NUNCA DIGAN NUNCA

Disclaimer: Los personajes pertenecen a la franquicia de comics Marvel. Todo contenido referente a su personalidad, gestos, interpretaciones, información general ha sido proporcionado por las películas y comics –especialmente por las películas–. La idea de la historia es una creación original, una interpretación y sutil modificación para satisfacer la diversión –y capricho– de un autor aburrido (?). Porque de haber sido dueño de los personajes, el Capitán hubiera amado –y manoseado– a Tony desde el primer día. Si, a la mierda la paciencia.

Título: Nunca digan nunca

Pareja Principal: Stony { Steve Rogers | Anthony Edward Stark }

Parejas Secundarias: Pepesha { Natasha Romanoff | Virginia Pepper Potts } | Hulkeye { Bruce Banner | Clint Barton } | Thorki { Thor Odison | Loki Laufeyson }

Insinuaciones de Parejas: Pepperony { Anthony Edward Stark | Virginia Pepper Potss }

Aclaraciones:

—Diálogos—

—Pensamiento de los personajes

Intervenciones y aclaraciones

« Recuerdos »

[…] Aclaraciones del autor

Género: Slash | Comedia | MPreg

Ranting: T+

Comentarios: Bueno, el principal objetivo de esto no era mas que molestar un rato. Es decir, molestar a los vengadores que nada tiene que ver. Lo admito, verlos intrigados, curiosos o en situaciones inverosímiles es. . . divertido. En especial si Tony es quien tiene que ver con esas situaciones, como siempre; tan natura. Pobre Cap, tal vez sufra un poco, o disfrute; todo depende de la perspectiva, supongo.

En cuanto a tema aparte, tal vez si leyeron el genero, este fic tendrá MPreg. Pero nada de alguna idiotez como quedar embarazados por simple magia de la escritura o alguna idiotez que no tenga una razón lógica. Admito que me gusta la idea que tengan hijos, pero ya sea adoptando o –si hay embarazo– con una lógica. De lo contrario; no. Pero esta tendrá su explicación, y lugar, cuando sea correcto y necesario. Porque no, señores, no crean que en el primer capitulo todos terminaran embarazados; las cosas se dan a su tiempo –luego de un largo suceso de diversión para lectores y autor–. Pero tendrá su lugar. Eso ténganlo por seguro.

No busquen la lógica en donde no la hay.

Summary Completo: Todos afirman que Anthony Edward Stark no es capaz de mantener una relación seria. Pero los siguientes sucesos no solo afirmaran lo contrario, sino que aprenderán que contra Tony no hay dios que pueda.

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Capítulo 3

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Para las siguientes horas, aprovechando que habían llegado en la mañana y tendrían tiempo antes de meterse de lleno en la interminable fiesta de Brasil, cada uno de los miembros habían empezado a desempacar y establecer sus habitaciones. A excepción de las únicas señoritas del grupo, que ni bien dejaron sus valijas, se habían cambiado por sus bañadores para descender hasta las bellas playas brasileras a las que la mansión les entregaba acceso. Algo que algunos de los miembros restantes envidiaron, otros tantos encontraron con que entretenerse minutos después de su partida, otros –como Tony– se habían tirado en el sillón de la sala completamente aburrido. ¡Y es que nadie le prestaba atención! Bruce había descubierto la sección de laboratorio de la mansión, porque claramente el genio tenía un taller o laboratorio en cada una de sus propiedades, sin excepción; Barton, luego de haber dejado su equipaje y acomodarlo muy vagamente, había seguido a su pareja para pasar el tiempo restante en su compañía ¿Y los hermanos asgardianos? Loki tenía a Thor cual sirviente para acomodar sus pertenencias.

Y eso dejaba a Anthony en la sala, acostado en el sillón, completamente aburrido. Al menos los cinco minutos que tardo en tomar la decisión de ir con su rubio amante, el cual sabía perfectamente estaba en su habitación –como único ser recto y responsable del grupo– que prefería arreglar sus pertenecías antes de divertirse en tierras desconocidas. Pero todo eso termino siendo olvidado cuando cierto castaño había entrado a su habitación, cerrando la puerta con seguro, para hacer un reclamo total de su atención hacia su –excéntrica y sensual– persona.

