Un pequeño detalle, en el capitulo de "The pianist", me equivoque cuando describi su piano, el piano de cola lo tiene hasta este capitulo, el que el toca era un piano electrico.
INNOCENCE
[ Innocence – Avril Lavigne]
Con el conteo de los días, el efluvio de Edward pasó de ser tentador a mi agonizante tortura, tan cruel como si quiera pensar en quitarle la vida. Inclusive evitaba pasar demasiado tiempo con el.
Mis hermanos reprochaban mi hostilidad. Me recordaban lo mal que le hacia pasar; ¿Y yo acaso era una pieza inerte, un maldito maniquí sin sentimientos? Ellos no comprenderán jamás mi posición, su dolor me hiere causando un punzante escozor en aquel órgano muerto que alguna vez pude llamar corazón.
Si una vez me pude decir la más controlada después de Carlisle, ahora seguramente le decepcionaría, Enterarse de mi falta de valor.
Y aunque eso fuese lo de menos, Edward siempre será mi prioridad, y si por mantenerlo a salvo, inclusive sacrificaría mi felicidad por su propio bien.
Tenia que irme lo mas rápido posible, el estaría seguro con mis hermanos.
Tal vez yo podría continuar con el rastreo de Victoria, y no dejar olvidado nuestro deber, gracias a una pequeña criatura que dio una sacudida a nuestra concurrente vida.
Y ella seguía causando muertes de vidas inocentes.
— ¿Bella? — Edward asomo su cabeza por la puerta de mi recamara.
— Pasa— concedí, desde que nos distanciamos el ya no pasaba sin permiso. Pero era lo mejor.
El entro con paso decidido, aunque podía oler su miedo. Hasta sentarse en la esquina de mi cama, retirado de mi, eso me causo un pinchazo de dolor.
Sus brillantes ojos de una pieza cara, se ensombrecieron y agarro el tono de un verde opaco.
Recorrió con su mirada cada rincón de mi desolada habitación. Y pude sentirlo estremecerse un poco, el solía escabullirse cuando tenia miedo y dormir noches enteras a mi lado. Dejo de hacerlo cuando se lo prohibí por mera precaución, usando el pretexto de su edad. Ahora tenia 10 años, ya era un niño grande.
— ¿Te vas? — pregunto, y una brisa de aire me helo, cuando sus ojos se cristalizaron tan relucientes como dos hermosas gemas.
En que momento me convertí en sur tan aberrante, en una desgraciada Bestia. ¿Yo era la causa de sus penas?
— ¿Quién te dijo eso? — inquirí con un deje de rabia e impotencia por no poderle consolar como yo siempre hubiese deseado.
No debía saberlo, el no debía de estar enterado, si el me lo pidiese y rogara, encantada cedería y me quedaría a su lado para siempre. Y ahora sin una decisión tomada, solo el la podría cambiar.
Me carcomía solo de pensar en alejarme de el. La Herida estaba tan blanda que cualquier suplica seria suficiente para mi. Pero no lo hizo, el permaneció en silencio.
Hizo ademán de cortar la distancia, pero se mantuvo en su lugar. Alzo la mirada y me la mantuvo firme.
—Se lo dijiste a Alice— me pidió disculpas con la mirada.
—Aun no esta decidido, Edward— hice lo posible por no lastimarlo, pero fue en vano, Alce mi mano y retire una lagrima que recorría firme sus mejillas pálidas. Se estremeció al contacto de mi tacto.
— ¿Es mi culpa?
— ¿Por qué dices eso? — mi voz se quebró.
Necesitaba abrazarlo y suplicarle su perdón.
—Odio crecer, tu solo me querías siendo mas chico— Era tan inocente, pero mentía no era su culpa, si no mi maldita necesidad de saciar la sed con su calida sangre.
Y pensar en mi hermano como un vil alimento, uno más de la cadena alimenticia, me producía asco de mi misma.
— No es tu culpa, este viaje ya estaba predestinado— alcance su cabello sedoso, y enrede mis dedos en el, dando suaves masajes, el no lo pensó mas y corto la poca distancia entre nosotros. Su calido abrazo solo fue una espina mas para mi imprudente decisión.
