Ha pasado mucho tiempo, igual que en otras de mis historias de pronto me desconecté un poco, pero creo que puedo decir

que ya estoy regresando, paulatina, pero firmemente; en lo personal, le tengo mucho afecto a esta historia, me gusta cómo va y me interesa seguirla y llevarla a buen término.

Como ya saben, los personajes son de JK, igual que el ambiente y cualquier elemento que reconozcan...

mío, es la trama y nada más.


"Otra no puede haber, si no existe me la inventaré

parece claro que, aún estoy envenenado de ti"

Eran las seis treinta exactamente, cuando se sentó a la mesa acomodándose la túnica, miró el reloj de cadena que llevaba metido en el bolsillo, puso su varita sobre la mesa a su lado y esperó pacientemente a que ese hombre cayera casi con elegancia y suavidad en la silla dispuesta para recibirlo; era tal cual lo recordaba, con la diferencia de llevar una tupida barba de candado y unas arrugas profundas y graciosas alrededor de los ojos, sonrió haciendo una inclinación de cabeza y se puso de pie para tenderle la mano.

-Viktor Krum, un verdadero placer. –Exclamó sinceramente mientras se estrechaban las manos, Krum por su parte, serio y frío como casi siempre, asintió y apenas abrió los labios para decir un leve.

-Longbottom… quién me iba a decir que el chico que pedía ayuda a Hermione cada cinco minutos en la biblioteca, se volvería profesor y además Subdirector… estoy muy impresionado. –Admitió sentándose, Neville no pudo evitar ponerse rojo como un tomate y carraspear incómodo, seguía teniendo la cara redonda y el bigote, que Hannah había recomendado para verse más poderoso, ayudaba poco en realidad; era el mismo chico enorme de espaldas anchas, de sonrisa dulce y mirada triste, la diferencia era que sabía más que cualquiera, en gran parte gracias a Hermione, Harry, Ron y Luna, que siempre habían estado ahí para él y le habían apoyado incondicionalmente.

-Seguramente has notado que las cosas cambian mucho con el tiempo, Viktor. –Lo miraba como queriendo ver si le aprobaba el tuteo, Viktor asintió y pidió algo de beber, Neville le imitó; cuando les hubieron puesto las copas delante y terminaron de comentar del clima, el lugar, el tiempo transcurrido y otras cosas sin interés, Viktor lo miró fijamente y preguntó lo que le interesaba.

-Me pediste una cita diciendo que tenías una oferta que hacerme… ¿de qué se trata? –Interrogó llevándose la copa a los labios, Neville dejó la suya y se secó los labios con una servilleta.

-Necesitamos un profesor interino de vuelo. –La sonrisa en sus labios se amplió, pero el rostro de Viktor pareció oscurecerse. -¿Pasa algo?

-Bueno, me toma por sorpresa esta propuesta… creí que sólo los alumnos de Hogwarts podían ser profesores en él. –Comentó con la frente arrugada, moviendo su copa lentamente sobre la mesa, Neville asintió.

-Cierto, pero estamos hablando de un puesto interino, cuatro meses para ser exactos, las actividades serían las más básicas, vigilancia del estadio, apoyo a los equipos de Quidditch con entrenamientos, clases de vuelo para los chicos de primer y segundo curso… y claro, preparar a los chicos para el torneo Intercolegial. –Neville tenía un raro brillo en los ojos al decir esto, Krum arrugó más la frente.

-¿Qué es eso? –Preguntó en un susurro suave y casi inconsciente.

-Ideas de festejos con motivo del final de la última Guerra, el Ministro quiere que se hagan conmemoraciones y la idea es hacer un torneo de Quidditch entre los tres Colegios que ya conoces… tendrías que preparar a los mejores jugadores del Colegio para ese evento. –Miró a la puerta que se había abierto, Hagrid, con su abrigo enorme cubierto de telarañas apareció en la puerta, pudo distinguir a su esposa sonriente al recibirlo, incluso alzó la mano para saludar, Viktor lo hizo volver a la plática.

-Y eso implica preparar al equipo de Quidditch de Hogwarts para patearle el trasero al de mi escuela, ¿no? –Sonrió de lado y se llevó la copa a los labios, Neville se sonrojó.

-Algo así. –Admitió acalorado, Viktor alzó la mirada al techo, sus planes de tomarse unas buenas vacaciones amenazaban con quedarse en eso, en planes; intentó encontrar una forma educada de negarse, pero no la había, luego intentó verle el lado bueno, no lo había tampoco, al menos no uno que lo sedujera; volvió los ojos a su copa, mientras Longbottom miraba a la barra y parecía decirle cosas sin voz a su mujer, él intentaba concentrarse en la oferta, pronto recordó que sí había algo que quisiera ver dentro de Hogwarts, y eran los hijos de Hermione y Ron. –Entonces, ¿qué me dices?, cuatro meses Viktor, sólo mientras Rolanda Hooch se recupera de una lesión.

-Cuatro meses… -Murmuró tomando su copa, era volver al sitio en el que se había enamorado, era volver a ver esos pasillos, la biblioteca donde la había conocido, el mundo en que ella se convirtió en lo que era. -… lo haré.