Algo que, si los demás no hubieran estado suficientemente confiados de que la pareja de Tony no estaba con ellos, habrían notado; porque ¿a quién no le resulta extraño ver por horas a esos dos en una misma habitación?

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—¿Listos para la fiesta?— Tony, con una radiante sonrisa entre labios, coqueta y divertida como solo él podría expresarla, se asomaba por entre los pasillos de las habitaciones para observar a los restantes miembros del grupo dispersos entre la sala y la cocina. Su pelo húmedo y la ropa aun casual que portaba había pasado desapercibido para el resto, tal vez atribuyéndolo a una preparación previa del genio para la salida de esa noche; y no, como en realidad era, de que recién había salido de la habitación del Capitán luego de horas de ausencia que nadie tomo en cuenta.

—Apenas llegamos hoy, Stark— la viuda negra, desde uno de los cómodos sillones, no hizo más que reprochar la idea de salir durante la noche apenas el primer día de haber llegado. Tal vez estuvieran para divertirse, pero también para descansar, y una fiesta no lo creía un gran comienzo.

—Pero es no las detuvo para disfrutar de la playa— replico, apuntándola con uno de sus dedos mientras se servía un trago en el bar del costado —. Vamos, señores. La noche es joven y los días están contados. Así que prepárense, hoy salimos de fiesta. Sin excepción— agrego al tiempo que daba un trago a su bebida, volviendo por el mismo lugar por donde había llegado, claramente para prepararse para la noche —. Y por cierto, no intenten buscar apoyo en el Capi, él ya acepto—

Soltando una carcajada burlona, la figura del millonario termino por desaparecer dejando a sus espaldas a un grupo intentando reprimir un suspiro colectivo. De todas formas era inevitable, habían firmado su sentencia en el mismo instante que accedieron a tal viaje, o más bien, cuando fueron impulsados a abordar el avión a un destino que no habían previsto, a un viaje que no habían planeado; a unas vacaciones de las cuales ni siquiera habían pedido. Pero ahí estaban, siguiendo las instrucciones del miembro más excéntrico, ese mismo que –por alguna extraña razón– parecía ser el segundo al mando en el grupo sin que nadie se diera cuenta. Aunque tampoco es como si fueran a reprochar en ese mismo instante, les bastaba con saber que Steve –bendito capitán– podía lidiar con el millonario sin perder la cabeza en el proceso. Al menos eso ellos pensaban.

Aunque tal vez una pequeña duda los invadía cuando re capitulaban su situación, en Brasil, en una gran y hermosa mansión rodeado de lujos, dispuestos a salir a la gran fiesta del exterior ¿Cómo habían llegado a ese punto? ¿Tan mal podían estar como para caer en los planes de ese castaño que tan desinteresado e irresponsable se mostraba? Y... un momento, había algo particularmente importante que los había mantenido a todos tan distraídos, tan sumergidos y consumidos que, irremediablemente, había sido un factor importante en acceder a tal viaje sin poner tanta resistencia; el misterio de la pareja de Stark.

Y como si los pensamientos de todos hubieran estado dirigidos por el mismo camino, realizando la misma sucesión de razonamientos, conclusiones y certezas; la realidad –la que creían única– los golpeo de lleno.

—¡Stark, desgraciado!— Natasha, la primera en reaccionar, no había podido evitar el sutil acento ruso con el que sus palabras fueron dichas. Por supuesto, como pasarlo por alto; estaban en un país diferente, muy lejos de lo que conocían para unas vacaciones, que fácilmente podían ser el principal muro entre ellos y la respuesta que tanto ansiaban.

—¿Ya se han dado cuenta?— Loki los observo con una ceja alzada, apareciendo por el pasillo ya arreglado, perfectamente presentado para encaminarse entre las concurridas calles de la ciudad que en el exterior esperaba. Y no es que lo hiciera a voluntad y gusto, era meramente por la amenaza del genio con quien había tenido la desgracia de encontrarse hacia instantes. Si no te presentas, tal vez yo no pueda evitar que risitos pierda horas y horas de su tiempo en misiones estúpidas y sin sentido que, por casualidad, SHIELD ha decidido darle a él y solo a él. Si, perder a su hermano por tiempo indefinido, especialmente cuando este parecía cumplir sus más mínimos caprichos, no era algo a lo que fuera a renunciar fácilmente. Aun si tuviera que verse rodeado de inmundas criaturas midgardianas.