Y seria la última vez que jugaría al valiente.
— ¿Quieres decir, que aun me quieres? — pregunto esperanzado, y sonrió con su curvita de lado, como nunca antes lo había hecho. Y me odie por tener que mentirle después y me odie por mentirle tiempo atrás. Me lamentaba ser yo la causa de su felicidad, no me lo merecía.
Era aberrante que una cosa como yo, le proporcionara tan bello sentimiento. Lo tome de la barbilla y lo alce delicadamente, obligándole a verme.
—Edward, Te quiero— Musite. El me regalo una encandiladora sonrisa, aquello fue un flashazo que me dejo varios segundo en blanco. Sacudí mi cabeza regresando a la realidad.
Solo Edward tenía la posibilidad de atontarme tan repentinamente. Tan solo porque no era un humano normal, era maravillosamente único.
Jasper froto de manera grácil, la nívea mano de su esposa. Ambos completaban su rostro con una fría expresión, y la quijada tensa, que los hacia verse aun más peligrosos de lo que su naturaleza amenazaba.
Volví mi cabeza en otra dirección, cohibida por lo penetrante de sus miradas.
—Regresare— prometí con voz ahogada. Solo necesitaba tiempo y alejarme de la tentación, y su exquisito hedor.
— ¿Qué le dirás a Edward?
Los ojos de Alice eran inexpresivos, tenia razón de enojarse, le ocasionaría el mayor daño a la persona más importante de mi existencia.
—La verdad…. A medias.
Alice y Jasper suspiraron al mismo tiempo.
Suspiraron. — Bien— susurraron al unísono.
Alice se levanto de su lugar, y tomo su bolso negro.
— Ya es hora de ir por Edward— murmuro y se aproximo a la puerta principal.
Corrí a su lado y la detuve de un brazo.
—Yo iré por el—dije, ella accedió de inmediato con una sonrisita indiscreta.
Estacione el auto amarillo patito, frente al viejo edificio donde yacía Edward. Todavía faltaban minutos para que un remolino de extraño color saliera corriendo a mi dirección. Reprimí una carcajada, al recordar su efusividad. Realmente parecía nuestro hermano de sangre. Y agradecía que no fuese así, seguro el se lamentaría, tanto o mas que yo.
Menee la cabeza y la recosté contra el respaldo de mi asiento. Era como sentirme esclava de la propia espera, y Edward mi verdugo.
El ambiente se lleno de música clásica, que me comenzó agradar desde el momento en que Edward me dio a conocer su verdadero significado.
Mantuve mi mirada en una pareja, parecían muy contentos con su mutua compañía. Ella sonreía alegremente, mientras el sobaba el vientre ya de unos cuantos meses, ellos eran muy felices. Reían tal vez de alguno chiste o simplemente por cualquier tontería. Sus manos estaban entrelazadas, y el así circulitos cariñosos en su palma.
Cerré mis ojos y me imagine en el lugar de aquella muchacha. Los abría de golpes, yo nunca me recrimine mi soledad, jamás e necesitado de una pareja para estar bien conmigo misma, tengo suficiente con mi familia, con Edward. Mi falta de compañía nunca antes había sido un problema, no hasta la llegada de el.
Gritos y risas fueron el acabos de mi distracción. Eche un vistazo a mi ventana, un conjunto de cabellos cobrizos corría entre la multitud de niños. Edward me saludo desde el otro lado de la calle. Y estuve alerta en cada uno de sus pasos.
— ¿Cómo te fue? — le pregunte una vez que Edward estuvo a mi lado, lanzo su pesada mochila al asiento trasero y cerro de un asoton la puerta. Aquello se ganaría una buena reprimenda por parte de Alice.
—Bien, ya sabes— Dijo el y me hizo sonreír con su mueca de horror. Cuanto extrañaría todo esto. Cuanto lo echaría de menos.
— ¿La de siempre?
—Es muy molesta—Respondió cruzando de brazos y haciendo un mohín.
—Es el problema de ser un niño encantador.
Era verdad, desde bebe el ya tenia sus prometidas, segundo las vecinas.
