Los personajes no me pertenecen
El sparring
Estaba siendo un día de locos, los clientes entraban y salían del restaurante como si fuera un hormiguero. Los platos volaban por la sala a un ritmo frenético y las mesas eran recogidas con la habilidad de un prestidigitador. No era el mejor momento para estar distraída, pero Shampoo no podía evitarlo, el caos de su alrededor hacía que sus ideas se mezclasen. Su cabeza era un hervidero de pedidos de Ramen, palabras corteses en japonés, el cálculo de las cuentas y la idea de seducir a Ranma. Por 3 ocasiones se equivocó al servir las mesas, hasta que su bisabuela, con un enfado mal contenido, la ordenó cambiar el puesto con Mousse. En otra ocasión hubiera discutido y gritado en mitad del restaurante que aquello no era justo. Ella era más rápida y simpática con los clientes que el cegato, pero se limitó a abandonar la sala enfadada consigo misma.
La cocina era como entrar en un mundo aparte. Hacía mucho calor y los sonidos de la sala llegaban amortiguados. El espacio era funcional y ordenado y el bullir de las cazuelas proporcionaba cierta tranquilidad que le ayudó a reencontrar su equilibrio. Ella era un artista marcial, la mejor de su aldea, reflexionaba mientras metía los platos en el lavavajillas, eso significaba tener confianza en sus capacidades, poder reaccionar a la velocidad de rayo y saber encontrar la mejor estrategia. Aquella inseguridad y la falta de control que llevaba sintiendo desde la noche anterior no eran propias de ella. El cambio de perspectiva fue revelador ¿Qué hace una guerrera cuando tiene dificultades para vencer a su enemigo? La respuesta era tan obvia que le entró la risa floja; entrenar. Practicar hasta que se agotaran las fuerzas. Dejar que el sudor y la sangre purificasen su derrota hasta obtener la revancha. Si el problema era la falta de experiencia debía obtenerla como fuera. Ser mejor que Akane una vez más.
Su bisabuela se asomó por la puerta para avisar que ya sólo quedaban los últimos clientes. Shampoo asintió distraída. Lo que necesitaba era un sparring, un compañero con el que poder practicar. El problema era quién. Pese a sus años en Japón Shampoo conocía a pocas personas, su círculo estaba compuesto por aliados ocasionales y enemigos que le merecían cierto espeto.
Salió de la cocina y se quedó mirando a los últimos comensales. El restaurante solía estar lleno de chicos de su edad. Shampoo sabía que en parte acudía al Neko Café por ella, para admirarla. A Shampoo le gustaba coquetear con ellos, que se esforzaran en hacerla reír, escuchar sus halagos y lanzarles miradas sugerentes. Algunos incluso se habían atrevido a pedirle una cita. En aquellas ocasiones Shampoo bajaba la mirada con modestia, aleteaba las pestañas y pedía que le dieran un día para pensar su respuesta. Los chicos nunca volvían, ella sabía de sobra que según salían del local Mousse se encargaba de disuadirlos. No le importaba, los celos de Mousse eran la parte más divertida del juego y aquellos chicos nunca le interesaron. Quizás debería empezar a prestarles más atención, algunos eran guapos y seguro que se dejarían seducir fácilmente. Se fijó en un par que no estaban mal, delgados pero atractivos. Sin embargo, cuanto más lo pensaba menos le gustaba la idea.
Ella era una amazona, no concebía el dejarse besar y acariciar por un simple estudiante de instituto. Ella necesitaba un guerrero poderoso que pudiera contener su espíritu. Un hombre que como ella entendiera que el cuerpo contenía parte de su esencia y supiera respetarlo como debía. Era curioso cómo, después de tantas batallas en Nerima, en realidad conociera a pocos luchadores; estaban Ranma, Ryoga, al que apenas conocía, y… Mousse.
Pensar en Mousse de esa manera casi le dio vergüenza, de hecho sintió un calorcillo en el estómago que la obligó a bajar la cabeza para que nadie se diera cuenta de su sonrojo. Con presteza se dirigió a recoger las mesas, intentando no mirar al chico ¿Era tan mala idea? Era un luchador fuerte y tenaz, estaba locamente enamorado de ella y sería fácil de controlar. Un escalofrío recorrió su espalda al sentirle pasar por detrás suya camino a la barra. Muy lentamente levantó la mirada y le observó bien, casi como si lo hiciera por primera vez. Mousse era capaz de pasar desapercibido, pero a la vez su figura era imponente, notó, más alto y con más presencia que la mayoría. Shampoo sabía que varias chicas de la aldea le consideraban guapo y que a más de una no le hubiera importado perder un duelo contra él. De hecho aquél era uno de los motivos por los que permitía a Mousse perseguirla, le gustaba sentirse envidiada por el resto de sus compañeras.
Sin darse cuenta se mordió un nudillo, para disimular su victoria. Había encontrado a su sparring.
Mousse debió notar algo porque se volvió. Shampoo sabía que no podía verla porque no llevaba las gafas, aún así le sonrió con promesas ocultas.
Esto iba a ser un simple Lemmon, pero creo que esta pareja necesitaba un poco de desarrollo para que la trama quedara algo creíble. La verdad es que lo estoy disfrutando, nunca analicé demasiado al personaje de Shampoo y siento como si la estuviera descubriendo. Me gusta ir introduciendo cosas sobre ella como lo que siente con la magia, sus dificultades con el japonés o su mentalidad como amazona. En fin, creo que para el siguiente capítulo ya entraremos en "materia"