—¿Lo sabias?— Pepper, observando al dios de la mentira, elevando una de sus finas cejas. A un lado, su pareja parecía mucho más interesada en maldecir de todas las formas –e idiomas– posibles al castaño.

—Por supuesto, aunque no lo pensé realmente hasta hace unos minutos— encogiéndose de hombros, el pelinegro tomo un lugar en uno de los sillones, dispuesto a esperar hasta que tuvieran que salir.

—Supongo que era obvio, Tony no hace nada sin tener alguna segunda intención— soltando finalmente un suspiro, Banner se levantó de su lugar para dirigirse a su habitación. Como el dicho bien lo decía; al mal rato darle paso.

Así, con las últimas palabras del Doctor, cada uno de los presentes no tuvo más remedio que saborear el amargo sabor de la resignación, dispuestos a prepararse para una desenfrenada y divertida noche en las calles de Brasil; al menos conservando el consuelo de que no tendrían que preocuparse por invasiones asesinas, maniáticos intentando dominar el mundo o alguna próxima catástrofe que cortara sus momentos de tranquilidad. Lástima que ninguno tuvo en cuenta que se iban de fiesta con Tony Stark; único sujeto que podía hacer que una invasión de extraterrestres fuera juego de niños, a un lado de las fiestas a las que acudía.

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La música resonante, abrasadora, retumbado en los sentidos auditivos de todas aquellas personas aglomeradas, desinhibidas, demasiado sumergidas en su éxtasis, en su desenfreno como para siquiera recapacitar en la alta música que los envolvía, que incitaba sus cuerpos a moverse al son de su ritmo, que los estimulaba para compartir una pieza, un ritmo, un instante de danza con aquellos que estaban a su alrededor. Nadie se conocía, pocos habían tenido consciencia como para reconocerse o reencontrarse con aquellos con los que fueron, porque en esas fiestas no existían extraños, porque nadie era desconocido. Eran gente ansiando diversión, eran personas ansiando el baile, deseando mover sus cuerpos al ritmo de la música resonante, dejándose enceguecer por las brillantes y parpadeantes luces que apenas lograban iluminar lo suficiente el lugar. Sentían sus cuerpos retumbar, producto de la fuerte música, de la adrenalina, de la emoción. Ojos vagando de un lado a otro, sin perder detalle, sin perder ningún recuerdo de una noche inolvidable, sin perder los espectáculos o la diversión que cada instante podía entregarles.

Y ahí estaban ellos, en aquellas mesas exclusivas, aquellas que les permitían tener una vista completa del lugar, observando a toda la gente moviéndose de un lado a otros, consumidos en la música y la emoción; y ellos no eran la excepción. Varios tragos fueron depositados en la mesa, algunos vacíos, otros a mitad, sin embargo todos cumpliendo su objetivo de aliviar su estrés, de liberar sus cuerpos para dejarse envolver en las sensaciones que aquel lugar producía; como si un mundo nuevo hubiera abierto sus puertas, separarlos del exterior para liberarlos, desinhibirlos. Y no había quejas, hacia bastante que las quejas o la molestia habían quedado en el olvido, reemplazadas por las bromas, las risas y carcajadas que apenas lograban escucharse entre la música. No estaban todos presentes, como en el principio, algunos miembros habían tenido la suficiente energía como para perderse entre la aglomeración de gente, dejándose llevar por la música, por la emoción, por el ritmo que incitaba a moverse, a bailar, a sumergirse en un ritual tan antiguo como exquisito como era aquel.