El resto del camino me mantuve en silencio, era muy difícil pensar en el hecho de separarme de el.
Edward era esencial en mi uniforme existencia.
— ¿Pasa algo? — inquirió preocupado.
No respondí, me limite a sonreír y despeinar su broncínea melena. ¿Qué iba decirle?, otra mentira quizás. Me mantuve con mi muralla a sima, no me inmute siquiera a mirarle, con este comportamiento seguramente acabaría por odiarme, o peor aun darle igual.
Camine a la par de el, sin dirigirnos la palabra, el tomo su mochila y la lanzo a una esquina. Sin voltear a verme tomo su camino y como todos los días se encerró en su cuarto.
Alice bajo las escaleras, y me sonrió tristemente. No necesitaba la compasión de nadie, yo misma me estaba buscando la indiferencia de Edward.
— ¿Mi auto se gano un buen rayón?— pregunto en un intento de burla. Negué con la cabeza, Alice era así hasta en los peores momentos.
Cada uno de los rincones que adornaban la imponente propiedad, eran custodiados por unas notas lastimeras y sombrías. Edward nos contagiaba de su deplorable estado de ánimo. Y todo era por mi causa. Esta vez nada tuve que ver Jasper con los repentinos cambios de humor que afloraban en el aire.
Sonreí melancólica. ¿Seria el recuerdo que me llevaría por los próximos años? La perfecta imagen de un niño al pie de su piano con los ojos inexpresivos, y su sonrisa apagada.
Resople angustiada y camine hasta el pie de las escaleras. Edward comenzó a repetir su vacía melodía, ya habiéndolo hecho una y otra vez en un solo día. Esa era posiblemente mi pena de muerte. Considere de momento hacerle compañía, pero me arrepentí antes de entrar su habitacion. Negué, seguro el quería estar solo.
En la sala de estar, Alice se encontraba perdida en su mundo Acosta de su fiel marido. Mientras este escuchaba con atención los nuevos acordes, de nuestro hermano prodigio.
Pensé que seria mejor no interrumpir momento tan intimo. Y Salí de aquel fúnebre funeral. Que festejaba la desdicha de un muerto, en todo caso la mía.
Me deje caer en mi regadera provocando un estruendoso rechinido. Abraze ambas piernas produciéndome dolor y enterré mi cabeza en ellas. Fingí que las gotas cristalinas eran mis lágrimas invisibles. Solloce de rabia, de impotencia, y deje escapar un quejido lastimero. Seguí haciendo aun cuando salí de la regadera y me dispuse a empacar solo lo poco necesario para mi viaje.
Tome prestado y en dado caso sin avisar, una foto de Edward; Nadie notaria ese pequeño detalle más que la sabihonda de mi hermana. Y escondí todo aquello que pudiese hacerle recordarme, para que el escozor fuera menos. El tenía que olvidarme, aprender a ser fuerte sin mí.
No seria tan difícil, después de todo regresaría y me iría solo si el me lo pidiese.
La realidad era más tormentosa luego de haberme encerrado en fantasías y un lugar que no me correspondía. El nunca estaría bien viviendo entre seres mitológicos.
—Es su cumpleaños, Bella— replico Alice. Edward cumpliría 11 años la próxima semana, pero tenia que irme o terminaría arrepintiéndome.
—No se— dude. Si me iba antes lo dañaría y podría ser una razón para ganarme su odio o pero aun su indiferencia.
—Ni lo pienses, el jamás te odiaría— Aseguro mi hermana. La fulmine con la mirada, ella debería meterse en sus propios asuntos.
— Deja de estar husmeando— me queje.
— No se necesita tener una visión, para saber que el te adora.
—Tiene razón— le secundo Jasper. Bufe fastidiada
Ellos lo sabían, debía quedarme si no quería ser la causante de un daño sin reparo. Estaba dicho me iría un día después de su cumpleaños. Aunque recibiera la peor de sus sorpresas, la ausencia de su hermana favorita.
