a la carrera.

Dios, está horrible... weh... mátenme, no quiero trabajar y tampoco quiero seguir escribiendo en vista de que cada nuevo parche destruye mis sentimientos y mi trama. ¿Ya terminaron la quest legendaria hasta el 6.1? A eso me refiero.

Un saludito especial a mis reveiwers, y quiero que sepan que si mi vida tiene un propósito, es ser apologeta de Garrosh Hellscream.