Natasha y Pepper habían bailado durante algún tiempo, moviéndose como en otras situaciones no habían tenido la posibilidad, disfrutando las sensaciones que el alcohol en sus organismos les entregaban. Sin embargo, el calor sofocante, el cansancio y la asfixia habían sido suficientes como para llevarlas una vez más a la mesa, buscando el licor que calmaría su calor, que aliviaría su cansancio, que les entregaría nuevas energías para continuar con el baile. Thor y Loki, por el contrario, habían encontrado gran satisfacciones en compartir algunos tragos, sin necesidad de verse envueltos entre tantas personas, apenas moviendo sus cuerpos en un ritmo constante de la resonante música. Thor, tal vez demasiado entusiasmado –disfrutando de la barra libre que el millonario les proporciono– había tomado mucho más de lo que un sistema normal pudiera resistir; aunque para él no era más que suficiente como para producirle un sutil mareo. Loki a su lado solo parecía disfrutar de tragos dignos de su persona, elegantes, finos, exquisitos en todos los sentidos de la palabra; sutilmente dulces pero no por eso menos fuerte, siempre tan elegante como su figura se mantenía entre tanta música y luces fugaces. Por otro lado, Bruce había sido arrastrado por su pareja apenas habían tomado lo suficiente como para olvidarse de quienes eran, de lo que representaban y las apariencias que debían guardar, sumergiéndose en el baile, la zambada que los orillaba a seguirla, a sumergirse en un interminable baile que amenazaba con soltarlos solo hasta caer rendidos a sus pies; y ninguno se quejaba, ninguna replica, dejándose llevar y disfrutar como nunca. Hulk, en el interior del doctor, parecía no representar una amenaza inminente que pudiera destruir la agradable fiesta que los envolvía, impulsándolos cada vez más a sus límites. Tony, por el contrario a los primeros minutos de la fiesta, había desaparecido entre la gente con un vaso entre sus manos, sin volver a dar señales de vida. Y en cuanto a Steve, único que no podía perderse en el alcohol –a excepción de Banner y, tal vez, Thor–, se había mantenido en la mesa con una cerveza entre manos, riendo y disfrutando el tiempo con sus compañeros, al menos los que se mantenían en la mesa.

—¿Ese es el amigo Tony?— la imponente voz del dios nórdico se hizo paso entre la estruendosa música, captando la atención de sus acompañantes que no habían hecho más que virar la mirada hacia donde el rubio observaba. A la distancia, acompañado de dos bellas mujeres brasileras, el millonario parecía disfrutar de una charla en su compañía; nadie obvio el hecho de que, sentados en una mesa los tres, varias vasos de bebidas habían terminado olvidados a un costado de la mesa, vasos que no tardaron en ser reemplazados —. ¿Y esas señoritas, alguien las conoce?—

—¡Lo sabía! Ese sujeto no podía estar en una relación seria— Natasha, que no había tardado en sacar sus conclusiones al ver la escena, se cruzaba de brazos convencida de que –desde un inicio– había tenido razón; Anthony Edward Stark no podía mantener una relación estable —. Solo caímos en su juego como idiotas—

—No hay que sacar conclusiones precipitadas— la rubia intento calmar a su pareja, observando por el rabillo del ojo la mueca que había cruzado por el rostro del soldado, confundiéndolo tal vez por una mueca de reprobación ante la posibilidad de una infidelidad.

—Pero no hay que descartar que la perspectiva es difícil de interpretar de un modo diferente— agrego el dios de la mentira, sin apartar la mirada del millonario y las señoritas, que habían soltado una risa ante las palabras que les habría dicho el castaño; y es que las sonrisas que el hombre les dedicaba a las jóvenes, junto con algunos movimientos de mano, sin olvidar las atentas miradas de las jóvenes, era una situación que ya todos habían presenciado en su momento. Y todos sabían el resultado; una o las dos jóvenes terminarían entre las sabanas del genio —. Aunque… no percibí mentiras en las palabras de Edward, ¿habrá terminado la relación antes de venir?—