Dormía, apartado del mundo. Me mantuve a su lado todo la noche, igual el se dio cuenta, no fui lo suficiente discreta para que el no se diera cuenta de que en la penumbra de su habitación una sombra yacía acurrucada. Vacile un poco antes de acercarme a su costado, me senté ágilmente y con una mano delinee desde su mandíbula hasta toparme con su reacio cabello. Edward era el humano mas hermoso, incluso podría hacerse pasar por uno de nosotros.
Me estreche a su lado, no necesitaba el sol para sentirme en una playa calida, su temperatura me era suficiente y a el jamás le fue indiferente mi piel helada. Sabía que estaba tentando a mi suerte y jugando con mi autocontrol. Solo me estaba despidiendo, eso era todo.
Lo arrope con sus cobijas desparramadas, el amanecer estaba próximo y yo cantaría las mañanitas para el. Carraspee preparando imaginariamente mi garganta.
—Despierta dormilón— lo llame, Edward se hundió mas en su cama y yo me reí. —Feliz cumpleaños, flojo— cante. Edward se levanto de un jalón, y se tallo sus ojitos adormilado.
—Bella— dijo quejumbroso, pero prosiguió, — ¿has pasado aquí la noche? — pregunto. Asentí con una sonrisa y no estuve prepara para su arranque de entusiasmo, cuando ya lo tenia colgado de mi cuello. Deje de respirar. Y como de costumbre el se dio cuenta, tenia que ser tan fijado en los detalles.
— Bella, ¿Por qué no respiras?
Aleje delicadamente a Edward de mi regazo y solté todo el aire contenido.
Piensa, piensa, piensa, piensa.
—Jasper y Alice te tienen una sorpresa en el comedor, ¿Vamos a ver que es? — me safe del aprieto en el que me había metido. Edward asintió confundido y lo tome de la mano para arrastrarlo hasta la sala comedor.
Ahí nos esperaban mis dos hermanos al pie de la mesa, con un enorme pastel, y el nombre de Edward garabateado con crema chantilly. Alice sonreía, tomaba de la mano de Jasper y este sufría, aun no entendía porque.
—Feliz cumpleaños, Edward— canturrearon los dos. Le entregaron un pedazo de su pastel y otro plato para mi, entonces entendí la dura expresión de Jasper, tendríamos que tragarnos literalmente, nuestro trozo. Estaba segura que tendría una mueca chistosa pintada en mi cara. Alice reía disimuladamente y Jasper me sonreía en modo de disculpa.
—No me gusta el chocolate— aclare. Edward levanto su carita embarrada de pastel y me sonrió.
—Esta muy rico, acompáñeme Bella. Por favor— pidió Edward, una petición a la que me fue imposible negarme. Observe detenidamente mi trozo de pastel y trague ponzoña. Tome un trozo y como si fuera tierra lo puse en mi boca para comerlo en seco.
—Lo ves, esta delicioso— Dijo el llevándose otro pedacito a la boca.
—Cierto— mentí.
Terminamos nuestro trozo con cara de disgusto y la garganta amarga. No recordaba como podía agradarme algo tan desagradable, bueno en aquel entonces ver un pastel con esta pinta, hacia que la boca se me hiciera agua. Hoy en día solo había un pastel en mi extraño menú.
Edward seguía disfrutando de su pastel, mientras veía unas caricaturas, que a mi parecer eran raras.
— ¿Edward? — le hable, Edward dejo de ver sus raras caricaturas y me dedico toda su atención.
— ¿Qué pasa?
—Porque no vas al salón de música.
— ¿Para que? — inquirió.
— Tal vez te gustaría verlo personalmente.
Edward sonrió y salio corriendo al salón de música, solo rogaba para que no tropezara. No era un niño torpe, pero aun así era un niño y todo niño termina siempre en el suelo.
—Bella! — grito Edward. Salí corriendo, no sabia si era un grito de emoción o de horror. Atrás de mí venían Alice y Jasper.
Edward, estaba sentado en el banquito del enorme piano de cola, negro.
— Es... Es… Es… un piano! —tartamudeo emocionado, sonreí de solo ver lo tan alegre, si tan solo siempre fuera así.