-¿De verdad? –Neville había sido tomado por sorpresa, el silencio anterior y la seriedad de Viktor le habían hecho creer que no lograría convencerlo, pero Krum había dicho que sí, y sonreía casi con alegría.

-Por supuesto, ¿dónde firmo? –Preguntó con una sonrisa tal, que las arrugas alrededor de sus ojos se acentuaron, Neville se puso de pie y le tendió la mano, luego lo abrazó con fuerza y rió con ganas.

-Acá tengo el contrato, pero hay que festejar… ¡Hannah!, aceptó, Krum aceptó… mira Hagrid, que he logrado contratar a Krum. –Exclamaba emocionado, algunos de los comensales le miraban divertidos y Viktor, algo ya más aclimatado luego de tantos años, al humor de los ingleses para los temas de Quidditch, sonrió a medias y aceptó el festejo con resignación, había que ver si resultaba realmente tan bueno lo que iba a hacer.


Camisas, pantalones, calcetines, zapatos, trajes, suéteres, todo dentro de la maleta, mientras su elfo se esforzaba por prometer que la casa estaría a buen resguardo; estaba por meter lo último que faltaba, sus enseres de rasurar, cuando topó con algo en su armario, algo que siempre llevaba consigo a todas las giras y partidos: la fotografía de ella; la miró fijamente un rato, sonreía sentada en la biblioteca mirándolo, aquél chico de Hogwarts había pasado junto a ellos y él, educada y fríamente le había pedido que le tomara una fotografía a ella cuando no lo viera; el resultado había sido una imagen divina, Hermione Granger sonriéndole en medio de la soledad de una mesa de estudio, con la mano metida entre el cabello, mirándolo como si estuviera enamorada, como si lo quisiera sólo a él.

Había tenido siempre esa imagen en un portarretratos de plata, regalo de su madre, era ese su amuleto y ahora, a punto de ir a Hogwarts, su Colegio, lo tomó con seguridad y lo metió en la maleta sonriéndole todavía, emocionado con volver a ese lugar, a la fuente de su primer amor; se volvió a mirar la habitación y alcanzó a ver otra fotografía, ésta la tenía en su mesa de noche, en ella, los cuatro campeones acompañados de sus parejas, entraban al Gran Comedor para el baile de navidad, la tomó firmemente y también la metió en la maleta, mejor tener varias, mejor tenerlas siempre.


-Profesora… aquí está. –Neville estaba radiante de orgullo cuando lo llevó por el pasillo hasta la entrada al Gran Comedor, donde el alumnado en pleno, como cada noche de domingo, cenaban alegremente.

-Señor Krum, bienvenido nuevamente a Hogwarts. –Afirmó McGonagall tendiéndole la mano, Viktor sufrió una gran sorpresa al verla tan anciana, no era más que una caricatura de la profesora de antes, ella lo notó y sonriendo dulcemente agregó. –No se preocupe, mi tiempo está por terminar en este Colegio, pronto habrá un nuevo director y yo podré irme a descansar… ya ni siquiera imparto clases. –Lo guió hasta la puerta del Comedor, Viktor no pudo decir mucho.

-Es una verdadera lástima que se retire… siempre he escuchado maravillas de usted. –Comentó siguiéndola con algo de espanto, se movía lentamente y Neville parecía siempre estar esperando que cayera al suelo, aunque en sus ojos, seguía habiendo la misma autoridad de siempre.

-No haga caso de lo que diga la señorita Granger… bueno, la ahora señora Weasley, ella me tenía profundo afecto y supongo, que es la única a la que ha oído hablar de mí. –Aseguró quitándole importancia al asunto, Viktor alcanzó a ver que dentro, había un gran revuelo entre los alumnos que cenaban.

-En realidad, también escuché buenos cometarios en boca de los Wood. –Miró a Neville duramente, esos chicos le parecían ahora más amenazadores que un par de Golpeadores bien entrenados, dispuestos a partirle la cabeza con el poder de sus bludgers.

-¡Oh!, Oliver y Alicia… tiempo hace que no los veo. –McGonagall le tomó la mano y lo acercó a ella, mirándolo con dureza y autoridad. –Dos consejos tengo que darle, señor Krum.

-Es momento, nos esperan. –Neville se volvió luego de asomarse para ver a los demás profesores que ya miraban hacia la puerta impacientes.

-El primero es que siempre recuerde que esos chicos estarán ahí, mirándolo y que usted es su ejemplo. –Viktor asintió seguro de que era el mejor consejo que podía darle, Minerva sonrió luego con malicia y agregó. –El segundo, es que nunca, bajo ninguna circunstancia les demuestre temor… o estará muerto. –Neville asentía como si estuviera de acuerdo con todo y entonces, abrieron las puertas, todos los alumnos se volvieron a mirarlos y él, inflando el pecho y bajando la cara para acentuar su gesto serio, entró siguiendo a Longbottom y a McGonagall.

-Es Viktor Krum… ¡Es Krum! –Gritó un chico de la mesa verde cuando lo vio pasar y él no pudo reprimir una sonrisa de complacencia, algunos chicos más se pusieron de pie y fuera como fuera, iba a ser una gran experiencia.