Las posibilidades eran muchas, las situaciones podían ser variadas; y todos lo sabían. Natasha parecía firme en creer que esas jóvenes no eran más que nuevas conquistas del castaño, mujeres que pasarían entre las sabanas de su cama para desaparecer en la mañana, sin siquiera un nombre con el cual recordarlas. Loki, por el contrario, tenía sus dudas con la situación; él, dios de la mentira, podían detectar una mentira mucho antes de que esta fuera dicha. Y no era ningún idiota, cuando Tony afirmo que tenía una relación supo que era verdad, que era una realidad oculta frente a sus ojos. Imperdonable. No podía aceptar que algo se ocultara de él, y ahora no era diferente; no creía que esas mujeres fueran una nueva conquista, a pesar de que a distancia no parecían ser más que eso. Pepper, por otro lado, solo esperaba a ver el desenlace de la situación; no estaba en ella sacar conclusiones precipitadas, en especial luego de ver las últimas actitudes de su amigo que nadie había tomado en especial. Porque no había nadie más que ella que supiera que si Tony Stark quería una mujer en su cama, no estaría en aquella mesa charlando como si tuviera todo el tiempo del mundo y nada más le importara; no, claro que no. Esas mujeres ya estarían sobre la cama del millonario si este así lo quisiera. Thor, habiendo sido el que logro ubicar al castaño, solo había observado con especial atención cada uno de sus movimientos, algún gesto que el indicara que el millonario le estaría siendo infiel a esa pareja aún desconocida para todos ellos; sin encontrar nada concreto. Estaban hablando sí, pero no hay que condenar por una conversación; parecían estar bromeando, riendo, pero no había indicios de coquetería en aquellas risas y gestos; estaban sentados en una mesa apartada, claro, pero había una distancia entre todos, ambas mujeres de un lado, con el castaño frente a ellas, sin intenciones de cortar la distancia más de lo necesario.

—Tal vez…— pero el dios se vio cortado al ver al castaño virar la mirada hacia ellos, moviendo la mano como si llamara a uno de los allí presentes algo que genero miradas de confusión e incredulidad. Sin embargo todo se cortó cuando la melodía de un celular los rodeo sorpresivamente.

—¿Tony?— Pepper se escuchaba sorprendida por la llamada de su amigo, observándolo con el celular en manos aun en la distancia, sin apartar aquella mirada de todos ellos —. ¿Eh? Claro. Steve, quiere hablar… contigo— con cierta duda la mujer paso su celular al soldado, que aun inseguro lo tomo para contestar una llamada que, a muchos, parecería ridícula. Pero no para alguien como Tony Stark.

—¿Hola? ¿Qué? Pero…—

Una sutil mueca había pasado por el rostro del Capitán, quien parecía entretenido escuchando la voz del genio al otro lado de la línea, algo que fácilmente podían saber al observar a dicho hombre al otro lado del lugar hablando sin parar, como si intentara convencer de alguna travesura al tan recto hombre. Y es cuando la curiosidad hacia mella en ellos, cuando los deseos de escuchar la conversación se instalaba en sus cuerpos sin darles descanso; el saber que pretendía Tony con Steve, porque hablar con él de entre todos los presentes, especialmente sin tener las intenciones de abandonar su lugar del otro lado del lugar.

Pero todo eso tuvo que esperar, abandonado a un lado de sus mentes al observar al blondo entregarle el aparato a la rubia, excusándose para levantarse e ir hacia donde el genio le sonreía como quien había cometido una travesura y esta había salido como lo planeado. Y eso solo genero aún más confusión en los presentes que, atónitos, observaban al rubio acercarse hasta la mesa para terminar, pocos minutos después, sumergido en la conversación que aún se les era un misterio.

—No me lo creo— Barton, llegando a la mesa con una gran sonrisa entre sus labios, siendo seguido por el doctor, observaba sorprendido e incrédulo la escena que hacia instantes todos no podían creer —. ¿Stark está llevando al Capi al lado oscuro?—

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Una carcajada exploto en sus labios ante la vista que tenía, ante la perspectiva y las suposiciones que, sabia, todos esos tontos estarían haciendo. Y tal vez, muy en el fondo, todo había sido nada más que una treta más de su parte para confundirlo, para molestarlos y regodearse en su diversión. Bien, tal vez esa había sido su principal intención desde el inicio, pero los resultados eran mucho mejores de lo que había previsto, más entretenidos y gratificantes ¿Y cómo no serlo? Mientras hablaba con Jussara y Carine, una muy encantadora pareja –una pareja perfectamente constituida–, no había pasado por alto las miradas que sus amigos habían dirigido a su persona. Tal vez sutilmente sorprendido que tardaran tanto en darse cuenta, a pesar de estar seguro que cierto capitán no le había sacado la mirada de encima en toda la noche.