—Lo prometido es deuda— le guiñe un ojo y el corrió a abrazarme, lo sostuve un momento sin pensar en respirar. Envolvió sus manitas en mi cintura y recostó su cabecita en mi pecho. Edward era un niño alto, tal vez nos pasaría un poco a todos o probablemente casi llegaría a la altura de Jasper.
— ¿Tu corazón? — Pregunto algo ido. Lo aparte de inmediato, pero que rayos me pasaba, como se me ocurría dejarlo pegarse a mi pecho.
Me sentía tensa y asustada mas de lo debido, seguro era obra de Jasper. Y alice me observaba angustiada.
— ¿Qué tiene mi corazón? — Pregunte haciéndome la tonta, pero en seguida cambie el tema, —Edward, ¿porque no tocas para nosotros?— le pedí con suplica, el algo desconfiando accedió de inmediato.
Edward comenzó a tocar, aquella melodía que una vez compuso para mí, y que hasta el día de hoy había dejado en el olvido.
—Bella, debemos tener más cuidado— susurro Jasper severamente, asentí con un suspiro, yo estaba echando todo a perder.
—No es tu culpa—Musito Alice abrazándome. Jasper se acerco e hizo lo mismo.
— No lo dije para hacerte sentir mal, hable en plural. Y descuida por el momento lo a olvidado.
Agradecí y seguimos escuchando la melodía de Edward. Sus pequeñas manos de pianista se movían con destreza y gracia. Emitían la más hermosa tonada.
Esta noche también velaría sus sueños, nuestra ultima noche juntos.
Baje despacio las escaleras de caracol, con paso tardío. Mis maletas ya estaban en la entrada, y mi familia aun costado, todos con amargas y tortuosas expresiones. Vacile un poco antes de llegar al final, pero no me detuve, era ahora o nunca.
Tome una de mis maletas y deje que Jasper me ayudara con las demás, simplemente para disimular ante la expectativa mirada de Edward.
Alice fue la primera en romper el hielo, y llego disparada enredándome en sus delgados bracitos en un fuerte apretón.
— Acaso me quieres despedazar— bromee, pero Alice no me soltó.
—Te voy a extrañar. Por favor mantente en contacto— me pidió, asentí sin siquiera mirarla.
El siguiente en estrecharme entre sus fuertes brazos, fue Jasper.
—Cuídate— dijo el, siempre con su tono protector, le sonreí y lo apreté mas a mi.
— Y tú no hagas cosas indebidas delante de Edward, no porque el piense que ustedes son "novios", les de mas privilegios— jugué. El soltó una carcajada.
— ¿Me ves cara de Emmette?
Ahora el turno de reír fue para mí. Y negué con una sonrisa extrañaría a mis hermanos.
— Salúdanos a Carlisle y los demás— pidió Alice, asentí con una sonrisa ya extrañaba al resto de mi familia.
Algunos metros atrás, estaba Edward sentado en las escaleras del porche. No tenía intenciones de despedirse, así que me acerque silenciosamente y me senté a su lado. Deje de respirar como usualmente lo hacia estando a su costado, frente, atrás de el.
—Ni si quiera un Hasta luego— demande. Edward me miro con sus ojitos cristalinos, mi apagado corazón se oprimió causándome un dolor muy humano.
— No me gustan las despedidas— dijo el, con la voz rota.
—Voy a volver te lo prometo— asegure. Edward me miro con aquel brillo tan especial que tanto me fascinaba.
—Aun así no me agradan.
"Tampoco a mi" pensé.
— Hagamos una cosa.
— ¿Qué cosa? — pregunto.
— Solo te pido que me beses aquí—, señale mi mejilla, — Ese será un hasta pronto— sugerí. Deje de respirar mientras esperaba el anhelado beso.
Sentí un calido escozor cuando sus labios tocaron mi fría piel, convirtiéndose en una quemazón agradable. Y una sensación que me lleno de alegría.
—Te estaré esperando— susurro en mi oído y un escalofrió me recorrió enterita. Edward causaba demasiadas sensaciones humanas en mi muerto cuerpo.
Y así partí, llevándome su recuerdo. Y dejándole mi desolado corazón, solo el le sabia dar vida, solo un niño podía revivir cada fibra de mi ser.