Sin embargo, tal vez con el deseo de echarle más leña al fuego, había insistido a las señoritas de presentarles a su pareja. Porque si, en aquella tan amena charla no había podido obviar el hecho de estar en una relación con el Capitán, a quien había apuntado en reiteradas ocasiones cuando el resto aún estaba distraído. Por lo que, sin perder demasiado tiempo, había marcado el número de su amiga –el cual, tal vez, sea el único que se aprendió de memoria para casos como aquellos–.

—¡Pepper, querida! ¿Podrías pasarme con Capsicle?— no podía darle mucho tiempo a comenzar con su interrogatorio, dios sabía que si esa mujer comenzaba con sus cuestionamientos le sacaría hasta la travesura que hizo a sus tres años, esa en donde casi destruye la cocina de su madre; pero no fue su culpa, era culpa de esa estúpida niñera que lo trataba como idiota. Y el solo le mostro que no era ningún idiota; explotando media cocina en su cara —. ¡Capi! ¿Serias tan amable de traer tu gran presencia hasta esa mesa para hacernos compañía?— unas risas a su lado le hizo ver a las mujeres que le observaban divertidas, tal vez comentando algo entre ellas —. Nada de peros Rogers. Tu amada y sexy pareja está pidiendo tu compañía, así que mueve el trasero aquí—

Y no paso mucho para ver al rubio pararse y caminar hasta su posición, dejando a sus espaldas las miradas de incredulidad de los demás vengadores. Si, nada como dejar a otros con la boca abierta. Lo admitía, lo aceptaba y estaba dispuesto a declararlo a viva voz si se lo preguntan; disfrutaba cada instante de esa fiesta. En especial de ese mismo segundo en adelante ¿Y cómo no? ¿Quién tendría la oportunidad –suya– de observar a los grandes héroes de américa, –¡del mundo!– con las expresiones más idiotas que pudo –porque lo hizo– haber provocado? Nadie; salvo Anthony Edward Stark. Y sabía que eso lo pagaría en un futuro, bien dicen que todo vuelve, pero hasta ese momento ¿Por qué no disfrutar? ¿Por qué no restregar en los rostros de esos idiotas a su flamante pareja, ese mismo sujeto que no han tenido en consideración y, sin embargo, es a quien han estado buscando tan desesperadamente? Tal vez, en algunos instantes estaba tentado a decírselos, a mostrarles en la cara su ineptitud para ver algo tan obvio –¡si hasta las señoritas frente a él lo notaron con solo unos minutos de charla!–, y es que eso de no poder tocar o besar al Capitán cada vez que quería era, ciertamente, molesto. Pero luego lo pensaba con detenimiento –luego de una extensa visita en la habitación de dicho Capi– y decidía continuar adelante.

Solo por esos momentos y esas expresiones.

—Tony, ¿Qué pretendes?— apenas llegando a su lado, Steve no había perdido tiempo en intentar obtener una clara respuesta de su pareja. Que él no se tragaba eso de que quería su compañía o algo similar; no, por supuesto que no. Ese brillo en los ojos chocolates del millonario, esa sonrisa burlona y la expresión en sus facciones de que disfrutaba algún chiste privado era suficientes señales para remarcar que algo se tramaba.

—Solo deseaba presentarte a las señoritas— con un movimiento de mano, haciendo elusión a las mujeres que con sonrisas saludaron cortésmente al rubio —. Jussara, Carine este es Steve ¿verdad que es sexy?— soltó con una risilla mientras el Capi lo miraba con una sutil mueca entre sus labios, sin dejar de saludar a las muchachas —. Capi, ellas son una encantadora pareja que me ha estado haciendo compañía, y bueno, querían conocerte. No todos los días pueden tener el honor de ver al Capitán América, ¿verdad?—

—Tony…— soltando un suspiro, Steve solo atino a negar con la cabeza ¿debía sorprenderse? Aunque, tal vez en el fondo, se sentía sutilmente aliviado de que aquellas señoritas fueran una pareja, entre ellas, y que Tony no haya tenido intenciones de ningún tipo para con ellas. Porque lo admitía, para sí mismo y nadie más, que no había apartado la mirada del castaño, no solo para no perderlo de vista y que terminara en alguna clase de coma etílico, sino por la mera necesidad de que este no fuera a terminar en alguna clase de situación con algún otro hombre o mujer de aquel lugar. Aunque le tenía confianza al millonario, aun en ocasiones las dudas no hacían más que mella en su cuerpo sin poder contenerla.

—Es un placer conocerlo, Capitán, su pareja habla muy bien de usted. Demasiado bien— riendo, la joven que respondía al nombre de Carine, no había tenido reparo en delatar descaradamente al genio que, ni corto ni perezoso, habían desviado el tema a uno más general en el que los cuatro –bajo la atenta mirada de los demás vengadores– se enfrascaron en una extensa charla.

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—¿Pero qué les pasa? ¡La noche es joven, señores!— una carcajada broto de los labios del castaño mientras, a fuerzas, era llevado por Steve al interior de la mansión. A sus espaldas, los demás Vengadores ‒en estados más aceptables que el millonario‒ les seguían de cerca con pasos cansados. Ninguno había querido contestar las palabras del castaño, a quien el Capitán había arrastrado cuando pudo notar con facilidad que hacía varias copas sobrepaso su límite; ignorando la obscena hora a la que estaban volviendo a la mansión.

—La fiesta termino, Stark. Y la noche ya se termina— rebatió el rubio, dejando finamente al millonario sobre el sillón, el cual solo atino a reír a carcajadas antes de intentar pararse —. Ni lo intentes—

—Oh, vamos ¿ninguno quiere un trago? Yo aún quiero, y puedo, con uno más—

—Claro, uno más y llegas al coma etílico— se burló el arquero al tiempo que se dejaba caer pesadamente en otro de los sillones. La broma, en sí, no había hecho más que sacar pequeñas sonrisas en los presentes y una pronunciada mueca en el Capitán que, aun, intentaba detener al castaño de acercarse al pequeño bar de la sala. Todos estaban cansados, agotados y, conscientes, de que en la mañana la más profunda y cruel cruda los esperaba. Solo deseaban que esta se retrasara tanto como podía.

—Es mejor irnos ya a dormir. ¿No querías disfrutar de Brasil? En tu estado no lo harás— como la voz de la razón, Steve intentaba razonar pacíficamente con el castaño quien, entre pucheros y muecas, intentaba esquivarlo inútilmente —. Todos, deberíamos irnos a dormir— agregó el rubio dando una mirada general en la que, claramente, les daba la libertad de irse y no lidiar con el caprichoso y berrinchudo millonario al cual aún le obstruía el paso.

Y no le tomo mucho a los presentes darse cuenta del mensaje, porque lentamente la sala fue siendo desocupada por todos que, entre sonrisas divertidas y bromas hacia Stark ‒quien por mas ebrio que estuviera podía devolverlas igual de rápido‒ se fueron perdiendo entre el interminable pasillo de las habitaciones. Con algunos murmullos entre sí, sus expresiones de cansancio lentamente se dejaban ver, dando finalmente el paso a la necesidad de un descanso prolongado, deseando poder recuperar la energía que en la fiesta se había perdido. Algunos, tal vez inseguros, habían dado una última mirada en la sala donde el Capitán aún se veía en la tarea de lidiar con el castaño para poder llevarlo a la cama; Pepper, siendo la última en caminar hacia el pasillo, había lanzado una significativa mirada hacia ambos hombres, casi como preguntándole al rubio si no era mejor ayudarle con el caprichoso hombres. Sin embargo la sonrisa tranquilizadora que recibió fue suficiente para continuar su camino un poco más relajada. Después de todo el único sobrio y en estado para tratar con un ebrio Tony era Steve. En pocos minutos, en la sala solo habían quedado Steve y Tony, quienes aún frente a sofá, parecían estarse observando detenidamente, casi a un paso de calcular los movimientos del contrario. Poco paso para que los labios del castaño se curvaran en una seductora sonrisa, envolviendo sus brazos en torno al cuello de su pareja que ‒aun inseguro sobre la estabilidad del menor‒ le había estado sosteniendo de las caderas.

—Vamos, te llevare a la cama, Tony— intentado empujarlo suavemente, el rubio había empezado a caminar por el camino que los demás miembros habían tomado, queriendo llevar tan pacíficamente al castaño como este le permitiera.

—Capi, que palabras tan indecentes, no lo tomaba como alguien tan directo— se burló el castaño, abrazándose con más fuerza. Demasiado relajado, jocoso, imperturbable; sus gestos en una continua y eterna mueca de burla, sonriente, exaltada. No era de extrañar, sus pupilas sutilmente dilatadas, con aquel brillo que tan bien conocía el rubio, provocándole un suspiro.

—Tony, no empieces— con una sutil mueca, intentando disimular el sutil sonrojo, finalmente lo hizo caminar hacia la habitación. Entre tropiezos y enredos, casi tentando al rubio a tomarlo sobre su hombro para hacer más fácil la tarea. Porque lo que tomaba apenas unos minutos, esta vez se había extendido; y es que el castaño no había facilitado la tarea. A cada paso de sus labios salía una pequeña carcajada que, en ocasiones, las compartía con besos y mordidas en la mandíbula y cuello de su pareja; el cual aún intentaba mantenerlos en equilibrio y seguir avanzando —. ¡Tony, por dios!— al fin entrando en la habitación, Steve con suerte había podido sujetarse de la pared para no caer, aunque no fue el caso del castaño, que cayó sobre la cama en una divertida risilla.

—¿Qué pasa, Capi?¿No te quedas conmigo esta noche?— sentándose en su lugar en la cama, el castaño no había desaprovechado la oportunidad de atraparlo una vez más entre sus brazos, evitando que se fuera. Aunque el bien sabía que si el rubio quisiera irse, ni toda su fuerza podría detenerlo, pero no lo había hecho; punto a su favor. Y no es que estuviera tan ebrio como todos creían, bien, si, estaba borracho, había tomado más de lo que pensó en un principio, pero no perdió la consciencia ¿no? Entonces no tendría por qué retenerse o reprimirse. Y en ese preciso instante lo único que se le antojaba era tener al rubio Capitán en su cama —. Podrías hacerme compañía. ¿Sabes? Aun odio dormir solo— murmuro tirando de la camisa ajena para inclinarlo sobre su cuerpo, comenzando a repartir besos, sutiles, apenas perceptibles sobre su cuello.

—Stark, estas ebrio. No— Steve, quien no había querido hacer un uso excesivo de su fuerza con su pareja, había intentado mantener la compostura. Y no es que no haya lidiado con Tony en ese estado antes. Solo él sabía cuántas veces, la única diferencia es que en esta ocasión había otras seis personas repartidas por la casa que no deberían siquiera saber eso. Y sabía que si en la mañana los encontraban, Tony no tendría reparo alguno en echarle toda la culpa haciéndole el berrinche de su vida —. Ya basta, tienes que descansar—

—No quiero—

Separándose apenas para poder verse cara a cara, ambos parecieron perderse en sus propios pensamientos durante instantes. Momentos en los que sus cuerpos parecieron actuar a propia voluntad, al menos en la parte de Tony, quien no había esperado más para unir finalmente sus labios con los del rubio, mordiéndolos y succionándolos mientras tiraba de este sobre su cuerpo. Antes de que alguno realmente fuera consciente, la idea de ser discretos se perdía entre la necesidad y el deseo, deshaciéndose de los pensamientos así como de la ropa que se perdía en la inmensidad de la habitación.

Suerte para ellos que Steve había logrado cerrar la puerta al entrar.

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Bien, tarde, si, lo sé. Lo siento. ¡Pero! Tengo una escusa valida, creo, se supone.

Bueno, la universidad no ha estado precisamente relajada luego de las vacaciones, sin contar que me he metido en un proyecto personal que me ha consumido —bueno, varios proyectos— ¿alguno sabe lo que es el rolplay? Ya saben, foros de rol, juegos de rol y esas cosas ¿lo conoces? ¿Lo hacen? Simple curiosidad.

En fin, un capitulo que, creo, es más largo que los anteriores. Y divertido, nada como un Stark borracho como para terminar el capítulo ¿no creen? (?). Bueno, espero les haya gustado, lo disfrutaran, me vuelvo a disculpar por el retraso, intentare —intentare— que no vuelva a pasar. Una vez más gracias por sus comentarios, lo cual me hizo sentir mal por no subir este capítulo antes… y la verdad ni siquiera debería estar aquí, aún tengo un trabajo que terminar para entrega final pero el Stony lo vale.

Eso es todo por esta ocasión. ¡Un saludo!